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Full text of "Historia de la religión de Israel según la Biblia, la ortodoxia y la ciencia; obra escrita expresamente para la juventud española e hispano-americana .."

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PRINCETON  •  NEW  JERSEY 

.N71 

•vi.  10 


LOS  PROFETAS  EXILICOS, 
POSTEXILICOS 
Y 

EL  NACIMIENTO  DEL  JUDAISMO 


DEL  MISMO  AUTOR 


HISTORfA  DE  LA  RELIGION  ÜE  ISRAEL.  SEGUN  LA  BIBLIA,  LA  ORTO- 
DOXIA Y  LA  CIENCIA.  1935-  1953.  Montevideo.  De  esta  obra  se  han 
publicado  los  siguientes  volúmenes: 

Tomo  1.       Moisés  y  xu  dios  (480  págs.  con  25  grabados  y  2  mapas). 
Tomo  11.      Los  Jueces  y  el  comienzo  de  la  monarquía  israelita   (445  págs. 

con  8  grabados). 
Tomo  III.    El  rey  David  (500  págs.  con  7  grabados). 

Tomo  IV.     Salomón  y  su  pretendida  obra  literaria.  1''  parte:  El  (Cantar  de 

los  Cantares  (280  págs.  con  6  grabados). 
Tomo  V.      Salomón  y  su  pretendida  obra  literaria.   2'   parte:  Proverbios, 

Eclesiastés  y  Sabiduría  de  Salomón   (342  págs.). 
Tomo  VI.     El  Cisma.  Los  comienzos  de  la  literatura  bíblica.  El  origen  del 

hombre  (368  págs.  con  24  grabados). 
Tomo  VII.    Los  patriarcas  y  la  primitiva  legislación  hebrea  (344  págs). 
Tomo  VIII.  Los  profetas  del  siglo  VIII,  con  8  grabados  (509  págs.). 
Tomo  IX.     El  Deuteronomio  y  los  profetas  del  siglo  Vil,  con  18  grabados 

(548  págs.). 

El  tomo  VIII  obtuvo  el  primer  premio  en  la  sección  Obras  Históricas,  otorgado 
por  la  Universidad  de  Montevideo,  en  el  concurso  de  libros  científicos,  históricos, 
sociológicos,  filosóficos  y  educativos,  publicados  en  la  República  O.  del  Uruguay, 
en  1951. 

LA  LIBERTAD  A  TRAVES  DE  LA  HISTORIA  (488  págs.).  1943.  Montevideo. 

INTRODUCCION  AL  E.STUDIO  DE  LAS  RELIGIONES,  con  4  grabados.  (496 
págs.).  1946.  Editorial  Claridad,  San  José,  1621.  Buenos  Aires. 

LA  REPUBLICA  DEL  URUGUAY  EN  SU  PRIMER  CENTENARIO,  2?  edición, 
con  numerosos  grabados.  1930.  234  págs.  Montevideo. 

CODIGO  CIVIL  DE  LA  REPUBLICA  O.  DEL  URUGUAY,  anotado  y  concor- 
dado. 3'*  edición  (Colaboración  del  Dr.  Mario  Nin  Pomoli).  1016  págs. 
Colombino  Hnos.  S.  A.  Piedras,  477.  Montevideo.  1951. 


Obras  agotadas 

LA  IMPUREZA.  Estudios  de  higiene  y  moral  sexuales  para  los  jóvenes.  2^  edi- 
ción. 1906.  Barcelona. 

LA  PUREZA  JUVENIL.  Epítome  de  un  curso  de  instrucción  sexual  para  joven- 
citos  de  14  a  16  años.  1906.  Barcelona. 

LA  DEMOCRACIA  Y  LA  IGLESIA.  1939.  Folleto. 

HISTORIA  POLITICA  DE  LOS  PAPAS,  DESDE  LA  REVOLUCION  FRAN- 
CESA A  NUESTROS  DIAS.  T'  parte:  De  Pío  VI  a  León  Xlll  inclusive. 
1943.  (202  págs.  con  6  grabados).  Montevideo. 


En  diciembre  de  1950,  el  Ministro  de  Instrucción  Pública  de  la  República 
O.  del  Uruguay,  en  virtud  del  fallo  del  Jurado  del  Concurso  de  Remuneraciones 
Literarias  del  año  1949,  adjudicó. 

MEDALLA  DE  ORO 
al  Dr.  Celedonio  Nin  y  Silva  por  su  obra  literaria  realizada. 


■-fií 


LOS  PROFETAS  EXILICOS, 
POSTEXILICOS 
Y 

EL  NACIMIENTO  DEL  JUDAISMO 

CON  21  GRABADOS 

La  razón,  combatida  y  menospreciada,  con- 
cluye siempre  por  prei'alecer,  porque  no  se  puede 
vivir  sin  ella . . . 

Trabajemos  por  lo  que  creamos  útil  y  bueno; 
pero  no  en  la  esperanza  de  un  éxito  rápido  y  ma- 
ravilloso... Resignémonos  a  preparar  con  nues- 
tra cooperación  imperceptible  el  porvenir  mejor... 
que  no  hemos  de  ver. 

Anatole  France. 


Colombino  H^os  S.  A.  -  Impresores 
Piedras  477 
MONTEVIDEO  (urucuay) 
1955 


\ 


Tomo  X  de  la 


HISTORIA  DE  LA  RELIGION  DE  ISRAEL 
SEGUN  LA  BIBLIA,  LA  ORTODOXIA  Y  LA  CIENCIA 


Obra  escrita  expresamente  para  la  juventud 
española  e  hispanoamericana. 


En  preparación 
para  completar  esta  obra: 

Tomo  XI.    Literatura  bíblica  judia. 

Tomo  XII.  El  último  profeta  judío  y  su  divinización. 


Es  propiedad  de  su  autor. 

Dirección : 
Dr.  Pablo  de  María,  1382 
Montevideo  (Uruguay) 


Queda  lii-clio  el  depósito  que  establece  la  ley  N"  9.739 


Breve  proemio 


A  los  veinte  años  de  haber  iniciado  la  publicación  de  esta  Historia 
de  la  Religión  de  Israel,  y  al  entrar  hoy  en  la  categoría  de  los  octoge- 
narios, me  ha  sido  posible  finalizar  el  tomo  décimo  de  dicha  obra,  que 
no  pierdo  la  esperanza  de  algún  día  dejarla  completamente  terminada, 
de  acuerdo  con  el  plan  que  sobre  ella  me  he  trazado. 

Lo  que  más  apena  al  escritor  que  se  consagra  desinteresadamente 
a  la  ímproba  labor  que  representa  este  libro,  es  la  indiferencia  del  me- 
dio ambiente  por  estas  cuestiones  tan  trascendentales  que  pueden  influir 
sobre  la  dirección  de  nuestro  pensamiento  y  el  curso  de  nuestra  exis- 
tencia personal.  Vivimos  aquí  en  una  época  en  la  que  la  juventud  sólo 
se  entusiasma  por  el  deporte,  y  desdeña  lecturas  tan  interesantes  y  fun- 
damentales como  las  relativas  a  la  historia  de  las  religiones.  Especial- 
mente el  conocimiento  a  fondo  de  la  Biblia  hebrea,  libro  sagrado  del 
judaismo,  religión  ésta  de  donde  surgió  el  cristianismo,  debiera  merecer 
particular  atención  y  estudio,  por  parte  de  todos  nuestros  contemporá- 
neos cultos.  Pero,  en  general,  los  profesionales  se  limitan  a  leer  obras 
concernientes  a  sus  respectivas  profesiones,  cerrándose  a  toda  otra  lec- 
tura que  requiera  el  menor  esfuerzo  mental,  dejando  librada  la  investi- 
gación de  las  aludidas  cuestiones  vitales,  a  terceros,  por  lo  común  llenos 
de  prejuicios,  cuyas  opiniones  interesadas  encuentran  más  cómodo  el 
admitir  ciegamente. 

El  erudito  compatriota,  Alberto  Lasplaces,  desgraciadamente  arre- 
batado no  ha  mucho  al  mundo  de  las  letras,  en  carta  que  me  dirigió 
en  1936,  a  raíz  de  la  aparición  del  tomo  I  de  mi  citada  Historia,  al 
expresarme  que  lo  apasionaban  los  estudios  religiosos,  agregaba:  "Si 
usted  no  ha  encontrado  en  nuestro  ambiente  un  eco  digno  de  su  es- 
fuerzo, no  debe  desanimarse  por  eso.  y  lo  incito  a  trabajar  para  dejar 
pronto  concluida  esa  obra  que  es  de  las  que  no  pueden  morir.  Estamos 
viviendo  bajo  el  reinado  de  la  superficialidad,  y  tanto  los  creyentes 
como  los  no  creyentes  no  saben  por  lo  general  nada  ni  de  lo  que  creen, 
ni  de  lo  que  no  creen".  Esta  última  frase  que  subrayo,  encierra  una  pro- 
funda verdad,  en  la  que  debieran  meditar  todos  los  amigos  de  la  cul- 
tura integral. 


6 


BREVE  PROEMÍO 


Will  Durant.  al  comentar  la  filosofía  de  John  Dewey.  recuerda  que 
éste  combate  "la  idea  absurda  de  que,  después  de  la  adolescencia,  debe 
detenerse  la  educación,  la  que  hay  que  concebirla  como  un  crecimiento 
continuo  del  espíritu  y  como  continua  iluminación  de  la  vida.  La  edu- 
cación real  viene  después  que  dejamos  la  escuela,  y  no  hay  razón  para 
que  se  detenga  antes  de  nuestra  muerte". 

Entiendo  que  bastan  estas  breves  consideraciones  para  estimular  a 
los  jóvenes  reflexivos  de  todas  las  edades,  a  que  lean  reposadamente 
este  nuevo  volumen  de  mi  obra,  a  quienes  aconsejo  tengan  a  mano  los 
demás  tomos  de  ella,  una  Biblia  cualquiera  (1)  y  un  ejemplar  de  mi 
"Introducción  al  estudio  de  las  religiones'  (donde  p.  ej.,  he  estudiado 
con  gran  detención  la  primera  página  bíblica),  a  fin  de  poder  verificar 
las  citas  que  hago,  y  completar  su  lectura  con  la  de  los  parágrafos  indi- 
cados con  este  signo  (  § ) . 

Una  observación  para  concluir:  aunque  en  el  título  de  este  tomo 
se  nombran  también  a  los  profetas  postexílicos,  no  estudio  en  él  a  Jonás 
ni  a  Daniel,  cuyo  examen,  para  no  hacer  demasiado  voluminoso  el  pre- 
sente, dejo  para  el  próximo  tomo  XI.  Además,  Jonás,  bien  que  figura 
entre  los  Doce  Pequeños  Profetas,  pertenece  realmente  a  la  Haggada  o 
literatura  de  imaginación,  mientras  que  Daniel  es  un  libro  esencialmente 
apocalíptico,  en  que  sus  pretendidas  predicciones  históricas  son  simples 
relatos  del  pasado  en  forma  de  visiones  prof éticas  del  futuro,  forjadas 
por  un  escritor  de  época  muy  tardía  (II  siglo  a.  n.  e.j. 

Montevideo,  junio  2  de  1955. 

Celedonio  Nin  y  Silva. 

NUMERO  DE  LOS  PARAGRAFOS  QUE  CONTIENE  CADA  TOMO 
HASTA  HOY  PUBLICADO  DE  ESTA  HISTORIA 


Tomo  Parágrafo  (§) 

I    1  al  396 

II    397  al  863 

III    864  al  1280 

IV    1281  al  1545 

V    1546  al  1913 

VI   1914  al  2220 

VII    2221  al  2763  ter. 

VIII    2764  al  3184 

IX    3185  al  3899  bis. 


(1)  Actualmente  se  anuncia  haber  sido  publicada  en  Barcelona  una  edición 
en  6  tomos  de  '"La  Sagrada  Biblia"  traducida  por  el  Obispo  Felipe  Scío  de  San 
Miguel.  Constantemente  en  esta  Historia  me  refiero  a  esa  traducción  y  a  sus  notas, 
las  que  a  menudo  cito,  en  la  edición  en  5  tomos,  impresa  en  Madrid,  en  1852-1854, 
por  los  editores  Gaspar  y  Roig. 


CAPITULO  I 


El  profeta  Ezequiel  y  su  visión  inicial 


EL  HOMBRE.  —  3700.  El  nombre  de  este  profeta,  en  hebreo  Yehez- 
quel,  que  significa  "Dios  es  fuerte"  o  "Dios  fortifica",  era  muy  poco 
usado  en  Israel,  pues  en  el  A.  T.  sólo  se  le  encuentra  aplicado,  en  otra 
ocasión,  a  un  sacerdote  en  I  Crón.  24,  16.  Como  no  se  habla  de  Ezequiel 
en  toda  la  Biblia  hebrea,  sino  en  el  libro  que  lleva  su  nombre,  a  éste 
tenemos  que  acudir  en  busca  de  datos  relativos  a  su  persona.  Era  hijo 
de  un  sacerdote  desconocido,  llamado  Buzí.  ,del  clero  de  Jerusalén,  y 
por  lo  tanto  de  la  familia  de  Sadoc,  por  lo  que  en  su  proyecto  de  cons- 
titución del  futuro  culto,  reserva  a  los  sadoquitas  el  ejercicio  del  sacer- 
docio, que  éstos  se  habíaff  arrogado  desde  la  reforma  de  Josías  (44, 
15-16;  §  3915-3916) .  Siendo  hereditaria  la  dignidad  sacerdotal,  Eze- 
quiel era  también  sacerdote,  como  Jeremías,  aunque  éste  procedía  del 
clero  provincial  (  §  3214,  3218,  3427).  Según  Jer.  52,  28-30  (§  3460), 
hubo  tres  deportaciones  de  judaítas  a  Babilonia:  la  primera  en  597,  con 
el  rey  Jeconías;  la  segunda  en  el  586  luego  de  destruida  Jerusalén;  y 
la  tercera  en  581,  de  la  que  carecemos  de  otros  datos  en  la  Biblia.  Eze- 
quiel formó  parte  del  primer  contingente  de  deportados,  por  lo  que  sus 
profecías  las  data  de  la  deportación  del  citado  rey,  la  que  denomina 
"nuestra  deportación'  Í33,  21).  "Cuando  ésta  ocurrió,  escribe  Piepen- 
bring,  Ezequiel  ya  no  era  joven,  pues  de  lo  contrario  no  se  hubiera 
fijado  en  él  la  atención  de  los  vencedores.  Y  después  posee  un  conoci- 
miento tan  completo  y  tan  detallado  del  templo  de  Jerusalén  y  del  servi- 
cio que  allí  se  celebraba,  que  debe  haber  ejercido  las  funciones  sacerdo- 
tales antes  de  marchar  al  destierro"  ( Histoire,  p.  445 ) .  En  cambio,  según 
generalmente  se  cree,  su  ministerio  profético  se  desarrolló  en  Babilonia, 
entre  sus  compatriotas  exilados.  Durante  el  primer  período  de  su  acti- 
vidad, fue  un  profeta  de  calamidades  como  su  contemporáneo  Jeremías, 
cuyas  ideas  compartía,  al  punto  que  algunos  han  creído  que  hubiera 
sido  discípulo  de  éste,  lo  que  no  es  probable,  porque  Jeremías  nunca 
lo  nombra.  Fue  casado  y  quería  entrañablemente  a  su  mujer,  a  la  que 


8 


LIBERTAD  DE  LOS  DEPORTADOS 


llama  "delicia  de  mis  ojos"  (24,  16)  ;  no  se  dice  que  tuviera  hijos. 
Ese  matrimonio  debió  efectuarse  en  Judá,  pues  autores,  como  Cornely 
y  Merk,  suponen  que  Ezequiel  fue  desterrado  con  su  esposa,  en  597, 
la  que  murió  repentinamente  el  noveno  año  de  la  deportación.  Como 
hemos  dicho  anteriormente,  Babilonia  fue,  por  lo  general,  humana  con 
los  prisioneros  que  deportaba,  pues  salvo  los  sometidos  quizá  a  trabajoa. 
forzosos  en  las  grandes  obras  realizadas  por  Nabucodonosor  en  las  me- 
joras y  embellecimiento  de  su  capital,  — como  hizo  Salomón  con  sus 
subditos  ( 1339,  1340) —  los  demás  gozaban  de  libertad  en  los  parajes 
que  se  les  asignó  como  residencia.  Por  lo  menos,  los  judaítas  deste- 
rrados fueron  incomparablemente  más  venturosos  a  ese  respecto,  que 
los  judíos  contemporáneos,  que,  en  los  campos  de  concentración,  han 
tenido  que  soportar  las  consecuencias  de  la  civilización  de  los  bárbaros 
modernos. 

3701.  Los  vencedores  permitieron  a  los  judaítas  transportados  a 
Babilonia,  agruparse  en  colonias,  donde  tenían  el  goce  del  suelo,  cuya 
propiedad,  podían  adquirir  y  construirse  casas;  tenían  jardines,  podían 
casarse,  no  eran  molestados  en  sus  creencias  religiosas,  y  conservaban 
sus  ancianos,  sus  profetas  y  sacerdotes,  es  decir,  gozaban  de  completa 
libertad  civil  y  de  conciencia.  Ezequiel  habitaba  en  la  colonia  de  Tell 
Abib,  junto  al  riachuelo  o  canal  de  Kebar,  mencionado  en  las  inscrip- 
ciones de  la  época  de  Artajerjes  I  con  el  nombre  de  Kabarú,  al  E.  de 
la  antigua  ciudad  de  Nipur.  Según  Chaine,  "los  nombres  de  Tell  Abib 
(Ez.  3,  15),  Tell-Mela,  Tell-Harsa  (Esd.  2,  59),  evocan  la  idea  de  un 
tell,  de  una  ruina,  quizá  dada  a  los  hebreos  para  reconstruirla  y  habi- 
tarla" (p.  149).  Opina  L.  B.  d.  C.  que  "el  nombre  de  la  localidad  que 
servía  de  centro  a  los  deportados  de  Judá,  Tell  Abib,  "la  colina  de  las 
espigas",  era  la  forma  hebrea  del  nombre  babilónico  de  la  ciudad, 
ul  abubi,  "la  colina  del  diluvio"  o  "de  la  inundación",  expresión  ésta 
que  designaba  los  puntos  que,  en  la  época  de  la  creciente  del  Eufrates, 
emergían  de  la  llanura  inundada".  Parece  que  no  tenía  o  no  ejerció 
oficio  alguno  en  el  destierro,  por  lo  que  debió  ser  dificultosa  su  situa- 
ción pecuniaria;  pero  aunque  carecía  de  título  oficial,  ejerció  gran  in- 
fluencia sobre  sus  compañeros  de  exilio,  los  que  lo  consideraban  como 
inspirado  de  Yahvé.  En  todos  los  detalles  de  su  vida  veía  él  manifes- 
taciones de  la  voluntad  de  su  dios  u  órdenes  de  éste,  que  debía  inter- 
pretar y  cumplir.  Así,  como  era  de  temperamento  enfermizo,  sujeto  a 
accesos  de  catalepsia  y  de  afasia  o  de  afonía  intermitentes,  sacaba  de 
los  mismos  enseñanzas  que  exponía  como  dictadas  por  Yahvé.  Entendía 
que  sus  crisis  de  mutismo  debían  hacer  comprender  a  sus  compatriotas 
que  ellos  eran  rebeldes,  indignos  de  escuchar  la  palabra  que  su  dios  les 
trasmitía  por  medio  de  él,  su  profeta  (3,  26)  ;  y  que  sus  períodos  de 
larga  inmovilidad  figuraban  la  duración  del  castigo  tanto  de  Israel  como 
de  Judá  (4,  4-6).  Cuando  impensadamente  murió  su  amada  esposa,  el 


ORACULOS  MIMICOS 


9 


día  en  que  Nabucodonosor  inició  el  bloqueo  de  Jerusalén.  Ezequiel 
quedó  pasmado,  alelado,  ante  tan  terrible  pérdida,  al  punto  que  ni  lloró, 
ni  hizo  los, habituales  ritos  de  duelo  3277  bis),  limitándose  a  gemir 
y  suspirar,  y  la  explicación  que  dió  a  sus  convecinos  de  su  extraña 
conducta,  fue  que  así  como  Yahvé  le  había  quitado  a  él  "la  delicia  de 
sus  ojos",  así  a  ellos  les  quitaría  el  santuario  jerosolimitano.  "objeto 
de  vuestro  inmenso  orp;uIlo,  delicia  de  vuestros  ojos,  y  motivo  de  los 
deseos  de  vuestra  alma",  de  modo  que  la  actitud  del  profeta  sería  un 
presagio  de  lo  que  ellos  harían  cuando  ocurriera  el  suceso  vaticinado 
(24.  15-24).  Después  de  esta  profecía  en  acción.  Ezequiel  cae  en  otro 
acceso  de  mutismo,  hasta  el  día  en  que  un  fugitivo  trae  la  noticia  que 
Jerusalén  había  sido  destruida.  La  impresión  que  le  causa  este  anun- 
ciado acontecimiento,  que  venía  a  confirmar  sus  vaticinios,  le  devuelve 
la  voz.  "así  tu  actitud  será  para  ellos  un  presa!>;io,  y  sabrán  que  yo  soy 
Yahvé"  (24,  25-27).  Todo  esto  nos  hace  comprender  la  tendencia  de 
Ezequiel  a  realizar  oráculos  mímicos,  que  no  sólo  servían  para  provocar 
la  curiosidad  de  sus  oyentes,  sino  que  además,  juzgaba,  como  los  otros 
profetas  que  le  antecedieron,  que  sus  actos  imitativos  de  lo  que  exponía, 
suponían  ya  el  comienzo  del  suceso  vaticinado.  Como  dice  Lods:  "era 
un  retorno  a  uno  de  los  más  antiguos  procedimientos  del  profetismo. 
a  uno  de  aquellos  que  muestran  mejor  el  parentesco  original  del  nabí 
con  el  mago:  en  efecto.  la  profecía  en  acción  era  en  el  fondo  una  prác- 
tica de  magia  imitativa  destinada  a  provocar  el  cumplimiento  en  grande 
del  acto  figurado  en  pequeño  por  el  .hombre  divino  (caps.  4  y  5;  12; 
21,  24-25)  ;  y  así  Ezequiel  debe  dibujar,  sobre  un  ladrillo,  el  plano  de 
una  ciudad  sitiada,  comer  alimentos  contaminados,  cortarse  los  cabellos 
y  destruir  una  parte  de  los  mismos,  partir  de  viaje  por  la  noche  hora- 
dando la  pared,  trazar  el  plano  de  una  encrucijada,  etc."  (Hist.  Litt. 
Heb.  p.  435). 

3702.  Mucho  se  ha  discutido  sobre  si  Ezequiel  fue  orador  o  sola- 
mente escritor.  Para  Reuss  "no  hay  en  el  libro  de  Ezequiel  ni  una  sola 
página  que  debamos  suponer  que  haya  sido  leída  o  expuesta  pública- 
mente. .  .  Lo  que  nos  da  Ezequiel  son  elucubraciones  literarias,  el  pro- 
ducto de  trabajo  de  gabinete,  el  fruto  del  recogimiento  y  de  la  con- 
templación" {Les  Prophétes,  IL  p.  10).  A  esto  responde  Gautier:  (1) 


(l)  Séanie  permitido  lenilir  aquí  afectuoso  liomenaje  a  la  memoria  del 
bondadoso  Mr.  Lucieii  Gautier,  ilustre  profesor  de  la  Facultad  de  Teología  de  la 
Iglesia  Liíjre  del  Cantón  de  Vaud  ÍSuiza).  destacado  hebraísta  y  exégeta,  a  quien, 
invitado  por  él.  visité  en  su  casa,  cuando  yo  era  un  joven  de  21  años.  Con  cuanta 
emoción  miro  aliora,  al  cabo  de  56  años,  estas  sencillas  i)ala])ras.  escritas  de  su 
puño  y  letra:  ''Monsieiir  Nin  -  Soiiteiiir  de  Fauteiir  -  28  sept.  1896  -  Laiisanne", 
que  figuran  al  principio  del  ejemplar  de  "lo  Mission  dii  prophéte  Ezérliiel"  — que 
con  otras  publicaciones  suyas  me  regaló  en  la  citada  fecha — .  y  vuelvo  a  leer  las 
))áginas  de  tan  interesante  obra.  Nunca  imaginé  que  llegaría  el  (h'a  en  (|ue  yo  tam- 


10 


LUGAR  DE  LA  ACTIVIDAD  DE  EZEQUIEL 


"Cuando  releemos  los  discursos  de  Ezequiel.  siempre  tan  admirable- 
mente apropiados  al  medio  en  que  fueron  pronunciados,  cuando  vemos 
las  exhortaciones  y  las  censuras,  las  promesas  y  las  amenazas  brotando 
de  sus  labios,  confesamos  que  tenemos  la  impresión  de  oir  a  un  orador, 
un  predicador  potente  e  incisivo"  (La  Mission,  p.  75).  Esta  diferencia 
radical  de  criterios  proviene  del  hecho  que  los  sostenedores  de  que  Eze- 
quiel fue  sólo  escritor,  entienden  que  éste  dirigió  únicamente  sus  dis- 
cursos desde  Babilonia  a  los  habitantes  de  Jerusalén  o  de  Judá,  y  así, 
por  ejemplo,  para  el  profesor  Segond,  "las  circunstancias  particulares 
de  la  posición  de  Ezequiel,  no  le  permiten  enfrentarse  con  aquellos  a 
quienes  debe  exhortar  y  censurar".  Para  Reuss  igualmente  el  libro  de 
nuestro  profeta  no  contempla  la  situación  de  sus  compañeros  de  infor- 
tunio, sino  que  está  destinado  únicamente  a  ser  leído  por  lejanos  lec- 
tores, y  en  consecuencia  dicho  comentarista  escribe:  "Separado  como 
estaba  de  su  país,  Ezequiel  sólo  puede  hablar  a  la  posteridad,  que  leerá 
discursos  que  nadie  habrá  escuchado"  ílb.  p.  8). 

3702.  bis.  La  discrepancia  de  criterio  entre  esos  exégetas  se  debe 
al  hecho  de  que  existen  en  el  libro  de  Ezequiel.  oráculos  incompren- 
sibles si  no  hubieran  sido  pronunciados  por  éste  en  su  patria,  los  cuales 
se  hallan  mezclados  con  otros  — probablemente  la  mayoría  de  ellos — 
procedentes  del  destierro,  lo  que  origina  lógica  confusión.  Así  en  el 
relato  de  la  vocación  del  profeta.  Yahvé  le  dice  a  éste:  "Hijo  de  hom- 
bre, todas  las  palabras  que  te  diriií,iré,  recíbelas  en  tu  corazón  y  escú- 
chalas con  tus  oídos,  y  lues^o  anda,  vete  a  los  deportados,  a  los  hijos 
de  tu  pueblo,  tú  les  hablarás,  y  que  te  escuchen  o  que  no  te  escuchen, 
tú  les  dirás:  ¡Así  habla  (o  dice)  el  Señor  Yahvé!"  (3.  10-11).  Es  a  la 
luz  de  esa  declaración,  en  la  que  el  profeta  manifiesta  que  su  dios  le 
manda  trasmitir  sus  oráculos  a  sus  compañeros  de  destierro,  que  pro- 
bablemente deben  interpretarse  otras  expresiones  como  éstas:  "Anda, 
vete  a  la  casa  de  Israel,  y  les  repetirás  mis  palabras.  .  .  Yo  te  he  esta- 
blecido para  servir  de  atalaya  (o  centinela)  a  la  casa  de  Israel;  tú 
escucharás  las  palabras  de  mi  boca,  y  tú  advertirás  de  mi  parte  a  los 
hijos  de  Israel"  (3,  4,  17).  Resulta,  pues,  que  las  expresiones  "la  casa 
de  Israel"  o  "los  hijos  de  Israel"  deben  casi  siempre  entenderse  en 
sentido  restringido  para  designar  a  los  deportados,  cuyo  centro  de  acti- 


bién  escribiría  sobre  el  mencionado  profeta,  aun  cuando  con  distinto  criterio  al 
suyo,  que  era  el  de  un  sincero  cristiano;  pero  si  viviese  boy,  le  citaría  en  defensa 
de  mis  actuales  ideas,  las  siguientes  iialabras  de  su  aludido  libro,  con  las  que 
combate  a  los  que  censuran  a  Ezequiel,  por  no  encontrar  en  este  inspirado  "aucu- 
ne  trace  de  coeur  et  de  sentiment,  mais  seiilernent  la  raison,  jroide  et  séche: 
puede  haber  casos,  raros  si  se  quiere;  pero  sin  embargo  reales,  en  que  un  hombre 
no  teniendo  otro  mérito  sino  el  de  razonar  justamente,  pueda  prestar  eminentes 
servicios  a  su  pueblo"  (p.  42). 


LA  CASA  DE  ISRAEL 


11 


vidad  era  la  colonia  de  Tell  Abib.  \  es  natural  que  la  obra  religiosa 
de  Ezequiel  se  circunscribiera  principalmente  a  los  deportados,  puesto 
que  éstos  no  habían  cambiado  de  sentimientos  con  el  alejamiento  for- 
zoso de  la  patria,  y  del  punto  de  vista  yahvista  requerían  las  mismas 
amonestaciones  y  consejos  que  los  que  permanecían  en  Judá.  Sin  em- 
bargo, Causse  le  da  más  amplitud  a  las  expresiones:  los  hijos  de  Israel, 
la  casa  de  Israel  y  toda  la  casa  de  Israel  (3,  7;  37,  11;  39,  25),  mani- 
festando que  "no  son  solamente  sus  compañeros  de  cautividad,  los  co- 
lonos estaíjlecidos  en  Tell  Abib,  a  orillas  del  Kebar,  a  quienes  el  pro- 
feta designa  así.  Sin  duda  eran  la  minoría  viviente  destinada  a  mante- 
ner la  tradición  del  yahvismo  reformista,  y  se  podía  con  justicia  con- 
siderarlos como  el  Israel  verdadero,  el  Israel  según  el  espíritu;  pero 
no  podían  tener  la  pretensión  de  ser  ellos  toda  la  casa  de  Israel.  En 
realidad,  el  profeta,  más  allá  del  restringido  círculo  de  sus  oyentes  in- 
mediatos, percibe  todos  los  restos  de  su  pueblo,  todos  aquellos  que  han 
escapado  a  la  espada  y  que  han  sido  dispersados  en  diversos  países  (36, 
19;  37,  21).  Para  ellos  es  que  él  profetiza:  Yahvé  va  a  recogerlos  de 
en  medio  de  las  naciones  donde  habitan,  y  él  los  reunirá  en  su  tierra. 
Y  no  sólo  a  los  desterrados  de  Judá,  sino  también  a  los  de  Efraim.  El 
profeta  asocia  los  dos  reinos  en  una  misma  reprobación;  pero  ahora 
que  han  recibido  el  justo  castigo  de  sus  pecados,  Yahvé  purificará  a 
los  hijos  de  Israel  de  todas  sus  idolatrías  e  iniquidades,  y  esos  pueblos 
enemigos  cuyas  luchas  llenaron  dos  siglos  de  historia,  serán  en  fin  re- 
conciliados y  unificados.  No  formarán  más  que  un  solo  pueblo  en  la 
mano  de  Yahvé"  (Les  Dispersés,  ps.  32-33).  Lods,  opina,  como  Gautier, 
que  "Ezequiel  fue  realmente  profeta  de  sus  hermanos  deportados.  Si  en 
la  primera  parte  de  su  libro  (caps.  1-24)  no  habla  sino  de  Jerusalén 
y  de  su  inevitable  ruina,  creemos,  dice,  que  se  deba  a  que  ese  lenguaje 
era  precisamente  el  que  en  aquella  época  había  que  tener  a  los  judíos 
desterrados  con  Jeconías,  porque  era  de  Jerusalén,  de  la  Jerusalén  de 
Sedecías.  que  esperaban  la  salvación  de  un  momento  a  otro.  Cierto  es 
que  el  profeta  interpela  a  veces  a  los  jerosolimitanos,  a  las  montañas 
de  Israel;  pero  también  apostrofa  a  los  ammonitas,  a  Tiro  y  a  su  prín- 
cipe, al  Faraón  de  Egipto,  sin  que  nadie  piense  ver  en  ello  otra  cosa 
que  un  procedimiento  retórico.  .  .  La  verdadera  casa  de  Israel  para 
Ezequiel,  es  el  pequeño  núcleo  de  desterrados,  más  bien  que  la  desleal 
Jerusalén .  .  .  Quizá  esperó  que  su  predicación  tuviera  algún  eco  en  Pa- 
lestina; pero  fue  ante  todo  y  realmente  el  profeta  de  los  exilados,  com- 
batiendo sus  vicios,  arruinando  sus  ilusiones,  realzando  su  valor.  Si  desde 
temprano  recurrió  sin  duda  a  la  escritura,  es,  como  los  otros  profetas, 
a  causa  de  la  incredulidad  que  sus  amenazas  encontraban  entre  sus 
oyentes  y  para  fijar  fechas.  De  ahí  el  cuidado  con  que  nota  el  día  en 
que  recibió  sus  principales  revelaciones"  (Hist.  Litt.  p.  443).  Pero  a 
pesar  de  estas  conclusiones  de  un  exégeta  tan  mesurado  y  circunspecto 


12 


REUNIONES  EN  LA  CASA  DE  EZEQUIEL 


como  Lods,  debe  reconocerse  que  hay  pasajes  del  libro  de  Ezequiel, 
como  lo  veremos  en  el  curso  de  nuestro  estudio  (§  3735),  que  sólo 
tienen  explicación,  si  ellos  fueron  escritos  o  pronunciados  en  tierra  de 
Judá,  o  dirigidos  allí  a  sus  habitantes. 

3703.  ¿Cómo  realizaba  Ezequiel  su  ministerio  entre  sus  compa- 
ñeros, alejados  igualmente  que  él  del  suelo  natal?  Reuniéndolos  en  su 
casa,  donde  les  comunicaba  sus  visiones  y  los  oráculos  que  creía  recibir 
de  su  dios.  Podemos  considerar  la  casa  del  profeta  como  la  cuna  de 
la  futura  institución  de  la  sinagoga,  ya  que  tenían  que  hacer  frente  al 
problema  de  no  contar  con  templo,  máxime  cuando  se  palpaba  ahora  el 
error  de  los  que  redactaron  el  código  dentaron óm ico  de  no  autorizar 
como  legítimo  otro  local  de  culto  sino  la  casa  de  Yahvé  en  Jerusalén. 
La  concurrencia  a  la  morada  del  profeta  era  facilitada  por  el  hecho  de 
que  éste  era  una  persona  simpática,  atrayente,  que  los  deleitaba  con 
sus  cantos  acompañados  por  la  música,  quizá  de  arpa,  — a  cuyo  son 
se  inspiraba  Elíseo  (II  Rey.  3,  15) —  o  de  tamboril;  y  para  mayor 
animación  solía  también  unir  a  sus  cantos  o  a  sus  frases,  palmoteos,  o 
golpes  armónicos  con  los  pies,  algo  semejante  a  lo  que  escuchamos  en 
bailes  o  cantos  de  ciertas  zarzuelas  españolas  (6,  11;  21,  19;  33,  30-32). 
Este  último  texto  merece  ser  transcrito  íntegramente:  "30  Hijo  de  hom- 
bre, los  hijos  de  tu  pueblo  hablan  de  ti  junto  a  las  paredes  (donde  en 
Orlenle  se  suele  estar,  buscando  un  poco  de  sombra ) ,  y  en  las  puertas 
de  las  casas,  y  se  dicen  el  uno  al  otro:  ¡Vayamos  a  escuchar  el  oráculo 
(o  la  palabra)  procedente  de  Salivé!  31  Después  vienen  a  tu  casa  en 
gran  multitud  (o  como  cuando  se  va  a  una  asamblea  popular  —  L.  B. 
d.  C.)  ;  se  sientan  delante  de  ti  y  escuchan  tus  palabras;  pero  no  las 
ponen  en  práctica.  No  hacen  sino  lo  que  les  agrada,  y  su  corazón  no 
busca  sino  el  lucro  (V.  S.  —  o  En  su  boca  hay  sólo  mentiras:  su  cora- 
zón está  apegado  a  los  ídolos  —  L.  B.  d.  C.)  ;  32  Eres  para  ellos  un 
cantor  agradable,  un  excelente  músico  (o  eres  para  ellos  como  un  cantor 
de  amor  dotado  de  hermosa  voz  y  hábil  en  tañer  las  cuerdas  —  L.  B. 
d.  C.)  ;  escuchan  tus  palabras,  pero  no  las  practican" .  Nada  más  sabe- 
mos de  cierto  sobre  la  vida  de  Ezequiel.  El  último  oráculo  suyo  datado 
(29,  17-21 )  es  del  27"  año  de  la  deportación  (abril  del  571,  según  unos, 
o  marzo  del  570  según  otros),  es  decir,  unos  22  años  después  de  su 
primera  visión  en  Tell  Abib,  a  orillas  del  Kebar.  Según  una  tradición 
judía,  seguida  por  el  seudo  Epifanío  y  por  Isidoro,  "fue  muerto  por  un 
cierto  juez  del  pueblo  de  Israel,  a  quien  le  había  reprochado  el  culto 
de  los  ídolos"'.  Otras  tradiciones,  igualmente  desprovistas  de  crédito,  ex- 
ponen que  Ezequiel  murió  acuchillado,  o  arrastrado  por  los  pies  sobre 
peñascos,  hasta  que  se  le  rompió  la  cabeza.  No  debe  darse  tampoco 
mayor  importancia  al  relato  de  una  pretendida  entrevista  entre  Ezequiel 
y  Pitágoras,  referida  por  Clemente  de  Alejandría;  ni  al  hecho  que  desde 


EL  LIBRO  DE  EZEQUIEL 


13 


la  Edad  Media  se  muestra  cerca  de  Bagdad,  una  tumba  que  se  afirma 
es  la  de  nuestro  profeta. 

EL  LIBRO.  —  3704.  El  libro  de  Ezequiel  en  cuya  composición  se 
ha  seguido,  por  lo  general,  un  orden  más  o  menos  cronológico,  puede 
dividirse  en  cuatro  partes:  1°  oráculos  anteriores  a  la  ruina  de  Jeru- 
salén,  en  los  que  se  predice  ese  desastre  (caps.  1-24)  ;  2°  profecías  con- 
tra siete  naciones  extranjeras,  pronunciadas  en  su  mayoría,  durante  el 
sitio  de  Jerusalén  ( caps.  25-32 )  ;  3"  oráculos  posteriores  a  la  caída  de 
esta  ciudad  (caps.  33-391  ;  y  4*^^*  programa  de  restauración  nacional,  con 
detalles  sobre  la  reconstrucción  del  templo,  organización  del  culto  y 
prescripciones  legislativas,  que  han  contribuido  a  que  a  esta  sección  se 
la  denomine  la  Tora  de  Ezequiel.  Como  el  carácter  de  predicador  u  ora- 
dor no  es  incompatible  con  el  de  escritor,  y  dada  la  unidad  del  libro, 
se  ha  creído  hasta  el  siglo  pasado  que  el  mismo  Ezequiel  había  com- 
pilado el  relato  de  sus  visiones  y  discursos,  del  modo  que  actualmente 
figuran  en  nuestras  Biblias.  Sin  embargo,  esa  tesis  ha  sido  y  aún  es 
hoy  muy  controvertida.  Algunos,  como  Zuns.  Havet  y  Vernes  en  su  crí- 
tica radical,  han  llegado  a  considerar  ese  libro,  un  simple  seudoepígrafo 
del  siglo  V.  Esta  opinión  es  inconsistente,  pues  la  obra  contiene  vatici- 
nios que  no  habiéndose  realizado,  obligaron  a  Ezequiel  a  rectificarse, 
según  veremos  más  adelante,  por  lo  que  dice  con  razón  Lods:  "Es  la 
realidad  que  se  refleja  aquí  en  este  libro.  Un  escritor  al  componer  un 
seudoepígrafo,  no  hubiera  prestado  a  su  héroe  errores  seguidos  de  otras 
tantas  correcciones"  (Hist.  Litt.  p.  444).  Objeciones  más  serias  se  han 
formulado  sobre  la  autenticidad  de  ciertos  pasajes,  como  la  profecía 
sobre  Gog,  rey  de  Magog  (caps.  38-39)  y  sobre  la  Tora  final  (caps. 
40-48) .  Entiende  Lods  que  "esta  tesis  encierra  sin  duda  una  parte  de 
verdad.  Así  en  la  tora  final  se  halla  antes  de  la  mitad  del  relato,  un 
trozo  que  semeja  ser  una  conclusión  (43,  1-12)  ;  el  soberano  de  los 
tiempos  futuros  es  denominado  tan  pronto  príncipe  (nasí),  tan  pronto 
rey;  y  se  encuentra  una  vez  el  vocablo  levitas,  para  designar  a  los  clé- 
rigos degradados  (45,  4-5)".  Loisy  manifiesta  al  respecto:  "Aunque  la 
autenticidad  sustancial  del  libro  haya  sido  bastante  generalmente  admi- 
tida hasta  nuestros  días,  parece  que  en  él  deba  discernirse,  como  en 
Isaías  y  en  Jeremías,  un  núcleo  de  oráculos  verdaderamente  auténticos, 
y  que  eran  únicamente  amenazas  contra  Judá,  contra  Egipto  y  contra 
Tiro.  Estos  oráculos  fueron  glosados,  recargados  de  instrucciones  mora- 
les y  escatológicas,  uniéndoseles  a  los  oráculos  contra  Tiro  y  Egipto, 
oráculos  contra  los  otros  vecinos  de  Israel.  Finalmente  fue  ampliamente 
desarrollada  una  escatología  sistemática,  no  siendo  esos  suplementos  de- 
bidos a  una  sola  mano;  pero  lo  principal  de  esa  elaboración  redaccional 
parece  deba  referirse  a  la  primera  mitad  del  siglo  V,  en  el  tiempo  y  en 
el  medio  en  que  se  compilaba  la  Ley  de  Santidad  antes  de  la  redacción 


14 


EL  LIBRO  DE  EZEQUIEL 


de  la  historia  sacerdotal.  Por  el  caso  de  nuestros  tres  grandes  profetas, 
puede  verse  así  que  no  era  más  difícil,  en  los  tiempos  postexílicos,  hacer 
hahlar  a  Isaías.  Jeremías  y  a  Ezequiel,  que  hacer  hablar  a  Moisés"'  (La 
Reí.  d'Isr.,  ps.  32-33).  Lods  después  de  un  estudio  detenido  de  las  dis- 
tintas hipótesis  emitidas  sobre  la  formación  de  este  libro,  y  reconociendo 
que  muchos  trozos  no  están  en  su  debido  lugar,  y  que  en  los  caps.  40-43 
ciertas  alteraciones  son  quizá  intencionales,  destinadas  a  disimular  las 
contradicciones  entre  la  tora  de  Ezequiel  y  la  Ley  Sacerdotal,  llega  a 
la  conclusión  que  se  puede  concebir  la  formación  de  ese  libro,  del  modo 
siguiente:  A  nieditla  que  recibía  revelaciones,  el  profeta  mismo  las  ano- 
taba marcando  la  fecha  de  muchas  de  ellas.  Quizá  tenía  en  sus  notas 
muchos  proyectos  de  redacciones  de  la  misma  revelación,  lo  que  expli- 
caría los  dobles  que  a  veces  se  presentan.  Esas  notas  fueron  reunidas 
y  ordenadas  en  volumen,  sea  por  el  mismo  Ezequiel,  sea  más  probable- 
mente por  alguno  de  sus  discípulos.  El  plan  de  la  colección  se  imponía 
de  sí  mismo  por  el  hecho  del  gran  corte  que  los  sucesos  habían  marcado 
en  la  carrera  del  profeta  (unos  anteriores  y  otros  posteriores  a  la  caída 
de  Jerusalén ) ,  y  por  la  fecha  de  los  oráculos.  Ulteriormente  se  efectua- 
ron algunas  recomiiosiciones.  tales  como  transposiciones  y  adiciones.  No 
rechaza  tampoco  Lods  la  hipótesis  de  que  nuestra  edición  actual  del 
libro  de  Ezequiel  haya  nacido  de  la  fusión  de  dos  ediciones  paralelas 
y  en  algunos  puntos  bastante  divergentes  del  mismo  {¡b.,  ps.  445-448). 
A  pesar  de  que  hay  muchos  trozos  datados,  no  han  sido  ellos  colocados 
en  un  orden  rigurosamente  cronológico,  como  lo  demuestra  el  siguiente 
cuadro  formado  por  Gautier  (  I,  p.  426)  : 


Pasaje 


Año 


Mes 


Día 


1,  1-2 
8.  1 

20.  1 

24.  1 

29.  1 
26.  7 

30.  20 

31.  1 
33,  21 

32.  1 
32.  17 
40.  1 
29.  17 


5<? 

69 

70 

90 

109 

119 

119 

119 

129 

129 

129 

259 

279 


19 
39 
109 
129 


49 

69 

59 

109 
109 


9 


9 


59 

59 

109 

109 

129 

19 

70 

19 

59 

19 

159 

109 

19 


EL  COMIENZO  DEL  LIBRO.  —  3705.  A  continuación  transcribimos 
ese  comienzo,  de  acuerdo  con  la  versión  que  de  él  da  L.  B.  d.  C:  1,  3" 
La  palabra  de  Yahvé  fue  dirií^ida  a  Ezequiel.  hijo  del  sacerdote  Buzí 


PREAMBULO  DEL  LIBKO 


15 


(o  a  Ezequiel,  el  sacerdote,  hijo  de  Buzí  —  V.  S.;  vi  37ÜÜ),  en  el  país 
de  los  caldeos,  a  orillas  del  río  Kebar.  1  En  el  trigésimo  año,  el  cuarto 
mes,  el  cinco  del  mes,  encontrándome  yo  entre  los  desterrados,  a  orillas 
del  río  Kebar,  se  abrieron  los  cielos  y  tuve  visiones  divinas.  2  El  cinco 
del  mes  era  el  quinto  año  de  la  deportación  del  rey  Yoyakin  (Joaquín 
o  Jeconías.  S  3511).  L.  B.  d.  C.  explica  esta  alteración  de  los  vs.  ini- 
ciales, diciendo:  "El  preámbulo  del  libro  (1,  1-3)  tal  como  lo  dan  los 
manuscritos  y  las  versiones,  presenta  evidente  desorden:  Ezequiel  co- 
mienza hablando  en  la  primera  persona  (v.  i);  después  se  habla  de 
él  en  la  tercera  persona  (v.  3).  y  luego  se  vuelve  al  discurso  directo 
(vs.  4  ss]  ;  y  además  la  fecha  de  la  primera  revelación  concendida  al 
profeta  está  indicada  dos  veces  (vs.  1  y  2).  La  solución  más  sencilla 
de  estas  dificultades,  que  es  la  adoptada  aquí,  consiste  en  suponer  que 
el  V.  en  el  que  Ezequiel  es  presentado  al  lector,  se  hallaba  en  el 
encabezamiento  del  libro,  y  que  la  segunda  indicación  de  fecha  (v.  2), 
que  tiene  la  forma  de  una  anotación  a  la  primera,  fue  añadida  poste- 
riormente. Según  otra  conjetura  plausible,  el  texto  actual  sería,  en  estos 
vs.  1-3,  como  es  el  caso  muy  a  menudo  en  el  curso  del  libro,  el  resultado 
de  la  fusión  de  dos  ediciones  de  la  obra",  como  así  pensaba  Gautier. 
De  todos  modos  resulta  claro  que  este  preámbulo  está  formado  de  ele- 
mentos distintos,  y  que  el  v.  2  es  una  glosa  marginal,  introducida  luego 
en  el  texto.  Sobre  la  expresión  vaga  del  v.  7 :  "en  el  trigésimo  año", 
mucho  se  ha  discutido  respecto  al  alcance  de  esas  palabras,  a  las  que 
les  falta  la  indicación  del  punto  de  partida  de  esos  treinta  años.  Unos 
han  supuesto  que  se  trataba  de  la  edad  del  profeta;  pero  entonces  debió 
éste  decir:  "en  mi  30*="  año"  o  "en  el  30°  año  de  mi  vida",  o  alguna 
frase  por  el  estilo.  Como  según  el  v.  1  la  carrera  profética  de  Ezequiel 
se  inició  el  5^  año  de  su  deportación  con  Jeconías  (anotación  marginal 
del  V.  2) ,  o  sea,  en  el  592,  resulta  que  si  "el  30"  año"  se  refiriera  a  la 
edad  del  profeta,  éste  habría  tenido,  al  ser  desterrado,  tan  sólo  25  años, 
lo  que  no  concuerda  con  lo  que  hemos  dicho  anteriormente  3700). 
Además  no  es  verosímil  suponer  que  los  lectores  de  Ezequiel  supiesen 
el  año  y  el  día  del  nacimiento  de  este  visionario.  Es  natural  creer  que 
los  aludidos  30  años  deben  contarse  a  partir  de  un  suceso  por  todos 
ellos  conocido,  que,  como  observa  L.  B.  d.  C,  no  sería  la  reforma  de 
Josias  en  622.  porque  no  existe  prueba  alguna  de  que  ese  acontecimiento 
haya  servido  de  punto  de  partida  de  una  era.  Lo  más  probable  será, 
pues,  que  el  vocablo  empleado  trigésimo  iselosim)  sea  un  error  de  co- 
pia por  décimo  tercero  i  selos  '  esré) ,  ya  que  el  5°  año  de  la  cautividad 
de  Jeconías  era  precisamente  el  13"  del  reinaTIo  de  Nabucodonosor,  el 
rey  de  Babilonia  en  esa  época. 

'la  VISION  INICIAL  DE  EZEQUIEL.  EL  KEBOD-YAHVE.  —  3706. 
1,  3^  Estuvo  sobre  mí  la  mano  de  Yahvé,  4  y  como  yo  miraba,  vino  del 


16 


LA  VISION  INICIAL 


Norte  un  viento  de  tempestad  (o  un  torbellino)  arrastrando  una  gran 
nube  circundada  de  luz  y  un  globo  de  juego,  cuyo  centro  tenía  el 
brillo  de  la  plata  sobredorada  (o  del  bronce  pulido),  (el  centro  del 
juego  -  glosa  1 .  5  Se  destacaba  en  el  centro  la  imagen  de  cuatro  seres 
(los  querubes  o  querubines)  cuya  apariencia  era  ésta:  Semejaban  seres 
humanos;  6  cada  uno  de  ellos  tenía  cuatro  caras  y  cada  uno  tenía  cua- 
tro alas.  7  Sus  piernas  eran  rígidas,  y  la  planta  de  sus  pies  era  como 
la  planta  de  los  pies  del  ternero;  centelleaban  como  bronce  bruñido, 
o  Manos  humanas  salían  de  debajo  de  sus  alas,  en  sus  cuatro  lados. 
Las  caras  de  los  cuatro  9  no  se  daban  vuelta  cuando  marchaban:  cada 
uno  iba  derecho  delante  de  sí.  10.  He  aquí  el  aspecto  que  presentaban 
sus  caras:  los  cuatro  tenían  cara  de  hombre  por  delante;  todos  los  cua- 
tro, cara  de  león  a  la  derecha;  todos  los  cuatro,  cara  de  toro  a  la  iz- 
quierda; y  todos  los  cuatro,  cara  de  águila  11  vuelta  hacia  el  interior. 
Sus  alas  estaban  levantadas  y  desplegadas:  cada  uno  tenía  dos  alas  que 
tocaban  cada  una  el  ala  vecina  y  dos  que  le  cubrían  el  cuerpo.  12  An- 
daban cada  cual  delante  de  sí:  marchaban  adonde  el  espíritu  quería  ir, 
y  no  tenían  que  darse  vuelta  al  avanzar.  13  Entre  esos  seres  se  veía 
algo  como  carbones  incandescentes,  como  antorchas  que  circulaban  entre 
esos  seres;  ese  juego  era  resplandeciente,  y  de  él  salían  relámpagos.  15 
Y  como  yo  contemplaba  esos  seres,  vi  que  todos  los  cuatro  tenían  una 
rueda  en  tierra  al  lado  de  ellos.  16  La  apariencia  de  esas  ruedas  era  la 
del  crisólito;  tenían  todas  cuatro  el  mismo  aspecto.  En  cuanto  a  su  es- 
tructura, semejaba  la  de  una  rueda  dentro  de  la  cual  se  encontrara  otra. 
17  Podían  moverse  sobre  sus  cuatro  lados;  no  tenían  que  virar  (o  dar 
vuelta  en  redondo)  cuando  se  movían.  18  (Sigue  una  frase  irremedia- 
blemente alterada  en  el  texto  original )  y  las  llantas  de  todos  los  cuatro 
estaban  llenas  de  ojos  alrededor.  19  Al  avanzar  esos  seres,  avanzaban 
las  ruedas  junto  a  ellos,  y  al  levantarse  de  tierra  los  seres,  también  se 
levantaban  las  ruedas.  20  Según  la  dirección  que  el  espíritu  quería  to- 
mar, avanzaban  o  se  levantaban  las  ruedas  con  ellos,  porque  el  espíritu 
de  esos  seres  estaba  también  en  las  ruedas.  21  Cuando  ellos  avanzaban, 
éstas  avanzaban;  cuando  ellos  se  detenían,  ellas  se  detenían;  cuando 
ellos  se  alzaban  de  la  tierra,  las  ruedas  se  alzaban  con  ellos,  porque  el 
espíritu  de  esos  seres  estaba  también  en  las  ruedas.  22  Por  encima  de 
la  cabeza  de  esos  seres  había  algo  que  semejaba  un  jirmamento  con  el 
brillo  del  cristal  y  que  se  extendía  arriba  de  sus  alas.  23  Bajo  ese  jir- 
mamento se  tocaban  una  a  otra  sus  alas  abiertas  (de  las  que  tenían  cada 
uno  dos,  que  les  cubrían  el  cuerpo,  —  ditografía,  o  sea,  duplicación  de 
lo  ya  escrito ).  24  Y  yo  oí  el  ruido  que  hacían  sus  alas  cuando  ellos 
avanzaban,  semejante  al  ruido  de  caudalosas  aguas,  como  la  voz  del 
Todopoderoso;  era  como  el  estruendo  tumultuoso  de  un  ejército;  cuando 
se  detenían,  bajaban  las  alas.  25  Entonces  una  voz  resonó  encima  del 
firmamento  que  se  extendía  sobre  sus  cabezas.  26  Encima  del  firma- 


LA  VJSION  INICIAL 


17 


menta  que  se  extendía  sobre  sus  cabezas,  se  veía  algo  semejante  a  una 
piedra  de  zafiro,  teniendo  la  apariencia  de  un  trono;  y  sobre  esta  apa- 
riencia de  trono  se  apercibía,  en  lo  alto,  como  una  forma  de  hombre. 
27  Y  vi  como  la  refulgencia  de  la  plata  sobredorada  (o  del  bronce  bru- 
ñido) desde  las  caderas  (o  lo  que  parecía  ser  sus  ríñones)  para  arriba; 
y  desde  sus  caderas  (o  lo  que  parecía  ser  sus  ríñones)  para  abajo  vi 
como  fuego  que  expandía  a  su  alrededor  un  brillo  deslumbrante.  28 
Semejante  al  arco  que  aparece  en  la  nube  en  un  día  de  lluvia,  así  era 
el  aspecto  de  la  refulgencia  a  su  alrededor.  Lo  que  yo  vi  así,  era  la  ima- 
gen de  la  gloria  de  Yahvé. 

3707.  Tal  es  la  visión  que  nos  da  Ezequiel  al  principio  de  su 
carrera  profética,  cuyos  detalles  repite  en  otras  de  sus  ulteriores  visio- 
nes (8,  2;  10,  1)  y  en  la  que  describe  minuciosamente  lo  que  él  deno- 
mina "Kebod-Yahvé",  o  sea,  la  gloria  de  Yahvé.  Examinemos,  pues,  la 
anterior  descripción. 

Estuvo  sobre  mí  la  mano  de  Yahvé,  comienza  diciendo  el  profeta, 
con  lo  que  quería  expresar  que  entraba  en  éxtasis  (3,  22;  8,  1,  etc.), 
como  cuando  manifiesta  Isaías  que  lo  agarró  la  mano  de  Yahvé  (Is.  8, 
11;  §  2901).  Este  dios,  impulsado  por  un  viento  huracanado,  y  en 
una  gran  nube,  viene  del  Norte.  No  deja  de  ser  curioso  este  dato, 
pues  ya  sabemos  que  Yahvé  tenía  su  morada  en  la  península  sinaítica 
359-364),  de  donde  se  trasladó  al  Templo  de  Jerusalén,  con  el  pro- 
pósito de  residir  allí  eternamente  (§  1404),  y  tanto  aquella  península 
como  esta  ciudad  palestina  quedan  al  Oeste  de  Babilonia.  Reuss  da  esta 
poca  satisfactoria  explicación  de  dicho  punto  cardinal  de  donde  proce- 
día el  antropomórfico  dios  israelita:  "El  fenómeno  viene  del  Norte,  no 
porque  Ezequiel  coloque  la  residencia  de  Dios  (Yahvé)  de  ese  lado, 
sino  porque  los  destinos  de  Judá  se  cumplen  en  virtud  de  sucesos  que 
se  producen  en  esa  dirección".  Igualmente  inaceptable  es  la  opinión  de 
L.  B.  A.,  cuando  escribe:  "Del  Norte  es  que  deben  venir  para  la  Pales- 
tina los  instrumentos  del  juicio  anunciado  más  tarde  (comp.  Jer.  1, 
13-14)".  Pero  que  del  septentrión  debieran  venir  los  enemigos  que  so- 
juzgarían a  Judá,  como  así  se  le  hace  decir  a  Yahvé  en  el  citado  pasaje 
de  Jeremías:  "Es  del  Norte  que  la  desgracia  va  a  extenderse  sobre  todos 
los  habitantes  del  país;  en  efecto,  voy  a  llamar  a  todos  los  pueblos  de 
los  reinos  del  Norte,  y  vendrán  y  pondrán  cada  uno  su  trono  a  la  en- 
trada de  las  puertas  de  Jerusalén,  etc."  (1,  14,  15),  nada  tiene  que  ver 
en  la  visión  de  Ezequiel,  con  el  lugar  de  donde  procedía  el  dios,  quien 
no  venía  a  anunciar  la  llegada  de  los  futuros  enemigos  de  su  pueblo. 
Lo  probable  es  que  el  escritor  al  indicar  ese  punto  cardinal  de  donde 
venía  Yahvé,  tuvo  en  cuenta  la  creencia  general  entre  los  antiguos,  de 
que  en  el  extremo  Norte  del  mundo  o  del  cielo,  se  encontraba  la  alta 
montaña  que  sirve  de  asiento  a  los  dioses,  algo  así  como  el  Olimpo  de 
los  griegos  (Is.  14,  13;  §  2999).  En  cuanto  al  viento  tempestuoso,  que 


18 


EL  KEBOD-YAHVE 


arrastra  la  nube  con  el  trono  celestial  de  Yahvé,  recuérdese  que  en  las 
teofanías  de  este  dios,  siempre  lo  acompaña  el  huracán  desencadenado 
con  su  cortejo  de  truenos  y  relámpagos,  ya  que  ta  tempestad  inspiraba 
en  la  antigüedad,  y  aun  inspira  hoy  a  los  incivilizados,  profundo  terror 
religioso  (Ex.  19,  16;  Job,  33,  7;  Sal.  18,  7-75;  ¡i  1138,  1139;  Nah.  1, 
3,  §  3386,  3387 ) .  Quizá  Ezequiel  tuvo  esa  visión  en  un  día  de  gran 
tormenta. 

3708.  Yahvé,  cuando  viaja  o  cuando  quiere  hacerse  visible,  em- 
plea siempre  una  nube  (Ex.  13,  27;  ¡5  162.  163;  1  Rey.  8,  10).  La 
nube  vista  por  Ezequiel,  nimbada  de  luz,  contenía  en  su  interior,  un 
globo  o  una  masa  de  fuego,  o  un  fuego  envolviéndose  iignis  involvens 
—  La  Vulgata)  cuyo  centro  era  brillante  como  la  plata  sobredorada,  lla- 
mada por  los  griegos  electrón,  y  en  castellano,  electro,  que  define  la 
Academia,  como  "aleación  de  cuatro  partes  de  oro  y  una  de  plata,  cuyo 
color  es  parecido  al  del  ámbar".  Al  aproximarse  el  globo  de  fuego,  nos 
dice  Ezequiel,  que  vió  destacarse  en  el  centro  del  mismo  la  imagen  de 
cuatro  seres  vivos,  monstruosos,  pues  semejaban  hombres  con  cuatro 
caras,  cuatro  alas,  piernas  rígidas  y  patas  de  ternero,  teniendo  además 
manos  humanas  debajo  de  sus  alas.  Las  caras  eran:  de  hombre  al  frente, 
de  león  a  la  derecha,  de  toro  a  la  izquierda  y  de  águila  atrás,  vuelta 
hacia  el  interior.  Esos  fantásticos  seres  son  llamados  querubes,  desde  el 
cap.  10.  y  para  la  ortodoxia  tienen  existencia  real.  Téngase  presente 
para  juzgar  del  valor  de  la  descrita  aparición,  que  aquí  se  trata  de  la 
visión  de  un  profeta,  y  que  en  las  visiones,  como  en  los  sueños,  suelen 
mezclarse  los  datos  de  lo  que  uno  ha  visto  en  la  vida  diaria.  Ahora 
bien,  Ezequiel  debía  ver  a  menudo,  a  la  entrada  de  los  grandes  palacios, 
en  los  bajo  relieves  de  los  templos  en  Babilonia,  imponentes  esculturas 
representando  animales  con  cabeza  humana,  cuyo  recuerdo  hizo  que  su 
imaginación  los  combinara  en  la  forma  que  se  deja  reseñada.  El  abate 
J.  Chaine,  profesor  del  gran  Seminario  Católico  de  Lyón,  escribe  al  res- 
pecto: "Los  descubrimientos  arqueológicos  hechos  en  Oriente  parecen 
permitir  descifrar  el  enigma  de  estos  seres.  Los  asirios  colocaban  a  la 
entrada  de  sus  palacios  toros  o  leones  alados  con  cabeza  humana.  Esos 
colosos  de  piedra,  que  se  encuentran  en  Caldea  y  de  los  que  se  pueden 
admirar  en  el  Louvre  magníficas  muestras,  no  eran  simple  decoración; 
se  creía  que  un  genio  habitaba  en  sus  cuerpos;  y  ejercían  el  oficio  de 
vigilantes  y  guardianes.  A  los  toros  alados  a  veces  se  les  designa  en 
las  inscripciones  asiro-babilónicas  con  el  nombre  de  Kirubi.  Los  seres 
de  Ezequiel  se  parecen  a  estos  Kirubi;  se  les  llama  con  el  mismo  nom- 
bre (cap.  10),  y  tienen  rasgos  semejantes.  En  efecto,  la  palabra  hebrea 
panim,  traducida  generalmente  por  caras,  significa  también  aspectos, 
apariencias.  Se  puede,  pues,  decir  que  esos  seres  tenían  cuatro  aspectos, 
aspecto  de  hombre  por  el  rostro,  aspecto  de  águila  por  las  alas,  aspecto 
de  león  y  de  toro  por  el  cuerpo.  Por  otra  parte  cuando  el  texto  bíblico 


LOS  QUERUBINES 


19 


dice  que  cada  ser  animado  marchaba  delante  de  sí  (1.  9).  supone  uni- 
dad de  rostro.  Así  se  comprende  bien  la  visión  de  Ezequiel"  íp.  151). 
Esta  última  alegación  de  Chaine  es  inadmisible,  porque  va  contra  lo  que 
claramente  expresa  el  v.  10,  pues  de  aceptar  la  traducción  del  vocablo 
cara  por  aspecto  tendríamos  que  ese  versículo  comenzaría  asi:  "He  aquí 
el  aspecto  que  presentaban  sus  aspectos".  Indudablemente  es  difícil  u 
obscura  la  representación  de  dichos  monstruos  híbridos;  pero  así  se  los 
imaginó  Ezequiel  al  detallar  su  primera  visión,  aunque  más  tarde  al 
describir  cómo  debería  ser  el  futuro  templo,  lo  supuso  adornado  con 
querubes  de  dos  caras  y  palmas  a  todo  su  alrededor,  una  palma  entre 
dos  querubes;  con  la  cara  de  hombre  hacia  la  pahua  de  un  lado,  y  la 
de  león  hacia  la  palma  del  otro  lado  (41,  18-19).  Recuérdese  que  los 
textos  escriturarios  que  mencionan  a  los  querubines,  no  les  dan  a  este 
vocablo  el  mismo  significado:  1*^  en  Ex.  25.  18-20,  en  1  Rey.  6.  23-35 
Y  en  Sal.  80,  2.  los  querubines  no  son  seres  vivos,  sino  simples  escul- 
turas que  representan  seres  fantásticos  provistos  de  alas;  se  conside- 
raba que  esas  esculturas  encima  del  arca,  custodiaban  la  estada  de  Yahvé 
en  ese  mueble  sagrado.  29  En  Sal.  18.  10  1138-1139)  y  98,  1,  Yahvé 
viaja  por  los  aires  sobre  un  querubín,  que  le  sirve  de  cabalgadura,  lo 
que  indica  que  éste  es  un  ser  vivo.  "Los  Padres,  con  San  Jerónimo, 
anota  Scío.  reconocen  en  esto  una  imagen  de  la  ascensión  de  Jesucristo 
a  los  cielos".  3"  Los  querubes  de  Ezequiel  son  también  seres  vivos  que 
conducen  el  trono  celestial  de  Yahvé  y  parece  que  desempeñan  a  la  vez 
el  papel  de  acólitos  o  servidores  de  ese  dios  ( Ez.  10,  7).  4°  Los  que- 
rubines del  paraíso,  centinelas  para  impedir  que  en  él  volvieran  a  en- 
trar Adán  y  Eva  (Gén.  3,  24;  §  2091,  2106''),  son  guardianes  de  luga- 
res sagrados,  como  los  grifones  y  los  toros  alados  de  los  templos  asiro- 
babilónicos  ya  mencionados  f§  1370).  o  como  los  perros  que  en  nues- 
tras casas  impiden  la  entrada  de  los  extraños,  según  lo  nota  Turmel 
(Hist.  des  Dogmes,  t"?  IV,  ps.  52-53). 

3709.  Es  interesante  conocer  la  evolución  de  los  aludidos  quimé- 
ricos seres  de  Ezequiel,  hasta  verlos  muy  posteriormente  convertidos  en 
ángeles.  Dussaud  escribe  sobre  esto  lo  siguiente:  "La  concepción  de 
seres  tan  ficticios,  semi-humanos.  semi-animales.  vino  a  ser  más  tarde 
cada  vez  más  confusa,  a  medida  que  se  perdían  los  recuerdos  de  la  civi- 
lización asiro-caldea.  Desde  la  época  judía  se  opera  una  transformación. 
En  un  pasaje  del  libro  de  Enoc  (14.  18),  visiblemente  imitado  de  Eze- 
quiel, no  se  mencionan  ya  los  querubes  sino  como  seres  que  rodean  a 
la  divinidad,  especie  de  ángeles,  cuya  naturaleza  parece  haberse  desdo- 
blado. En  sus  estrechas  relaciones  con  la  divinidad,  se  les  asimila  a  los 
ángeles,  tanto  más  fácilmente  cuanto  c[ue  Ezequiel  les  da  forma  huma- 
na (1,  5,  20),  forma  característica  del  maleak  (§  365-367),  derivando 
de  aquí  los  querubines,  una  de  las  nueve  clases  de  ángeles  (>!  2330). 
Su  .representación  figurada  nada  ha  conservado  del  original.  ])ues  hasta 


20 


LOS  4  QUERUBES  DE  EZEQUIEL 


las  mismas  alas  están  directamente  tomadas  de  los  genios  alados  del 
arte  greco-romano.  Por  otra  parte  los  caracteres  animales  tan  netamente 
expresados  por  Ezequiel,  llevan  a  concebir  el  trono  de  Dios  rodeado 
por  el  águila,  el  león,  el  toro  y  el  hombre,  todos  alados,  seres  que  nos 
describe  el  cap.  4  del  Apocalipsis  de  Juan.  Y  aunque  el  pasaje  sea 
imitado  de  Ezequiel  (y  de  Isaías,  6,  agregamos  nosotros,  §  2866),  no 
se  les  aplica  el  término  de  querubines,  que  significaba  ya  otra  cosa. 
Esos  seres  vienen  a  ser  los  tetramorfos  y  la  imaginación  cristiana,  que 
les  buscaba  un  sentido,  los  adoptó  como  símbolos  de  los  cuatro  evan- 
gelistas" iVisions,  ps.  4-5).  He  aquí  como  define  actualmente  el  Diccio- 
nario de  la  Academia  Española  el  vocablo  querubín:  "Cada  uno  de  los 
espíritus  celestes  caracterizados  por  la  plenitud  de  ciencia  con  que  ven 
y  contemplan  la  belleza  divina.  Forman  el  primer  coro".  Merece  citarse 
que  al  convertirse  los  querubes  en  ángeles,  éstos  fueron  concebidos  por 
los  judíos,  como  no  teniendo  espalda,  poseyendo  cuatro  caras,  de  modo 
de  poder  ver  siempre  a  Dios,  según  anota  Cohén  en  Le  Talmud,  p.  97. 

3710.  Otro  rasgo  curioso  de  los  cuatro  querubes  de  Ezequiel  es 
que  cada  uno  de  ellos  tenía  a  su  lado  una  rueda  en  tierra,  atravesada  por 
otra  rueda,  de  modo  que  en  la  imaginación  del  visionario,  podían  mo- 
verse en  todas  direcciones,  sin  tener  que  dar  vuelta  en  redondo,  y  cuyas 
llantas  estaban  llenas  de  ojos  en  su  rededor.  Esas  extravagantes  ruedas 
parece  que  sirvieran  .de  soportes  a  los  querubes,  o  que  éstos  hubieran 
estado  adheridos  a  ellas,  pues  cuando  los  querubes  marchaban,  o  se 
detenían,  o  se  alzaban,  las  ruedas  no  se  separaban  de  ellos,  acompañán- 
dolos en  todos  esos  movimientos.  Y  lo  más  despampanante  era  que  las 
tales  ruedas  tenían  vida,  porque,  según  lo  repite  el  texto,  "el  espíritu 
de  esos  seres  estaba  también  en  las  ruedas".  No  es  extraño  que  ante 
relatos  tan  quiméricos,  producto  de  la  más  atrevida  fantasía,  los  rabi- 
nos manifestaran  que  excedía  del  entendimiento  humano  explicar  esta 
visión  de  Ezequiel.  — que  según  L.  B.  A.,  llamaban  Mercaba,  "carro", — 
y  prohibieran  su  lectura  antes  de  los  30  años.  La  misma  prohibición 
se  extendía  a  la  lectura  de  otros  pasajes,  tales  como  el  final  de  Ezequiel, 
el  primer  capítulo  del  Génesis  y  el  Cantar  de  los  Cantares.  El  Talmud 
dice:  "No  se  explica  la  sección  de  los  grados  prohibidos  del  matrimonio 
delante  de  tres  personas,  ni  la  de  la  creación  delante  de  dos,  ni  la  del 
Mercaba  delante  de  una  sola,  a  menos  que  no  sea  un  sabio  que,  por 
su  propia  inteligencia,  posee  ya  el  conocimiento"  (Khagiga,  II).  Veamos 
sin  embargo,  cómo  tratan  los  comentaristas,  principalmente  cristianos, 
de  aclarar  algunos  de  los  puntos  más  asombrosos  de  ella.  Según  el  v.  15 
cada  querube  tenía  una  rueda  en  tierra,  a  su  lado.  De  esa  expresión 
en  tierra,  se  ha  deducido  que  debía  ser  formidable  la  altura  de  las  rue- 
das, ya  que  tocaban  en  la  superficie  terrestre;  pero  L.  B.  d.  C.  mani- 
fiesta que  "esa  expresión  no  hay  que  tomarla  a  la  letra,  pues  se  trata 
de  la  superficie  plana  sobre  la  cual  ])arece  se  sostenían  los  seres,  los 


EL  KEBOD-YAHVE 


21 


que  se  cernían  en  el  aire".  Generalmente  se  cree  que  esas  ruedas  for- 
maban parte  de  un  carro  tirado  por  los  querubes,  los  que  vendrían  así 
a  desempeñar  el  papel  de  caballerías  de  tiro,  y  así  lo  entendió  el  autor 
de  1  Crón.  28,  18,  que  a  ese  conjunto  que  lleva  el  Kebod-Yahvé,  lo 
denomina  carro.  Dussaud  rechaza  tal  interpretación,  que  tampoco  acepta 
L.  B.  d.  C,  la  que  dice  que  aunque  esa  denominación  era  corriente  en 
la  literatura  talmúdica,  a  causa 
de  las  ruedas  que  hacían  suponer 
la  existencia  de  un  carro,  más 
bien  se  trataba  de  "una  especie 
de  litera  o  palanquín  (como  se 
usaba  en  Oriente  para  llevar  per- 
sonajes, — agregamos  nosotros), 
porque  la  gloria  de  Yahvé  reposa 
sobre  animales  que  la  conducen. 
Esta  última  concepción  parece 
haber  sido  general  en  el  cercano 
Oriente;  los  bajo  relieves  asirlos 
de  Malthai  representan  siete  di- 
vinidades astrales  paradas  sobre 
una  plataforma  o  sentadas  en  un 
trono  llevado  por  uno  o  varios 
animales  fantásticos.  (Ver  §  77). 
En  Zindjirli  se  ha  encontrado 
una  base  de  estatua  divina  for- 
mada de  dos  esfinges  que  tienen 
sobre  sus  alas  una  plataforma, 
lo  que  indudablemente  es  una 
transposición  en  el  mundo  sobre- 
natural de  esos  cortejos  en  que 
se  llevaba  en  ,  hombros  humanos 
las  estatuas  o  los  emblemas  de 
los  dioses".  Como  en  el  Eclesiás- 
tico se  lee:  "Ezequiel  tuvo  una 
visión  y  reveló  los  diversos  as- 
pectos del  carro  de  los  querubi- 
nes" (49,  8),  cree  Chaine  que  de 
ahí  sacaron  los  rabinos  la  idea 
del  carro  de  Yahvé,  que  los  querubines  arrastran  a  través  del  mundo, 
aunque  Ezequiel  no  dice  que  las  aludidas  ruedas  sirvieran  para  hacer 
circular  el  trono  (p.  152).  Nótese  también  que  las  ruedas  se  compo- 
nían de  dos  círculos  que  se  cortaban  en  ángulo  recto,  según  se  ve  en 
la  fig.  1,  de  modo  que  podían  moverse  en  todos  sentidos  como  esferas, 
sin  tener  que  virar  en  redondo.  La  ortodoxia  niega  que  las  ruedas  de 


Fig.  1.  —  Ensayo  de  representación  de 
los  querubes  de  Ezequiel,  según  L.  B.  A. 


22 


EL  KEBOD-YAHVE 


la  referencia  tuvieran  vida,  a  pesar  de  que  el  texto,  insiste  en  que  "el 
espíritu  de  los  querubes  estaba  en  ellas"  ( vs.  20-21),  alegando  que  era 
el  espíritu  o  la  voluntad  de  \ahvé  lo  que  las  dirigía. 

3711.  Entre  los  querubes,  y  por  lo  tanto,  arriba  de  las  ruedas, 
estaba  el  altar  del  templo  aéreo  de  Yahvé,  que  contenía  algo  como  car- 
bones incandescentes,  fuego  vivo  y  de  gran  resplandor,  de  donde  par- 
tían relámpagos  (v.  13)  siendo  de  allí  de  donde  se  sacan,  en  el  relato 
del  cap.  10,  los  carbones  encendidos  que  van  a  incendiar  a  Jerusalén. 
Por  encima  de  la  cabeza  de  los  querubes  había  algo  semejante  a  un 
firmamento  (v.  22),  es  decir,  a  la  bóveda  celeste  considerada  sólida 
(Gén.  1,  6;  nuestra  Introducción,  i  45),  que  sostenía  el  trono  de  Yahvé, 
con  el  brillo  del  zafiro,  en  el  cual  se  apercibía  en  lo  alto,  al  dios,  con 
forma  de  hombre  (  v.  26).  Sobre  las  consecuencias  que  antiguamente  se 
creía  que  traía  el  ver  al  dios  nacional,  léase  S  2867.  Mientras  Isaías 
en  su  visión  inicial,  ve  a  Yahvé  sentado  en  un  gran  trono,  vestido  como 
los  reyes  .de  su  época,  con  un  enorme  manto  ( §  2863,  2865 ) ,  Ezequiel 
lo  describe  de  este  modo:  desde  las  caderas  para  arriba,  como  el  brillo 
de  la  plata  sobredorada  o  del  bronce  bruñido;  y  desde  las  caderas  para 
abajo,  como  un  fuego  deslumbrante,  teniendo  a  su  alrededor  la  reful- 
gencia del  arco  iris  (vs.  27-28).  Quizá  de  este  último  detalle  provenga 
la  aureola  o  círculo  luminoso  con  que  el  arte  cristiano  rodea  la  cabeza 
de  sus  imágenes  sagradas.  Dussaud  ve  en  este  Kebod-Yahvé  o  la  gloria 

de  Yahvé,  un  recuerdo  del 
globo  alado  con  figura  huma- 
na. "Se  encuentra,  dice,  en 
todos  sus  detalles  ese  globo 
flamígero,  cuyas  alas  atrofia- 
das parecen  lenguas  de  llama 
y  en  cuyo  centro  surge,  con  el 
esplendor  del  ladrillo  esmal- 
tado (o  del  bronce  bruñido), 
un  torso  humano ...  El  sím- 
bolo divino  que  debió  inspirar 
al  profeta,  el  disco  alado  con 
figura  humana,  muy  extendi- 
do en  Asiría  y  en  Caldea,  fue 
utilizado  también  por  los  per- 
sas después  de  la  conquista, 
por  lo  que  en  la  época  de  Ezequiel  debía  estar  en  toda  su  boga.  Sobre 
los  monumentos  se  le  ve  a  menudo,  como  en  Ezequiel,  encima  de  los 
querubes.  El  antropomorfismo  del  Kebod-Yahvé  es  muy  neto:  la  mano 
de  éste  agarra  a  Ezequiel  por  los  cabellos  y  lo  transporta  a  Jerusalén 
(8,  3)  ;  "/o  gloria  del  dios  de  Israel  se  elevó  encima  de  los  querubines 


EL  DISCO  ALADO 


23 


sobre  ¡os  cuales  estaba,  se  dirigió  hacia  el  umbral  del  Templo  y  llamó 
al  hombre.  .  ."'  I  9,  3;  cf.  10,  4,  18).  Esta  observación  trae  consigo  otra. 
Este  texto  ha  suscitado  la  representación  de  Dios,  como  lo  ha  inmorta- 
lizado Miguel  Angel:  un  cuerpo  de  hombre  perdido  en  las  nubes  a 
partir  de  la  cintura.  Ezequiel  ha  sido,  pues,  del  punto  de  vista  de  la 
figuración,  el  intermediario 
entre  los  maestros  del  Rena- 
cimiento y  los  viejos  artistas 
de  la  Mesopotamia"  (ps.  6-7). 
El  disco  alado,  emblema  del 
dios  asirio  Asur,  a  que  se  re- 
fiere Dussaud,  se  presentaba 
en  dos  formas:  con  figura  hu- 
mana en  el  centro,  o  sin  ella. 
"Encima  de  los  árboles  sagra- 
dos, o  en  los  altares  donde  se 
ofrecen  sacrificios,  o  acompa- 
ñando al  rey,  dice  Ragozín, 
vemos  frecuentemente  un  ob- 
jeto singular:  es  las  más  de 
las  veces  una  figura  humana  que  termina  en  un  apéndice  con  plumas, 
semejante  a  la  cola  de  un  ave  — la  paloma,  según  se  cree —  que  lleva 
pendiente  de  la  cintura,  o  atravesado,  un  círculo  o  aro,  provisto  de  . 
alas...  La  distinta  actitud  del  dios  varía,  según  los  casos.  Si  se  trata 
de  una  batalla,  se  le  representa  delante  del  rey,  tendiendo  el  arco:  la 
flecha  que  dispara  va  a  esparcir  el  terror  y  la  muerte  en  medio  de  los 

enemigos,  según  nos  dicen  las 
inscripciones.  Si  es  una  solem- 
nidad pacífica  — como  p.  ej., 
una  procesión  triunfal  o  una 
ceremonia  religiosa —  lleva  el 
arco  colgado,  y  eleva  su  mano 
Fig.  4.  —  El  dios  solar  de  Edfú.  derecha   ífig.  2.),  actitud  en 

que  a  menudo  se  ve  al  rey  en 
ocasiones  semejantes;  a  veces  se  suprinje  el  arco  y  el  dios  ostenta  en 
la  mano  una  guirnalda,  emblema  probablemente  de  paz  y  prosperidad. 
No  es  raro  que  la  figura  humana  esté  también  ausente,  y  entonces  el 
emblema  simplificado  se  reduce  a  un  disco  o  círculo  con  alas  y  cola 
de  ave,  que  nunca  se  omiten"  (fig.  3;  Asiria,  ps.  13-15).  Indudable- 
mente, esta  imagen  la  tomaron  los  asirios  del  disco  solar  egipcio  de 
Edfú  (fig.  4),  que  tiene  dos  grandes  alas  multicolores,  sin  cola,  que 
parecen  ser  de  gavilán,  ave  sagrada  de  ese  pueblo,  como  la  paloma 
lo  era  de  los  asirios  y  de  otros  pueblos  asiáticos.  "El  templo  del  dios 
solar  de  Edfú,  escribe  A.  Erman,  ha  llegado  a  nosotros  en  todo  su  esplen- 


Fig.  3.  —  Otro  emblema  del  dios  Asur,  sin 
figura  humana. 


24 


NERCAL  Y  SHAMASH 


dor,  a  lo  menos  como  lo  habían  reconstruido  los  soberanos  de  la  época 
griega.  Esta  imagen  del  dios  de  Edfú  nos  es  particularmente  familiar, 
porque  la  encontramos  encima  de  las  puertas  de  todos  los  templos  de 
Egipto;  tenía  por  misión  impedir  a  los  malos  el  acceso  del  templo" 
{La  Relig.  des  Egypliens,  p.  49) . 

3712.  Para  ilustrarnos  mejor  sobre  el  origen  de  ciertos  pormeno- 
res de  la  extraña  visión  inicial  de  Ezequiel,  conviene  tener  presente  al- 
gunos detalles  de  las  religiones  de  Babilonia  y  Asiría,  las  que  eran  de 
carácter  eminentemente  astral,  y  fueron  practicadas  simultánea  o  suce- 
sivamente por  más  de  3.000  años.  No  olvidemos  que  esas  religiones 
tuvieron  gran  repercusión  en  Israel,  como  de  ello  da  fe  la  persistencia 
del  culto  de  la  Reina  del  Cielo  entre  los  judaítas,  a  pesar  de  la  tenaz 
oposición  de  Jeremías  (§  3588-3589).  De  las  divinidades  asiro-babiló- 
nicas  nos  interesan,  en  este  momento,  princioalmente  dos:  Nerp;al,  dios 
del  mundo  subterráneo  o  de  los  muertos,  y  Shamash,  el  dios-sol.  Nergal, 
mencionado  en  II  Rey.  17,  30,  identificado  con  Namtar,  el  dios  de  la 
peste  ícf.  Hab.  3.  5;  §  3681),  había  sido  primitivamente  un  dios  solar, 
y  se  le  consideraba  como  la  llama  que  consume,  fuego  terrible,  resplan- 
deciente, con  grandes  llamaradas,  encargado  por  el  dios  supremo  celes- 
tial, Anú,  de  castigar  por  el  hierro  y  el  fuego  a  los  que  menospreciaban 
las  leyes  y  a  las  ciudades  sublevadas  contra  el  cielo.  Según  un  texto  de 
un  rey  de  Larsa  (ciudad  sumería),  Nergal  es  un  león  feroz  ícf.  1  Ped. 
5,  8] .  Su  emblema  era  un  cetro  con  cabeza  de  león ;  también  se  le  sim- 
bolizaba con  el  toro  y  con  el  cuervo.  En  cuanto  al  dios-sol,  Utú  en  su- 
merio  y  Shamash  en  acadio,  era  representado  por  un  disco  alado  o  por 
una  rueda  refulgente  de  cuatro  rayos,  entre  los  cuales  ondulan  los  rayos 
solares.  En  una  tablilla  de  piedra,  figura  como  una  rueda  flamígera 
colocada  sobre  un  altar  de  cuatro  patas.  "Para  simbolizar  el  recorrido 
o  vuelo  del  sol  de  Oriente  al  Occidente,  dice  Dhorme,  se  dotó  al  globo 
solar  de  alas  abiertas,  y  a  veces  se  completó  la  figura,  agregándole  una 
cola  de  pájaro.  Así  el  disco  alado,  figura  del  sol  en  Egipto,  viene  a  ser 
la  imagen  de  Shamash  en  Babilonia,  Asiría.  Siria  y  Asia  Menor.  Los 
soberanos  hititas.  cuyo  protocolo  contiene  el  título  de  Mi  Sol,  pondrán 
bajo  el  disco  alado  sus  nombres  en  caracteres  geroglíficos.  En  los  hurri- 
tas  de  Tell  Halaf.  dos  genios,  semi-hombres,  semi-animales,  sostienen  en 
el  cielo  el  disco  alado.  En  Elam,  se  hace  cernir  dicho  disco  por  encima 
de  dos  esfinges  en  cuclillas.  Ahura-Mazda.  el  dios  de  los  aqueménides, 
también  se  transporta  en  el  disco  alado...  Así  como  la  luna  tenía  su 
barca  celeste,  así  el  astro  del  día.  reconocible  en  sus  rayos  ondulados, 
aparecía  a  veces  a  las  más  antiguas  poblaciones  de  Summer  y  de  Accad 
sobre  un  barco  que  guiaban  y  protegían  animales  terribles  o  genios 
raros,  pudiendo  por  lo  tanto  el  dios-sol  retornar  sin  peligro  a  las  mon- 
tañas del  Oriente  por  donde  sale  cada  aurora.  Cualquiera  que  sea  el 
símbolo  o  la  imagen  adoptada  es  siempre  el  sol  en  sí  mismo  a  quien 


NERGAL  Y  SHAMASH 


25 


veneran  los  sumerios,  los  acadios,  los  babilonios  y  los  asirios.  Los  epí- 
tetos hacen  de  Shaniash  la  luz  de  las  coniaicas,  la  luz  del  mundo,  la 
luz  de  las  alturas  y  de  las  profundidades,  la  luz  de  los  cielos  y  de  la 
tierra,  la  luz  de  los  dioses.  Es  quien  íclara  los  Igigí  y  los  Anunnaki  íl), 
que  despeja  las  tinieblas,  acorta  los  días  y  prolonga  las  noches.  De  él 
depende  la  vida  del  mundo;  es  esencialmente  "el  que  da  la  vida"  y  "el 
que  hace  revivir  al  muerto";  el  que  dirige  todo  el  universo:  las  cosas 
de  arriba  y  las  de  abajo,  las  criaturas  vivientes,  toda  la  humanidad, 
aun  los  dioses,  comprendiendo  a  los  Igigí  celestes.  .  .  Además,  con  sus 
rayos  el  sol  traspasa  las  tinieblas  en  las  que  se  agitan  los  perversos 
"rebeldes  a  la  luz"  (Job,  24,  73).  La  aurora  es  hostil  al  mal;  entre  los 
sumerios  y  acadios  los  rayos  solares  son  como  una  red  en  cuyas  ma- 
llas queda  atrapado  el  perjuro.  .  .  Shamash  aparecía,  pues,  naturalmente 
como  el  dios  de  la  justicia,  el  que  debe  castigar  al  culpable  e  impedirle 
dañar"  (§13;  Les  Reli^ions  de  Babylonie  et  cFAssyrie,  ps.  38-44,  60-63). 

3713.  De  lo  que  se  deja  expuesto,  resulta  claro  que  Ezequiel,  hom- 
bre observador,  impresionado  no  sólo  por  los  querubes  alados,  custodios 
de  templos  y  palacios  í§  3708),  sino  también  por  los  emblemas  de  las 
divinidades  babilónicas  Nergal  y  Shamash,  que  no  podía  menos  de  co- 
nocer, dado  el  medio  en  que  se  encontraba  desde  hacía  cinco  arios,  mez- 
cló en  su  fecunda  imaginación,  aquellos  querubes  con  el  fuego  de  gran- 
des llamaradas  de  Nergal  — con  lo  que  quiso  representar  a  Yahvé — ,  y 
la  rueda  refulgente  sobre  un  altar,  de  Shamash.  modificando  todo  esto 
con  algunas  otras  creaciones  de  su  fantasía,  formando  así  esa  extrava- 
gante combinación  de  su  mente  visionaria,  y  creyendo  firmemente  que 
en  ella  se  le  había  aparecido  su  dios  nacional.  Al  efecto,  escribiendo 
sobre  Ezequiel,  dice  Darmesteter:  "En  el  espectáculo  del  mundo  raro 
y  fantástico  que  el  arte  y  la  civilización  de  Caldea  presentaban  a  su 
alrededor,  absorbió  numerosas  imágenes  extrañas  y  enmarañadas;  es  el 
antecesor  de  la  Cabala,  y  fue  el  primero  en  llenar  la  copa  espiritosa  del 
apocalipsis,  para  luego  pasarla  a  Daniel,  Enoc,  Juan  de  Patmos  y  tantos 
otros.  Pero  bajo  los  símbolos  oscuros  y  penosos,  se  desenvuelve  su  pen- 
samiento con  una  claridad  y  una  lógica  como  no  presenta  ningún  otro 


(1)  La  primitiva  cosmología  súmero-acadia  consideraba  cuatro  reinos  cósmi- 
cos: W  el  del  cielo,  2°  el  de  la  tierra,'  3'  el  de  las  aguas  y  4''  el  mundo  subte- 
rráneo, invisible  para  nosotros,  que  constituía  el  reino  de  los  muertos  o  mundo 
infernal.  Esas  cuatro  regiones  son  habitadas  por  dioses  y  diosas,  llamados  Igigí 
los  del  cielo,  y  Anunnaki  los  de  las  otras  tres,  todos  subordinados  en  cada  uno 
de  esos  grupos  a  un  dios  supremo,  a  saber:  el  del  cielo,  Anú;  el  de  la  tierra,  Enlil 
o  Elil;  el  de  las  aguas,  Enkí  o  Ea;  y  el  del  mundo  de  los  muertos,  Nergal.  Los 
teólogos  que  ordenaron  esa  jerarquía  divina,  habían  formado  una  matemática  sa- 
grada para  indicar  la  importancia  de  cada  uno  de  esos  dioses.  Así  la  cifra  de  Anú 
era  60,  o  sea,  el  número  perfecto  en  el  sistema  sexagesimal;  la  cifra  de  Enlil  era 
.50;  la  de  Ea,  40;  y  la  de  Nergal  30. 


26 


SIMBOLISMO  DE  LA  VISION  INICIAL 


profeta"  ("ps.  112-n3).  En  cambio,  los  comentaristas  que  aceptan  que 
Yahvé  se  le  apareció  al  profeta  en  aquel  fantástico  y  complicado  meca- 
nismo motor,  y  que  tratan  de  explicárselo,  ignorando  muchos  de  los 
referidos  atitecedentes.  consideran  muy  oscura  e  incomprensible  esa  vi- 
sión. Gautier  manifiesta  que  "es  imposible  pensar  en  reproducir  en  sus 
detalles  ese  espectáculo,  que  no  puede  concebirse  sino  en  sus  grandes 
líneas..  .  Es  lo  que  sintió  el  gran  pintor  Rafael,  en  su  célebre  cuadro, 
existente  en  el  palacio  Pitti  de  Florencia,  quien  nos  ha  representado  en 
él  a  un  Dios  que  se  cierne  libre  y  soberanamente.  Esta  es  la  impresión 
que  la  visión  de  Ezequiel  debe  hacer  nacer.  En  vez  del  Dios  inmóvil 
reinando  en  su  santo  lugar,  nos  presenta  un  Dios  que  se  mueve  con 
toda  libertad,  rápidamente,  sin  traba  alguna,  y  cuya  presencia  no  está 
ligada  a  ninguna  consideración  de  territorio  ni  de  fronteras"  (Ib,  ps. 
107,  108).  Chaine.  íp.  151)  hablando  de  las  cuatro  caras  de  los  que- 
rubes de  Ezequiel,  expresa  que  lo  menos  que  se  pueda  decir  es  que  esa 
representación  es  muy  difícil,  y  recuerda  que  Juan  en  su  Apocalipsis 
dividió  en  cuatro  seres  diferentes  esa  extraña  representación  (Apoc.  4, 
6-8).  Sin  duda  que  si  el  Yahvé  de  Isaías  es  un  dios  estático,  sentado  en 
su  trono  de  Sión,  no  se  requería  la  estrafalaria  concepción  de  Ezequiel 
(que  la  fe  llama  sublime)  para  hacernos  comprender  que  esa  divinidad 
era  un  ente  dinámico,  que  no  circunscribía  su  acción  a  los  estrechos 
límites  de  Judá.  Pero  el  hecho  se  encuentra  en  el  libro  sagrado  de  judíos 
y  cristianos,  y  entonces  hay  Que  justificarlo  a  toda  costa.  Para  ello  se 
apela  al  simbolismo,  o  sea,  al  manido  recurso  del  símbolo,  que  lo  de- 
fine el  Diccionario  de  la  Academia:  "Imagen,  figura  o  divisa  con  que 
materialmente  o  de  palabra  se  representa  un  concepto  moral  o  intelec- 
tual, por  alguna  semejanza  o  correspondencia  que  el  entendimiento  per- 
cibe entre  este  concepto  y  aquella  imagen".  Empleando  este  sistema 
simbólico,  ya  hemos  visto  que  el  filósofo  alejandrino  Filón  explicaba 
la  falta  de  nuestros  primeros  padres,  que  les  costó  la  pérdida  del  paraí- 
so, diciendo  que  Adán  personifica  la  inteligencia;  Eva,  la  sensación;  y 
la  serpiente,  el  placer  (§  2100.  2100^). 

3714.  L.  B.  A.,  que  podemos  tomar  como  perfecto  ejemplo  de  exé- 
gesis  ortodoxa,  nos  explica  simbólicamente  la  visión  reseñada  en  §  3706, 
— que  seguiremos  por  su  orden — ,  del  siguiente  modo:  Con  la  expre- 
sión la  mano  de  Yahvé,  Ezequiel  designa  la  acción  de  la  potencia  divina, 
por  la  cual  el  hombre  es  elevado  a  un  estado  extático  y  puede  percibir 
o  ejecutar  lo  que  está  por  encima  de  su  conocimiento  o  de  su  fuerza 
natural.  Un  viento  de  tempestad  o  torbellino  representa  la  potencia  irre- 
sistible de  la  voluntad  divina.  La  nube  es  el  símbolo  de  la  presencia  de 
Dios,  cuando  se  hace  visible.  Un  ^lobo  de  fuego,  emblema  de  la  vida 
divina,  aquí  especialmente  como  amenazando  de  destrucción  todo  lo  que 
está  manchado  (cf.  Ex.  24,  77;  Deut.  4,  24).  La  imagen  del  fuego  pre- 
sagia, pues,  los  juicios  que  van  a  ser  anunciados.  En  cuanto  a  la  natu- 


SIMBOLISMO  DE  LA  VJSIOIN  JN1CL\L 


27 


raleza  de  los  cuatro  seres  vivientes  puede  ser  comprendida  de  dos  ma- 
neras: o  bien  forman  una  clase  de  criaturas  aparte,  ocupando  con  los 
serafines  ( Is.  6)  la  cima  de  la  escala  de  los  seres:  los  serafines  como 
representantes  de  la  adoración  celestial;  los  querubines,  como  agentes  en 
la  naturaleza,  de  la  acción  omnipotente  de  Dios,  pues  los  primeros  están 
delante  del  trono,  mientras  éstos  vuelan  llevándolo;  o  bien,  los  queru- 
bines son  la  personificación  poética  de  las  fuerzas  divinas  que  penetran 
y  vivifican  la  creación,  toda  entera  y  esta  misma  creación.  La  primera 
mteípretación  parece  concordar  mejor  con  el  papel  de  los  querubines 
en  el  lugar  santísimo  (Ez.  25,  18-22);  la  segunda,  con  Sal.  18,  11. 
Pero  en  ambos  casos  estos  seres  están  siempre  en  relación  inmediata  con 
la  aparición  personal  de  Dios  y  funcionan  como  portadores  de  su  glo- 
ria, cuando  se  manifiesta  en  medio  de  su  pueblo.  No  hay  que  confun- 
dirlos con  los  ángeles,  de  los  que  se  distinguen  expresamente  en  Apoc.  5, 
11,  en  cuyo  libro,  los  cuatro  animales  (seres  vivientes)  rodean  inme- 
diatamente el  trono  divino,  mientras  que  los  ángeles  están  separados  de 
éste  por  los  24  ancianos,  los  representantes  ideales  de  la  Iglesia.  Las 
cuatro  caras  de  los  querubes:  el  león  es  el  rey  de  los  animales  salvajes; 
el  toro  el  de  los  animales  domésticos;  el  águila,  el  de  las  aves;  el  hom- 
bre, el  de  la  Tierra  entera.  Los  querubines  parecen,  pues,  representar 
bien  la  creación  con  todas  sus  fuerzas:  la  inteligencia  que  obra  (  el 
hombre)  y  la  inteligencia  que  contempla  (el  águila)  ;  la  potencia  crea- 
dora (el  toro)  y  la  fuerza  destructiva  (el  león).  Andaban  cada  cual 
delante  de  sí:  Esto  era  el  fin  de  la  configuración  de  este  carro,  símbolo 
visible  de  la  omnipresencia  invisible  de  Dios.  Adonde  el  espíritu  quería 
ir:  el  soplo  poderoso,  representando  la  voluntad  divina,  arrastraba  la 
nube  y  hacía  mover  todo  lo  que  ella  contenía.  Las  ruedas:  Todos  los 
movimientos  de  los  seres  y  de  las  ruedas  se  operaban  de  acuerdo  y  bajo 
la  acción  del  mismo  soplo  divino  (vs.  19-21).  Esta  relación  entre  los 
querubines  y  las  ruedas  parece  figurar  la  que  existe  entre  las  fuerzas 
invisibles  que  la  voluntad  de  Dios  hace  obrar  en  el  mundo  y  sus  efectos 
visibles  en  el  Universo.  Hay  perfecta  armonía  entre  las  causas  supe- 
riores y  los  resultados  terrestres.  El  color  ambarino  del  crisólito  (pie- 
dra de  oro )  o  topacio,  debe  figurar,  según  el  simbolismo  general  de  los 
colores,  la  luz  divina  en  toda  su  riqueza.  Los  ojos  de  las  ruedas:  eran 
el  emblema  de  una  inteligencia  superior,  que  presidía  sus  movimientos. 
Las  fuerzas  de  este  mundo  no  obran  con  potencia  ciega;  obedecen  a 
una  divina  sabiduría,  que  se  sirve  de  ellas  para  la  ejecución  de  sus 
planes  (cf.  Apoc.  4,  6;  Zac.  4,  10).  Un  firmamento  (vs.  22-23):  este 
firmamento  es  aquí  el  emblema  del  cielo  visible,  que  separa  la  crea- 
ción terrestre  del  cielo  invisible  donde  reside  Dios;  (cf.  Ex.  24,  10). 
El  ruido  (v.  24).  El  ruido  que  hacían  las  alas  de  los  querubines  cuando 
volaban,  es  el  emblema  del  movimiento  poderoso  que  imprime  Dios  en 
ciertos  momentos  a  la  marcha  de  las  cosas  en  vista  del  mundo  moral. 


28 


EXPLICACION  CATOLICA 


El  zafiro  con  apariencia  de  un  trono.  El  color  azul  del  zafiro  es  el  em- 
blema del  reposo  profundo  que  reina  en  el  seno  del  Ser  divino.  Fuego 
(v.  27).  Como  en  Ex.  3,  el  fuego  representa  la  vida  divina  que  obra 
incesantemente  sin  fatigarse,  que  se  comunica  sin  agotarse,  y  que  con- 
cluye por  consumir  irresistiblemente  todo  lo  que  lo  obstaculiza.  El  arco 
iris  (v.  28)  con  sus  colores  a  la  vez  resplandecientes  y  suaves,  modera 
la  vivacidad  deslumbrante  del  brillo  de  ese  trono  (cf.  Apoc.  4,  3).  Si 
se  relaciona  este  símbolo  con  el  de  Gén.  9,  12,  se  le  aplicará  natural- 
mente a  las  promesas  de  gracia  que  atemperan  para  los  miembros  de 
la  alianza,  las  severidades  del  juicio  divino. 

3715.  En  el  párrafo  precedente  hemos  expuesto  la  explicación  sim- 
bólica que  de  la  visión  inicial  de  Ezequiel,  nos  da  la  ortodoxia  protes- 
tante por  la  pluma  de  los  anotadores  de  L.  B.  A.  Completaremos  ahora 
nuestra  exposición  al  respecto,  con  la  exégesis  católica  que  del  mismo 
primer  capitulo  de  Ezequiel  nos  proporciona  el  obispo  Scío,  cuya  obra, 
como  sabemos  (tomo  1,  p.  48),  mereció  la  más  calurosa  aprobación 
del  papa  Pío  VI.  El  citado  traductor  español  de  la  Vulgata,  termina  sus 
anotaciones  de  dicho  capítulo  con  las  siguientes  palabras:  "Hasta  aquí 
es  la  visión  que  fue  mostrada  a  Ezequiel,  y  una  de  las  más  encumbradas 
y  misteriosas  de  la  santa  Escritura.  Su  significación  literal  y  genuina, 
además  de  lo  que  se  ha  dicho  en  las  notas,  parece  ser  la  siguiente:  El 
viento,  el  torbellino  y  el  fuego  se  cree  que  indicaban  la  tempestad,  que 
de  parte  del  Aquilón,  esto  es,  de  la  Caldea,  amenazaba,  y  estaba  ya  para 
caer  como  una  grande  calamidad,  sobre  la  Judea,  principalmente  sobre 
su  capital  y  sobre  las  demás  naciones  comarcanas.  La  nube  grande  sig- 
nifica el  muy  numeroso  ejército  de  Nabucodonosor,  que  marcha  con 
grande  ímpetu  y  velocidad,  del  cual  se  descargan  sobre  los  judíos  rayos, 
aguaceros  y  pedriscos,  que  son  los  estragos  que  hacen  por  donde  pasan. 
El  fuego  que  se  envuelve  y  arremolina,  y  después  se  extiende  más  y 
más,  significa  la  ira  de  Dios,  la  ferocidad  de  Nabucodonosor,  y  el  in- 
cendio asolador  de  la  ciudad  y  del  templo.  La  carroza  militar  o  belicosa 
de  Dios  parece  ser  símbolo  no  sólo  de  su  infinita  gloria,  majestad  y 
grandeza,  sino  de  su  providencia,  potestad  e  imperio,  con  el  que  do- 
mina y  gobierna  todas  las  cosas  del  universo,  como  un  amo  que  hace 
de  cochero  y  gobierna  su  coche.  Asisten  a  Dios  los  querubines  y  todo 
el  ejército  de  los  ángeles  prontos  y  desembarazados  para  ejecutar  sus 
divinos  mandatos.  Las  cuatro  ruedas,  los  cuatro  animales  o  querubines 
y  sus  cuatro  caras  significan  la  providencia  de  Dios  que  se  extiende  y 
penetra  todas  las  partes  del  mundo  con  igualdad,  firmeza  y  constancia. 
Las  alas  extendidas  notan  la  prontitud  de  la  soberana  providencia:  las 
que  cubren  el  medio  cuerpo  abajo,  indican  que  son  muchos  los  arcanos 
de  la  providencia,  los  cuales  ni  sabemos,  ni  podemos  alcanzar,  ni  aun 
divisar.  Los  guardias  de  la  carroza  de  Dios  son  querubines,  así  llama- 
dos por  su  ciencia  y  sabiduría,  porque  la  sabiduría  tiene  el  primer  lugar 


PALABRAS  DE  PIO  XII 


29 


en  lo  que  es  providencia  y  gobierno.  Tiene  también  cuatro  caras  esta 
divina  providencia,  porque  es  fuerte  como  león;  suave  y  amable  como 
hombre;  veloz  y  de  vista  aguda  como  águila:  sufrida  y  de  mucha  es- 
pera como  buey  ( 1 ) .  La  rueda  metida  en  medio  de  otra  rueda  significa 
la  conexión  y  enlace  que  tienen  entre  si  las  causas  segundas,  y  todas 
las  cosas  ordenadas  por  Dios.  El  resplandor  es  indicio  de  la  claridad 
de  la  misma  providencia  que  reluce  y  campea  maravillosamente  en  atem- 
perar, disponer,  modificar  y  manejar  todas  las  cosas  que  suceden.  El 
electro  o  fluido  eléctrico  de  que  parecía  componerse  de  medio  cuerpo 
arriba  el  gran  personaje  sentado  en  el  trono,  y  el  juego  de  que  cons- 
taba de  medio  cuerpo  abajo,  son  símbolos  de  la  naturaleza  divina,  el 
primero  de  su  amorosa  bondad,  y  el  segundo  de  su  formidable  justicia. 
Esta  parece  ser  la  significación  del  sentido  literal  de  esta  visión.  El 
alegórico  es  de  Cristo  y  su  Iglesia,  y  el  moral  es  de  los  hombres.  .  .  El 
Espíritu  Santo  propuso  estas  imágenes,  que  tan  extrañas  nos  parecen, 
a  los  ojos  de  Ezequiel,  declarándonos  al  mismo  tiempo  que  lo  eran  de 
la  gloria  del  Señor.  La  hinchazón  del  corazón  humano  debe  someterse 
en  vista  de  esto,  imitando  a  los  animales  que  aquí  se  nos  representan, 
los  cuales  luego  que  oían  sonar  la  voz  de  aquel  Señor  que  estaba  en  el 
firmamento,  paraban  con  gran  reverencia  sus  alas,  y  juntamente  con 
las  ruedas  cesaban  en  todos  sus  movimientos". 

3716.  Tiene  aquí  el  lector,  en  los  dos  párrafos  que  anteceden,  dos 
explicaciones  simbólicas  de  la  primera  visión  de  Ezequiel,  entre  las  cua- 
les puede  escoger,  si  no  encuentra  otra  que  más  le  satisfaga,  siguiendo 
el  consejo  de  Scío  de  imitar  a  los  animales  de  la  misma,  sometiendo 
la  razón,  que  él  con  eufemismo  llama  "la  hinchazón  del  corazón  huma- 
no", a  la  obediencia  ciega  de  lo  enseñado  por  lo  que  se  dice  ser  reve- 
lación divina.  Pero  puede  sensatamente  aceptarse  esa  aparición  del  an- 
tropomórfico dios  israelita,  que  sus  adoradores  han  querido  convertir 
en  el  Dios  universal  de  la  filosofía  espiritualista?  En  reciente  alocución, 
al  recibir  a  los  miembros  del  Congreso  Mundial  de  Astronomía  (se- 
tiembre de  1952),  el  papa  Pío  XII  decía:  "¡Qué  pequeño  parece  el 
hombre  en  el  cuadro  prodigiosamente  ampliado  del  espacio  y  del  tiem- 
po! Minúscula  parcela  de  polvo  en  la  inmensidad  del  Universo",  vol- 
viendo a  definir,  poco  después,  al  hombre  como  "ser  minúsculo  perdido 
en  el  océano  del  universo  material".  En  realidad  es  tan  enorme,  e  in- 
mensa la  distancia  entre  el  supuesto  Creador  del  ilimitado  universo  y 
la  insignificante  criatura  humana,  que  resulta  más  que  inconcebible, 
ridículo  que  aquél  tome  la  forma  de  ésta,  o  se  le  aparezca  en  fantásti- 


(1)  Los  israelitas  no  acostunibrahan  castrar  los  bovinos  machos,  por  lo  que 
en  vez  del  vocablo  buey  que  emplea  la  Vulgata  en  el  v.  10  (bovis)  y  que  traduce 
así  Scío,  debe  decirse  toro,  de  acuerdo  con  el  original,  y  además,  ya  que,  según  se 
cree,  como  expresamos  más  adelante,  simboliza  la  fecundación  o  potencia  creadora. 


30 


VOCACION  DE  EZEQUIEL 


cas  visiones,  a  fin  de  darle  enseñanzas  o  vaticinios  de  futuros  aconteci- 
mientos. Estas  consideraciones  sirven  también  para  hacernos  comprender 
cuan  errónea  es  la  hipótesis  sustentada  por  Bergson  de  que  las  visiones 
concordes  de  los  místicos  nos  dan  la  prueba  experimental  de  la  existen- 
cia de  Dios  (nuestra  Introducción,  i  544).  Para  no  repetirnos  inútil- 
mente recomendamos  que  sobre  Dios  y  sus  atributos,  se  lean  los  íi  42-58 
de  esta  obra  y  los  í$  66-70  de  nuestra  Introducción. 

LA  VOCACION  UE  EZEQUIEL.  _  3717.  La  visión  que  acabamos  de 
estudiar,  provocó  la  vocación  del  profeta,  según  el  relato  que  pasamos 
a  transcribir.  2o''  A  su  vista,  caí  sobre  mi  rostro,  y  oí  una  voz  que  ha- 
blaba. 2,  1  Me  dijo:  ''Hijo  de  hombre,  párate  y  yo  te  hablaré".  2  En- 
tonces vino  a  mí  (o  entró  en  mí)  un  espíritu  que  me  hizo  ponerme  de 
pie  y  escuché  a  aquel  que  me  hablaba.  3  Él  me  dijo:  "Te  envío  a  la 
casa  de  Israel,  a  esa  nación  de  rebeldes  que  se  han  sublevado  contra 
mí,  ellos  y  sus  padres  hasta  este  día.  4  Tú  les  dirás:  Así  habla  el  Señor 
Yahvé.  5  Que  escuchen  o  que  rehusen  escuchar  ( porque  son  una  casa 
de  rebeldes]  sabrán  que  hay  un  projeta  en  medio  de  ellos.  6  Fero  tú, 
hijo  de  hombre,  no  los  temas  y  no  te  dejes  asustar  por  sus  palabras, 
aun  cuando  le  halles  rodeado  por  zarzas  y  espinas  y  que  habites  con 
escorpiones.  No  te  dejes  intimidar  por  sus  palabras,  ni  asustar  por  sus 
rostros,  (porque  son  una  casa  de  rebeldes).  7  Trasmíteles  mis  palabras, 
ya  te  escuchen,  ya  se  rehusen  a  escuchar,  {porque  son  una  casa  de  re- 
beldes).  8  Y  tú,  hijo  de  hombre,  escucha  ¡o  que  voy  a  decirte.  No  te 
rebeles  como  esta  casa  de  rebeldes:  abre  la  boca  y  come  lo  que  te  voy 
a  dar".  9  Miré  y  vi  una  mano  tendida  hacia  mí  y  en  esa  mano  un  libro 
arrollado.  Fue  desarrollado  delante  de  mí:  estaba  escrito  por  dentro  y 
por  juera,  y  lo  escrito  eran  endechas,  lamentaciones  e  imprecaciones. 
3.  1  Él  me  dijo:  "Hijo  de  hombre,  come  este  rollo,  luego  anda,  habla 
a  la  casa  de  Israel".  2  Abrí  entonces  la  boca,  y  me  hizo  comer  ese  rollo. 
3  Después  me  dijo:  "Hijo  de  hombre,  nutre  tu  cuerpo  y  llena  tus  en- 
trañas con  ese  rollo  que  le  doy".  Yo  lo  comi  y  mi  boca  le  encontró  la 
dulzura  de  la  miel.  4  Entonces  me  dijo:  "Hijo  de  hombre,  anda,  vete 
a  la  casa  de  Israel  y  trasmítele  mis  palabras.  5  Porque  no  es  a  un  pue- 
blo de  lenguaje  oscuro  que  eres  enviado,  sino  a  la  casa  de  Israel,  6  ni 
a  poblaciones  diversas  cuyas  palabras  no  puedas  entender:  si  a  esas 
gentes  yo  te  enviara,  ellos  te  esucharían.  7  Pero  la  casa  de  Israel  no 
querrá  escucharte,  porque  ella  no  quiere  escucharme.  ¡La  casa  de  Israel! 
son  gentes  de  jrente  dura  y  de  corazón  insensible.  8  Y  bien,  volveré  tu 
rostro  duro  como  el  de  ellos,  y  tu  frente  dura  como  la  jrente  de  ellos, 
9  como  el  diamante,  que  es  más  duro  que  el  pedernal.  No  los  temas  y 
no  te  dejes  asustar  por  ellos,  porque  son  casa  de  rebeldes".  10  El  me  dijo: 
"Hijo  de  hombre,  recibe  en  tu  corazón  y  escucha  con  tus  oídos  las  pa- 
labras que  le  dirigiré.  1 1  después,  anda,  vele  a  los  deportados,  a  los 


l.A  ACTiVIDAI)  PKOFI-:ri(;\  l)K  EZh:oi'ii^J^ 


31 


hijos  de  tu  pueblo,  y  háblales;  diles:  ¡Así  habla  (o  dice)  el  Señor 
Yahvé!  —  sea  que  te  escuchen,  sea  que  se  rehusen  a  escucharte" .  12 
Entonces  el  espíritu  me  alzó  y  oí  detrás  de  mí  el  ruido  de  un  gran  terre- 
moto, mientras  que  ta  gloria  de  Yahvé  se  elevaba  del  lugar  donde  ella 
se  encontraba  (en  el  T.  M.:  ¡Bendita  sea  la  gloria  de  Yahvé  de  su  lu- 
gar!); 13  oí  también  el  ruido  que  hacían  al  tocarse  una  a  la  otra  las 
alas  de  esos  seres,  y  el  ruido  que  hacían  las  ruedas  junto  a  ellos  y  el 
ruido  de  un  gran  terremoto  (esto  último  es  inútil  repetición).  14  El 
espíritu  me  alzó  y  me  llevó  (o  me  había  alzado  y  me  llevaba)  ;  y  yo 
iba  lleno  de  amargura  y  de  furor  i  o  de  indignación } ,  y  la  mano  de 
Yahvé  me  retenía  fuertemente  (u  obraba  sobre  mí  con  potencia).  15 
Vine  a  los  deportados  de  Tell  Abib  (los  que  habitaban  a  orillas  del  río 
Kebar),  donde  ellos  moraban,  y  quedé  allí" siete  días  abrumado  de  estu- 
por, en  medio  de  ellos.  16  Y  ocurrió  al  cabo  de  siete  días.  .  .  (Aquí  se 
interrumpe  el  relato,  como  lo  indica  un  blanco  dejado  en  los  manus- 
critos; y  continúa  en  el  v.  22,  después  de  un  nuevo  espacio  libre  dejado 
en  el  texto  luego  del  v.  21.  L.  B.  d.  C). 

3718.  En  el  párrafo  precedente  (íi  3717)  tenemos  la  terminación 
del  relato  de  la  primera  visión  de  Ezequiel,  descrita  en  §  3706.  "Esta 
primera  visión,  escribe  Lods,  en  la  cual  vinieron  a  sintetizarse  bajo  una 
forma  a  la  vez  concreta  y  poco  plástica,  los  pensamientos  y  los  senti- 
mientos que  sin  duda,  desde  hacía  largo  tiempo  se  agitaban  en  lo  sub- 
consciente del  profeta,  contiene  ya  en  germen  la  mayor  parte  de  las 
ideas  características  que  él  desarrollará  en  el  curso  de  su  carrera.  Pero 
hay  una  que  aquí  existe  en  primer  plano,  es  la  de  la  trascendencia  di- 
vina: Yahvé  no  está  en  manera  alguna  atado  a  su  santuario  terrestre 
de  Jerusalén;  en  su  carro  de  marcha  prodigiosamente  rápida,  especie 
de  lugar  santísimo  móvil,  se  transporta  de  un  extremo  al  otro  del  uni- 
verso. Aun  cuando  pues,  sea  destruido  el  templo  terrestre,  permanecerá 
Yahvé  siendo  el  Dios  todopoderoso  capaz  de  proteger  y  de  recuperar, 
de  castigar  y  de  salvar  a  los  hijos  de  su  pueblo  en  cualquier  sitio  en  que 
se  hallen"  [Hist.  Litt.  p.  434).  Un  autor  católico  francés,  Paul  Auvray, 
en  un  libro  publicado  recientemente,  con  imprimatur,  sobre  nuestro  pro- 
feta, en  el  que  confiesa  que,  para  escribirlo,  se  ha  inspirado  en  la  obra 
alemana  del  profesor  protestante  Alfredo  Bertholet,  Hesekiel,  aparecida 
en  1936,  considera  que  la  actividad  profética  de  Ezequiel  se  ejerció 
primero  en  Palestina  y  después  de  la  caída  de  Jerusalén,  entre  los  de- 
portados, siendo  su  primera  visión  la  de  2,  3-7.  Según  esa  hipótesis, 
el  fragmento  3,  11,  14-15  serviría  de  introducción  a  la  visión  estudiada 
del  cap.  1,  el  que  primitivamente  debería  encontrarse  entre  los  caps.  33 
y  34.  La  base  principal  de  esa  hipótesis  se  halla  en  el  hecho  asombroso 
que  se  le  da  tanta  importancia  a  la  suerte  de  Israel  y  de  Jerusalén  en 
la  predicación  de  un  desterrado  (caps.  1-24).  "Ezequiel,  dice  Auvray, 
no  cesa  de  mirar  el  país  de  sus  antecesores;  aun  más,  algunos  de  sus 


32  -MISION  DEL  PROFETA 

oráculos  carecen  de  sentido  o  fuerza  si  no  fueron  pronunciados  en  Pa- 
lestina. Por  lo  demás  no  resiste  al  examen  la  aparente  homogeneidad 
del  libro:  dobles,  desplazamientos  de  textos  son  incontestables;  y  desde 
la  primera  página  se  está  en  presencia  de  una  doble  visión,  precedida 
de  una  doble  introducción",  ( ps.  6-7,  13,  90-91).  Sobre  la  aludida  hipó- 
tesis, véase  lo  dicho  en  Sí  3702,  3704. 

3719.  Sea  como  fuere,  lo  cierto  es  que  en  el  pasaje  transcrito  en 
§  3717  tenemos  el  relato  de  la  vocación  de  Ezequiel,  que,  como  el  de 
todas  las  vocaciones  proféticas,  consiste  en  la  convicción  que  tiene  el 
visionario  de  haber  escuchado  la  voz  de  su  dios  nacional,  quien  le  or- 
dena imperativamente  que  se  consagre  a  su  servicio,  y  sea  su  portavoz 
entre  sus  compatriotas  o  sus  contemporáneos.  El  profeta,  para  cumplir 
debidamente  su  ministerio,  ha  de  ser  un  predicador  que  exhorte,  repren- 
da, consuele,  trate  de  influir  no  sólo  sobre  los  particulares,  sino  también 
sobre  los  gobernantes  de  su  pueblo,  para  que  obedezcan  y  se  ciñan  a 
las  ordenanzas  de  Yahvé.  Tocante  al  carácter  psicológico  del  mensaje 
profético,  véase  >i  2770.  Analicemos  ahora  la  comunicación  divina  reci- 
bida por  Ezequiel.  Comienza  Yahvé  designando  al  profeta  con  la  expre- 
sión: ''Hijo  de  hombre"  y  no  "del  hombre",  — como  traen  Valera,  Pratt 
y  L.  B.  R.  F. — ,  pues  esta  última  expresión,  procedente  de  Dan.  7,  13, 
se  refiere  a  un  Mesías  celestial,  mientras  que  la  designación  "hijo  de 
hombre",  dada  90  veces  a  Ezequiel  en  su  libro,  y  que  se  encuentra  tam- 
bién en  Dan.  8,  17,  significa,  como  dice  Gautier,  "miembro  de  la  raza 
humana,  criatura  humana;  si  se  la  tradujera  pura  y  simplemente:  ¡Oh 
hombre!,  no  se  estaría  lejos  de  su  verdadero  sentido"  {¡b,  p.  238). 
L.  B.  d.  C.  manifiesta  igualmente:  "Esta  designación,  familiar  a  Eze- 
quiel, expresa  la  debilidad  del  profeta  en  presencia  de  la  majestad  divi- 
na: un  hijo  de  hombre,  es  simplemente  un  hombre;  pero  con  el  matiz 
de  ser  ínfimo,  efímero  (Job,  25,  6;  Sal.  8,  4;  144,  3)".  Reuss  consi- 
dera del  mismo  modo,  que  dicha  expresión  equivale  a  nuestro  vocablo 
mortal;  sobre  ella  léase  nuestro  anterior  tomo  VIII,  p.  496. 

3720.  Ezequiel  había  caído  por  tierra,  cuando  percibió  la  visión 
del  cap.  1.  Como  esas  caídas  repentinas  se  repiten  muchas  veces  (1,  28'', 
3,  23;  9,  8;  11,  13;  43,  3),  se  ha  pensado  que  deberían  ser  considera- 
das no  como  naturales  consecuencias  de  la  sorpresa  o  del  terror,  sino 
como  verdaderos  síntomas  de  la  enfermedad  que  le  aquejaba  (§  3701). 
El  dios  le  ordena  que  se  pare,  pues  va  a  hablarle,  y  luego  le  dice  que 
lo  mandará  a  la  casa  de  Israel,  compuesta  de  rebeldes  a  sus  ordenanzas, 
a  quienes  deberá  trasmitirles  sus  oráculos,  aunque  se  rehusen  a  escu- 
charlo, para  que  sepan  que  hay  un  profeta  en  medio  de  ellos,  es  decir, 
en  el  extranjero,  dominio  de  otros  dioses  (I  Sam.  26,  19;  §  959).  Le 
repite  el  consejo  que  antes  había  dado  a  Jeremías  (1,  17),  de  que  no 
se  acobarde,  que  no  tema  a  sus  compatriotas,  no  se  asuste  por  sus  pala- 
bras "aun  cuando  te  halles  rodeado  por  zarzas  y  espinas  y  que  habites 


LA  VOCACION  DE  EZEQUIEL 


33 


con  escorpiones"  (v.  6).  Según  L.  B.  A.  "todas  esas  imágenes  repre- 
sentan el  carácter  violento,  malhumorado  y  vengativo  de  ese  pueblo  al 
cual  Ezequiel  va  a  dirigir  las  censuras  divinas".  Las  inútiles  repeticiones 
al  final  de  los  vs.  6  y  7,  que  hemos  puesto  entre  paréntesis  ( porque 
son  una  casa  de  rebeldes ) ,  no  se  hallan  en  el  texto  griego.  En  seguida, 
Yahvé  le  manda  al  profeta  que  abra  la  boca  y  coma  lo  que  le  va  a  dar, 
algo  semejante  a  lo  que  le  decimos  a  un  niño  para  sorprenderlo  grata- 
mente con  un  caramelo.  Pero  en  este  caso  el  caramelo  resultó  algo 
grande,  pues  era  nada  menos  que  un 
libro.  En  la  antigüedad  los  libros  con- 
sistían en  rollos  de  papiro  o  pergamino, 
que  se  envolvían  generalmente  en  una 
varilla,  como  se  usan  todavía  hoy  en  las 
sinagogas,  para  reproducir  el  Libro  de 
la  Ley  ( Sefer  Tora ) ,  que  se  lee  por  el 
rabino  en  el  culto,  quien  invita  sucesi- 
vamente a  algunos  fieles  para  que  lo 
acompañen  a  seguir  esa  lectura  (fig.  5; 
véase  también  fig.  16  del  tomo  VIII). 
El  rollo  dado  por  Yahvé  estaba  escrito 
por  ambos  lados,  y  contenía  cantos  de 
duelo,  lamentaciones  e  imprecaciones, 
siendo  éste  el  mensaje  que  el  profeta  de- 
bía trasmitir  a  la  casa  de  Israel.  Esto  es 
una  evidente  prueba  de  la  mentalidad 
materialista  de  Ezequiel,  quien  le  hace  a 
su  dios  el  triste  favor  de  colocarlo  entre 
los  incivilizados,  al  ordenarle  a  su  men- 
sajero que  coma  un  libro,  para  que  asimile  y  trasmita  el  contenido  del 
mismo  (nuestra  Introducción,  Í5  125-126.  171).  Este  medio  mágico  fue 
imitado  por  el  visionario  de  Patmos  (Apoc.  10).  Chaine  escribe  al  res- 
pecto: "Es  costumbre  antigua  en  Oriente  tragar  un  escrito  para  asimi- 
larse lo  que  encierra.  .  .  "En  el  cuento  egipcio  de  Satni-khamois  (época 
tolemaica),  dice  Maspero,  un  sabio  escriba  copia  un  libro  en  un  papiro 
que  lo  hace  disolver  en  agua,  y  cuando  ha  bebido  ésta,  ya  sabe  todo 
lo  que  hay  en  el  escrito.  Aun  hoy  en  Palestina  y  en  Egipto  se  tragan 
versículos  del  Corán  para  curar  enfermedades,  asimilándose  así  la  vir- 
tud de  los  mismos"  (p.  153).  Parece  que  idéntico  procedimiento  se  sigue 
en  algunas  escuelas  musulmanas  para  aprender  el  Corán.  Según  la  alu- 
dida visión  de  Ezequiel,  era  tan  grande  el  número  de  calamidades,  cen- 
suras y  castigos  que  éste  debía  anunciar,  que  el  dios  se  vió  obligado  a 
escribir  el  papiro  del  rollo,  por  ambos  lados,  pues  para  ello  no  le  al- 
canzó el  interior  del  mismo,  donde  usual  y  únicamente  se  escribía.  A 
Ezequiel  se  le  obligaba  a  ser,  pues,  un  profeta  de  desgracias  (§  2780), 


Fig.  5.  —  Lectura  del  Libro  de 
la  Ley  en  una  sinagoga. 


34 


LA  VOCACION  DE  EZEQUIEL 


ya  que  su  misión  estaba  eslrictamenle  determinada  en  el  libro  que  le 
dió  Yahvé  a  comer,  y  que  consistiría  en  anunciar  y  repetir  en  las  más 
variadas  formas  que  sería  aniquilado  el  reino  de  Judá,  y  destruida  Jeru- 
salén  con  su  Templo.  Sin  embargo,  sólo  tuvo  ese  desagradable  carácter 
su  misión  hasta  la  caída  de  Jerusalén,  pues  posteriormente  a  ese  suceso, 
cambia  de  tono  su  prédica,  y  se  esfuerza  en  consolar  a  sus  compatriotas 
y  prepararlos  para  el  retorno  a  Judá,  proyectándoles  la  construcción  de 
una  nueva  capital,  con  distinta  división  territorial  y  diferente  organiza- 
ción administrativa  y  manera  de  celebrar  el  culto.  No  hay  que  insistir 
sobre  la  imposibilidad  de  realizar  el  acto  mandado  por  Yahvé  de  tragar 
un  libro,  porque  en  las  visiones,  como  en  los  sueños,  nada  hay  impo- 
sible, lo  mismo  se  escala  el  Himalaya,  que  se  desciende  al  fondo  del 
mar,  lo  mismo  se  va  a  la  Luna,  que  se  viaja  al  hades,  hechos  que  si  no 
se  puede  negar  que  hayan  sido  realmente  vistos,  son  indiscutiblemente 
producto  de  la  imaginación.  Sobre  el  sabor  del  libro  comido  por  Eze- 
quiel,  anota  L.  B.  A.:  "Dulce  es  recibir  una  revelación  y  encontrarse 
bajo  la  inmediata  acción  del  espíritu  divino,  aun  cuando  más  tarde  al 
apropiarse  el  profeta  el  contenido  amenazador  del  divino  mensaje,  ese 
vivo  gozo  podrá  convertirse  en  amargura.  (Apoc.  10,  9-10)".  El  escritor 
católico  P.  Auvray,  mencionado  más  arriba,  trata  de  explicar  el  aludido 
relato  de  la  manducación  del  libro  divino,  expresando:  "Como  Ezequiel 
no  se  siente  capaz  de  hablar  por  si  mismo,  necesita  que  Yahvé  ponga 
en  su  boca  sus  propias  palabras.  Pero  como  le  horrorizan  las  ideas  abs- 
tractas, como  todo  lo  transpone  en  símbolos  materiales,  esta  idea  se  tra- 
duce espontáneamente  en  imagen.  Ahora  bien,  para  Ezequiel,  una  doc- 
trina es  primeramente  un  libro ...  La  palabra  de  Yahvé  no  es  ya  la 
libre  producción  de  una  conciencia  animada  por  el  Espíritu  divino,  no 
es  una  inspiración  interior  recibida  al  azar  de  las  circunstancias,  sino 
una  fórmula  concreta,  un  libro.  Para  Ezequiel,  asimilarse  una  doctrina 
y  devorar  un  libro  son  la  misma  cosa"  {Ib.  p.  16).  O  dicho  en  otros 
términos:  para  Auvray  la  visión  de  que  tratamos  no  es  sino  el  resultado 
del  temperamento  imaginativo  del  profeta. 

3721.  Continuando  Yahvé  su  peroración,  le  manifiesta  a  Ezequiel 
que  encontrará  grandes  obstáculos  en  su  ministerio,  pues  "/a  casa  de 
Israel  no  querrá  escucharte,  porque  ella  no  quiere  escucharme''  y  siendo 
los  de  la  casa  de  Israel  de  "frente  dura  y  de  corazón  insensible",  Yahvé 
volverá  del  mismo  modo  dura  la  frente  de  su  mensajero,  como  el  dia- 
mante, que  es  más  duro  que  el  pedernal.  Con  esto  quería  expresar  el 
dios  que  lo  haría  tan  obstinado  en  la  fidelidad  a  su  mandato,  como  su 
pueblo  era  obstinado  en  su  rebelión.  Hay  en  dicha  expresión  divina 
una  clara  alusión  al  significado  hebreo  del  nombre  de  Ezequiel.  Al  res- 
pecto escribe  Lods:  "El  profeta  mismo  parece  haber  adoptado  la  expli- 
cación (de  ese  significado)  Dios  fortifica  3700),  o  más  bien,  en  sen- 
tido físico.  Dios  endurece,  y  haber  encontrado  en  su  nombre  un  presagio 


LA  VOCACION  DE  EZEQUIEL 


35 


de  su  destino  (3,  (9-9),.  En  todo  caso  hay  aquí  una  característica  muy 
exacta  de  la  figura  de  Ezequiel.  Puede  hallarse  en  su  predicación  la 
inmutable  rigidez  y  también  la  dureza  del  diamante,  su  fría  pureza,  su 
brillo  sin  calor"  (Ib.  p.  433).  En  cuanto  a  la  afirmación  expuesta  en 
el  V.  6  de  que  si  el  profeta  fuera  enviado  a  otros  pueblos  de  lenguaje 
desconocido,  él  sería  escuchado,  quizá  por  ser  más  capaces  de  piedad  y 
de  moralidad  que  su  propio  pueblo,  era,  como  nota  L.  B.  d.  C,  uno 
de  los  temas  clásicos  de  la  predicación  de  los  profetas  (cf.  Am.  3,  9-10; 
Jer.  3,  11-18;  Ez.  16.  46-58;  Mal.  1.  11;  Jon.).  Idéntica  argumentación 
se  pone  en  boca  de  Jesús,  cuando  apostrofa  a  las  ciudades  costaneras 
del  lago  de  Genezareth,  diciéndoles:  "¡Aj  de  ti,  Corazín!  ¡Ay  de  ti, 
Bethsaida!,  porque  si  en  Tiro  y  en  Sidóii  se  hubieran  hecho  los  mila- 
gros que  han  sido  hechos  en  vosotras,  ya  ha  mucho  que  se  hubieran 
arrepentido  (o  hubieran  hecho  penitencia)  en  cilicio  y  ceniza"  (Mat. 
11,  20-24;  Luc.  10,  13-14).  Igual  invectiva  es  dirigida  contra  Caper- 
naum,  comparándola  con  una  problemática  misión  ejercida  en  Sodoma, 
lo  que  motiva  este  comentario  de  Lagrange:  "Aun  el  más  grave  desor- 
den moral  es  menor  obstáculo  a  reconocer  la  acción  de  Dios,  que  el 
orgullo  intelectual". 

3722.  Yahvé  manda  a  Ezequiel  que  vaya  a  los  deportados  y  les 
hable  en  nombre  de  él,  ya  lo  escuchen  o  no;  y  luego  el  espíritu  lo  alzó 
y  a  pesar  de  su  amargura  e  indignación,  llegó  adonde  se  encontraban 
sus  compatriotas  exilados,  en  Tell  Abib,  y  quedó  allí  mudo  durante  siete 
días  (vs.  11-15).  Explicando  este  pasaje,  manifiesta  L.  B.  A.  que  "Eze- 
quiel había  recibido  esta  visión  en  un  paraje  solitario,  en  las  orillas 
del  río  (v.  23),  no  cesando  su  estado  de  éxtasis  (1,  3),  sino  cuando 
retorna  junto  a  ellos.  El  hecho  de  que  el  espíritu  lo  alzó  pertenece  toda- 
vía a  la  visión;  pero  va  acompañado  del  desplazamiento  local  de  Eze- 
quiel ív.  15)".  Gautier  expresa  que  "la  llegada  de  Ezequiel  a  Tell  Abib 
se  explica  si  se  admite  que  antes  de  su  vocación,  él  residía  en  otra  loca- 
lidad, igualmente  vecina  de  Kebar;  se  puede  también  suponer  que  cuan- 
do tuvo  su  primera  visión,  se  encontraba  temporalmente  en  la  soledad, 
a  alguna  distancia  de  aquella  población"  (Introd.  I,  p.  428).  Nota  L.  B. 
d.  C.  que  "al  espíritu  se  le  reconocía  el  poder  de  transportar  material- 
mente los  cuerpos  de  un  lugar  a  otro  (I  Rey.  18,  12;  II  Rey.  2,  16; 
cf.  Mat.  4,  5,  8;  Habacuc  en  la  historia  del  Dragón  de  Babilonia,  Dan. 
14,  35-38,  §  3662),  sin  duda  porque  la  palabra  ruah,  espíritu,  desig- 
naba a  la  vez.  el  viento"  i  i  2078.  nuestra  Introducción,  §  248).  Paul 
Auvray.  que  sigue  a  Berlholet  I  íi  3718),  expone  que,  como  en  el  estado 
actual  del  libro  de  Ezequiel  no  se  dice  una  palabra  de  la  partida  del 
profeta  al  abandonar  definitivamente  a  Palestina,  ni  de  su  llegada  a 
Babilonia,  atribuye  esa  omisión  a  una  desgraciada  recomposición  del 
texto  primitivo.  En  consecuencia,  cree  encontrar  en  los  vs.  11,  14-15, 
(|ue  estudiamos,  la  transición  entre  la  predicación  palestina  y  la  activi- 


36 


MISION  DEL  PROFETA 


dad  del  profeta  en  el  destierro,  los  que  primitivamente  deberían  leerse 
entre  los  caps.  33  y  34.  Y  agrega:  "Si  nuestra  hipótesis  es  exacta,  hay 
que  representarse  que  en  seguida  de  una  última  visión  en  Palestina,  el 
profeta,  bajo  ¡a  vigorosa  presión  del  Espíritu  de  Yahvé,  fue  conducido 
hasta  la  colonia  de  ..deportados,  donde  él  se  instalaría.  Su  abatimiento, 
la  cólera  y  amargura  de  su  corazón,  se  explicarían  mal  en  un  profeta 
que  va  a  consolar  cautivos,  si  su  partida  no  fuera  un  adiós  a  su  patria, 
V  se  comprenden  estos  siete  días  de  estupor,  si  vienen  después  de  tan 
largo  trayecto.  Pero  no  es  este  el  único  indicio:  nótese  la  insistencia  del 
texto  para  designar  el  fin  del  viaje  {a  Tell  Abib,  —  a  los  deportados, 
— -  a  orillas  del  río  Kebar,  —  allí  donde  ellos  habitan),  la  que  sería 
sorprendente  si  el  profeta  residiera  allí  desde  algunas  semanas  por  lo 
menos,  y  si  regresara  simplemente  de  un  paseo  por  la  llanura,  como  lo 
deja  suponer  la  presenfación  actual  del  texto"  (ps.  90-91).  De  modo, 
que  según  este  comentarista,  Ezequiel  no  fue  a  Babilonia,  formando 
parte  de  ninguno  de  los  dos  primeros  grupos  de  desterrados  (§  3700), 
sino  que  llegó  allí  llevado  por  la  vigorosa  presión  del  Espíritu  de  Yahvé, 
que  lo  condujo  directamente  a  Tell  Abib.  Sólo  la  más  estricta  ortodoxia 
puede  admitir  semejante  explicación.  Opina  L.  B.  d.  C.  que  la  amar- 
gura y  el  furor  del  profeta  ív.  14)  se  explican  difícilmente,  pues  uno 
se  pregunta  si  está  irritado  contra  los  israelitas  rebeldes  o  contra  Yahvé 
que  le  encarga  una  misión  tan  peligrosa.  Según  algunos,  se  trataría  de 
una  reacción  psicológica  del  espíritu  humano  contra  la  violencia  que  se 
le  ha  hecho  en  el  éxtasis;  o  bien  habría  que  entender:  "violentamente 
agitado  en  la  efervescencia  de  mi  espíritu".  Para  L.  B.  A.  "la  impresión 
penosa  del  profeta  proviene  de  la  oposición  entre  lo  que  él  acaba  de 
dejar  y  lo  que  va  a  volver  a  encontrar".  Finalmente,  sobre  el  v.  15, 
anota  L.  B.  d.  C:  "Ezequiel  distingue  una  visión  tenida  por  él  en  el 
valle  de  Tell  Abib  (3,  23),  de  la  que  contempló  a  orillas  del  Kebar. 
Tell  Abib  no  estaba,  pues,  sobre  la  ribera  de  ese  canal  (  §  3701 ) .  Debe 
ser  un  anotador.  quien  erróneamente  hizo  seguir  la  mención  de  los  de- 
portados de  Tell  Abib  con  la  rigurosa  exactitud:  los  que  habitaban  a 
orillas  del  río  Kebar",  por  lo  que  nosotros  hemos  puesto  esa  frase  entre 
paréntesis  en  la  transcripción  de  §  3717. 

LA  SEGUNDA  MITAD  DEL  CAP.  3.  —  3723.  Al  transcribir  en 
§  3717  el  pasaje  relativo  a  la  vocación  de  Ezequiel,  llegamos  al  v.  16" 
del  cap.  3  donde  queda  interrumpida  la  narración,  que  continúa  en  el 
v.  22  del  mismo,  y  en  ese  espacio,  un  redactor  posterior  insertó  lo  si- 
guiente: 76''  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  términos: 
17  "Hijo  de  hombre,  te  coloco  (o  te  he  colocado)  como  centinela  junto 
a  la  casa  de  Israel;  desde  que  oigas  de  mi  boca  un  oráculo,  tú  adver- 
tirás de  mi  parte  a  los  hijos  de  Israel.  18  Cuando  yo  dijere  al  malo  (o 
impío  I  :  Tú  ras  a  morir,  — si  no  se  lo  anunciares,  ni  le  hablares  para 


MISION  DEL  PROFETA 


37 


que  se  aparte  de  su  mal  camino,  y  viva,  ese  malo  morirá  por  su  ini- 
quidad; pero  yo  te  pediré  cuenta  de-  su  sangre.  19  Si  por  el  contrario, 
tú  advirtieres  (o  amonestares)  al  malo  (o  impío)  y  él  no  se  apartare 
de  su  maldad  (o  impiedad)  y  de  su  camino,  él  por  su  iniquidad  mo- 
rirá; pero  tú,  habrás  salvado  tu  vida.  20  Y  cuando  un  justo  abando- 
nare su  justicia  para  cometer  el  mal,  pondré  tropiezo  (u  obstáculo)  de- 
lante de  él  para  hacerle  caer  y  morirá.  Si  tú  no  le  hubieres  advertido, 
morirá  por  su  pecado  y  no  se  le  tendrán  en  consideración  los  actos  de 
justicia  que  precedentemente  haya  realizado;  pero  yo  te  pediré  cuenta 
de  su  sangre.  21  Si  por  el  contrario,  has  advertido  al  justo  que  no  peque 
y  él  no  pecare,  vivirá,  porque  se  habrá  dejado  advertir,  y  tú  habrás 
salvado  tu  vida". 

3724.  Según  el  párrafo  precedente,  Yahvé  le  ordena  a  Ezequiel 
que  haga  de  centinela  para  advertir  a  todos  los  de  la  casa  de  Israel, 
tanto  malos  como  buenos,  el  camino  recto  que  deben  seguir.  Su  misión 
será,  pues,  la  de  obrar  como  predicador  constante,  hablando,  amones- 
tando, aconsejando;  pero  el  inhábil  retocador,  no  se  dió  cuenta  que 
con  su  arbitraria  interpolación,  hace  aparecer  al  dios  dando  a  su  pro- 
feta, el  mismo  día,  dos  órdenes  contradictorias,  pues  si  en  lo  interpo- 
lado le  manda  a  éste  que  hable  continuamente,  en  el  relato  que  sigue, 
se  le  ordena  todo  lo  contrario,  a  saber,  que  permanezca  mudo,  como 
se  ve  a  continuación:  {16"  Y  ocurrió  al  cabo  de  siete  días)  22  que  la 
mano  de  Yahvé  se  posó  sobre  mí  y  él  me  dijo:  "Levántate,  sal  al  valle, 
y  allí  te  hablaré".  23  Me  levanté,  pues,  y  salí;  fui  al  valle  y  vi  la  gloria 
de  Yahvé  que  estaba  allí,  tal  como  yo  la  había  contemplado  a  orillas 
del  río  Kebar;  y  caí  sobre  mi  rostro.  24  Entonces  entró  en  mí  un  espí- 
ritu que  me  hizo  estar  de  pie,  y  Yahvé  me  habló  y  me  dijo:  "Ve,  y 
enciérrate  en  tu  casa.  25  Hijo  de  hombre,  pondrán  cuerdas  sobre  ti  con 
las  cuales  te  atarán  y  no  saldrás  para  ir  entre  los  hijos  de  Israel.  26 
Yo  haré  que  tu  lengua  se  te  pegue  al  paladar,  de  manera  que  quedes 
mudo  y  no  puedas  censurarlos,  porque  son  una  casa  de  rebeldes.  27 
Pero  cuando  yo  te  hablare,  te  abriré  la  boca  y  tú  les  dirás:  ¡Así  habla 
el  Serior  Yahvé!  ¡El  que  quiera  escuchar,  que  escuche!  ¡El  que  se  re- 
huse a  ello,  que  se  rehuse!,  porque  son  una  casa  de  rebeldes".  Interpre- 
tando literahnente  el  antedicho  v.  25,  Jerónimo  y  algunos  otros  comen- 
taristas ortodoxos,  entienden  que  a  Ezequiel  lo  ataron  realmente  con 
cuerdas  sus  compatriotas,  creyéndolo  loco;  pero  nota  con  razón  L.  B. 
d.  C.  que  "según  un  pasaje  análogo  (4,  8)  es  el  mismo  Yahvé  quien 
ata  con  cuerdas  al  profeta,  por  lo  que  se  trata  de  una  imagen  para  sig- 
nificar que  Dios  le  va  a  imponer  uno  o  varios  períodos  de  inmovilidad 
y  de  mutismo .  .  .  sea  que  se  trate  de  crisis  de  catalepsia  y  de  afasia  a 
las  cuales  habría  estado  sujeto  el  profeta  ( 5^  3701),  o  de  períodos  de 
postración  consecutivos  a  sus  éxtasis.  Recuérdese  que  los  visionarios 
pierden  a  veces  temporalmente  el  uso  de  la  vista  ( Pablo  en  Act.  9,  8-9, 


38 


MISION  DEL  PROFETA 


17-18),  o  de  la  jjalabra  (Dan.  10,  15;  Zacarías,  según  Luc.  i,  22). 
Ezequiel  habría  reconocido  en  estos  fenómenos  fisiológicos,  como  Oseas 
en  los  sucesos  de  su  vida  de  familia,  disposiciones  divinas  relativas  a 
su  misión;  la  duración  de  su  inmovilidad  tendrá,  pues,  para  Ezequiel 
un  sentido  simbólico  (4,  4-8)  y  su  silencio  deberá  hacer  comprender  a 
Israel  que  es  una  casa  de  rebeldes,  indigna  de  escuchar  la  palabra  de 
Yahvé.  Se  explica,  por  lo  tanto,  la  solemnidad  de  esta  revelación,  que 
le  da  al  profeta  la  llave  de  los  extraños  fenómenos  que  en  adelante  mar- 
carán su  vida". 

3725.  El  interpolador  que  introdujo  el  pasaje  transcrito  en  S  3723, 
tomó  los  vs.  17-19  del  mismo,  del  cap.  33,  7-9,  como  se  comprueba 
fácilmente  cotejando  ambos  pasajes:  33,  7  Y  a  ti,  hijo  de  hombre,  te 
coloco  como  centinela  junto  a  la  casa  de  Israel;  desde  que  oi^as  de  mi 
boca  un  oráculo,  tú  advertirás  de  mi  parte  a  los  hijos  de  Israel.  8  Cuan- 
do yo  dijere  al  malo:  Tú  vas  a  morir,  si  no  tomares  la  palabra  para 
advertir  al  malo  que  tiene  que  cambiar  de  conducta,  ese  malo  morirá 
por  su  iniquidad;  pero  yo  te  pediré  cuenta  de  su  sangre.  9  Si  por  el 
contrario,  tú  advirtieres  al  malo  que  tiene  que  renunciar  a  su  conducta, 
y  él  no  renuncia  a  ella,  morirá  por  su  iniquidad ;  pero  tú  habrás  salvado 
tu  vida.  Estos  tres  vs.  corresponden  en  realidad  al  cap.  33,  que  es  pos- 
terior al  destierro  del  año  586,  porque,  como  dice  L.  B.  d.  C:  "Indu- 
dablemente después  de  la  ruina  del  Estado  judío  es  que  el  profeta  se 
sintió  responsable  de  cada  uno  de  los  miembros  de  ese  pueblo,  que  no 
tenía  ya  unidad  visible".  En  cuanto  al  v.  20  del  cap.  3  está  tomado, 
aunque  no  al  pie  de  la  letra,  del  v.  24  del  cap.  18  del  mismo  libro,  que 
dice:  "Y  si  un  justo  renunciare  a  su  justicia,  si  practicare  la  iniquidad 
cometiendo  todos  los  hechos  abominables  de  los  cuales  se  ha  vuelto  cul- 
pable el  malo,  no  se  recordarán  más  los  actos  de  justicia  que  hubiere 
realizado.  A  causa  de  la  infidelidad  de  que  se  hubiere  vuelto  culpable 
y  del  pecado  que  hubiere  cometido,  él  morirá.  El  v.  21  del  cap.  3  es 
una  consecuencia  simple  del  anterior.  Probablemente,  como  nota  L.  B. 
d.  C,  el  interpolador  entendió  que  "estas  instrucciones  divinas,  aptas 
para  dirigir  al  profeta  en  toda  su  carrera,  tenían  el  carácter  de  relato 
de  vocación.  La  concepción  en  ellas  expresada  del  papel  del  profeta, 
llamado  a  ser  el  director  de  los  individuos,  es,  por  lo  demás,  una  de 
las  ideas  más  originales  de  Ezequiel;  pero  debió  madurarla  en  la  se- 
gunda parte  de  su  carrera  (después  del  586 j". 


CAPITULO  II 


Los  actos  simbólicos  de  Ezequiel 


LOS  ACTOS  DE  LOS  CAPS.  4  Y  5.  _  3726.  Hasta  mediados  del 
siglo  último  se  creía  generalmente  que  de  todos  los  libros  de  los  grandes 
profetas,  el  que  no  había  sufrido  retoques  ni  interpolaciones,  era  el  de 
Ezequiel.  Ya  hemos  visto  que,  como  dice  P.  Auvrav,  no  resiste  al  exa- 
men la  aparente  homogeneidad  de  este  libro  3705,  3723-3725).  Ese 
hecho  quedará  corroborado  al  pasar  ahora  al  estudio  del  cap.  4.  en  el 
cual  se  encuentran  mezcladas  escenas  prefigurando  el  destierro  con  otras 
que  anuncian  el  sitio  de  Jerusalén.  "Esta  mezcla,  escribe  L.  B.  d.  C, 
aparentemente  no  fue  realizada  por  Ezequiel,  sino  por  un  revisor:  espe- 
cialmente en  los  vs.  9-17  los  pasajes  relativos  a  los  alimentos  contami- 
nados del  destierro  están  confundidos,  en  gran  detrimento  de  la  clari- 
dad, con  aquellos  en  los  que  se  trata  de  la  alimentación  racionada  de 
los  sitiados.  Agruparemos,  de  un  lado,  todos  los  textos  que  se  refieren 
a  la  deportación  (4.  4-6,  8-9.  12-15).  y  del  otro,  aquellos  relacionados 
con  el  sitio  de  la  capital  (4,  1-3,  7,  10-11.  16-17:  5".  De  acuerdo  con 
este  razonable  criterio,  transcribimos  a  continuación,  primero  las  predic- 
ciones referentes  al  asedio  de  Jerusalén.  4,  1  Y  tú,  hijo  de  hombre, 
procúrate  un  ladrillo;  lo  colocarás  delante  de  ti  y  dibujarás  en  él  una 
ciudad,  Jerusalén.  2  Harás  contra  esa  ciudad  trabajos  de  asedio:  contra 
ella  construirás  trincheras,  levantarás  terraplenes,  establecerás  campamen- 
tos y  pondrás  arietes  a  su  alrededor.  3  Después  tomarás  una  sartén  de 
hierro  y  la  pondrás  como  un  muro  de  hierro  entre  ti  y  la  ciudad,  hacia 
la  cual  dirigirás  tu  rostro;  así  se  encontrará  cercada  y  tú  la  sitiarás. 
¡Sea  esto  una  señal  para  la  casa  de  Israel!  7  Hacia  Jerusalén  sitiada 
dirigirás  tu  rostro  y  tu  brazo  desnudo,  y  profetizarás  contra  ella.  Des- 
pués de  la  representación  del  sitio  de  Jerusalén.  viene  la  figuración  del 
racionamiento  de  los  sitiados.  10  Se  te  pesará  el  alimento  que  comas: 
tendrás  para  alimentarte  veinte  sidos  por  día  (unos  327  gramos  y  me- 
dio; §  1105.  n)  desde  cierta  hora  hasta  la  misma  hora  del  día  siguiente; 
11  y  beberás  el  agua  con  medida:  tendrás  para  beber  un  sexto  de  hin 


40 


ACTOS  SIMBOLICOS 


ío  sea,  apenas  un  litro)  desde  cierta  hora  hasta  la  misma  hora  del  día 
sip^uiente.  16  Y  él  me  dijo:  "Hijo  de  hombre,  voy  a  privar  de  pan  a 
Jerusalén  (literalmente:  voy  a  quebrar  en  Jerusalén  el  palo  del  pan, 
expresión  proverbial  que  significa:  "voy  a  hacer  reinar  allí  el  hambre"; 
cf.  Sal.  105.  16)  :  comerán  el  pan  al  peso  con  ansiedad;  beberán  el  agua 
con  medida  y  con  espanto;  17  de  modo  que  careciendo  de  pan  y  de 
ap;ua,  se  mirarán  los  sitiados  el  uno  al  otro  con  asombro,  y  desfallece- 
rán a  causa  de  su  iniquidad". 

3727.  Henos  aquí  ante  el  primero  de  los  actos  simbólicos  reali- 
zados por  Ezequiel,  y  que  se  describen  en  los  caps.  4,  5,  12,  21,  24, 
V  37).  Ya  hemos  visto  en  distintas  oportunidades  (!$  2769,  2913-2914, 
3540,  3548)  que  los  profetas  solían  acompañar  sus  discursos  con  gestos 
y  ademanes  raros  o  chocantes  y  acciones  materiales  alegóricas,  muy  del 
agrado  de  sus  oyentes,  quienes,  como  buenos  habitantes  del  Oriente,  pre- 
ferían ese  lenguaje  dramático  o  mímico,  animado  de  movimiento  y  de 
vida.  Ezequiel,  más  aun  que  sus  antecesores  colegas,  matizaba  su  predi- 
cación con  actos  simbólicos,  generalmente  improvisados,  que  no  sólo 
servían  para  fijar  con  más  intensidad  sus  ideas  en  la  mente  de  sus  com- 
patriotas, sino  que  al  igual  que  los  actos  similares  de  los  otros  profetas, 
suponían  el  comienzo  de  la  realización  de  los  sucesos  prefigurados.  La 
necesidad  de  recalcar  que  Jerusalén  sería  sitiada  y  destruida  por  los 
caldeos,  idea  profundamente  arraigada  en  el  espíritu  de  Ezequiel,  expli- 
ca este  acto  de  carácter  infantil,  lo  mismo  que  sus  constantes  censuras 
hasta  el  año  586,  pues,  según  dijimos  al  comentar  la  carta  de  Jeremías 
en  su  cap.  29,  los  deportados  esperaban  retornar  pronto  a  su  patria, 
como  se  lo  expresaban  los  profetas  nacionalistas,  tanto  los  que  los  acom- 
pañaban, como  los  que  habían  quedado  en  Jerusalén  í§  3561-3563), 
persuadidos  quizá  de  que  la  reforma  de  Josías  había  aplacado  a  Yahvé, 
de  quien  en  adelante  nada  tendrían  que  temer.  Pasemos  ahora  a  expli- 
car algunos  de  los  detalles  del  relato  transcrito  en  §  3726. 

3728.  Procúrate  un  ladrillo,  y  dibuja  en  él  una  ciudad,  le  dice  el 
dios  a  Ezequiel.  En  Babilonia  y  Asiría  se  usaban  ladrillos  no  sólo  para 
construir  edificios,  sino  también  para  escribir,  como  en  nuestras  piza- 
rras, o  aun  para  formar  libros  (fig.  6).  Para  escribir  se  empleaban  la- 
drillos o  tablillas  de  arcilla  blanda  o  ligeramente  húmeda,  en  los  que  se 
grababa  con  un  estilete  de  forma  triangular  en  su  extremo,  como  una  V 
mayúscula,  de  modo  que  al  hundirlo  en  la  arcilla  se  obtuviera  la  impronta 
de  una  cuña  — originando  la  clase  de  escritura  llamada  por  eso  cunei- 
forme—  o  modificaciones  de  la  misma,  según  la  dirección  que  se  im- 
primiera a  aquel  instrumento.  A  esos  ladrillos  así  escritos,  se  los  ponía 
luego  a  secar  al  sol  o  en  un  horno.  Ragozin  en  su  obra  "Caldea",  nos 
da  los  siguientes  interesantes  datos  sobre  los  ladrillos  babilónicos:  "Sien- 
do los  ladrillos  cocidos  muy  costosos,  y  reputados  de  duración  indefi- 
nida, se  puso  el  mayor  cuidado  en  su  preparación;  se  escogió  el  mejor 


LADRILLOS  BABILONICOS 


41 


barro,  grabándose  en  ellos  los  nombres  y  títulos  de  los  revés  que  man- 
daban construir  el  templo  o  o)  p„K,^ñ.  ijue  ueDraii  iiauiiar.  lo  cual  na 
aidu  de  gran  utilidad  para  identificar  varias  ruinas  y  asignarles  fechas 
más  o  menos  aproximadas...  La  calidad  superior  de  estos  ladrillos, 
como  materiales  de  construcción,  es  un  hecho  tan  conocido,  que  hace 
2.000  años,  después  de  la  des- 
trucción de  Babilonia,  sus  de- 
rruidos templos  y  palacios  se 
emplean  como  canteras  para  la 
construcción  de  ciudades  y  al- 
deas. El  pequeño  pueblo  de 
Hillah.  edificado  muy  cerca  del 
sitio  de  la  antigua  capital,  está 
construido  casi  por  entero  con 
los  ladrillos  de  un  solo  terra- 
plén, el  de  Kasr,  en  otro  tiem- 
po el  delicado  y  famoso  palacio 
de  Nabucodonosor.  cuyos  nom- 
bres V  títulos  adornan  las  pare- 
des de  las  habitaciones  árabes 
V  turcas  de  última  clase"  (ps. 
38-39).  Los  ladrillos  o  tablillas 
de  barro  cocido,  grabados  por 
ambos  lados  con  escritura  cu- 
neiforme, descubiertos  en  la 
Biblioteca  de  Arsubanipal  en 
Nínive,  ascienden  a  más  de 
10.000  y  se  hallan  hoy  en  el 
Museo  Británico  de  Londres. 
Se  encuentran  también  tablillas 
con  planos  de  edificios  y  ciu- 
dades. Volviendo  a  nuestro  profeta,  debemos  imaginarlo  que  al  recibir 
la  aludida  orden  de  Yahvé,  se  instala  en  la  puerta  de  su  casa,  y  ante 
los  curiosos  allí  congregados,  toma  un  ladrillo  de  arcilla  blanda,  di- 
buja algo  así  como  un  cuadrado  y  para  mayor  claridad,  escribe  arriba 
un  nombre:  Jerusalén.  Luego  con  piedras  y  tierra  construye  muros  de 
circunvalación,  trincheras,  etc.:  y  coloca  entre  él  y  aquel  simulacro  de 
plaza  sitiada,  una  plancha  de  hierro  con  mango  (una  sartén),  de  las 
usadas  para  cocer  o  tostar  pan  y  tortas,  indicando  así  la  imposibilidad 
de  los  sitiados  de  romper  el  sitio.  Según  Reuss,  "ese  muro  de  hierro, 
puesto  entre  la  ciudad  y  el  profeta,  representante  de  Yahvé.  simboliza 
la  separación  absoluta  de  Dios  con  su  pueblo,  al  cual  él  abandona.  Más 
aún.  intrínsicamente.  es  Yahvé  quien  sitia  a  Jerusalén.  puesto  que  sin 


42 


ACTOS  SIMBOLICOS  DE  EZEQUIEL 


él  no  estarían  allí  los  caldeos,  y  he  aquí  la  razón  por  la  cual  aparece 
el  [jiufcia  uuinu  aiilglciíllu  el  inlamw  Jl  oUIo". 

3729.  En  el  cap.  5  se  narra  otro  acto  simbólico  relativo  a  la  sucitc 
reservada  a  los  habitantes  de  la  sitiada  Jerusalén,  el  que  resumiremos 
lo  más  brevemente  posible.  Yahvé  le  manda  a  Ezequiel  que  con  una  es- 
pada o  cuchillo  afilado  se  corte  el  cabello  y  la  barba.  Ezequiel  lo  hace 
así,  probablemente  frente  a  su  casa,  lo  que  bastó  para  que,  como  dice 
Auvray,  se  amontonaran  allí  los  papanatas  (les  badauds)  de  la  vecin- 
/lad.  Ezequiel  toma  entonces  una  balanza  y  pesa  tres  partes  iguales  de 
aquellos  pelos:  una  de  esas  partes  la  quema  sobre  el  ladrillo  que  figura 
a  Jerusalén:  otra  parte  la  echa  en  el  suelo  y  luego  la  hiere  o  golpea 
con  el  cuchillo;  v  la  última  parte  la  arroja  al  viento,  tratando  en  se- 
guida de  juntar  los  más  que  puede  de  esos  pelos  desparramados  y  los 
coloca  en  un  pliegue  de  su  manto.  No  contento  con  esto,  se  queda  sólo 
con  algunos,  y  los  demás  que  había  recogido,  los  arroja  al  fuego.  Como 
el  corro  de  espectadores  estaba  seguramente  intrigado  por  aquella  co- 
media, Ezequiel,  para  explicarla,  les  dirige  un  discurso,  que  comienza 
icon  estas  palabras:  "5,  5  Así  habla  (o  dice)  el  Señor  Yahvé:  Así  ocu- 
rrirá con  Jerusalén.  Yo  la  había  puesto  en  el  lugar  central,  entre  las 
naciones  y  los  demás  países  a  su  alrededor.  6  Pero  ella  se  ha  rebelado 
contra  mis  ordenanzas,  haciendo  más  mal  que  las  naciones,  y  contra 
mis  leyes,  mostrándose  peor  que  los  países  que  la  rodean;  (porque  se 
han  rechazado  mis  ordenanzas  y  no  se  han  sepuido  mis  leyes  —  inútil 
repetición  de  lo  anterior).  Yahvé  había  colocado,  pues,  a  su  pueblo  en 
el  centro  del  globo  terráqueo  í§  2875).  lo  que  igualmente  pretendían 
otras  ciudades  o  naciones.  Recuerda,  al  efecto  L.  B.  d.  C,  que  "la  Judea 
era,  según  Ezequiel,  el  ombligo  de  la  Tierra  (38.  12)  :  si  los  israelitas 
del  Norte  lo  localizaban  cerca  de  Siquem  fjue.  9.  37),  los  judíos  lo 
colocaban  en  Jerusalén  (Enoc.  26,  1-2;  Jub.  8,  19),  lo  mismo  que  los 
griegos  lo  mostraban  en  Delfos  o  los  romanos  en  su  capital:  y  los  chi- 
nos denominan  a  su  país  el  imperio  del  medio.  Aun  hoy  en  el  Santo 
Sepulcro,  se  muestra  una  especie  de  copa  que  pasa  por  ser  el  centro  del 
mundo,  y  diversos  mapas  de  la  Edad  Media  agrupaban  los  diferentes 
países  conocidos  alrededor  de  Jerusalén.  la  ciudad  santa  de  los  cristia- 
nos". Isaías  también  entendía  que  la  Palestina  era  la  parte  central  del 
mundo,  pues  en  su  libro  se  lee:  "El  decreto  de  ruina  que  ha  pronun- 
■ciado  el  Señor  Yahvé  de  los  Ejércitos,  lo  ejecutará  en  el  centro  de  toda 
la  Tierra"  flO,  23.  según  traducción  de  L.  B.  d.  O. 

3730.  Ezequiel  continúa  diciéndoles  a  sus  ocasionales  oyentes,  que 
Yahvé  estaba  tan  furioso  contra  Jerusalén  y  sus  habitantes,  que  iba  a 
castigarlos  con  actos  que  antes  no  había  hecho,  ni  haría  en  adelante, 
como  que  los  padres  comieran  a  sus  hijos,  y  viceversa,  que  los  hijos 
comieran  a  los  padres,  hecho  este  último  de  que  no  guardan  recuerdo 
las  crónicas.  Y  el  dio?,  que  echaba  ternos.  como  cualquier  irascible 


ACTOS  SIMBOLICOS  DE  EZEQUIEL 


43 


mortal,  agrega  cap.  5:  "11  Por  lo  mal  -  h- —  r-^^-  ~-'  ^.^^^i^^ 
del  Señnr  y«Ac/c' — ,  por  cuanto  has  contaminado  mi  santuario  con  todas 
tus  infamias  y  todas  tus  abominaciones,  yo,  por  mi  parte,  te  raeré;  mi 
ojo  será  sin  piedad  y  yo  seré  sin  misericordia.  12  Un  tercio  de  tus 
habitantes  morirá  de  peste  o  perecerá  de  hambre  dentro  de  tus  muros; 
un  tercio  caerá  en  las  inmediaciones  herido  por  la  espada;  y  el  último 
tercio  lo  esparciré  a  lodos  los  vientos,  y  sacaré  la  espada  para  perse- 
guirlo. 13  Desahogaré  mi  cólera  y  saciaré  contra  ellos  mi  furor,  y  sa- 
brás que  yo,  Yahvé,  yo  había  hablado  en  mis  celos,  al  desahogar  mi 
cólera  contra  ellos.  14  Te  arruinaré  así  como  a  tus  hijas  (las  otras  ciu- 
dades de  Judá)  que  están  a  tu  alrededor  a  la  vista  de  todos  los  que  por 
allí  pasen.  15  Serás  un  escarnio  y  un  vituperio,  un  ejemplo  y  un  objeto 
de  estupor  para  las  naciones  que  te  rodean,  cuando  yo  ejecute  juicios 
contra  ti,  castigándole  con  furor  — yo,  Yahvé,  he  hablado  (o  lo  he  di- 
cho)—  16  cuando  yo  lance  contra  ellos  m¿s  flechas  funestas  {las  del 
hambre,  le  agregó  un  corrector  j ,  que  dan  la  muerte,  que  aumente  el 
hambre  entre  vosotros,  y  que  os  retire  el  pan  que  os  sostiene,  17  cuando 
envíe  contra  ti  el  hambre  y  las  bestias  feroces,  que  harán  perecer  a  tus 
hijos,  cuando  pase  en  medio  de  ti  la  peste  sanguinaria,  y  cuando  yo  haga 
venir  la  espada  contra  ti.  Yo,  Yahvé,  he  hablado  (o  lo  he  dicho)".  Este 
furibundo  discurso  le  merece  a  L.  B.  d.  C.  el  siguiente  breve  comen- 
tario: "El  texto  de  este  trozo  (vs.  4-''17)  es  poco  satisfactorio:  ciertos 
pasajes  son  dirigidos  a  Jerusalén;  otros  a  sus  habitantes;  y  en  otros  aun 
se  habla  en  la  tercera  persona,  de  la  ciudad  o  de  aquellos  que  la  habi- 
tan. La  edición  masorética  presenta  glosas  o  enmiendas  que  faltaban 
cuando  se  hicieron  las  antiguas  versiones,  habiendo  en  fin  repeticiones. 
Quizá  en  la  redacción  actual  se  fundieron  muchas  manifestaciones  aná- 
logas; podría  ser,  p.  ej.,  que  los  vs.  8-11  y  13  hayan  formado  primitiva- 
mente la  profecía  contra  Jerusalén  que  parecía  atraer  el  v.  7  del  cap.  4". 

3731.  En  resumen,  con  la  comedia  narrada  en  §  3729,  Ezequiel 
quería  anunciar:  1"  que  la  tercera  parte  de  los  habitantes  de  Jerusalén 
moriría  en  el  incendio  de  la  ciudad,  aunque  según  la  explicación  dada 
en  el  v.  12,  esa  tercera  parte  de  los  sitiados  moriría  de  peste  o  de  ham- 
bre dentro  del  recinto  de  la  capital;  2"  el  segundo  tercio  perecería  en 
las  inmediaciones  de  la  misma,  por  la  espada  de  los  sitiadores;  y  3°  el 
último  tercio  de  los  jerosolimitanos  serían  dispersos  en  todas  direccio- 
nes y  perseguidos  por  los  soldados  caldeos.  Nótese  que  Ezequiel  no  ha- 
bla del  tercer  grupo  de  dispersos  que  se  salvaron,  lepresentados  en  su 
alegoría  por  los  pelos  recogidos  en  el  pliegue  de  su  manto,  una  parte 
de  los  cuales,  él  arrojó  al  fuego,  lo  que  motiva  esta  nota  de  L.  B.  d.  C: 
"Este  anuncio  de  una  nueva  separación  que  se  efectuaría  entre  los  esca- 
pados de  la  catástrofe,  está  de  acuerdo  con  el  pensamiento  de  Ezequiel 
(20,  32-44),  lo  mismo  que  con  el  de  Isaías  (6,  13).  Pero  como  no  se 
habla  de  esa  separación  en  la  explicación  del  símbolo  (vs.  10  y  12), 


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LARGA  INMOVILIDAD  DE  EZEQUiEL 


rñiTid  nociría  el  ¡Jiofeta  volver  a  agarrar 
una  parte  de  los  cabellos  desparramados  por  el  vieiuu,  debo  dn  duda 
considerarse  que  los  vs.  3  y  4  han  sido  agregados  posteriormente,  quizá 
por  el  mismo  Ezequiel  (cf.  6,  o-10)''\  Este  le  hace  a  Yahvé  el  flaco 
servicio  de  atribuirle  el  iracundo  discurso  transcrito  en  §  3730,  propio 
del  más  bárbaro  de  los  dioses  nacionalistas,  en  el  que  expresa,  entre 
otras  cosas,  que  obrará  sin  piedad  ni  misericordia  para  con  su  desobe- 
diente pueblo,  contra  el  que  saciará  su  furor,  desahogando,  a  causa  de 
sus  celos,  su  cólera  contra  ellos  ( vs.  11,  13).  Convendría  recordarle  al 
furioso  dios  israelita,  o  mejor,  a  su  portavoz,  que  los  celos  son  malos 
consejeros.  Todos  los  días  se  leen  en  la  prensa  relatos  de  atrocidades  y 
crímenes  cometidos  por  individuos  impulsados  por  los  celos,  lo  que  no 
justifica  su  delictuosa  manera  de  obrar.  Téngase  presente  que  desde  el 
comienzo  del  Decálogo,  Yahvé  se  jacta  de  ser  un  dios  celoso,  al  parecer 
porque  no  quiere  que  sus  fieles  compartan  su  culto  con  el  de  otros  dio- 
ses S  2728,  y  2735  al  final j .  Los  hombres  y  los  dioses  celosos  son  una 
rémora  para  la  feliz  convivencia  social. 

3732.  Después  de  los  comentados  textos  relativos  al  sitio  de  Jeru- 
salén,  examinemos  ahora  los  referentes  al  destierro,  con  los  cuales  se  en- 
cuentran mezclados  en  el  cap.  4  3726).  He  aquí  lo  que  ordena  Yahvé 
a  Ezequiel:  "4.  4  Y  tú,  acuéstate  sobre  el  lado  izquierdo,  y  pondré  sobre 
ti  (o  te  haré  llevar)  la  pena  del  pecado  de  la  casa  de  Israel;  todo  el 
tiempo  que  permanezcas  acostado  de  ese  lado,  llevarás  la  pena  de  su 
pecado.  5  Y  yo  te  contaré  tantos  días,  o  sea,  190  días,  como  años  debe 
durar  la  pena  de  su  pecado,  durante  los  cuales  llevarás  la  pena  del 
pecado  de  la  casa  de  Israel.  6  Cuando  hayas  llegado  al  término  de  ese 
período,  te  acostarás  sobre  el  lado  derecho  y  llevarás  la  pena  del  pecado 
de  la  casa  de  Judá  durante  cuarenta  días,  contándote  yo  un  día  por  año. 
8  Voy  a  atarte  con  cuerdas  para  que  no  puedas  volverte  de  un  lado 
para  el  otro,  hasta  que  se  acaben  tus  días  de  detención" .  Luego  de  estas 
prescripciones  sobre  la  inmovilidad  que  debía  guardar  el  profeta,  Yahvé 
le  asigna  a  éste  la  siguiente  alimentación  impura:  "9  Y  tú,  procúrate 
trigo,  cebada,  habas,  lentejas,  mijo  y  espelía  {%  3074,  n.  1),  que  pon- 
drás en  una  vasija,  y  con  lo  cual  te  harás  pan  {  i  3337-3338)  para  comer 
todo  el  tiempo  que  permanezcas  sobre  el  costado  izquierdo,  o  sea  190 
días.  12  Comerás  ese  pan  en  forma  de  tortas  (o  galletas)  de  cebada, 
que  harás  cocer  con  excrementos  humanos,  delante  de  sus  ojos".  13  Y 
dijo  Yahvé:  "Z)e  este  modo  los  hijos  de  Israel  comerán  alimentos  con- 
taminados entre  las  naciones,  adonde  los  echaré".  14  Yo  respondí:  "¡Ay 
Señor  Yahvé!  Nunca  me  he  contaminado;  desde  mi  juventud  hasta  hoy 
nunca  he  comido  bestia  mortecina,  ni  despedazada  por  fieras  (§  3272)  ; 
nunca  ha  entrado  en  mi  boca  ninguna  carne  inmunda".  15  Entonces 
me  dijo:  "Ve,  te  autorizo  a  reemplazar  los  excrementos  humanos  por 
boñiga  de  vacuno,  con  la  cual  harás  tu  pan" . 


LARGA  INMOVILIDAD  DE  EZEQUIEL 


45 


3733.  El  transcrito  pasaje  que  antecede,  nos  sugiere  varias  obser- 
vaciones, que  pasamos  a  exponer,  Sobre  la  inmovilidad  impuesta  por 
Yahvé,  véase  lo  dicho  en  §  3701.  Al  respecto  nota  L.  B.  d.  C:  "Por 
extraños  o  difícilmente  realizables  que  nos  parezcan  ciertos  de  esos  ac- 
tos, no  hay  que  poner  en  duda  que  hayan  sido  realmente  ejecutados 
y  no  sólo  contados  por  Ezequiel:  los  profetas,  cuando  estaban  bajo  la 
acción  del  delirio  inspirador,  no  trepidaban  en  efectuar  gestos  que  los 
hacian  pasar  por  locos  (cf.  I  Sam.  10.  5,  10-12;  II  Rey.  9,  11;  Is.  20, 
2-4;  Jer.  29,  26.  etc.).  Esos  gestos,  sobre  todo  en  los  inspirados  del 
antiguo  Israel,  no  eran  solamente  medios  de  impresionar  más  vivamente 
la  atención  de  los  espectadores,  especie  de  predicaciones  en  acto,  eran 
a  la  vez  gestos  eficaces  que  obraban  sobre  el  porvenir  y  provocaban  la 
realización  de  los  sucesos  que  figuraban  (cf.  I  Rey.  22,  11;  II  Rey.  13, 
13-19).  Algo  de  esta  antigua  concepción  subsistía  en  los  grandes  pro- 
fetas de  los  siglos  VIH,  VII  y  VI:  sus  actos  son  señales,  prendas".  Reuss 
sostiene  que  no  se  trata  de  hechos  reales,  sino  de  relato  alegórico,  en 
virtud  de  la  imposibilidad  material  de  que  el  profeta  inmóvil,  sin  poder 
darse  vuelta,  tuviera  sin  embargo  que  hacerse  él  mismo  la  cocina  y 
proveer  a  todas  sus  necesidades.  "Son  imágenes,  dice,  cuyos  diversos 
elementos  no  concuerdan  entre  sí;  pero  cada  uno  de  los  cuales  tiene  su 
significado  bastante  fácil  de  reconocer".  No  obstante,  manifiesta  L.  B. 
d.  C.  que  "una  inmovilidad  tan  prolongada  sería  sin  duda  una  impo- 
sibilidad física  para  un  hombre  sano,  en  las  condiciones  normales;  pero 
Ezequiel  era  quizá  un  enfermo,  y  recuérdese,  por  lo  demás,  que  fenó- 
menos tan  extraordinarios  se  observan  en  los  fakires  de  la  India".  2° 
Como  el  profeta  representa  aquí  al  pueblo,  agrega  aquel  comentarista, 
está  obligado  a  sufrir  la  pena  de  la  culpa  de  éste,  es  decir,  de  la  suma 
de  los  pecados  acumulados  que  provocan  el  castigo  del  cielo.  Ese  cas- 
tigo, se  apresura  a  rectificar  L.  B.  A.,  es  llevado  por  Ezequiel  de  ma- 
nera simbólica,  con  un  fin  profético  y  en  modo  alguno  expiatorio,  pues 
se  trata  únicamente  de  figurar  su  duración.  En  cuanto  al  lado  en  que 
debería  el  profeta  estar  acostado,  disienten  en  su  explicación  Reuss  y 
L.  B.  A.  Para  aquél  el  lado  izquierdo  es  atribuido  a  Israel  por  estar  al 
Norte  de  Judá,  o  sea.  a  la  izquierda  de  la  persona  que  mira  hacia  el 
Oriente:  mientras  que  supone  L.  B.  A.  que  se  deba  a  que  se  conside- 
ra el  lado  derecho  con  dignidad  superior  al  izquierdo  (Gén.  48,  13,  ss; 
Eclesiastés,  10,  2} . 

3734.  3*^  Existen  notables  variantes  sobre  el  número  de  días  ex- 
presados en  el  v.  5.  La  versión  masorética.  (T.  M.),  seguida  por  nues- 
tras Biblias  usuales,  trae  390:  la  versión  alejandrina,  en  sus  mejores 
manuscritos,  da  la  cifra  190;  y  algunos  manuscritos  griegos  sólo  indi- 
can 150.  Los  comentaristas  que  creen  en  la  infalibilidad  del  T.  M.  y 
que  por  lo  tanto  admiten  el  número  390.  relacionan  el  total  de  la  suma 
de  390  paia  Israel  )  40  para  judá.  o  sea.  430.  con  los  430  años  que. 


46 


ALIMENTACION  IMPURA 


según  Ex.  12,  40,  había  durado  la  servidumbre  en  Egipto.  "Por  esto  se 
vé,  dice  L.  B.  A.,  que  de  acuerdo  con  Deut.  28,  6(H  y  Os.  9,  3,  el  pro- 
feta quiere  asimilar  el  destierro,  con  el  cual  Dios  va  a  castigar  al  pueblo, 
a  una  nueva  cautividad  egipcia".  Pero  como  para  obtener  la  autenti- 
cidad del  texto  hebreo  hav  que  confrontar  diversos  manuscritos  entre 
los  más  antiguos,  nos  parece  que  lo  más  sensato  es  lo  que  transcribimos 
a  continuación  de  L.  B.  d.  C:  "Según  la  interpretación  que  juzgamos 
más  probable,  el  pensamiento  de  Ezequiel  es  que  la  pena  del  pecado  de 
Israel,  o  sea,  el  destierro  de  los  israelitas  del  Norte,  comenzó  en  722 
(caída  de  Samaría)  o  ya  en  734  (deportaciones  de  Tiglat  Pileser),  es 
decir,  cerca  de  150  años  antes  del  principio  del  destierro  de  los  jeroso- 
limitanos  (586)  y  que  ella  debe  concluir  al  mismo  tiempo  que  la  depor- 
tación de  Judá.  cuya  duración  la  fija  el  profeta  en  40  años  (una  gene- 
ración), o  sea,  190  años  (150  +  40)  para  la  duración  total  del  castigo 
de  Israel.  La  cifra  190  habría  sido  corregida  en  "390"  en  los  manus- 
critos seguidos  por  los  masoretas,  porque  la  palabra  que  traducimos  por 
"pena  del  pecado"  significa  propiamente  "pecado"  y  según  la  opinión 
judía,  el  pecado  de  la  casa  de  Israel  había  comenzado  desde  el  tiempo 
del  advenimiento  de  Jeroboam  I  (hacia  el  935),  o  sea,  200  años  antes 
de  las  primeras  deportaciones  de  israelitas.  También  ,sería  defendible  la 
variante  "150".  y  aun  se  adaptaría  mejor  con  el  comienzo  del  v.  6". 
Nótese  que  se  asigna  a  Judá  una  pena  extraordinariamente  inferior  a  la 
de  Israel  (40  años  de  destierro  en  vez  de  190  a  éste),  aunque  según 
Jer.  3,  11,  (§  3484-3485)  y  Ez.  16,  46-51,  aquel  reino  era  mucho  más 
culpable  que  éste  último.  La  ortodoxia  explica  tal  injusticia  diciendo 
que  "había  en  Judá  un  núcleo  fiel  que  podía  más  fácilmente  ser  purifi- 
cado, y  una  vez  vuelto  a  Canaán  ser  empleado  en  el  restablecimiento 
de  la  teocracia"  (L.  B.  A.). 

3735.  4*?  Si  puede  admitirse  que  la  visión  relativa  a  la  duración 
del  destierro  ocurrió  en  Babilonia,  en  cambio  es  totalmente  inaceptable 
que  de  este  paraje  proceda  la  referente  a  la  alimentación  de  los  depor- 
tados, ya  que  lo  que  Yahvé  le  ordena  comer  a  Ezequiel  es  sólo  figu- 
rativo de  la  alimentación  impura  que  "los  hijos  de  Israel  comerán 
entre  las  naciones,  adonde  los  echaré"  (v.  13] .  Es  éste  uno  de  aquellos 
oráculos  que,  como  dice  Auvray,  "sólo  tienen  sentido  pronunciados  en 
Palestina".  En  efecto,  sería  un  absurdo  suponer  que  Ezequiel  en  Tell 
Abib,  después  de  largo  tiempo  de  estada  allí,  saliera  anunciándoles  a 
sus  compañeros  de  destierro,  como  una  novedad,  que  en  Babilonia  iban 
a  comer  alimentos  contaminados,  ya  que.  según  las  creencias  o  supers- 
ticiones israelitas,  tanto  la  tierra  extranjera,  como  lo  que  ella  producía, 
era  considerado  como  impuro  para  un  fiel  yahvista  (Os.  9,  3-5 ;  Am. 
7,  17).  En  cambio,  tal  amonestación  o  advertencia  era  plausible  al  ser 
dirigida  a  los  habitantes  de  Jerusalén  antes  del  586.  En  consecuencia, 
esto  viene  a  comprobar,  de  acuerdo  con  la  hipótesis  de  Bertholet,  que 


PROBLEMA  GRAMATICAL 


47 


en  el  libro  de  Ezequiel  se  encuentran  confundidos  textos  relativos  a  la 
predicación  de  este  inspirado,  en  Palestina,  con  otros  de  su  ministerio 
profético  en  tierra  de  Babilonia. 

3736.  Y  5'='  Los  vs.  12-15  originan  un  curioso  problema  grama- 
tical a  causa  de  las  distintas  acepciones  que  puede  tener  la  preposición 
con.  Un  ejemplo  hará  comprender  el  alcance  de  ese  problema.  Cuando 
a  una  persona  se  le  pregunta  si  cocina  con  leña  o  con  carbón,  lo  que 
se  quiere  saber  es  sobre  qué  clase  de  fuego  hace  su  comida,  esto  es, 
sobre  fuego  de  leña  o  sobre  fuego  de  carbón.  Pero  si  a  la  misma  per- 
sona se  le  pregunta  si  cocina  con  aceite  o  con  grasa,  tal  cuestión  da  a 
suponer  que  el  interrogado,  para  sus  fritadas,  emplea  alguno  de  esos 
productos  culinarios  comestibles,  mientras  que  en  el  primer  caso  a  na- 
die se  le  ocurre  que  la  persona  preguntada  agregue  trocitos  de  leña  o 
pedazos  de  carbón  a  sus  comidas.  Sentado  esto  que  es  claro,  con  luz 
meridiana,  veamos  qué  es  lo  que  le  manda  Yahvé  a  Ezequiel  en  los 
vs.  12  y  15.  En  el  primero  de  ellos  le  ordena:  "Comerás  ese  pan,  en 
forma  de  tortas  de  cebada,  que  harás  cocer  con  excrementos  humanos". 
Los  traductores  judíos  y  cristianos  vierten  la  preposición  con  de  ese 
versículo,  por  sobre,  o  le  agregan  algo  para  que  en  la  frase,  tenga  con 
el  sentido  de  sobre.  Así,  p.  ej.,  L.  B.  A.  trae:  "cocerás  con  tortas  de 
excrementos  humanos",  lo  que  comenta  de  este  modo:  "En  Oriente  se 
prepara  bajo  esta  forma  el  combustible  hecho  con  la  bosta  del  ganado, 
en  las  comarcas  donde  falta  la  leña.  El  empleo  de  excrementos  humanos, 
ordenado  aquí  al  profeta,  tiene  algo  de  totalmente  repelente;  porque  se 
trata  de  una  galleta  que  debe  cocerse  sobre  la  ceniza  y  estar  en  con- 
tacto con  ella.  ¿Cómo  no  aplicar  aquí,  por  consiguiente,  la  máxima  de 
Deut.  14,  ^:  Tú  noy  comerás  nada  de  impuro?  Ciertamente  Dios  quiere 
hacer  comprender  a  los  judíos  por  esta  imagen,  el  estado  de  abyección 
al  que  se  verían  reducidos  mientras  vivieran  en  medio  de  los  paganos 
(v.  13)  y  a  menudo  estarían  obligados  a  usar  alimentos  que  la  ley 
declaraba  contaminados".  Pero  San  Jerónimo,  en  su  traducción  de  La 
Vulgata,  vierte  el  v.  12  así:  "Y  lo  comerás  como  pan  de  cebada  cocido 
bajo  la  ceniza,  y  lo  cubrirás,  ante  sus  ojos,  con  excrementos  humanos 
(et  stercore,  quod  egreditur  de  homine,  operies  illud  in  oculis  eorum)''\ 
Y  traduce  el  v.  15  de  esta  manera:  "Y  me  dijo:  He  aquí  que  yo  te  he 
dado  en  lugar  de  excremento  humano  estiércol  de  bueyes;  y  harás  tu 
pan  con  éV\  Voltaire,  leyendo  esto  en  La  Vulgata,  escribe  en  su  Diccio- 
nario Filosófico:  "Varios  críticos  se  han  rebelado  contra  la  orden  que 
le  dió  el  Señor  (a  Ezequiel)  de  comer,  durante  390  días,  pan  de  ceba- 
da, trigo  candeal  y  mijo,  pringado  en  .  .  .  (aquí  el  célebre  vocablo  de 
Cambronne,  en  la  batalla  de  Waterloo ) .  El  profeta  exclamó:  "¡Puf! 
¡Qué  peste!  ¡Qué  asco!  Hasta  ahora  mi  alma  no  fue  manchada".  A  lo 
que  el  Señor  respondió:  "¡Pues  bien!  te  doy  fiemo  (bosta)  de  buey 
en  vez  de  excremento  de  hombre,  y  con  este  fiemo  amasarás  tu  pan". 


48  OTROS  ACTOS  SIMBOLICOS 

Claro,  como  no  es  costumbre  comer  tales  golosinas  con  el  pan,  la  ma- 
yor parte  de  los  hombres  encuentran  estos  mandatos  indignos  de  la 
majestad  divina.  Sin  embargo  forzoso  es  confesar  que  la  boñiga  de  vaca 
y  los  diamantes  del  Gran  Mogol  son  perfectamente  iguales,  no  sola- 
mente a  los  ojos  de  un  ser  divino,  sino  para  los  de  un  verdadero  filó- 
sofo; por  otra  parte  no  tenemos  por  qué  meternos  en  las  razones  que 
Dios  podía  tener  para  prescribir  tal  desayuno  al  profeta.  Basta  que 
consideremos  que  tales  mandatos,  que  a  nosotros  nos  parecen  extraños, 
no  se  lo  parecieron  a  los  judíos"  ( Art.  Ezequiel) .  Si  se  leen  detenida- 
mente y  sin  prejuicios  los  aludidos  vs.  14  y  15,  se  verá  que  el  autor  de 
ellos  pensó  darles  el  sentido  que  suscita  la  mencionada  crítica  volteriana. 

LOS  DOS  ACTOS  SIMBOLICOS  DEL  CAP.  12.  —  3737.  Insistiendo 
en  su  tema  habitual  de  la  ruina  de  Judá,  Ezequiel  relata  haber  reali- 
zado otros  dos  actos  tendientes  a  grabar  en  el  ánimo  de  sus  compañe- 
ros de  destierro  dicha  enseñanza.  El  primero  (vs.  1-16),  consiste  en  lo 
siguiente:  De  día,  y  a  la  vista  de  todos,  prepara  un  equipaje  de  deste- 
rrado, pues  como  se  ve  en  bajos  relieves  asirlos,  se  les  permitía  a  los 
deportados  llevar  algunos  efectos  sobre  los  hombros,  y  hasta  en  bestias 
de  carga  y  en  carros.  Al  atardecer,  y  en  presencia  de  los  curiosos  allí 
congregados  para  ver  que  nueva  comedia  iba  a  representar  el  profeta, 
hace  éste  en  la  pared  de  su  casa  un  agujero  bastante  grande  para  poder 
pasar  por  él:  y  lo  que  oscurece,  sale  por  aquel  agujero  con  su  equi- 
paje al  hombro  con  la  cara  tapada,  sin  mirar  al  suelo,  y  sin  decir  pala- 
bra se  marcha  a  otra  parte.  AÍ  día  siguiente  reaparece  por  allí  Ezequiel, 
y  a  sus  asombrados  vecinos  que  le  preguntaban  a  qué  respondía  todo 
aquello,  les  dirige  el  siguiente  discursito:  12,  10  "Así  habla  el  Señor 
Yahvé:  Pronuncia  este  oráculo  profético  (lit.  massá,  §  2985)  contra 
Jerusalén  y  toda  la  casa  de  Israel  que  allí  reside  (  o  contra  el  príncipe 
que  está  en  Jerusalén  y  contra  toda  la  casa  de  Israel  que  habita  en  me- 
dio de  ella  —  o  de  la  cual  forman  parte).  11  Diles:  Soy  para  vosotros 
un  presagio.  Conforme  a  lo  que  yo  he  hecho,  así  harán  ellos  (los  de 
la  casa  de  Israel)  :  partirán  para  el  destierro.  12  Y  el  príncipe  que 
tienen  en  medio  de  ellos  (Stdecías)  cargará  con  su  equipaje  a  cuestas 
y  saldrá  en  plena  oscuridad;  le  abrirán  en  la  muralla  un  paso  para  ha- 
cerle salir;  se  cubrirá  el  rostro  para  que  nadie  lo  vea  y  para  que  él 
mismo  no  vea  la  tierra.  13  Pero  yo  extenderé  sobre  él  mi  red,  y  en  ella 
será  tomado;  lo  llevaré  a  Babilonia,  al  país  de  los  caldeos;  mas  no 
podrá  verlo  y  allí  morirá.  14  Yo  dispersaré  a  todo  viento,  a  todos  los 
que  lo  rodean,  sus  defensores  y  todas  sus  tropas,  y  sacaré  la  espada 
para  perseguirlos.  15  Y  sabrán  que  yo  soy  Yahvé  cuando  yo  los  haya 
esparcido  entre  las  naciones  y  dispersado  en  los  diversos  países.  16  Pero 


OTROS  ACTOS  SIMBOLICOS 


49 


dejaré  subsistir  un  pequeño  número  de  entre  ellos  que  escaparán  a  la 
espado,  al  hambre  y  a  la  peste,  a  fin  de  que  narren  las  iniquidades  abo- 
minables de  ellos  a  ¡as  naciones  en  las  cuales  se  establezcan,  y  éstas 
sabrán  que  yo  soy  Yahvé".  Dos  cosas  merecen  notarse  en  esta  alocu- 
ción de  Ezequiel:  1°  que  los  actos  de  su  vida  constituyen,  según  él, 
presagios  divinos,  pretensión  que  también  habían  tenido  los  otros  pro- 
fetas que  lo  precedieron  (cf.  Is.  o,  18;  Os.  1-3;  Jer.  16,  2-9);  y  2*? 
que  el  orador  nos  deja  la  impresión  de  que  su  Yahvé  es  un  dios  vani- 
doso, ensoberbecido,  que  obra  para  que  se  sepa  que  lo  que  ocurre  se 
debe  a  su  omnímoda  voluntad,  pues  por  dos  veces  repite:  sabrán 
que  yo  soy  Yahvé"  165,  188-189.  311).  Los  judaítas'sabrán  quien 
,es  Yahvé,  cuando  él  los  haya  dispersado  entre  las  naciones;  y  éstas 
también  lo  conocerán,  cuando  tengan  la  oportunidad  de  oír  las  abomina- 
bles iniquidades  que  les  cuenten  haber  ejecutado  los  pocos  sobrevivien- 
tes que  el  dios  haya  permitido  que  escapen  a  sus  flagelos,  (vs.  14-16). 

3738.  Sigue  luego,  sin  transición  alguna,  el  relato  de  otro  acto  del 
profeta,  para  que  se  comprenda  la  tribulación  de  los  habitantes  de  Judá 
cuando  vean  la  devastación  de  su  país  por  los  caldeos,  como  castigo 
que  les  ha  impuesto  Yahvé,  a  causa  de  sus  crímenes.  12,  17  "La  pala- 
bra de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  términos:  "Hijo  de  hombre,  come 
tu  pan  temblando,  y  bebe  tu  agua  con  agitación  y  ansiedad.  19  Y  dirás 
a  la  población  del  país:  Así  habla  (o  dice)  el  Señor  Yahvé  de  aquellos 
que  habitan  en  Jerusalén  en  el  país  de  Israel.  Comerán  su  pan  con  an- 
siedad y  beberán  su  agua  con  espanto  i  o  asombro ) ,  porque  su  país 
será  despojado  de  todo  lo  que  encierra,  en  castigo  de  los  crímenes  de 
todos  sus  habitantes;  20  las  ciudades  habitadas  serán  despobladas  y  el 
país  se  convertirá  en  un  desierto.  Así  sabréis  que  yo  soy  Yahvé".  Sobre 
este  pasaje  anota  L.  B.  d.  C:  "Ordinariamente  se  ve  en  este  acto  pro- 
fético.  como  en  el  que  se  narra  en  4.  10-11,  16-17  f§  3726),  una  pre- 
figuración del  racionamiento  impuesto  a  los  jerosolimitanos  sitiados  en 
587-586.  Se  trata  más  bien  de  la  devastación  por  los  invasores  caldeos, 
de  las  tierras  cultivadas  y  de  las  ciudades  de  provincia,  antes  del  sitio 
de  la  capital".  Obsérvese  ante  todo  la  infantilidad  de  este  acto  simbó- 
lico, que  se  reduce  a  comer  pan  temblando  y  a  beber  agua  agitado,  y 
la  falta  de  originalidad  del  autor,  quien  en  otra  ocasión  ya  había  co- 
mido pan  y  bebido  agua  en  las  mismas  condiciones  (4,  16),  lo  mismo 
que  en  el  párrafo  anterior  se  afirma  que  Yahvé  dispersará,  a  todo  vien- 
to, a  todos  los  que  logren  escapar  de  Jerusalén  y  que  sacará  la  espada 
para  perseguirlos  {v.  14),  como  en  5,  12  manifiesta  que  a  la  tercera 
parte  de  los  sitiados  la  esparcirá  a  todos  los  vientos  y  sacará  la  espada 
para  perseguirlos  (§  3730).  E  igual  que  en  el  acto  precedente,  se  con- 
cluye con  la  alharaca  del  dios:  "Así  sabréis  que  yo  soy  Yahvé". 


50 


MARCHA  CONTRA  JERUSALEN 


LA  MARCHA  ÜE  NABUCODONOSOR  CONTRA  JERUSALEN.    3739. 

En  el  cap.  21  de  su  libro  (1)  nos  describe  Ezequiel  otro  acto  simbólico, 
como  los  anteriores  ordenado  por  Yahvé,  con  el  objeto  de  que  sus  oyen- 
tes supieran  que  contrariamente  a  lo  que  ellos  suponían,  el  rey  de  Babi- 
lonia ya  había  emprendido  campaña  para  atacar  a  Jerusalén.  He  aquí 
ese  pasaje,  que  se  presenta  bastante  alterado  en  el  original:  21,  18  La 
palabra  de  Yahvé  me  fue  dirÍ!j:,ida  en  estos  términos:  Y  tú,  hijo  de  hom- 
bre, traza  dos  caminos  por  donde  pueda  pasar  la  espada  del  rey  de 
Babilonia:  que  partan  de  un  mismo  país,  y  a  la  entrada  de  cada  camino, 
conduciendo  cada  uno  a  una  ciudad,  20  pon  un  signo  indicador  (o  una 
mano),  de  manera  que  la  espada  llegue  a  Rabbá,  la  capital  de  los  am- 
mónitas,  o  en  Judá,  a  Jerusalén,  la  ciudad  fuerte.  21  En  efecto,  el  rey 
de  Babilonia  se  ha  detenido  en  la  encrucijada,  al  comienzo  de  los  doS 
caminos,  para  consultar  la  suerte  (o  los  oráculos)  :  sacude  las  flechas, 
interroga  los  terafim  (§  556),  examina  el  hígado  de  las  víctimas.  22 
Llega  a  su  mano  derecha  la  señal  que  designa  a  Jerusalén  (o  en  su  mano 
derecha  tiene  la  suerte  "Jerusalén" }  a  fin  de  que  abra  la  boca  para 
lanzar  contra  ella  su  grito  de  guerra,  que  alce  la  voz  para  llamar  al 
combate,  que  coloque  arietes  contra  sus  puertas,  que  levante  terraplenes 
y  construya  trincheras.  23  Aquello  no  es,  según  piensan  las  gentes  de 
Jerusalén  sino  un  falso  oráculo  (aquí  sigue  una  frase  alterada,  sin  sen- 
tido) .  .  .  mientras  que  en  realidad  el  rey  de  Babilonia  trae  a  la  memo- 
ria el  recuerdo  de  sus  faltas,  de  modo  que  serán  alcanzados  por  el  castigo. 

374U.  De  este  relato  sacamos  que  el  acto  simbólico  de  Ezequiel 
se  redujo  a  trazar  en  el  suelo  o  en  un  ladrillo  de  arcilla  blanda,  (como 
en  §  3728),  dos  rayas  figurando  dos  caminos  que  salían  del  mismo 
paraje,  Babilonia;  pero  uno  terminaba  en  Rabbá,  la  capital  de  los  am- 
nionitas  y  el  otro  en  Jerusalén,  según  el  signo  indicador  puesto  en  la 
encrucijada  de  ambos  caminos.  Después,  todo  es  oral.  Al  corro  de  ex- 
pectadores  que  presenciaban  aquella  acción,  debería  Ezequiel  haberles 
dicho  más  o  menos  esto:  Ved  aquí,  en  esta  encrucijada  se  detiene  Na- 
bucodonosor  y  consulta  los  oráculos  para  saber  a  qué  ciudad  atacará 
primero:  si  a  Rabbá  o  a  Jerusalén.  La  suerte  se  inclina  por  la  capital 
de  Judá,  y  por  lo  tanto  contra  ella  lanzará  el  monarca  su  grito  de 
guerra,  con  sus  naturales  consecuencias.  Después  le  llegará  su  turno  a 
Rabbá.  Sobre  los  medios  adivinatorios  mencionados,  véase  S  152  de 
nuestra  Introducción.  Lo  que  sigue,  a  partir  del  v.  23  es  bastante  anfi- 
bológico. El  discurso  de  Ezequiel  tiene  más  carácter  de  ser  dirigido  a 
los  judaítas  quedados  en  su  patria,  que  a  los  del  destierro.  Nabucodo- 


(1)  En  la  Biblia  hebrea  y  en  traducciones  recientes  los  vs.  45-49  del  cap.  20 
forman  los  vs.  i-5  del  cap.  21,  que  viene  así  a  tener  37  vs.  en  vez  de  32  como 
traen  la  Vulgata,  las  versiones  antiguas,  la  de  Pratt  llamada  Versión  Moderna,  y 
L.  B.  d.  C.  que  es  la  que  nosotros  seguimos. 


MUERTE  DE  LA  ESPOSA  DE  EZEQUIEL 


51 


nosor  aparece  acordándose  que  los  ierosolimitanos  han  cometido  faltas, 
por  las  que  él  será  encargado  de  castigarlos,  llevándolos  cautivos.  Toda 
una  mezcolanza,  que  pone  a  prueba  la  habilidad  de  los  comentaristas 
para  descifrar  el  enredo.  Pero  algo  se  ve  claro,  a  saber,  que  si  el  rey 
de  Babilonia  se  resuelve  a  atacar  primero  a  Jerusalén  es  porque  así  lo 
han  decidido  sus  oráculos.  Mas,  como  según  las  profecías  de  Jeremías 
y  las  del  propio  Ezequiel.  Yahvé  castigará  a  su  pueblo  valiéndose  de 
los  caldeos,  llegamos  a  la  conclusión  que  fue  ese  dios  el  que  influyó 
sobre  los  oráculos  de  los  adivinos  de  Nabucodonosor,  principalmente 
por  medio  de  la  belomancia  (presagios  obtenidos  por  medio  de  fle- 
chas), para  decidir  a  dicho  monarca  que  atacara  a  Jerusalén.  Este  re- 
sultado no  tiene  que  sorprendernos,  pues  ya  sabemos  que  una  de  las 
cualidades  de  Yahvé  era»  la  de  ser  dios  de  los  sortilegios,  que  vaticinaba 
por  medio  del  éfod  o  del  urim  y  del  tummim  (§  382-392). 

LA  MUERTE  DE  LA  ESPOSA  DE  EZEQUIEL.  —  3741.  Indudable- 
mente que  el  repentino  fallecimiento  de  la  mujer  de  Ezequiel  (§  3701) 
no  es  un  acto  simbólico:  pero  el  profeta  viene  a  considerarlo  como  tal, 
por  su  actitud  y  por  la  enseñanza  que  de  ese  infausto  suceso  saca  para 
todos  los  que  le  rodean.  Transcribimos  ese  trozo  principalmente  para 
que  se  vea  cómo  se  ha  modificado  el  texto  primitivo.  He  aquí  la  tra- 
ducción que  del  mismo  da  L.  B.  d.  C:  24,  i5  "Lo  palabra  de  Yahvé 
me  jue  dirii^ida  en  eslos  términos:  Hijo  de  hombré,  voy  a  quitarle  súbi- 
tamente a  la  que  hace  las  delicias  de  tus  ojos;  pero  no  te  lamentes,  ni 
llores  (ni  dejes  correr  tus  láií;rimas,  —  esta  inútil  repetición  que  falta 
en  V.  A.  es  casi  seguramente  un  inhábil  agregado  posterior).  17  Gime 
en  silencio;  no  celebres  el  duelo  que  se  observa  por  los  muertos:  átate 
o  conserva  el  turbante  en  la  cabeza;  ponte  las  sandalias  en  los  pies; 
no  te  cubras  la  barba  (Miq.  3.  7)  :  y  no  comas  el  pan  de  los  afligidos. 
18"  A  la  mañana  siguiente  hablarás  al  pueblo:  2P  Así  ha  dicho  el  Señor 
Yahvé:  Voy  a  profanar  mi  santuario,  objeto  de  vuestro  inmenso  orgu- 
llo, deleite  de  vuestros  ojos  y  asunto  de  los  deseos  de  vuestra  alma;  y 
vuestros  hijos  y  vuestras  hijas  que  habéis  dejado  allá  caerán  a  cuchi- 
llo. 24  La  conducta  de  Ezequiel  es  un  presagio  de  lo  que  vosotros  ha- 
réis entonces:  cuando  el  suceso  se  produzca,  vosotros  obraréis  exacta- 
mente como  él  ha  obrado,  y  reconoceréis  que  yo  soy  el  Señor  Yahvé. 
25  Después  tú,  hijo  de  hombre,  permanecerás  mudo,  y  cuando  yo  les 
quite  su  fortaleza,  objeto  de  su  alegre  arrogancia,  deleite  de  sus  ojos 
y  asunto  de  los  deseos  de  su  alma,  así  como  sus  hijos  y  sus  hijas,  26 
el  día  que  viniere  a  ti  el  escapado  que  te  anuncie  la  noticia,  27  ese  día 
se  abrirá  tu  boca  para  que  converses  con  el  escapado;  hablarás  y  no 
serás  más  mudo.  Así  tu  actitud  será  para  ellos  un  presagio  y  sabrán 
que  yo  soy  Yahvé".  18^  A  la  tarde  murió  mi  mujer;  y  a  la  mañana 
siguiente  obré  según  las  órdenes  que  yo  había  recibido.  19  Las  gentes 


52 


MUERTE  DE  LA  ESPOSA  DE  EZEQUIEL 


me  dijeron:  "¿No  nos  explicarás  lo  que  significa  lu  conduela?  ¿Es  con 
respecto  a  nosotros  que  obras  de  este  modo?"  20  Yo  les  respondí:  "La 
palabra  de  Yahvé  me  ha  sido  dirigida  en  estos  términos:  21"  Di  a  la 
casa  de  Israel:  Voy  a  profanar  mi  santuario.  .  .  (aquí,  el  relato  en  su 
forma  original,  debía  reproducir  todo  o  parte  del  mensaje  divino  ya 
citado,  — V.  21'').  22  Haréis  entonces  como  yo  he  hecho:  no  os  cubri- 
réis la  barba  y  no  comeréis  el  pan  de  los  afligidos,  23  conservaréis  los 
turbantes  en  vuestras  cabezas  y  las  sandalias  en  vuestros  pies;  no  lan- 
zaréis gritos  de  duelo  y  no  lloraréis.  Desfalleceréis  bajo  el  peso  de  vues- 
tras iniquidades,  y  os  miraréis  el  uno  al  otro  con  estupor". 

3742.  L.  B.  d.  C.  explica  la  trasposición  de  versículos  que  habrá 
notado  el  lector  en  el  párrafo  precedente,  de  este  modo:  "El  texto  tra- 
dicional, dado  por  las  antiguas  versiones  así  como  por  el  hebreo,  no 
nos  informa  de  lo  que  Ezequiel  dijo  al  pueblo  por  la  mañana.  Además 
el  trozo  que  sigue  al  v.  18"  presenta  un  desorden  evidente:  una  frase 
pronunciada  por  el  profeta  en  su  nombre  personal  (haréis  como  yo  he 
hecho,  v.  22)  está  intercalada  sin  transición  entre  dos  frases  puestas 
en  boca  de  Yahvé  (vs.  21''  y  24:  en  la  segunda.  Dios  habla  de  Ezequiel 
en  la  tercera  persona).  Nosotros  transponemos  los  vs.  18''-21"  y  22-23 
después  de  los  vs.  18",  21''  y  24-27  de  manera  de  agrupar  en  un  lado 
todas  las  revelaciones  hechas  por  Yahvé  a  su  profeta  antes  de  la  muerte 
de  la  mujer  de  éste,  y  en  otro,  la  ejecución  por  Ezequiel  de  las  órdenes 
divinas".  Sobre  los  acostumbrados  ritos  de  duelo  por  los  muertos,  véase 
lo  dicho  en  §  101,  3277  a  3281 ;  y  sobre  "comer  el  pan  de  los  afligi- 
dos" o  el  banquete  fúnebre,  {5  3536.  La  práctica  de  quitarse  las  sanda- 
lias y  los  vestidos  usuales  y  cubrirse  la  boca  y  la  nariz,  obedecía  quizá 
a  impedir  que  la  influencia  nefasta  emanada  del  muerto,  cuyo  fluido 
material  muy  sutil  y  peligroso  causaba  impureza,  pudiera  morar  en  ellos 
(nuestra  Introducción,  S  164).  En  cuanto  a  que  todo  lo  narrado  se  de- 
bió a  una  orden  dada  por  el  dios  nacional,  en  revelación  a  Ezequiel, 
dice  sensatamente  L.  B.  d.  C:  "Para  comprender  psicológicamente  el 
episodio,  ha^  que  hacer  sin  duda  una  transposición  análoga  a  la  que 
generalmente  se  admite  para  el  matrimonio  de  Oseas  (caps.  1-3):  Eze- 
quiel. que  amaba  profundamente,  a  su  mujer  — al  punto  de  llamarla 
las  delicias  de  sus  ojos,  rasgo  de  sensibilidad  muy  raro  en  él —  quedó 
tan  abrumado  por  la  repentina  muerte  de  ella,  que  hasta  descuidó  rea- 
lizar los  ritos  tradicionales  acostumbrados  en  un  caso  semejante.  Cuan- 
do notó  su  olvido,  en  el  curso  de  la  noche  fúnebre,  reconoció  en  ello 
una  dirección  divina:  era  Yahvé  quien  había  cjuerido  que  su  profeta  se 
abstuviera  de  llorar  para  presagiar  a  los  judíos  que  bien  pronto  ellos 
también  quedarían  tan  aterrados  (por  la  noticia  de  la  caída  de  Jeru- 
salén)  que  hasta  ni  siquiera  podrían  lamentarse".  Gautier,  que  admite 
la  realidad  del  aludido  mandato  divino,  buscando  la  causa  de  esa  pro- 
hibición de  llorar  v  de  lamentarse  al  ser  destruida  Jerusalén.  llega  a  la 


l  LTIMA  ACCION  SIMBOLICA 


53 


conclusión  de  que  la  misión  de  Ezequiel  consistía  en  persuadir  a  los 
deportados  que  no  debían  ya  volver  sus  mira'das  a  Jerusalén,  sino  que 
tenían  que  pensar  que  en  el  seno  de  las  colonias  refugiadas  en  Babi- 
lonia, debía  prepararse  el  porvenir  del  pueblo  de  \ahvé.  Tanto  Jeremías 
como  Ezequiel.  diez  años  antes  cuando  el  destierro  de  Jeconías,  ya  ha- 
bían pronunciado  la  oración  fúnebre  de  la  ciudad  santa;  ahora  no  era 
el  momento  de  llorar,  sino  el  de  mirar  adelante  para  preparar  en  lo 
futuro  un  tiempo  mejor  (Ib.  ps.  101-102). 

LA  ULTIMA  ACCION  SIMBOLICA  DE  EZEQUIEL.  —  3743.  Se  en- 
cuentra en  el  cap.  37,  y  dice  así;  15  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  diri- 
gida en  estos  términos:  "16  Y  tú,  hijo  de  hombre,  loma  un  palo  y  es- 
cribe en  él:  A  judá  (1)  ya  los  hijos  de  Israel  que  le  están  asociados. 
Después  toma  otro  palo  y  escribe  en  él:  A  José  (palo  de  Ejraim,  —  glo- 
sa) y  a  lodos  los  hijos  de  la  casa  de  Israel  que  le  están  asociados.  17 
Júntalos  en  seguida  el  uno  con  el  otro,  de  modo  que  no  hagan  sino  uno 
y  que  queden  unidos  en  tu  mano.  18  Cuando  los  hijos  de  lu  pueblo  te 
interroguen  diciendo:  ¿No  nos  explicarás  lo  que  esto  significa?  19  Tú 
les  responderás:  Así  habla  (o  dice]  el  Señor  Yahvé:  Voy  a  tomar  el 
palo  de  José,  que  está  en  mano  de  Efraim,  así  como  las  tribus  de  Israel 
que  le  están  asociadas,  y  lo  uniré  al  palo  de  Judá,  de  modo  que  no  ha- 
gan sino  uno  y  que  queden  unidos  en  mi  mano.  20  Conservarás  en  tu 
mano,  a  su  vista,  ambos  palos  escritos,  21  y  dirás  a  los  hijos  de  tu  pue- 
blo: Así  habla  el  Señor  Yahvé:  Voy  a  sacar  a  los  hijos  de  lisrael  de 
entre  las  naciones  en  las  cuales  se  han  establecido ;  los  recogeré  de  todas 
partes  y  los  volveré  a  su  tierra.  22  Haré  de  ellos  una  sola  nación,  en 
mi  país,  sobre  las  montañas  (o  serranías)  de  Israel;  lodos  no  tendrán 
sino  un  solo  principe  (o  rey);  no  formarán  más  dos  naciones  y  no 
volverán  a  estar  divididos  en  dos  reinos.  23  No  se  contaminarán  más 
con  sus  ídolos,  con  sus  prácticas  abominables,  ni  con  sus  transgresio- 
nes, sino  que  los  libraré  de  todas  las  infidelidades  de  que  se  han  hecho 
culpables,  y  los  purificaré,  y  ellos  serán  mi  pueblo  y  yo  seré  su  dios. 
24  Serán  gobernados  por  un  príncipe,  mi  servidor  David  y  todos  ten- 
drán un  solo  pastor.  Seguirán  mis  ordenanzas,  observarán  mis  leyes  y 
las  pondrán  en  práctica.  25  Morarán  en  el  país  que  di  a  mi  siervo  Jacob 
y  donde  habitaron  sus  padres;  ellos  morarán  allí,  así  como  sus  hijos  y 
los  hijos  de  sus  hijos  para  siempre,  y  mi  siervo  David  será  perpetua- 
mente el  príncipe  de  ellos.  26  Y  celebraré  con  ellos  una  alianza  de  paz; 
será  una  alianza  eterna  con  ellos;  [los  plantaré  y  los  multiplicaré  — 


(1)  Nota  L.  B.  d.  C.  que  "en  los  sellos  se  grababa  el  nombre  del  propietario 
precedido  por  la  preposición  a",  lo  que  quiere  decir  que  esa  a  significaba  de. 
Léase  sobre  la  preposición  hebrea  le,  "'de",  §  1127,  1129. 


54 


ULTIMA  ACCION  SIMBOLICA 


palabras  éstas  que  faltan  en  V.  A.  y  que  probablemente  son  una  glosa). 
Pondré  mi  santuario  en  medio  de  ellos  para  siempre  (Lev.  26,  9,  11). 
27 ^  Mi  morada  se  alzará  en  medio  de  ellos;  yo  seré  su  dios  y  ellos  serán 
mi  pueblo.  28  Y  sabrán  las  naciones  que  yo,  Yahvé,  quiero  gup  Israel 
sea  santo,  cuando  estuviere  mi  santuario  en  medio  de  ellos  para  siempre". 

3744.  Este  pueril  acto  simbólico  de  Ezequiel  muestra  tanto  la  es- 
casa imaginación  creadora  del  profeta,  como  la  pobre  mentalidad  de 
sus  compañeros  de  destierro  que  necesitaban  tan  triviales  medios  para 
comprender  la  sencilla  idea  de  que  Yahvé  pensaba  reunir  a  los  descen- 
dientes del  antiguo  reino  de  Israel  con  los  deportados  de  Judá,  para 
unificar  a  su  pueblo  dividido  por  el  cisma  desde  la  época  de  Roboam 
(§  1921-1928),  de  modo  que  en  adelante  constituyeran  un  solo  reino 
gobernado  por  un  principe  de  la  dinastía  de  David.  La  esperanza  pa- 
triótica de  esa  unión,  idea  en  la  cual  insistió  Ezequiel  (16,  53;  36,  10; 
cap.  48),  acariciada  también  por  Jeremías  y  otros  profetas,  era  muy 
vivaz  en  la  época  del  destierro,  y  constituía  una  de  las  tantas  ilusiones 
más  o  menos  fantásticas  o  irrealizables  que  se  forjaban  los  deportados, 
y  que  Causse  denomina  "el  mito  del  regreso  de  los  desterrados  a  la 
nueva  Jerusalén"  (Is.  60).  Esas  ideas  del  judaismo  exílico  y  postexí- 
lico  motivaron  diversas  interpolaciones  en  los  libros  proféticos,  como  de 
ello  hemos  encontrado  pruebas  al  estudiar  a  Oseas  (§  2833  bis),  Isaías 
(§  2978)  y  Miqueas  (§  3161).  Conviene  recordar  las  deportaciones  de 
israelitas,  que  despoblaron  la  Palestina.  Quien  primero  aplicó  el  siste- 
ma de  deportar  a  los  vencidos,  en  vez  de  matarlos  o  venderlos  como 
esclavos,  fue  el  rey  de  Asiría  Tiglat  Pileser  III  (llamado  Pul  en  II  Rey. 
15,  19,  y  Pulu  en  babilonio,  nombre  éste  que  usaba  como  soberano  de 
Babilonia)  que  reinó  del  745  al  727.  Este  rey  fue  llamado  por  el  rey 
Acaz,  de  Judá,  en  su  auxilio,  cuando  la  guerra  siro-efraimita  (§  2891), 
y  venció  a  los  atacantes  de  Acaz:  Pekáh,  rey  de  Israel  y  Resín,  rey  de 
Siria,  al  que  dió  muerte.  Según  II  Rey.  15,  29,  Tiglat  Pileser  conquistó 
las  fortalezas  de  lyyón,  Abel-bet-Maaca,  Yanoah,  Kedech  y  Hazor,  (1) 
toda  la  región  de  iNeftalí  (la  Galilea)  y  Galaad  o  sea,  la  Transjordania, 
"j  deportó  los  habitantes  a  Asiría".  Años  más  tarde  Salmanasar  V 
(727-722)  sucesor  de  Tiglat  Pileser,  invadió  el  reino  de  Israel,  y  su 
hijo  Sargón  II  tomó  a  Samarla,  aprisionó  a  su  rey  Oseas,  anexó  todo 
el  país  y  deportó  a  27.290  de  sus  habitantes,  según  asi  lo  manifiesta 
en  una  de  sus  inscripciones,  que  han  llegado  a  nosotros.  En  II  Rey.  17, 
6  se  dice  que  esos  deportados  fueron  ¡levados  a  Asiría,  e  instalados  en 
Halah,  a  orillas  del  Habor,  el  río  de  Gozán,  y  en  las  ciudades  de  Media. 
Halah  y  Gozán  eran  dos  comarcas  de  la  Alta  Mesopotamia,  vecinas  de 


(IJ  "lyyon,  hoy  ^ell  Dibbin;  Abel-bet-Maaca,  hoy  tell  Abil  (I  Rey.  15,  20); 
Kedech  o  Cades,  hoy  Kedés,  al  N.  O.  del  lago  Hulé  (Jos.  12,  22)  ;  Hazor,  al  O. 
del  mismo  lago  (Jos.  11,  1;  I  Rey.  9,  15)".  L.  B.  d.  C. 


LAS  DEPORTACIONES 


55 


Harrán  2255,  n).  El  río  Habor  (actualmente  el  Habur),  el  Cha- 
bolas de  los  griegos,  es  un  afluente  de  la  izquierda  del  Eufrates.  "Un 
siglo  más  tarde,  expresa  L.  B.  d.  C,  subsistían  aún  en  las  regiones  de 
Halah  y  de  Kannú  descendientes  de  esos  israelitas  deportados,  porque 
en  los  contratos  allí  encontrados,  se  presentan  en  gran  número  nombres 
liebreos,  como  Sauli  (Saúl).  Pecah,  Amrairi,  Nabot,  y  hasta  nombres 
leóforos  que  contienen  el  nombre  de  Yahvé,  como  Nedabyahú.  Eliyyahú, 
Neriyyahú  (§  355,  n).  Esos  desterrados  conservaron  indudablemente 
durante  algún  tiempo  el  recuerdo  de  sus  orígenes,  porque  los  profetas 
judaítas  del  siglo  VI,  Jeremías  y  Ezequiel.  esperan  todavía  su  retorno 
a  Palestina.  Más  tarde  se  pierden  sus  huellas,  pues  debieron  fundirse 
con  la  masa  pagana.  Vanamente  se  ha  creído  poder  señalar  pruebas  de 
su  paso  en  las  regiones  más  variadas  del  globo,  entre  ellas,  América". 
—  Además  de  esos  datos  bíblicos  concretos,  debe  haber  habido  una 
gran  deportación  de  judaítas  por  los  años  702-701,  pues  Sennaquerib, 
en  documentos  que  ha  dejado,  se  jacta  de  haber  llevado  como  botín 
de  su  campaña  en  Judá,  más  de  20().000  personas,  entre  grandes  y  chi- 
cos (Causse.  Les  Disperses,  p.  15,- n.  2;  §  2925). 

3745.  Si  los  deportados  por  Tiglat  Pileser  en  734  y  por  Sargón 
en  722,  desaparecieron  para  siempre  como  pueblo  israelita,  en  cambio 
permanecieron  en  el  territorio  de  Eíraim,  — llamado  en  adelante  Sama- 
ría, siendo  por  lo  tanto  sus  habitantes,  samaritanos — ,  gran  cantidad 
de  los  antiguos  moradores,  ya  que  los  llevados  a  Asiría  por  el  último 
monarca  referido,  sólo  alcanzaron  a  27.290,  aunaue  indudablemente  fue- 
ron de  lo  más  selecto  o  principal  de  la  población,  (1)  porque  la  polí- 
tica de  los  vencedores  fue  la  de  decapitar,  por  decirlo  así,  a  las  naciones 
vencidas,  para  evitar  nuevas  sublevaciones.  La  parte  inferior,  o  menos 
importante  de  dicha  población,  quedó  en  el  país,  y  se  fusionó  con  los 
colonos  asirios,  babilonios  o  de  otras  regiones  que  mandaron  allí  Sar- 
gón, Asarhaddon  (681-669)  y  Asurbanipal  (669-626),  según  los  datos 
que  nos  da  Esdras  4,  2,  10;  pero  su  religión  era  un  curioso  sincretismo, 
como  el  que  profesaban  los  judíos  de  Elefantina  (§  622-623,  628), 
dado  que  adoraban  simultáneamente  a  Yahvé  y  a  los  dioses  babilónicos 
(§  616).  Cuando  Asiría  estaba  en  plena  decadencia  y  próxima  a  su 
total  ruina,  parece  que  .Tosías  extendió  sus  dominios  al  territorio  efrai- 
mítico,  y  trató  de  implantar  allí  algunas  de  sus  reformas  religiosas 
(§  3216).  Después  del  desastre  del  586,  un  grupo  de  80«peregrinos  del 
antiguo  reino  del  Norte,  vinieron  a  ofrecer  oblaciones  sobre  las  ruinas 
del  Templo,  jjrueba  de  que  consideraban  a  Jerusalén  cómo  su  metró- 
poli religiosa  (§  3585).  El  pequeño  grupo  de  samaritanos  que  subsis- 


tí) Los  Anales  ríe  Sargón  mencionan  que  este  monarca,  al  conquistar  a 
Samaría,  deportó  27.290  cíe  sus  habitantes,  no  contándose  probablemente  en  esa 
cifra,  las  mujeres  ni  los  niños  ÍCaiisse.  Les  Disperses,  p.  12,  n.  2). 


56 


LA  MORADA  DE  YAHVE 


ten  aún  hoy  en  un  barrio  de  Naplusa  íNeápolis,  la  antigua  Siquem), 
conservan  la  tora  como  su  libro  santo.  En  cuanto  a  las  varias  deporta- 
ciones de  los  del  reino  de  Judá,  véase  lo  dicho  en  3700. 

3746.  El  sueño  de  Ezequiel  y  el  de  todos  los  judaítas  durante  el 
destierro,  — tan  dulce  es  soñar  lo  que  nos  agrada — ,  consistía  no  sólo 
en  que  Yahvé  juntaría  a  todos  lus  dispersos  de  su  pueblo,  sacándolos 
de  los  países  en  que  se  encontraban,  para  reconstruir  el  Israel  de  la 
vieja  época  de  David,  bajo  un  único  gobierno  y  un  solo  pastor,  sino 
que  además  el  dios  nacional  se  tomaría  el  trabajo  de  transformarlos  en 
perfectos  yahvistas,  pues  dice:  "los  purificaré  y  ellos  serán  mi  pueblo 
y  yo  seré  su  dios"  (  v.  23).  Dicha  obra  sería  tan  perdurable,  que  esos 
neoisraelitas  y  sus  descendientes,  morarían  por  siempre  en  Palestina: 
"y  mi  siervo  David  será  perpetuamente  el  príncipe  de  ellos"  (v.  25), 
o  sea,  siempre  reinará  allí  la  dinastía  davídica.  Y  siguiendo  con  la  in- 
veterada concepción  jurídica  de  que  la  religión  yahvista  descansaba  en 
un  contrato  realizado  por  el  pueblo  con  su  dios  nacional,  se  le  hace 
decir  a  Yahvé:  "Celebraré  con  ellos  una  alianza  de  paz,  una  alianza 
eterna;  pondré  mi  santuario  en  medio  de  ellos  para  siempre;  y  sabrán 
las  naciones  que  yo,  Yahvé,  quiero  que  Israel  sea  santo"  (vs.  26-28). 
Estas  mismas  ideas  (y  hasta  con  las  mismas  palabras)  se  encuentran 
también  en  otras  partes  del  libro  de  Ezequiel,  como  en  34,  23-24;  36, 
24-28,  agregándose  en  este  último  pasaje  que  si  Yahvé  efectúa  la  anun- 
ciada labor,  según  las  palabras  que  se  le  atribuyen:  "No  es  por  causa 
de  vosotros,  casa  de  Israel,  que  yo  voy  a  hacer  esto,  sino  por  el  honor 
de  mi  santo  Nombre  que  habéis  profanado  entre  las  naciones  en  las 
cuales  habéis  estado"  (v.  22;  §  311).  Los  israelitas  para  darse  cuenta 
de  que  eran  él  pueblo  de  Yahvé,  necesitaban  que  este  dios  morara  en 
medio  de  ellos,  y  así  éste,  primero  habitaba  en  el  arca,  y  después,  en 
el  Templo  salomónico.  Por  eso,  al  celebrar  la  nueva  alianza  eterna  con 
ellos,  no  olvida  Yahvé  de  prometerles:  "Pondré  mi  santuario  en  medio 
de  ellos  para  siempre.  Mi  morada  se  alzará  en  medio  de  ellos;  y  yo 
seré  su  dios  y  ellos  serán  mi  pueblo"  ívs.  26-27).  En  la  mente  de  Eze- 
quiel ese  santuario  es  el  que  más  adelante  describe  en  los  caps.  40-48, 
al  cual  entró  Yahvé  por  la  puerta  oriental  del  mismo  (43,  4).  No  sor- 
prenderá, pues,  que  en  el  edicto  de  Ciro,  por  el  que  se  permitía  a  los 
judíos  de  Babilonia  el  regresar  a  su  antigua  patria,  se  dijera  que  po- 
drían volver  »  Judá  y  construir  allí  el  templo  del  "dios  que  reside  en 
Jerusalén"  íEsd.  1,  3-4).  En  cuanto  a  la  frase  de  Yahvé:  "Quiero  que 
Israel  sea  santo"  (o  Yo  santifico  a  Israel),  significa,  según  L.  B.  d.  C: 
"Yo  lo  pongo  aparte,  queriendo  que  este  pueblo,  con  todo  lo  que  le 
pertenece,  sea  tenido  como  sagrado,  inviolable,  por  las  otras  naciones. 
Esa  es  una  de  las  expresiones  comunes  a  Ezequiel  y  al  código  de  San- 
tidad (cf.  Lev.  20.  8;  21,  S)".  Pero  esos  sueños  dorados,  provenientes 
de  la  fe  yahvista  de  los  profetas  exilíeos  y  de  los  del  final  del  siglo  VII, 


UNION  DE  ISRAEL  CON  JUDA 


57 


no  tuvieron  más  consistencia  que  los  verdaderos  sueños,  producto  de 
la  imaginación  del  que  duerme,  a  los  que  la  cruda  realidad  se  encargó 
de  desvanecer  y  desmentir.  En  efecto,  ni  los  dispersos  de  Israel  retor- 
naron a  su  patria;  ni  se  unieron  con  los  desterrados  de  Judá;  ni  estos 
últimos,  al  regresar  a  sus  perdidos  lares  después  de  más  de  medio  siglo 
de  cautiverio,  formaron  gobierno  propio,  sino  que  vivieron  bajo  el  yugo 
persa;  ni  los  de  la  restauración  constituyeron  nunca  un  pueblo  de  san- 
tos, pues  salvo  que  no  reincidieron  en  la  idolatría,  continuaron  siendo 
los  mismos  de  antes  de  la  deportación.  Lo  más  curioso  es  que  los  judaí- 
tas.  que  regresaron  a  su  país,  no  quisieron  unirse  — a  pesar  de  los  dos 
palos  del  último  acto  simbólico  de  Ezequiel —  pon  los  que  habían  que- 
dado del  antiguo  reino  del  Norte,  denominados  entonces  samaritanos 
(§  3745)  y  hasta  se  opusieron  a  que  éstos  los  ayudaran  a  construir  el 
nuevo  templo  de  Jerusalén  — no  obstante  que  adoraban  y  ofrecían  sa- 
crificios a  Yahvé  (Esd.  4,  2-3), —  quizá  porque  se  habían  fusionado 
con  los  colonos  asiro-babilonios  mencionados  en  los  dos  párrafos  ante- 
riores. Olvidaron  en  efecto,  que  los  antiguos  israelitas  no  constituían 
una  raza  pura  fcomo  se  puede  asegurar  que  casi  no  hay  ninguna  en  el 
mundo  que  hava  dejado  de  mezclarse  con  otras  vecinas),  sino  que  eran 
un  pueblo  producto  de  la  unión  de  los  "nómades  del  desierto  con  las 
poblaciones  indígenas  que  encontraron  cuando  se  fueron  paulatinamente 
introduciendo  en  el  país  de  Canaán  (  Jue.  3.  5,  6;  >i  325,  421,  3290  n, 
3310).  Lo  único  que  puede  asegurarse,  guardando  cierta  relación  con 
el  acto  simbólico  de  la  unión  de  los  dos  palos,  Judá  y  Efraím,  es  que 
después  del  destierro,  la  Judea  con  el  territorio  del  antiguo  reino  del 
Norte,  Samaría  o  Galilea,  formó  un  distrito  de  la  gran  satrapía  del  im- 
perio de  los  persas,  llamada  por  éstos  "de  más  allá  del  río",  que  com- 
prendía las  regiones  al  O.  del  Éufrates:  Siria,  Palestina,  etc.,  y  a  la 
que  L.  B.  d.  C.  denomina  en  su  traducción,  Transeuf rutena  (Esd.  4, 
10;  5,  3).  Valera  traduce  bien  esa  frase  por  "de  la  otra  parte  del  río"; 
en  cambio  la  Versión  Moderna  trae:  "más  acá  o  de  la  parte  acá  del  río". 

3747.  Ante  el  rotundo  desmentido  de  los  hechos,  y  como  no  era 
del  caso  dejar  mal  parada  la  infalibilidad  del  libro  sagrado,  la  ortodo- 
xia extiende  el  sentido  de  los  textos,  y  declara  que  "esta  profecía  se 
refiere  al  restablecimiento  final  de  la  unidad  nacional  en  los  tiempos 
del  Mesías"  (L.  B.  A.).  De  modo  que  el  David,  rey  y  pastor  de  los 
neo-israelitas,  (v.  24-25),  será  el  Mesías,  cuyo  gobierno  durará  perpe- 
tuamente. Veamos  cómo  nos  explica  este  pasaje  que  estudiamos,  el  obis- 
po Scío.  Anotando  el  v.  10,  dice:  "Y  las  reuniré  (a  las  tribus  de  Israel) 
con  Judá,  y  haré  de  todas  un  solo  reino.  Recogeré  y  congregaré  todos 
mis  escogidos  de  cualquier  nación  que  sean,  en  un  mismo  cuerpo  mís- 
tico, anulando  por  la  cruz  de  Jesucristo  las  divisiones  y  enemistades  de 
las  naciones,  como  eran  las  que  mantenían  entre  sí  las  de  Judá  y  de 
las  diez  tribus,  que  frecuentemente  ponen  los  profetas  como  figura  de 


58  CITAS  BIBLICAS  EXPLICADAS 

la  división  de  los  judíos  y  de  los  gentiles  (Is.  11,  13;  Efes.  2,  14-16; 
Col.  3,  11).  —  V.  22  Todos  no  tendrán  sino  un  solo  rey:  el  Mesías.  - — 
V.  24  Mi  siervo  David  será  rey  sobre  ellos:  Jesucristo,  hijo  de  David  se- 
gún la  carne,  es  el  David  que  aquí  se  promete.  —  V.  25  Morarán  en  el 
país  (o  sobre  la  lierra)  que  di  a  mi  siervo  Jacob:  Esta' tierra  es  la  Iglesia 
católica.  —  V.  26  Pondré  mi  santuario  en  medio  de  ellos  para  siempre: 
Yo  estaré  presente  con  mi  gracia,  palabra  y  espíritu  en  sus  corazones,  y 
en  todos  los  lugares  en  donde  se  juntaren  en  mi  nombre.  De  esta  pre- 
sencia espiritual  fueron  señales  y  prendas  el  tabernáculo  y  el  santuario 
fl  Cor.  3,  16:  II  Cor.  6,  16:  Efes.  2,  21-22:  Apoc.  21,  3)".  Nótese  cuán 
traída  por  los  cabellos  es  esta  clase  de  exégesis.  Téngase  presente  que 
los  profetas  que  albergaron  esperanzas  mesiánicas,  nunca  pensaron  en 
un  Mesías  como  el  creado  por  el  cristianismo  f§  3184).  Suponer  que  el 
David  fo  descendiente  de  David)  que,  según  Ezequiel,  reinaría  sobre 
el  nuevo  pueblo  santo  constituido  por  la  unión  de  las  dos  ramas  de 
Israel,  por  tantos  siglos  separadas,  que  ese  personaje  fuera  el  Mesías 
cristiano,  es  absurdo:  W  porque  según  las  dos  genealogías  inventadas 
para  comprobar  que  Jesús  era  descendiente  de  aquel  célebre  rey,  una 
llega  al  carpintero  José  íMat.  1,  16)  y  la  otra  parte  de  él  (Luc.  3, 
2.3),  y  tanto  los  evangelistas  como  los  demás  escritores  cristianos  están 
de  acuerdo  en  que  José  no  fue  el  padre  natural,  sino  sólo  putativo  de 
aquél;  y  2?  que  de  haberse  referido  el  pasaje  al  Mesías  cristiano,  no 
se  habría  cumplido  dicha  profecía,  pues  Jesús  fue  rechazado  por  su 
pueblo,  y  sólo  fue  declarado  irrisoriamente  "Rey  de  los  judíos"  por 
los  soldados  que  le  pusieron  una  corona  de  espinas  y  lo  condujeron  al 
Calvario  (Mat.  27,  29).  De  modo  que  Jesús  ni  fue  "hijo  de  David, 
según  la  carne",  como  quiere  Scío,  ni  fue  rey,  ni  siquiera  aspiró  a  go- 
bernar a  su  nación. 

3748.  Ahora  con  respecto  a  las  citas  bíblicas  indicadas  por  Scío, 
diremos:  19  sobre  la  de  Is.  11,  7.3,  que  se  refiere  al  Mesías  judío,  véase 
lo  dicho  en  §  2977-2979.  —  2?  En  Efes.  2,  14-16,  Pablo  considera  que  los 
judíos  y  los  gentiles  o  paganos  son  dos  pueblos  distintos,  de  los  cuales 
el  Cristo  ha  hecho  uno  solo  por  su  sacrificio  en  la  cruz,  abatiendo  la 
enemistad  que  reinaba  entre  ellos,  que  era  el  muro  que  los  separaba. 
Esa  enemistad  provenía  de  que  los  judíos,  en  su  particularismo,  menos- 
preciaban orguUosamente  a  los  paganos,  mientras  que  éstos  a  su  vez 
se  burlaban  de  aquéllos  por  su  fe,  la  circuncisión  y  sus  ceremonias  reli- 
giosas. Ahora  como  Cristo  por  su  sacrificio  ha  abolido  la  legislación 
llamada  mosaica,  ha  venido  a  liberar  a  los  judíos  de  la  servidumbre  de 
sus  preceptos,  que  los  obligaban  a  ser  un  pueblo  separado  de  los  demás, 
de  modo  que  muertos  a  la  ley,  podrán  en  adelante  vivir  de  la  nueva 
existencia  del  espíritu  cristiano  (Rom.  7,  1-6) .  Como  se  ve,  esto  nada 
tiene  que  ver  con  lo  que  pretendía  enseñar  Ezequiel,  en  su  alegoría  de 
la  unión  de  los  dos  palos  en  una  mano.  —  3°  En  el  cap.  3  de  su  Epístola 


CITAS  BIBLICAS  EXPLICADAS 


59 


a  los  Colosenses,  los  exliorta  Pablo  a  una  vida  nueva  en  Cristo,  aban- 
donando sus  malas  pasiones  y  vicios,  entrando  en  posesión  de  la  vida 
regenerada  en  la  cual  no  existen  ya  diferencias  de  nacionalidades,  ni 
de  religiones,  ni  de  posiciones  sociales,  pues  para  el  cristiano  "no  hay 
griego  y  judío,  circunciso  e  incircunciso,  bárbaro,  escita,  esclavo  o  libre, 
sino  que  Cristo  es  lodo  en  todos"  (v.  11).  Los  verdaderos  cristianos  son 
perfectamente  iguales  ante  Dios,  al  eliminarse  las  barreras  alzadas  entre 
ellos  por  los  prejuicios  sociales  de  toda  índole.  Tampoco  encontrará 
el  lector  en  esto  ninguna  relación  con  Ez.  37,  15-28.  —  4*?  Para  com- 
prender bien  las  citas  que  hace  Scío  de  la  Epístola  a  los  Corintios,  debe- 
mos comenzar  por  recordar  que  el  escritor  que  agregó  elementos  propios 
al  Código  de  Santidad,  antes  de  que  éste  se  incluyera  en  el  actual  libro 
El  Levítico,  — adiciones  de  las  cuales  forma  parte  casi  todo  el  cap.  26 
de  dicho  libro — ,  se  inspiró  en  Ez.  37,  26-28  para  escribir  los  vs.  9, 
11-12  de  aquel  cap.  diciendo  así  estos  dos  últimos  vs.  que  se  ponen  en 
boca  de  Yahvé:  "Yo  estableceré  mi  morada  (o  habitación)  entre  vos- 
otros, y  mi  alma  no  os  abominará.  Viviré  (o  andaré)  en  medio  de 
vosotros,  y  seré  vuestro  dios  y  vosotros  seréis  mi  pueblo".  De  acuerdo 
con  esto,  Ya^vé  continuará  viviendo  en  Jerusalén  donde  como  antes, 
establecerá  su  habitación.  Ahora  bien,  Pablo,  dándole  un  sentido  mís- 
tico a  la  morada  del  dios  nacional  judío,  y  utilizando  los  citados  textos, 
escribe  en  I  Cor.  que  él,  como  sabio  arquitecto,  ha  puesto  a  Cristo  por 
fundamento  de  la  Iglesia,  sobre  el  cual  debe  cuidar  cada  uno  cómo 
edifica.  Y  agrega:  "'¿No  sabéis  que  sois  el  templo  de  Dios,  y  que  el 
espíritu  de  Dios  habita  en  vosotros?"  (3,  16;  la  misma  idea  se  expresa 
en  Efes.  2,  21-22).  Y  en  su  segunda  epístola  a  la  misma  iglesia,  después 
de  recomendarles  que  no  se  unan  con  los  infieles  ( estableciendo  así  un 
muro  de  separación,  en  contra  de  lo  manifestado  a  los  efesios,  según 
vimos  anteriormente)  les  dice:  "¿Qué  conformidad  (o  avenencia)  hay 
I  entre  Cristo  y  Belial?  ¿o  qué  parte  tiene  el  creyente  con  el  incrédulo? 
¿Y  qué  acuerdo  tiene  el  templo  de  Dios  con  los  ídolos?  Porque  vosotros 
sois  el  templo  del  Dios  vivo,  como  Dios  lo  ha  dicho:  Yo  habitaré  en 
medio  de  ellos  y  andaré  allí;  y  yo  seré  su  dios,  y  ellos  serán  mi  pueblo" 
(6,  16).  Tenemos,  pues,  que  según  la  imaginación  rabínica  de  Pablo, 
que  interpreta  alegóricamente  los  textos  de  la  Biblia  hebrea  para  fun- 
damentar su  propia  doctrina,  — de  lo  que  ya  hemos  encontrado  curiosos 
ejemplos  (§  2660-2661) — ,  resulta  que  el  santuario  o  templo  donde  pro- 
metía habitar  eternamente  en  Jerusalén  el  dios  israelita,  es  el  cuerpo 
de  cada  cristiano  en  el  cual  habita  una  fracción  del  espíritu  del  Dios 
universal,  y  decimos  una  fracción  de  ese  espíritu,  porque  si  todo  él 
morara  en  un  solo  cristiano,  ¿qué  quedaría  para  los  demás?  Para  el 
apóstol,  manifiesta  el  comentarista  protestante  L.  Bonnet,  en  nota  a 
Efes.  2,  20,  "el  templo  de  Jerusalén  era  figura  o  símbolo  de  lo  que  la 
Iglesia  del  Dios  vivo  debía  ser  en  realidad".  Y  5'='  La  última  cita  de 


60 


EL  SIMBOLISMO  UE  EZEQUIEL 


Scío  es  la  de  Apoc.  21,  3,  en  la  que  el  visionario  de  Palmos  expone 
que  vió  descender  del  cielo  la  nueva  Jerusalén  y  oyó  una  voz  que 
decía:  "He  aquí  el  tabernáculo  de  Dios  entre  los  hombres;  él  habita- 
rá con  ellos,  y  ellos  serán  su  pueblo;  y  el  mismo  Dios  estará  con  ellos". 
Se  trata  del  descenso  de  la  Jerusalén  celestial,  cuya  idea,  como  dice 
Loisy,  "existía  anteriormente  en  la  apocalíptica  judía.  Se  creía  que  las 
descripciones  más  o  menos  ideales  de  la  Jerusalén  futura  en  Ezequiel 
40  al  48,  Isaías  (54,  11-14;  60),  Aggeo  (2,  7-9)  y  Zacarías  (2,  6-17), 
se  referían  a  una  Jerusalén  típica,  que  existía  en  el  cielo,  como  los 
modelos  del  tabernáculo  mosaico  y  de  sus  accesorios,  y  que  debían  apa- 
recer sobre  la  tierra  en  el  último  día;  habiéndola  visto  Adán,  Abraham, 
Moisés  (Apoc.  de  Baruc,  4)  y  Esdras  (IV  Esd.  10,  44-59).  Es  posible 
que  la  idea  haya  tomado  consistencia  después  de  la  destrucción  de  Jeru- 
salén en  el  año  70;  pero  ya  antes  el  cristianismo  se  la  había  apropiado, 
porque  Pablo  (Gál.  4,  25-^6 1  habla  de  la  Jerusalén  de  lo  alto,  verda- 
dera patria  de  los  creyentes,  y  el  autor  de  la  Epístola  a  los  Hebreos 
(12,  22)  proclama  también  que  los  cristianos  tienen  acceso  a  la  Jeru- 
salén celestial,  ciudad  del  Dios  vivo"  (¿'  Apoc,  de  Jean,  ps.  364-365). 
Pero  como  en  dicha  ciudad  celeste  no  hay  templo  (Apoc.  21,  22),  ella 
es  designada  con  la  expresión  el  tabernáculo  de  Dios,  ya  que  éste  habi- 
tará allí  entre  ellos.  De  manera  que  ese  pasaje  viene  a  concordar  con 
el  de  Ezequiel,  con  esta  diferencia,  que  el  profeta  se  refiere  a  su  dios 
que  habitará  en  el  nuevo  santuario  material  de  la  Jerusalén  a  recons- 
truir, mientras  que  el  otro  visionario  habla  de  una  imaginaria  Jerusalén 
celeste,  donde  morará  el  dios  universal  de  los  cristianos.  Fácil  es  com- 
prender que  todas  estas  disquisiciones  teológicas  no  guardan  relación 
alguna  con  la  unión  definitiva  de  las  dos  ramas  de  Israel,  que  preten- 
día simbolizar  nuestro  profeta. 

3748  bis.  Y  para  terminar  con  este  capítulo  sobre  los  actos  sim- 
bólicos de  Ezequiel,  recordaremos  que  Causse,  en  su  libro  Les  Disper- 
ses d'  Israel,  al  hablar  de  los  signos  de  decadencia  de  la  literatura  he- 
brea, durante  el  exilio,  señala  que  "en  lugar  del  vigoroso  realismo  de 
los  escritores  de  la  época  clásica,  ofrecía  un  simbolismo  cada  vez  más 
desmesurado".  Y  agrega:  "Este  último  defecto  es  ya  muy  sensible  en 
Ezequiel.  Desde  la  teofanía  del  cap.  1,  vemos  como  la  imaginación  del 
profeta,  poco  capaz  de  representarse  la  naturaleza  bajo  sus  formas  armo- 
niosas y  sus  contornos  definidos,  tiende  a  substituir  la  realidad  viva 
por  el  símbolo  tradicional:  monstruos  de  aspecto  animal  y  humano, 
formas  barrocas  fuera  de  las  condiciones  de  toda  plástica,  un  cielo  que 
no  tiene  más  de  común  con  el  cielo  visible  que  el  centelleo  de  una  luz 
metálica,  ruedas  de  fuego  rodando  en  el  espacio,  un  firmamento  seme- 
jante a  cristal  deslumbrador.  Este  es  por  otra  parte  uno  de  los  rasgos 
característicos  de  la  sensibilidad  hebrea  (y  también  de  la  sensibilidad 
semítica  y  oriental  en  general  I  de  impresionarse  por  las  bruscas  alter- 


EL  SIMBOLISMO  DE  EZEQUIEL 


61 


nativas  de  sombra  y  de  luz.  el  brillo  de  los  astros  parecido  a  carbones 
ardientes,  o  a  la  refulgencia  de  cristales  y  gemas,  y  no  observar  los 
matices  finos  y  delicados,  los  suaves  colores  y  los  tonos  infinitamente 
variados  y  mudables  de  la  naturaleza  viviente.  Ezequiel  se  inspiró  ma- 
nifiestamente en  motivos  simbólicos  que  abundaban  en  la  decoración  de 
los  palacios  y  de  los  templos  de  Caldea:  leones  guardianes  de  las  puer- 
tas, genios  de  cuerpo  de  hombre  y  de  toro,  &.  Sufrió  también  la  influen- 
cia de  las  concepciones  de  la  mitologia  astral  y  de  las  especulaciones 
babilónicas  sobre  las  siete  divinidades  planetarias,  los  signos  del  zodíaco 
y  los  cuatro  extremos  del  cielo.  Por  el  contrario,  puede  preguntarse  si 
alguna  vez  miró  la  naturaleza  que  le  rodeaba,  las  extensas  llanuras  re- 
gadas con  sus  campos  de  trigo  que  maduraban  bajo  el  grandioso  sol, 
y  los  sauces  a  orillas  de  los  ríos...  Y,  por  otra  parte,  cuando  habla 
de  la  tierra  ancestral,  de  las  montañas  de  Israel,  en  las  que  Yahvé  res- 
tablecerá a  los  dispersos,  o  cuando  describe  el  río  que  sale  del  templo 
y  que  va  a  echarse  en  el  mar  vde  la  llanura,  la  visión  del  profeta  no 
corresponde  a  ninguna  realidad  precisa,  tenemos  solamente  aquí  varia- 
ciones sobre  el  tema  paradisíaco  de  la  escatología  tradicional:  y  encon- 
tramos el  mismo  tema  en  descripción  de  la  montaña  de  los  elohim,  del 
jardín  de  los  elohim  en  el  cap.  28.  Pero  aquí  la  representación  de  la 
naturaleza  tiende  a  condensarse,  a  cristalizarse,  por  decirlo  así,  pues 
ya  no  es  cuestión  de  árboles  y  fuentes  del  paraíso,  sino  tan  sólo  del 
brillo  de  piedras  preciosas,  del  zafiro,  ónix,  diamantes  y  oro.  .  .  Son 
éstas  ya  las  tendencias  características  del  género  apocalíptico,  que  en 
los  siglos  siguientes  reemplazará  a  la  profecía.  Para  el  vidente  el  sím- 
bolo es  todo,  él  vive  verdaderamente  fuera  de  las  condiciones  de  la 
naturaleza,  como  fuera  de  las  condiciones  de  la  historia;  su  alma  se 
exalta  en  un  mundo  de  utopía  y  de  milagro,  y  lo  que  aparece  aún  a 
los  ojos  de  la  carne  no  tiene  realmente  interés  para  él.  sino  como  signo 
de  las  cosas  nuevas  que  deben  venir.  A  pesar  de  todo,  Ezequiel  es  poeta, 
y  en  sus  imaginaciones  apocalípticas,  a  despecho  de  cierta  monotonía 
y  de  lo  convencional  de  la  forma,  quedan  siempre  páginas  de  poderosa 
belleza"  (ps.  107-108). 


CAPITULO  III 


La  visión  de  la  idolatría  en  el  templo 
y  páginas  conexas 

TRANSPORTE  DEL  PROFETA  A  JERUSALEN.  —  3749.  Tres  son  las 
grandes  visiones  que  tuvo  Ezequiel:  la  primera  narrada  en  los  caps.  1-3, 
de  la  que  ya  nos  hemos  ocupado  (¡i  3705-3725);  la  segunda  detalla 
los  cultos  idolátricos,  que  se  celebraban  en  el  edificio  del  Templo  jero- 
solimitano  (caps,  o  a  11),  que  trataremos  ahora:  y  la  tercera  es  la 
mencionada  al  fin  del  libro  (caps.  40  al  48).  Comienza  el  profeta  su 
segunda  citada  visión,  describiendo  cómo  fue  transportado  a  Jerusalén, 
y  dice  así:  "8.  1  El  sexto  año,  en  e¡  quinto  mes,  el  cinco  del  mes,  yo 
estaba  sentado  en  mi  casa  y  los  ancianos  de  Judá  estaban  sentados  de- 
lante de  mí,  cuando  la  mano  del  Señor  Yalivé  cayó  sobre  mí.  Con  esta 
última  expresión  quería  significar  que  entraba  en  éxtasis,  según  ya  lo 
hemos  dicho  (§  3707).  2  Miré  y  vi  una  aparición  con  forma  humana; 
desde  lo  que  parecía  ser  sus  ríñones  hasta  abajo,  era  fuef>;o,  y  desde  los 
ríñones  para  arriba  algo  semejante  a  la  plata  sobredorada  (o  al  bronce 
bruñido,  %  3711,  1,  27).  3  Y  extendió  una  forma  de  mano  y  me  agarró 
por  un  mechón  de  mi  cabellera;  me  elevó  el  espíritu  entre  cielo  y  tierra 
y  me  llevó  a  Jerusalén,  en  una  visión  divina,  a  la  entrada  de  la  puerta 
del  patio  interior,  que  mira  al  Norte,  donde  está  el  asiento  del  ídolo 
de  los  celos.  4  Allí  apercibí  la  gloria  de  Yahvé,  dios  de  Israel,  tal  como 
me  había  aparecido  en  el  valle. 

3750.  En  8,  1  hemos  puesto  "el  quinto  mes",  en  lugar  del  "sexto 
mes",  siguiendo  a  la  versión  de  los  LXX,  en  contra  del  T.  M.  al  que 
siguen  ciegamente  las  Biblias  usuales.  Los  masoretas  cambiaron  quinto 
por  sexto,  como  explica  L.  B.  d.  C,  "a  fin  de  poner  entre  esta  AÍsión 
y  la  del  Valle  (3,  22-27)  un  tiempo  suficiente  para  que  Ezequiel  pudiese 
quedar  390  días  inmóvil  (4,  5,  según  ellos),  mientras  que  de  acuerdo 
con  la  variante  primitiva  (la  de  los  LXX),  él  no  quedó  sin  movimiento 
sino  190  días"  ( >;  3734).  Por  eso  anotando  Scío  dicho  v.  1  de  la  Vul- 
gata,  igual  al  T.  M.,  dice  que  eso  ocurrió  "en  el  mes  de  elul,  que  en 
parte  corresponde  a  nuestro  agosto.  Entre  esta  visión  v  la  primera  que 


TRANSPORTES  DE  VISIONARIOS 


63 


se  refiere  en  el  cap.  1,  Jiicrliaron  catorce  meses;  y  así  ésta  aconteció 
después  que  hubo  concluido  el  tiempo  que  le  mandó  Dios  estar  recos- 
tado sobre  los  dos  lados".  Parece  que  la  casa  de  Ezequiel  era  el  punto 
de  reunión  de  los  ancianos  y  personas  más  destacadas  de  la  colonia  de 
Tell  Abib,  en  donde  se  congregaban  probablemente  para  hablar  de  la 
perdida  patria,  o  transmitirse  las  noticias  que  de  ella  hubieran  tenido, 
o  para  proponerle  al  inspirado  cuestiones  religiosas,  o  para  escuchar 
sus  oráculos  o  la  narración  de  sus  visiones,  o  simplemente  para  oírlo 
cantar  o  tocar  la  música  3703;  8,  i;  14,  7;  20,  7;  etc.j.  La  descrip- 
ción de  Yahvé  en  el  v.  2  concuerda  con  la  hecha  anteriormente  en  el 
cap.  1,  27  (§  3711).  Luego  la  mano  del  dios  lo  agarra  a  Ezequiel  por 
un  mechón  de  sus  cabellos,  y  alzándolo  lo  llevó  así  a  Jerusalén,  de  donde 
distaba  unos  1.300  kms.  Tanto  Scío  como  L.  B.  A.  se  apresuran  a  ma- 
nifestar que  esto  no  ocurrió  en  la  realidad,  y  así  el  primero  expresa 
que  "todo  esto  pasó  en  visión  mental  o  imaginaria,  y  no  real  ni  cor- 
poralmente";  pero  observa  L.  B. 
d.  C.  que  "se  creía  que  en  los 
éxtasis,  el  inspirado  era  transpor- 
tado, como  aquí,  con  su  cuerpo  o 
sin  él,  al  lugar  o  a  la  época  que 
debía  observar  (cf.  II  Rey.  5,  26; 
Is.  21,  6-10,  i  2992  bis;  II  Cor. 
12,  2-4 ) ,  o  bien  ve  presentarse  a 
las  miradas  de  su  espíritu  las 
realidades  invisibles  al  común  de 
los  mortales  (Núm.  24,  4-76,-  II 
Rey.  6,  77,  etc.)".  Recuérdese 
que  este  pasaje  que  nos  refiere 
la  curiosa  manera  de  transpor- 
tarse Ezequiel  a  Jerusalén,  fue 
imitado  mucho  más  tarde  por 
el  autor  del  cuento  de  Bel  y  el 
Dragón,  que  figura  en  Dan.  14, 
32-38,  haciendo  viajar  de  igual 
modo,  — aunque  no  en  visión — 
al  profeta  Habacuc  (§  3662). 
Según  el  final  del  v.  3,  el  trans- 
portador dejó  a  Ezequiel  "a  la  entrada  de  la  puerta  del  patio  interior, 
que  mira  al  Norte,  donde  está  el  asiento  del  ídolo  de  los  celos".  Basán- 
dose en  que  el  manuscrito  Vaiicanus  de  la  versión  de  los  LXX  no  con- 
tiene las  palabras  "del  patio  interior",  entiende  L.  B.  d.  C.  que  quizá  se 
trate  de  la  puerta  Norte  del  patio  exterior,  de  modo  que  el  ídolo  que  se 
menciona,  se  hallaría  fuera  del  recinto  que  rodeaba  el  Templo  y  cons- 
trucciones palaciegas  (véase  la  fig.  3  del  tomo  IV  y  la  adjunta  fig.  7). 


Fig.  7.  —  Plano  del  templo  de  Jerusalén 
y  de  sus  patios.  Ver  explicación  de  esta 
figura  en  Indice  de  Grabados. 


64 


IDOLATRIA  EN  EL  TEMPLO 


EL  CULTO  IDOLATRICO.  —  3751.  8,  5  El  me  dijo:  "Hijo  de  hom- 
bre, alza  los  ojos  hacia  el  Norte".  Alcé  los  ojos  y  vi  al  Norte  de  la 
puerta,  el  altar  de  este  ídolo  de  los  celos,  a  la  entrada.  6  Y  él  rne  dijo: 
"Hijo  de  hombre,  ¿ves  lo  que  hacen  esas  gentes,  las  graves  impiedades 
que  la  casa  de  Israel  comete  en  ese  lugar  para  obligarme  a  que  me  aleje 
de  mi  santuario?  Y  todavía  vas  a  ver  otras  graves  impiedades".  7  En- 
tonces me  llevó  a  la  entrada  del  patio  (exterior,  letra  G  del  plano  de 
la  fig.  7)  y  vi  un  agujero  en  la  pared.  8  Y  me  dijo:  "Agujerea  la  pa- 
red". Y  yo  abrí  un  agujero  en  el  muro  (o  rompí  la  pared),  y  percibí 
entonces  una  puerta.  9  Me  dijo:  "Entra  y  mira  las  impiedades  crimi- 
nales i  o  las  malvadas  abominaciones)  que  se  cometen  en  este  lugar. 
10  Entré,  pues,  y  miré,  y  vi  toda  clase  de  imágenes  de  reptiles  y  de 
cuadrúpedos  {o  y  de  animales  inmundos)  y  todos  los  ídolos  de  la  casa 
de  Israel  grabados  (o  dibujados)  a  todo  alrededor  del  muro.  11  Y  de- 
lante de  ellas  estaban  de  pie  setenta  ancianos  de  la  casa  de  Israel,  entre 
los  cuales  se  encontraba  Y aazanyahu  (o  Jaazanías)  hijo  de  Safán 
(§  3207)  cada  uno  con  su  incensario  en  la  mano,  de  donde  se  elevaba 
el  perfume  del  incienso.  12  Entonces  me  dijo:  "¿Has  visto,  hijo  de 
hombre,  lo  que  hacen  en  la  oscuridad  los  ancianos  de  la  casa  de  Israel, 
eligiendo  cada  uno  su  ídolo  (T.  M.  en  las  cámaras  de  su  ídolo),  porque 
se  dicen:  ¡Yahvé  no  nos  ve!  ¡Yahvé  ha  abandonado  el  país!"  13  Des- 
pués me  dijo:  "Vas  a  ver  aún  otras  graves  impiedades  que  cometen". 
14  Me  llevó  a  ta  entrada  de  la  puerta  Norte  de  la  casa  de  Yahvé,  y  allí 
vi  mujeres  sentadas  llorando  a  Tammuz.  15  Y  me  dijo:  "¿Has  visto, 
hijo  de  hombre?  Vas  a  ver  aún  otras  impiedades  más  graves  que  esas". 
16  Me  llevó  entonces  al  patio  interior  de  la  casa  de  Yahvé;  y  vi  a  la 
entrada  del  santuario  de  Yahvé,  entre  el  pórtico  y  el  altar,  unos  veinte 
hombres  (1)  que  dando  la  espalda  al  santuario  de  Yahvé,  y  mirando 
hacia  el  Oriente,  se  postraban  delante  del  sol.  17  Me  dijo:  "¿Has  visto, 
hijo  de  hombre?  ¿No  le  basta  a  la  casa  de  Judá  con  los  ritos  abomi- 
nables observados  aquí,  que  además  llena  el  país  de  violencias,  volviendo 
sin  cesar  a  irritarme?  ¡Helos  allí  que  aplican  el  ramo  (o  ramillete)  a 
sus  narices!  18  Pues  bien,  yo,  por  mi  parte,  obraré  contra  ellos  con  fu- 
ror; no  tendrá  mi  ojo  una  mirada  de  piedad  y  seré  sin  misericordia. 
Podrán  gritar  estentóreamente  en  mis  oídos;  mas  yo  no  los  escucharé" . 

3752.  Siendo  tan  circunstanciado  el  relato  que  nos  da  Ezequiel  de 
las  distintas  manifestaciones  de  los  cultos  extraños  a  Yahvé,  y  dado  el 
hecho  de  que  generalmente  los  profetas,  en  sus  visiones,  reproducen 


(1)  "La  variante  veinte  de  los  LXX  parece  preferible  a  la  de  los  masoretas, 
veinticinco,  porque  se  trata  de  un  número  aproximativo.  La  cifra  25  puede  prove- 
nir de  una  identificación  errónea  de  esos  adoradores  del  sol  con  los  malos  conse- 
jeros del  cap.  11,  V.  1.  Veinte  era  el  número  sagrado  del  dios-sol  entre  los  babi- 
lonios" (L.B.d.C.). 


CliLTOS  IDOLATRICOS 


65 


fielmente  o  más  o  menos  modificadas  las  imágenes  de  las  cosas  que 
han  visto  en  la  vida  diaria,  es  natural  suponer  que  todo  lo  que  nos  des- 
cribe relativo  a  Jerusalén.  es  lo  que  él  mismo  había  tenido  oportunidad 
de  observar  en  el  Templo  y  en  sus  proximidades,  cuando  ejercía  allí  el 
sacerdocio.  No  debe  sorprender  ese  florecimiento  de  tales  cultos  en  la 
propia  capital  de  Judá,  pues  ya  sabemos  que  la  efímera  reforma  de 
Josías  desapareció  con  su  trágica  muerte,  volviendo  a  reinar  el  sincre- 
tismo religioso  de  la  época  de  Manases.  Por  eso  los  escritores  del  libro 
de  Reyes,  al  hablar  de  los  sucesores  de  Josías  repiten  siempre  el  mismo 
estribillo:  ''hicieron  lo  malo  a  los  ojos  de  Yahvé''  (II  Rey.  23,  37;  24, 
9,  19)  ;  y  Jeremías  fustiga  inútilmente  ese  renacimiento  de  cultos  con- 
trarios al  nacional  (7,  17-18;  44 1.  De  esos  cultos,  unos  eran  públicos, 
como  el  de  Tammuz  o  Adonis  (nuestra  Introducción,  §  453-463),  cuyo 
principal  rito  consistía  en  celebrar  duelo  por  la  prematura  muerte  de 
ese  joven  dios  de  la  vegetación  primaveral;  o  el  de  Astarté,  divinidad 
de  los  celos,  de  la  que  luego  hablaremos;  y  otros  cultos  eran  secretos, 
como  el  de  las  divinidades  egipcias  (vs.  10-11),  que  se  celebraban  ocul- 
tamente, quizá  por  temor  a  los  caldeos.  Según  el  v.  72,  los  que  incen- 
saban a  los  ídolos  de  forma  animal  lo  hacían  en  la  creencia  de  que 
Yahvé  había  abandonado  el  país,  razón  por  la  cual  no  podía  verlos. 
Nota  L.  B.  d.  C.  que  "cuando  afectaban  a  un  país  calamidades  graves, 
el  hombre  antiguo  creía  que  sus  dioses  se  habían  ido  (o  que  estaban 
irritados,  agregamos  nosotros)  ;  y  ciertos  judíos  debieron  explicarse  así 
ia  deportación  del  597".  Ya  veremos  que  del  mismo  modo  interpretaba 
Ezequiel  la  catástrofe  del  586  (9,  9;  10,  18-19;  11,  23).  En  cuanto  al 
culto  del  sol  que  practicaban  unos  20  hombres  en  el  patio  interior  del 
Templo,  entre  el  pórtico  y  el  altar  (v.  16),  observa  L.  B.  d.  C.  que  "el 
culto  del  sol  era  común  a  todos  los  pueblos  paganos  de  la  región;  pero 
parece  que  se  había  desarrollado  en  Judá  sobre  todo  bajo  la  influencia 
de  los  asiro-babilonios  (II  Rey.  23,  77;  cf.  II  Rey.  23,  5;  Deut.  4,  79; 
17,  3;  Job,  31,  261.  Quizá  el  dios  solar  era  más  o  menos  identificado 
con  Yahvé,  como  ocurrió  más  tarde  con  los  esenios,  quienes  adoraban 
al  dios  de  Israel,  dirigiéndose  ellos  también  hacia  el  sol  saliente.  Pero 
lo  que  en  este  culto  indignaba  sobre  todo  a  Ezequiel,  era  que  postrados 
hacia  el  Este,  los  adoradores  del  sol  daban  la  espalda  al  santuario  de 
Yahvé,  que  estaba  orientado  hacia  el  Oeste".  Scío,  que  en  el  menor 
detalle  bíblico  cree  ver  alusiones  al  Cristo,  escribe  sobre  el  mencionado 
hecho:  "El  templo  de  los  israelitas  miraba  al  Occidente,  porque  la  ley 
antigua  no  tenía  sino  la  sombra  de  la  verdad:  los  cristianos  miran  al 
Oriente,  porque  Jesucristo  es  el  verdadero  Oriente,  y  la  verdadera  luz 
(Luc.  1,  78;  Zac.  3,  S;  6,  12)".  Estas  citas  de  Zacarías  se  explican, 
porque  la  Vulgata  traduce  por  Oriente,  la  palabra  que  la  mayor  parte 
de  las  Biblias  vierten  por:  vástago.  renuevo,  retoño,  germen  u  otra  por 
el  estilo,  como  en  Is.  4,  2  (§  2881-2882). 


66 


EL  IDOLO  DE  LOS  CELOS 


3753.  Yahvé  se  pone  tan  furioso  por  ese  estado  de- cosas  en  su 
propia  casa  de  Jerusalén,  que  amenaza  con  terribles  castigos  contra  su 
pueblo,  para  el  que  no  tendrá  piedad,  ni  misericordia,  cerrando  de  ante- 
mano sus  oídos  a  sus  clamores,  los  que  por  nada  querrá  escuchar  (v.  78) . 
Uno  de  los  cultos  que  parece  particularmente  lo  indignaba,  era  el  ren- 
dido a  una  imagen  denominada  por  eufemismo  "ídolo  de  los  celos", 
agregando  el  T.  M.  "que  provoca  los  celos  de  Yahvé"  (v.  .3^).  ¿A  qué 
divinidad  representaba  esa  imagen?  Para  poder  dar  una  respuesta  con 
visos  de  verosimilitud  a  tal  pregunta,  conviene  que  nos  remontemos  a 
tiempos  mucho  más  antiguos,  recordando  que  los  viejos  textos  fueron 
tan  retocados  y  recompuestos  sobre  todo  desde  el  destierro,  que  sólo 
es  posible  hacer  conjeturas  sobre  ese  tema  íntimamente  relacionado  con 
el  de  las  imágenes  del  mismo  Yahvé,  a  las  que  se  rendía  culto  por  lo 
menos  hasta  la  aparición  del  Decálogo  deuteronómico,  seguido  poste- 
riormente por  el  idéntico  del  Código  Sacerdotal.  Declara  Mowinckel  que 
"no  sabemos  absolutamente  nada  de  las  instituciones  cultuales  y  de  los 
principios  religiosos  de  la  época  del  desierto.  Las  leyendas  de  Moisés 
fueron  redactadas  demasiados  siglos  después  de  la  época  que  pretenden 
evocar  y  llevan  tan  profundamente  el  sello  de  las  concepciones  y  de  las 
aspiraciones  de  una  época  posterior  que  es  imposible  deducir  de  ellas 
una  conclusión  cierta"  {R.  H.  Ph.  R.,  t"  IX,  p.  202).  Pero  de  los  datos 
dispersos  que  se  encuentran  en  narraciones  de  época  ulterior,  se  pueden 
obtener  conocimientos  plausibles  al  respecto.  Léase,  en  efecto,  detenida- 
mente sobre  esto,  lo  dicho  en  §  2759.  Se  cree  que  al  transformarse  en 
sedentarios,  los  israelitas  representaron  a  su  dios  Yahvé  en  forma  de 
toro,  debido  a  las  influencias  cananeas.  Dussaud,  al  citar  el  texto  de 
Ex.  6.  2  en  el  cual  el  escritor  sacerdotal  ( P )  manifiesta  que  Yahvé  se 
había  aparecido  a  los  patriarcas  con  el  nombre  de  El  Shaddai,  agrega: 
"Si  Shaddai  es  en  verdad  un  vocablo  aplicado  antiguamente  a  Yahvé, 
y  si  se  le  compara  con  el  babilonio  shedú  aplicado  a  los  toros  que  guar- 
dan la  entrada  de  los  palacios,  se  podría  concluir  que  era  un  recuerdo 
de  la  representación  animal  de  Yahvé"  {Les  Origines,  p.  242,  n.  3). 
En  el  arca  hebrea  destinada  a  las  procesiones  cultuales,  — imitada  de 
los  egipcios  por  los  cananeos,  israelitas  y  fenicios, —  había  alguna  re- 
presentación material  del  dios  Yahvé,  o  sea,  un  éfod,  que  se  relacio- 
naba con  el  oráculo  del  mismo  nombre  y  con  las  dos  clases  de  suertes: 
urim  y  tummim  {%  387-392).  La  nota  de  I  Rey.  8,  9  en  la  que  se  dice 
que  en  el  arca  sólo  había  dos  tablas  de  piedra  puestas  allí  por  Moisés 
en  Horeb,  es  del  redactor  deuteronómico,  y  quizá  exprese  que  en  su 
época  existían  en  dicho  mueble  sagrado  jerosolimitano  dos  tablas  de 
piedra  atribuidas  a  Moisés  ( 1385,  n).  Los  narradores  que  hablaron 
del  arca,  prescindieron  de  las  existentes,  una  en  cada  santuario  impor- 
tante de  Yahvé,  y  se  concretaron  a  la  del  Templo  de  Jerusalén,  que  se 
suponía  fuera  la  que  había  en  Silo,  la  que  a  su  vez  se  consideraba  que 


IMAGENES  DE  YAHVE 


67 


era  la  usada  por  Moisés.  Entienden  muchos  críticos  que  la  imagen  de 
Yahvé  en  el  arca,  era  de  metal  precioso,  y  que  tenía  la  forma  de  toro, 
razón  por  la  cual  a  esc  Yahvé  del  arca,  en  varios  pasajes,  como  Gén.  49, 
24  y  Sal.  132,  2,5  se  le  llama  abbir  jisrael,  "el  toro  de  Israel".  Esa 
designación  aparece  disimulada  en  nuestras  Biblias  con  la  expresión  "el 
Fuerte  o  el  Poderoso  de  Jacob"       1069,  n.  1;  2061). 

3754.  Opina  Mowinckel  que  "es  muy  verosímil  que  junto  al  arca, 
poseyera  el  Templo  de  Jerusalén  un  ídolo  de  Yahvé  y  aun  de  Yahvé- 
Baal.  A  menudo  se  menciona  que  en  Jerusalén  se  encontraba  la  imagen 
de  Ashera;  siendo  ésta  la  esposa  de  Baal  f§  76),  si  a  ella  se  le  reser- 
vaba un  lugar  en  el  Templo  de  Yahvé,  era  sin  duda  porque  se  la  con- 
sideraba la  esposa  de  Yahvé.  Pero  una  imagen  cultual  de  la  esposa  del 
dios  supone  con  toda  verosimilitud  una  imagen  del  dios  mismo .  .  .  Todo 
lo  que  sabemos  del  templo  de  Salomón,  nos  permite  concluir  inequívo- 
camente que  los  medios  influyentes  del  punto  de  vista  político  y  cul- 
tual atribuían  a  ^ahvé  todos  los  rasgos  del  Baal  cananeo  y  que  se  le 
identificaba  con  el  gran  dios  solar,  el  Baal  del  cielo  que  era  al  mismo 
tiempo  un  dios  de  la  guerra,  de  la  tempestad  y  de  la  fertilidad,  identi- 
ficación resultado  de  lenta  evolución.  No  hay  duda,  pues,  que  el  anti- 
guo éfod  de  Gedeón  (§  495)  y  el  de  Mica  í§  556)  eran  imágenes  de 
Yahvé,  y  sólo  el  cambio  ulterior  de  la  tradición  las  ha  marcado  con 
sello  de  ilegitimidad.  No  hay  que  asombrarse  entonces  por  el  hecho  de 
que  haya  sido  representado  en  forma  de  toro  como  Baal-Hadad  y  que 
el  culto  del  toro  haya  permanecido  en  el  reino  del  Norte,  siendo  la 
forma  oficial  del  culto  de  Yahvé,  culto  indudablemente  más  antiguo  que 
el  establecido  por  Jeroboam  I"  í§  1930;  R.  H.  Ph.  R.,  t<?  IX,  ps.  200- 
201 ) .  La  primera  reacción  contra  el  culto  del  toro-Yahvé  aparece  en 
la  leyenda  del  becerro  de  oro  (§  188-197,  especialmente  este  último  pá- 
rrafo),, que  según  Mowinckel  data  de  la  época  del  Yahvista  f§  2068) 
y  de  sus  próximos  predecesores.  Juzga  dicho  autor  que  los  primeros 
representantes  del  ideal  nómade  en  el  dominio  religioso,  contrarios  al 
culto  del  toro  y  de  las  imágenes  fundidas  de  Yahvé,  fueron  los  sacer- 
dotes levíticos  de  Yahvé  en  el  santuario  de  Cadés,  {%  359  bis  a  363), 
debiendo  admitirse  la  existencia  al  Sur  de  Judá  de  comunidades  de 
sacerdotes  levíticos  en  estrecha  relación  con  los  de  aquel  antiguo  san- 
tuario, para  quienes  el  verdadero  culto  de  Yahvé  debía  ser  igual  al  que 
se  le  rendía  a  este  dios  en  el  Sinaí,  libre  de  las  influencias  cananeas. 

3755.  En  I  Rey.  15,  11-15  tenemos  el  primer  relato  de  carácter 
histórico  de  la  reacción  anti-cananea  contra  el  culto  de  las  imágenes  de 
Yahvé  y  de  su  consorte  Ashera  o  Astarté,  innovaciones  cultuales  debi- 
das al  rey  Asa,  de  Judá  (§  1944),  que  Mowinckel  cree  fueran  obra  de 
los  círculos  sacerdotales  que  rodeaban  a  ese  rey.  En  cuanto  a  la  esta- 
tua del  toro-Yahvé  existente  en  el  arca,  ella  probablemente  desapareció 
con  dicho  mueble  sagrado  cuando  la  invasión  de  Jerusalén.  y  el  pillaje 


68 


LA  ESTATUA  DE  LOS  CELOS 


efectuado  por  el  faraón  Sheshonc,  quien  se  apoderó  de  todo  lo  de  valor 
que  había  en  el  Templo  de  Jerusalén,  en  tiempo  de  Roboam  (§  1927, 
3269;  I  Rey.  14,  26).  Como  dice  el  citado  profesor  de  la  Universidad 
de  Oslo:  "La  separación  de  los  dos  reinos  fue  considerada  por  los  vie- 
jos yahvistas  como  el  castigo  de  Yahvé  contra  Israel  a  causa  de  la  cana- 
nización  del  Estado,  de  la  civilización  y  de  la  religión,  pareciéndoles 
demostrar  la  impiedad  del  régimen  el  hecho  de  que  en  el  reino  del 
Norte  los  jefes  del  pueblo  preferían  el  culto  del  toro.  El  pillaje  de  Jeru- 
salén y  sobre  todo  la  pérdida  del  arca  eran  la  condenación  divina  del 
culto  idolátrico,  que  desde  ese  momento  parecía  ser  el  pecado  capital 
del  reino  del  Norte.  Ese  estado  de  espíritu  dió  nacimiento  a  la  leyenda 
del  becerro  de  oro  y  a  la  forma  actual  del  decálogo  yahvista.  Ex.  .34, 
14  ss.  Y  cuando  por  el  año  900  o  posteriormente,  se  construyó  una 
nueva  arca,  ya  no  se  instaló  en  ella  la  imagen  del  toro .  .  .  Viene  des- 
pués la  destrucción  del  ídolo  de  Ashera  por  Asa  (I  Rey.  15,  15),  y 
luego  se  extiende  progresivamente  la  purificación  del  culto...  Cuando 
más  tarde  vuelve  a  erigirse  un  ídolo  de  Baal  en  Jerusalén,  ya  no  se  lo 
consideró  como  imagen  de  Yahvé-Baal,  sino  de  Melkart,  haciendo  abierta 
concurrencia  al  culto  establecido.  Tal  innovación  debía  aparecer  como 
verdadera  apostasía  y  no  tardó  en  ser  abolida  (II  Rey.  11,  18).  En 
el  sincretismo  de  la  época  asiría,  reaparecieron  el  culto  y  el  ídolo  de 
Ashera  (II  Rey.  21,  7)  y  de  la  Reina  del  Cíelo  ( Jer.  7,  18:  44,  77-79, 
25).  Entonces  conforme  al  rito  asírio  pudo  haberse  fabricado  una  ima- 
gen cultual  de  Yahvé;  y  quizá  la  semel  hak-kina,  "el  ídolo  de  los  celos", 
de  Ez.  8,  5,  sea  un  ídolo  de  este  género;  pero  esta  idolatría  debía  ser 
considerada  por  la  parte  selecta  de  la  nación  como  gran  pecado"  (Ib., 
ps.  211-212).  El  ídolo  de  los  celos  estaría  en  a  de  fig.  7. 

3756.  Después  de  este  breve  examen  o  resumen  retrospectivo  sobre 
las  imágenes  existentes  en  el  Templo  de  Jerusalén,  puede  afirmarse  como 
muy  probable  que  la  estatua  de  los  celos,  que  tanto  escozor  causaba  a 
Yahvé.  era  la  de  una  diosa  cananea.  considerada  popularmente  como 
consorte  suya.  Corrobora  esta  conclusión  el  espectáculo  que  nos  ofrece 
lo  que  ocurría  en  la  judería  de  Elefantina,  cerca  de  la  ciudad  de  Siena, 
en  el  Alto  Egipto,  que  formaba  parte  de  una  colonia  militar  allí  esta- 
blecida en  la  fortaleza  de  Yeb,  para  guardar  la  frontera  meridional  de 
ese  país.  Manifiesta  Causse  que  "verosímilmente  esa  colonia  estaba  for- 
mada por  descendientes  de  mercenarios  reclutados  por  los  faraones  sal- 
tas, a  los  que  habían  venido  a  agregarse,  en  la  época  aqueménida  o 
de  los  persas,  nuevos  elementos  judíos  y  árameos.  .  .  Habían  construido 
un  templo  en  Yeb,  probablemente  antes  de  la  reforma  de  Josías,  con 
su  correspondiente  colegio  de  sacerdotes...  La  religión  de  los  judíos 
de  Elefantina  recuerda  un  poco  a  la  que  se  practicaba  en  Jerusalén,  en 
tiempo  de  Manasés.  y  más  todavía  a  las  de  las  poblaciones  mezcladas 
que.  desde  las  dej)()rtaciones  de  Sargón.  frecuentaban  los  altos  (haniolh) 


CULTO  A  VAHVE  Y  A  SUS  CONSORTES 


69 


de  Efraim.  Temían  a  Yalivé,  y  sus  sacerdotes  ofrecían  por  ellos  sacri- 
ficios en  los  templos  de  los  altos;  pero  al  mismo  tiempo  servían  a  sus 
eiohim  se^ún  las  costumbres  de  las  naciones  de  donde  se  los  había  trans- 
portado (11  Rey.  17,  32-33}  ..  .  Los  colonos  de  Elefantina  y  los  judíos 
de  la  madre  patria ,  tenían  conciencia  de  ser  de  la  misma  raza  y  de 
formar  parte  de  la  misma  familia  espiritual,  y  se  consideraban  como 
hermanos  que  adoraban  al  mismo  dios  y  celebraban  los  mismos  días  sa- 
grados". (R.  H.  Ph.  R.,  ty  VIII,  ps.  49-56).  Ahora  bien,  en  su  santua- 
rio, esos  colonos  de  Elefantina  rendían  culto  a  Yahvé  y  a  sus  consortes 
Anath  y  Ashima  (¡^  75-77;  622-623  ).  De  una  de  estas  diosas  cananeas 
— que  a  veces  se  confundían  con  Ashera  o  Astarté —  debió  ser  la  esta- 
tua '^que  provocaba  los  celos  de  Yahvé",  en  la  época  de  Sedecías,  cuando 
Ezequiel  testifica  que  era  objeto  cultual  en  el  Templo  jerosolimitano.  Los 
judíos  de  Elefantina,  tan  alejados  de  la  madre  patria,  y  ajenos  a  las 
innovaciones  religiosas  exílicas  o  postexílicas,  conservaron  fielmente  el 
culto  que  estaban  acostumbrados  a  practicar,  cuando  abandonaron  Pa- 
lestina. Los  papiros  de  Elefantina  sirven,  pues,  para  aclararnos  ese  punto 
oscuro  o  dudoso  del  relato  de  la  visión  de  Ezequiel,  que  estudiamos. 

3757.  Para  terminar  con  el  examen  del  pasaje  transcrito  en  3751, 
sólo  nos  resta  buscar  una  explicación  a  la  frase  final  del  v.  17:  ¡Helos 
allí  que  aplican  el  ramo  a  sus  narices!  El  dios  considera  este  hecho  de 
tal  gravedad,  que  figura  como  el  último  de  los  actos  idolátricos,  que 
desbordando  ya  la  medida  de  lo  soportable,  motiva  la  sentencia  de  des- 
trucción que  pronuncia  en  su  irritación.  ¿Qué  es  ese  acto  del  ramo  apli- 
cado a  la  nariz,  probablemente  de  los  adoradores  del  sol,  que  concluye 
de  enfurecer  a  Yahvé?  L.  B.  A.  nos  dice  al  respecto:  "Los  persas,  prin- 
cipales adoradores  del  fuego  y  de  la  luz,  tenían  la  costumbre,  al  celebrar 
su  culto,  de  llevar  en  la  mano  un  manojo  de  ramas  del  árbol  sagrado, 
llamado  hom.  Se  servían  de  ese  ramillete,  denominado  barsum,  aproxi- 
mándolo a  la  boca,  como  amuleto  para  alejar  los  malos  espíritus".  L.  B. 
d.  C.  da  una  explicación  similar  con  algunas  variantes,  pues  expresa: 
"Los  persas,  adoradores  del  sol,  se  llevaban  ante  la  boca  y  la  nariz  un 
ramillete  de  ramas  de  datilero,  granado  y  tamarisco,  llamado  berezman, 
para  no  contaminar  el  lugar  santo  con  su  aliento  impuro  (Strabón,  XV, 
733 ) .  En  una  pintura  descubierta  en  Doura-Europos,  se  ven  a  los  fieles 
de  los  dioses  de  Palmira  que  tienen  en  la  mano  izquierda  un  ramo  o 
una  palma.  Sin  embargo  son  nmy  controvertidos  el  significado  y  el  te- 
nor mismo  de  la  frase  de  Ezequiel.  Algunos  entienden:  "que  giran  la 
guadaña  hacia  su  propia  nariz",  o  que  "llevan  sarmientos  al  fuego  de 
mi  cólera  contra  ellos".  Según  una  tradición  rabínica,  la  variante  "la 
nariz  de  ellos"  es  una  corrección  de  los  escribas  por  "mi  nariz".  Si  se 
adoptara  esta  variante,  se  podría  entender:  "que  lanzan  hacia  mis  na- 
rices vientos  malolientes,  o  "que  colocan  bajo  mis  narices  obscenida- 
des". Véase  cuan  distintas  interpretaciones  pueden  darse  al  texto  sagra- 


70 


ORDEN  DE  MATAR  A  LOS  JEROSOLIMITANOS 


do.  Pero  en  realidad,  ya  se  acepte  que  el  acto  del  ramillete  llevado  a 
la  nariz  por  los  que  imitaban  así  a  los  adoradores  persas  del  sol,  tendía 
a  alejar  los  malos  espíritus,  o  ya  que  respondía  al  propósito  de  no  con- 
taminar con  su  aliento  impuro  el  lugar  sagrado,  lo  cierto  es  que  no  se 
justifica  ese  comentario  ortodoxo  de  L.  B.  A.:  "Transportar  al  Templo 
esta  ceremonia  pagana,  era  el  grado  supremo  de  la  audacia  y  del  me- 
nosprecio de  Yahvé".  ¡Cómo  si  la  religión  de  este  dios  no  aconsejara 
prácticas  tan  supersticiosas  y  más  absurdas  aún  sobre  las  emanaciones 
que  causaban  impurezas!   (Lev.  14-15;  nuestra  Introducción,  §  164). 

YAHVE  HACE  MATAR  A  LOS  HABITANTES  DE  JERUSALEN,  QUE 
JUZGA  CULPABLES.  —  3758.  La  visión  de  Ezequiel,  que  vamos  estu- 
diando, puede  compararse  a  una  cinta  cinematográfica  de  tres  episo- 
dios: 1"  vista  de  los  cultos  idolátricos  en  el  Templo  o  en  sus  proximi- 
dades; 29  matanza  de  todos  los  jerosolimitanos  que  a  causa  de  partici- 
par en  tales  cultos  habían  ofendido  al  dios  nacional;  y  3*='  Yahvé  hace 
quemar  a  Jerusalén.  Pasemos  a  examinar  el  2^  de  esos  episodios.  El 
profeta  manifiesta  que  después  de  lo  narrado  anteriormente  ( §  3751 ) 
oyó  que  Yahvé,  con  voz  fuerte,  le  decía  que  se  aproximaba  el  castigo 
de  la  ciudad;  y  agrega:  9,  2  Vi  venir  entonces  seis  hombres  por  el  lado 
de  la  puerta  del  patio  superior  que  mira  hacia  el  Norte,  teniendo  cada 
uno  en  la  mano  su  instrumento  de  destrucción,  y  había  en  medio  de 
ellos  un  hombre  vestido  de  lino,  que  llevaba  en  el  cinto  un  tintero  de 
escriba;  entraron  y  se  detuvieron  junto  al  altar  de  bronce.  3  Entonces 
la  gloria  del  dios  de  Israel  se  elevó  encima  de  los  querubines  sobre  los 
cuales  se  encontraba,  y  se  dirigió  hacia  el  umbral  del  Templo.  Yahvé 
llamó  al  hombre  vestido  de  lino.  .  .  y  le  dijo:  "Recorre  Jerusalén  y 
señala  con  una  tau  (o  tav,  última  letra  del  alfabeto  hebreo,  §  1163-1164) 
en  la  frente  a  los  hombres  que  se  angustian  y  gimen  a  causa  de  todas 
las  impiedades  abominables  que  allí  se  cometen'.  5  Y  oí  que  Yahvé  les 
dió  a  los  otros  esta  orden:  "Recorred  la  ciudad  detrás  de  él  y  herid. 
No  tenga  vuestro  ojo  una  mirada  de  piedad  (o  no  perdone  vuestro  ojo) 
y  sed  sin  misericordia.  6  A  viejos,  jóvenes,  hombres,  doncellas,  niños, 
mujeres,  a  todos  matadlos  hasta  su  completo  exterminio;  pero  no  os 
lleguéis  a  ninguno  de  los  que  están  marcados  con  un  tau;  comenzad  por 
mi  santuario".  Ellos  comenzaron  por  los  hombres,  los  ancianos,  que  es- 
taban delante  del  Templo.  7  El  les  dijo:  "Contaminad  el  Templo:  llenad 
los  patios  (o  atrios)  de  cadáveres,  y  después  salid  y  recorred  la  ciudad 
matando". 

3759.  Cuando  leemos  estas  órdenes  salvajes  del  dios  de  los  he- 
breos, - — que  continúa  siendo  el  dios  de  los  cristianos —  nos  explicamos 
los  crímenes  de  la  Inquisición.  Pero  hagamos  a  un  lado  nuestras  im- 
presiones personales,  y  examinemos  el  transcrito  texto.  Del  Norte,  es 
decir,  del  lado  por  donde  invadieron  a  Judá  los  caldeos,  ve  llegar  Eze- 


EL  DIOS  ESCRIBA  NEBO 


71 


quíel  a  siete  ángeles,  los  que  todavía,  en  aquel  entonces,  no  tenían  alas, 
pues  los  ve  como  simples  hombres.  "Este  es  el  primer  pasaje  de  la  lite- 
ratura judía,  anota  L.  B.  d.  C,  en  que  se  habla  de  un  grupo  de  siete 
ángeles.  Más  tarde  una  creencia  corrientemente  admitida  quería  que, 
en  la  cumbre  de  la  jerarquía  del  mundo  de  los  espíritus,  hubiese  siete 
arcángeles,  que  tenían  cada  uno  su  función  ÍTob.  12,  15;  Enoc,  20,  7*; 
90,  21-22;  cf.  Apoc.  4,  5;  o,  2)".  Según  Loisy,  los  siete  ángeles  del 
Apocalipsis  joánico,  que  están  delante  de  Dios,  son  los  mismos  siete 
mencionados  por  Tobías  y  por  Enoc,  a  saber:  "las  siete  divinidades  pla- 
netarias convertidas  en  siete  arcángeles.  Se  conocen  Miguel,  Gabriel  y 
Rafael,  siendo  los  otros,  según  Enoc:  Uriel  (o  Fanuel),  Jereniiel,  Sariel 
y  Raguel,  arcáñgeles  que  son  los  mismos  originariamente  que  los  siete 
espíritus"  de  Dios  (Apoc.  4,  5).  El  Targum  de  Jerusalén,  Filón  y  algu- 
nos otros  entienden  que  los  hom- 
bre de  la  visión  de  Ezequiel,  que 
estudiamos,  eran  seis,  pues  cuen- 
tan entre  ellos  al  que  iba  vestido 
de  lino.  Este  último  ángel,  con 
un  tintero  de  escriba  (fig.  8),  al 
cinto  como  acostumbra  llevar  su 
facón  (1)  el  paisano  de  nuestra 
campaña,  muy  probablemente  lo 
imaginó  Ezequiel  como  reproduc- 
ción del  dios  babilónico  Nahú, 

llamado  Neho  en  la  Biblia  (Is.  t-     «       -r^.         >  •■ 

A¿-    T\  •     '  'I        '  rig.  o.  —  tintero  de  escriba. 

46,  1 ) ,  cuyas  imágenes  el  vena 

frecuentemente  en  la  capital  cal- 
dea. Este  dios,  hijo  de  Marduc,  el  dios  supremo  de  Babilonia,  solía  ser 
designado  en  la  época  de  Hammurabí  y  durante  la  dinastía  neo-babiló- 
nica, con  el  nombre  de  Nabium.  denominación  ésta  oue  entraba  como 
elemento  divino  en  nombres  teóforos,  como  en  N abium-kudurri-usur 
(Nabium  protege  el  límite  o  el  mojón),  nuestro  conocido  Nahucodo- 
nosor  o  Nabucadnetsar.  "A  Nabú,  dice  Dhorme,  se  le  consideraba  como 
el  escriba  por  excelencia,  y  semejaba  en  muchos  puntos,  al  egipcio 
Thot,  precursor  de  Kermes^  Se  llamaba  el  escriba  de  los  dioses,  el  es- 
criba sin  par,  el  escriba  de  todo  lo  que  tiene  un  nombre,  en  fin  el  escri- 
ba del  Esagil,  o  del  santuario  mundial,  de  donde  emanaban  las  leyes 


(1)  Facón.  Rioplatismo.  Cuchilla  larga  y  por  lo  general  no  muy  ancha,  que, 
metida  en  su  vaina,  lleva  en  la  cintura  el  hombre  de  campo,  en  las  repúblicas  del 
Plata.  La  palabra  Facón,  que  no  figuraba  en  el  Diccionario  de  la  Real  Academia 
Española,  de  1925  (15*  edición),  se  encuentra  ahora  en  el  Diccionario  Manual 
Ilustrado  de  la  misma  Corporación  (año  1950)  con  la  siguiente  definición:  "aum. 
de  faca,  cuchillo.  Arg.  Daga  o  puiíal  grande". 


72 


LOS  JUSTOS  MARCADOS 


divinas,  a  las  cuales  nadie  podía  sustraerse.  Su  instrumento  y  su  insig- 
nia era  el  can-tuppí  "caña  de  la  tablilla",  es  decir,  el  cálamo;  siendo 
además  el  "creador  de  la  escritura"  [Les  Religions,  ps.  151-152).  Ese 
ángel  del  tintero,  según  Scío,  "representaba  a  Jesucristo,  verdadero  sa- 
cerdote y  único  medianero  entre  la  justicia  divina  y  los  hombres". 

3760.  Los  siete  hombres-ángeles  entraron  por  la  puerta  del  patio 
superior  (otro  nombre  del  palio  interior,  —  plano  de  fig.  7,  letra  F) 
y  se  detuvieron  junto  al  altar  de  bronce,  que  el  rey  Acaz  había  hecho 
colocar  allí  (II  Rey.  16,  74;  ^  1115).  Yahvé,  designado  con  el  eufe- 
mismo de  "/a  gloria  del  dios  de  Israel",  sale  o  se  eleva  de  encima  de 
su  carroza  o  palanquín  y  se  dirige  al  umbral  del  Templo.  Allí  llama  al 
escriba  celestial  y  le  manda  que  recorra  Jerusalén  y  marque  con  una 
tau  en  la  frente  a  todos  los  hombres  que  no  fueran  partidarios  de  los 
cultos  idolátricos  referidos.  La  palabra  hebrea  tau  o  tav  significaba  una 
marca  o  señal  cualquiera,  dándosele  ese  nombre  antiguamente  a  la  últi- 
ma letra  del  alfabeto  que  tenía  la  forma  de  una  cruz,  de  donde  salió 
el  signo  de  nuestra  letra  T  iriayúscula.  Hoy  la  letra  del  alfabeto  hebreo 
más  parecida  a  una  cruz  inclinada  es  la  o/e/.  El  antiguo  signo  tau,  era 
usado  por  los  analfabetos,  como  firma,  igual  que  los  iletrados  de  hoy 
suelen  poner  una  cruz  al  pie  de  los  documentos  que  deben  subscribir. 
Scío,  anotando  el  aludido  v.  4,  dice:.  "Señálalos  en  la  frente  con  la  letra 
fhau.  Por  los  sidos  y  semisiclos  de  los  hebreos  más  antiguos  se  nota  que 
esta  letra  entre  ellos  tenía  la  figura  de  una  cruz  a  la  manera  que  entre 
los  griegos  y  los  latinos  la  T;  y  así  se  conservó  hasta  que  vueltos  de 
su  cautiverio  mudaron  las  figuras  de  las  letras,  las  que  hoy  se  usan. 
Hasta  el  día  de  hoy,  dice  San  Jerónimo,  usan  los  samaritanos  de  las 
antiguas  letras  hebreas,  de  las  cuales  la  última,  que  es  thau,  es  parecida 
a  la  cruz  que  se  señala  en  la  frente  de  los  cristianos.  Esta  letra  thau, 
que  tenía  figura  de  cruz,  estampada  en  la  frente  de  los  judíos,  a  quienes 
quería  Dios  salvar  del  común  estrago,  era  un  símbolo  e  indicio  certí- 
simo de  la  salud  eterna  que  se  había  de  conceder  por  medio  de  la  santa 
cruz  de  nuestro  Salvador  a  todos  sus  fieles  adoradores".  Después  de 
esta  orden  de  marcación,  Yahvé  se  dirige  a  los  otros  hombres-ángeles, 
provistos  cada  uno  de  ellos  de  un  instrumento  de  destrucción,  y  les  man- 
da que,  principiando  por  el  Templo,  inicien  de  inmediato  la  bárbara 
matanza  de  todos  los  habitantes  de  Jerusalén,  sin  piedad  para  nadie, 
respetando  sólo  a  los  que  previamente  habían  sido  marcados  con  la  tau. 
Expresa  L.  B.  d.  C.  que  "una  de  las  ideas  fundamentales  de  Ezequiel  es 
que  Dios  nunca  hiere  a  los  inocentes  con  los  culpables"  y  cita  en  apoyo 
de  tal  Jesis,  3,  16^-21;  14,  1P>  —  textos  de  los  cuales  el  primero  sólo 
trata  de  que  el  profeta  debe  exhortar  a  buenos  y  a  malos,  con  lo  que 
habrá  cumplido  con  su  misión  (§  3723-3724),  y  en  cuanto  al  segundo, 
no  viene  al  caso,  como  más  adelante  veremos.  Pero  como  Yahvé  en  su 
insania,  Tnanda  matar  a  todo  el  mundo,  aun  a  los  niños,  es  del  caso 


INCENDIO  DE  .lERUSALEN 


73 


preguntar:  ¿El  escriba  del  tintero  se  olvidó  de  señalar  a  éstos,  u  omitió 
de  ex  profeso  dicha  marca  para  cjue  también  cayeran  las  tiernas  cria- 
turas en  la  hecatombe?  Esto  último  parece  lo  más  probable,  dado  que 
ese  dios,  cuando  se  enfurece,  pierde  el  control  del  equilibrio  mental, 
pues  hasta  ordena  matar  a  los  animales  de  los  que  no  le  son  afectos, 
como  si  hubiesen  cometido  el  crimen  de  no  ser  yahvistas.  Otra  obser- 
vación sugiere  la  aludida  imaginaria  matanza,  a  saber,  que  los  seis  án- 
geles verdugos,  quizá  en  su  apuro  o  por  resultarles  demasiado  pesada 
la  tarea  que  les  había  impuesto  el  dios,  dejaron  sin  marcar  muchísima 
gente  adoradora  de  la  Reina  del  Cielo,  pues  cuando  ocurrió  el  desastre 
de  verdad,  y  no  en  visión  como  ahora,  muchos  se  salvaron  y  se  refu- 
giaron en  Egipto,  desoyendo  o  burlándose  de  las  encendidas  exhorta- 
ciones de  Jeremías  ( íi  3585-3589  ). 

YAHVE  ORDENA  QUEMAR  A  JERUSALEN.  —  3761.  He  aquí  ahora 
el  tercer  episodio  de  la  visión  que  vamos  analizando:  10,  2  Y  Yahvé 
dijo  al  hombre  vestido  de  lino:  ''Penetra  entre  las  ruedas,  en  el  espacio 
libre  que  hay  bajo  los  querubines;  llena  tus  manos  de  carbones  ardien- 
tes, que  tomarás  en  el  espacio  que  separa  a  los  querubines  (probable- 
mente del  altar  que  allí  había  )  y  espárcelos  sobre  la  ciudad".  Y  el  entró 
delante  de  mi  vista.  .  .  6''  y  se  quedó  junto  a  una  rueda.  7  Y  el  que- 
rubín extendió  la  mano  hacia  el  iue^o  que  se  hallaba  en  el  espacio  que 
separaba  a  los  querubines,  y  retiró  de  allí  brasas  y  las  puso  en  las  ma- 
nos del  hombre  vestido  de  lino,  quien  las  tomó  y  salió.  Tanto  el  v.  1, 
como  los  vs.  8-17,  repiten  la  descripción  de  la  gloria  de  Yahvé  o  el 
Kebod-Yahvé,  ya  detallada  en  el  cap.  1  I  ¡5  3706-3711).  18  Entonces 
la  gloria  de  Yahvé  se  retiró  (o  salió]  del  umbral  del  Templo  y  se  puso 
encima  de  los  querubines.  19  Estos  desple{iaron  sus  alas,  se  elevaron  de 
la  tierra  con  las  ruedas  junto  a  ellos,  y  yo  los  vi  cuando  partieron.  Se 
detuvieron  a  la  entrada  de  la  puerta  oriental  de  la  casa  de  Yahvé,  y  la 
gloria  del  dios  de  Israel  se  cernía  encima  de  ellos.  .  .  11,  22  Los  que- 
rubines desplegaron  sus  alas,  las  ruedas  se  elevaron  con  ellos,  y  la  glo- 
ria del  dios  de  Israel  estaba  por  encima  de  ellos.  23  La  gloria  de  Yahvé 
se  elevó,  dejando  el  interior  de  la  ciudad,  y  se  puso  sobre  el  monte  que 
está  al  Oriente  de  la  ciudad.  24  El  espíritu  me  alzó  y  me  retornó  a 
Caldea,  junto  a  los  desterrados,  en  una  visión  divina.  La  visión  que  yo 
había  contemplado,  desapareció  elevándose  encima  de  mí;  25  y  referí 
a  los  desterrados  tochas  las  cosas  que  Yahvé  me  había  revelado  en  visión. 

3762.  Tenemos,  pues,  cjue  Yahvé  después  de  hacer  matar,  en  vi- 
sión, a  todos  los  jerosolimitanos.  excluidos  sólo  los  marcados  con  la 
tau,  hace  ahora  quemar,  también  en  visión,  a  su  ciudad  santa,  Jerusa- 
lén.  No  es  difícil  encontrar  la  causa  de  tales  órdenes  bárbaras.  Recor- 
demos que  los  profetas  del  siglo  VI 11,  cuando  comprendieron  (¡ue  los 
pequeños  reinos  de  Israel  y  de  Judá  tendrían  forzosamente  (|ue  desapa- 


74 


INCENDIO  DE  JERUSALEN 


recer  ante  el  avance  de  las  grandes  masas  armadas  del  Norte,  princi- 
palmente de  los  escitas  y  asirios,  vaticinaron  que  el  próximo  e  inevitable 
desastre  que  los  amenazaba,  se  debería  al  castigo  impuesto  por  Yahvé,  a 
causa  de  sus  faltas  e  infidelidades.  Con  esa  concepción  de  los  sucesos 
futuros  quedaba  salvada  la  omnipotencia  de  Yahvé.  Así  este  dios  nacio- 
nal no  resultaba  vencido  por  los  dioses  de  otras  naciones  más  podero- 
sas, sino  que  él,  en  su  justicia,  se  valía  de  esos  pueblos  guerreros  como 
verdugos  "de  sus  sentencias  condenatorias.  Ezequiel  da  un  paso  más  en 
esa  explicación  capciosa  de  los  acontecimientos,  fáciles  de  prever,  ante 
la  política  suicida  de  Sedecías,  y  trata  de  hacer  aceptar  a  sus  compa- 
ñeros de  exilio,  que  si  los  caldeos  iban  a  concluir  con  casi  todos  los 
habitantes  de  Jerusalén  y  a  incendiar  esa  ciudad  con  el  Templo  y  sus 
palacios,  tal  desastre  no  sólo  sería  permitido,  sino  más  aun,  sería  reali- 
zado por  el  mismo  Yahvé.  No  son  los  soldados  de  Nabucodonosor  los 
que  van  a  matar  a  los  judaítas  y  a  transformar  en  ruinas  humeantes 
toda  la  edificación  de  Jerusalén;  no,  no  se  podrá  jactar  el  vencedor 
babilónico  de  ser  el  autor  de  tal  obra  de  destrucción  y  aniquilamiento; 
no,  esa  es  la  obra  del  propio  dios  nacional,  enfurecido  contra  su  desleal 
pueblo.  Esa  concepción  satisface  plenamente  a  la  ortodoxia,  como  todas 
las  enormidades,  que  se  suelen  encontrar  en  el  libro  sagrado.  Así  Scío, 
anotando  el  v.  2,  en  el  que  Yahvé  manda  al  hombre  vestido  de  lino  que 
se  llene  las  manos  de  carbones  encendidos  y  los  esparza  en  Jerusalén 
para  consumirla  por  el  fuego,  dice:  "Por  aquí  se  ve  que  el  incendio 
de  la  ciudad  no  fue  por  consejo  de  hombres,  sino  por  especial  orden 
del  Señor.  Este  ángel  representaba  a  Cristo,  que  sella  a  sus  escogidos 
ahora  con  el  (signo)  thau  de  su  santa  cruz,  y  el  día  del  juicio  espar- 
cirá sobre  los  réprobos  el  fuego  del  infierno,  arrojándolos  a  él".  En 
igual  sentido  se  expresa  L.  B.  A.:  "En  los  vs.  1-8  se  ordena  el  incendio 
de  Jerusalén.  Sin  duda  no  se  cuenta  expresamente  la  ejecución  de  esa 
orden;  pero  en  una  visión,  la  amenaza  podía  bastar.  Lo  que  sobre  todo 
importaba  era  mostrar  que  esa  destrucción  de  la  residencia  divina  pro- 
cedía de  Dios  mismo  y  no  era  una  derrota  que  le  infligían  las  divini- 
dades paganas".  Nota  L.  B.  d.  C.  que  "esa  idea  de  que  no  serán  los 
caldeos  quienes  por  su  propia  iniciativa  destruirán  a  la  ciudad,  sino 
que  en  realidad  es  Yahvé  mismo  el  que  realizará  tal  obra  devastadora, 
se  marca  más  explícitamente  en  la  escena  similar  que  describe  el  Apo- 
calipsis siríaco  de  Baruc  (7,  I  a  8,  2;  §  3645),  a  saber:  cuatro  ángeles 
colocados  con  antorchas  en  las  cuatro  esquinas  de  los  muros  de  Jeru- 
salén, los  destruyen  en  virtud  de  la  orden  de  otro  ángel  descendido  del 
cielo,  a  fin  de  que  los  enemigos  no  puedan  vanagloriarse  y  decir:  Somos 
nosotros  los  que  hemos  destruido  las  murallas  de  Sión  y  quemado  la 
morada  del  Dios  todopoderoso". 

3763.  El  texto  de  esta  visión  ha  sufrido  múltiples  retoques,  como 
lo  prueba  el  gran  desorden  que  reina  en  el  relato,  en  el  que  se  ha  incluí- 


YAHVE  ABANDONA  EL  TEMPLO 


75 


do  inútil  y  casi  textualmente  la  descripción  del  kebod-Yahvé  del  cap.  1, 
que  motiva  esta  observación  de  L.  B.  d.  C:  "No  es  probable  que  esta 
repetición  del  cap.  1  haya  sido  insertada  aquí  (en  el  cap.  10)  por  Eze- 
quiel  mismo.  Quizá  esa  nueva  descripción  proceda  de  otro  manuscrito 
del  relato  de  la  visión  del  Kebar,  lo  que  podría  explicar  el  porqué  se 
designan  aquí  las  ruedas  con  otra  palabra  que  significa  propiamente 
torbellino,  y  a  los  seres  vivientes  se  les  califica  de  querubines" .  Es  cu- 
rioso notar  que  el  nuevo  redactor,  al  describir  las  cuatro  caras  de  los 
seres  vivientes,  sustituyó  equivocadamente  la  de  loro  (heb.  sor)  por 
el  vocablo  querubín  (10,  -Z4),  lo  que  ha  motivado  numerosas  conje- 
turas de  los  expositores  católicos.  Scío  anotando  10,  14  escribe  al  res- 
pecto: "San  Jerónimo:  La  primera  cara  la  llamó  de  querubín,  a  la  que 
llamó  arriba  cara  de  becerro  o  buey  (La  Vulgata  en  1,  10,  trae:  facies 
bovis,  "cara  de  buey")  :  de  lo  cual  se  entiende  que  la  cara  de  querubín 
era  cara  de  becerro  o  buey.  No  dice  más  el  santo  doctor  sobre  este 
lugar..  .  Contentémonos,  pues,  con  saber  lo  que  dice  S.  Jerónimo,  que 
la  palabra  querubín  está  aquí  puesta  por  la  palabra  buey;  y  no  nos  dé 
pena  el  ignorar  la  causa,  como  no  se  le  dió  al  santo,  ni  a  Menochio, 
ni  a  Mariana,  ni  a  Martini,  ni  a  otros  doctos  y  católicos  expositores, 
que  no  echaron  mano  de  metátesis  (alteración  del  orden  de  las  letras 
de  un  vocablo,  como  perlado  por  prelado ) ,  ni  de  anagramas  para  la 
solución  de  las  dificultades  que  ocurren  en  las  divinas  Escrituras.  No 
quiere  Dios  que  todo  lo  sepamos,  sino  que  ignoremos  muchas  cosas 
para  cercenar  nuestra  curiosidad  y  corregir  nuestra  soberbia".  Tome 
nota  el  lector  de  esta  conclusión  del  obispo  católico,  que  de  ser  ella 
^aplicada,  terminaría  con  el  espíritu  de  investigación  científica.  —  En 
10,  18-19  se  narra  la  partida  de  Yahvé  desde  el  umbral  del  Templo  hasta 
la  puerta  oriental  del  patio  exterior  (letra  E  del  plano  de  fig.  7),  pe- 
queño recorrido  para  el  cual  monta  en  su  carroza  o  palanquín.  Yahvé, 
dice  L.  B.  A.,  "está  representado  como  un  monarca  que  sube  en  su  carro 
y  da  la  orden  de  partir".  Pero,  como  según  el  v.  4,  Yahvé  ya  había 
abandonado  el  umbral  del  Templo,  para  llenar  con  el  resplandor  de  su 
gloria  el  patio  interior,  observa  L.  B.  d.  C.  que  ese  v.  4  "parece  ser 
de  otra  mano  que  el  v.  18".  Yahvé  hace  todavía  otra  parada  en  el  inte- 
rior o  en  medio  de  la  ciudad  (11,  23)  y  desde  allí  sale  para  el  monte 
de  los  Olivos,  donde  después  de  una  última  detención,  y  luego  de  con- 
ducir a  Ezequiel  a  Caldea,  junto  a  los  desterrados,  desaparece  de  la 
vista  del  profeta  (v.  24).  Opina  San  Jerónimo  que  la  parada  en  el  monte 
de  los  Olivos  fue  para  ver  desde  allí  el  estrago  de  la  ciudad;  y  añade, 
según  Scío,  "que  en  la  última  ruina  de  Jerusalén  se  oyó  en  el  templo 
la  voz  de  los  ángeles  antiguos  tutelares  de  la  ciudad,  que  decían:  Mar- 
chémonos de  este  lugar".  Finalmente  nota  L.  B.  d.  C.  que  "tenemos  aquí 
reunidas  las  dos  concepciones  que  se  hacían  los  israelitas  de  los  fenó- 
menos visionarios  (a  saber,  que,  en  los  éxtasis,  el  inspirado  era  trans- 


76 


CONTRA  LOS  MALOS  CONSEJEROS 


portado  con  su  cuerpo  unas  veces,  y  otras  sin  éL  al  sitio  en  que  tenía 
que  actuar I.  Tal  yuxtaposición  se  justifica  en  esta  circunstancia:  pri- 
meramente el  vidente  tiene  el  sentimiento  que  su  espiritu  retorna  a  su 
cuerpo  que  ha  quedado  en  Babilonia;  y  después  el  último  elemento  de 
su  visión,  o  sea,  sin  duda  el  ser  ígneo  que  lo  había  llevado  por  los  cabe- 
llos, desaparece  de  sus  ojos,  como  si  se  disipara  en  el  aire". 

VISION  INTERCALADA  EN  LA  ANTERIOR.  —  3764.  Dentro  de  la 
visión  que  acabamos  de  estudiar,  se  halla  otra  relativa  a  los  malos  con- 
sejeros de  Jerusalén,  que  comprende  el  cap.  11  hasta  el  v.  21,  y  se 
divide  en  tres  partes:  1°  Reunión  de  los  consejeros:  2^^  Ezequiel  profe- 
tiza contra  ellos:  y  3*=*  promesas  a  los  deportados.  Ese  injerto,  en  el  cual 
han  intervenido  por  lo  menos  tres  personas  distintas,  dice  así:  11,  i  Me 
elevó  el  espíritu  y  me  trajo  a  ¡a  puerta  oriental  de  la  casa  de  Yahvé, 
a  la  entrada  que  mira  al  Este;  y  había  allí  veinticinco  hombres,  entre 
los  cuales  vi  a  Jaazanías,  hijo  de  Azzur,  y  a  Pelatyahú,  hijo  de  Bena- 
yahú,  jefes  (o  príncipes)  del  pueblo.  2  Yahvé  me  dijo:  "Hijo  de  hom- 
bre, he  aquí  los  hombres  que  denen  funestos  designios  y  dan  malos  con- 
sejos en  esta^ciudad,  3  que  dicen:  Para  nosotros  han  sido  edificadas  las 
casa^  qué  ella  contiene  (o  I\o  está  próximo  el  tiempo  de  construir  casas 
T.  M.;  o  ¿Las  casas  no  han  sido  reconstruidas  hace  poco?  —  los 
LXX:  o  No  está  cerca  el  tiempo  de  edificar  casas  en  Babilonia  —  V.  M.; 
o  l\o  se  trata  ahora  de  construir  casas  —  Reuss:  o  ¡No  tan  próxima 
la  destrucción!  ¡Edifiquemos  siempre!  —  L.  B.  A.;  o  ¿Por  ventura  no 
han  sido  labradas  poco  ha  las  casas?  —  La  Vulgata;  (texto  muy  in- 
cierto): ella  (la  ciudad)  es  la  olla,  y  nosotros  somos  la  carne.  4  Por 
tanto,  profetiza  contra  ellos:  profetiza,  hijo  de  hombre. 

Profecía  contra  los  malos  consejeros.  5  Entonces  el  espíritu  de  Yahvé 
cayó  sobre  mí,  y  Yahvé  me  dijo:  "Di:  Asi  habla  Yahvé:  ¡He  aquí  lo 
que  vosotros  os  decís!  Yo  conozco  los  pensamientos  que  os  suben  al 
corazón.  6  Habéis  muerto  a  muchísimos  en  esta  ciudad,  y  habéis  llenado 
sus  calles  de  cadáveres.  7  Los  muertos  cuyos  cadáveres  habéis  extendido 
en  medio  de  la  ciudad,  son  la  carne,  y  la  ciudad  es  la  olla.  Pero  en 
cuanto  a  vosotros,  yo  os  haré  salir  de  ella.  8  Teméis  la  espada,  y  traeré 
la  espada  contra  vosotros;  tal  es  el  oráculo  del  Señor  Yahvé.  9  Os  haré 
salir  de  la  ciudad  y  os  entregaré  en  manos  de  extranjeros  y  haré  justicia 
de  vosotros.  10  A  espada  caeréis;  en  la  frontera  de  Israel  os  juzgaré, 
Y  sabréis  que  yo  soy  Yahvé  (1)...  12  ...cuyas  leyes  no  cumplís  y 
cuyos  mandatos  no  observáis,  mientras  que  obráis  de  acuerdo  con  las 
costumbres  de  las  naciones  que  os  rodeati".  13  Y  cuando  yo  profeti- 


(1)  '"Los  vs.  ]1  y  12,  que  sólo  encierran  repeticiones,  son  probablemente  agre- 
gados posteriores"  <  L.  B.  d.  C.) .  » 


INJERTO  LITERARIO 


77 


zaba,  Pelatyahú,  hijo  de  Beiiaya,  murió.  Entonces  me  postré  con  el  rostro 
en  tierra,  y  dando  un  p^ran  grito,  exclamé:  ¡Ah,  Señor  Yahvé!  ¿vas  a 
aniquilar  lo  que  resta  de  Israel? 

Promesas  a  los  deportados.  14  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  diri- 
gida en  estos  términos:  15  "Hijo  de  hombre,  de  tus  hermanos,  de  tus 
compañeros  de  destierro,  y  de  toda  la  casa  de  Israel,  dicen  los  habitan- 
tes de  Jerusalén :  ¡Helos  allá  lejos  de  Yahvé!  A  nosotros  nos  es  dado  el 
país  en  propiedad  (o  en  herencia).  16  Por  lo  cual,  di:  Así  habla  el 
Señor  Yahvé:  Aunque  los  he  enviado  a  lo  lejos  entre  las  naciones,  los 
he  dispersado  entre  los  países  extranjeros,  y  que  no  he  sido  para  ellos 
un  verdadero  santuario  en  los  países  donde  han  ido.  .  .  17  ...  los  jun- 
taré de  entre  los  pueblos,  los  retiraré  de  los  diversos  países  donde  los 
he  dispersado  y  les  daré  la  tierra  de  Israel.  18  Cuando  lleguen  allá,  extir- 
parán de  allí  todas  las  abominaciones  y  prácticas  detestables.  19  Les 
daré  otro  corazón  y  pondré  en  ellos  un  espíritu  nuevo;  quitaré  de  sus 
cuerpos  el  corazón  de  piedra  y  les  daré  un  corazón  de  carne,  20  a  fin 
de  que  sigan  mis  leyes,  observen  mis  mandatos  y  los  -pongan  en  prác- 
tica, y  que  sean  mi  pueblo  y  yo  sea  su  dios.  21  En  cuanto  a  éstos  i  los 
jerosolitnitanos)  su  corazón  va  a  sus  abominaciones  y  a  sus  prácticas 
detestables :  yo  haré  recaer  sobre  sus  cabezas  las  consecuencias  de  su 
conducta,  oráculo  del  Señor  Yahvé". 

3765.  La  comprobación  de  que  todo  el  pasaje  que  se  deja  trans- 
crito en  el  párrafo  que  antecede,  es  un  injerto  literario  introducido  en 
el  relato  de  la  visión  del  cap.  8.  resulta  incuestionablemente  de  las  si- 
guientes consideraciones  que  formula  L.  B.  d.  C:  "La  escena  descrita 
aquí  (11,  7-27)  está  presentada  como  un  episodio  de  la  visita  que  el 
profeta  hizo  en  espíritu  al  Templo,  porque  el  relato  de  esta  visita  se 
continúa  en  11,  22-25.  Pero  es  inconcebible  que  veinticinco  malos  con- 
sejeros estén  aún  con  vida  en  la  ciudad,  cuando  todos  los  jerosolimi- 
tanos  culpables  han  sido  exterminados  (9,  77  I.  La  mayor  parte  de  los 
exégetas  opinan  que  la  relación  de  esta  escena  ha  sido  transpuesta  y 
se  hallaba  originalmente  en  el  cap.  8  después  del  v.  75  o  a  continua- 
ción del  V.  18.  Pero  este  episodio  difiere  sensiblemente  de  los  del  cap.  8: 
éstos  describían  actos  sacrilegos,  mientras  que  el  nuestro  reprocha  a  los 
culpables  pensamientos  y  palabras  moralmente  malas;  el  relato  desento- 
naría con  los  otros  por  su  largura,  así  como  por  su  conclusión  conso- 
ladora (vs.  14-21 ).  Además  en  el  cap.  8  el  vidente  va  a  pie  de  un  punto 
a  otro  del  Templo;  aquí  es  llevado  por  el  espíritu.  La  idea  genera!  tam- 
bién es  diferente:  en  la  visión  del  cap.  o  el  profeta  quiere  convencer  a 
los  desterrados  que  Jerusalén  será  destruida:  aquí  él  sostiene  contra  los 
jerosolimitanos  que  el  país  volverá  a  pertenecer  a  los  deportados  del 
597.  En  la  visión,  los  jerosolimitanos  culpables  deberían  ser  muertos 
por  verdugos  sobrenaturales  (cap.  9):  en  nuestro  episodio  está  ausente 
tal  simbolismo:  el  profeta  anuncia  a  los  culpables  que  caerán  cti  mano 


78 


LOS  MALOS  CONSEJEROS 


de  enemigos  que  los  matarán  en  las  fronteras  del  país:  alusión  a  los 
sucesos  reales  del  586.  La  revelación  narrada  aquí  debió  ser  recibida 
por  Ezequiel  poco  antes  de  esta  fecha  y  redactada  quizá  después... 
Quizá  fuera  esto  primitivamente  un  trozo  completo  e  independiente  que 
contara  otra  visita  del  profeta  al  Templo,  pues  el  comienzo:  "Me  elevó 
el  espíritu",  no  supone  que  el  vidente  estuviera  ya  en  el  santuario.  Un 
redactor  habría  insertado  aquí  este  trozo,  porque  se  dice  en  10,  19  que 
"la  gloria  de  Yahvé  salió  del  Templo  por  la  puerta  oriental". 

3766.  Entrando  ahora  al  análisis  de  esta  nueva  visión,  notaremos 
primeramente  que  ella  ocurre  en  el  patío  exterior,  junto  a  la  entrada 
de  la  puerta  oriental  interior  del  Templo  (letra  H,  en  el  plano  de  fig.  7). 
Ya  sabemos  que  en  la  puerta  de  la  ciudad  se  administraba  justicia,  como 
en  la  puerta  del  Templo  se  reunían  magistrados  para  deliberar  (Jer.  26, 
10),  o  en  la  puerta  frente  a  una  plaza  se  congregaba  una  asamblea  para 
escuchar  un  mensaje  religioso  ( Neh.  8,  1) .  A  la  entrada  de  la  puerta 
oriental  del  Templo,  ve  Ezequiel  25  jefes  del  pueblo  congregados  proba- 
blemente para  discutir  los  graves  problemas  de  la  actualidad.  La  deno- 
minación de  jefes  del  pueblo,  que  se  les  da,  indica  claramente  que  des- 
empeñaban cargos  de  naturaleza  política.  Y  como  luego  se  les  enrostra 
que  habían  muerto  a  muchísimos,  llenando  las  calles  de  cadáveres  (v.  6), 
es  lógico  suponer  que  ese  senado  o  consejo  supremo  de  la  ciudad  dis- 
ponía de  la  fuerza  pública,  y  abusivamente  habría  hecho  uso  de  ella  con- 
tra inocentes,  para  acallar  sus  protestas  opositoras.  Manifiesta  Ezequiel 
que  él  conocía  a  dos  de  los  miembros  de  ese  consejo,  cuyos  nombres 
da,  los  que  no  sería  extraño  que  fuesen  dirigentes  del  partido  contrario 
a  la  política  de  sumisión  preconizada  por  Jeremías.  Nuestro  visionario 
pone  en  boca  de  aquellos  "malos  consejeros",  dos  frases  enigmáticas, 
que  han  motivado  múltiples  divergentes  interpretaciones.  La  primera 
(v.  3"),  cuyo  texto  alterado  es  muy  incierto,  supone  L.  B.  d.  C.  que 
significaría:  "Nosotros  somos  los  poseedores  predestinados  de  las  pro- 
piedades que  sus  antiguos  dueños,  desterrados,  han  debido  abandonar". 
La  segunda  frase:  "la  ciudad  es  la  olla  y  nosotros  somos  la  carne" 
(v.  3'')  parece  estar  relacionada  con  un  dicho  proverbial.  Encontramos 
también  la  imagen  de  la  olla  en  Jer.  1,  13  y  en  Ez.  24.  En  la  primera 
de  esas  citas.  Yahvé  le  pregunta  a  Jeremías:  — en  época  en  que  éste 
creía  que  Palestina  sería  invadida  por  los  escitas  norteños —  "¿Qué 
ves?"  y  éste  responde:  "veo  una  olla  (o  caldera)  que  hierve,  cuya  agua 
se  derrama  del  Norte";  y  el  dios  replica:  "Del  Norte  se  derramará  la 
desgracia  sobre  todos  los  habitantes  del  país".  Quizá  éste  fuese  un  me- 
dio de  adivinación  usado  por  los  hebreos,  análogo  al  empleado  por  cier- 
tos incivilizados,  como  los  Kai  de  Nueva  Guinea,  quienes  en  caso  de 
amenaza  de  guerra,  hacen  cocer  determinados  frutos  silvestres  en  una 
olla  sobre  la  cual  se  ha  pronunciado  una  fórmula  mágica:  del  lado  en 
que  el  agua  comienza  a  elevarse  al  hervir,  es  aquél  por  donde  vendrá 


LA  OLLA  Y  LA  CARNE 


79 


el  peligro.  En  su  cap.  24,  Ezequiel  desarrolla  dos  parábolas  basadas  en 
una  olla  de  bronce  aherrumbrada,  de  las  que  en  seguida  nos  ocuparemos. 

3767.  La  Versión  Sinodal  trae  la  siguiente  nota  aclaratoria  a  Ez. 
11,  3'':  "Es  decir:  ¡Nosotros  nada  tenemos  que  temer!  Así  como  la  car- 
ne está  en  lugar  seguro  en  la  olla  donde  se  la  ha  puesto,  así  los  muros 
de  Jerusalén  ponen  a  sus  habitantes  al  abrigo  de  los  ejércitos  de  Babi- 
lonia". Scío  da  dos  interpretaciones  del  aludido  v.  3:  "El  hebreo:  No 
será  tan  presto  el  mal;  edifiquemos  casas.  (Recuérdese  la  traducción  de 
3''  que  da  La  Vulgata,  §  3764).  Para  entender  este  versículo  que  es  muy 
oscuro,  es  necesario  traer  aquí  a  la  memoria  lo  que  Jeremías  les  decía 
(a  los  sitiados)  exhortándolos  a  que  se  entregasen  a  los  caldeos  si  que- 
rían vivir  (38.  2}  y  que  de  lo  contrario,  quedándose  en  la  ciudad,  pere- 
cerían todos.  A  esto  responden  que  no  tenían  nada  que  temer  de  los 
caldeos,  estando  en  una  ciudad  tan  fuerte  y  tan  bien  defendida,  y  nue- 
vamente reparada  con  torres,  fortines,  murallas,  etc.  Y  replicando  Jere- 
mías que  el  Señor  le  había  hecho  ver  en  una  visión  a  Jerusalén  como 
una  olla  encendida  (como  traduce  la  Vulgata  en  Jer.  1,  13),  o  toda 
ardiendo,  esto  es,  entregada  a  los  caldeos  para  que  la  consumiesen 
con  las  llamas;  ellos  haciendo  befa  de  esta  profecía  de  Jeremías, 
concluían  temerariamente  de  esta  manera:  Si  Jerusalén  es  la  olla  o 
la  caldera,  nosotros  seremos  las  carnes  que  estaremos  dentro  de  esta 
olla:  y  así  no  seremos  echados  fuera  como  estos  profetas,  contradi- 
ciéndose unos  a  otros,  nos  están  amenazando.  O  también:  Si  esto  es  así 
como  lo  dices,  esta  ciudad  es  la  olla  o  la  caldera,  y  nosotros  como  la 
carne,  seremos  cocidos  en  ella;  pues  más  queremos  perecer  aquí  dentro, 
que  entregarnos  a  los  caldeos,  como  nos  persuade  Jeremías.  Pero  ellos 
hablando  así  por  irrisión  dan  a  entender  que  no  temían  les  sucediese 
tal  cosa".  A  Reuss  le  parece  que  la  discutida  frase  viene  a  decir  sim- 
plemente: "Estamos  en  nuestra  casa,  de  la  cual  nadie  nos  desalojará. 
De  ahí  la  réplica  que  luego  los  amenaza  de  lo  contrario".  En  efecto,  al 
profetizar  Ezequiel  en  seguida  contra  los  malos  consejeros,  emplea  la 
misma  imagen  de  la  olla,  dándole  distinto  sentido  a  su  contenido,  pues 
les  dice:  "Los  muertos  cuyos  cadáveres  habéis  extendido  en  medio  de 
la  ciudad,  son  la  carne,  y  la  ciudad  es  la  oUa'^  (v.  7).  Los  jefes  del 
partido  dominante  son  considerados  responsables  de  toda  la  sangre  ino- 
cente derramada  en  las  querellas  políticas,  o  en  injustos  juicios,  o  en 
fin,  por  las  reiteradas  invasiones  extranjeras.  Y  ellos  que  se  conside- 
raban seguros  dentro  de  la  olla,  o  sea,  dentro  de  la  capital,  serán  for- 
zados a  salir  de  ella;  y  si  temían  la  espada  (representada  simbólica- 
mente por  el  fuego  en  la  comparación  con  la  olla  —  L.  B.  d.  C),  a 
espada  caerán  en  la  frontera  de  Israel  (vs.  8-10),  alusión  a  muchos  de 
los  personajes  importantes  de  Judá,  que  fueron  ajusticiados  por  los  cal- 
deos en  Ribla,  60  kms.  al  Norte  de  Baalbek,  donde  Nabucodonosor  tenía 
su  cuartel  general.  (Jer.  39,  5-6;  II  Rey.  25,  19-21). 


{]() 


EL  LIMITADO  PODER  DE  YAHVE 


3768.  Cuando  Ezequiel  narraba  su  visión  de  ios  malos  consejeros 
y  la  profecía  que  dirigía  contra  ellos,  se  entera  de  la  muerte  repentina 
de  Pelatyahú,  uno  de  aquellos  a  qOien  él  conocía  en  el  supremo  consejo 
referido.  ¿Cómo  llegó  a  saber  esa  noticia?  I'nos  dicen  por  visión;  otros, 
por  un  fenómeno  de  telepatía;  otios,  como  Reuss,  niegan  que  el  hecho 
sea  histórico.  Este  comentarista  sólo  admite  esa  muerte  como  "un  hecho 
típico  que  representa  aquí  la  certeza  y  prontitud  del  cumplimiento  de 
las  amenazas  divinas.  El  profeta,  como  en  el  pasaje  9,  8,  se  aterroriza 
de  esta  súbita  catástrofe  y  teme  que  sea  la  señal  del  aniquilamiento 
completo  de  la  nación".  Como  cuando  los  ángeles  verdugos  comenzaban 
la  matanza  visionaria  en  el  Templo,  también  ahora  Ezequiel,  asustado, 
cae  en  tierra  y  repite  las  mismas  palabras:  "¡Ah  Señor  Yahvé!  ¿vas  a 
aniquilar  lo  que  resta  de  Israel?"  Paul  Auvray,  que  siguiendo  a  Ber- 
tholet.  entiende  que  esta  escena  la  contaba  el  profeta  en  Jerusalén  y 
no  en  Babilonia,  comenta:  "Grito  de  intersección  quizá,  tanto  como  an- 
gustiosa interrogación,  que  creemos  queda  sin  respuesta,  pues  el  texto 
que  sigue  (11.  14-21)  refiere  otro  oráculo  pronunciado  en  distinta  cir- 
cunstancia. La  respuesta  de  Yahvé  no  nos  ha  sido  trasmitida,  o  más 
bien,  no  debe  haber  otra  que  la  despiadada  visión  del  cap.  9"  (p.  49). 
La  generalidad  de  los  comentaristas  opinan  que  la  respuesta  a  la  pre- 
gunta del  ])rofeta  con  la  cual  concluye  el  relato  de  la  visión  de  los  malos 
consejeros,  es  el  pasaje  que  sigue,  vs.  11-21,  en  el  que  Yahvé  promete 
juntar  a  todos  los  dispersos  de  Israel,  y  devolverles  sus  propiedades,  que 
habían  tenido  que  abandonar,  trozo  que  es  de  distinto  autor  que  lo 
precedente  en  ese  capítulo.  L.  B.  d.  C.  escribe  al  respecto:  "Esta  pre- 
dicción consoladora  se  relaciona  estrechamente  con  el  lamento  con  el 
que  se  termina  el  episodio  de  los  25  malos  consejeros.  .  .  Yahvé  respe- 
tará a  los  deportados  y  los  volverá  a  su  país.  Estas  ideas  son  las  que 
el  profeta  desarrolla  en  36,  22-38.  Sin  embargo  como  se  alude  no  sólo 
a  palabras  de  los  malos  consejeros  fv.  15),  sino  también  a  actos  sacri- 
legos, como  los  que  se  narran  en  el  cap.  8,  es  posible  que  esta  predic- 
ción (vs.  14-21 )  haya  sido  redactada  o  por  lo  menos  retocada  para 
servir  de  conclusión  al  conjunto  de  los  caps.  8-11". 

3769.  En  el  v.  15  figuran  los  habitantes  de  Jerusalén  diciendo  que 
los  deportados  ya  están  lejos  de  Yahvé,  se  sobrentiende  por  el  hecho 
de  no  encontrarse  ya  en  Palestina.  Ese  dicho  comprueba  que  persistía 
aún  la  creencia  de  que  Yahvé,  como  los  demás  dioses  nacionales,  sólo 
estaba  presente  y  ejercía  su  poderío  dentro  de  los  límites  de  su  propio 
territorio  ( S  959 ) .  Además  Ezequiel  le  hace  expresar  a  Yahvé  que  para 
los  israelitas  dispersos  en  países  extranjeros,  "no  he  sido  para  ellos  un 
verdadero  santuario"  fv.  16),  entendiendo  aquel  profeta,  lo  mismo  que 
Oseas  (9,  4;  §  2838-2839)  que  las  libaciones  y  sacrificios  que  se  ofre- 
cieran a  Yahvé  en  tierra  extraña,  constituirían  un  culto  impuro,  no 
aceptado  por  el  dios  palestino  nacional.  Así.  pues,  en  el  destierro,  como 


LA  OLL\  CON  CARDENILLO 


81 


nota  L.  B.  d.  C,  "la  observación  de  los  ritos  quedaba  reducida  forzo- 
samente a  un  mínimo  (circuncisión  y  sábado);  mientras  que  para  el 
sacerdote-profeta  (cf.  caps.  40-48)  la  celebración  completa  de  los  ritos 
era  indispensable  para  que  el  Dios  santo  pudiera  residir  permanente- 
mente en  medio  de  los  hombres  y  llenar  su  papel  de  asilo  protector". 
En  cuanto  a  la  promesa  de  que  Yahvé  daría  a  los  futuros  repatriados 
otro  corazón  y  un  espíritu  nuevo  que  los  convertirían  en  adelante  en 
fieles  yahvistas  (vs.  18-20),  es  la  misma  ilusoria  idea  que  ya  hemos 
encontrado  en  Jeremías  24,  7;  32,  39;  S  3432.  3578-3580. 

LA  PARABOLA  DE  LA  OLLA  CON  CARDENILLO.  —  3770.  Relacio- 
nada con  la  visión  de  los  malos  consejeros  en  la  que  se  emplea  la  ima- 
gen de  una  olla  puesta  al  fuego,  se  encuentra  la  parábola  del  cap.  24, 
que  utiliza  la  misma  imagen.  24,  1  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  diri- 
gida en  el  noveno  año,  el  diez  del  décimo  mes,  en  estos  términos:  "2 
Hijo  de  hombre,  toma  nota  por  escrito  de  la  fecha  de  este  día,  porque 
hoy  mismo  el  rey  de  Babilonia  asedia  a  Jerusalén.  3  Refiere  una  pará- 
bola a  esa  casa  de  rebeldes  y  diles:  Asi  habla  el  Señor  Yahvé: 

Pon  en  su  lugar  la  olla,  ponía 

Y  echa  agua  en  ella. 

4  Deposita  en  su  interior  diversos  trozos  de  carne. 
Todo  lo  que  hay  de  mejor,  muslo  y  espaldilla. 
Llénala  con  huesos  escogidos, 

5  Todo  esto  extraído  de  ¡os  mejores  animales  del  rebaño. 
Amontona  también  leña  bajo  la  olla; 

Haz  hervir  mucho  los  trozos  de  carne 

Y  que  también  cuezan  los  huesos  que  ella  contiene. 
6"  Así  habla  el  Señor  Yahvé: 

¡Ay  de  la  ciudad  sanguinaria. 
Olla  con  verdín  (  o  aherrumbrada) 
Cuyo  cardenillo  no  ha  sido  quitado! 

7  Porque  la  sangre  que  en  ella  ha  sido  derramada  se  encuen- 

[íra  allí  todavía; 

La  ha  vertido  sobre  la  roca  desnuda; 
No  la  ha  derramado  sobre  el  suelo 
Para  poder  recubrirla  de  tierra. 

8  Para  excitar  mi  cólera, 

A  fin  de  tomar  venganza  de  su  crimen. 

Es  que  ella  ha  puest,o  la  sangre  que  derramó. 

Sobre  la  roca  desnuda,  sin  cubrirla. 

9  Por  tanto  así  habla  el  Señor  Yahvé: 
¡Ay  de  la  ciudad  sanguinaria! 

Voy,  por  mi  parte,  a  hacer  una  gran  fogata. 


82 


EL  COMIENZO  DEL  SITIO  DE  JERUSALEN 


10"  A  amontonar  leña,  a  encender  el  juego, 

A  acabar  la  cocción  de  la  carne, 
6^  Después  a  retirar  los  trozos,  el  uno  tras  otro. 

Sin  sacarlos  a  suerte,  (1) 
10''  A  vaciar  el  caldo 

Y  dejar  que  los  huesos  se  consuman. 

11  Dejaré  entonces  la  olla  vacía  sobre  los  carbones  encendidos, 
Para  que  ella  se  caliente  y  se  caldee  su  bronce. 
Que  se  jundan  sus  impurezas 

Y  que  su  cardenillo  lo  su  herrumbre)  desaparezca. 

12  Pero  el  cardenillo  del  cual  está  ella  llena,  no  sale  con  el  juego. 
(Texto  incierto).  13  A  causa  de  tu  suciedad,  porque  he  querido  puri- 
jicarte  y  que  no  te  has  purijicado  de  tu  suciedad,  no  recobrarás  más 
tu  pureza  hasta  que  yo  haya  desahogado  mi  indignación  contra  ti.  14 
Yo,  Yahvé,  he  pronunciado  la  sentencia:  ella  se  realizará.  La  ejecutaré 
sin  blandura,  sm  piedad  ni  sentimiento;  te  juzgaré  según  tu  conducta 
y  según  tus  obras,  — oráculo  del  Señor  Yahvé". 

3771.  Ezequiel  tiene  otra  visión  en  la  que  oye  que  Yahvé  le  dice 
que  apunte  la  fecha  de  ese  día,  pues  en  él  comenzaba  el  rey  de  Babi- 
lonia el  sitio  de  Jerusalén.  Como  esto  fue  escrito  mucho  después  de  los 
acontecimientos  vaticinados,  no  es  de  extrañar  que  coincidan  esos  datos 
con  los  que  nos  da  al  respecto  el  libro  de  II  Reyes,  25,  1  y  Jer.  52,  4. 
Eso  ocurrió  el  año  noveno  de  la  deportación  de  Joaquin  o  Jeconías,  en 
el  décimo  del  reinado  de  Sedecías  — que  sólo  duró  once  años —  el  10 
del  décimo  mes,  o  sea,  en  enero  del  año  587.  "La  insistencia  con  la 
cual  Yahvé  recomienda  a  Ezequiel  que  anote  esa  fecha,  no  se  explicaría 
si  el  profeta  se  encontrase  todavía  en  Judea,  como  lo  admiten  varios 
críticos  recientes",  dice  L.  B.  d.  C,  refiriéndose  probablemente  a  Ber- 
tholet  y  a  aquellos  que  lo  siguen.  Luego  Yahvé  le  manda  al  profeta 
que  dirija  a  su  pueblo,  "esa  casa  de  rebeldes",  un  maschal,  vocablo 
hebreo  de  muy  diversas  acepciones  (§  1165,  n. ),  que  los  LXX  tradu- 
jeron generalmente  por  parábola,  con  el  sentido  que  damos  a  esta  pala- 
bra, de  narración  de  suceso  ficticio  del  cual  por  comparación  se  saca 
una  enseñanza  moral.  A  Ezequiel  se  le  solía  llamar  "narrador  de  pará- 
bolas o  enigmas"  (20,  49  o  21,  5,  según  las  Biblias)  las  que  solía  acom- 
pañar con  gestos  imitativos,  como  quizá  sea  el  caso  en  la  primera  parte 
de  la  presente  (vs.  3-5),  de  acuerdo  con  el  procedimiento  seguido  en 


(1)  "Transponemos  aquí  esta  predicción  (6*),  que  en  el  texto  tradicional 
separa  infelizmente  la  imagen  de  la  olla  aherrumbrada  (6'»)  de  la  explicación 
que  se  da  de  este  símbolo  en  los  vs.  7  y  8"  (L.  B.  d.  C). 


DOS  PARABOLAS  CONTRA  JERUSALEN 


83 


sus  actos  simbólicos,  de  que  hemos  hablado  en  el  cap.  II.  Aquí  Yahvé 
le  dicta  al  profeta  el  relato  alegórico,  que  éste  debía  transmitir,  relato 
sobre  el  cual  teje  L.  B.  d.  C.  el  siguiente  comentario:  "Ezequiel  había 
ya  referido  y  combatido  el  dicho  que  comparaba  la  Jerusalén  de  Sede- 
cías  con  una  olla  en  la  que  se  habían  dejado  sólo  los  buenos  trozos 
(11,  3-12).  Vuelve  a  utilizar  ahora  esa  imagen,  y  saca  de  ella  nuevas 
aplicaciones,  que  propiamente  hablando,  forman  dos  parábolas  distintas: 
una  trata  de  la  suerte  de  la  parte  selecta  de  los  habitantes  de  la  ciudad, 
comparada  a  trozos  escogidos  existentes  en  la  olla;  la  otra  anuncia  la 
destrucción  de  la  ciudad  misma,  asimilada  a  una  caldera  u  olla  excesi- 
vamente aherrumbrada.  .  .  Los  que  el  profeta  representa  irónicamente 
bajo  la  imagen  de  trozos  escogidos,  son  los  grandes  de  la  Jerusalén  del 
588,  que  pretendían  ser  lo  selecto  de  la  nación,  y  miraban  desdeñosa- 
mente a  los  desterrados  del  597  fcf.  11,  3,  15).  A  ellos,  Ezequiel  les 
anuncia  que  van  a  sufrir  los  horrores  de  un  sitio  (vs.  4-5) ,  y  que  des- 
pués serán  arrojados  fuera  de  la  ciudad  (v.  6*).  En  la  segunda  apli- 
cación de  la  imagen  fvs.  6-74)  se  desenvuelve  la  idea  que  la  ciudad 
misma,  una  vez  vacía  de  habitantes,  deberá  ser  destruida,  1°  porque  la 
colectividad  es  también  responsable  de  los  crímenes  de  los  individuos 
fv.  14)  ;  2°  en  virtud  de  la  creencia  animista  de  la  sangre  que  clama 
venganza  fvs.  7-8)  ;  y  3°  pero  sobre  todo  porque  la  contaminación  del 
pecado  era  considerada  por  Ezequiel  como  habiéndose  insinuado  en  las 
piedras,  las  casas,  los  palacios  y  las  calles  de  la  ciudad,  lo  que  exigía 
una  purificación  radical  por  el  fuego.  Esta  concepción  casi  material  del 
pecado  y  de  la  impureza  es  la  que  perpetuaban  las  leyes  de  pureza  y 
los  usos  rituales  a  los  que  Ezequiel  estaba  tan  profundamente  apegado. 
Las  dos  parábolas  formaron  quizá  al  principio  dos  relatos  independien- 
tes (vs.  1-5  y  vsi  6-14).  aunque  entonces  la  primera  no  sería  acompa- 
ñada de  ninguna  interpretación.  Como  además,  la  segunda  contiene  alu- 
siones a  la  primera  (vs.  6'',  9,  10),  parece  más  probable  que  las  dos 
aplicaciones  del  símbolo  fueron  yuxtapuestas  y  entremezcladas  por  el 
mismo  Ezequiel". 

3772.  Según  se  ve  por  el  transcrito  comentario  que  antecede, 
Ezequiel  poseía  la  mentalidad  materialista  de  los  primitivos,  que  hemos 
explicado  extensamente  en  nuestra  Introducción,  §  125,  mentalidad  idén- 
tica a  la  de  los  sacerdotes  que  compusieron  algo  después  el  Levítico. 
Sobre  los  vs.  7-8,  recuérdese  lo  dicho  en  §  2123,  3058.  de  que  era  creen- 
cia muy  generalizada  en  muchos  pueblos  antiguos,  y  especialmente  en 
el  hebreo,  de  que  residiendo  el  alma  en  la  sangre,  al  ser  ésta  vertida 
injustamente,  clama  venganza,  y  hay  que  cubrirla  con  tierra  para  aca- 
llarla. La  tierra  pide  también  venganza  al  absorber  sangre  inocente 
(Gén.  4.  10-11)  y  por  eso  Ezequiel  escribe  que  la  sangre  derramada  en 


84 


LA  VOZ  DE  LA  SANGRE  DERRA^LADA 


Jerusalén  sobre  la  roca  desnuda,  puede  hablar  y  excitar  la  cólera  de 
Yahvé  para  vengar  el  crimen  cometido;  pero  si  se  la  recubre  de  tierra, 
ya  dejará  de  escucharse  su  voz  demandando  venganza.  Igualmente  cuan- 
do profetiza  contra  Ammón,  le  dice:  "Vendrás  a  ser  presa  de  las  llamas. 
Tu  sangre  desaparecerá  en  las  profundidades  de  la  tierra;  ¡no  habrá 
más  memoria  de  ti!'\  o  sea.  como  nota  L.  B.  d.  C,  "cuando  la  sangre 
ha  desaparecido  en  las  profundidades  del  suelo,  la  persona  asesinada 
corre  el  riesgo  de  ser  olvidada  y  de  no  encontrar,  por  consiguiente,  ven- 
gador" (21.  32). 


CAPITULO  IV 


Las  alegorías  de  Ezequiel  sobre  las 
infidelidades  de  Israel  y  de  Judá 


LA  MADERA  DEL  TRONCO  DE  LA  VID.  _  3773.  Como  Ezequiel 
preveía  fundadamente  que  se  aproximaba  la  catástrofe  final  de  su  pue- 
blo, dada  la  desacertada  política  seguida  por  Sedecías,  no  cesaba  de 
reprochar  a  sus  compatriotas  sus  infidelidades  al  dios  nacional,  por  lo 
que  serían  terriblemente  castigados.  Recubría  sus  censuras  con  el  disfraz 
de  alegorías,  algunas  claras,  y  otras  oscuras  y  sin  enlace  lógico  entre 
sus  elementos  componentes,  reultando  de  ello  un  trabajo  literario  propio 
de  un  cerebro  desequilibrado.  Finalmente,  y  con  el  mismo  objeto,  extre- 
ma, llevándola  a  sus  últimos  límites,  la  desgraciada  imagen  de  Oseas  de 
la  unión  conyugal  de  Yahvé  con  su  pueblo,  utilizando  con  tal  fin  deta- 
lles tan  procaces,  que  si  eran  aceptables  en  su  época,  hoy  nos  resultan 
rayanos  con  la  pornografía.  Hay,  pues,  de  todo  en  la  obra  de  nuestro 
profeta,  la  que,  como  siempre,  pretende  ser  inspirada  por  su  dios  nacio- 
nal. Estudiaremos  esas  alegorías  comenzando  por  la  del  cap.  15,  en  la 
que  compara  a  los  jerosolimitanos  con  la  madera  del  tronco  de  la  vid. 

3774.    15,  1  Me  fue  dirigida  la  palabra  de  Yahvé  en  estos  términos: 

2  Y  tú,  hijo  de  hombre,  di: 

¿En  qué  vale  más  la  madera  de  la  vid 
Que  la  de  todas  las  ramas 

Que  se  hallan  en  los  árboles  del  bosque?  (Texto  incierto). 

(La  V.  S.  traduce  este  v.  2  así:  ¿En  qué  vale  más  la  madera  de  la  vid 
que  toda  otra  madera,  cuando  el  sarmiento  de  la  vid  se  halla  mezclado 
con  los  otros  árboles  del  bosque?)  ^ 

3  ¿Se  saca  de  ella  madera 
Para  fabricar  algún  objeto? 

¿Se  saca  de  ella  tan  sólo  una  clavija 
Para  suspender  un  utensilio  cualquiera? 


86 


ALEGORIA  DEL  TRONCO  DE  LA  VID 


4  Se  la  echa  al  fuego,  para  alimentar  la  llama: 
Cuando  el  fuego  ha  devorado  sus  dos  extremos 

Y  que  el  medio  arde, 

¿Puede  todavía  servir  para  fabricar  algún  objeto? 

5  Cuando  estaba  intacta, 

Nada  se  podía  hacer  con  ella; 

¡Cuánto  menos,  cuando  el  fuego  la  ha  devorado  y  consumido. 
Podría  todavía  hacerse  con  ella  alguna  cosa! 

6  Por  lo  tanto,  así  habla  el  Señor  Yahvé: 

Como  se  trata  entre  las  maderas  del  bosque  la  de  la  vid. 
Que  se  echa  al  fuego  para  alimentar  la  llama. 
Así  voy  a  tratar  a  los  habitantes  de  Jerusalén. 

7  Volveré  mi  rostro  contra  ellos; 
Han  escapado  del  fuego, 
Pero  el  fuego  los  devorará. 

Y  sabrán  que  yo  soy  Yahvé, 

Cuando  yo  vuelva  mi  rostro  contra  ellos 

8  Y  reduzca  el  país  a  un  desierto. 
Porque  han  cometido  infidelidades,  — 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 

3775.  Olvidó  Ezequiel  en  su  alegoría  precedente,  que  si  la  vid  no 
podía  jactarse  de  las  cualidades  de  su  tronco,  por  no  ser  un  árbol  ma- 
derable, como  el  nogal,  el  roble  o  el  cedro  del  suelo  palestino  o  de  las 
comarcas  vecinas,  p.  ej.  del  Líbano,  en  cambio  les  era  muy  superior 
como  planta  alimenticia,  pues  producía  la  uva  tan  grata  al  paladar  y 
tan  útil  del  punto  de  vista  económico.  Dado  que  la  alegoría  figura  ins- 
pirada por  Yahvé,  la  ortodoxia,  en  defensa  de  su  dios,  supone  que  el 
profeta  se  refiere  a  una  vid  silvestre,  cuyas  uvas  eran  pocas  o  ácidas, 
de  todo  lo  cual  nada  se  menciona  en  el  poemita.  La  vid,  con  la  higuera 
y  el  olivo,  eran  los  tres  árboles  más  cultivados  y  más  productivos  de 
Palestina.  Tradicionalmente  se  comparaba  al  pueblo  de  Israel  como  una 
viña  plantada  y  cuidada  por  Yahvé,  quien  por  lo  tanto  tenía  derecho  a 
esperar  buenos  frutos  de  ella  (Is.  5,  1-7;  §  1542;  Os.  10,  1 ;  §  2842; 
Jer.  2,  21) .  Recuérdense  estos  versos  de  un  salmista,  quien,  quizá  en 
la  época  de  los  macabeos,  le  dice  a  Yahvé: 

80,  8  Trajiste  una  vid  de  Egipto; 

Echaste  naciones  para  plantarla. 

9  Limpiaste  el  terreno  delante  de  ella. 
Así  echó  hondas  raíces  y  llenó  la  tierra. 


LA  VID  DE  YAHVE 


87 


10  Su  sombra  cubrió  las  montañas, 

Y  sus  ramas  igualaron  los  cedros  de  Dios. 

íLos  cedros  del  Líbano  plantados  por  Yahvé  -  Sal.  104,  16). 

11  Extendió  sus  sarmientos  hasta  el  mar 

Y  sus  renuevos  hasta  el  Eufrates. 

El  autor  resume  aquí  la  historia  tradicional  de  su  país,  comparándola 
con  una  vid  traída  de  Egipto  por  Yahvé.  quien  la  plantó  en  Canaán 
cuidadosamente,  donde  prosperó  en  términos  hiperbólicos. 

3776.  En  esta  alegoría,  Ezequiel  parece  dirigirse  a  sus  compatrio- 
tas quedados  en  Palestina,  y  que  por  lo  mismo  se  creían  ser  la  verda- 
dera vid  de  Yahvé,  y  les  dice  que  no  dando  ellos  buenos  frutos  (lo  que 
hay  que  sobrentender),  su  valor  se  reduce  al  de  su  tronco,  el  cual  no 
sirviendo  para  nada  útil,  será  echado  al  fuego  a  fin  de  alimentar  las 
llamas.  En  cuanto  al  enigmático  v.  4.  en  el  que  se  pregunta  dubitati- 
vamente si  ese  tronco  echado  al  fuego,  al  ser  retirado  después  de  que- 
mados sus  extremos  y  chamuscada  su  parte  media,  podría  aún  servir 
para  fabricar  algún  objeto,  probablemente  quiere  referirse  al  hecho  de 
que  el  reino  de  Efraim,  al  Norte,  en  734  y  en  722,  y  el  de  Judá,  al  Sur, 
en  597,  habían  sido  devorados  por  el  fuego,  o  sea,  despoblados  y  devas- 
tados por  las  invasiones  de  los  enemigos,  quedando  como  chamuscada 
en  el  centro,  la  ciudad  de  Jerusalén,  próxima  también  a  ser  consumida 
por  el  incendio.  De  ahí  la  exclamación  del  v.  5,  que  expresaría  esto: 
¡qué  puede  esperar  Yahvé  de  Jerusalén  ahora,  ya  que  nada  pudo  obte- 
ner de  ella  cuando  estaba  intacta,  es  decir,  en  sus  buenos  tiempos!  La 
invectiva  de  los  últimos  vs.  es  fácilmente  explicable:  si  los  actuales  jero- 
solimitanos  han  escapado  a  las  anteriores  catástrofes,  sucumbirán  a  la 
que  se  aproxima,  la  que  reducirá  el  país  a  un  desierto. 

LA  ALEGORIA  DE  LAS  DOS  AGUILAS,  EL  CEDRO  Y  LA  VID.  —  3777. 
17,  1  Me  fue  dirigida  la  palabra  de  Yahvé  en  estos  términos:  2  "Hijo  de 
hombre,  propon  un  enigma  y  refiere  una  parábola  a  la  casa  de  Israel. 
3  Diles:  Así  habla  el  Señor  Yahvé: 

La  gran  águila  de  grandes  alas  y  larga  envergadura. 

De  abundante  plumaje  de  variados  colores,  vino  al  Líbano. 

Sacó  la  cúspide  (o  el  cogollo)  de  un  cedro; 

4  Arrancó  la  rama  más  elevada, 

La  llevó  a  tierra  de  Canaán  (o  tierra  de  tráfico), 

Y  la  depositó  en  una  ciudad  de  mercaderes. 

5  Después  tomó  de  la  simiente  de  ese  país 

Y  la  puso  en  un  campo  fértil  (o  preparado  para  las  semill&s) 
Junto  a  aguas  abundantes 

La  colocó. .  .  (Texto  inciertp) 


88 


LAS  2  AGUILAS,  EL  CEDRO  Y  LA  VID 


6  Germinó  y  vino  a  ser  una  vid  de  extendidas  ramas, 
Pero  poco  elevada. 

Cuyos  sarmientos  se  dirigían  hacia  el  águila, 

Y  bajo  ella  se  fijaban  sus  raíces. 
Llegó  a  ser  un  tronco  de  vid, 
Echó  ramas  y  produjo  mugrones. 

7  Pero  había  también  otra  águila  grande 
De  grandes  alas  y  abundante  plumaje; 

Y  he  aquí  que  esta  vid  torció  hacia  ella  sus  raíces 
Extendiendo  hacia  la  misma  sus  sarmientos, 

A  fin  de  que  esa  águila  la  regase 

Más  abundantemente  que  el  terreno  donde  estaba  plantada. 

8  Sin  embargo  era  en  terreno  fértil, 

A  orillas  de  un  rio  de  muchas  aguas. 

Que  esa  vid  había  sido  plantada. 

Para  que  echase  ramas,  produjera  frutos, 

Y  llegase  a  ser  una  vid  magnífica. 

9  Diles:.  .  .  ¿Prosperará  esa  vid? 

¿La  primer  águila  no  le  arrancará  las  raíces 

Y  no  le  cortará  las  ramas. 

De  modo  que  se  secarán  todas  las  hojas  nuevas  que  le  broten? 
Ni  brazo  potente,  ni  ejército  numeroso  vendrán  en  su  ayuda. 
El  día  en  que  sea  separada  de  sus  raíces.  (Texto  muy  in- 

[cierto ) 

10  Hela  ahí  plantada:  ¿prosperará? 

¿Cuándo  la  toque  el  viento  del  Oriente, 

No  se  secará  en  el  terreno  donde  había  brotado? 

3778.  Tal  es  el  enigma  y  la  parábola  que  Yahvé  ordenó  a  Ezequiel 
que  propusiera  a  la  casa  de  Israel  (v.  21.  El  enigma  o  dicho  artificio- 
samente calculado  para  que  sea  difícil  comprenderlo  o  interpretarlo  (lite- 
ralmente: desatar  un  nudo)  era  muy  usado  entre  los  orientales  1336). 
Entiende  L.  B.  A.  que  aquí  el  vocablo  enigma  se  refiere  al  sentido 
oculto  que  encierra  el  cuadro  que  sigue:  y  parábola,  a  la  forma,  figu- 
rada bajo  la  cual  se  da  la  enseñanza:  pero  observa  L.  B.  d.  C.  que  esta 
composición  merece  inás  bien  el  nombre  de  simple  alegoría,  pues  ciertos 
detalles  le  fueron  sugeridos  al  profeta  por  los  sucesos  que  trataba  de 
simbolizar,  más  bien  que  por  la  verosimilitud  interna  de  la  historia  na- 
rrada. En  efecto,  la  aludida  alegoría,  del  punto  de  vista  literario,  es  de 
lo  más  absurdo  que  pedirse  jjueda.  pues  en  ella  se  habla  de  una  águila 
que  planta  una  semilla  de  la  que  sale  una  vid  de  gran  ramaje,  cuyas 
raíces  están  bajo  aquella  ave,  hacia  la  cual  se  dirigen  sus  sarmientos. 
Luego  aparece  otra  águila  grande  también  hacia  la  cual  extiende  dicha 
vid  sus  raíces  y  sus  vástagos  con  el  fin  de  que  ésta  última  la  riegue. 


EXPLICACION  DE  ESA  ALEGORIA 


89 


Todo  este  conjunto  disparatado  parece  ser  la  obra  de  un  loco  o  de  un 
escritor  de  muy  escasa  imaginación.  De  la  explicación  que  da  en  segui- 
da el  profeta  ( vs.  11-21}  resulta  que  lo  que  él  quiso  enseñar  fue  sim- 
plemente esto:  que  Judá  prosperaría  mientras  se  mantuviera  sumisa  a 
Babilonia  y  no  buscara  la  alianza  con  Egipto.  Tal  consejo,  en  lenguaje 
más  claro  y  en  forma  más  racional,  ya  lo  había  dado  Jeremías  (cap.  XV 
del  t"?  VIII). 

3779.  Veamos  ahora  algunoí  detalles  de  la  citada  alegoría  de  Eze- 
quiel,  y  su  interpretación.  La  primera  gran  águila  representa  a  Nabu- 
codonosor;  sus  grandes  alas  son  símbolo  de  numeroso  ejército  o  de  la 
rapidez  de  sus  moviinientos;  su  larga  envergadura,  la  extraordinaria 
extensión  del  imperio  babilónico;  el  abundante  plumaje  de  variados 
colores,  se  refiere  al  ejército  caldeo  compuesto  de  gentes  de  diversas 
razas,  lenguas  y  costumbres.  El  Líbano  quiere  designar  aquí  a  Judá;  el 
cedro,  la  familia  real  de  ese  reino;  la  rama  más  elevada  de  la  cúspide 
o  cima  de  ese  cedro  es  Jeconías;  Canaán  significa  Babilonia,  ciudad  de 
gran  comercio,  recuérdese  al  efecto  que  a  los  mercachifles  ambulantes 
de  Palestina  se  les  llamaba  cananeos  (§  1677).  aquí  a  Babilonia  se  la 
denomina  "ciudad  de  mercaderes"  (v.  4).  La  vid,  cuyas  raíces  estaban 
bajo  el  águila,  era  el  reinado  de  Sedecías,  que  se  desarrolló  sin  contra- 
tiempos mientras  guardó  el  juramento  de  fidelidad  prestado  a  Nabuco- 
donosor,  a  quien  debía  el  trono.  Nota  L.  B.  d.  C.  que  "es  significativo 
que  Ezequiel  considera  como  favorables  después  de  todo,  las  condiciones 
de  existencia  hechas  al  pueblo  de  Judá,  bajo  el  régimen  caldeo,  antes 
del  586".  La  segunda  gran  águila  representa  al  faraón  de  Egipto,  Hofra 
o  Apries  ( §  3566,  3570 ) ,  a  quien  se  inclina  Sedecías,  impulsado  por  el 
partido  ?giptófilo,  para  que  "/o  riegue",  o  sea.  le  preste  ayuda  militar 
en  su  proyecto  de  sublevación  contra  Babilonia.  Nabucodonosor  también 
es  designado  por  la  frase  "el  viento  del  Oriente",  o  solano,  que  cuando 
se  haga  sentir,  concluirá  con  la  lozanía  de  aquella  vid. 

3780.  En  su  explicación  (vs.  11-21),  pone  de  manifiesto  Ezequiel 
la  gravedad  de  la  falta  de  Sedecías  al  quebrantar  su  juramento  y  rom- 
per el  pacto  celebrado  con  Nabucodonosor.  por  lo  que  dice:  18  "Él 
(Sedecías)  menospreció  su  juramento,  quebrantó  el  pacto,  aunque  él 
había  dado  la  mano  al  rey  de  Babilonia  (en  señal  de  acuerdo  o  de  com- 
promiso, II  Rey.  10,  15;  Esd.  10,  19).  Ha  hecho  todo  esto:  no  esca- 
pará. 19  Por  tanto,  así  habla  el  Señor  Yahvé:  Lo  juro  por  mi  vida,  que 
los  efectos  de  la  maldición  pronunciada  ante  mí  y  que  el  ha  menospre- 
ciado, así  como  del  pacto  garantido  por  mí  y  que  él  ha  roto,  yo  los  haré 
recaer  sobre  su  cabeza.  20''  Le  llevaré  a  Babilonia  y  le  exigiré  cuentas 
de  la  traición  de  que  se  ha  hecho  culpable  hacia  mi\  Todo  juramento 
encerraba  una  maldición  condicional,  para  el  caso  de  perjurio,  por  eso 
cuando  se  expresa  en  el  v.  13  que  a  Sedecías,  el  rey  de  Babilonia  "le 
hizo  prestar  juram.ento'\  el  texto  expresa  literalmente:  "le  hizo  entrar 


90 


UNA  DE  LAS  ESPOSAS  DE  YAHVE 


en  la  maldición".  En  las  convenciones  entre  personas  de  países  diferen- 
tes, cada  parte  juraba  por  sus  propios  dioses  (Gén.  31,  53),  los  que 
hacían  caer  sobre  el  perjuro  la  maldición  a  que  se  había  hecho  objeto. 
Por  eso,  Yahvé  manifiesta  que  hará  caer  sobre  la  cabeza  de  Sedecías 
la  maldición  pronunciada  ante  él  por  haber  roto  el  pacto  garantido  por 
dicho  dios.  Termina  el  profeta  su  composición  con  un  trozo  mesiánico, 
en  el  que  hace  figurar  a  Yahvé  anunciando  que  sacará  de  la  cima  del 
cedro  del  v.  .3,  una  tierna  rama,  la  que  plantará  sobre  una  alta  montaña 
de  Israel  y  llegará  a  ser  un  magnífico  cedro,  a  cuya  sombra  se  acoge- 
rán pájaros  de  toda  clase,  lo  que  significa  que  Israel  será  un  gran 
Estado,  bajo  cuyo  poderío  se  encontrarán  muchas  naciones,  que  busca- 
rán el  apoyo  y  protección  de  ese  pueblo.  En  cuanto  a  la  fecha  en  que 
fue  escrita  esta  alegoría,  opina  L.  B.  d.  C.  que  debe  sér  por  los  años 
589  o  588  en  virtud  de  estas  consideraciones:  "la  deportación  de  Jeco- 
nías  y  de  la  parte  selecta  de  Judá  pertenece  al  pasado.  Sedecías,  el  nuevo 
príncipe  al  cual  Nabucodonosor  ha  hecho  prestar  juramento  de  vasa- 
llaje, anda  ya  en  negociaciones  con  el  rey  de  Egipto  (vs.  7  y  15)  ;  pero 
la  sublevación  a  mano  armada  no  se  ha  realizado  aún  (vs.  15,  17). 
No  se  sabe  todavía  cómo  reaccionará  el  rey  de  los  caldeos  (vs.  9-10,  15)  ; 
y  judíos  de  Palestina  y  de  Babilonia  esperan  ardientemente  que  Sedecías 
tenga  éxito  en  su  tentativa  de  quebrar  el  yugo  de  Nabucodonosor". 

LA  PROSTITUCION  DE  UNA  DE  LAS  ESPOSAS  DE  YAHVE. —  3781. 
Siguiendo  con  la  poco  feliz  imagen  del  matrimonio  de  Yahvé  con  su  pue- 
blo escogido,  — imagen  inventada  por  Oseas  y  adoptada  por  los  demás 
profetas — ,  Ezequiel  censura  en  el  cap.  16  la  infidelidad,  hacia  su  dios,  de 
Judá  representada  por  su  capital  Jerusalén,  una  de  sus  esposas,  pues  en 
el  cap.  23  esos  reproches  se  extienden  también  a  la  otra  esposa  de  Yahvé, 
el  desaparecido  reino  del  Norte,  llamado  en  ese  entonces  simplemente: 
Samaría.  Tanto  en  uno  como  en  el  otro  capítulo  entra  el  escritor  en 
escabrosos  detalles  de  esas  uniones  conyugales  y  de  la  lascivia  de  ambas 
esposas,  en  cuadros  de  cuya  crudeza  de  lenguaje  podrá  juzgar  el  lector 
por  sí  mismo.  Comenzaremos  por  el  cap.  16,  aunque  entiende  L.  B. 
d.  C.  que  fue  escrito  después  del  23. 

16,  1  Me  fue  dirigida  la  palabra  de  Yahvé  en  estos  términos:  2 
"Hijo  de  hombre,  haz  conocer  a  Jerusalén  sus  crímenes  abominables. 
3  Dirás:  He  aquí  lo  que  el  Señor  Yahvé  dice  a  Jerusalén:  Por  tus  oríge- 
nes y  por  tu  nacimiento  eres  del  país  de  Canaán;  tu  padre  era  amorreo 
y  tu  madre,  hitita.  4  El  día  en  que  naciste,  no  te  fue  cortado  el  cordón 
umbilical,  ni  fuiste  lavada  con  agua,  ni  frotada  con  sal,  ni  envuelta  en 
pañales.  5  Nadie  tuvo  una  mirada  de  piedad  para  ti,  ni  te  prestó  nin- 
guno de  esos  cuidados  por  compasión  hacia  ti;  el  día  en  que  naciste 
fuiste  echada  en  pleno  campo,  no  experimentándose  sino  disgusto  en 
conservarte  la  vida,  6  Pasando  junto  a  ti,  te  vi  revoleándote  en  tu  san' 


su  PROSTITUCION 


91 


gre,  y  aunque  estabas  toda  ensangrentada,  te  dije:  Permanece  con  vida, 
7  y  crece  como  planta  en  el  campo.  Te  pusiste  a  crecer  y  te  hiciste  gran- 
de; vino  el  tiempo  en  que  tuviste  tus  épocas;  se  formaron  tus  senos;  tu 
cabellera  llegó  a  ser  abundante;  pero  estabas  desnuda,  nada  tenías  para 
cubrirte.  8  Pasando  junto  a  ti,  vi  que  había  llegado  tu  tiempo,  el  tiempo 
de  los  amores.  Extendí  mi  manto  sobre  ti,  y  cubrí  tu  desnudez;  me  uní 
a  ti  por  juramento,  hice  un  pacto  contigo,  — oráculo  del  Señor  Yahvé — 
y  fuiste  mía.  9  Entonces  te  lavé  con  agua  que  limpió  la  sangre  que  te 
cubría,  y  te  ungí  con  aceite.  10  Te  vestí  con  trajes  bordados;  te  puse 
sandalias  de  piel  de  tejón  (o  de  delfín;  o  de  color  de  jacinto;  o  de 
color  morado,  —  sentido  dudoso),  un  cinturón  de  lino  fino  y  un  velo 
de  seda.  11  Te  atavié  con  joyas,  puse  ajorcas  en  tus  muñecas  y  un  co- 
llar a  tu  cuello.  12  Te  coloqué  un  anillo  en  la  nariz,  caravanas  (o  are- 
tes) en  las  orejas  y  te  puse  sobre  la  cabeza  una  espléndida  corona  (o 
diadema) .  13  Tu  aderezo  era  de  oro  y  de  plata,  tus  vestidos  de  lino  fino, 
de  seda  y  de  telas  bordadas;  tu  alimento  de  flor  de  harina,  miel  y  aceite. 
Llegaste  a  ser  sumamente  bella  14  y  la  reputación  de  tu  belleza  se  difun- 
dió entre  las  naciones,  porque  esta  belleza  era  perfecta,  gracias  a  la  es- 
plendidez con  la  cual  te  había  yo  adornado,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé. 
15  Pero  confiaste  en  tu  hermosura  y  aprovechaste  de  tu  reputación  para 
entregarte  a  todos  los  transeúntes  y  pertenecerlos,  prodigando  tus  prosti- 
tuciones. 16  Tomaste  de  tus  vestidos  para  hacerte  altos  adornados  de 
telas  de  diversos  colores  y  entregarte  allí  a  la  lujuria.  .  .  (texto  altera- 
do). 17  Tomaste  las  joyas  hechas  con  mi  oro  y  mi  plata,  que  yo  te 
había  dado,  y  te  fabricaste  estatuas  de  hombres  con  las  cuales  te  has 
entregado  a  la  prostitución.  18  Tomaste  tus  vestidos  bordados  y  con  ellos 
las  cubriste;  tú  les  has  ofrecido  mi  aceite  y  mis  perfumes.  19  Mi  pan, 
del  que  yo  te  había  provisto,  — yo  te  había  alimentado  con  flor  de  hari- 
na, aceite  y  miel —  se  los  has  presentado  como  ofrenda  de  agradable 
olor,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé.  20  Has  tomado  tus  hijos  y  tus  hijas, 
que  habías  engendrado  para  mí,  y  se  los  has  sacrificado,  para  que  les 
sirvieran  de  alimento.  ¿Eran,  pues,  demasiado  poco  tus  otras  prostitu- 
ciones? 21  Has  inmolado  mis  hijos  y  los  has  consagrado  a  ellas,  hacién- 
doles pasar  por  el  fuego.  22  En  todos  tus  crímenes  abominables  y  en 
tus  prostituciones,  no  te  has  acordado  de  los  días  de  tu  juventud,  del 
tiempo  en  que  estabas  desnuda,  si?2  nada  para  cubrirte  y  cuando  te 
revolcabas  en  tu  sangre.  23  Luego,  después  de  todas  estas  malas  accio- 
nes, ¡ay,  ay  de  ti!  —  oráculo  del  Señor  Yahvé  —  24  te  edificaste  una 
eminencia  a  la  entrada  de  cada  camino,  te  has  hecho  un  alto  en  cada 
plaza.  (La  Vulgata,  de  acuerdo  con  la  versión  de  los  LXX,  traduce  este 
V.  24  así:  Y  te  edificaste  un  lupanar,  y  te  hiciste  un  prostíbulo  en  to- 
das las  plazas).  25  Has  deshonrado  tu  belleza,  abriendo  tus  pies  a 
cualquiera  que  pasaba  (La  Vulgata  trae  aquí:  et  divisisti  pedes  tuos 
omni  transeunti,  frase  que  Voltaire  traduce:  "y  has  abierto  tus  piernas 


92 


CUADROS  LIBIDINOSOS 


a  cuantos  te  encontraban ,  multiplicando  así  tus  fornicaciones.  26  For- 
nicaste también  con  los  hijos  de  Egipto,  tus  vecinos,  de  miembros  vigo- 
rosos imagnaruni  carnium,  "de  grandes  o  gruesas  carnes"),  y  multipli- 
caste tus  fornicaciones  a  fin  de  irritarme...  28  Después  te  entregaste 
al  libertinaje  con  los  asirlos,  mas  ni  aun  así  te  saciaste.  29  Extendiste 
tus  prostituciones  hasta  un  país  de  mercaderes,  a  la  Caldea;  pero  con 
esto  tampoco  te  saciaste.  Dado  lo  largo  dé  este  capítulo  y  las  repeticio- 
nes que  encierra,  trataremos  de  resumir  lo  que  aun  resta  de  él.  Los 
vs.  30  a  34  los  resume  Voltaire  con  estas  palabras  que  toma  de  la  Vul- 
gata:  "En  fin,  hasta  has  pagado  a  tus  amantes,  y  les  has  hecho  regalos 
con  objeto  de  que  se  acostasen  contigo...  y  pagando  en  lugar  de  ser 
pagada,  has  hecho  lo  contrario  de  lo  que  hacen  las  demás  mujeres". 
(Dic.  Filosófico,  art.  Ezequiel) .  En  los  vs.  35  a  44  describe  el  profeta 
los  castigos  que  Yahvé  infligirá  a  su  esposa  culpable,  por  medio  de  sus 
amantes.  De  los  vs.  44  a  52  se  recuerda  el  proverbio:  "Tal  madre,  tal 
hija",  insistiendo  en  que  tiene  mayor  culpabilidad  Jerusalén  que  sus  her- 
manas Samarla  y  Sodoma.  Y  finalmente  en  los  vs.  53-59,  como  anota 
L.  B.  d.  C,  "se  pasa  varias  veces  sin  transición  de  las  amenazas  a  las 
promesas,  después,  nuevamente,  de  las  perspectivas  de  restablecimiento 
a  los  reproches.  Lo  más  probable  es  que  las  frases  que  anuncian  la 
entrada  en  gracia  de  Jerusalén  (vs.  53,  55)  fueron  añadidas  poste- 
riormente, o  a  lo  menos  están  desplazadas". 

3782.  Prescindiendo  de  los  cuadros  libidinosos  que  nos  traza  aquí 
Ezequiel,  de  cuya  moralidad  juzgará  el  lector,  observaremos  que  esta 
alegoría  es  completamente  falsa,  muy  alejada  de  la  verdad  de  los  he- 
chos ocurridos.  Recuérdese  ante  todo  que  el  dios  de  nuestro  profeta  es 
una  minúscula  divinidad  nacional  de  un  pequeño  Estado  del  Oriente, 
— distinta  del  Dios,  de  la  filosofía  espiritualista,  creador  del  inconmen- 
surable Universo, —  mientras  que  Yahvé  es  un  dios  asiático,  que  se 
casa  con  una  muchacha,  que  él  había  protegido,  que  la  lava,  perfuma, 
la  viste  de  trajes  bordados,  la  calza  con  sandalias  de  alto  precio,  etc., 
etc.,  lo  que  resulta  ridículo  en  grado  sumo  como  obra  de  una  deidad 
que  se  pretende  universal.  \  pasemos  a  la  falsedad  del  relato  alegórico. 
Según  éste,  la  muchacha  ingrata  y  lujuriosa  quiere  representar  al  pue- 
blo de  Israel,  aunque  al  comienzo  se  habla  sólo  de  Jerusalén.  En  contra 
de  los  resultados  a  que  ha  llegado  la  crítica  bíblica  independiente 
(§  343-347),  creía  Ezequiel  que  Israel  provenía  de  la  unión  de  los 
amorreos  (§  69-70)  con  los  hititas  17,  25),  entendiéndose  en  cam- 
bio hoy  que  los  hebreos  provienen  de  semitas  nómades  de  la  Arabia. 
"Mientras  que  para  Amós,  escribe  L.  B.  d.  C,  la  época  de  la  morada 
de  Israel  en  el  desierto  había  sido  un  tiempo  ideal  (  5,  25),  que  según 
Oseas  la  infidelidad  de  Israel  no  había  comenzado  sino  con  el  episodio 
de  Baal  Peor  (9,  10:  i  280-284).  que  según  Jeremías,  la  nación  había 
amado  a  su  dios  en  la  época  de  sus  desposorios  en  el  desierto  (2,  2-3), 


SACRIFICIOS  DE  NIÑOS 


93 


que  según  Isaías,  Jerusalén  merecía  aún  en  tiempo  de  David,  el  nombre 
de  ciudad  fiel  (1.  26),  Ezequiel  en  cambio  considera  la  ciudad  como 
habiendo  sido  pagana  desde  antes  de  su  nacimiento,  pues  es  cananea 
de  origen:  su  padre  era  un  amorreo  y  su  madre  una  hitita  (vs.  3,  45)". 
La  creación  de  la  nacionalidad  israelita  así  como  la  adopción  del  culto 
del  dios  de  Madián,  Yahvé,  por  parte  de  Israel,  fue  la  gran  obra  reali- 
zada por  Moisés  ( í;  347,  353  ). 

3783.  En  la  alegoría  que  vamos  analizando,  no  se  menciona  para 
nada  el  período  de  residencia  de  los  hebreos  en  Egipto.  Israel  nace  en 
el  desierto,  donde  como  una  criatura  arrojada  despiadadamente  lejos 
de  sí  por  su  madre,  yacía  revolcándose  en  su  sangre,  pues  no  se  había 
tenido  la  precaución  de  atarle  y  luego  cortarle  el  cordón  umbilical,  lo 
que  irremisiblemente  hubiera  traído  como  consecuencia  la  muerte  de  la 
niña.  Pero  en  estas  fantasías  de  visionario  no  hay  que  pedir  verosimi- 
litud en  los  detalles  de  la  alegoría,  y  así  aparece  la  criatura  toda  man- 
chada de  sangre  hasta  después  de  la  época  de  sus  amores,  en  que  se 
unió  a  Yahvé,  — y  fuiste  mía —  y  sólo  entonces  este  dios  la  lavó  con 
agua  que  le  limpió  la  sangre  que  la  cubría,  no  habiéndosele  ocurrido 
efectuar  esa  limpieza  antes  de  su  matrimonio  ( vs.  8-9 1 .  En  fin,  cues- 
tión de  gustos,  y  a  los  dioses  todo  les  es  permitido;  y  como  éstos  han 
sido  formados  a  imagen  y  semejanza  de  los  hombres,  así  también  sus 
usos  y  costumbres  han  sido  calcados  sobre  los  de  los  humanos,  con  la 
diferencia  en  este  caso,  de  que  lo  que  se  describe  aquí  hecho  por  Yahvé 
después  de  su  matrimonio,  lo  realizaban  las  novias  antes  del  suyo.  En 
cuanto  a  la  mención  de  que  al  nacer,  Israel  fue  arrojado  en  pleno  campo 
para  que  muriera  ( v.  5 ) .  probablemente  se  alude  a  la  costumbre  de  los 
nómades,  perpetuada  entre  los  árabes  hasta  el  Islam,  de  enterrar  vivas 
a  las  criaturas  del  sexo  femenino,  a  su  nacimiento,  para  deshacerse  de 
ellas  {El  Corán,  surata  60,  12:  81,  8-9).  La  reputación  de  Israel  difun- 
dida entre  las  naciones  (v.  14)  debe  referirse  a  la  época  de  Salomón 
(I  Rey.  4,  34;  10,  1),  época  de  esplendidez  nacional,  en  la  que  ese 
monarca  introdujo  en  Jerusalén  el  culto  de  las  divinidades  extranjeras 
de  varias  de  sus  esposas  (I  Rey.  11,  1-8).  Comentando  el  v.  17'',  dice 
L.  B.  A.:  "Para  presentar  la  idolatría  en  su  faz  más  repelente,  Eze- 
quiel la  compara  a  la  forma  de  prostitución  más  monstruosa  que  se 
pueda  emaginar".  En  los  vs.  18-19  se  pinta  a  Yahvé  como  el  Baal  na- 
cional, dador,  como  dueño,  de  todos  los  productos  del  país;  por  eso 
reprocha  que  se  hayan  ofrecido  a  otras  divinidades:  "mi  pan,  mi  aceite, 
mis  perfumes".  El  profeta  expresa  que  los  sacrificios  de  niñitos  en  ho- 
nor de  los  dioses  era  para  que  sirvieran  de  alimento  a  éstos,  olvidando 
que  los  que  se  practicaban  corrientemente  en  Judá,  eran  en  honor  del 
propio  Yahvé  (Ez.  20,  25).  Por  el  v.  21  y  el  pasaje  de  Gén.  22,  6-10 
relativo  al  frustrado  sacrificio  de  Isaac,  se  ve  que  las  criaturitas  antes 
de  ser  quemadas  en  holocausto  al  dios,  eran  previamente  inmoladas,  es 


94 


BIGAMIA  DE  YAHVE 


decir,  degolladas  como  corderos.  Finalmente  en  los  vs.  24-29  la  alego- 
ría pasa  los  límites  de  la  irreverencia  para  con  su  dios  nacional,  al 
afirmar  que  la  mujer  de  éste  se  había  hecho  un  prostíbulo  en  todas  las 
plazas,  y  al  entrar  en  escabrosos  detalles  de  la  prostitución  de  la  mis- 
ma. Pero  la  fe  echa  un  piadoso  velo  sobre  esas  páginas  tan  poco  dignas 
de  un  libro  que  pretende  ser  sagrado,  alegando  que  nuestra  actual  de- 
cencia literaria  era  distinta  de  la  de  aquellos  lejanos  tiempos,  excusa 
buena  para  los  escritores  profanos  griegos  y  romanos;  pero  inaceptable 
para  autores  que,  se  sostiene,  escribían  inspirados  por  la  divinidad  judía 
y  cristiana. 

YAHVE  BIGAMO  Y  SUS  MUJERES  PROSTITUTAS.  —  3784.  Pero 
no  se  escandalice  todavía  el  ingenuo  lector  creyente;  reserve  sus  natu- 
rales reproches  para  las  páginas  del  cap.  23,  en  las  que  insiste  nuestro 
profeta  en  pintarnos  cuadros  de  mayor  lubricidad  aún,  como  si  se  com- 
placiera en  moverse  dentro  del  estercolero  de  una  literatura  malsana  y 
pornográfica.  Y  sin  más  preámbulos,  he  aquí  dicho  cap.  23:  1  La  pala- 
bra de  Yahvé  me  fue  dirip;ida  en  estos  términos:  "2  Hijo  de  hombre, 
había  dos  mujeres,  hijas  de  una  misma  madre;  3  las  que  se  prostitu- 
yeron en  Egipto,  en  su  juventud;  allí  fueron  estrujadas  sus  mamas; 
allí  fueron  manoseadas  sus  tetas  virginales.  4  He  aquí  sus  nombres:  la 
mayor  se  llamaba  Ohola  y  su  hermana,  Oholiba;  me  uní  a  ellas  (o  fue- 
ron mías)  y  me  dieron  hijos  e  hijas.  (El  redactor  quiso  aclarar  la 
situación  del  dios,  y  le  agregó:  Por  lo  que  hace  a  sus  nombres,  Ohola 
es  Samaría,  y  Oholiba  es  Jerusalén ) .  5  Ohola  me  fue  infiel,  y  se  ena- 
moró de  sus  amantes,  los  hijos  de  Asur  (los  asirios),  guerreros,  6  ves- 
tidos de  púrpura,  gobernadores  y  jefes,  todos  mancebos  deseables  {jó- 
venes de  lascivia,  —  La  Vulgata ) ,  jinetes  que  cabalgaban  en  corceles. 
7  Y  prodigó  sus  favores  a  todos  los  más  escogidos  hijos  de  Asur  y  de 
quienquiera  que  ella  se  enamorase,  se  contaminaba  con  todos  los  ídolos 
de  ellos.  8  No  interrumpió  el  curso  de  las  infidelidades  a  las  cuales  se 
entregaba  desde  su  morada  en  Egipto,  porque  los  egipcios  se  acostaron 
con  ella  en  su  mocedad,  quienes  habían  manoseado  sus  tetas  virginales 
y  derramaron  sobre  ella  su  fornicación.  9  Por  lo  cual  la  entregué  en 
manos  de  sus  amantes,  los  hijos  de^sur,  de  quienes  ella  se  había  ena- 
morado. 10  Estos  descubrieron  su  desnudez,  se  llevaron  sus  hijos  y  sus 
hijas,  y  a  ella  misma  la  mataron  a  espada.  Vino  a  ser  para  las  otras 
mujeres  un  ejemplo  memorable  (o  un  objeto  de  estupor],  después  de 
los  juicios  ejecutados  contra  ella.  II  Su  hermana  Oholiba,  testigo  de 
estos  sucesos,  se  dió  a  pasiones  más  criminales  aún  y  a  libertinajes  peo- 
res que  los  de  su  hermana,  (o  fornicó  con  más  furor  que  fornicó  su 
hermana  —  La  Vulgata).  72  Se  enamoró  de  los  hijos  de  Asur,  guerre- 
ros (aquí  se  repite  el  v.  6).  13  Vi  entonces  que  ella  también  se  aman- 
cillaba, que  ambas  seguían  la  misma  ría.  14  Pero  ella  fue  más  lejos 


CUADROS  LiniDINOSOS 


95 


en  sus  desbordamientos,  y  cuando  vió  hombres  dibujados  en  la  pared, 
imágenes  de  caldeos  pintados  de  rojo,  15  sus  riñones  ceñidos  con  tala- 
bartes, con  amplios  turbantes  en  la  cabeza,  teniendo  todos  la  apariencia 
de  capitanes  (o  príncipes) ,  imágenes  de  los  hijos  de  Babilonia,  cuyo 
país  natal  era  Caldea,  16  desde  que  los  vió,  se  enamoró  de  ellos  (o 
enloqueció  de  amor  por  ellos,  codiciándolos  sus  ojos  —  La  Vulgata), 
y  les  envió  mensajeros  a  Caldea.  17  Y  los  hijos  de  Babilonia  vinieron 
a  ella  para  compatir  el  lecho  de  los  amores  y  la  contaminaron  con  su 
lujuria.  Cuando  hubo  sido  amancillada  por  ellos,  su  deseo  se  hartó  de 
ellos.  18  Pero  porque  sus  desbordamientos  eran  notorios  y  que  había 
sido  descubierta  su  desnudez  (o  descubrió  sus  vergüenzas  —  Valera), 
mi  alma  se  separó  de  ella,  como  se  había  separado  de  su  hermana.  19 
Ella  multiplicó  sus  fornicaciones  (o  su  lujuria),  recordando  los  días 
de  su  juventud,  cuando  se  había  prostituido  en  tierra  de  Egipto.  20  Y 
enloqueció  de  lujuria  por  dormir  con  aquellos,  cuyas  carnes  son  como 
carnes  de  asnos  y  su  flujo  como  flujo  de  caballos  (La  Vulgata)  —  o 
"buscó  con  avidez  el  ser  abrazada  por  los  que  tienen  el  miembro  como 
asnos  y  echan  su  simiente  como  caballos"  i  traducción  sin  eufemismos 
de  Voltaire;  cf.  16,  26)  —  o  "cuyo  ardor  carnal  era  el  de  los  asnos,  y 
cuya  lubricidad  era  la  de  los  garañones"  {  o  caballos  sementales,  que  en 
el  Río  de  la  Plata,  llamamos  padrillos;  traducción  de  L.  B.  d.  C,  en 
que  está  más  velada  la  crudeza  del  original).  21  Volviste  a  la  inmo- 
ralidad de  tu  mocedad,  cuando  los  egipcios  resobaban  tus  telas  y  estru- 
jaban tus  pechos  juveniles. 

3785.  A  estos  cuadros  libidinosos,  del  más  pésimo  gusto  literario, 
siguen  varias  sentencias  condenatorias  de  Yahvé,  lo  que  indica  obra 
de  distintos  autores  o  modificaciones  del  mismo  Ezequiel  en  diversas 
copias  de  sus  oráculos.  Así  en  los  vs.  22-27  manifiesta  Yahvé  que  sus- 
citará contra  Oholiba  a  los  caldeos  y  a  los  asirlos  (olvidando  que  éstos 
últimos  hacía  años  que  habían  desaparecido  para  siempre  del  escenario 
de  la  historia).  Esos  pueblos  le  cortarán  a  la  culpable  la  nariz  y  las 
orejas,  penas  que  se  encuentran  para  muy  variados  delitos  en  los  códi- 
gos de  los  asirlos,  los  hititas  y  en  el  de  Hammurabí.  Además  parte  de 
sus  hijos  perecerán  por  la  espada,  y  otra  parte  serán  desterrados,  ter- 
minando el  fuego  esa  obra  punitiva.  En  los  vs.  26,  28-30,  los  enemigos 
de  Oholiba  la  dejarán  desnuda;  en  los  vs.  31-34  hay  un  trozo  en  verso 
en  que  se  le  anuncia  a  esa  mujer  de  Yahvé  que  beberá  del  vino  de  la 
cólera  divina;  y  en  el  trozo  final,  vs.  36-48,  aparece  el  Ezequiel,  sacer- 
dote ritualista,  poniendo  al  mismo  nivel  las  inmolaciones  de  las  cria- 
turas en  honor  de  los  ídolos  con  la  profanación  de  los  sábados.  He  aquí 
lo  que  opina  L.  B.  d.  C.  sobre  este  cap.  23:  "La  alegoría  desarrollada 
en  este  capítulo  recuerda  mucho  la  del  cap.  16.  Sin  embargo,  el  pro- 
feta no  habla  aquí  de  Sodoma,  y  entiende  sobre  todo  por  prostitución 
el  buscar  el  apoyo  de  las  naciones  extranjeras;  sólo  se  menciona  inci- 


96 


CUADROS  LIBIDINOSOS 


dentalmente  el  sincretismo  religioso  que  a  menudo  fue  la  consecuencia 
de  esas  alianzas  políticas  ( vs.  7,  30,  37,  39).  La  pintura  de  los  desbor- 
damientos de  las  dos  ciudades  infieles  es  todavía  más  cruda  y  más  rea- 
lista aquí  que  en  el  cap.  16.  Además  no  se  hace  alusión  alguna  a  un 
restablecimiento  ulterior  de  las  culpables,  lo  que  da  a  pensar  que  el 
cap.  23  fue  redactado  antes  del  cap.  16,  o  en  todo  caso,  no  fue  reto- 
cado, como  éste  último,  por  Ezequiel  después  del  586.  Por  lo  demás, 
hay  en  este  capítulo,  como  en  muchas  otras  páginas  del  libro,  huellas 
de  la  fusión  de  muchas  copias  {re^censions) ,  p.  ej..  suelen  encontrarse 
una  al  lado  de  la  otra,  dos  redacciones  de  la  misma  frase  o  de  un  mis- 
mo desenvolvimiento  (vs.  4"  y  4'',  vs.  25"  y  25''-26;  los  vs.  28-30  son 
paralelos  a  22-27)  ;  el  trozo  final  {36-49)  en  el  que  existe  un  gran  des- 
orden (tan  pronto  se  habla  de  las  dos  hermanas,  como  de  una  sola  de 
ellas;  en  otra  parte  Oholiba  es  interpelada!,  vuelve  una  vez  más  sobre 
el  tema  del  capítulo".  Dos  observaciones  para  concluir  con  este  cap.  23: 
1°  que  las  alusiones  a  alianzas  o  pedidos  de  auxilio  a  los  asirlos,  deben 
referirse  a  lo  expuesto,  al  respecto,  en  §  1970,  2785,  2837-2838;  y  2*? 
que  cuando  escribía  Ezequiel.  aun  no  se  había  redactado  el  Código  de 
Santidad,  que  hoy  figura  en  el  Levítico,  y  que  prohibe  con  pena  de 
muerte  el  casamiento  de  un  hombre  con  dos  hermanas,  viviendo  am- 
bas (Lev.  18,  18;  §  2336). 


CAPITULO  V 


Otros  oráculos  de  Ezequiel 
anteriores  al  586 


INCREDULIDAD  EN  EL  CUMPLIMIENTO  DE  LAS  AMENAZAS  PROFE- 
TICAS.  —  3786.  Tan  constantes  y  repetidas  eran  las  amenazas  de 
castigos  contra  Judá  y  su  capital,  principalmente  por  desobediencia  a 
los  mensajes  que  en  nombre  de  Yahvé  dirigían  a  sus  habitantes,  pro- 
fetas como  Jeremías  y  Ezequiel,  que  al  fin  terminaban  por  provocar 
la  indiferencia  popular,  en  vista  de  la  prolongada  demora  de  aquéllas 
en  realizarse.  Esa  incredulidad  se  revelaba  en  dos  formas:  unos,  sim- 
plemente no  creían  en  tales  castigos;  y  otros  sostenían  que,  si  llegaban 
a  cumplirse,  sería  en  una  época  muy  remota,  de  modo  que  mientras 
tanto  se  podía  dormir  tranquilo.  Contra  esas  dos  clases  de  incrédulos 
protesta  Ezequiel,  y  a  los  primeros  les  dice:  12,  21  La  palabra  de  Yahvé 
me  fue  dirigida  en  estos  términos:  "¿Qué  es  ese  refrán  que  circula  en- 
tre vosotros  tocante  a  la  tierra  de  Israel,  que  dice:  Los  días  se  van 
prolongando  y  toda  visión  perece  (o  no  se  realiza  ninguna  revelación)  ? 
23  Por  lo  cual  diles:  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  Haré  callar  a  los  que 
repiten  ese  refrán;  no  se  le  pronunciará  más  en  Israel.  Por  el  contrario, 
declárales:  Próximos  están  los  días  en  que  se  cumplirán  todas  las  reve- 
laciones; 24  porque  ninguna  revelación  resultará  vana,  ninguna  predic- 
ción será  engañosa  en  la  casa  de  Israel.  25  Porque,  yo,  Yahvé,  pro- 
nunciaré una  sentencia  (o  hablaré)  y  luego  de  pronunciada,  se  cum- 
plirá, sin  más  dilación,  de  modo  que  la  sentencia  que  yo  pronunciare, 
la  cumpliré  en  vuestro  propio  tiempo  (o  durante  vuestra  vida  —  V.  S.), 
oh  casa  de  rebeldes,  oráculo  del  Señor  Yahvé". 

3787.  Ezequiel  solía  tomar  como  tema  de  sus  disertaciones  o  cen- 
suras, proverbios  o  dichos  vulgares  (16,  44;  18,  2);  aquí  al  mencio- 
nado en  el  v.  21  se  le  denomina  maschal  1165  n).  Con  respecto  a 
las  palabras  de  ese  refrán:  "toda  visión  perece",  nota  L.  B.  d.  C.  que 
"la  palabra,  y  especialmente  la  de  los  profetas  y  adivinos,  era  conce- 


98 


lUJRI.AS  DE  LAS  AMENAZAS  PR0PT,T1CAS 


bida  como  una  especie  de  fuerza  que  obraba  por  sí  misma  una  vez  de 
proferida:  ella  puede  mantenerse  en  pie,  o  caer  a  tierra,  permanecer 
viva  o  perecer''.  No  era  una  novedad  que  hubiera  en  aquel  entonces 
quienes  se  burlaran  de  las  amenazas  proféticas,  cuyo  cumplimiento  no 
veían  realizarse,  pues  eso  ocurría  ya  en  época  de  Isaías  (5,  79;  §  2884. 
2887),  y  lo  mismo  le  pasaba  a  Jeremías  (§  3539).  El  falsario  que  allá 
por  la  segunda  mitad  del  siglo  II  n.  e.  escribió  la  Segunda  Epístola  de 
Pedro  (nuestra  Introducción,  ^  355)  se  queja  igualmente  de  los  escar- 
necedores que  ridiculizaban  la  espera  de  la  parusia'"  o  segundo  adveni- 
miento del  Cristo  — suceso  formalmente  predicho  en  Marc.  13,  30 — 
manifestando  que  el  mundo  no  tenía  trazas  de  concluir  por  ahora,  y  que 
las  cosas  seguían  en  el  mismo  estado  desde  el  comienzo  de  la  creación 
(II  Ped.  3,  3-4).  A  los  incrédulos  que  propalaban  que  "los  días  se 
prolongan  y  toda  visión  perece  o  no  se  realiza"",  Ezequiel  les  contesta 
en  nombre  de  Yahvé,  casi  con  las  mismas  palabras;  pero  en  sentido 
contrario:  "los  días  se  acercan  (o  están  próximos),  y  toda  visión  se 
cumplirá  \  ninguna  revelación  será  vana,  como  resultaban  los  vaticinios 
de  los  profetas  nacionalistas,  desmentidos  por  los  acontecimientos  (Lám. 
2,  14) .  En  adelante,  Yahvé  no  volverá  a  pronunciar  oráculos  destina- 
dos a  engañar  a  aquellos  que  quiere  perder,  — como  había  hecho  con 
el  rey  Acab,  induciendo  a  sus  profetas  que  lo  aconsejaran  que  presen- 
tase batalla  al  rey  de  Siria,  en  la  que  Acab  saldría  triunfador,  cuando 
realmente  en  ella  dicho  monarca  halló  la  muerte  (I  Rey.  22,  19-23; 
§  851), —  por  lo  que  dice:  que  ya  "ninguna  predicción  será  engañosa 
en  la  casa  de  Israel"  (v.  24).  Sin  embargo,  a  pesar  de  esa  promesa  de 
que  Yahvé  no  volvería  a  inspirar  oráculos  mentirosos,  Ezequiel  le  hace 
decir  a  su  dios,  en  seguida,  lo  contrario,  según  luego  veremos  en  14,  9. 
Aquí,  a  los  incrédulos  burlones  con  quienes  contiende  en  12,  21-25, 
concluye  manifestándoles  que  en  lo  sucesivo,  pronunciada  la  sentencia 
condenatoria  por  Yahvé,  ella  recibirá  inmediata  ejecución,  sin  dilación 
alguna,  "durante  vuestra  vida  o  en  vuestro  propio  tiempo".  El  mismo 
anuncio  hace  el  profeta  a  aquellos  que  sin  dudar  de  la  realización  de 
las  predicciones  calamitosas  que  él  formulaba,  suponían  que  ellas  ocu- 
rrirían en  muy  lejana  época,  de  modo  que  no  les  alcanzarían.  Alzán- 
dose de  hombros,  vendrían  a  decir  en  el  fondo,  como  Luis  XV:  "Aprés 
moi,  le  déluge"  (Después  de  mí,  que  venga  el  diluvio),  pues  manifes- 
taban: 12,  27  "Las  visiones  que  tiene  este  hombre  se  refieren  a  días 
lejanos,  profetiza  para  tiempos  alejados".  28  Por  lo  cual  diles:  Así  ha- 
bla el  Señor  Yahvé:  No  habrá  más  dilación  en  el  cumplimiento  de  nin- 
guna de  las  palabras  que  yo  pronunciaré:  luego  de  pronunciada,  se 
cumplirá,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé". 

ORACULOS  CONTRA  LOS  FALSOS  INSPIRADOS.  —  3788.  En  el 
cap.  13,  Ezequiel  ataca  a  los  numerosos  inspirados  nacionalistas,  a  los 


CONTRA  LOS  FALSOS  INSPIRADOS 


99 


que  denomina  "los  profetas  de  Israel",  dada  su  cantidad.  Sus  invectivas 
van  primero  contra  los  del  sexo  masculino  (vs.  1-16]  :  y  luego  contra 
las  falsas  profetisas  (vs.  17-23).  Entiende  L.  B.  d.  C.  que  "el  primer 
trozo,  que  se  distingue  por  sus  múltiples  repeticiones,  debe  haber  for- 
mado, como  muchos  otros  en  el  libro  de  Ezequiel,  por  la  fusión  de  dos 
copias  (hoy  diríamos  ediciones)  del  mismo  oráculo.  En  una,  el  autor 
habla  en  general  de  los  profetas,  empleando  la  tercera  persona,  mientras 
que  en  la  otra,  los  interpela.  La  primera  (EzM  debe  haber  sido  redac- 
tada antes  del  586,  porque  el  castigo  previsto  para  los  falsos  profetas 
consistirá  en  ser  aniquilados  cuando  el  derrumbamiento  de  Jerusalén 
(v.  14).  La  segunda  habría  sido  compuesta  — probablemente  por  el 
mismo  Ezequiel  (Ez-) —  después  de  la  ruina  del  Estado  judío  y  la 
deportación  que  la  siguió,  porque  el  castigo  de  los  inspirados  impos- 
tores será  el  de  no  participar  en  el  retorno  del  pueblo  a  la  tierra  de 
Israel  (v.  9)".  Transcribimos  a  continuación  los  vs.  de  ese  trozo,  que, 
según  L.  B.  d.  C,  pertenecen  a  Ez-:  13,  1  La  palabra  de  Yahvé  me 
fue  dirigida  en  estos  términos:  2  "Hijo  de  hombre,  profetiza  contra  los 
profetas  de  Israel,  profetiza  y  diles:  Escuchad  la  palabra  de  Yahvé.  3 
Así  habla  el  Señor  Yahvé:  ¡Ay  de  aquellos  que  sacan  sus  profecías  de 
su  propio  corazón,  que  siguen  su  propia  inspiración  sin  haber  tenido 
■  revelaciones!  4  ¡Como  chacales  en  las  ruinas,  tales  son  tus  profetas,  oh 
Israel!  5  No  han  subido  a  las  brechas,  ni  han  construido  un  muro  de- 
lante de  la  casa  de  Israel  para  que  ella  pudiera  defenderse  en  la  batalla 
en  el  día  de  Yahvé.  6  Han  tenido  visiones  engañosas  y  predicciones  men- 
tirosas, ellos  que  dicen:  Oráculo  de  Yahvé  —  aunque  Yahvé  no  los  ha 
enviado,  y  ¡sin  embargo  esperan  ver  el  cumplimiento  de  sus  palabras! 
9  Extenderé  mi  mano  sobre  los  profetas  cuyas  visiones  son  engañosas 
y  sus  predicciones  mentirosas.  No  formarán  más  parte  de  la  asamblea 
de  mi  pueblo;  no  serán  inscritos  en  el  libro  de  la  casa  de  Israel  y  no 
retornarán  a  la  tierra  de  Israel,  así  sabrán  que  yo  soy  Yahvé.  10  Por- 
que han  descarriado  a  mi  pueblo  diciendo:  ¡Paz!  cuando  no  había  paz, 
porque  cuando  mi  pueblo  construía  un  muro,  ellos  lo  recubrieron  de 
yeso;  11  di  a  aquellos  que  lo  recubren  de  yeso:  Voy  a  hacer  venir  una 
lluvia  torrencial ;  caerá  pedrisco;  se  desencadenará  viento  huracanado,  12 
y  el  muro  se  derrumbará.  ¿No  se  os  dirá  entonces:  dónde  está  el  yeso 
con  el  que  lo  habíais  recubierto?  15  Yo  desahogaré  mi  furor  contra  el 
muro  y  contra  aquellos  que  lo  recubrieron  de  yeso.  16  ¿Dónde  están 
los  profetas  de  Israel  que  profetizaban  sobre  Jerusalén  y  que  tenían  a 
su  respecto  visiones  de  paz,  aunque  no  había  paz?  —  oráculo  del  Se- 
ñor Yahvé". 

3789.  Jeremías  y  Ezequiel  no  sólo  tenían  que  luchar  con  la  indi- 
ferencia u  hostilidad  de  sus  compatriotas,  sino  además  contra  los  ins- 
pirados nacionalistas  que  inducían  a  éstos  a  una  falsa  seguridad,  al 
sostener  que  era  inconcebible  la  caída  de  Jerusalén.  porque  Yahvé  la 


100 


CONTRA  LOS  FALSOS  INSPIRADOS 


defendería,  no  permitiendo  su  ruina.  Producido  este  acontecimiento,  no 
desaparecieron,  sin  embargo,  los  que  se  oponían  a  las  predicciones  de 
los  profetas  de  desgracia,  como  los  anteriormente  nombrados,  y  contra 
esos  opositores  es  que  clama  Ezequiel  en  el  párrafo  que  se  deja  trans- 
crito. Los  acusa  de  impostores,  que  mienten  cuando  dicen  que  han  reci- 
bido revelaciones  de  Yahvé,  pues  los  oráculos  que  formulan  los  han 
sacado  de  su  propio  corazón,  proceden  de  su  personal  inspiración.  Los 
compara  a  chacales  í  otros  traducen:  zorras)  que  abren  sus  madrigue- 
ras entre  las  ruinas,  contribuyendo  asi  al  total  derrumbe  de  éstas  (Lam. 
5,  18;  Neli.  4,  3).  En  vez  de  contribuir  a  la  reforma  moral  y  religiosa 
del  pueblo,  por  el  contrario  lo  alentaron  con  falsas  ilusiones,  hasta  que 
se  produjo  la  inevitable  catástrofe.  Nada  hicieron  para  defender  la  casa 
de  Israel  en  la  batalla,  en  el  día  de  Yahvé,  o  "día  de  Jerusalén"  (Sal. 
137,  7),  día  de  la  caída  de  esa  ciudad.  Yahvé  no  los  ha  enviado,  y  sin 
embargo,  esperan  que  el  azar  les  permita  ver  cumplidas  sus  prediccio- 
nes mentirosas.  Cuando  el  pueblo  construía  un  muro,  ellos  no  se  preo- 
cuparon de  su  solidez,  sino  de  que  tuviera  hermosa  apariencia,  dándole 
una  mano  de  yeso.  "La  construcción  del  muro,  dice  L.  B.  A.,  es  el 
emblema  de  los  supremos  esfuerzos  del  pueblo  para  salvar  a  Jerusalén, 
ya  por  alianzas  con  Egipto  y  los  países  vecinos,  ya  reuniendo  todos  los 
recursos  que  le  quedaban  para  ponerse  en  estado  de  defensa.  Los  falsos 
profetas  enyesan  ese  muro  a  fin  de  ocultar  sus  fisuras  y  su  debilidad". 
Pero  vendrá  la  tempestad  y  la  lluvia  torrencial,  el  pedrisco  y  el  viento 
huracanado  realizarán  su  implacable  obra  y  derrumbarán  aquel  muro. 
Y  será  entonces  el  caso  de  preguntar  ¿dónde  está  el  yeso  con  el  que 
habéis  recubierto  el  muro?  ¿dónde  están  vuestras  ilusorias  seguridades, 
ante  tan  rotundo  fracaso?  Por  tanto  a  esos  profetas  que  con  sus  falaces 
predicciones  han  engañado  y  descarriado  al  pueblo,  presentándole  visio- 
nes de  paz.  cuando  ésta  no  existia,  Yahvé  los  condena  a  no  formar  parte 
de  la  asamblea  de  Israel,  a  no  ser  inscritos  en  el  libro  en  que  constaban 
los  jefes  de  familia  poseedores  de  tierras  (Jer.  22,  30;  §  3553],  a  no 
regresar  jamás  a  su  abandonada  patria. 

3790.  El  resto  del  cap.  13  está  consagrado  a  combatir  a  las  bru- 
jas judaítas  que  "sacan  profecías  de  su  propio  corazón  o  que  se  inspi- 
ran a  sí  mismas"  (v.  17)  ;  pero  ese  pasaje  ya  lo  hemos  transcrito  y 
comentado  en  el  tomo  III  de  esta  Historia,  §  953-954,  párrafos  a  los 
cuales  remitimos  al  lector.  Agregaremos  aquí,  en  confirmación  de  lo  ya 
dicho,  lo  que  al  respecto  escribe  L.  B.  d.  C,  cuyo  fascículo  sobre  Eze- 
quiel no  se  había  publicado  aún.  cuando  vió  la  luz  el  citado  volumen 
nuestro.  "A  menudo  han  sido  consideradas  las  acusaciones  formuladas 
en  este  pasaje,  como  expresiones  metafóricas  figurando  la  seguridad 
ilusoria  que  las  falsas  profetisas  inspiran  a  los  impíos:  ellas  ponen  co- 
jines bajo  los  codos  de  los  pecadores  y  almohadas  bajo  sus  cabezas. 
Pero.  1'^^  se  traía  de  objetos  materiales  que  romperá  \ahvé  ívs.  20  \  21)  ; 


CONTRA  LAS  BRUJAS  JUDAITAS 


101 


los  primeros  podían  ser  atados  sobre  los  brazos  (no  bajo  los  codos) 
de  las  mismas  hechiceras  (no  de  los  consultantes).  Sin  duda  no  se  trata 
de  cojines  (sentido  del  vocablo  en  hebreo  rabínico),  sino  de  ataduras 
(cf.  el  asirio  kasú,  "atar"),  de  cintas  o  tiras;  (1)  los  nudos  son  de 
uso  corriente  en  la  magia  universal;  sirven,  p.  ej.,  para  paralizar  tal 
o  cual  miembro  de  un  enemigo  o  para  preservar  de  ciertos  peligros  al 
que  las  lleva,  así  los  árabes  solían  envolverse  los  brazos  con  fibras  del 
árbol  samura  para  ser  invulnerables;  las  filacterias  (§  3246),  que  los 
judíos  se  atan  al  brazo  derecho  y  en  la  frente,  pasaban  por  amuletos, 
como  lo  indica  su  nombre  griego:  3*^*  la  caza  de  almas  es  también  uno 
de  los  medios  más  comúnmente  empleados  por  los  brujos  para  procu- 
rarse recursos:  capturan  las  almas  que  se  separan  del  cuerpo  de  los 
que  duermen  durante  el  sueño  y  no  las  entregan  a  sus  propietarios  sino 
mediante  paga.  O  bien  buscan  el  alma  que  ha  salido  del  cuerpo  de  los 
enfermos,  obligándola  a  volver  a  entrar  en  él,  o  por  el  contrario,  se 
apoderan  del  alma  de  un  hombre  determinado  para  entregarla  a  su 
enemigo,  torturarla  y  hacerla  perecer.  Así  por  sus  sortilegios,  hacen 
vivir  almas  que  quizá,  según  el  designio  de  Dios,  no  debían  vivir,  y 
morir  almas  cuya  hora  no  había  aún  llegado.  Según  otros,  esta  última 
expresión  tendría  en  vista  la  nigromancía:  ellas  hacen  revivir  (para 
consultarlas)  almas  que,  sin  esto,  no  habrían  vuelto".  El  comienzo  del 
V.  19  que  traduce  L.  B.  d.  C.:  "Profanáis  mi  santidad  ante  mi  pueblo 
por  als;unos  puñados  de  cebada,  etc.  es  "quizá  alusión  al  empleo  del 
nombre  de  Yahvé  al  cual  atribuían  los  magos  influencia  soberana,  em- 
pleo prohibido  por  el  Decálogo:  No  pronunciarás  el  nombre  de  Yahvé 
para  la  hechicería  (Ex.  20,  7;  L.  B.  d.  C";  §  2743).  En  resumen, 
aunque  Ezequiel  censura  los  procedimientos  mágicos  de  las  brujas  de 
su  tiempo,  no  dudaba  de  su  eficacia,  por  lo  que  hace  figurar  a  Yahvé 
condenándolos  por  nefastos  y  sacrilegos.  Esto  nos  muestra  una  vez  más 
que  los  oráculos  que  se  dan  en  nombre  de  ese  dios,  no  son  otra  cosa 
que  la  expresión  de  las  ideas  y  de  los  sentimientos  de  los  visionarios 
que  creían  ser  los  portavoces  de  dicha  divinidad  israelita. 

CONTRA  LOS  CONSULTANTES  IDOLATRAS.  —  3791.  14,  1  Algu- 
nos de  los  ancianos  de  Israel  vinieron  a  encontrarme  y  se  sentaron  ante 
mí.  2  Entonces  me  fue  dirigida  la  palabra  de  Yahvé  en  estos  términos: 
3  "Hijo  de  hombre,  esas  gentes  llevan  sus  ídolos  en  su  corazón  y  tienen 
constantemente  delante  de  ellos  lo  que  les  hace  caer  en  el  pecado.  ¿Pue- 
do dejarme  consultar  por  ellos?  6  Por  tanto  di  a  la  casa  de  Israel:  Así 


{!)  He  aquí  cómo  traduce  L.  B.  d.  C.  el  v.  18:  "Tú  dirás:  Así  habla  el  Señor 
Yahvé:  ¡Ay  de  las  que  cosen  cintas  en  todas  las  muñecas  y  que  ponen  sobre  las 
cabezas  velos  a  la  medida  de  todas  las  estaturas,  para  cazar  las  almas!  ¡Y  qué, 
cazaríais  las  almas  de  mi  pueblo  y  conservaríais  con  vida  vuestras  propias  almas!" 


102 


LOS  CONSULTANTES  IDOLATRAS 


habla  el  Señor  Yahvé:  Volveos,  separaos  de  vuestros  ídolos,  cesad  de 
mirar  a  vuestras  divinidades  abominables.  7  Si  alguno  en  efecto  en  la 
casa  de  Israel  o  entre  los  extranjeros  admitidos  a  morar  en  Israel,  se 
apartare  de  mí  para  llevar  en  su  corazón  sus  ídolos  y  pusiere  delante 
de  él  lo  que  le  hace  caer  en  el  pecado,  y  luego  ese  hombre  viniere  a 
un  profeta  para  que  éste  me  consulte  a  su  respecto,  yo,  Yahvé,  yo  mis- 
mo le  responderé:  8  daré  vuelta  mi  rostro  contra  ese  hombre  y  haré 
de  manera  que  su  suerte  pase  en  ejemplo  (o  sirva  de  escarmiento)  y 
como  refrán:  yo  lo  cortaré  (o  destruiré)  de  en  medio  de  mi  pueblo, 
y  vosotros  sabréis  que  yo  soy  Yahvé.  9  En  cuanto  al  profeta,  si  deján- 
dose seducir,  consintiere  en  pronunciar  un  oráculo,  sería  yo,  Yahvé, 
quien  habría  seducido  a  ese  profeta:  pero  extenderé  mi  mano  sobre  él 
y  le  haré  desaparecer  (o  le  destruiré,  o  le  borraré)  de  en  medio  de  mi 
pueblo  Israel.  10  Llevarán  la  pena  de  su  pecado:  la  del  profeta  será  la 
misma  que  la  del  hombre  que  le  hubiere  consultado,  11  a  fin  de  que 
la  casa  de  Israel  no  se  descarríe  más  lejos  de  mí  y  no  se  contamine 
más  con  todas  sus  rebeliones,  sino  que  ella  sea  mi  pueblo,  y  yo  sea  su 
dios  —  oráculo  del  Señor  Yahvé". 

3792.  El  trozo  precedente  ha  sido  muy  retocado,  hasta  el  punto 
que  el  v.  7  es  simple  repetición  del  v.  4,  con  el  agregado  de  los  extran- 
jeros. Después,  esta  invectiva  contra  los  consultantes  idólatras  está  aquí 
fuera  de  lugar,  pues  ya  en  otras  ocasiones  (8,  1 )  los  ancianos  que 
dirigían  a  los  deportados  — dado  que  los  caldeos  habían  dejado  a  éstos 
su  organización  comunal —  visitaban  al  profeta  para  hablarle  o  escu- 
char su  opinión  sobre  asuntos  que  a  todos  ellos  les  interesaban.  ¿No 
sería  fundada  la  sospecha  de  Reuss,  de  que  "la  presencia  de  los  ancia- 
nos (o  sheiks  o  jeques)  podría  no  ser  sino  un  cuadro  libremente  com- 
puesto para  introducir  la  declaración  que  sigue"?  Nótese  además  el 
diferente  concepto  en  que  tenían  Jeremías  y  Ezequiel  a  los  deportados. 
Según  la  visión  de  los  dos  canastos  de  higos,  que  tuvo  Jeremías  ( 24, 
1-10;  §  3431-34321,  los  desterrados  en  Babilonia  eran  higos  excelentes, 
o  sea,  judaítas  a  quienes  \ahvé  miraría  con  favor  para  hacerles  bien, 
pues  los  haría  retornar  a  su  patria,  y  les  daría  nuevo  corazón  a  fin  de 
que  siempre  les  fueran  fieles,  constituyendo  así  su  pueblo  escogido.  En 
cambio  para  Ezequiel,  los  deportados  continuaban  con  los  mismos  sen- 
timientos religiosos  que  tenían  antes  del  destierro  ( 3702  )  formando, 
en  consecuencia,  parte  del  canasto  de  los  higos  malísimos,  que  no  se 
podían  comer  de  tan  malos  que  eran  ( Jer.  24,  3) .  De  ahí  esta  vehe- 
mente catilinaria  contra  sus  compatriotas  que  por  su  intermedio  venían 
a  consultar  a  Yahvé.  sin  abandonar  el  sincretismo  religioso  que  prac- 
ticaban ellos  y  el  resto  del  pueblo  quedado  en  Judá  después  del  desastre 
nacional  (Jer.  44:  S  3588-3589).  Sobre  el  v.  9  escribe  L.  B.  d.  C: 
"Ezequiel  mantiene  aquí  la  antigua  concepción  según  la  cual  Yahvé 
incita  a  veces  a  los  hombres  a  cometer  un  acto  reprensible,  por  el  que 


PROYECTO  DE  ERIGIR  TEMPLOS 


103 


en  seguida  los  castiga  (cf.  Ex.  9,  12;  10,  1 ;  II  Sam.  24,  1 ;  II  Rey.  24, 
20;  Ez.  20,  23-26) .  La  Vulgata  trae  en  el  v.  9:  "yo  el  Serlor  engañé  a 
aquel  profeta",  frase  molesta  para  la  ortodoxia,  que  Scío,  cambiándole 
el  sentido,  interpreta  así:  "Permití  por  un  oculto  juicio  de  mi  justicia 
que  aquel  profeta  se  engañase  para  que  pereciese  sin  recurso".  Según 
Job,  Yahvé  entontece  (o  vuelve  locos)  a  los  jueces  (12,  17).  Yahvé 
engañará,  pues,  al  profeta  y  al  consultante  idólatra,  para  luego  darse 
el  placer  de  destruirlos  (v.  10)  ;  pero  para  L.  B.  A.  "El  exterminio  de 
los  rebeldes,  trátese  del  pueblo  o  de  los  profetas,  tiene  una  finalidad 
de  amor:  traer  el  pueblo  a  su  dios  y  volver  a  dios  su  pueblo".  ¡Insos- 
pechada manera  de  practicar  el  amor!  Recuérdese  que  la  frase  final  del 
V.  11,  "a  fin  de  que  la  casa  de  Israel  sea  mi  pueblo  y  yo  sea  su  dios", 
— repetida  en  múltiples  ocasiones —  se  encuentra  ya  en  la  visión  de  los 
dos  canastos  de  higos,  de  Jeremías  (24,  7).  En  resumen,  la  enseñanza 
que  quiere  inculcar  el  profeta,  es  lo  expresado  en  el  v.  6:  sus  compa- 
triotas deben  arrepentirse,  abandonar  el  culto  de  otros  dioses  y  ser  fie- 
les únicamente  a  su  dios  nacional  para  poder  consultarlo. 

3793.  En  el  cap.  20  se  halla  otro  relato  semejante  al  que  ante- 
cede, de  14,  1-11,  pues  en  él  aparecen  unos  ancianos  de  Israel  que  se 
sientan  delante  del  profeta  con  el  propósito  de  consultar  a  Yahvé.  Sien- 
do la  suspensión  de  los  sacrificios,  la  consecuencia  lógica  del  destierro 
(§  3872),  se  podía  eludirla  solicitando  del  Gobierno  extranjero  una 
concesión  de  terreno  para  el  dios  Yahvé,  como  había  hecho  Salomón  a 
las  divinidades  de  sus  mujeres  no  israelitas  (I  Rey.  11.  7-8)  y  como 
en  virtud  de  algún  arreglo  por  el  estilo  habían  conseguido  los  colonos 
de  Elefantina  construir  en  el  Alto  Egipto  un  templo  a  Yahú.  Por  eso 
opina  Lods  con  otros  exégetas,  que  quizá  algunos  deportados  conci- 
bieron un  proyecto  análogo  y  lo  sometieron  a  Ezequiel,  lo  que  motivó 
la  consulta  de  los  ancianos  a  que  se  refiere  este  cap.  20.  Parece  que 
"concluyeron  por  realizar  dicho  proyecto,  erigiendo  un  santuario  en 
Casifía,  donde  moraban  en  tiempo  de  Esdras,  levitas  y  netineos  en  gran 
número  (Esd.  8,  15-20),  santuario  que  por  dos  veces  es  calificado  de 
makom,  "lugar",  vocablo  que  puede  significar,  como  el  árabe  makam, 
"lugar  santo"  (Les  Prophétes,  ps.  244-245).  Margolis  y  Marx,  en  su 
Historia  del  Pueblo  Judío,  entienden  también  que  la  finalidad  de  la 
aludida  consulta  a  Ezequiel  respondía  al  proyecto  que  supone  Lods, 
pues  expresan  al  respecto:  "cuando  los  Ancianos  vinieron  a  verlo,  sugi- 
riendo la  construcción  de  un  templo  en  tierra  caldea,  él  se  opuso  vigo- 
rosa e  inflexiblemente  a  dicho  plan,  que  representaba  renunciar  a  la 
futura  restauración  palestina"  (p.  113).  Según  Ezequiel,  tales  consul- 
tantes eran  idólatras,  por  lo  cual  el  dios,  indignado,  les  hace  decir  que 
no  se  dejará  consultar  por  ellos,  y  en  cambio,  ordena  a  Ezequiel  que  les 
haga  conocer  las  abominaciones  cometidas  por  sus  padres  (vs.  1-4,31). 
Esta  introducción  le  sirve  al  profeta  para  desarrollar  una  síntesis  de  las 


104 


INFIDELIDADES  DE  ISRAEL 


infidelidades  de  su  pueblo,  desde  que  éste  tomó  como  dios  a  Yahvé, 
cuando  aún  estaba  en  Egipto,  hasta  la  época  de  la  consulta.  El  relato 
que  sigue  en  el  cap.  20,  viene  a  ser  reproducción  del  ya  hecho  en  los 
caps.  16  y  23;  pero  sin  las  alegorías  de  mal  gusto  empleadas  en  éstos 
(§  3781-3785).  Dicha  descripción  se  divide  en  dos  partes:  la  primera 
va  hasta  el  v.  31,  y  a  ella  corresponde  la  fecha  mencionada  en  el  v.  J : 
el  5°  mes  del  7^  año  de  la  cautividad,  o  sea,  agosto  del  590;  la  segunda 
parte  (vs.  32-44)  es  posterior  al  año  586,  pues  supone  el  pueblo  dis- 
perso en  los  otros  países,  al  que  se  le  anuncia  que  retornará  a  Pales- 
tina. L.  B.  d.  C.  cree  que  ella  pertenece  también  a  Ezequiel,  agregando: 
"Es  significativo,  desde  entonces,  el  estrecho  parentesco  de  su  estilo  e 
ideas  con  el  Código  llamado  de  Santidad  (Lev.  17-26).  redactado  sin 
duda  por  la  misma  época".  En  la  primera  parte  pueden  notarse  las 
siguientes  subdivisiones:  1°  Infidelidad  de  Israel  en  Egipto;  2°  infide- 
lidad en  el  desierto,  durante  la  primera  generación:  3'?  también  en  el 
desierto,  durante  la  segunda  generación;  4°  infidelidades  en  Canaán; 
V  5°  en  la  época  actual.  En  la  primera  subdivisión,  fvs.  5-10),  dice 
Yahvé  que  cuando  eligió  a  los  israelitas  en  Egipto,  les  prometió  sacar- 
los de  ese  país  y  conducirlos  a  otro  país  que  él  había  explorado  para 
ellos,  el  que  manaba  leche  y  miel,  la  joya  de  todos  los  países  o  la  más 
hermosa  de  todas  las  tierras,  pidiéndoles  que  rechazaran  a  las  divini- 
dades abominables  egipcias  que  ellos  adoraban.  Pero  no  quisieron  escu- 
charlo, y  no  abandonaron  el  culto  que  practicaban  anteriormente.  En- 
tonces Yahvé  se  indignó,  y  pensó  en  destruirlos  allí  mismo;  mas  no  lo 
hizo  por  el  honor  de  su  nombre,  el  que  podría  ser  desconsiderado  o 
profanado  ante  las  otras  naciones,  por  lo  cual  se  limitó  a  sacarlos  de 
Egipto  y  llevarlos  al  desierto.  Nota  L.  B.  d.  C.  que  "Ezequiel  — que  no 
hace  alusión  alguna  a  los  patriarcas —  es  el  único  en  mencionar  que 
los  hebreos  en  Egipto  rindiesen  culto  a  las  divinidades  del  país  fcf.  16, 
26).  y  que  Yahvé  había  concebido  el  proyecto  de  aniquilarlos,  porque 
no  Querían  renunciar  a  ese  culto".  No  deja  de  ser  curiosa  la  conducta 
del  dios:  a  él  se  le  ocurre  "hacerse  conocer  de  los  israelitas  en  Egipto" 
para  que  lo  adoraran  como  su  dios  nacional,  y  porque  ellos  no  quisie- 
ron escucharlo,  oensó  en  destruirlos.  Desde  el  principio,  pues,  ya  mos- 
traba Yahvé  la  hilacha  de  ser  una  divinidad  arbitraria  e  irascible. 

3794.  2°  (vs.  11-17).  Continúa  manifestando  el  dios:  En  el  de- 
sierto "yo  les  di  mis  leyes  y  les  hice  conocer  mis  ordenanzas,  por  las 
cuales  el  hombre  halla  la  vida  con  tal  que  las  observe.  12  Les  di  tam- 
bién mis  sábados,  como  signo  de  alianza  concluida  con  ellos,  para  que 
se  supiese  que  yo  soy  Yahvé,  que  quiero  que  sean  santos".  Pero  los 
israelitas  en  el  desierto,  se  rebelaron  contra  Yahvé,  no  queriendo  seguir 
las  leyes  divinas,  "y  profanaron  gravemente  mis  sábados,  dice  ese  dios, 
por  lo  que  tuve  entonces  el  pensamiento  de  derramar  sobre  ellos  mi  có- 
lera en  el  desierto,  aniquilándolos"  (v.  73).  Sin  embargo,  Yahvé  volvió 


PRECEPTOS  FUNESTOS 


105 


a  desistir  de  su  malvado  propósito,  por  la  misma  razón  que  en  Egipto, 
a  saber:  "por  el  honor  de  mi  nombre"  (§  311),  en  virtud  de  lo  cual 
decidió  que  no  entraran  en  la  tierra  prometida,  y  no  los  exterminó 
totalmente,  a  pesar  de  que  "no  seguían  mis  leyes  y  profanaban  mis 
sábados'\  Obsérvese  la  insistencia  de  Ezequiel  en  dar  particular  im- 
portancia al  descanso  del  sabbat  {%  2744-2749).  al  punto  que  en  los 
vs.  10-24  se  menciona  seis  veces  la  santidad  de  ese  precepto  y  su  pro- 
fanación como  falta  gravísima,  que  se  pone  al  mismo  nivel  que  el  re- 
chazo de  las  leyes  morales  divinas,  para  motivar  por  ello  el  castigo  de 
exterminio  del  pueblo.  Bien  se  ve  que  el  autor  de  este  trozo  era  un 
sacerdote  imbuido  de  la  trascendental  importancia  de  ese  rito,  impo- 
sible de  guardar  estrictamente  en  el  desierto  por  un  pueblo  nómade,  que 
en  el  sabbat,  como  en  los  demás  días  de  la  semana,  debía  de  preocu- 
parse de  dar  agua  y  alimentos  a  sus  ganados.  L.  B.  d.  C.  anota:  "La 
idea  según  la  cual  el  sabbat  fue  instituido  por  Moisés  y  sirvió  de  signo 
de  la  alianza  concluida  en  el  Sinaí,  es  propia  de  Ezequiel,  y  no  fue 
tomada  por  P  (  §  2067.  2071),  el  que  hace  remontar  el  origen  de  esta 
observancia  a  la  creación  (Gén.  2,  1-3;  Ex.  16,  23)  ...  y  que  no  habla 
de  alianza  concluida  en  el  Sinaí.  pues  él  no  conoce  sino  dos  alianzas: 
las  celebradas  con  Noé  y  con  Abraham,  y  cuyos  signos  eran  el  arco 
iris  (Gén.  9)  y  la  circuncisión  respectivamente  íGén.  17)". 

3795.  3*^  Muerta  la  primera  generación  en  el  desierto,  Yahvé  les 
dice  a  sus  hijos,  o  sea.  a  los  de  la  segunda  generación:  "18  No  sigáis 
las  leyes  a  las  cuales  se  ajustaban  vuestros  padres,  no  imitéis  sus  cos- 
tumbres, ni  os  contaminéis  con  sus  ídolos.  19  Yo,  Yahvé,  soy  vuestro 
dios;  mis  leyes  son  las  que  debéis  seguir,  y  mis  ordenOhzas  son  las  que 
debéis  de  observar  y  practicar.  20  Respetad  la  santidad  de  mis  sába- 
dos. .  .  21  pero  los  hijos  a  su  vez,  se  rebelaron  contra  mí:  no  siguieron 
mis  leyes,  no  observaron  mis  ordenanzas.  .  .  y  profanaron  mis  sábados". 
Yahvé  volvió  a  tener  el  mal  pensamiento  de  exterminarlos:  pero  siem- 
pre por  el  honor  de  su  nombre,  no  lo  hizo,  y  en  cambio,  agrega:  "25 
Yo  les  di,  en  represalia,  leyes  que  no  eran  buenas,  y  ordenanzas  en  las 
que  no  podían  encontrar  la  vida  (  o  que  no  podían  hacerlos  vivir) .  26 
Yo  los  conduje  a  contaminarse  por  sus  ofrendas  haciendo  pasar  por  el 
fuego  a  todos  los  primogénitos  (o  primeros  nacidos)  a  fin  de  casti- 
garlos y  hacerles  conocer  que  yo  soy  Yahvé".  Esos  preceptos  funestos 
o  leyes  que  no  eran  buenas,  son  las  disposiciones  del  Exodo  en  que  se 
ordena  dar  a  Yahvé  todo  lo  que  abre  la  matriz,  o  sea,  los  primogénitos  ' 
(13,  12:  22,  29;  34.  19-20).  Sobre  los  sacrificios  de  niños,  véase  lo  dicho 
en  §  2299  y  3524.  A  propósito  de  la  tentativa  del  sacrificio  de  Isaac 
(§  2294),  recordaremos  que  ella  originó  en  Arabia,  antes  del  Islam,  la 
curiosa  ceremonia  de  la  lapidación  del  Diablo,  que  efectuaban  los  pere- 
grinos que  iban  a  la  Meca.  "Este  rito,  escribe  Montet,  se  practicaba  en 
recuerdo  de  Abraham.  que  había  echado  a  pedradas  a  Satán,  al  tratar 


106 


LOS  ALTOS  O  BAMOTH 


éste  de  hacerle  desobedecer  a  Yahvé,  rehusando  ofrecerle  en  sacrificio 
a  su  hijo  Isaac"  (¿e  Coran,  p.  822 1 .  Nota  L.  B.  d.  C.  que  "Ezequiel 
y  contemporáneos  suyos  interpretaban  los  citados  preceptos  del  Exodo 
sobre  los  primogénitos,  en  el  sentido  que  exigían  la  inmolación  de  los 
primogénitos  humanos  así  como  la  de  los  primeros  nacidos  del  rebaño", 
que  es  en  realidad  la  interpretación  racional  que  corresponde,  por  más 
vueltas  que  en  contrario  quiera  darle  la  ortodoxia. 

3796.  49  (vs.  27-29).  Al  fin  entró  Israel  en  la  tierra  prometida; 
pero  como  Yahvé  se  había  encargado  de  darles  preceptos  funestos  o 
leyes  malas,  según  acabamos  de  ver,  no  es  extraño  que  en  su  nueva 
residencia,  continuaran  con  prácticas  idolátricas.  Pero  los  lamentos  del 
dios  se  circunscriben  a  esto:  que  aquéllos  le  fueron  infieles,  porque 
ofrecían  sus  sacrificios  al  aire  libre,  en  las  alturas,  a  la  sombra  de 
árboles  frondosos,  donde  traían  ofrendas  y  efectuaban  libaciones.  Y 
luego  se  añade  un  versículo  enigmático,  que  pretende  dar  la  etimología 
del  vocablo  ba/ná,  en  hebreo,  que  se  traduce  por  "alto"  fv.  29)  y  que 
dice  así:  "Entonces  les  dije:  ¿Qué  es  el  alto  adonde  vosotros  vais?  Así 
se  ha  dado  a  esos  sitios  el  nombre  de  alto,  que  se  emplea  hasta  el  día 
de  hoy".  El  autor  empapado  en  las  ideas  deuteVonómicas,  olvidó  que 
"los  altos"  o  bamoth  fueron  los  santuarios  nacionales  hasta  la  época 
de  Josías.  quien  los  destruyó.  Véase  el  parágrafo  sobre  la  "Centra- 
lización del  culto"  (  5;  3219-32221.  Esos  santuarios  los  tomaron  los  israe- 
litas de  los  cananeos,  y  en  ellos  se  rendía  culto  tanto  a  Yahvé  como 
a  los  baales  de  la  tierra  ( !;  88.  621.  729).  En  cuanto  a  la  etimología 
que  se  da  de  bamá,  y  que  se  atribuye  a  un  dicho  de  Yahvé,  es  una  de 
las  tantas  etimologías  curiosas  que  nos  ofrece  la  Biblia,  y  de  lo  cual 
hemos  encontrado  numerosos  ejemplos  al  estudiar  el  Génesis.  La  orto- 
doxa L>  B.  A.  juzga  que  Ezequiel  ha  querido  hacer  aquí  un  juego  de 
palabras,  como  solían  efectuar  los  otros  profetas  antecesores  de  él.  Y 
agrega:  "¿No  ocurriría  así  en  este  caso?  El  vocablo  que  significa  alto, 
se  compone  de  dos  sílabas,  de  las  cuales  la  primera  (6a)  significa  ha 
ido,  y  la  segunda  {nía),  ¿qué  cosa?,  de  modo  que  el  nombre  bamá 
(alto),  descompuesto  en  sus  dos  sílabas,  significaría:  ¿Ha  ido  a  qué 
cosa?  Lo  que  es  precisamente  el  sentido  de  la  pregunta  encerrada  en 
la  primera  proposición  del  versículo.  Qué  quiere,  pues,  el  profeta  al 
hacer  resaltar  esta  coincidencia  de  sonidos?  Hablar  a  la  conciencia  por 
el  oído,  estigmatizar  el  vocablo  alto,  uniéndole  en  adelante  un  sentido 
acusador,  mostrar  que  el  nombre  bamá,  alto,  estaba  como  predestinado 
a  significar  un  sitio  que  debería  evitarse.  Cada  vez  que  se  pronuncia 
bamá  es  como  si  Dios  mismo  dijera:  "Qué  vas  a  hacer  allá  arriba?,  lo 
mismo  que  después  de  la  caída,  él  decía:  ¿Dónde  estás,  Adán?".  En 
cambio,  L.  B.  d.  C,  anotando  ese  v.  29.  manifiesta:  "Etimología  bas- 
tante oscura  para  nosotros:  pero  probablemente  burlesca,  de  la  palabra 
que  traducimos  por  "alto",  bamá.  El  autor  parece  derivarla  del  verbo 


SACRIFICIOS  HUMANOS 


107 


encaminarse,  entrar,  que  podía  significar:  entrar  en  una  mujer,  unirse 
a  ella  (¿alusión  a  la  prostitución  sagrada?)".  Nosotros  pensamos  que 
no  hay  que  devanarse  tanto  los  sesos  para  buscar  la  aludida  etimolo- 
gía. En  efecto,  si  los  santuarios,  primero  cananeos  y  luego  israelitas,  se 
encontraban  en  la  cima  de  los  collados,  colinas  o  montes,  natural  era 
que  se  uniesen  ambos  significados,  el  de  la  denominación  topográfica 
con  el  del  lugar  de  culto,  de  modo  que  cuando,  p.  ej.,  se  decía:  vayamos 
al  alto,  se  entendía:  vayamos  al  santuario  que  está  en  la  altura.  Iden- 
tificados por  la  costumbre  general  esos  significados,  después  se  llegó 
a  aplicar  el  nombre  de  bamá  aun  a  santuarios  que  no  estaban  en  lo 
alto  de  los  montes  o  montículos,  sino  junto  a  grandes  árboles,  o  fuen- 
tes o  cavernas. 

3797.  S*"*  30  Por  tanto  di  a  la  casa  de  Israel:  Asi  habla  (o  dice) 
el  Señor  Yahvé:  ¡Y  bien!  Vosotros  os  contamináis  a  ejemplo  de  vues- 
tros padres;  os  prostituís  con  vuestras  divinidades  abominables;  31  lle- 
vándoles vuestras  ofrendas,  haciendo  pasar  vuestros  hijos  por  el  fuego, 
os  contamináis  aun  hoy  con  todos  vuestros  ídolos,  ¿y  me  dejaré  con- 
sultar por  vosotros,  oh  casa  de  Israel?  Lo  juro  por  mi  vida  — oráculo 
del  Señor  Yahvé —  (o  dice  el  Señor  Yahvé)  que  no  me  dejaré  consultar 
por  vosotros".  Tal  es  el  fin  de  la  primera  parte  del  cap.  20  de  Ezequiel 
referente  a  consultantes  idólatras,  en  la  que  \ahvé,  jurando  como  un 
carretero  [lo  juro  por  mi  vida,  ^  3414),  concluye  echando  en  cara  a 
la  generación  actual  de  judaítas  que  ellos  continúen  adorando  otras 
divinidades,  como  lo  hacían  sus  padres,  "haciendo  pasar  vuestros  hijos 
por  el  fuego".  Nótese  que  este  último  reproche  es  infundado,  pues  si 
los  ^  de  esa  generación  conservaban  esa  práctica  bárbara,  lo  debían  al 
mismo  \ahvé  que  les  había  dado  leyes  funestas  que  no  podían  hacerlos 
vivir.  Resumiendo  este  compendio  de  la  historia  religiosa  del  pueblo  de 
Israel,  tenemos:  que  Yahvé  se  empeñó  en  tener  en  nuestro  planeta  un 
pueblo  escogido,  en  el  cual  él  fuera  el  único  dios  que  allí  se  adorara; 
pero  o  escogió  mal  o  se  equivocó  de  medio  a  medio,  pues  ese  pueblo, 
que  no  había  sido  consultado  por  dicha  divinidad,  nunca  le  fue  fiel, 
prefiriendo  o  asociando  a  su  culto  otras  divinidades,  lo  que  ponía  fuera 
de  sí  a  Yahvé,  quien  en  su  furor,  llegó  a  cometer  la  insigne  barbaridad 
de  ordenarles  que  le  sacrificaran  sus  hijos  varones  primogénitos.  Todo 
esto  es  pueril,  insensato,  y  tan  ridículo  como  las  prestidigitaciones  que 
el  dios  le  enseñó  a  Moisés  para  que  sus  compatriotas  creyeran  que  él 
se  le  había  aparecido  a  dicho  mensajero  suyo  (  Ex.  4,  i -9;  >i  131-132)  ; 
pero  cuando  se  piensa  que  gran  parte  de  la  humanidad  moderna  con- 
tinúa aceptando  como  hechos  reales  y  verdaderos  tales  relatos,  tenemos 
que  aceptarlos  como  factores  que  influyeron  e  influyen  en  la  marcha 
de  la  Historia,  ya  que  hay  que  tomar  a  los  hombres  como  son  y  no 
como  debieran  ser. 

3798.  En  el  cap.  22,  el  profeta,  aunque  no  vuelve  a  mencionar  a 


108 


LA  IMAGEN  DEL  CRLSOL 


los  consultantes  idólatras,  repite  los  mismos  temas  tratados  en  los  caps. 
16,  20  y  23  (sin  alegorías),  insistiendo  especialmente  sobre  los  críme- 
nes cometidos  en  Jerusalén  por  la  presente  generación,  que,  según  él, 
era  muy  sanguinaria  (vs.  3,  4,  6,  9,  12),  y  poniendo  siempre  al  mismo 
nivel  los  homicidios,  el  maltrato  de  los  desvalidos  y  la  falta  de  caridad, 
con  la  profanación  de  los  sábados  y  otras  faltas  rituales  (vs.  6-12). 
Igual  que  en  el  cap.  20,  la  descripción  se  divide  en  dos  partes:  una 
anterior  a  la  caída  de  Jerusalén  (vs.  1-22)  ;  y  la  otra,  posterior  a  ese 
suceso  (vs.  23-31).  El  final  de  la  primera  parte  (vs.  17-22)  parece 
referirse  a  la  huida  de  los  campesinos  y  gentes  del  interior  de  Judá  a 
Jerusalén  cuando  se  aproximaban  los  ejércitos  de  Nabucodonosor,  pues 
empleando  la  imagen  del  horno  o  crisol  donde  se  amontonaban  mine- 
rales sacados  de  las  minas  para  fundirlos,  dice:  "19  Por  tanto  así  habla 
el  Señor  Yahvé:  Porque  habéis  venido  a  ser  como  escorias,  voy  a  jun- 
taros en  Jerusalén.  20  Así  como  en  el  crisol  se  junta  plata,  cobre,  hie- 
rro, plomo  y  eslaño,  y  se  atiza  el  fuego  por  debajo,  de  modo  que  la 
masa  entre  en  fusión,  así  también  en  mi  cólera  y  en  mi  furor  yo  os 
juntaré,  atizaré  el  fuego  y  os  haré  fundir.  .  .  21  en  Jerusalén.  22  Como 
la  plata  se  funde  en  el  crisol,  así  vosotros  seréis  fundidos  en  el  interior 
de  la  ciudad.  Y  sabréis  que  yo,  Yahvé.  he  derramado  mi  cólera  sobre 
vosotros".  Ezequiel.  al  poner  en  boca  de  Yahvé  la  imagen  del  crisol, 
donde  serían  fundidos  todos  los  judaítas  reunidos  en  Jerusalén,  olvidó 
que  en  una  fundición  todo  no  son  escorias,  — parte  despreciable  que  se 
arroja  como  inservible — ;  pero  nada  nos  dice  de  lo  que  haría  el  dios 
con  el  metal  precioso  obtenido  por  la  fusión  del  mineral.  En  la  segunda 
parte,  después  de  haber  sido  tomada  Jerusalén  (vs.  23-31),  el  profeta 
trata  de  justificar  el  desastre  basándose  en  los  crímenes  y  faltas  que 
les  había  enrostrado  a  sus  compatriotas  al  principio,  acentuando  aún 
más  la  importancia  que  da  a  las  violaciones  rituales,  con  lo  que  demues- 
tra así  ser  el  verdadero  precursor  del  nuevo  rumbo  que  en  adelante 
iba  a  tomar  el  yahvismo.  Y  comenzando  su  requisitoria  contra  los  prín- 
cipes que,  como  leones  que  se  apoderan  de  una  presa,  devoraban  a  las 
gentes,  se  apoderaban  de  sus  bienes  y  multiplicaban  el  número  de  viu- 
das en  la  ciudad,  añade:  26  Sus  sacerdotes  violaban  mi  ley:  tenían 
por  profano  lo  que  para  mí  es  sagrado;  no  distinguían  lo  sagrado  de 
lo  profano  y  no  enseñaban  la  diferencia  entre  lo  impuro  y  lo  puro; 
cerraban  los  ojos  al  carácter  sagrado  de  mis  sábados:  mi  santidad  era 
profanada  en  medio  de  ellos,  (l)  Ya  nos  encontramos  en  las  puertas 


(1)    Este  V.  26,  como  el  28  que  sigue  poco  después,  los  hemos  transcrito  en 
§  3422,  con  los  verbos  en  presente  {violan,  tienen,  distinguen,  &)  de  acuerdo  con 
V.  S.,  la  Versión  Moderna  de  Pratt,  Reuss  y  L.  B.  R.  F. ;  en  cambio  esos  verbos  los  ^ 
traen  en  pasado,  como  figuran  arriba  en  el  texto,  (violaban,  tenían,  distinguían, 
&) ,  otras  traducciones,  como  las  de  Valera,  La  Vulgata,  L.  B.  A.   y  L.  B.  d.  C. 


EL  DANIEL  DE  LOS  MASORETAS 


109 


de  lo  que  será  legislación  del  Levítico;  ya  la  elevada  religión  de  los 
profetas  anteriores  va  a  retrogradar  a  las  supersticiones  de  un  grosero 
ritualismo,  muy  generalizado  en  distintos  países  asiáticos  de  la  época 
(nuestra  Introducción,  §  160-167).  L.  B.  d.  C.  anota:  "Es  característico 
de  Ezequiel  el  atribuir  a  los  sacerdotes  el  primer  rango  después  de  los 
príncipes,  y  el  asignarles  por  tarea  principal  impedir  todo  contacto  inde- 
bido entre  lo  sagrado  y  lo  profano:  prevenir  el  peligro  de  la  mezcla  de 
lo  sagrado  y  lo  profano  es  también  la  preocupación  central  del  legisla- 
dor en  la  constitución  religiosa  y  civil  que  termina  el  libro  (caps.  40-48)". 

EL  DANIEL  DE  LOS  MASORETAS.  EN  EZEQUIEL.  _  3799.  En  el 
cap.  14,  ya  estudiado  en  parte,  §  3791-3792,  se  halla  otro  oráculo  en 
que  el  profeta  sustenta  su  tesis  de  la  retribución  personal,  que  ya  he- 
mos indicado  en  otras  ocasiones,  como  en  §  1029.  La  primera  parte 
de  ese  oráculo,  que  trataremos  de  resumir,  dice  así:  12  La  palabra  de 
Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  términos:  13  "Hijo  de  hombre,  si  un 
país  pecare  contra  mí  cometiendo  alguna  infidelidad  y  que  yo  exten- 
diese la  mano  contra  él  privándolo  del  pan  que  lo  sostiene,  enviándole 
el  hambre  y  haciendo  desaparecer  de  su  seno  hombres  y  bestias,  14 
aun  cuando  se  encontraran  en  ese  país  estos  tres  hombres:  Noé,  Danel 
y  Job,  éstos,  por  su  justicia,  no  salvarían  sino  su  propia  vida,  oráculo 
del  Señor  Yahvé.  15  Si  yo  dejase  que  los  animales  feroces  recorrieran 
ese  país,  para  que  devoraran  a  sus  hijos  y  reducirlo  a  un  desierto  donde 
nadie  se  atreviera  a  pasar  por  temor  de  tales  bestias,  16  aun  cuando 
aquéllos  tres  hombres  se  encontraran  allí,  lo  juro  por  mi  vida  — oráculo 
del  Señor  Yahvé —  que  no  salvarían  ni  hijos,  ni  hijas:  ellos  solos  serían 
salvados,  y  el  país  sería  reducido  a  desierto.  Sigue  luego  una  repeti- 
ción de  lo  expresado  en  los  vs.  15  y  16,  reemplazando  los  animales 
feroces  por  "la  espada  y  la  peste".  La  expresión  "si  un  país"  del  v.  13 
se  refiere  a  Jerusalén,  (vs.  21-23),  porque  sólo  allí,  o  en  .Judá,  era 
que  Yahvé  podía  pretender  que  se  le  guardara  fidelidad.  Pero  como 
el  desastre  nacional  del  586  desmintió  la  mencionada  tesis  de  Ezequiel, 
posteriormente  el  mismo  profeta  u  otro  que  completó  su  obra,  (Ez-)  le 
agregó  la  siguiente  corrección:  21  Sin  embargo,  así  habla  el  Señor 
Yahvé:  "aunque  he  lanzado  los  cuatro  flagelos  funestos  de  que  dispon- 
go: espada,  hambre,  bestias  feroces  y  peste,  contra  Jerusalén,  para  hacer 
desaparecer  de  allí  hombres  y  animales,  22  subsisten  no  obstante  esca- 
pados que  hicieron  salir  de  la  ciudad  hijos  e  hijas.  Van  a  llegar  junto 
a  vosotros,  y  cuando  hayáis  visto  su  conducta  y  sus  malas  acciones,  os 
consolaréis  de  los  males  que  yo  hubiera  infligido  a  Jerusalén;  23  os 
consolarán  cuando  hubiéreis  visto  su  conducta  y  sus  malas  acciones; 
reconoceréis  que  no  es  sin  motivo  que  he  tratado  a  Jerusalén  como  lo 
he  hecho,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé". 


110 


EL  DANIEL  DE  LOS  MASORETAS 


3800.  Anotando  el  referido  pasaje,  14.  12-23,  expresa  L.  B.  d.  C: 
"Este  trozo  contiene  dos  desarrollos  de  tendencias  bien  diferentes.  En 
el  primero  (vs.  72-201.  Ezequiel  vuelve  a  tomar  e  ilustra  un  principio 
con  el  que  está  encariñado:  Dios  trata  a  cada  hombre  según  sus  mé- 
ritos o  deméritos  personales  (cf.  3,  16-21:  18;  33,  1-20):  en  una  catás- 
trofe nacional  sólo  los  justos  serán  preservados  (cf.  9,  4-6 1  ;  la  protec- 
ción de  que  gocen,  ni  aun  se  extenderá  a  sus  hijos.  Esta  declaración 
aparentemente  fue  hecha  antes  de!  586,  en  vista  de  la  suerte  que  espe- 
raba a  los  jeropolimitanos.  Mas  después  de  la  caida  de  la  ciudad,  hubo 
que  rendirse  a  la  evidencia:  otros,  que  no  eran  justos,  habían  quedado 
con  vida  y  habían  podido  salvar  con  ellos  a  sus  hijos  e  hijas.  Fue  en- 
tonces sin  duda  que  el  profeta  añadió  al  desarrollo  precedente  un  apén- 
dice (vs.  21-23),  explicando  a  los  deportados,  sus  oyentes,  esta  ano- 
malía: si  Yahvé  ha  hecho  una  derogación  a  su  regla  ordinaria  y  dejado 
a  jerosolimitanos  culpables  subsistir  en  el  destierro,  ha  sido  para  que 
los  deportados  del  597  pudiesen  verificar  por  sí  mismos  cuan  merecido 
era  el  castigo  infligido  por  Yahvé  a  la  población  de  la  capital". 

3801.  Eii  la  primera  parte  del  pasaje  que  analizamos,  se  insiste 
repetidamente  que  si  en  ese  país,  se  decir,  en  Jerusalén.  se  encontraran 
Noé,  Danel  y  Job,  ellos  sólo  salvarían  su  propia  vida;  pero  no  la  de 
sus  descendientes.  ¿Quién  era  este  personaje  Danel,  que  en  nuestras 
Biblias  figura  con  el  nombre  de  Daniel?  Los  masoretas,  en  su  trabajo 
secular  por  formar  un  texto  sagrado  sin  variantes  ( §  34 ) ,  se  encon- 
traron con  el  nombre  de  Danel  junto  con  los  de  Noé  y  Job,  y  supu- 
sieron había  allí  un  error  de  copia,  que  debía  corregirse,  y  cambiaron 
Danel  por  Daniel,  cuyo  libro  figura  hoy  entre  los  libros  proféticos. 
Pero  ese  cambio  ha  causado  gran  confusión  entre  los  expositores  y  co- 
mentaristas bíblicos.  Así,  para  los  ortodoxos,  no  hay  duda  que  aquí 
se  trata  del  profeta  Daniel;  pero  como  éste,  según  el  libro  que  lleva 
su  nombre,  sería  muy  joven  y  todavía  desconocido  cuando  escribía 
Ezequiel,  de  ahí  los  sutiles  esfuerzos  para  explicar  algo  satisfactoria- 
mente la  aludida  mención.  L.  B.  A.,  p.  ej..  da  esta  explicación:  "Daniel 
era  entonces  uno  de  los  más  altos  dignatarios  de  la  corte  de  Babilonia. 
Había  sido  transportado  al  Oriente  por  Nebucadnetsar  íNabucodono- 
sor)  inmediatamente  después  de  la  batalla  de  Carquemis  (^606-604),  y 
dos  años  después  había  sido  elevado  a  uno  de  los  puestos  más  eminen- 
tes del  imperio  caldeo.  Si  pues,  el  discurso  actual  de  Ezequiel  data  de 
cerca  de  cinco  años  antes  de  la  caída  de  Jerusalén  (588-586).  hacía 
más  de  una  docena  de  años  que  Daniel  llenaba  esas  altas  funciones. 
Quizá  ya  habría  prestado  importantes  servicios  a  sus  desgraciados  com- 
patriotas y  en  particular  a  la  colonia  de  Tell-Abib...  Es  evidente  que 
el  hombre  designado  aquí  debía  ser  un  justo  célebre  por  la  eficacia 
de  sus  plegarias,  puesto  que  está  asociado  a  dos  varones  tan  ilustres 
como  Job  y  Noé.  Pero  no  hay  que  olvidar  esta  diferencia  entre  éstos 


DANEL  \  DANIEL 


111 


y  Daniel:  la  presencia  de  ellos  en  este  momento  no  es  sino  una  supo- 
sición imposible,  mientras  que  la  de  Daniel  es  una  realidad.  He  aquí 
indudablemente  la  razón  por  la  cual  éste  se  halla  colocado  en  medio 
de  los  otros  dos.  Todo  fracasaría,  pues,  si  poniéndose  a  orar  este  inter- 
cesor viviente,  los  otros  viniesen  a  colocarse  a  su  derecha  y  a  su  iz- 
quierda para  apoyar  su  intercesión  con  la  de  ellos  (Ex.  17,  10-12)". 
¡Lástima  grande,  tanta  dialéctica  inútil,  para  sostener  la  veracidad  de 
la  existencia  de  un  personaje  novelesco,  creado  por  la  imaginación  de 
un  judío  del  siglo  II  a.  n.  e. !  Reuss,  en  cambio,  comentando  el  mencio- 
nado pasaje  dé  Ezequiel,  escribe:  "Daniel  es  para  nosotros  un  perso- 
naje absolutamente  desconocido.  Es  imposible  pensar  en  el  héroe  del 
libro  que  lleva  su  nombre,  porque  éste  ( aun  según  este  libro )  hubiera 
sido  en  esta  época  un  jovencito.  un  adolescente,  del  que  todavía  no  se 
podía  saber,  ni  decir  nada  fuera  de  Babilonia". 

3802.  El  misterio  del  Daniel,  creado  por  los  masoretas,  vino  a 
aclararse  en  el  segundo  cuarto  de  nuestro  siglo  XX,  cuando  Claudio 
F.  A.  Schaeffer,  en  sus  excavaciones  en  Ras  Shamrá,  la  antigua  Ugarit, 
descubrió  desde  1929,  tablillas  de  arcilla  que  contenían  ignorados  poe- 
mas fenicios,  descifrados  por  Hans  Bauer,  Eduardo  Dhorme  y  Carlos 
ViroUeaud  ( 79).  Entre  esas  composiciones  poéticas  se  halla  El  poema 
de  Danel,  por  el  que  se  ha  sabido  que  este  personaje,  hijo  del  dios  El, 
que  presidía  los  ritos  de  la  cosecha,  era  célebre  por  su  sabiduría  y  por 
proteger  los  derechos  de  las  viudas  y  de  los  huérfanos.  Escuchemos  lo 
que  nos  dice  L.  B.  d.  C,  al  anotar  Ez.  14,  14:  "Las  tradiciones  israe- 
litas sobre  Noé  y  sobre  el  cuento  popular  que  sirve  de  cuadro  al  poema 
cuyo  héroe  es  Job  (caps.  1-2  y  42,  7-17]  justifican  la  mención  en  este 
sitio  de  estos  dos  personajes:  son  justos  de  los  cuales  uno  logró  salvar 
al  mismo  tiempo  que  a  él,  su  mujer,  sus  hijos  y  sus  esposas,  y  en  cuanto 
al  otro,  a  despecho  de  su  rectitud,  fue  privado  de  sus  hijos.  Tocante 
al  tercer  justo,  bien  que  sea  llamado  Daniel  por  los  masoretas  y  todos 
los  traductores  antiguos,  no  se  le  podría  identificar  con  el  héroe  del 
libro  bíblico  que  lleva  ese  nombre:  éste  era  más  joven  que  Ezequiel 
y  no  se  ve  a  que  rasgo  de  su  historia  podría  el  profeta  hacer  alusión. 
En  realidad  se  trata  de  un  personaje  que  pertenecía,  como  Noé  y  Job, 
a  una  época  antiquísima,  y  que  es  el  héroe  principal  de  uno  de  los 
poemas  fenicios  del  siglo  XIV  a.  n.  e.,  encontrados  en  Ras  Shamrá  (cf. 
La  lép^ende  phénicieune  de  Danel,  París,  Geuthner.  1936).  En  él  se  cele- 
bra su  justicia: 

Se  levanta,  después  se  sienta  ante  la  puerta. 

Bajo  los  árboles  magníficos  que  están  cerca  de  la  era, 

Y  allí  juzga  el  proceso  de  la  viuda, 

Establece  el  derecho  del  huérfano. 


112 


SUPUESTA  INTERCESION 


Lo  que  confirma  que  Ezequiel  piensa  aquí  en  ese  héroe  de  la  mitología 
fenicia,  es  el  hecho  de  que  en  otra  parte,  dirigiéndose  a  un  rey  de  Tiro, 
dice:  "¿No  eres  tú  más  sabio  que  Danel?^'  (28,  3;  §  3843,  y  en  este 
pasaje  también  los  masoretas  quieren  que  se  lea  Daniel )'\  Otro  detalle 
que  muestra  la  influencia  de  la  literatura  extranjera  en  la  obra  de  nues- 
tro jjrofeta,  es  la  frase  que  éste  pone  en  boca  de  Yahvé,  según  la  cual 
los  cuatro  flagelos  de  que  dispone  este  dios  (cuando  aún  no  se  habían 
inventado  las  bombas  atómicas  y  de  hidrógeno)  para  aniquilar  a  todos 
los  seres  vivos,  son  la  espada,  el  hambre,  las  bestias  feroces  y  la  peste 
(v.  21;  5,  77).  Pues  bien,  recuerda  L.  B.  d.  C.  que  en  el  poema  babi- 
lónicQ  de  Gilgamés,  el  dios  Ea  advierte  a  Bel  que  en  vez  de  provocar 
el  diluvio,  le  hubiera  bastado  enviar  leones,  lobos,  hambre  o  peste" 
(Ü  2163-2166). 

3803.  Merece  notarse  que  la  ortodoxia  cristiana  considera  como 
intercesores  a  los  tres  personajes  mencionados  en  Ez.  14,  12-20.  Hemos 
visto  en  3801.  que  el  Daniel  de  los  masoretas  según  L.  B.  A.,  "debía 
ser  un  justo  célebre  por  la  eficacia  de  sus  plegarias"  y  que  el  sentido 
del  pasaje  es  que  "todo  fracasaría  si  poniéndose  a  orar  este  intercesor 
viviente,  los  otros  viniesen  a  colocarse  a  su  derecha  y  a  su  izquierda 
para  apoyar  su  intercesión  con  la  de  ellos".  Scío  igualmente  entiende 
que  lo  que  el  dios  quiere  decir  en  el  citado  pasaje  es  lo  siguiente:  "Si 
cuando  yo  he  decretado  enviar  algún  azote  para  castigar  a  una  región 
por  sus  pecados,  mi  decreto  no  deja  de  cumplirse  y  no  hay  interce- 
siones que  valgan  ni  le  detengan;  ¿cuánto  menos  podrá  detenerse  ni 
revocarse  ahora  por  ninguna  intercesión  la  sentencia  pronunciada  con- 
tra Jerusalén .  .  .  ?"  Y  pretendiendo  sacar  de  este  pasaje  argumentos  en 
favor  de  los  santos  de  su  iglesia,  agrega:  "La  intercesión  de  los  santos 
es  útil  y  poderosa  a  favor  de  los  pueblos  y  de  los  hombres,  pero  cuando 
éstos  se  obstinan  en  la  maldad,  como  lo  estaban  entonces  los  judíos  de 
Jerusalén,  no  hay  santos  por  mucho  mérito  que  tengan,  que  basten  a 
desarmar  la  justa  indignación  del  Señor...  Noé  no  pudo  salvar  a  los 
hombres  del  diluvio,  ni  Daniel  a  los  hebreos  del  cautiverio,  ni  Job  a  sus 
hijos  e  hijas  de  la  muerte.  De  esto  no  se  infiere  que  la  oración  de  los 
santos  vivos  o  difuntos  no  aprovecha;  pues  todo  lo  que  se  dice  aquí  es 
hipotético,  o  en  suposición  de  una  obstinación  inflexible  en  el  pecado 
y  de  un  decreto  absoluto  de  Dios  de  castigarlo.  Fuera  de  estas  condi- 
ciones es  indubitable  que  Dios  se  dobla  a  los  ruegos  de  los  santos,  y 
por  ellos  perdona  y  tolera  a  los  pecadores  (Gén.  18;  Dan.  9,  23),  y 
en  la  Escritura  se  repite  frecuentemente  que  Dios  perdonó  a  Jerusalén 
por  amor  a  David  su  siervo". 

3804.  Toda  esta  argumentación,  tanto  la  de  la  ortodoxia  protes- 
tante como  la  de  la  católica,  reposan  sobre  una  equivocada  interpreta- 
ción de  este  pasaje.  Léasele  con  detención  y  se  verá  que  en  él  se  dice 
que  cuando  Yahvé  piensa  castigar  un  país  que  le  ha  sido  infiel,  exter- 


RESPONSABIIJDAI)  PERSONAL 


113 


minando  sus  honilires  y  animales,  si  en  ese  país  se  enconlraran  Noé, 
Danel  y  Job,  éstos  por  su  justicia,  sólo  salvarían  su  propia  vida.  No 
se  habla  para  nada  de  que  pretendieran  ser  intercesores,  sino  tan  sólo 
que  fueran  moradores  de  ese  país  sentenciado  a  la  destrucción  por  el 
irascible  dios.  En  Gén.  18,  20-33,  2290),  Abraham  obtiene  de  Yahvé 
la  promesa  de  que  perdonaría  a  Sodonia,  si  en  esa  ciudad  se  hubieran 
hallado  diez  justos,  — lo  que  parece  no  ocurrió — ;  pero  aquí  nadie 
pide  nada,  solamente  se  establece  que  el  simple  hecho  de  residir  los 
tres  referidos  personajes  en  Jerusalén,  no  impediría  su  destrucción  total, 
salvándose  esos  tres  únicamente  por  su  'justicia.  "Este  trozo,  escribe 
Reuss,  pone  de  relieve  esta  idea:  que  la  justicia  del  justo  no  podría 
preservar  al  malo  del  castigo  merecido.  En  cierto  modo,  revoca,  pues, 
la  promesa  hecha  en  otro  tiempo  a  Abraham,  (Gén.  18),  que  aun  la 
presencia  de  un  pequeño  número  de  justos  aprovecharía  a  una  mayoría 
de  pecadores.  Compárese  también  Jer.  15,  i".  Este  último  texto  es  com- 
pletamente desfavorable  a  la  intervención  de  los  justos,  santos,  o  seres 
predilectos  de  Yahvé.  pues  éste  manifiesta:  "Aun  cuando  Moisés  y  Sa- 
muel se  presentaran  delante  de  mí,  mi  corazón  no  volvería  hacia  este 
pueblo.  Echa  esas  gentes  de  mi  presencia  y  que  se  vayan"  (§  3530). 

RESPONSABILIDAD  PERSONAL  Y  NO  COLECTIVA.  —  3805.  En  el 
cap.  18  desenvuelve  Ezequiel  con  más  amplitud  su  tesis  de  que  las 
retribuciones  divinas  no  son  colectivas:  cada  uno  sólo  sufrirá  la  pena 
de  sus  faltas  personales.  18,  1  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida 
en  estos  términos:  2  "¿Por  qué  repetís  vosotros,  entre  los  hijos  de  Is- 
rael, este  proverbio  (o  refrán)  :  Los  padres  comen  el  agraz  (o  las  uvas 
verdes)  y  los  hijos  sufren  la  dentera?  3  Por  mi  vida,  oráculo  del  Señor 
Yahvé,  no  tendréis  más  motivos  de  repetir  ese  proverbio  en  Israel.  4 
Todas  las  almas  (o  personas)  son  mías:  tanto  la  del  padre  como  la  del 
hijo  mía  es.  El  alma  (o  la  persona)  que  pecare,  es  la  que  morirá. 
Sigue  luego  la  definición  del  hombre  justo,  es  decir,  el  conjunto  de 
caracteres  o  condiciones  que  debe  reunir  una  persona,  a  juicio  de  Eze- 
quiel, para  merecer  tal  denominación.  "5  Si  un  hombre  es  justo,  si 
obra  según  el  derecho  y  la  justicia,  6  si  no  come  carne  con  la  sangre 
que  contiene  y  no  levanta  los  ojos  hacia  los  ídolos  de  la  casa  de  Israel, 
si  no  viola  la  mujer  de  su  prójimo,  ni  se  allega  a  mujer  menstruosa, 
7  si  no  oprime  a  nadie,  si  devuelve  lo  que  ha  tomado  en  prenda,  si  no 
comete  rapiñas,  si  da  su  pan  al  hambriento  y  cubre  con  vestido  al  des- 
nudo, 8  si  no  presta  con  usura,  ni  exige  interés,  si  su  mano  se  abstiene 
de  cometer  iniquidad,  si  llamado  a  juzgar  entre  un  hombre  y  otro  pro- 
nuncia su  sentencia  según  la  verdad,  9  si  se  conduce  de  acuerdo  con 
mis  leyes  y  observa  mis  ordenanzas  para  practicarlas,  justo  es;  cierta- 
mente vivirá,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé".  A  esa  pintura  del  hombre 
justo  contrapone  Ezequiel  la  del  injusto  o  malvado,  diciendo:  "10  Si 


114 


LOS  JUSTOS  Y  LOS  INJUSTOS 


ese  hombre  tiene  un  hijo  que  sea  violento,  san¡iuinario  y  que  cometa 
alguna  de  esas  maldades  — 11  bien  que  él  mismo  (el  padre)  no  haya 
cometido  ninguna —  que  coma  carne  con  sangre  (y  aquí  siguen  todas 
las  condiciones  expuestas  en  los  vs.  6  a  8";  pero  en  sentido  contrario, 
hasta  la  palabra  interés).  13''  ese  hijo  no  podría  quedar  con  vida;  ha 
cometido  todas  esas  abominaciones:  ciertamente  morirá;  su  sangre  será 
sobre  él".  Prosigue  ahora  el  profeta  con  el  caso  del  hijo  justo  del  mal- 
vado: "14  Si  ese  hombre  a  su  vez  tiene  un  hijo,  que  al  ver  todos  los 
pecados  cometidos  por  su  padre,  sobrecogido  de  temor,  se  guarda  de 
imitarlos,  15  que  no  come  carne,  etc.  (aquí  el  detalle  ya  conocido  de 
los  vs.  6-8"),  17''  practica  mis  ordenanzas  y  se  conduce  según  mis  leyes, 
ese  hombre  no  morirá  por  las  faltas  de  su  padre:  ciertamente  vivirá. 
18  Su  padre,  por  haber  cometido  violencias  y  rapiñas,  por  no  haber 
obrado  bien  en  medio  de  los  suyos,  será  el  que  morirá  a  causa  de  sus 
faltas.  19  Vosotros  decís:  ¿por  qué  el  hijo  no  lleva  su  parte  de  la  cul- 
pabilidad del  padre?  Es  que  el  hijo  ha  obrado  según  el  derecho  y  la 
justicia;  él  ha  observado  todas  mis  leyes  y  las  ha  puesto  en  práctica: 
ciertamente  él  vivirá.  20  La  persona  que  peca,  es  la  que  morirá.  El  hijo 
no  llevará  su  parte  en  la  culpabilidad  del  padre,  ni  el  padre  llevará  su 
parte  en  la  culpabilidad  del  hijo.  La  justicia  del  justo  sobre  él  sólo 
estará,  y  la  maldad  del  malo  también  sobre  él  sólo  estará". 

3806.  Trata  en  seguida  Ezequiel  de  la  suerte  del  justo  y  de  la 
del  injusto,  cuando  cada  uno  de  ellos  cambia  de  conducta.  18,  21  Sin 
embargo  si  el  malo  renunciare  a  todos  los  pecados  que  cometía,  guar-  , 
daré  todas  mis  leyes  y  obrare  según  el  derecho  y  la  justicia,  ciertamente 
vivirá;  no  morirá.  22  No  le  será  tenida  en  cuenta  ninguna  de  las  faltas 
que  hubiere  cometido;  vivirá  a  causa  de  la  justicia  que  él  practicare. 
23  ¿Acaso  me  complazco  en  la  muerte  del  malo,  dice  el  Señor  Yahvé? 
¿No  es  más  bien  en  verle  cambiar  de  conducta  y  que  viva?  24  Y  si 
un  justo  renunciare  a  su  justicia  y  practicare  la  iniquidad,  cometiendo 
todas  las  abominaciones  de  que  el  malo  se  hubiere  hecho  culpable,  no 
se  recordará  más  ninguno  de  los  actos  de  justicia  que  él  haya  realizado. 
A  causa  de  la  infidelidad  de  que  se  hubiere  hecho  culpable  y  del  pecado 
que  hubiere  cometido,  él  morirá.  25  Y  vosotros  decís:  No  es  arreglada 
a  derecho  i  o  justa )  la  manera  de  obrar  el  Señor.  Oid,  pues,  oh  casa 
de  Israel:  ¿Acaso  mi  manera  de  obrar  no  es  ajustada  a  derecho?  ¿No 
es  más  bien  vuestra  manera  de  obrar  la  que  no  es  ajustada  a  derecho? 
26  Cuando  el  justo  renuncia  a  su  justicia  para  cometer  la  iniquidad  y 
muere,  a  causa  de  la  iniquidad  que  ha  cometido  es  que  muere.  27  Cuan- 
do el  malo  renuncia  al  mal  que  cometía  y  obra  según  el  derecho  y  la 
justicia,  asegura  la  vida  de  su  alma.  28  Él  ha  renunciado  a  todas  las 
faltas  que  cometía:  ciertamente  vivirá;  no  morirá.  29  Y  la  casa  de 
Israel  dice:  ¡No  es  arreglada  a  derecho  (o  no  es  justa)  la  manera  de 
obrar  del  Señor! .  .  .  30  Yo  juzgo  a  cada  uno  de  vosotros  según  su  ma- 


RETRIBUCIONES  DIVINAS 


115 


ñera  de  obrar,  casa  de  Israel,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé.  ¡Convertios, 
apartaos  de  todas  vuestras  faltas;  que  no  haya  en  vosotros  nada  que 
os  haga  caer  en  el  pecado!  31  ¡Rechazad  lejos  de  vosotros  todas  las 
faltas  (o  transgresiones)  de  que  os  habéis  hecho  culpables  hacia  mí; 
haceos  un  corazón  nuevo  y  un  espíritu  nuevo!  ¿Por  qué  moriréis,  oh 
casa  de  Israel?  32  No  me  complazco,  en  efecto,  en  la  muerte  del  que 
muere,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé.  ¡Convertios  y  vivid! 

3807.  Sobre  las  retribuciones  divinas,  de  que  trata  el  cap.  18  que 
dejamos  transcrito,  léase  lo  dicho  en  íi  2741.  del  tomo  VII,  así  como 
en  el  Í5  2683  bis  sobre  la  responsabilidad  colectiva  en  la  represión  de 
los  delitos  en  las  sociedades  primitivas.  L.  B.  d.  C.  escribe  al  respecto: 
"Era  natural  que  la  antigua  concepción  de  que  Dios  castiga  a  los  hijos 
por  las  faltas  de  los  padres,  a  toda  una  ciudad  por  el  crimen  de  algu- 
nos de  sus  habitantes,  a  un  pueblo  entero  por  un  pecado  de  su  rey 
(Ü  1049-1066),  levántase  desde  entonces  cada  vez  más  vivas  objeciones. 
Para  corregir  o  atenuar  esa  idea  tradicional,  se  tentaron  esfuerzos  por 
el  autor  del  relato  de  la  intercesión  de  Abraham  en  favor  de  Sodoma 
(Gén.  18,  22''-32:,  ^  22901  y  por  diversos  escritores  deuteronómicos: 
uno  de  ellos  limita  a  tres  o  cuatro  generaciones  la  solidaridad  en  la 
represión,  mientras  que  extiende  a  mil  la  bendición  divina  ( Deut.  5, 
9-70)  ;  otro  afirma  que  Yahvé  castiga  siempre  el  pecado  en  su  autor 
mismo  (Deut.  7,  9-10).  Jeremías  anuncia  que  en  lo  futuro,  en  los  tiem- 
pos mesiánicos,  será  puramente  individual  la  justicia  divina  (31,  30). 
Se  acentuaron  más  las  murmuraciones  contra  el  carácter  global  de  las 
retribuciones  divinas,  cuando  ocurrieron  las  calamidades  del  fin  del 
siglo  VII  y  de  principio  del  VI,  que  los  profetas  presentaban  como  el 
castigo  de  los  crímenes  de  Manasés:  ¿por  qué  la  nueva  generación  pa- 
decía por  las  faltas  de  la  precedente?  Fue  entonces  sobre  todo  que  se 
repitió  el  proverbio  o  refrán  vituperador  que  Ezequiel  tomó  por  punto 
de  partida,  y  que  también  fue  combatido  por  Jeremías  (31,  29).  Para 
salvar  el  honor  de  Yahvé,  Ezequiel  generaliza  atrevidamente  el  princi- 
pio de  la  justicia  divina  individual,  tímidamente  formulado  antes  de 
él,  siendo  esa  una  de  sus  más  caras  ideas.  En  los  caps.  8-11,  muestra 
que  la  generación  actual  comete  en  el  Templo  las  mismas  abomina- 
ciones que  Manasés;  en  el  cap.  17  afirma  que  si  Sedecías  ha  sido  cas- 
tigado, es  por  su  perjurio  hacia  Nabucodonosor ;  en  14,  12-20  anuncia 
que  al  ser  destruida  Jerusalén,  los  justos,  si  los  hubiere  en  la  ciudad, 
ni  aun  salvarían  a  sus  hijos  y  a  sus  hijas  3799-3804).  Aquí  formula 
el  principio  bajo  forma  de  una  tora,  de  una  ley  en  que  están  previstos 
los  diversos  casos  que  pueden  presentarse.  El  carácter  polémico  que  da 
a  su  demostración  indica  bien  que  Ezequiel  tenía  conciencia  de  inno- 
var. Es,  pues,  sólo  después  de  él,  y  gracias  a  él,  que  la  regla  según  la 
cual  Dios  castiga  o  recompensa  a  los  individuos  según  sus  actos  en  vida, 
viene  a  ser  el  fundamento  de  la  moral  judía,  admitida  como  un  axioma 


116 


I.OS  HIJOS  SUFREN  LOS  CASTIGOS  PATERNOS 


en  los  Proverbios,  en  muchos  Salmos  o  en  la  Sabiduría  del  Sirácida  y 
defendida  por  los  amigos  de  Job.  Además  Ezequiel  ha  conservado  tam- 
bién la  idea  de  una  solidaridad  moral  estrecha  entre  las  generaciones 
sucesivas  de  un  mismo  pueblo  o  de  una  misma  ciudad  (así  caps.  16  y 
23)  ;  pero  sin  indicar  explícitamente  cómo,  según  él,  se  armonizan  los 
dos  principios". 

3808.  Después  de  estas  consideraciones  generales,  pasemos  a  ana- 
lizar ese  cap.  18,  cuyo  contenido  puede  dividirse  en  tres  partes:  1*?  el 
profeta  combate  la  idea  de  que  por  las  faltas  de  los  padres  son  castiga- 
dos los  hijos  (vs.  1-20)  ;  2"  las  consecuencias  a  ese  respecto,  del  cambio 
de  conducta  del  justo  y  del  malo  o  impío  (vs.  21-29)  ;  y  3°  exhor- 
tación al  arrepentimiento  y  a  la  conversión  (vs.  30-32 } .  El  dicho  popu- 
lar que  sirve  de  base  a  su  argumentación,  significa  esto:  los  padres 
pecan  y  por  ello  sufren  sus  hijos,  o  sea,  por  la  culpa  de  los  padres 
padecen  injustamente  sus  hijos.  Ezequiel  se  rebela  contra  esa  transmi- 
sión indebida  e  injusta  de  retribuciones  divinas  y  sostiene  clara  y  enér- 
gicamente la  doctrina  opuesta  de  la  sola  responsabilidad  individual, 
haciendo  proclamar  por  Yahvé  la  tesis  de  que  la  persona  que  peca, 
esa  es  la  que  únicamente  morirá,  como  pena  de  su  transgresión  (v.  4). 
Pero  el  profeta  no  conocía  o  no  tuvo  en  cuenta  la  disposición  del  Decá- 
logo, que  tanto  en  la  versión  del  Exodo  (20,  5),  como  en  la  del  Deu- 
teronomio  (5.  9)  expone  distinta  doctrina  al  hacerle  decir  al  dios  na- 
cional: '^Yo,  Yahvé  tu  dios,  soy  un  dios  celoso,  que  por  la  falta  de  los 
padres,  castigo  a  los  hijos  y  hasta  la  tercera  y  la  cuarta  generación  de 
los  que  me  odian  (o  aborrecen)  ;  pero  que  concedo  mi  gracia  hasta  la 
milésima  generación  (o  a  millares)  de  los  que  me  aman  y  guardan  mis 
mandamientos"  (§  2728).  Como  se  ve,  el  Yahvé  de  Ezequiel  y  el  del 
Decálogo  sostienen  tesis  notoriamente  contradictorias;  veamos  cómo  los 
teólogos  tratan  de  conciliarias,  de  modo  que  no  sufra  desmedro  la  auto- 
ridad del  libro  sagrado.  Según  el  citado  texto  del  Decálogo,  por  la 
falta  de  los  padres.  Yahvé  castiga  a  los  hijos  (primera  generación),  a 
los  nietos  (segunda  generación),  a  los  bisnietos  (tercera  generación)  y 
a  los  tataranietos  (cuarta  generación)  de  los  culpables.  Scío  nos  explica 
esa  antinomia  del  modo  siguiente:  "San  Agustín,  San  Gregorio  Magno 
y  otros  P.  P.  y  teólogos  entienden  esto  de  los  hijos,  que  heredan  la  ini- 
quidad die  los  padres;  y  así  exponen  aquellas  palabras,  de  los  que  me 
aborrecen,  de  los  que  imitan  los  desarreglos  y  desórdenes  de  sus  pa- 
dres. Pero  otros  Padres  y  teólogos,  apoyados  en  varios  lugares  de  la 
Escritura,  extienden  este  castigo  a  los  hijos  buenos,  que  en  la  tercera 
y  cuarta  generación  y  aún  más  allá  son  castigados  por  los  delitos  e 
impiedades  de  sus  padres;  bien  entendido  que  estos  castigos,  que  Dios 
ejecuta  algunas  veces  sobre  hijos  muy  buenos  de  padres  perversos,  son 
temporales  y  en  esta  vida;  porque  aun  los  justos  experimentan  en  sí 
los  efectos  del  pecado  original,  y  no  están  exentos  de  aquellas  faltas  que 


LOS  HIJOS  SUFREN  POR  SUS  PADRES 


117 


Dios  castiga  con  estas  penas  pasajeras,  las  cuales  sirven  para  aumen- 
tarles la  virtud  y  el  mérito,  y  por  consiguiente  la  corona.  Cuando  Eze- 
quiel  dice  (18,  19,  etc.)  :  que  el  hijo  no  llevará  lo  iniquidad  de  su 
padre,  sino  que  será  castigado  por  las  faltas  que  él  hubiere  cometido, 
se  entiende  de  la  pena  del  alma;  porque  a  ninguno  castiga  Dios  en 
este  sentido,  sino  por  sus  faltas.  San  Jerónimo  y  Teodoreto  dan  otra 
interpretación  a  estas  palabras,  diciendo:  Que  Dios,  cuya  misericordia, 
es  sin  términos,  retarda  el  castigo  del  delito  de  los  padres  hasta  la  ter- 
cera y  cuarta  generación  de  los  hijos  que  imitan  sus  desórdenes;  y  que 
Dios  difirió  el  castigo  de  los  hebreos  que  habían  idolatrado  en  Egipto, 
hasta  su  tercera  y  cuarta  generación,  que  fueron  los  que  salieron.  De 
todo  lo  cual  hemos  de  concluir,  que  Dios  es  siempre  justo,  y  que  nunca 
castiga  sin  razón:  que  sus  caminos  no  son  como  los  de  los  hombres; 
que  muchas  veces  se  nos  esconden  los  fines  de  lo  que  hace;  pero  que 
en  todas  ocasiones  y  circunstancias  hemos  de  adorar  sus  juicios  ocultos 
y  tremendos,  porque  son  siempre  justos". 

3809.  Tal  es  la  explicación  católica  de  la  referida  antinomia;  y 
la  ortodoxia  protestante  también  se  basa  en  la  mencionada  frase  "de 
los  que  me  odian  o  me  aborrecen",  para  eludir  la  dificultad  apuntada. 
Así  L.  B.  A.  manifiesta:  "La  máxima  proverbial  (del  v.  2)  puesta  aquí 
en  boca  del  pueblo,  quiere  decir:  que  los  hijos  padecen  ordinariamente 
por  los  pecados  de  sus  padres,  la  que  encierra  una  acusación  contra  la 
justicia  de  Dios.  Sin  duda  la  misma  ley  parece  expresar  algo  semejante 
cuando  anuncia  que  "Dios  castigará  los  pecados  de  los  padres  sobre 
los  hijos  hasta  la  tercera  y  cuarta  generación^  (Ex.  20,  5)  ;  pero  no 
debe  olvidarse  que  ella  añade:  "de  los  que  me  odian".  Acumulándose 
entonces  la  deuda  durante  una  serie  de  generaciones,  que  continúan 
marchando  y  progresando  en  el  mal,  concluye  por  recaer  toda  entera 
sobre  la  última  (Luc.  11,  49-51).  Pero  no  es  así  cuando  los  hijos  se 
apartan  del  pecado  de  los  padres  y  rompen  el  lazo  de  solidaridad  que 
los  unía  a  las  generaciones  precedentes.  Entonces  se  les  aplica  el  princi- 
pio expresamente  formulado  en  Ez.  18,  2-4  y  desenvuelto  en  el  curso 
de  ese  capítulo  (cf.  Gál.  6,  5)".  De  lo  expuesto  resulta  que  unos  expo- 
sitores católicos  no  tienen  inconveniente  en  admitir  que  por  las  faltas 
paternas  Yahvé  castiga  aún  a  hijos  muy  buenos  hasta  la  cuarta  gene- 
ración; pero  sólo  temporalmente,  en  esta  vida.  — lo  que  no  impide  que 
realmente  sean  castigos — ;  y  que  la  tesis  de  Ezequiel  se  refiere  única- 
mente a  la  pena  del  alma,  (hipótesis  infundada)  para  la  cual  no  se 
tiene  en  cuenta  la  conducta  de  los  antecesores.  En  cambio,  la.  ortodoxia 
protestante  sostiene  con  San  Agustín,  que  la  pena  de  los  padres  per- 
versos se  trasmite  hasta  sus  tataranietos,  siempre  que  tales  descendientes 
hayan  continuado  en  la  vía  pecaminosa  de  aquéllos.  Si  examinamos  con 
detención  el  asunto,  despojándonos  de  prejuicios  dogmáticos,  veremos 
que  la  aludida  antinomia  existe  realmente  y  que  ella  procede  de  dos 


118 


LOS  HIJOS  SL'FREN  POR  LAS  FALTAS  PATERNAS 


periodos  distintos  de  la  evolución  de  la  religión  de  Israel.  Aunque  la 
frase  "de  los  que  me  odian'  es  ambigua,  lógicamente  no  puede  refe- 
rirse a  los  descendientes  inmediatos  de  los  individuos  perversos,  pues 
si  dichos  descendientes  fueran  culpables  hacia  su  dios,  natural  sería 
que  éste  los  castigara  por  su  propia  culpabilidad,  sin  preocuparse  para 
nada  del  proceder  de  sus  padres.  En  ninguna  legislación  humana  se 
agrava  la  pena  aplicable  al  delito  de  una  persona,  por  los  crímenes 
cometidos  por  su  padre.  Y  sería  hacerle  un  flaco  servicio  a  la  divini- 
dad, afirmar  que  la  justicia  de  los  hombres  es  superior  a  la  suya.  Ade- 
más el  contexto  del  referido  precepto  del  Decálogo,  reclama  tal  inter- 
pretación, pues  contrapone  la  conducta  del  dios  celoso  que  es  Yahvé, 
castigando  hasta  la  cuarta  generación  de  los  que  violan  sus  ordenanzas, 
con  lo  que  promete  a  los  descendientes  de  los  que  le  obedecen,  pues 
dice  que  premiará  o  concederá  su  gracia  "'hasta  la  milésima  generación 
de  los  que  me  aman  y  guardan  mis  mandamientos''.  Ese  premio  será 
para  los  descendientes  de  aquellos  que  le  sean  fieles,  así  como  aquel 
castigo  será  extendido  hasta  los  tataranietos  de  los  que  le  sean  infieles, 
sea  cual  fuere  su  conducta  actual.  Dos  relatos  tradicionales  confirman 
ese  arcaico  concepto  de  la  justicia  de  Yahvé:  uno  el  de  la  sublevación 
de  Coré  contra  la  casta  sacerdotal,  í  1 )  narración  mezclada  con  la  de 
la  revuelta  de  Datan  y  Abiram  contra  la  autoridad  política  de  Moisés, 
(Núm.  16,  1-40-.  ^  221-232),  relato  según  el  cual  por  la  culpa  de  dichos 
sublevados,  Yahvé  castigó  no  sólo  a  éstos,  sino  también  a  sus  mujeres, 
sus  hijos,  sus  pequeñuelos  {sus  nietos?)  y  a  todas  las  personas  de  Coré 
con  todos  sus  bienes  (vs.  27,  31-33);  y  2°  el  caso  del  israelita  Acán, 
que  violó  el  anatema  decretado  por  Yahvé  contra  la  ciudad  de  Ai  (o 
Hai),  por  cuyo  delito,  tanto  a  él  como  a  sus  hijos,  sus  hijas  y  sus  ani- 
males, el  dios  los  hizo  lapidar  y  luego  quemar,  con  lo  que  se  aplacó 
su  furor  (Jos.  7,  24-26:  ^  377). 

3810.  Tampoco  es  aceptable  el  curioso  argumento  de  L.  B.  A.  de 
que  "acumulándose  la  deuda  durante  una  serie  de  generaciones  que 
continúan  marchando  y  progresando  en  el  mal,  concluye  por  recaer 


(1)  Al  anotar  L.  B.  d.  C.  los  dos  relatos  diferentes  combinados  en  Núm.  16, 
7-40,  manifiesta  que  en  la  forma  primitiva  de  la  ])rotesta  de  Coré  contra  la  casta 
sacerdotal,  ''Coré  debía  ser  un  laico  como  sus  partidarios  (v.  2:  un  Coré  figura 
entre  los  descendientes  de  Judá,  1  Crón.  2,  43),  que  reinvidicaba  la  igualdad  cul- 
tual de  todos  los  israelitas  (v.  3).  Un  redactor  más  reciente  (P-*)  hizo  de  él  un 
hijo  de  Leví  y  el  portavoz  del  bajo  clero  (los  levitas)  sublevado  contra  los  privi- 
legios de  los  sacerdotes  aarónidas.  Deut.  11,  6,  conoce  la  sublevación  de  Datan  y 
de  Abiram;  pero  no  la  de  Coré".  Y  anotando  Núm.  26,  II:  Pero  los  hijos  de  Coré 
no  perecieron,  expresa:  "Este  v.  11  fue  agregado  a  los  datos  del  cap.  16.  porque 
más  adelante  se  mencionan  hijos  de  Coré  (v.  58).  o  sea,  la  familia  levítica  de 
este  nombre  mencionada  en  el  encabezamiento  de  muchos  salmos  (42-49,  etc."; 
§  1129,  1129"). 


CASTIGO  POR  ASESINATOS  DE  PROFETAS 


119 


toda  entera  sobre  la  última",  en  cuyo  apoyo  cita  el  texto  de  Luc.  11, 
49-51.  En  efecto,  una  de  dos:  o  la  referida  deuda  fue  pagada  por  el 
que  la  contrajo,  o  no  lo  fue.  En  el  primer  caso,  no  puede  haber  acumu- 
lación alguna  para  reclamarla  de  los  descendientes  del  causante  de  la 
misma;  y  en  el  segundo,  tendríamos  que  esa  deuda  moral,  es  decir,  el 
pecado  cometido  por  un  individuo  no  recibió  el  castigo  merecido  que 
aplica  el  justiciero  dios,  quien  se  reserva  cobrarla,  o  sea,  aplicar  la 
condigna  pena  a  la  última  generación  de  descendientes  del  culpable, 
que  hubieran  persistido  en  el  mal  camino,  lo  que  es  una  iniquidad.  Por 
lo  que  respecta  a  la  cita  mencionada  del  cap.  11  del  Evangelio  de  Lucas, 
téngase  presente  que  forma  parte  de  una  serie  de  invectivas  o  maldicio- 
nes atribuidas  a  Jesús,  contra  los  fariseos,  precisamente  en  el  momento 
en  que,  según  se  dice,  invitado  por  uno  de  éstos,  se  había  sentado  a 
su  mesa  a  comer  con  él,  lo  que  francamente  no  acusa  un  modelo  de 
buena  educación.  Esas  invectivas  antifariseaicas,  corrientes  en  el  cris- 
tianismo primitivo,  aunque  algo  haya  influido  en  ellas  el  propio  Jesús, 
eran  probablemente,  según  opina  Loisy,  "la  denuncia  del  judaismo  in- 
crédulo por  un  profeta  cristiano"  Entre  esas  invectivas,  se  encuentra 
una  contra  los  doctores  de  la  ley,  a  quienes  se  les  enrostra  el  edificar 
sepulcros  a  los  profetas,  ¡y  son  vuestros  padres  los  que  los  mataron! 
Con  ese  motivo  viene  la  aludida  cita,  que  dice  así:  "49  Por  lo  cual 
también  la  Sabiduría  de  Dios  ha  dicho:  Les  enviaré  profetas  y  após- 
toles, y  matarán  a  unos  y  perseguirán  a  otros,  50  para  que  a  esta  ge- 
neración sea  demandada  la  sangre  de  todos  los  profetas  derramada 
desde  la  fundación  del  mundo,  51  desde  la  sangre  de  Abel  hasta  la 
sangre  de  Zacarías,  muerto  entre  el  altar  y  el  templo.  Si,  os  lo  digo, 
ella  será  demandada  a  esta  generación" .  El  profeta  cristiano  expresa  lo 
que  antecede  como  un  oráculo  pronunciado  por  el  Cristo,  la  Sabiduría 
de  Dios,  y  según  él,  se  le  pedirá  cuenta  a  esta  generación  de  la  sangre 
de  todos  los  profetas  derramada  desde  la  fundación  del  mundo,  comen- 
zando por  la  de  Abel  ( que  nunca  fue  profeta,  ni  aparece  como  tal  en 
las  páginas  bíblicas)  hasta  terminar  con  la  lapidación  del  sacerdote 
Zacarías,  narrada  en  II  Crón.  24.  20-22.  Quiere  decir,  pues,  que  la  gene- 
ración de  la  época  en  que  escribía  el  autor  del  oráculo  transcrito,  sería 
castigada  por  todos  los  asesinatos  de  los  profetas  cometidos  desde  los 
más  antiguos  tiempos  hasta  el  asesinato  del  nombrado  Zacarías,  no  sa- 
biéndose el  porqué  no  se  continuó  con  los  perpetrados  hasta  la  actuali- 
dad del  escritor,  pretendiéndose,  con  esos  antecedentes  invocados,  justi- 
ficar la  ruina  de  Jerusalén  por  los  romanos.  El  ortodoxo  Dr.  L.  Bonnet, 
explicando  ese  pasaje,  manifiesta  que  "así  se  ve  muy  a  menudo  en  la 
vida  de  los  pueblos,  en  virtud  de  su  solidaridad  moral,  sufrir  a  una 
generación  por  los  juicios  de  Dios,  a  causa  de  los  crímenes  de  las 
generaciones  que  la  han  precedido".  Es  tan  inadmisible  relacionar  la 
solidaridad  moral  de  los  pueblos  con  los  juicios  divinos,  como  el  reía- 


120 


LOS  JUSTOS  Y  LOS  INJUSTOS 


cionar  las  calamidades  ocasionadas  por  las  ciegas  fuerzas  de  la  Natu- 
raleza, erupciones  volcánicas,  desastres  ocasionados  por  terribles  hura- 
canes y  tifones,  o  por  grandísimas  inundaciones  que  causan  millares  de 
víctimas  humanas,  según  ha  ocurrido  recientemente  en  Holanda,  Ingla- 
terra y  otros  países  de  Europa  occidental,  relacionar  tales  calamidades, 
repetimos,  con  castigos  ordenados  por  Dios.  La  experiencia  comprueba 
que  el  Ser  Supremo  no  interviene  en  la  marcha,  ni  en  los  asuntos  de 
nuestro  insignificante  planeta,  pues  de  lo  contrario  tendríamos  que  con- 
siderar a  esa  deidad  como  un  monstruo  carente  de  sentimientos  morales 
(nuestra  Introducción,  ^  545).  Cerraremos  estas  consideraciones  sobre 
el  aludido  texto  de  Luc.  11,  con  estas  palabras  de  Loisy:  "Puede  ser 
poco  natural  y  rabínico  presentar  el  asesinato  de  Zacarías,  hijo  de 
Joiada,  como  el  último  crimen  de  los  judíos;  pero  no  es  más  natural 
el  imputarles  el  asesinato  de  Abel.  En  realidad  se  trata  de  una  vista 
-apocalíptica,  en  la  que  se  presenta  la  ruina  de  Jerusalén  como  el  justo 
castigo  de  los  judíos,  matadores  de  los  profetas,  del  Cristo  y  de  mu- 
chos apóstoles,  y  que  pagaron  así  por  todos  los  asesinatos  cometidos 
en  la  Tierra"  [UEvan.  selon  Luc.  p.  337).  Con  semejante  enseñanza 
se  desautorizaba  la  tesis  de  la  responsabilidad  individual  tan  ardorosa- 
mente defendida  por  Ezequiel. 

3811.  Luego  de  sentar  nuestro  profeta  su  principio  de  que  "la 
persona  que  pecare  es  la  que  morirá",  pasa  a  definir  el  hombre  justo, 
tal  como  lo  entiende.  Para  serlo,  según  él.  se  requiere  no  sólo  que  un 
individuo  obre  de  acuerdo  con  el  derecho,  la  justicia  y  la  caridad 
(vs.  5,  7),  sino  además  que  cumpla  con  ciertos  preceptos  rituales,  como 
p.  ej.,  no  comer  carne  con  sangre  (v.  6),  (1)  detalles  que  revelan  el 
carácter  sacerdotal  del  escritor.  Al  reseñar  las  condiciones  que  exige 
para  calificar  de  justo  a  un  hombre,  parece,  como  nota  L.  B.  d.  C, 
que  "se  inspira  aparentemente  en  un  elemento  de  la  liturgia  de  los 
templos  antiguos:  cuando  fieles  querían  entrar  en  el  santuario,  un  sa- 
cerdote les  recordaba  las  condiciones  exigidas  por  la  divinidad  a  aque- 
llos que  podían  tener  acceso  junto  a  ella  (Sal.  15;  24,  3-6;  Is.  33,  14-16; 
cf.  Sal.  5,  5;  118.  20;  §  2763  bis.  2763  ter,  3126).  Pero  mientras  que 
la  lista  de  esas  condiciones,  según  los  otros  textos  israelitas,  no  con- 
tiene sino  exigencias  morales.  Ezequiel  hace  figurar  también  y  aún  en 
primera  línea,  exigencias  rituales".  Entre  éstas,  menciona  el  profeta 
"allegarse  a  mujer  menstruosa"  (v.  5),  acto  sobre  el  cual  legisló  más 
tarde  y  varias  veces  el  Levítico   (15,  24;  18,  19).  atribuyéndole  tal 


(1)  En  lugar  de  esa  prescripción  del  v.  6,  — como  en  11,  15  y.  en  22,  9, — 
trae  el  T.  M.  ésta:  "5í  no  come  sobre  los  montes",  lo  que,  según  L.  B.  d.C,  quiere 
decir:  "si  en  los  altos  no  participa  en  las  comidas  sagradas  que  seguían  a  los 
sacrificios  de  paz".  Esta  exigencia  sería  formulada  de  manera  algo  imprecisa:  pero 
convendría  también  al  contexto". 


LOS  JUSTOS  Y  LOS  INJUSTOS 


121 


gravedad,  que  llegó  a  imponer  la  pena  de  muerte  a  los  participantes 
en  el  mismo  (20,  18).  tanto  por  el  temor  supersticioso  a  la  sangre 
donde  suponían  reside  el  alma  de  la  persona,  como  por  la  ignorancia 
sobre  el  origen  de  la  reproducción  humana  en  la  que  se  creía  inter- 
vinieran potencias  sobrenaturales  extrañas  al  dios  nacional.  También 
incluye  Ezequiel  el  adulterio  en  la  categoría  ritual  de  la  impureza,  y  no 
en  la  de  usurpación  de  un  bien  perteneciente  a  otro,  como  así  resulta  del 
10°  mandamiento  del  Decálogo  (Ex.  20,  17;  §  2757).  Sobre  los  présta- 
mos sin  interés,  ver  §  3253  bis.  Según  el  v.  9,  el  hombre  que  llenare 
todas  las  condiciones  exigidas  en  los  vs.  anteriores  (5-8),  es  decir,  que 
observare  todas  las  ordenanzas  de  Yahvé,  será  considerado  justo,  y 
ciertamente  vivirá.  Estas  últimas  palabras  "denotan,  a  juicio  de  Scío, 
una  vida  verdadera  y  feliz,  no  sólo  en  cuanto  al  cuerpo,  sino  mucho  más 
en  cuanto  al  alma,  por  gracia  y  por  gloria".  L.  B.  A.  opina  igualmente 
que  aquí  "el  vocablo  vivir  designa  la  suma  de  todas  las  bendiciones 
terrestres  y  eternas  prometidas  por  la  ley".  En  cambio  L.  B.  d.  C. 
entiende  que  con  la  citada  frase  Ezequiel  quiere  decir  sobre  todo  que  el 
justo  sobrevivirá  a  las  calamidades  nacionales  que  él  prevé  (20,  32-38). 

3812.  Sigue  luego  el  profeta  describiendo  al  malvado  o  injusto, 
que  nos  lo  pinta  como  el  reverso  de  la  medalla  del  hombre  justo,  y 
suponiendo  que  aquél  fuera  hijo  de  éste,  llega  a  la  conclusión  de  su 
tesis  que  el  buen  comportamiento  y  la  fidelidad  del  justo  no  aprove- 
charán al  hijo  descarriado:  "la  justicia  del  justo  sobre  él  sólo  estará 
y  la  maldad  del  malo  también  sobre  él  sólo  estará"  (v.  20).  Parece 
según  la  detallada  exposición  que  hace  Ezequiel  de  las  condiciones  que 
tiene  que  llenar  una  persona  para  merecer  el  calificativo  de  justo  o 
injusto,  que  para  ello  deberá  contenerlas  todas,  ya  sean  positivas  o  ne- 
gativas. Es  el  caso  como  si  en  un  examen  los  examinadores  sólo  pudie- 
ran dar  las  notas  de  bueno  o  malo,  estándoles  prohibido  dar  la  de 
regular.  ¿Cómo,  p.  ej.,  juzgaría  dicho  profeta  al  hombre  que  fuera 
temeroso  de  Yahvé;  pero  que  no  cumpliera  con  los  requisitos  rituales 
que  menciona,  o  prestara  dinero  a  sus  compatriotas  cobrándoles  inte- 
rés, o  fuese  usurero?  Pero  donde  resulta  más  discutible  la  doctrina 
sustentada  por  Ezequiel,  es  cuando  disertando  sobre  el  cambio  de  con- 
ducta del  justo  o  del  injusto,  sostiene  que  para  apreciar  su  mérito  o 
demérito,  sólo  debe  tenerse  en  cuenta  el  final  de  la  vida  del  individuo. 
De  modo  que  si  el  malo  renunciare  a  todos  los  pecados  que  cometía, 
no  se  le  imputará  nada  de  las  faltas  de  su  pasado;  y  a  la  inversa,  si 
el  justo  llegare  a  practicar  la  iniquidad,  no  se  recordará  más  ninguno 
de  los  actos  de  justicia  que  él  haya  realizado  (vs.  21-24).  En  contra 
de  este  tajante  precepto,  muchos  códigos  penales  modernos  de  naciones 
adelantadas  establecen  que  es  circunstancia  atenuante  del  delito  el  hecho 
de  haber  tenido  el  delincuente,  con  anterioridad,  buena  conducta.  Esta 
doctrina  que  da  valor  únicamente  a  los  últimos  hechos  o  disposiciones 


122 


CONVERSION  A  ULTIMO  MOMENTO 


de  una  persona,  ha  originado,  principalmente  en  el  catolicismo,  una 
serie  de  historietas  en  las  que  figuran  bandidos  o  individuos  mu)'  per- 
versos, que  después  de  haber  llevado  una  vida  antisocial,  reñida  en 
absoluto  con  los  más  elementales  principios  de  moral,  obtuvieron  su 
salvación  gracias  a  que  antes  de  morir  se  arrepintieron  o  se  encomen- 
daron a  Jesús  o  a  tal  o  cual  Virgen  de  la  que  antes  habían  sido  devotos. 
Recuérdese  el  diálogo  de  los  dos  ladrones  crucificados  con  Jesús,  y  el 
pedido  a  éste  del  ladrón  arrepentido  y  la  respuesta  del  mártir:  "Hoy 
estarás  conmigo  en  el  paraíso''  (Luc.  23.  42-43).  escena  en  la  que,  a 
juicio  de  Loisy,  ambos  malhechores  son  dos  personajes  típicos:  el  im- 
penitente representa  el  judaismo  incrédulo,  mientras  que  el  otro,  figura 
la  conversión  del  mundo.  L.  B.  d.  C.  escribe  al  respecto:  "Quizá  la 
lógica  del  principio  sentado  por  Ezequiel  hubiese  pedido  más  bien  que 
cada  hombre  fuese  juzgado  según  el  conjunto  de  sus  actos,  buenos  o 
malos.  Pero,  por  el  contrario,  enseña  Ezequiel  que  no  se  tendrá  en 
cuenta  sino  el  estado  último  del  bombee.  Es  que:  1°  Él  piensa  ante 
todo  en  una  catástrofe  como  la  del  586:  los  hombres  entonces  serán 
respetados  o  perecerán,  según  las  disposiciones  en  que  ellos  se  encuen- 
tren en  ese  momento:  2*?  la  actitud  tomada  por  Ezequiel  muestra  que 
concibe  la  justicia  de  una  manera  menos  mecánica  y  legal  de  lo  que 
se  podría  pensar  según  sus  propias  declaraciones:  la  justicia  como  la 
injusticia  no  es  simplemente  una  suma  de  actos  distintos  espaciados  en 
el  tiempo,  sino  además  una  orientación  de  la  vida,  una  tendencia  gene- 
ral de  todo  el  ser;  3°  continúa  Ezequiel  en  la  linea  de  pensamiento  de 
los  grandes  profetas  sus  antecesores,  quienes  unánimemente  habían  sos- 
tenido que  Yahvé  estaba  pronto  a  perdonar  sin  reserva  a  su  pueblo  si 
éste  se  arrepentía  y  cambiaba  de  conducta  (Am.  5,  14-15;  Jer.  18, 
1-10,  etc.)".  Creemos  que  para  que  el  arrepentimiento  sea  eficaz  y  me- 
rezca el  perdón,  debería  ir  seguido  I  siempre  que  sea  posible)  del  es- 
fuerzo sincero  de  la  reparación  de  las  anteriores  faltas  cometidas. 

3813.  En  la  exhortación  final  al  arrepentimiento  y  la  conversión 
(vs.  30^-32).  Ezequiel  dirige  a  sus  compatriotas  un  llamado  que  está 
en  abierta  contradicción  con  otros  pasajes  de  su  libro.  Así  hemos  visto 
que  tanto  este  profeta  como  Jeremías,  decepcionados  al  ver  la  inutili- 
dad de  su  predicación,  sólo  creyeron  en  la  conversión  de  su  pueblo, 
gracias  a  la  obra  milagrosa  de  Yahvé,  quien  al  juntar  nuevamente  a 
los  dispersos  israelitas,  les  daría  un  corazón  nuevo,  reemplazando  el  de 
piedra  que  tenían,  por  otro  de  carne,  más  accesible  a  las  enseñanzas 
proféticas  y  por  lo  tanto,  transformándolos  en  fieles  e  invariables  yah- 
vistas  (11.  19;  36,  26-27:  l  3432,  3580).  Pero  ahora  nuestro  profeta 
ya  no  cree  que  la  conversión  de  su  pueblo  sea  el  resultado  de  una  obra 
divina,  sino  el  de  la  propia  iniciativa  individual,  pues  severamente  les 
dice:  ¡Haceos  un  corazón  nuevo  y  un  espíritu  nuevo!  (v.  31).  Veamos 
la  explicación  que  se  nos  da  de  estos  preceptos  contradictorios.  Para 


UN  CORAZON  NUEVO 


123 


Scío,  el  últimamente  citado  "declara  la  libertad  del  humano  albedrío, 
aun  en  aquellas  cosas  que  dependen  de  la  gracia  divina".  El  v.  31  le 
merece  a  L.  B.  A.  el  siguiente  comentario:  "¿No  es  pedir  al  pueblo 
cosas  que  el  hombre  no  podría  hacer?  Seguramente,  si  esas  palabras 
no  se  dirigieran  a  miembros  de  la  alianza  a  quienes  les  basta  colocarse 
bajo  la  influencia  del  Dios  que  les  habla,  para  recibir  de  él  la  fuerza 
para  cumplir  lo  que  él  les  ordena.  "Manda  lo  que  quieras,  y  da  lo  que 
mandas",  así  habla  a  su  Dios  el  corazón  piadoso  en  presencia  de  seme- 
jantes órdenes  del  Señor;  y  entonces  experimenta  la  verdad  de  la  frase 
del  apóstol:  ''Dios  es  el  que  en  vosotros  obra,  así  el  querer  como  el 
hacer,  según  su  buena  voluntad"  ( Fil.  2,  13).  Por  lo  demás  las  pro- 
mesas del  mismo  profeta  (11,  18-19;  36,  26)  muestran  bien  en  qué 
sentido  entendía  este  imperativo:  haceos,  o  sea,  abrid  vuestro  corazón 
a  Dios  de  manera  que  pueda  él  mismo  hacer  esto  en  vosotros.  Hacer 
es,  para  el  hombre,  pedir  y  estar  conforme  en  recibir.  —  Un  corazón 
nuevo:  nueva  manera  de  sentir;  un  espíritu  nuevo:  nueva  manera  de 
pensar;  de  ahí  la  nueva  dirección  de  la  voluntad,  que  determina  una 
nueva  conducta".  Si  se  analiza  detenidamente  esta  argumentación,  se 
verá  que  no  resuelve  la  antinomia  que  pretende  explicar.  A  individuos 
incrédulos  se  Ies  promete  primero  que  \ahvé  les  dará  nuevo  corazón  ' 
y  nuevo  espíritu  para  que  en  adelante  sean  fieles  creyentes  en  él;  y 
luego  se  les  ordena  que  ellos  sean  los  artífices  de  su  propia  conversión, 
haciéndose  el  nuevo  corazón  y  el  nuevo  espíritu  requeridos  para  tal 
fin.  Para  conciliar  estos  preceptos  contradictorios  se  afirma  que  el  im- 
perativo haceos  significa:  abrid  vuestro  corazón  al  dios  de  manera  que 
pueda  él  mismo  hacer  esto  en  vosotros.  Pero  para  que  el  incrédulo 
realice  esa  obra,  tiene  que  poseer  un  estado  de  ánimo  muy  próximo 
al  de  su  total  conversión,  o  que  ya  haya  abandonado  su  incredulidad, 
y  entonces  resulta  inútil  la  primera  promesa  de  que  el  dios  sería  quien 
cambiaría  el  corazón  o  las  disposiciones  del  mismo,  en  aquellos  que 
en  él  no  confiaban  o  no  guardaban  sus  mandamientos.  En  cuanto  al 
mencionado  precepto  de  la  Epístola  a  los  Filipenses,  tenemos  estas  dos 
consecuencias:  1*^  que  para  que  un  incrédulo  se  convierta,  se  requiere 
primeramente  que  en  él  Dios  despierte  el  deseo  de  convertirse,  o  sea, 
el  querer,  y  luego  lo  ayude  a  hacer,  es  decir,  a  salvar  los  obstáculos 
intelectuales  o  de  cualquier  otro  orden  que  le  impidan  la  creencia  y  la 
fe;  y  29  que  todo  ese  laborioso  proceso  es  obra  divina,  dependiendo 
finalmente  la  conversión  de  la  buena  voluntad  de  Dios.  Francamente 
que  si  esto  es  así,  como  nos  lo  asegura  la  ortodoxia,  ahora  comprende- 
mos el  porqué  hay  tanta  incredulidad  en  el  mundo,  de  la  cual  es  culpa- 
ble la  misma  divinidad,  que  se  ha  olvidado  el  querer  y  el  hacer  inen- 
cionados  en  el  aludido  texto  de  la  Epístola  a  los  Filipenses. 


CAPITULO  VI 


Entretenimientos  poéticos  de  Ezequiel 


BALADA  DE  LA  ESPADA  DE  YAHVE.  _  3814.  Según  hemos  di- 
cho en  §  3701,  Ezequiel  estaba  sujeto  a  periódicas  crisis  de  mutismo, 
en  las  cuales  se  arraigaba  en  él  cada  vez  más  el  convencimiento  de  que 
a  causa  de  la  infidelidad  de  Israel  (él  no  decía  Judá,  aun  cuando  se 
refiriera  a  este  reino,  único  que  sobrevivía  del  antiguo  pueblo  hebreo), 
a  su  dios  nacional,  era  inevitable  el  castigo  divino.  £n  esos  períodos  de 
forzado  recogimiento,  meditaba  y  escribía,  y  como  tenía  veleidades  de 
artista,  producía  composiciones  poéticas  de  variados  géneros,  todas  las 
cuales  las  atribuía  siempre  a  inspiración  de  Yahvé.  Uno  de  aquellos 
períodos  motivado  por  la  muerte  de  su  esposa,  suceso  concomitante 
con  el  comienzo  del  segundo  sitio  de  Jerusalén  por  Nabucodonosor  (24, 
1,  2,  15,  18;  §  3701)  duró  hasta  que  llegó  a  sus  oídos  la  caída  de  esa 
plaza,  o  sea,  desde  enero  del  año  587  (II  Rey.  25,  i)  hasta  fines  del 
586  o  principios  del  585,  pues  el  fugitivo  que  le  trajo  la  infausta  noti- 
cia parece  que  demoró  unos  seis  meses  en  realizar  el  viaje  de  Judá  a 
Babilonia.  (33,  21 )  ya  que  tal  acontecimiento  ocurrió  en  el  7  (según 
II  Rey.  25,  8)  o  el  10  (según  Jer.  52,  12)  del  5"?  mes  del  11*?  año,  es 
decir,  en  julio-agosto  del  586.  Entre  las  composiciones  poéticas  que  pro- 
dujo nuestro  poeta  para  entretener  sus  ocios  en  esos  dos  años,  587-585, 
se  cuentan:  1*?  el  poema  que  Lods  denomina  "la  balada  de  la  espada 
de  Yahvé";  2*?  el  canto  fúnebre  anticipado  sobre  la  muerte  de  Sedecías 
(cap.  19)  ;  y  3^  algunos  de  los  poemas  que  encierra  la  colección  de 
los  caps.  25-32,  conocida  con  el  nombre  de  "oráculos  contra  las  nacio- 
nes extranjeras",  de  los  que  nos  ocuparemos  en  el  cap.  siguiente.  Co- 
menzaremos por  el  poema  que  tiene  por  tema  "la  espada  de  Yahvé" 
(21.  8-17),  cuyo  texto  ha  sido  muy  mal  conservado,  según  anota  L.  B. 
d.  C.  (1) 

(1)  Recuérdese,  como  ya  otra  vez  lo  hemos  dicho,  cjue  la  numeración  de  los 
vs.  del  cap.  21  de  Ezequiel  está  modificada  en  la  generalidad  de  las  versiones 
modernas,  porque  le  han  agregado  al  comienzo  de  ese  cap.  los  vs.  45-49  del  cap.  20 
anterior. 


LA  ESPADA  DE  YAHVE  125 

3815.  21,  8  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  térmi- 
nos: 9  "Hijo  de  hombre,  profetiza  y  di:  Así  habla  Yahvé:  (forma  ésta 
usual  en  Ezequiel  de  comenzar  sus  oráculos) . 

La  espada,  la  espada  está  afilada; 
Está  bruñida  (o  acicalada). 

10  Ha  sido  afilada  para  la  matanza 

(para  degollar  víctimas  —  La  Vulgata  y  Valera;  para  hacer  terrible 
degüello  —  Pratt). 

Ha  sido  bruñida  hasta  relampaguear. 

.  .  .   (verso  alterado,  racionalmente  intraducibie)  (1) 

11  Yo  la  he  dado  al  degollador. 
Para  que  la  tenga  en  la  mano. 

Ha  sido  afilada  la  espada,  lia  sido  bruñida  para  ser  entregada  en  ma- 
nos del  verdugo.  (Esta  frase  que  no  constituye  un  verso,  es  sin  duda 
una  glosa  explicativa  —  L.  B.  d.  C). 

12  Grita,  da  alaridos,  oh  hijo  de  hombre. 
Porque  ella  ha  sido  sacada  contra  mi  pueblo; 

Ha  sido  sacada  contra  todos  ¡os  príncipes  de  Israel, 

Entregados  a  la  espada  con  mi  pueblo. 

Por  lo  cual,  golpéate  el  muslo  (Gesto  de  aflicción,  (Jer. 

[31,  19). 

13  ...   (verso  alterado,  racionalmente  intraducibie)  (2) 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 

14  Y  tú,  hijo  de  hombre,  profetiza, 
¡Bate  las  manos! 

¡Duplique,  triplique  la  espada  sus  golpes! 
Es  una  espada  de  matanza. 
La  gran  espada  de  matanza. 
Que  los  acomete  por  todos  lados. 

15  A  fin  de  que  los  corazones  se  agiten  desfallecidos, 
Y  que  sean  numerosos  los  caídos. 

He  puesto  la  espada  para  la  matanza 
Delante  de  todas  las  puertas  de  la  ciudad. 


11)  El  texto  hebreo  trae  aquí  literalmente:  "¿o  bien  nos  regocijaremos?  El 
cetro  de  mi  hijo  menosprecia  todo  leño".  La  ortodoxia  explica  estas  palabras 
inconexas  diciendo  que  aluden  a  la  bendición  tpie  el  moribundo  Jacob  dió  a  su 
hijo  Judá,  padre  de  la  raza  real  (Gen.  49,  8-10). 

(2)  Literalmente:  Porque  prueba;  ¿y  qué,  si  aun  el  cetro  despreciando  no 
es  o  no  existe?  Los  traductores  que  no  tienen  la  franqueza  de  confesar  que  esto 
es  ¡nlraducii)le.  lo  vierten  cada  uno  a  su  manera. 


126 


LA  ESPADA  DE  YAHVE 


Tú  que  has  sido  hecha  para  relampaguear. 
Bruñida  para  ¡a  matanza, 

16  ¡Hiere  hacia  atrás, 

A  derecha,  a  izquierda. 

De  cualquier  lado  que  se  dirija  tu  filo! 

17  Y  yo  también,  yo  batiré  las  manos; 
Yo  desahogaré  mi  furor; 

Soy  yo,  Yahvé,  quien  lo  declaro. 

3816.  Nótese  primeramente  que  el  autor  de  esta  poesía  recalca 
que  las  expresiones  que  contiene  son  palabras  del  propio  Yahvé  ívs. 
8-9,  13,  17)  :  "soy  yo,  Yahvé,  quien  lo  declaro".  Ahora  bien,  si  des- 
pués de  leer  detenidamente  esta  composición  se  medita  en  su  contenido, 
no  podrá  menos  de  concluirse  que  con  tal  afirmación  se  le  hace  el . 
más  flaco  servicio  al  dios  nacional  israelita.  Ya  hemos  visto  que  los 
primeros  escritores  bíblicos  le  habían  atribuido  múltiples  profesiones  a 
Yahvé,  tales  como  las  de  jardinero,  escultor,  cirujano,  carnicero,  sastre, 
perfumista,  enterrador,  &  (  S  2108-2111).  aquí  lo  encontramos  guerrero 
manejando  su  terrible  espada,  pues  en  el  mismo  cap.  21,  le  ordena  al 
profeta:  "Di  al  país  de  Israel:  Así  habla  Yahvé:  Heme  aquí  contra  ti; 
sacaré  mi  espada  de  la  vaina  y  mataré  en  ti  al  justo  y  al  inicuo^'  (v.  3), 
esto  último  en  contra  de  lo  expuesto  sobre  la  responsabilidad  personal 
de  los  individuos  manifestado  anteriormente  (ü  3805-3813  ).  Yahvé  saca 
su  espada  de  la  vaina  y  la  da  al  degollador  para  que  extermine  impla- 
cablemente a  todos  los  israelitas  ( vs.  11,  14,  16),  y  como  esa  arma 
no  la  tendría  en  la  mano,  tenemos  que  figurarnos  que  la  llevaría  al  cinto, 
como  nuestros  militares.  Piénsese  que  si  un  artista,  basándose  en  este 
pasaje,  quisiera  hacer  una  estatua  del  dios  antropomórfico  Yahvé,  ten- 
dría que  darle  una  cara  de  tremenda  cólera  y  en  actitud  de  sacar  su 
espada  de  la  vaina  colgada  a  la  cintura,  algo  así  como  la  estatua  de 
Garibaldi.  — que  aparece  tranquilamente  parado  llevando  consigo  su 
espada, —  existente  en  la  plazoleta  de  su  nombre,  que  se  encuentra  al 
fin  de  la  calle  Treinta  y  Tres,  de  la  ciudad  de  Montevideo.  ¡Véase  a 
que  ridiculeces  se  llega  cuando,  libre  de  prejuicios,  se  medita  en  cier- 
tas páginas  bíblicas!  Esta  divinidad  antropomórfica,  que  jura  por  su 
vida,  cuando  quiere  asegurar  la  veracidad  de  alguno  de  sus  dichos,  y 
que  en  este  poema  manifiesta  una  belicosidad  rayana  en  el  salvajismo, 
expone  en  realidad  los  sentimientos  de  los  profetas  ansiosos  por  im- 
plantar, — sin  reparar  en  los  medios  por  violentos  que  fueran, —  un 
yahvismo  depurado,  libre  de  las  contaminaciones  con  las  ideologías  re- 
ligiosas de  otros  pueblos.  El  Yahvé  israelita  — muy  distinta  deidad  del 
Ser  Supremo  de  la  filosofía  espiritualista —  ni  ha  dicho,  ni  dice  nada; 
todo  lo  que  se  le  atribuye,  tanto  en  prosa  como  en  verso,  no  es  sino 
la  simple  expresión  de  las  ideas  de  sus  defensores.  Pero  esas  ideas  inhu- 


CAMO  FUNEBRE  SOBRE  SEDECIAS 


127 


manas  y  despiadadas  lian  pasado  a  los  exégetas  ortodoxos  cristianos,  y 
así,  p.  ej..  Scío,  anotando  e!  v.  10",  no  trepida  en  escribir:  "La  muerte 
de  los  impíos  que  están  obstinados,  es  un  sacrificio  muy  agradable  a 
la  Justicia  divina",  aseveración  que  cree  encontrar  confirmada  en  el 
texto  de  Josué,  7,  25.  , 

CANTO  FUNEBRE  ANTICIPADO  SOBRE  LA  MUERTE  DE  SEDECIAS. 
—  3817.  El  cap.  19  de  Ezequiel  esá  concebido  en  estos  términos:  1 
Y  tú,  hijo  de  hombre,  pronuncia  ío  entona]  un  canto  fúnebre  sobre  el 
príncipe  (o  los  príncipes  —  T.  M.)  de  Israel.  2  Tú  dirás: 

¿Qué  era  tu  madre?  Leona 
Entre  los  leones. 

Descansaba  en  medio  de  los  leoncillos; 
Criaba  sus  cachorros. 

3  Uno  de  sus  cachorros  engrandeció; 
Llegó  a  ser  un  león  joven. 
Aprendió  a  apoderarse  de  una  presa; 
Devoró  hombres. 

4  Entonces  las  naciones  convocaron  a  sus  gentes  para  atacarlo; 
Fue  atrapado  en  su  cueva. 

Lo  llevaron  con  anillos  (o  garfios)  en  las  mandíbulas, 
Al  país  de  Egipto. 

5  Cuando  su  madre  vió  que  había  partido, 

Y  que  habían  desaparecido  las  esperanzas  que  en  él  había 

[fundado. 

Tomó  otro  de  sus  cachorros 
Para  hacer  de  él  un  león  joven. 

6  Andaba  con  los  leones, 

Y  llegó  a  ser  un  león  joven. 
Aprendió  a  apoderarse  de  una  presa; 
Devoró  hombres,  (v.  3) 

7  Llevó  bolín  a  su  cueva,  ( texto  muy  incierto ) 
Asoló  sus  rebaños.  (Texto  incierto) 

El  país  Y  todo  lo  que  en  él  había,  estaban  embargados  de 

[espanto 

Al  estruendo  de  sus  rugidos. 

8  Las  naciones  tendieron  contra  él 

Lazos  de  todas  partes.  (Texto  muy  incierto) 
Echaron  sobre  él  su  red, 

Y  fue  atrapado  en  su  cueva,  (v.  4) 


128 


CANTO  FUNEBRE  SOBRE  SEDECIAS 


9  Lo  pusieron  en  una  jaula,  después  de  haberle  pasado  garfios, 

Y  lo  llevaron  al  rey  de  Babilonia,  metiéndolo  en  una  for- 

[taleza, 

A  fin  de  que  no  se  oyera  más  su  voz 
Sobre  las  montañas  de  Israel. 

10  Tu  madre  era  semejante  a  una  vid.  .  . 
Plantada  junto  a  las  aguas 

Producía  muchos  frutos  y  nuevos  retoños 
Gracias  a  la  abundancia  de  las  aguas. 

11  Le  brotó  una  rama  vigorosa, 

Que  llegó  a  ser  un  cetro  de  soberano. 

Su  gran  talla  se  alzaba 

En  medio  de  un  espeso  follaje, 

E  impresionaba  la  vista  por  su  altura, 

Y  por  la  multitud  de  sus  ramas. 

12  Pero  la  vid  fue  arrancada  con  furor; 
Fue  echada  por  tierra. 

El  viento  del  oriente  secó 

Sus  frutos  y  ellos  cayeron.  (Texto  incierto). 

Su  rama  vigorosa  quedó  seca; 

El  fuego  la  devoró. 

13  Y  ahora  ella  está  plantada  en  el  desierto. 
En  terreno  árido; 

14  El  fuego  ha  saltado  de  una  de  sus  propias  ramas; 
Ha  devorado  sus  sarmientos, 

Y  no  tiene  más  rama  vigprosa. 
De  cetro  soberano. 

Canto  fúnebre  es  éste;  y  en  efecto,  ha  servido  de  endecha. 

3818.  La  simple  lectura  de  este  poema  hace  surgir  dos  cuestiones 
en  el  ánimo  del  lector  estudioso:  1^  ¿Este  canto  fúnebre  a  qué  rey  o 
reyes  de  Judá  se  refiere,  ya  que  a  ninguno  se  le  determina  por  su  pro- 
pio nombre?;  y  2°  ¿No  es  esta  composición  poética  una  combinación 
de  dos  poemitas,  en  uno  de  los  cuales  se  representan  los  personajes  por 
las  imágenes  de  una  leona  y  sus  cachorros,  mientras  que  en  el  otro 
(vs.  10-14)  se  utiliza  para  ello  la  alegoría  de  la  vid  y  sus  renuevos? 
En  cuanto  a  la  primera  cuestión,  téngase  presente  que  en  el  v.  i  el 
T.  M.  emplea  la  expresión  "príncipes  de  Israer\  aludiendo  a  reyes  de 
Judá  (§  3701)  ;  pero  como  observa  L.  B.  d.  C:  "el  autor  no  se  dirige 
sino  a  uno  de  esos  príncipes,  su  contemporáneo  Sedecías,  a  quien  inter- 
pela tanto  en  el  v.  2  como  en  el  v.  10.  Este  poema,  prosigue  el  comen- 


2  COMPOSICIONES  YUXTAPUESTAS 


129 


tarista,  tiene  la  forma  de  una  quiná,  es  decir,  de  uno  de  esos  cantos 
fúnebres  o  de  duelo  que  se  entonaba  en  los  funerales.  Posee  el  ritmo 
que  tienen  de  ordinario  las  composiciones  de  ese  género,  el  metro  lla- 
mado elegiaco,  en  el  que  la  segunda  mitad  del  verso  tiene  un  tiempo 
fuerte  menos  que  la  primera.  En  ese  canto  fúnebre,  como  en  la  ale- 
goría del  cap.  17  ( 3777),  los  personajes  de  que  se  trata,  no  se  desig- 
nan sino  por  imágenes:  una  leona  o  una  vid,  dos  leoncillos,  una  rama; 
y  no  es  siempre  transparente  la  identidad  de  las  personas  tenidas  en 
vista.  La  del  león  joven  llevado  cautivo  a  Egipto,  es  clara  (vs.  3  y  4)  : 
se  refiere  a  Joacaz,  hijo  de  Josías,  elevado  al  trono  por  el  pueblo  a  la 
muerte  de  su  padre  (609);  pero  desposeído  por  el  faraón  Ñeco  y  des- 
terrado a  Egipto  después  de  tres  meses  de  reinado  (II  Rey.  23,  33-34). 
Para  los  otros  personajes  del  poema  se  presentan  dos  interpretaciones 
principales:  según  una,  se  trata  de  dos  de  los  sucesores  de  Joacaz;  en 
los  vs.  5-9  de  Yehoyaquin  o  Jeconías,  su  sobrino,  que  fue  aprisionado 
por  Nabucodonosor  en  597  y  deportado  a  Babilonia;  y  en  los  vs.  10-14, 
de  Sedecías  a  quien  le  anunciaría  Ezequiel  una  suerte  semejante.  Esta 
interpretación  origina  una  grave  dificultad:  ¿por  qué  no  se  menciona- 
ría para  nada  a  Yehoyaquim  (Joaquim)  que  reinó  once  años  (608-598) 
entre  los  dos  efímeros  reinados  de  Joacaz,  su  hermano,  y  de  Jeconías, 
su  hijo?  Para  obviar  esta  dificultad  suponen  algunos  que  el  segundo 
león  (vs.  5-9)  representa  a  la  vez  a  Yehoyaquim.  y  a  su  hijo;  otros, 
que  una  parte  de  esos  vs.  se  referiría  al  primero  de  esos  príncipes, 
quien  también  habría  sido  llevado  a  Babilonia.  Pero  entonces  hay  que 
admitir  más  bien,  con  otros,  que  Ezequiel  no  ha  recordado  intencional- 
mente  a  Sedecías  sino  los  ejemplos  de  dos  de  sus  predecesores,  que 
habían  sido  deportados,  aunque  la  omisión  de  Yehoyaquim  no  sea  con- 
ciliable con  los  términos  del  v.  5.  Si  se  admitiera  esta  interpretación, 
no  habría  que  ver  en  la  leona  y  en  la  viña  (de  los  vs.  2  y  10)  la  pro- 
pia madre  de  Sedecías,  la  reina  Hamutal,  que  no  era  madre  de  Yeho- 
yaquim ni  de  Jeconías,  sino  la  nación  de  Judá  (cf.  el  gran  cedro  del 
cap.  17).  Según  otra  interpretación,  se  trata  en  este  poema  de  la  reina 
Hamutal  (vs.  2,  5,  y  10-14)  y  de  los  dos  hijos  de  esta  princesa  que 
subieron  al  trono  de  Judá,  Joacaz  (vs.  2-5")  y  Sedecías  (vs.  5^-9,  11-14), 
porque  ambos  eran  hijos  de  la  misma  madre  (II  Rey.  23,  31  y  24,  18). 
Se  objeta  a  esta  explicación  que  la  elevación  y  caída  de  Sedecías  serían 
entonces  descritas  dos  veces  (vs.  5-9  y  11-14).  Pero  se  puede  responder 
que  en  la  segunda  de  estas  estrofas,  el  tema  principal  es  la  suerte  de 
Hamutal,  y  que  a  su  segundo  hijo  no  se  le  tiene  en  cuenta  sino  para 
subrayar  que  él  será  la  causa  de  la  partida  de  su  madre  para  el  destie- 
rro. En  apoyo  de  la  segunda  interpretación,  puede  hacerse  valer  que  en 
Israel  la  reina-madre  gozaba  de  honores  especiales  y  de  una  autoridad 


130 


2  COMPOSICIONES  YUXTAPUESTAS 


excepcional:  se  la  llamaba  la  soberana  (1)  (I  Rey.  15,  13;  II  Rey.  10, 
13;  Jer.  13,  18;  29,  2)  ;  ella  se  sentaba  a  la  derecha  del  rey  (I  Rey.  2, 
19)  ;  cuando  la  corte  era  desterrada,  a  veces  se  hace  mención  especial 
de  la  deportación  de  la  reina-madre  (  II  Rey.  24,  15;  Jer.  29,  2).  Sea 
como  fuere,  este  poema  sobre  Sedecías  debió  ser  compuesto  antes  de  la 
caída  de  este  príncipe  más  bien  que  después:  esta  quiná,  como  la  mayor 
parte  de  las  que  pronunciaban  los  profetas,  era  un  canto  fúnebre  anti- 
cipado, una  manera  de  predecir  el  fin  de  la  persona  o  de  la  nación  tenida 
en  vista.  La  observación  final  en  prosa  (v.  14'')  parece  destinada  a  hacer 
notar  que  se  realizó  la  predicción:  la  quiná  de  Ezequiel  pudo  efectiva- 
mente servir  de  endecha  sobre  la  caída  de  Sedecías". 

3819.  Aclarada  así  la  primera  cuestión,  pasemos  a  examinar  la 
segunda,  relativa  a  la  unidad  del  poema.  A  nuestro  juicio  es  evidente 
que  esta  composición  está  formada  por  la  yuxtaposición  de  dos  poesías 
distintas  sobre  temas  algo  semejantes;  pero  empleándose  en  ellas  ale- 
gorías totalmente  diferentes.  Nótese  que  no  existe  enlace  lógico  alguno 
entre  la  primera  parte  de  la  composición,  hasta  el  v.  9,  con  la  segunda 
que  comienza  en  el  v.  10.  Bruscamente  se  pasa  de  la  alegoría  de  la 
leona  y  sus  cachorros  a  la  de  la  vid  y  sus  vástagos,  y  si  en  la  primera 
parte  se  ponen  de  relieve  las  atrocidades  o  actos  sanguinarios  del  joven 
león,  o  sea^  exacciones  y  fechorías  del  soberano  a  quien  se  alude,  en 
cambio,  en  la  segunda  parte  sólo  incidentalmente  se  le  menciona  y  no 
en  términos  despectivos  o  de  reprobación,  pues  se  le  compara  a  una 
rama  vigorosa  que  impresionaba  por  su  altura  y  por  sus  numerosas 
ramas.  Unicamente  podría  considerarse  como  una  frase  censurando  al 
monarca  la  del  v.  14,  cuando  se  dice  "el  fuego  ha  saltado  de  una  de 
sus  propias  ramas;  ha  devorado  sus  sarmientos,  y  no  tiene  (la  vid)  más 
rama  vigorosa  de  cetro  soberano" ;  pero  el  rey  no  puede  ser  el  causante 
de  ese  fuego  destructor,  ya  que  anteriormente  se  expresa  que  arrancada 
la  vid,  su  rama  vigorosa  quedó  seca;  el  fuego  la  devoró  (v.  12).  En 
resumen,  pues,  nos  hallamos  aquí  ante  dos  composiciones  alegóricas 
yuxtapuestas,  quizá  por  el  mismo  Ezequiel,  quien  nos  ofrece  así  una 
nueva  prueba  de  su  estilo  enigmático,  propio  para  hacer  divagar  a  los 
comentaristas  ortodoxos,  que  entienden  estar  interpretando  mensajes 
divinos. 

3820.  Sólo  nos  resta  ahora  breves  observaciones  sobre  algunos 
versículos  del  poema  que  analizamos.  En  el  v.  4  se  dice  que  un  león 
joven  fue  atrapado  en  su  cueva,  y  llevado  a  Egipto  con  anillos  o  gar- 
fios en  las  mandíbulas.  Al  león  que  le  sucedió,  le  pasó  casi  lo  mismo, 


(1)  Aunque  en  el  original  dice:  "la  señora"  o  "la  soberana",  en  las  traduc- 
ciones usuales  figura  con  la  simple  denominación  de  reina  o  reina-madre. 


TRATO  A  LOS  REYES  VENCIDOS 


131 


pues  atrapado  también  en  su  cueva,  lo  pusieron  en  una  jaula,  y  lo  lle- 
varon al  rey  de  Babilonia,  después  de  haberle  pasado  garfios  (v.  9) . 
En  las  guerras  de  entonces  contra  el  imperialismo  asirlo  o  babilónico, 
solían  los  vencedores  emplear 
con  los  monarcas  vencidos  ese 
medio  bárbaro  de  que  nos  infor- 
man los  citados  vs.  4  y  9.  El  gra- 
bado N9  9.  tomado  de  L.  B.  A., 
nos  da  una  idea  de  cómo  era 
aquel  sistema  de  tortura  y  humi- 
llación. Explicando  ese  grabado, 
expresa  dicho  comentario:  "La 
adjunta  plancha  representa  dos 
reyes  cautivos  y  privados  de  la 
vista,  que  el  monarca  asirlo  hizo 
atar  juntos  por  garfios  o  anillos 
pasados  en  sus  mandíbulas,  como 
se  acostumbraba  hacerlo  con  los 
animales  feroces".  El  rey  asirlo 
Asarhadón,  hijo  y  sucesor  de  su 
padre  Sennaquerib,  se  hizo  re- 
presentar en  bajos  relieves,  ha- 
llados en  Zindjirli  y  en  Tell 
Ahmar,  llevando,  como  atrailla- 
dos, por  medio  de  anillos  pasa- 
dos por  los  labios,  como  se  ve  en 
la  fig.  9,  a  otros  monarcas  que  él 
había  vencido  y  capturado.  Con 
motivo  de  la  invasión  de  Senna-  Fig.  9.  —  Cabezas  de  reyes  cautivos  de 
querib,  en  época  de  Ezequías,  los  asirios. 

( S  2921)   un  escritor  pone  en 

boca  de  Isaías  un  oráculo,  en  el  que  aparece  Yahvé  apostrofando  al  rey 
de  Asiría,  dicíéndole,  entre  otras  cosas: 

Porque  te  has  enfurecido  contra  mi 

Y  que  tus  insolencias  han  subido  a  mis  oídos. 
Pondré  un  anillo  en  tu  nariz, 

Y  un  freno  en  tus  labios.  (II  Rey.  19.  28). 

Ezequiel,  en  un  oráculo  contra  el  faraón  de  Egipto,  al  que  califica  de 
"el  gran  monstruo  de  las  aguas",  (lo  que  suele  ser  traducido  por  el 
gran  cocodrilo  o  cocodrilo  monstruoso),  le  hace  decir  a  Yahvé:' 

Pondré  garfios  en  tus  quijadas, 

Y  te  sacaré  de  en  medio  de  tus  !\'ilos  (o  de  tus  ríos)  29.  4. 


132 


YAHVE  EMPLEARA  EL  MISMO  TRATO 


Y  en  otra  profecía  del  inismo  profeta,  contra  Gog,  Yahvé  vuelve  a 
decir:  "yo  te  arrastraré  tras  mí;  yo  pondré  garfios  en  tus  quijadas  y 
te  sacará  de  tu  país"  (V.  S.;  Ez.  38,  4).  Como  se  ve  por  los  citados 
textos,  los  escritores  que  se  consideran  divinamente  inspirados,  afirman 
que  el  dios  israelita  empleará  contra  ciertos  monarcas  enemigos  suyos, 
el  mismo  bárbaro  procedimiento  empleado  por  Asarhadón  y  otros  so- 
beranos asirios.  Haremos  notar  finalmente  que  esa  inhumana  costum- 
bre, usada  para  asegurar  y  hacer  obedecer  a  ciertos  animales  bravios 
como  toros  salvajes  y  osos,  nunca  era  empleada  con  leones,  como  se 
supone  en  la  alegoría  de  Ez.  19.  4,  9  3817).  —  Mencionaremos 
también  que  al  fin  de  la  primera  línea  del  v.  10  después  de  la  palabra 
"vid",  el  hebreo  trae  un  vocablo  que  significa  en  tu  sangre,  que,  como 
observa  L.  B.  d.  C,  no  da  sentido  satisfactorio  a  la  frase.  Se  han  pro- 
puesto múltiples  correcciones  conjeturales;  pero  ninguna  se  impone,  por 
lo  que  la  aludida  versión,  lo  reemplaza  por  puntos  suspensivos,  y  así 
lo  hemos  hecho  nosotros.  Valera,  en  cambio,  ciñéndose  ciegamente  al 
original,  ofrece  esta  traducción  ininteligible:  Tu  madre  fue  como  una 
vid  en  tu  sangre. 


CAPITULO  VII 

Oráculos  contra  las  naciones  extranjeras 


ORACULOS  CONTRA  CUATRO  PUEBLOS  VECINOS.  —  3821.  Se  ig- 
nora la  fecha  en  que  Ezequiel  escribió  sus  oráculos  contra  las  naciones; 
pero  se  cree  que  algunos  de  ellos  son  de  la  época  del  sitio  de  Jerusalén 
por  Nabucodonosor,  y  otros  son  algo  posteriores  a  la  caída  de  esa 
ciudad.  Schlatter  opina  que  "en  el  tiempo  transcurrido  inmediatamente 
antes  y  después  de  la  destrucción  de  Jerusalén,  el  profeta  pronunció 
solamente  algunas  sentencias  sobre  los  pueblos  vecinos,  mezclados  al 
gran  combate  de  la  hora  presente"  ( p.  2o9 ) .  Gautier  escribe  al  res- 
pecto: "Varios  de  los  oráculos  agrupados  en  la  segunda  parte  (caps. 
25-32)  parece  que  fueron  compuestos  durante  el  período  de  mutismo 
que  siguió  a  la  muerte  de  su  esposa,  mientras  Ezequiel  aguardaba  en 
silencio  el  desenlace  del  sitio  de  Jerusalén"  (Introduction,  I,  p.  435). 
Los  oráculos  contra  las  naciones  pueden  subdividirse  en  dos  grupos: 
19  los  referentes  a  los  cuatro  pueblos  vecinos  de  Judá,  a  saber:  Ammón, 
Moab,  Edom  y  Filistea;  y  2^  el  grupo  de  otros  oráculos  mucho  más 
extensos,  contra  Tiro  y  Egipto,  al  que  para  completar  el  número  sagra- 
do siete,  se  le  agregó  un  apéndice  contra  Sidón.  A  partir  de  Amós  ya 
se  había  convertido  en  un  lugar  común  el  que  los  profetas  pronuncia- 
ran profecías  contra  pueblos  extranjeros.  Así  contra  los  cuatro  primeros 
nombrados,  véase  en  Amós  (§  2791-27921.  en  Sofonías  3411-3420) 
y  en  Jeremías  (§  3598-3606).  Sobre  la  finalidad  de  estos  vaticinios 
contra  naciones  extranjeras,  léase  §  2983.  Los  que  ahora  encontramos 
en  Ezequiel,  poco  o  nada  agregan  a  lo  dicho  por  sus  nombrados  ante- 
cesores o  que  se  hallan  en  los  libros  de  éstos. 

CONTRA  AMMON.  —  3822.  Ezequiel  nos  ofrece  dos  profecías  dis- 
tintas contra  Ammón,  secular  enemigo  de  Israel,  a  saber:  una  en  el 
cap.  21,  vs.  28-32 ;  y  otra  en  el  cap.  25,  vs.  1-7.  La  primera  dice  así: 
21,  28  Y  tú,  hijo  de  hombre,  profetiza  y  di:  Así  habla  el  Señor  Yahvé 
tocante  a  los  ammonitas  y  a  sus  ultrajes.  Dirás:  La  espada,  la  espada 
está  desenvainada  para  la  matanza,  bruñida  para  brillar,  para  relam- 


I 


134 


ORACULO  CONTRA  AMMON 


paguear  (texto  muy  incierto).  29  Mientras  que  te  entretienen  con  visio- 
nes falaces,  con  oráculos  mentirosos,  van  a  ponerla  sobre  el  cuello  de 
los  impíos  criminales,  cuyo  día  ha  llegado  con  el  tiempo  de  la  expia- 
ción final.  30  V uélvela  a  su  vaina.  En  el  lugar  donde  fuiste  formada, 
en  tu  país  de  origen,  yo  te  juzgaré.  31  Derramaré  sobre  ti  mi  indigna- 
ción; soplaré  sobre  ti  el  fuego  de  mi  furor;  te  entregaré  en  manos  de 
hombres  brutales,  artífices  de  destrucción.  32  Serás  presa  de  las  lla- 
mas; tu  sangre  desaparecerá  en  las  profundidades  del  suelo;  no  habrá 
más  memoria  de  ti,  porque  yo,  Yahvé,  he  hablado.  La  conducta  de 
Ammón  fue  contradictoria  en  sus  relaciones  con  Babilonia  y  Judá,  en 
el  período  del  602  al  585.  Estuvo  a  favor  de  Caldea,  por  los  años  602 
a  597,  cuando  la  insurrección  de  Joaquim  3527;  II  Rey.  24,  2); 
luego  en  593  tentó  unirse  con  Sedecías  y  los  reyes  de  Edom,  Moab, 
Tiro  y  Sidón  contra  los  caldeos  (Í5  3559;  Jer.  27,  1-11),  conspiración 
en  la  que  no  entró  aquel  soberano  judaíta;  pero  en  la  coalición  del  588, 
Judá  y  Ammón  marchaban  unidos,  por  lo  cual  Ezequiel  nos  describe 
a  Nabucodonosor  utilizando  procedimientos  adivinatorios  para  saber  si 
atacaría  primero  a  Jerusalén  o  a  Rabbá,  la  capital  de  los  ammonitas 
(§  3566;  3739-3740).  Ignoramos  cuándo  Babilonia  sometió  a  Ammón; 
pero  sabemos  que  luego  de  la  caída  de  Jerusalén,  el  rey  ammonita  Baalis 
indujo  al  asesinato  de  Guedalias,  gobernador  puesto  en  Judá  por  los 
caldeos,  lo  que  da  a  suponer  que  continuaban  en  guerra  contra  éstos 
(§  3585).  Lo  probable  es,  según  supone  L.  B.  d.  C,  que  después  de 
dicho  asesinato  los  ammonitas  lograron  hacer  la  paz  con  Nabucodo- 
nosor, y  entonces  dieron  muestras  de  su  odio  contra  Judá,  burlándose 
de  sus  desgracias,  según  resulta  del  oráculo  de  25,  1-7  (§  3416),  y 
de  Sof.  2,  8  (§  3414-3415).  El  transcrito  oráculo,  21,  28-32,  data,  a 
juicio  de  L.  B.  d.  C,  de  la  época  en  que  los  ammonitas,  aliados  con 
Judá  contra  Nabucodonosor,  estaban  bajo  la  amenaza  de  la  represión 
babilónica,  si  los  hombres  brutales  del  v.  31,  fueran  los  caldeos.  Pero 
entiende  también  ese  comentario  que  la  mención  en  el  v.  28  de  los  alu- 
didos ultrajes  indica  que  dicho  oráculo  no  debió  recibir  su  forma  actual 
sino  después  del  586.  En  realidad,  viene  a  ser  continuación  del  canto 
transcrito  en  §  3815,  cuyos  vs.  9  y  10  reproduce  en  el  v.  28.  Para 
L.  B.  A.  "el  profeta,  por  esa  repetición,  quiere  marcar  la  comunidad 
de  suerte  entre  Judá  y  Ammón".  El  v.  29  nos  muestra  que  también  en 
Ammón  (como  en  los  demás  pueblos  vecinos)  existían  visionarios  y 
adivinos,  que  alentaban  a  sus  gobernantes  a  sublevarse  contra  los  cal- 
deos, prometiéndoles  éxito  en  la  lucha.  Nota  L.  B.  d.  C.  que  el  v.  30 
debe  estar  muy  modificado,  pues  no  sólo  las  versiones  griega  y  la 
siríaca  Pechitto,  tienen  variantes  muy  diferentes,  sino  que  además  el 
comienzo:  "Vuélvela  a  su  vaina"  está  fuera  de  lugar,  dado  que  esa 
orden  no  corresponde  antes  de  la  ejecución  de  la  sentencia.  En  ciertas 
traducciones,  como  en  la  de  Pratt,  se  habla  del  país  en  dicho  versículo, 


ORACULO  CONTRA  AMMON 


135 


en  vez  de  la  espada,  y  así  se  dice:  "En  el  lugar  donde  fuiste  creado" 
mientras  que  en  la  generalidad,  se  refiere  esa  frase  a  la  espada,  expre- 
sándose: "En  el  lugar  donde  fuiste  creada  o  formada".  Tratando  de 
aclarar  el  sentido  de  dicho  versículo,  L.  B.  A.  aplica  el  imperativo  que 
manda  envainar  la  espada,  no  a  la  espada  de  Yahvé  aludida  en  el  v.  28, 
sino  a  la  de  Ammó,  y  así  traduce:  "Vuelve  la  tuya  en  tu  vaina",  comen- 
tando en  nota:  "porque  ella  es  incapaz  de  luchar  contra  la  del  Eterno, 
no  quedando  otro  recurso  a  este  pueblo,  sino  el  de  sufrir  los  golpes  de 
ésta.  En  el  lugar  donde  fuiste  creada:  en  el  mismo  país  donde  siempre 
vivió  Ammónf  sin  haber  sido  nunca  deportado),  y  que  esta  vez  será 
completamente  invadido".  Sobre  el  v.  32,  véase  §  3772. 

3823.  El  oráculo  contra  Ammón,  que  acabamos  de  analizar,  no 
forma  parte  de  los  "oráculos  contra  las  naciones  extranjeras"  compren- 
didos en  los  caps.  25  a  32.  El  primero  de  éstos  va  dirigido  también 
contra  el  mismo  país,  y  se  compone  de  dos  partes:  la  primera  ya  la 
hemos  transcrito  en  §  3416;  la  segunda  que  reproduce  casi  iguales  ideas, 
con  distintas  palabras,  es  como  sigue:  25,  6  Porque  asi  habla  el  Señor 
Yahvé: 

Por  cuanto  palmoteaste  (1) 

Y  diste  golpes  con  los  pies,  ícf.  6,  11) 

Y  te  regocijaste  con  el  alma  llena  de  menosprecio 
Por  el  infortunio  de  la  tierra  de  Israel, 

7  Por  tanto,  voy  a  extender 
Mi  mano  contra  ti; 

Te  entregaré  a  las  naciones  para  que  te  saqueen. 
Te  traeré  del  número  de  los  pueblos 

Y  te  haré  desaparecer  del  número  de  los  países: 
Te  aniquilaré  y  sabrás  que  yo  soy  Yahvé. 

La  principal  diferencia  entre  este  oráculo  y  su  similar  que  le  antecede 
(vs.  3-5;  §  3416),  consiste  en  que  en  el  que  dejamos  transcrito,  los 
ejecutores  del  castigo  contra  Ammón  son  las  naciones  (v.  7),  mientras 
que  en  el  anterior  son  los  hijos  de  Oriente  (v.  4),  o  sea,  se  le  anuncia 
una  invasión  de  nómades  beduinos.  Además,  observa  L.  B.  d.  C.  que 
en  el  primer  oráculo  de  los  vs.  3-5  Ammón  es  personificado  y  apostro- 
fado en  femenino;  y  en  el  segundo,  (vs.  6-7)  lo  es  en  masculino.  Nótese 
igualmente  que  Ezequiel  consagra  tres  oráculos  contra  los  ammonitas, 
y  dos  contra  Edom,  lo  que  da  a  suponer  que  en  su  tiempo  unos  y  otros 
eran  particularmente  odiados  por  los  de  Judá.  Los  ataques  y  vaticinios 


(1)  El  Diccionario  de  la  Academia  Española  quiere  que  se  diga  palmear, 
en  vez  de  palmotear,  para  expresar  la  acción  de  dar  palmadas  en  señal  de  rego- 
cijo o  de  aplauso. 


136 


ORACULO  CONTRA  MOAB 


de  calamidades  contra  algunos  de  esos  vecinos  enemigos  suelen  ser  más 
extensos  y  detallados  en  ciertos  escritores,  como  p.  ej.,  contra  Moab 
(§  3004-3005,  3598-3601),  y  contra  Edom  (!<  3132-3142).  Ahora  en 
cuanto  al  problema  de  datar  estos  dos  oráculos  contra  Ammón  del  cap. 
25,  expresa  Gautier  que  "no  es  indispensable  admitir  que  ya  se  había 
consumado  la  ruina  final  de  Jerusalén;  las  palabras  del  v.  .3  relativas 
a  la  profanación  del  santuario  de  Yahvé  y  a  los  judaítas  deportados,  así 
como  los  términos  más  generales  empleados  en  los  vs.  6,  8,  12,  podrían 
explicarse  por  la  primera  toma  de  Jerusalén  en  597,  de  la  cual  Ezequiel 
había  sido  testigo  y  víctima.  Sin  embargo,  diversos  rasgos  del  cuadro  se 
explican  mejor  si  se  admite  que  ya  había  ocurrido  la  catástrofe  del  586" 
(Inirod.  I,  p.  436).  —  Sobre  la  ciudad  de  Rabbá,  del  v.  5,  véase  §  3603. 

CONTRA  MOAB.  _  3824.  Ez.  25,  8  Asi  habla  el  Señor  Yahvé: 
Porque  Moab  ha  dicho:  "La  casa  de  Judá  es  semejante  a  todas  las  ilacio- 
nes", yo  voy  a  descubrir  los  costados  de  Moab,  exponer  sin  defensas 
todas  sus  ciudades,  adorno  de  ese  país:  Bet  ha-Jechirnot  (hoy,  Sueimé, 
4  kms.  al  Este  de  la  desembocadura  del  Jordán).  Baal  Meón  (§  72; 
hoy  Main)  y  Quiryataim  fhov  quizá  Et-Teym  o  Quereyat  al  S.  O.  de 
Main  —  L.  B.  A.  y  L.  B.  d.  C. ) .  10  Yo  haré  de  su  país  ( ¡unto  al  de 
los  ammonitas.  —  glosa)  la  propiedad  de  los  hijos  de  Oriente,  a  fin 
de  aue  no  se  lo  mencione  más  entre  los  pueblos.  11  Así  haré  justicia 
de  Moab,  y  se  sabrá  que  yo  soy  Yahvé.  Este  corto  oráculo  en  prosa, 
nada  presenta  de  particular,  a  no  ser  que  el  profeta  pone  en  ridículo 
a  su  dios  Yahvé.  quien  pretendía  que  los  demás  pueblos  vecinos  supie- 
ran y  confesaran  que  él  tenía  a  Israel  por  pueblo  escogido  suyo,  y  los 
que  así  no  lo  declararan,  tendrían  que  sufrir  las  consecuencias  de  su 
terrible  cólera.  A  Moab  porque  se  había  atrevido  a  expresar  "la  casa 
de  Judá  es  semejante  a  todas  las  naciones"  — en  lo  que  no  había  nin- 
gún pecado,  sino  una  simple  mortificación  del  orgullo  nacional  judío — 
el  irascible  dios  se  enfurece  y  condena  a  Moab  a  perder  su  indepen- 
dencia y  a  caer  bajo  el  yugo  de  los  nómades  "hijos  del  Oriente",  lo 
que  parece  no  acaeció,  pues,  según  L.  B.  A.,  cinco  años  después  de  la 
caída  de  Jerusalén,  el  monarca  caldeo  asoló  los  países  al  E.  del  Jordán 
y  del  Mar  Muerto.  De  las  citadas  palabras  atribuidas  a  Moab,  deduce 
L.  B.  d.  C.  que  "desde  los  tiempos  de  Ezequiel,  Israel  tenía  el  senti- 
miento, a  causa  de  su  religión,  de  no  ser  una  nación  como  las  otras". 
Concluye  el  vanidoso  dios  con  una  frase  que  se  repite  al  final  de  todos 
esos  oráculos,  propia  sólo  de  un  matón  de  feria:  "Asi  sabrán  que  yo 
soy  Yahvé".  Aquellos  buenos  profetas  no  alcanzaban  a  comprender  cómo 
poniendo  tales  expresiones  en  boca  de  su  dios,  al  que  querían  ensalzar, 
lo  empequeñecían  en  realidad,  pintándolo  vengativo  y  jactancioso. 


ORACULO  CONTRA  EDOM 


137 


CONTRA  EDOM.  _  3825.    Ez.  25,  12  Así  habla  el  Señor  Yahvé: 

Porque  Ecloin  se  vengó 
Cruelmente  de  la  casa  de  Jtidá. 

Y  se  ha  vuelto  culpable 
Al  ejercer  su  venganza, 

13  A  causa  de  esto  así  habla  el  Señor  Yahvé: 
Voy  a  extender  mi  mano  contra  Edom 

Y  haré  desaparecer  de  ella  hombres  y  animales. 
La  tornaré  en  desierto  desde  Temán, 

Y  hasta  Dedán  caerán  a  cuchillo. 

14  Ejerceré  mi  venganza  sobre  Edom 
Por  mano  de  Israel,  mi  pueblo. 

El  que  tratará  a  Edom  según  mi  cólera  y  según  mi  furor. 
Así  sabrán  lo  que  es  mi  venganza,  — 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 

Poco  es  lo  que  tenemos  que  agregar  sobre  Edom  después  de  lo  ya  dicho 
al  examinar  los  oráculos  que  contra  él  formularon  distintos  escritores 
divinamente  inspirados,  ( >í  2314,  3134-3137  y  3605-36061.  Sólo  el  que 
dejamos  aquí  transcrito  ofrece  esta  novedad,  a  saber,  que  el  exterminio 
total  de  Edom.  a  que  lo  condena  la  cólera  de  Yahvé,  — pues  hará  des- 
aparecer de  ese  país  hombres  y  animales  ( v.  13 ) . —  se  efectuará  por 
medio  de  Israel  (v.  14).  Después  del  destierro.  Judea,  simple  satrapía 
del  imperio  persa,  no  estaba  para  dominar  a  ninguna  otra  nación,  y  si  - 
al  cabo  de  muchos  siglos,  durante  el  breve  período  de  independencia 
de  los  asmoneos  o  macabeos,  llegó  Juan  Hircán  a  conquistar  la  Idumea 
por  no  muchos  lustros,  y  si.  como  pretende  la  ortodoxia  ese  lejano  su- 
ceso fue  el  cumplimiento  de  esta  amenaza,  recuérdese  que  Hircán  no 
exterminó  a  los  edomitas  o  idumeos,  como  quería  Yahvé,  sino  que  los 
sometió  a  su  gobierno;  pero  años  más  tarde,  el  idumeo  Antipater  y  su 
hijo  Herodes  el  Grande  dominaron  en  Judea,  contribuyendo  con  su 
sumisión  a  Roma,  a  la  ruina  y  subsiguiente  dispersión  del  pueblo  judío 
(§  3134,  3686-3688).  Pero  como  en  este  mundo  no  se  conforma  el  que 
no  quiere,  la  ortodoxia  cristiana,  que  no  puede  admitir  que  no  se  cum- 
plan las  profecías  bíblicas,  expresa  por  la  pluma  de  los  comentaristas 
de  L.  B.  A.,  que  "la  profecía  alcanza  hasta  los  últimos  tiempos,  y  enton- 
ces se  verá  la  potencia  del  paganismo,  representada  por  Edom,  desplo- 
marse ante  el  reinado  del  Cristo,  salido  de  Judá".  Finalmente  nótese 
este  hecho  curioso:  Yahvé  dicta  su  terrible  sentencia  contra  Edom,  ba- 
sándose en  que  este  pueblo  "se  vengó  cruelmente  de  la  casa  de  Judá, 
y  se  ha  vuelto  culpable  al  ejercer  su  venganza"  (v.  12}  ;  pero  luego  de 
dictarla  agrega:  "ejerceré  mi  venganza  sobre  Edom.  .  .  asi  sabrán  lo 
que  es  mi  venganza''  (v.  14).  El  dios  fulmina  a  un  pueblo,  porque  ha- 


138 


OTRO  ORACULO  CONTRA  EDOM 


bía  cometido  el  delito  o  pecado  de  vengarse  de  otro;  pero  en  castigo 
ordena  el  exterminio  del  ofensor,  para  a  su  vez  darse  el  placer  de  ven- 
garse de  éste.  Encuentra  malo  en  otro,  lo  mismo  que  él  practica,  o  sea, 
sustenta  dos  morales:  una,  severísima  para  los  hombres;  y  otra  con- 
traria, tolerante  para  él.  La  venganza,  censurable  en  los  seres  humanos, 
es  ejercida  corrientemente  por  la  divinidad. 

3826.  Así  como  hemos  visto  en  §  3823  que  en  Ezequiel  hay  un 
oráculo  contra  Ammón  que  no  forma  parte  del  grupo  de  los  "oráculos 
contra  las  naciones  extranjeras",  así  también  en  el  mismo  libro  se  en- 
cuentra otra  profecía  contra  Edom.  indeoendiente  de  dicho  grupo,  la 
que  constituye  el  cap.  35.  La  razón  por  la  cual  no  se  ha  incluido  ese 
oráculo  del  cap.  35  entre  los  del  grupo  25-32,  se  debe,  a  juicio  de  L.  B. 
d.  C,  a  que  se  ha  preferido  colocarlo  junto  a  los  que  tratan  de  la  res- 
tauración de  Israel,  tema  éste  del  cap.  36,  con  el  que  está  íntimamente 
unido  el  citado  35.  He  anuí  ese  oráculo  contra  Fdom:  35.  1  La  palabra 
de  Yahvp  me  fue  dirigida  en  estos  términos:  2  "Hijo  de  hombre,  vuelve 
tu  rara  hacia  la  serranía  de  Seir.  y  profe'iza  contra  ella.  3  Dile:  Así 
habla  el  Señor  Yahvé:  Heme  aquí  contra  ti,  serranía  de  Seir.  extenderé 
mi  mano  sobre  ti.  y  haré  de  ti  un  desierto  y  una  soledad.  4  Asolaré  tus 
ciudades,  y  tú  misma  te  convertirás  en  una  soledad;  así  sabrás  aue  va 
soy  Yahvé.  5  Por  cuanto  has  mantenido  ndio  eterno  contra  los  hiins  de 
Israel  y  que  los  has  enfrea:ado  al  filo  dp  la  espada  en  tiempo  de  su 
infortunio,  en  tiempo  de  su  expiación  final.  6  o  causa  de  esto  — lo  jurn 
por  mi  vida,  oráculo  del  Señor  Yahvé. —  puesto  nue  fe  has  vuelto  cul- 
pnble  derramando  sani^re,  te  perseguirá  la  sanfure.  7  Haré  de  la  serranía 
de  Seir  un  desierto  y  una  soledad  y  haré  desaparecer  de  ella  al  que  va 
y  al  que  viene.  8  Llenaré  tus  montañas  de  heridos  a  muerte:  en  tus 
colinas,  en  tus  valles  y  en  todas  tus  hondonadas  caerán  víctimas  de  la 
espada.  9  En  soledades  perpetuas  te  convertiré:  tus  ciudades  no  serán 
más  habitadas:  nsi  snhrás  que  yo  soy  Yahvé.  10  Por  cuanto  has  dicho: 
Las  dos  naciones  y  los  dos  pueblos  serán  míos  y  me  apoderaré  de  ellos 
aunque  Yahvé  tenon  allí  su  morada,  lia  causa  de  esto  — lo  ¡uro  por 
mi  vida,  oráculo  del  Señor  Yahvé. —  procederé  contra  ti  con  la  cólera 
y  los  celos  de  que  has  hecho  prueba  hacia  ellos  en  tu  odio,  y  me  haré 
conocer  por  la  manera  cómo  te  trataré,  cuando  yo  te  juzgue.  12  Asi, 
sabrás  que  yo,  Yahvé,  he  oído  todas  las  blasfemias  que  has  proferido 
contra  las  montañas  de  Israel  diciendo:  "¡Helas  ahí  convertidas  en  de- 
sierto! ¡Vos  han  sido  entregadas  a  nosotros  como  presa  para  devorar. 
13  Tús  has  proferido  contra  mí  dichos  altaneros  e  insolentes;  yo  los  he 
oído".  14  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  15  "Porque  te  has  regocijado  al 
ver  asolada  la  heredad  de  la  casa  de  Israel,  yo  te  trataré  del  mismo 
modo.  Serranía  de  Seir,  te  convertirás  en  desierto  así  como  todo  el  país 
de  Edom;  y  sabrás  que  yo  soy  Yahvé". 


OTRO  ORACULO  CONTRA  EDOM 


139 


3o27.  Este  oráculo  qufe,  como  el  anterior  de  25,  12-14,  debió  haber 
sido  compuesto  poco  después  del  586,  se  divide  en  tres  partes  denomi- 
nadas estrofas  por  L.  B.  A.,  a  saber:  1-4;  5-9  y  10-15,  cada  una  de  las 
cuales  concluye  con  el  mismo  estribillo:  "a5Í  sabrás  que  yo  soy  Yahvé". 
La  profecía  va  dirigida  contra  la  montaña  o  serranía  de  Seir,  personi- 
ficación del  país  de  Edom  ( ^  3605  j .  Seir  era  la  región  cruzada  por  dos 
cadenas  paralelas  de  montañas  que  partiendo  de  la  extremidad  meri- 
dional del  mar  Muerto,  terminan  en  el  golfo  de  Akaba,  o  sea,  el  más 
oriental  de  los  dos  golfos,  al  Norte  del  mar  Rojo,  que  circundan  la 
península  sinaítica  (véase  mapa  de  pág.  65  en  el  tomo  Ij.  En  esas  dos 
cadenas  y  en  el  valle  intermedio,  vivían  los  edomitas.  En  la  primera 
parte  del  oráculo,  Yahvé  aimncia  que  destruirá  las  ciudades  de  ese  país 
y  lo  convertirá  en  un  desierto.  En  la  segunda  (vs.  5-9)  justifica  su 
sentencia  basándose  en  el  odio  secular  que  los  edomitas  profesaban  a 
Israel,  al  punto  que  en  el  tiempo  de  infortunio  de  Judá,  o  sea,  cuando 
la  caída  de  Jerusalén,  cooperaron  en  la  matanza  de  judaítas  (vs.  5-6), 
por  lo  cual  el  vengativo  dios  hará  una  matanza  aún  mayor  de  edomitas 
(v.  8).  Y  en  la  tercera  parte  (vs.  10-15)  se  dan  como  razones  de  la 
aludida  sentencia,  el  proyecto  tenido  por  Edom  de  anexarse  el  territo- 
rio de  Judá,  aunque  allí,  en  su  capital,  tenía  Yahvé  su  morada;  y  des- 
pués, porque  aquél  se  había  alegrado  de  la  desgracia  de  éste.  El  con- 
junto de  calamidades  que  caerían  sobre  Seir,  servirían  además  para 
que  los  edomitas  reconocieran  el  poder  del  dios  israelita:  "así  sabrán 
que  yo  soy  Yahvé",  concluye  siempre  el  iracundo  dios.  Pero  los  edo- 
mitas, si  hubieran  conocido  este  oráculo,  podrían  haber  alegado  que  ese 
poder  era  muy  discutible,  porque  esa  divinidad  ni  siquiera  había  podido 
salvaguardar  su  propia  casa,  en  Jerusalén,  ya  que  los  caldeos  no  tuvie- 
ron escrúpulos  en  demolerla  y  quemarla.  Y  además  triste  dios  ese  que 
emplea  la  desgracia,  la  ruina  y  la  desolación  de  un  país,  para  que  se 
conozca  su  existencia.  Es  como  si  en  un  país  sujeto  a  terremotos  o  a 
erupciones  volcánicas,  las  víctimas  de  tales  desastres  naturales  los  atri- 
buyeran a  Yahvé,  quien  habría  buscado  tan  terrorífico  medio  para 
hacerse  conocer  de  ellos.  O  en  naciones  donde  se  cree  conocerle,  como 
Inglaterra,  p.  ej.,  si  los  londinenses,  al  ver  las  consecuencias  de  las  bom- 
bas alemanas  en  la  segunda  guerra  mundial,  destruyendo  su  gran  ciu- 
dad, exclamaran:  "ahora  si,  que  sabemos  quien  es  Yahvé".  ¡Oh  sancta 
simplicitas  de  la  credulidad  humana!  —  Como  los  profetas  tenían  incli- 
nación a  los  juegos  de  palabras,  es  probable  que  la  frase  del  v.  6:  "te 
perseguirá  la  sangre"  aluda,  como  opina  L.  B.  A.,  al  nombre  Edom, 
por  el  sonido  y  por  el  sentido.  La  palabra  hebrea  dam,  que  significa 
sangre,  es  análoga  a  doin,  y  además  sabemos  que  Edom  significa  rojo 
[admoni,  en  hebreo;  §  2310). 


140 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


CONTRA  LOS  FILLSTEOS.  _  3828.  Ez.  25,  15  Asi  habla  el  Señor 
Yahvé:  "Porque  tos  filisteos  se  han  entregado  a  la  venganza,  y  que  con 
el  alma  llena  de  menosprecio,  en  su  odio  eterno,  trataron  de  destruir 
todo  por  venganza,  16  a  causa  de  esto,  así  habla  el  Señor  Yahvé:  Voy 
a  extender  la  mano  contra  los  filisteos,  exterminaré  a  los  keretí  y  haré 
perecer  a  lo  que  resta  de  la  población  del  litoral.  17  Ejerceré  contra 
ellos  una  venganza  estrepitosa,  castigándolos  con  furor,  y  cuando  ejecute 
contra  ellos  mi  venganza,  sabrán  que  yo  soy  Yahvé.  Este  corto  oráculo 
contra  los  filisteos,  casi  calcado  sobre  los  vs.  6-7  contra  Ammán  (  §  3823), 
del  cual  toma  frases  enteras,  nada  presenta  de  particular.  Léase  sobre 
el  mismo  tema,  el  de  Jeremías,  en  >;  3596-3597.  Nótese,  como  en  los 
anteriores,  el  espíritu  de  venganza  que  lo  anima  para  condenar  la  su- 
puesta venganza  de  los  filisteos  contra  Israel,  que  en  realidad  sólo  era 
la  secular  enemistad  entre  dos  pueblos  vecinos,  que  muchas  veces  se 
habían  enfrentado  en  los  campos  de  batalla,  con  reultado  más  de  una 
vez  desfavorable  para  el  pueblo  de  Yahvé.  Ahora  Filistea  estaba  muy 
de  capa  caída,  pues  dada  su  posición  geográfica,  había  tenido  mucho 
que  sufrir  de  las  invasiones  de  los  pueblos  mesopotámicos  y  de  otros, 
como  los  escitas,  cuando  se  dirigían  a  atacar  a  Egipto.  Por  eso  el  pro- 
feta le  hace  decir  a  Yahvé:  "haré  perecer  a  lo  que  resta  de  la  población 
del  litoral"  (v.  16).  En  cuanto  a  la  denominación  de  los  Keretí  dada 
a  los  filisteos,  véase  §  3413. 

ORACULOS  CONTRA  TIRO.  —  3829.  En  contraposición  con  la 
brevedad  de  los  oráculos  del  cap.  25  que  anteceden,  tres  caps,  de  Eze- 
quiel  son  consagrados  a  poemas  referentes  al  gran  puerto  fenicio  de 
Tiro  o  al  rey  que  lo  representaba.  Contra  esa  ciudad  se  han  reunido  4 
oráculos  en  el  cap.  26;  dos  en  el  27;  y  otros  dos  en  el  28.  Probable- 
mente todas  estas  composiciones  no  son  del  mismo  autor.  Veamos  pri- 
meramente los  cuatro  oráculos  sobre  la  destrucción  de  Tiro,  que  con- 
tiene el  cap.  26. 

I  26,  1  El  undécimo  año.  .  .  (falta  la  indicación  del  mes),  el  pri- 
mer día  del  mes,  la  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  términos: 

2  "Hijo  de  hombre,  por  cuanto  Tiro  ha  dicho  de  Jerusalén: 

¡Ha!  ¡Ha!  ¡hela  ahí  quebrada 
La  puerta  de  los  pueblos! 
Hacia  mí  va  a  desviarse 

La  abundancia  que  constituía  su  gloria,  (texto  incierto) 

3  a  causa  de  esto  declara  el  Señor  Yahvé: 

Siento  rencor  contra  ti  (o  He  aquí  que  estoy  contra  ti), 

[oh  Tiro; 

Haré  subir  contra  ti 
Numerosas  naciones. 
Como  sube  la  mar  con  sus  olas. 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


141 


4  Ellas  destruirán  las  iniirallas  de  Tiro 

Y  derribarán  sus  torres; 

Barreré  lo  que  ella  contiene  de  tierra 

Y  la  convertiré  en  una  roca  desnuda; 

5  Un  sitio  donde  se  tienden  las  redes. 

He  aquí  lo  que  vendrá  a  ser  en  medio  del  mar. 
Porque  yo  he  pronunciado  esta  sentencia:  — 
Oráculo  del  Señor  Ynhvé  — 
Ella  será  saqueada  por  las  naciones, 

6  Y  sus  hijas  que  están  en  tierra  firme 
Serán  muertas  por  la  espada. 

Así  se  sabrá  que  yo  soy  Yahvé. 

II    7  Porque  así  habla  el  Seíior  Yahvé: 

Haré  venir  del  Norte  ( contra  Tiro,  a  Nabucodonosor,  rey  de 

[Babilonia } , 

El  rey  de  los  reyes. 

Con  caballos,  carros,  caballería,  ' 

Y  una  masa  enorme  de  tropas. 

8  Tus  hijas  que  están  en  el  continente. 
Él  las  hará  perecer  por  la  espada. 
Después  elevará  contra  ti  trincheras. 
Construirá  contra  ti  un  terraplén 

Y  alzará  contra  ti  el  gran  escudo  (pavés  o  la  tortuga), 

9  Con  sus  arietes  golpeará  tus  murallas; 
Demolerá  tus  torres  con  sus  máquinas  de  guerra. 

10  Serán  tan  numerosos  sus  caballos 
Que  te  cubrirá  el  ])olvo  de  ellos; 

Por  el  estruendo  que  harán  su  caballería 

Y  las  ruedas  de  sus  carros. 
Temblarán  tus  murallas. 
Cuando  entraren  por  tus  puertas 

Como  se  entra  en  una  ciudad  tomada  por  asalto. 

11  Con  los  cascos  de  sus  caballos 
Hollará  todas  tus  calles. 

Hará  perecer  tu  población  por  la  espada; 

Y  las  estelas,  prendas  de  tu  potencia. 
Las  derribará  por  tierra. 

12  Se  apoderarán  de  tus  riquezas; 
Saquearán  tus  mercancías; 
Demolerán  tus  murallas; 
Derribarán  tus  magníficas  moradas; 

Y  las  piedras,  maderas  y  escombros  de  tus  edificios 
Serán  echados  al  fondo  de  la  mar. 


142 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


13  Haré  cesar  el  ruido  de  tus  cantos 

Y  no  se  oirá  más  el  sonido  de  tus  citaras. 

14  Haré  de  ti  una  roca  desnuda; 
Vendrás  a  ser  un  tendedero  de  redes; 

Y  no  serás  reedificada. 

Soy  yo,  Yahvé,  quien  he  pronunciado  esta  sentencia,  — 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 

III  15  He  aquí  lo  que  el  Señor  Yahvé  dice  a  la  ciudad  de  Tiro: 
Al  estruendo  de  tu  caída,  cuando  giman  los  heridos  y  se  realice  la  ma- 
tanza en  tu  seno,  ¿no  se  pondrán  a  temblar  las  islas?  16  Descenderán 
de  sus  tronos  todos  los  príncipes  de  la  mar,  se  quitarán  sus  mantos,  se 
despojarán  de  sus  ropas  bordadas,  se  vestirán  de  negro,  se  sentarán  en 
tierra,  y  temblarán  incesantemente,  estupefactos  por  tu  caída.  17  Pro- 
nunciarán sobre  ti  una  endecha  y  te  dirán: 

¡Cómo  has  perecido,  has  desaparecido  de  los  mares. 
Tú,  la  ciudad  esclarecida. 
Que  eras  poderosa  en  la  mar. 
Con  tus  moradores. 
Que  difundían  el  terror 
En  toda  la  tierra  firme! 
18  Ahora  los  navios  tiemblan 
Desde  el  día  de  tu  caída; 
Desconcertadas  está?}  las  islas  de  la  mar. 
Porque  tú  ya  no  existes. 

IV  19  Porque  así  habla  el  Señor  Yahvé: 

Te  tornaré  en  ciudad  devastada. 

Semejante  a  las  ciudades  que  no  son  habitadas. 

Cuando  haga  subir  para  asaltarte  las  olas  del  abismo 

Y  te  cubrieren  las  muchas  aguas. 

20  Te  haré  descender  con  los  que  han  bajado  a  la  fosa. 
Con  los  hombres  de  los  tiempos  antiguos; 

Te  haré  habitar  la  comarca  subterránea. 

Entre  las  ruinas  de  la  antigüedad. 

Con  los  que  han  bajado  a  la  fosa,  (repetición  de  20") 

A  fin  de  que  no  continúes 

Subsistiendo  en  la  tierra  de  los  vivientes. 

21  Haré  de  ti  un  objeto  de  espanto;  no  existirás  más, 

Y  cuando  se  te  busque,  nunca  se  te  encontrará,  — 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 


3830.  Si  tienen  cierta  explicación  plausible  los  oráculos  dirigidos 
contra  los  pueblos  vecinos  de  Israel,  con  los  cuales  éste  se  hallaba  a 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


143 


menudo  en  guerra  y  de  los  que  lo  separaban  odios  seculares,  en  cambio 
no  se  ve  razón  valedera  que  haya  impulsado  a  Ezequiel  a  escribir  una 
serie  de  composiciones  contra  Tiro,  populosa  y  rica  ciudad  con  la  cual 
los  israelitas  siempre  habían  mantenido  relaciones  cordiales.  Sabida  es 
la  amistad  que  unía  a  Salomón  con  Hiram,  rey  de  Tiro,  gracias  a  cuyo 
concurso  pudo  realizar  fructuosas  expediciones  marítimas  y  construir  su 
célebre  templo  en  Jerusalén  1341.  1357).  Más  tarde  el  rey  de  Israel, 
Acab,  hizo  alianza  con  el  rey  de  Tiro,  Etbaal,  con  cuya  hija  Jezabel 
contrajo  matrimonio  ( ¡5  1955),  aunque  posteriormente  no  faltaron  re- 
sentimientos entre  ambas  naciones,  pues  el  profeta  Amós,  a  mitad  del 
siglo  VIII,  pronuncia  esta  invectiva  contra  la  gran  metrópoli  comercial 
fenicia : 

Porque  entregaron  poblaciones  enteras  a  Edom, 
Y  no  se  acordaron  del  pacto  fraternal. 
Pondré  fuego  en  los  muros  de  Tiro, 
Que  devorará  sus  palacios  ( 2791 ) . 

Pero  de  estos  enojosos  sucesos,  ya  había  transcurrido  siglo  y  medio 
hasta  la  época  de  Ezequiel,  habiendo  desaparecido  en  ese  período  el 
reino  del  Norte,  quedando  el  pueblo  hebreo  reducido  tan  sólo  al  muy 
pequeño  reino  de  Judá,  que  mantenía  normales  relaciones  con  los  feni- 
cios. Quizá  la  causa  del  rencor  contra  Tiro  se  halla  en  el  hecho  de  que 
el  rey  de  esta  ciudad,  juntamente  con  los  reyes  de  Sidón,  Edom,  Moab 
y  Ammón,  por  dos  veces  habían  invitado  a  Sedecías  a  sublevarse  todos 
contra  el  pesado  yugo  babilónico,  contando  para  ello  con  la  cooperación 
del  faraón  egipcio,  consiguiendo  en  la  segunda  de  esas  tentativas  que 
se  les  adhiriera  el  rey  judaíta,  hecho  desastroso  que  acarreó  la  ruina 
de  la  independencia  de  Judá  ( ¡5  3559,  3566).  Corrobora  esa  suposición, 
el  que  Ezequiel  formuló  oráculos  condenatorios  contra  todos  esos  pue- 
blos que  indujeron  a  Sedecías  a  rebelarse  contra  el  monarca  caldeo. 

3831.  La  aludida  suposición  nos  parece  menos  inverosímil  que  las 
tres  razones  que  da  L.  B.  d.  C.  del  rencor  de  Ezequiel  contra  Tiro,  a 
saber:  1"?  que  esta  ciudad,  confiando  en  la  riqueza  que  le  procuraba 
su  comercio,  era  el  tipo  mismo  del  orgullo  humano  que  se  alza  contra 
Dios;  2°  porque  tenazmente  resistía  al  rey  de  Babilonia,  instrumento  de 
la  justicia  de  Yahvé;  y  y-  porque  se  regocijaba  ella  también  en  la  hu- 
millación de  Jerusalén,  en  la  que  veía  un  obstáculo  al  monopolio  comer- 
cial de  Fenicia.  Estas  razones  no  son  convincentes.  En  efecto,  si  Tiro 
era  una  ciudad  esencialmente  comercial,  lógico  era  que  buscara  la  ri- 
queza; no  se  es  comerciante  por  amor  al  arte,  sino  por  el  lucro  que 
produce,  lo  que  no  es  censurable  sino  cuando  se  procede  deshonesta- 
mente o  empleando  medios  fraudulentos  ( 2797-2798).  En  lo  que  con- 
fiaba Tiro,  no  era  en  su  riqueza,  sino  en  lo  inexpugnable  de  su  isla, 
la  que  no  pudo  tomar  Nabucodonosor  en  trece  años  de  sitio,  y  que  ya 


144 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


antes  había  resistido  con  éxito  los  ataques  de  monarcas  asirios  tan  po- 
derosos como  Salnianasar  V  (727-722)  y  Sargón  II  (722-705).  "Tiro, 
dice  Rand  en  su  Diccionario  de  la  Santa  Biblia,  estaba  dividida  desde 
tiempos  muy  antiguos,  en  dos  partes:  una  de  ellas  se  hallaba  en  tierra 
firme  y  tenía  siete  millas  de  largo,  y  la  otra,  en  una  isla  de  menos 
de  una  milla  de  longitud  y  distante  media  milla  de  la  playa"  (p.  693). 
En  cuanto  a  que  "la  riqueza  que  procura  el  comercio  es  el  tipo  del 
orgullo  humano  que  se  alza  contra  Dios",  es  un  argumento  propio  de 
los  devotos  pietistas.  que  consideran  como  una  manifestación  de  insul- 
tante arrogancia  contra  la  divinidad  el  que  un  hombre  por  su  esfuerzo 
se  eleve  sobre  la  generalidad  de  sus  semejantes.  El  segundo  argumento 
no  es  más  feliz,  porque  sabido  es  que  los  profetas  para  vaticinar  cala- 
midades a  su  pueblo,  provenientes  de  invasiones  de  conquistadores,  se- 
ñalaban como  instrumento  de  la  justicia  de  Yahvé  al  pueblo  más  temi- 
ble en  el  momento  en  que  ellos  profetizaban ;  y  así  lo  eran  ya  los  escitaS; 
ya  los  asirios,  ya  los  caldeos,  ya  más  tarde  será  Ciro  contra  estos  últi- 
mos. La  tercera  razón  se  basa  en  lo  que  se  dice  en  el  v.  2,  del  que  nos 
ocuparemos  en  el  párrafo  siguiente. 

3832.  El  fundamento  de  la  sentencia  de  destrucción  contra  Tiro 
expresado  por  el  primer  oráculo  í  S  3829 )  consiste  en  que  dicha  ciudad 
se  había  alegrado  del  infortunio  de  Jerusalén  agregando:  ¡Hela  ahí 
quebrada  la  puerta  de  ¡os  pueblos!  Hacia  mí  va  a  desviarse  la  abun- 
dancia que  constituía  su  gloria.  Dejando  de  lado  lo  relativo  al  regocijo 
de  Tiro  por  la  caída  de  Jerusalén,  — de  lo  que  carecemos  de  pruebas — , 
aquí  se  hacen  dos  afirmaciones  falsas:  1^  se  llama  a  Jerusalén  "la  puer- 
ta de  los  pueblos",  y  2^  que  su  ruina  va  a  favorecer  el  comercio  de  Tiro, 
pues  la  capital  de  Judá  era  "un  obstáculo  al  monopolio  comercial  de 
Fenicia".  Scío  anotando  el  final  de  ese  v.  2,  expresa:  "A  mí  se  volvió 
Jerusalén.  Quiere  decir:  Y  pues  ella  ha  sido  destruida  y  quedado  de- 
sierta, yo  que  soy  la  segunda  ciudad  de  Palestina  en  comodidad  y  repu- 
tación, traeré  a  mí  todas  las  ventajas  de  Jerusalén  en  el  tráfico,  en  el 
concurso  de  los  pueblos,  en  la  abundancia  y  en  las  riquezas".  Todo 
esto  es  tan  lejos  de  la  verdad  como  la  aseveración  de  que  Tiro  era  la 
segunda  ciudad  de  Palestina,  cuando  nadie  ignora  que  era  el  gran  em- 
porio comercial  de  Fenicia.  Calificar  a  Jerusalén  de  "/a  puerta  de  los 
pueblos",  sólo  puede  admitirse  como  una  atrevida  hipérbole  poética, 
totalmente  desmentida  por  los  hechos.  Prescindiendo  de  los  caminos  poco 
frecuentados,  denominados  por  Lods  "pistas  desérticas",  que  iban  por 
un  lado  de  Hebrón,  al  Sur  de  Judá,  pasando  por  Beer-Seba.  hasta 
Egipto,  y  por  otro  lado  al  puerto  de  Elat,  en  el  golfo  de  Akaba  del  mar 
Rojo,  existían  tres  grandes  rutas  internacionales  que  cruzaban  Pales- 
tina, a  saber:  1^  la  que  seguía  la  costa  del  Mediterráneo:  2^  un  ramal 
de  esa  ruta,  que  al  Norte  de  Jaffa  se  dirigía  a  Damasco,  pasando  por 
Meguido  o  por  Jizreel;  y  3^  la  que  costeando  el  desierto,  al  Este  del 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


145 


Mar  Muerto  y  del  río  Jordán,  iba  desde  Arabia  y  el  puerto  de  Elat 
hasta  Damasco.  Esta  última  vía,  por  la  que  se  transportaban  esclavos, 
incienso  y  productos  de  la  Arabia  meridional  a  los  puertos  del  Medite- 
rráneo o  a  ciudades  del  Asia  Menor,  se  bifurcaba  en  Petra,  donde  un 
ramal  iba  a  Gaza  a  unirse  con  el  camino  de  la  costa,  siguiendo  la 
parte  principal  de  la  misma  hasta  Damasco,  como  se  deja  expresado. 
Quedaban,  pues,  fuera  de  este  cruce  de  caminos  internacionales,  vastas 
regiones,  como  las  montañas  de  Efraim  y  de  Judá,  con  su  capital  Jeru- 
salén  en  el  centro,  y  Galaad.  Ahora  bien,  dice  Lods,  "es  precisamente 
en  esas  regiones,  que  se  encontraban  al  margen  de  la  gran  corriente  de 
la  cultura,  que  los  israelitas  se  constituyeron  en  masas  compactas,  y 
luego  en  Estados.  Y  es  en  una  de  esas  comarcas,  la  Judea,  que  después 
del  destierro,  pudo  organizarse  y  vivir  una  sociedad  cuyo  ideal  era  ce- 
rrarse a  todo  contacto  con  el  mundo  exterior"  {Israel,  p.  25).  Por  lo 
expuesto,  fácil  es  de  comprender  cuan  inadecuada  o  impropia  es  la  ex- 
presión del  profeta  "la  puerta  de  los  pueblos"  para  caracterizar  a  Jeru- 
salén,  situada  lejos  de  las  grandes  vías  de  comunicación  internacional. 

3833.  Igualmente  inaceptable  es  la  afirmación  de  que  Tiro  sin- 
tiera envidia  por  el  comercio  que  Jerusalén  hacía  con  otros  pueblos,  por 
lo  que  se  felicitó  por  su  caída,  que  venía  a  beneficiarla,  ya  que  "hacia 
Tiro  se  desviaría  en  adelante  la  abundancia  de  negocios  o  de  bienes, 
que  constituían  su  gloria".  Para  juzgar  de  la  falsedad  de  tal  asevera- 
ción basta  recordar  que  no  sólo  Judá.  sino  todo  Israel,  fue  una  nación 
agrícola  y  ganadera,  que  no  se  prestaba  a  las  industrias  de  explotación 
de  bosques  y  de  minas,  y  carecía  de  industrias  manufactureras  que  pro- 
dujeran artículos  para  exportar  en  gran  escala.  Salomón  tuvo  que  recu- 
rrir a  artistas  fenicios  cuando  trató  de  construir  el  templo  de  Yahvé, 
y  pagó  esos  trabajos  con  trigo,  cebada,  aceite  y  vino  (§  1341).  No  es 
extraño,  pues,  que  Josefo  en  su  obra  Contra  Apion,  diga:  "El  país  que 
habitamos  no  está  a  orillas  del  mar;  carecemos  de  puertos,  por  lo  cual 
hacemos  pocos  negocios  con  otros  pueblos;  nuestras  ciudades  están  lejos 
de  la  mar,  poseemos  un  suelo  fértil,  y  nos  entregamos  sobre  todo  a  la 
agricultura"  (cita  de  Buhl,  p.  15).  Igualmente  manifiesta  Lods:  "A  des- 
pecho de  los  esfuerzos  de  ciertos  reyes  como  Salomón,  Acab  ( I  Rey.  20, 
34),  Josafat,  Azarías  (  II  Crón.  26,  2),  el  gran  tráfico  internacional  pa- 
rece haber  quedado  esencialmente  en  manos  de  los  fenicios  y  de  los  ára- 
bes; así  para  designar  al  comerciante,  se  decía:  "el  Cananeo  ( >i  1677), 
es  decir  "el  Fenicio".  Las  operaciones  comerciales  de  los  israelitas  de 
Palestina  parecen  haberse  casi  limitado,  durante  todo  el  período  real  y 
aun  hasta  el  fin  del  Estado  judío  (en  el  año  70  de  n.e),  a  las  del 
paisano  que  vende  o  compra  productos  agrícolas,  animales  y  tierras 
(Am.  8,  5;  Os.  12,  8-9}  y  a  los  cambios  en  ferias  con  lo  que  un  poeta 
llama  "la  abundancia  de  los  mares  y  los  tesoros  más  ocultos  de  la  arena", 
o  sea,  con  los  artículos  importados  por  mar  o  fabricados  por  las  pobla- 


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ORACULOS  CONTRA  TIRO 


ciones  costaneras,  como  el  vidrio  o  la  púrpura  (Deut.  33,  18-19)"'  (Ib. 
p.  453).  Estas  breves  consideraciones  nos  harán  comprender  que  en  el 
pasaje  que  comentamos,  Ezequiel,  inflamado  por  su  amor  al  terruño  y 
dejándose  llevar  por  su  estro  poético,  se  lanzó  a  hiperbólicas  manifes- 
taciones, que  no  estaban  de  acuerdo  con  la  prosaica  realidad. 

3834.  Partiendo,  pues,  de  una  tan  exagerada  como  inexacta  con- 
cepción de  su  ilimitada  fantasía,  Ezequiel  le  hace  formular  a  su  dios 
una  injusta  sentencia  condenatoria  contra  Tiro,  vaticinándole  que  sería 
arrasada  por  numerosas  naciones,  que  la  convertirían  en  una  roca  des- 
nuda (juego  de  palabras  sobre  la  etimología  del  vocablo  Tiro,  Zor,  que 
significa  roca,),  en  un  simple  tendedero  de  redes.  Si  es  cierto  que  dos 
siglos  y  medio  más  tarde.  Alejandro  el  Grande  logró  tomar  a  Tiro, 
gracias  a  que  consiguió  unir  la  parte  insular  de  ella  a  la  tierra  firme 
por  medio  de  una  enorme  calzada,  principalmente  con  los  escombros 
de  las  construcciones  existentes  en  la  parte  continental  de  la  ciudad,  no 
es  menos  cierto  que  nunca  quedó  reducida  a  la  roca  desnuda  soñada 
por  Ezequiel.  Otro  escritor  bíblico  del'  siglo  III,  cuya  composición  figu- 
ra en  Is.  23,  le  vaticina  a  Tiro  que  después  de  70  años  de  olvido,  vol- 
vería a  recuperar  su  importancia  política  y  económica  (>;  3029-3031). 
En  efecto,  luego  de  haber  pertenecido  a  los  Tolomeos  y  a  los  Seléucidas, 
pasó  a  poder  de  los  romanos  que  le  dejaron  todas  sus  franquicias.  El 
apóstol  Pablo  estuvo  allí  una  semana  con  los  cristianos  del  lugar  fAct. 
21,  3-6),  y  recuerda  el  pastor  Andrés  Parrot  que  allí  se  construyó  una 
iglesia  sobre  el  sitio  ocupado  antes  por  un  templo  pagano,  llegando  a 
ser  Tiro  un  centro  floreciente  tanto  para  el  cristianismo  de  entonces 
(Orígenes,  el  maestro  de  la  escuela  de  Alejandría,  vino  a  concluir  allí 
su  vida),  como  para  la  filosofía  pagana  (Máximo  y  Porfirio).  Los  mu- 
sulmanes se  apoderaron  de  ella  en  el  638,  después  fue  conquistada  por 
los  cruzados  en  1124,  y  finalmente  aquéllos  volvieron  a  retomarla  en 
1291  y  la  destruyeron,  no  recuperando  desde  entonces  su  antiguo  es- 
plendor. Hoy  es  una  pequeña  población,  llamada  Sur,  de  unos  7000 
habitantes,  quedando  sólo  vestigios  de  la  célebre  Tiro,  una  de  cuyas 
colonias,  Cartago  iCart-Hadasht,  "la  nueva  ciudad")  estuvo  a  punto  de 
vencer  y  sustituir  a  la  propia  Roma.  Lo  mismo  sucederá  en  los  futuros 
siglos,  al  quedar  únicamente  vestigios  de  más  de  una  de  las  grandes 
ciudades  europeas,  cuando  desaparezcan  arruinadas  por  las  guerras  que 
se  avecinan,  en  las  que  entrarán  en  juego  las  bombas  atómicas  y  los 
demás  ingenios  bélicos,  que  las  democracias  se  ven  obligadas  a  crear 
para  prevenirse  y  defenderse  de  los  ataques  que  preparan  los  modernos 
bárbaros  euro-asiáticos. 

3835.  En  el  primer  oráculo,  declara  Yahvé  que  destruirá  a  Tiro 
por  medio  de  numerosas  naciones  (v.  3)  ;  pero  en  el  segundo,  anuncia 
que  esa  destrucción  la  efectuará  por  el  rey  de  los  reyes,  cuyo  nombre 
agregó  un  probable  glosador,  adición  que  hemos  puesto  entre  parén- 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


147 


tesis  en  el  v.  7.  Según  este  nuevo  oráculo,  Nabucodonosor,  con  grandí- 
simo ejército,  tomaría  a  Tiro,  se  apoderaría  de  sus  riquezas  y  mercan- 
cías, demolería  sus  murallas  y  derribaría  sus  edificios.  Ya  sabemos  que 
esto  no  ocurrió  a  pesar  del  largo  asedio  de  trece  años,  durante  el  cual 
el  monarca  caldeo  trató  de  obtener  el  resultado  imaginado  por  el  pro- 
feta. Nótese  que  en  esta  profecía.  Ezequiel  repite  dos  frases  de  la  ante- 
rior, a  saber:  P  que  Yahvé  hará  de  Tiro  una  roca  desnuda,  un  tende- 
dero de  redes  ívs.  4-5  y  14)  ;  y  2^  que  "sus  hijas  que  están  en  tierra 
firme  (o  en  el  continente)  serán  muertas  por  la  espada'^  (vs.  6  y  8). 
Estas  palabras  "sus  hijas  o  tus  hijas"  (§  3644)  se  refieren  a  las  po- 
blaciones de  la  costa,  que  reunidas,  constituían  la  parte  continental  de 
la  ciudad,  o  sea,  la  antigua  Tiro,  llamada  Pale-Tiro  por  los  griegos,  y 
Usu  por  los  asirlos.  Esas  poblaciones  generalmente  caían  en  poder  de 
los  grandes  invasores,  ya  que  carecían  de  la  defensa  marítima  de  la 
Tiro  insular.  La  frase  "alzará  contra  ti  el  gran  escudo"  o  la  tortuga, 
como  trae  L.  B.  A.,  alude  a  la  práctica  seguida  por  los  sitiadores  de 
ciudades  amuralladas,  de  formar  algo  así  como  manteletes,  o  sea,  una 
especie  de  techo  o  resguardo  con  escudos  semejando  la  caparazón  de 
una  tortuga,  para  protegerse  de  los  tiros  de  los  sitiados,  cuando  desea- 
ban aproximarse  a  los  muros  para  socavarlos  o  abrir  brecha  en  ellos. 
Como  en  el  mismo  v.  H  se  dice  que  Nabucodonosor  construirá  un  terra- 
plén contra  Tiro,  supone  L.  B.  A.  que  ese  rey,  en  los  13  años  de  sitio 
comenzó  la  gran  calzada,  para  unir  la  isla  al  continente,  gigantesca  obra 
que  él  no  pudo  concluir:  pero  que  dos  siglos  más  tarde,  la  restauró  y 
terminó  Alejandro  el  Grande,  en  el  relativamente  corto  espacio  de  siete 
meses.  Las  máquinas  de  guerra  mencionadas  en  el  v.  9,  debían  ser  a 
juicio  de  L.  B.  d.  C,  "ciertas  máquinas  de  sitio  representadas  en  los 
bajos  relieves  asirios,  provistas  de  puntas  en  forma  de  lanzas  con  las 
cuales  el  asaltante  se  esforzaba  en  desunir  las  piedras  de  los  muros". 
En  cuanto  a  las  estelas  del  v.  11,  serían  columnas  de  carácter  sagrado 
que  había  a  la  entrada  de  muchos  santuarios  fenicios,  imitadas  por  Sa- 
lomón en  su  templo  (I  Rey.  7,  15-22:  ^  1376).  Según  Herodoto.  las 
del  templo  de  Melcart  en  Tiro,  eran  una  de  oro  y  la  otra  de  esmeralda. 

3836.  En  el  tercer  oráculo,  imagina  Ezequiel  que  ya  ha  caído  Tiro, 
y  que  esta  noticia  hará  temblar  a  "las  islas",  es  decir,  a  sus  colonias, 
o  a  las  tierras  bañadas  por  el  Mediterráneo,  como  cree  L.  B.  A.  Ante 
tan  infausto  acontecimiento,  "descenderán  de  sus  tronos  todos  los  prín- 
cipes de  la  mar",  o  sea.  los  magistrados  de  sus  colonias,  o  los  jefes  de 
las  ciudades,  que,  como  Tiro,  vivían  del  comercio  marítimo.  Como  era 
usual  en  los  casos  de  duelo,  esos  magistrados  o  jefes  se  sentarán  en 
tierra,  se  despojarán  de  sus  ricas  ropas  y  se  vestirán  de  negro  (el  T.  M. 
trae  "de  temblores")  ya  que  el  saco,  vestimenta  de  rigor  en  tales  casos 
(§  3656),  se  hacía  generalmente  con  pelo  negro  de  cabra.  Y  sentados 
en  el  suelo,  temblando  atónitos  por  aquella  caída,  entonarán  la  quiná 


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ORACULOS  CONTRA  TIRO 


o  endecha  plañidera  de  los  vs.  17-19,  que  como  todas  las  de  su  género, 
comienza  por  la  exclamación:  ¡Cómo!  3639).  En  ella  se  expresa 
que  los  moradores  de  Tiro  infundían  terror  en  toda  la  tierra  firme 
(v.  17),  lo  que  motiva  esta  anotación  de  L.  B.  A.:  "La  gran  ciudad 
comercial  con  sus  consejos  y  sus  flotas  era  lo  que  fueron  más  tarde  las 
repúblicas  de  Venecia  o  de  Genova:  todos  los  pueblos  del  Mediterráneo 
respetaban  al  menor  de  sus  ciudadanos".  —  En  cuanto  al  cuarto  orácu- 
lo, debe  ser  de  distinto  autor,  ya  que  supone  que  Tiro  será  destruida 
no  por  un  poderoso  conquistador,  sino  por  la  violencia  de  las  olas  del 
abismo  o  mar  subterráneo  (nuestra  Introducción,  ^  45).  L.  B.  d.  C. 
escribe  al  respecto:  "Este  trozo  vuelve  a  tomar,  desenvolviéndolo,  el  cua- 
dro de  la  destrucción  de  Tiro  por  las  olas  del  mar  (  v.  3)  ;  pero  aquí 
nada  indica  que  la  inundación  sea  simplemente  una  imagen  que  figu- 
raba la  conquista  por  una  potencia  extranjera.  Quizá  pensaba  el  autor 
de  esta  pieza  que  la  destrucción  de  la  ciudad  por  los  babilonios  se  com- 
pletaría por  los  elementos  desencadenados.  En  este  caso,  el  autor  no 
sería  indudablemente  el  mismo  Ezequiel".  En  el  v.  20,  el  poeta  se  figura 
el  sheol  (§  973-979)  como  una  ciudad  subterránea  semi-derruída.  La 
frase  final  del  \.  21:  Y  cuando  se  te  busque,  nunca  se  te  encontrara', 
le  merece  a  Scío  este  curioso  comentario:  "Quedará  desolada  y  des- 
truida para  siempre.  Lo  que  propiamente  no  conviene  sino  al  reino  del 
príncipe  de  las  tinieblas  e  imperio  de  Satanás,  destruido  por  la  muerte 
de  Jesucristo  y  por  su  triunfante  resurrección"  . 

NUEVA  ENDECHA  SOBRE  LA  RUINA  DE  TIRO.  —  3837.  Después 
de  la  breve  elegía  del  26,  17-18,  nos  encontramos  en  el  cap.  27  con  otra 
poesía  que  aunque  se  intitula  también  "endecha"  ív.  2),  no  comienza 
por  la  exclamación:  ¡Cómo!,  y  es  en  realidad  un  poema  sobre  el  fin 
de  Tiro  pintado  bajo  la  imagen  de  un  naufragio.  En  ese  cap.  27  hay 
material  de  dos  distintos  autores,  que  L.  B.  d.  C.  diferencia  así:  Ez'  y 
Ez".  El  primero  es  el  autor  del  poema  que  va  del  v.  3''  a  9"  y  continúa 
en  el  v.  25''  hasta  el  36:  al  segundo  pertenece  el  trozo  en  prosa  en  que 
se  describa  el  tráfico  de  Tiro  (vs.  9''  a  25").  Comenzaremos  transcri- 
biendo el  aludido  poema.  27,  1  La  palabra  de  Yalivé  me  fue  dirigida 
en  estos  términos:  2  "Y  tú,  hijo  de  hombre,  entona  una  endecha  sobre 
Tiro.  3''  He  aquí  lo  que  el  Señor  Yahvé  dice  a  Tiro: 

Tú  decías:  soy  un  navio 
De  perfecta  hermosura. 

4  Tus  constructores  te  habían  armado  en  el  centro  de  los  mares: 
Habían  perfeccionado  tu  hermosura.  ( Texto  incierto ) . 

5  Habían  hecho  con  ciprés  del  Senir  (monte  del  Anti-Líbanoj 
Todas  tus  tillas  (o  el  entablado). 

Habían  tomado  un  cedro  del  Líbano 
Para  levantarte  un  mástil. 


ORACULOS  CONTRA  TIRO  149 

6  Con  encinas  del  Basan 
Habían  fabricado  tus  remos: 

Y  adornado  tu  maderaje  con  marfil  incrustado  en  boj 
Proveniente  de  las  islas  de  los  Kittini  ( §  3691 ) . 

7  De  fino  lino  recamado  de  Egipto 
Era  tu  vela 

{Para  servirte  de  estandarte) .  Glosa 

Telas  de  púrpura  violácea  y  roja  procedente  de  las  riberas 

[de  Elisa, 

Formaban  tu  tienda. 

8  Los  habitantes  de  Sidón  y  de  Arvad 
Eran  tus  remeros; 

Los  más  hábiles  marinos  de  Cenner  hacían  parte  de  tu  tri- 

[pulación. 

Te  servían  de  pilotos. 

9  Los  ancianos  y  los  artesanos  más  hábiles  de  Guebal  estaban 

[a  bordo 

Para  reparar  tus  averías. 
25''  Tú  te  has  llenado  y  pesadamente  cargado 
En  medio  de  los  mares. 

26  A  alta  mar  te  han  conducido 
Tus  remeros. 

El  viento  de  Oriente  te  ha  hecho  naufragar 
En  medio  de  los  mares. 

27  Tus  riquezas,  tus  mercancías,  tus  artículos  de  cambio. 
Tus  marinos  y  tus  pilotos. 

Tus  calafates  y  tus  corredores. 

Todos  los  hombres  de  guerra 

Que  tenías  a  bordo,  toda  la  multitud 

Que.  tú  transportabas. 

Han  caído  en  el  seno  de  los  mares 

El  día  en  que  zozobraste. 

28  A  los  gritos  de  tus  pilotos. 
Los  .  .  .  temblaron 

29  Entonces  bajaron  de  sus  naves 
Todos  los  que  manejan  el  remo; 

Los  marineros  y  todos  los  pilotos  de  la  mar 
Permanecen  en  tierra. 

30  Hacen  oír  sus  lamentos  sobre  ti; 
Lanzan  amargos  gritos. 
Echanse  polvo  sobre  sus  cabezas; 
Revuélcanse  en  la  ceniza.  ( §  3656) . 


150 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


31  Se  hacen  tonsuras  a  causa  de  ti;  (§  3277-3281) 
Ciñen  el  saco. 

Te  lloran  en  la  amargura  de  su  alma, 
Prorrumpen  en  amargos  gritos  de  duelo. 

32  Pronuncian  sobre  ti  una  endecha 
Y  dicen  en  su  poema  fúnebre: 

"¿Quién  era  semejante  a  Tiro  cuando  ella  se  alzaba 
En  medio  de  la  mar? 

33  Cuando  hacías  salir  de  los  mares  tus  mercancías, 
^  Hartabas  pueblos  enteros. 

Gracias  a  la  importancia  de  tus  riquezas  y  de  tu  comercio, 
Enriquecías  a  los  reyes  de  la  tierra. 

34  Ahora  que  has  naufragado  y  desaparecido  de  la  superficie 

[de  los  mares 

En  las  profundidades  de  las  aguas, 

Tu  comercio  y  la  multitud  de  hombres  que  contenías. 

Han  zozobrado  contigo. 

35  Todos  los  habitantes  de  las  islas 
Están  estupefactos  a  causa  de  ti. 
Sus  reyes  se  estremecen  de  horror; 

Tienen  el  rostro  inundado  de  lágrimas.  (Texto  incierto). 

36  Los  comerciantes  en  los  otros  pueblos 
Silban  a  la  vista  de  tus  desgracias.  ( §  3420 ) 
Eres  un  objeto  de  espanto: 

Has  concluido  para  siempre 
{ o  nunca  más  existirás) . 

3838.  A  continuación  transcribimos  el  trozo  en  prosa  sobre  el  trá- 
fico de  Tiro,  intercalado  en  el  poema  ya  transcrito  en  el  párrafo  ante- 
rior, relativo  a  la  ruina  de  esa  ciudad.  27,  3"  Di  a  Tiro  que  está  sen- 
tada a  las  puertas  de  la  mar  y  comercia  con  los  pueblos  de  una  multi- 
tud de  islas  (i  3836)  :  9''  Todos  los  navios  de  la  mar  y  sus  marineros 
venían  a  ti  para  tomar  parte  en  tus  cambios.  10  Los  de  Paras,  Lud  y 
Put  servían  como  guerreros  en  tu  ejército;  colgaban  en  ti  sus  escudos 
y  sus  cascos,  siendo  ellos  los  que  aseguraban  tu  prestigio.  11  Los  hijos 
de  Arvad  y  de  Helek  guarnecían  por  todas  partes  tus  muros,  y  los  de 
Gammad  vigilaban  en  tus  torres;  colgaban  sus  escudos  alrededor  de  tus 
murallas;  a  ellos  debías  tu  perfecta  hermosura.  (Texto  muy  incierto). 
12  Tarsis  comerciaba  contigo  a  causa  de  la  abundancia  de  tus  riquezas 
de  toda  clase;  llevaba  a  tu  mercado  plata,  hierro,  estaño  y  plomo.  13 
Yaván,  Tubal  y  Meseo  traficaban  contigo:  te  daban  como  materia  de 
cambio  esclavos  y  objetos  de  bronce.  14  De  la  casa  de  Togarma  traían 
a  tu  mercado  caballos  de  tiro,  caballos  de  silla  y  mulos.  15  Los  radios 
comerciaban  contigo;  numerosas  islas  participaban  en  tu  tráfico  trayén- 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


151 


dote  en  pago  colmillos  de  marfil  y  madera  de  ébano.  16  Edom  traficaba 
contigo  a  causa  del  gran  número  de  productos  de  que  tú  disponías ;  traía 
a  tu  mercado  carbúnculos,  telas  de  púrpura,  tejidos  bordados,  lino  fino, 
perlas  y  rubíes.  17  Judá  y  el  país  de  Israel  comerciaban  contigo,  tra- 
yendo para  negociar  trigo  de  Minnit,  cera,  miel,  aceite  y  bálsamo.  (Tex- 
to incierto).  78  Damasco  comerciaba  contigo  a  causa  de  la  abundancia 
de  tus  riquezas  de  toda  clase,  vino  de  Helbón  y  lana  de  Zahar,  19  los 
que  traía  a  tu  mercado.  De  Uzal  venían  como  artículos  de  cambio,  hie- 
rro forjado,  casia  y  caña  aromática.  20  Dedán  hacía  contigo  comercio 
de  gualdrapas  para  montar  a  caballo.  21  Arabia  y  todos  los  príncipes 
de  Kedar  (§  3612)  comerciaban  contigo,  haciendo  el  tráfico  contigo 
de  corderos,  carneros  y  machos  cabríos.  22  Los  traficantes  de  Saba  y 
de  Raama  negociaban  contigo;  traían  a  tu  mercado  toda  clase  de  dro- 
gas odoríferas  de  primera  calidad,  toda  clase  de  piedras  preciosas  y  de 
oro.  23  Harán  2255,  n.  2),  Ganné  y  Edén  comerciaban  contigo.  Asur 
y  toda  la  Media  comerciaban  contigo.  24  Traficaban  contigo  en  tejidos 
preciosos,  mantos  de  púrpura  violeta  o  de  variados  colores,  tapices  mul- 
ticolores y  fuertes  cuerdas  trenzadas  de  las  que  proveían  a  tu  comercio. 
25  Los  Navios  de  Tarsis  bogaban  para  asegurar  tus  cambios.  (Texto 
muy  incierto).  —  Nótese  que  el  autor  de  este  trozo  no  revela  haber 
poseído  cualidades  literarias,  pues  en  la  forma  más  prosaica  y  repi- 
tiendo hasta  el  cansancio  las  mismas  frases,  se  limita  primero  a  indicar 
de  donde  provenían  los  soldados  que  defendían  a  Tiro,  y  después  a 
reseñar  los  pueblos  con  los  cuales  comerciaba  dicha  ciudad  y  los  pro- 
ductos que  le  enviaban.  ¡Y  pensar  que  los  creyentes  ortodoxos  siguen 
creyendo  a  pies  juntillas.  de  acuerdo  con  el  v.  7^^  que  esta  fatigosa  pági- 
na estadística  fue  dictada  por  el  propio  dios  israelita,  hoy  convertido 
en  el  Dios  universal! 

3839.  Anotando  este  cap.  27,  dice  L.  B.  d.  C:  "Aquí  se  han  reu- 
nido dos  trozos  claramente  distintos  tanto  por  su  forma  como  por  su 
contenido:  1°  una  quiná,  es  decir,  un  canto  fúnebre  anticipado  sobre 
la  ruina  de  Tiro,  pieza  en  verso  que  presenta  el  ritmo  habitual  de  los 
trenos  de  duelo,  con  el  segundo  hemistiquio  más  corto  que  el  primero, 
y  en  la  que  la  poderosa  ciudad  es  figurada  bajo  la  imagen  de  un  navio 
suntuoso  que  naufraga  en  alta  mar  (vs.  3''-9''  y  25''-36)  ;  y  2^  un  trozo 
en  prosa  intercalado  en  medio  del  precedente,  en  que  aparece  Tiro,  no 
ya  bajo  la  imagen  de  una  nave,  sino  sin  figura,  como  una  ciudad  con 
murallas,  torres,  una  guarnición,  y  a  la  cual  llegan  buques  (vs.  9''-25") . 
Esta  descripción,  en  la  que  se  enumeran  los  pueblos  con  los  cuales  tra- 
ficaba la  ciudad  de  Tiro  y  las  mercancías  que  cada  uno  de  ellos  expor- 
taba, es  un  inapreciable  documento  sobre  la  historia  económica,  del 
antiguo  Oriente;  pero  ha  sido  insertado  aquí  con  posterioridad.  Es  pro- 
bable que  formase  antes  una  pieza  independiente,  porque  parece  haber 
tenido  una  introducción  especial,  que  nos  ha  sido  conservada:  es  el 


152 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


V.  3"  (en  que  Tiro  aparece  "sentada  a  las  puertas  de  la  mar"  y  no  bo- 
gando "en  el  centro  de  los  mares",  como  en  los  vs.  4,  25''-27) .  Este 
trozo  encierra  algunas  alusiones  a  la  quiná  de  Ezequiel  sobre  Tiro  (vs. 
10,  11);  pero  no  es  seguro  que  emane  del  profeta  mismo".  Lo  cierto 
es,  como  fácilmente  puede  comprobarlo  el  lector,  que  los  dos  trozos  de 
la  referencia  carecen  de  toda  inspiración  religiosa,  y  son  meras  com- 
posiciones de  carácter  exclusivamente  profano.  Con  respecto  a  la  trans- 
crita endecha,  podriamos  incluirla  entre  los  entretenimientos  poéticos  de 
Ezequiel,  estudiados  en  el  cap.  VI,  ya  que  este  profeta  parece  que  se 
había  especializado  en  escribir  cantos  fúnebres  anticipados  a  los  suce- 
sos desgraciados  que  lamentalja:  allá,  sobre  la  muerte  de  Sedecías;  aquí 
sobre  la  ruina  de  Tiro,  cuya  caída  creyó  inevitable,  dado  el  poderío  de 
Nabucodonosor.  La  ortodoxa  L.  B.  A.,  tratando  de  justificar  la  inclu- 
sión de  esta  elegía  en  el  libro  sagrado  del  cristianismo,  manifiesta  que 
"su  finalidad  es  la  de  la  Escritura  misma:  anonadar  al  hombre  y  glo- 
rificar a  Dios.  El  hombre  puede  brillar  por  su  fuerza,  como  Nebucad- 
netsar,  o  por  su  sabiduría  y  habilidad,  como  el  rey  de  Tiro;  pero  tanto 
en  un  caso  como  en  el  otro,  el  juicio  de  Dios  le  hará  conocer  su  nuli- 
dad". Este  es  el  criterio  de  los  místicos  y  de  los  pietistas,  imperante  en 
la  Edad  Media;  pero  que  no  condice  con  la  civilización  moderna,  que 
sin  incurrir  en  necias  vanaglorias,  realza  la  obra  maravillosa  efectuada 
por  el  hombre,  la  que  va  desde  el  sondear  los  asombrosos  misterios  de 
las  galaxias,  hasta  descubrir  los  más  recónditos  secretos  del  átomo. 

3840.  Después  de  las  consideraciones  generales  precedentes,  sólo 
nos  resta  aclarar  algunas  expresiones  o  vocablos  casi  siempre  de  carác- 
ter geográfico.  Comparando  la  frase  "de  perfecta  hermosura"  del  v.  3* 
con  otros  pasajes  en  que  se  halla  este  último  vocablo,  tales  como:  16, 
14,  15,  25;  27,  11:  28,  7,  llega  L.  B.  d.  C.  a  la  conclusión  que  Ezequiel 
entendía  por  "hermosura"  sobre  todo  la  suntuosidad  de  los  materiales 
empleados  para  la  construcción  o  la  ornamentación.  En  Ips  vs.  5-7  se 
describe  la  construcción  del  navio  que  representa  a  Tiro  (fig.  10).  Las 
tablas  del  casco  eran  de  ciprés  del  Senir,  "la  madera  más  resistente  a 
los  insectos  y  a  la  podredumbre"  (L.  B.  A.).  Senir  era  el  nombre  amo- 
rreo  del  monte  Hermón  (Deut.  3,  9),  con  el  que  termina  el  Anti-Líbano 
al  Sur;  pero,  según  ciertos  geógrafos  árabes,  designaba  también  otro 
de  los  picos  del  Anti-Líbano,  al  Norte  de  Damasco.  —  Basán,  fértil 
región  al  Este  del  lago  de  Tiberiades,  era  célebre  entre  otras  cosas,  por 
sus  encinas  (Is.  2,  13).  El  maderaje,  que  otros  traducen  por  "bancos" 
o  "el  puente",  estaba  adornado  con  marfil  incrustado  en  boj,  uso  de 
que  habla  Virgilio  en  su  Eneida,  X,  135-137.  —  Formaban  tu  tienda  ■ — 
quizá  casilla  sobre  el  puente  para  guardar  el  equipaje —  telas  de  púr- 
pura violácea  y  roja  de  las  riberas  (o  de  las  islas)  de  Elisa  (v.  7*). 
Según  el  mito  etnográfico  de  Gén.  10,  4,  Elisa  era  hija  de  Javán,  o  sea, 
Grecia  (S  2252).  de  modo  que  correspondería  al  Peloponeso  (Elida) 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


153 


en  cuyas  islas  adyacentes  se  encuentran  los  moluscos  que  segregan  la 
tinta  tan  apreciada,  conocida  con  el  nombre  de  púrpura.  Algunos  ubican 
Elisa  en  Cartago.  cuya  primera  reina,  Dido,  se  llamaba  también  Elisa; 
mientras  que  otros  creen  que  quizá  se  trate  de  la  Alasia  de  los  asirios, 
probablemente  la  isla  de  Chipre.  Las  palabras  del  v.  7  que  hemos  puesto 
entre  paréntesis,  constituyen  una  glosa,  pues  son  excesivas  en  el  verso; 
notando  además  L.  B.  d.  C,  que  los  buques  de  la  antigüedad  no  lleva- 
ban pabellón.  —  En  los  vs.  8-9  se  describe  la  tripulación  del  buque. 
Los  remeros  eran  de  Sidón,  (hoy.  Saida )  ciudad  más  antigua  que  Tiro 
y  entonces  su- 


bordinada a  ésta, 
y  de  Arvad  (hoy 


Ruad,  al  N.  de 
Trípoli),  cuyos 
habitantes,  según 
Strabón,  pasa- 
ban en  su  tiem- 
po por  ser  los 
más  hábiles  ma- 
rinos. —  Los  pi- 
lotos eran  de 
Cenner  (hoy 
Sumraj  a  50 
Kms.  de  Beyrut, 
en  la  costa  siria.  Fig.  10.  ~  Buque  antiguo. 

Esa  ciudad  feni- 
cia procedía  de  una  de  las  poblaciones  cananeas  citadas  en  Gén.  10,  18 
(en  la  traducción  de  Valera,  figura  con  el  nombre  de  Samarí)  y  en 
I  Crónica.  1,  16,  pasaje  éste  en  el  cual  a  los  de  esa  población  se  les  de- 
nomina "el  Samareo",  (en  versión  de  Pratt:  el  Zemareo,  en  los  dos  tex- 
tos mencionados).  Los  griegos  llamaban  a  esa  ciudad,  Simyros;  no  figu- 
rando en  el  texto  masorético  el  nombre  Cenner,  sino  el  de  Tiro.  — 
Guebal  o  Gebal,  del  v.  9,  es  la  Byblos  de  los  griegos  (hoy  Djebeil), 
célebre  por  su  culto  de  Adonis,  ciudad  situada  sobre  la  costa,  entre  Bey- 
rut y  Trípoli.  Sus  habitantes,  los  geblaitas,  célebres  en  la  antigüedad 
como  hábiles  carpinteros,  fueron  utilizados  por  Salomón  para  construir 
el  templo  (I  Rey.  5,  18).  —  El  viento  del  Oriente  (v.  26),  o  siroco, 
viento  brusco  del  Sudeste,  hace  naufragar  la  espléndida  nave,  la  que 
desaparece  con  todo  el  personal  de  a  bordo  y  con  todas  sus  riquezas. 
Ese  viento  siroco,  en  la  imaginación  del  profeta,  seguramente  represen- 
taba el  ejército  de  Nabucodonosor,  que,  a  su  entender,  concluiría  para 
siempre  con  Tiro  (v.  36).  Ante  tal  desastre,  los  otros  navegantes  ate- 
rrorizados, descienden  en  la  playa  más  próxima  y  entonan  la  endecha 
de  los  vs.  32-36.  —  En  el  v.  28  L.  B.  d.  C.  reemplaza  por  puntos  suspen- 


154 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


sivos  una  palabra  alterada  del  original  que  designa  ordinariamente  los 
pasturajes  de  los  suburbios  de  las  ciudades,  lo  que  no  conviene  al  con- 
texto, vocablo  que  se  ha  propuesto  traducir  por  las  flotas  o  las  costas, 
meras  conjeturas  inaceptables. 

3841.  Pasemos  ahora  al  examen  de  la  página  estadística  de  Ez^. 
Entre  los  soldados  mercenarios  de  Tiro,  menciona  el  v.  10  a  los  de 
Paras,  Lud  y  Put,  poblaciones  del  Norte  de  Africa.  Los  de  Paras 
eran  quizá  los  perorsí  o  farusii,  que  Plinio  y  Estrabón  expresan  que 
vivían  en  esa  región  y  que  eran  excelentes  arqueros.  El  vocablo  Paras 
se  encuentra  también  en  38,  5,  y  en  ambos  pasajes  suele  traducirse 
por  Persia,  siendo  en  tal  caso  la  primera  vez  que  se  nombra  ese  país 
en  el  Antiguo  Testamento.  Los  de  Lud  deberían  ser  los  Ludim  de 
Gén.  10,  13  2252),  población  egipcia,  quizá  los  lidios  nombrados 
en  Jer.  46,  9  (§  3539  bis)  y  en  Ez.  30,  5,  distintos  del  Lud  semítico  de 
Gén.  10,  22  o  lidios  del  Asia  Menor.  Put  sería,  según  unos,  el  pueblo 
de  los  Lehahim  de  Gén.  10,  13,  o  libios,  que  ocupaban  la  costa  Norte 
de  Africa  hasta  el  Atlas;  según  otros,  sería  el  Punt  de  los  antiguos 
egipcios,  al  que  se  referiría  Gén.  10,  6  o  sea,  la  costa  egipcia  sobre 
el  mar  Rojo  hasta  la  Somalia,  o  quizá  fuera  esta  última  región.  Con 
respecto  a  la  costumbre  de  colgar  escudos  en  las  murallas  y  en  las 
torres  de  la  ciudad,  véase  I  Rey.  10,  16-17  y  Cant.  4,  4;  §  1454.  — 
Como  en  el  v.  iJ  los  traductores  que  siguen  ciegamente  el  T.  M.  ponen 
en  vez  de  Helek,  "tu  ejército"  o  "tus  propios  soldados",  y  en  lugar  de 
los  de  Gammad,  "hombres  valerosos",  anota  L.  B.  d.  C:  "si  esta  correc- 
ción (Helek)  es  exacta,  podría  tratarse  de  la  Cilicia  o  de  Calcis  al  O. 
de  Damasco.  Y  en  cuanto  a  Gammad,  quizá  fuera  un  principado  del 
Sur  de  Fenicia  llamado  kamadu  en  egipcio  y  kumidi  en  las  cartas  de 
Tell  el-Amarna".  La  Vulgata,  siguiendo  a  los  Setenta,  trae  "los  Pig- 
meos" por  "los  de  Gammad";  pero  Scío,  en  nota,  aclara  que  en  hebreo 
se  dice  los  Gamadeos  "que  se  cree  ser  un  pueblo  de  la  Siria,  de  una 
ciudad  llamada  Gamala".  También  la  Vulgata,  en  el  v.  12  traduce 
por  "los  de  Cartago",  la  palabra  hebrea  Tarsis,  la  antigua  colonia 
fenicia  Tartessus,  del  Sur  de  España  (§  1358).  —  En  el  v.  13  se 
mencionan  tres  pueblos  del  Asia  Menor  que  comerciaban  con  Tiro: 
Yaván  o  Javán,  los  jonios  (la  Grecia),  Tuhal  y  Mesec.  Estos  dos  últi- 
mos, que  casi  siempre  se  nombran  unidos,  son  considerados  como  hijos 
de  Jafet  (Gén.  10,  2).  En  el  Sal.  120,  5,  Mesec  con  Kedar  son  presen- 
tados como  pueblos  guerreros  y  bárbaros.  Tuhal  y  Mesec  deben  ser  los 
Tibarenoi  y  los  Moskhoi  de  Herodoto,  pueblos  que  habitaban  el  ángulo 
S.  E.  del  mar  Negro  y  al  S.  del  Cáucaso,  entre  ese  mar  y  el  mar  Caspio 
(véase  art.  Mésec,  en  Dict.  Encyc.) .  Para  Scío,  Tubal  son  los  españoles, 
y  los  de  Mosoc,  los  capadocios.  —  Togarma  (v.  14;  Gén.  10,  3)  era 
la  Armenia,  país  rico  en  caballos  y  asnos.  Según  Scío,  Togarma  era  una 
ciudad  de  Frigia;  y  añade:  "algunos  quieren  que  sean  los  alemanes". 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


155 


—  En  el  V.  15  se  trata  del  comercio  que  los  marinos  de  la  isla  de  Rodas 
hacían  con  Tiro,  adonde  llevaban  productos  africanos  como  colmillos 
de  elefante  y  madera  de  ébano,  la  que  según  Plinio,  era  obtenida  de 
Etiopía.  En  vez  de  los  rodios  (rodán) ,  como  traen  los  LXX,  el  T.  M. 
trae:  "Los  hijos  de  Dedán",  mención  equivocada,  pues  el  tráfico  con 
la  tribu  árabe  de  Dedán  se  indica  en  el  v.  20.  Igual  diferencia  se  en- 
cuentra en  el  v.  16,  en  el  cual  en  vez  de  Edom,  según  los  LXX  y  varias 
antiguas  versiones,  el  texto  masorético  pone  Aram  (Siria),  cuyo  comer- 
cio se  señala  en  el  v.  18.  Los  artículos  que  conducía  Edom  a  Tiro,  no 
eran  todos  productos  de  su  suelo  o  de  su  industria,  sino  transportados 
por  sus  caravanas.  Después  de  la  palabra  lino  fino  [byssum]  tiene  la 
Vulgata:  et  sericum  et  chodcJiod,  o  sea,  "sedas"  y  esa  otra  palabra 
hebrea  que,  según  Scío,  "San  Jerónimo  confiesa  que  no  sabía  qué  sig- 
nificaba y  por  esto  la  dejó  sin  interpretar.  Los  hebreos  comunmente 
entienden  por  ella  toda  suerte  de  mercancías  preciosas".  Las  traduccio- 
nes corrientes  la  vierten  por  "corales  y  rubíes",  en  vez  de  "corales  y 
perlas",  ya  que  los  rubíes  están  anteriormente  indicados  con  la  deno- 
minación de  carbúnculos,  nombre  que  se  le  dió  al  rubí  "suponiendo 
que  lucía  en  la  obscuridad  como  un  carbón  encendido"  [Dic.  de  la 
Academia) . 

3842.  Sobre  el  comercio  internacional  de  Judá  e  Israel  véase 
§  3833.  No  se  sabe  con  certeza  si  el  "trigo  de  Minnit"  procedía  de  esa 
región  de  Ammón  (Jue.  11,  33),  o  si  esa  era  la  denominación  de  una 
clase  de  trigo  cultivado  en  Judá.  En  vez  de  wedonag,  "cera",  el  T.  M. 
trae  "Pannag",  palabra  de  significado  desconocido,  que  unos  traducen 
por  "bizcocho  o  confitura",  otros  ven  en  ella  el  nombre  de  un  país  o 
de  una  ciudad  (así  traduce  Pratt:  "trigo  de  Minit  y  de  Panag"),  o  de 
una  hierba  para  fabricar  jabón.  —  Dos  productos  se  nombran  en  el 
V.  18,  que  importaba  Tiro  de  Damasco,  la  capital  de  Siria,  a  saber: 
vino  de  Helbón  (el  champaña  de  la  época)  el  único  que  tomaban  los 
reyes  de  Persia,  según  asegura  Estrabón;  y  lana  de  Zahar  o  de  T sachar, 
localidad  desconocida,  por  lo  que  muchos  traducen  "lana  de  deslum- 
brante blancura".  —  En  el  v.  19  el  T.  M.  presenta  dos  nombres  de  dis- 
tritos, que  no  se  mencionan  en  ninguna  otra  parte  del  A.  T.:  Vedan  y 
Javán  de  Uzal,  que  no  figuran  en  la  versión  de  los  LXX.  Según  L.  B. 
d.  C,  esas  palabras  del  texto  masorético  son:  Y  Dan  y  Yaván,  hilado 
(?)"  y  agrega:  "pero  Dan,  tribu  de  Israel,  y  Yaván,  ya  nombrado 
(v.  13)  nada  tienen  que  hacer  aquí".  Se  trata,  como  se  ve,  de  un  pa- 
saje notoriamente  alterado.  Uzal  es  el  antiguo  nombre  de  la  capital  del 
Yemen  o  Arabia  Feliz,  hoy  llamada  Sana  (cf.  Gén.  10,  27),  entre  cuyos 
productos  de  exportación  se  encontraba  la  casia  y  la  caña  aromática, 
usados  en  la  composición  del  aceite  de  la  santa  unción  o  ungüento  per- 
fumado, que  Yahvé  le  enseñó  a  fabricar  a  Moisés  (Ex.  30,  22-33).  Ese 
ungüento  sagrado  sólo  podía  ser  compuesto  y  usado  por  los  sacerdotes 


156 


ORACULOS  CONTRA  TIRO 


judíos  so  pena  de  muerte  (Ib,  v.  33).  —  Dedán  ív.  20)  era  una  tribu 
árabe,  que  tenía  su  centro  en  el  oasis  de  El-Ela,  limitando  con  el  S.  de 
Edom  (25,  13;  §  3825;  Jer.  49,  8;  S  3604).  Los  dedanitas  comerciaban 
con  gualdrapas  o  mantas  largas  que  se  ponen  en  las  ancas  de  los  caba- 
llos de  montar,  siendo  las  mantas  bordadas,  uno  de  los  signos  distin- 
tivos de  los  jefes  orientales,  y  gran  objeto  de  lujo  en  las  tribus  de 
Arabia.  Scío,  traduciendo  la  Vulgata,  en  vez  de  gualdrapaás  trae  "al- 
fombras para  sentarse",  y  en  nota  dice:  "Para  este  mismo  uso  las  ponían 
en  las  sillas  de  los  caballos  y  en  sus  carros.  En  el  Oriente  se  usan  mucho 
las  alfombras,  y  se  sientan  sobre  ellas".  —  En  el  v.  22  se  trata  del 
comercio  con  los  de  Sabá  y  de  Raama.  Sobre  Sabá  o  Seba,  ver  §  1329; 
población  que,  según  P  en  Gén.  10,  7,  descendería  de  Raama,  y  según 
J,  sería  hija  de  Joctán  (Gén.  10,  28).  Raama  debe  ser  buscada  al  O. 
del  golfo  Pérsico  (Regma  de  Tolomeo),  o  más  bien  al  S.  de  Arabia  y 
al  E.  de  Sabá  o  Seba  (los  Rammanitai  de  Estrabón;  Dict.  Encyc.  art. 
Raéma) .  —  A  las  palabras  "Harán,  Canné  y  Edén'  del  comienzo  del 
v.  23,  el  T.  M.  añade  por  ditografía  (1)  del  v.  22,  "y  los  comerciantes 
de  Sabá".  Harán  era  un  importante  centro  comercial  del  N.  O.  de  la 
Mesopotamia,  sobre  el  Bali,  afluente  del  Eufrates,  a  unos  45  kms.  al 
S.  E.  de  Edesa.  Canné,  ciudad  desconocida,  que  se  supone  estuviera  cer- 
ca del  Tigris,  y  que  quizá  fuera  la  Calno  de  Is.  10,  9  (§  2927).  Edén, 
según  L.  B.  d.  C..  "en  asirlo.  Bit  Adini,  estaba  sobre  las  dos  riberas 
del  Eufrates  medio".  En  opinión  de  Scío,  era  "una  provincia  muy  ame- 
na de  Siria,  cerca  de  Damasco,  donde  se  cree  que  estuvo  situado  el 
paraíso".  —  Después  de  las  mencionadas  palabras  del  comienzo  del 
v.  23,  el  T.  M.  agrega:  "Asur  y  Kilmad'\  donde  nosotros  siguiendo  a 
L.  B.  d.  C..  hemos  puesto  "Asur  y  toda  la  Media".  Se  han  hecho  mu- 
chas conjeturas  sobre  qué  ciudad  sería  esa  Kilmad;  pero  más  aceptable 
es  leer  con  el  Talmud:  Col-Madai,  o  sea,  "toda  la  Media".  Reuss  declara 
que  todos  los  nombres  propios  que  siguen  a  Canné  en  ese  v.  son  dudo- 
sos, lo  mismo  que  la  reseña  de  las  mercancías  del  v.  24  es  casi  toda 
incierta.  "El  texto  sólo  ofrece  palabras  que  no  se  hallan  en  otra  parte, 
por  lo  que  tiene  libre  juego  la  corrjetura  filológica".  Igualmente  L.  B. 
R.  F.,  en  nota  al  v.  24  dice:  "Todo  este  pasaje  es  muy  oscuro". 

DOS  COMPOSICIONES  SOBRE  EL  REY  DE  TIRO.  —  3843.  En  su 
misticismo,  Ezequiel  no  podía  conformarse  con  que  una  simple  ciudad 
comercial  como  Tiro,  progresara  y  se  enriqueciera,  teniendo  distintos 
dioses  que  el  nacional  de  Judá.  Y  por  eso  arrecia  sus  ataques  contra 
esa  ciudad,  según  hemos  visto  anteriormente,  y  ahora  la  emprende  con- 


(1)  Ditografía.  Error  que  consiste  en  repetir  palabras  tomadas  de  la  línea 
precedente  (del  gr.  (lis,  dos,  y  grajo,  escribir).  Ese  vocablo  no  figura  en  el  Diccio- 
nario de  la  Academia  Española,  ni  en  su  reciente  Manual. 


CONTRA  EL  REY  DE  TIRO 


157 


tra  su  rey,  que  la  representaba.  Así  en  el  cap.  28  encontramos  dos  poe- 
sías contra  ese  soberano:  una  en  la  que  Ezequiel  repite  que  el  pueblo 
tirio  sería  destruido,  dando  como  razón  de  ello  el  orgullo  de  su  gober- 
nante; y  otra  en  que,  de  acuerdo  con  su  especialidad  literaria  ( íi  3839), 
entona  anticipadamente  una  endecha  por  la  muerte  de  dicho  rey.  He 
aquí  la  primera  de  esas  poesías:  28,  1  La  palabra  de  Yahvé  me  fue 
dirigida  en  estos  términos:  2  '^Hijo  de  hombre,  di  al  príncipe  de  Tiro: 
Así  habla  el  Seíior  Yahvé: 

Porque  tu  corazón  se  ha  enorgullecido 

Y  has  dicho:  Yo  soy  un  dios; 
Yo  habito  una  residencia  divina 
En  medio  de  los  mares, 

—  Aunque  no  eres  sino  un  hombre  y  no  un  dios  — , 
Porque  tu  corazón  ha  concebido  sentimientos  que  son  los  de 

[un  dios.  .  . 

3  ¿No  eres  tú  más  sabio  que  Danel? 
Ningún  misterio  es  impenetrable  para  ti. 

4  Por  tu  sabiduría  y  tu  inteligencia 
Has  adquirido  una  fortuna 

Y  has  amontonado  oro  y  plata 
En  tus  tesoros. 

5  Por  tu  gran  habilidad  en  tu  comercio. 
Has  aumentado  tu  riqueza, 

Y  a  causa  de  ésta,  se  ha  enorgullecido  tu  corazón; 

6  .  .  .  por  tanto,  así  habla  el  Señor  Yahvé: 
Porque  tu  corazón  ha  concebido  sentimientos 
Que  son  los  de  un  dios, 

7  A  causa  de  esto,  voy  a  traer  contra  ti 

A  extranjeros,  los  más  terribles  entre  las  naciones; 
Ellos  desenvainarán  sus  espadas  contra  la  belleza  de  tu  sa- 

[biduría 

Y  profanarán  tu  esplendor. 

8  Te  harán  descender  a  la  fosa  y  morirás 

De  la  muerte  de  las  víctimas  de  la  espada,  en  medio  de  los 

[mares. 

9  ¿Persistirás  en  decir:  Soy  un  dios. 
Delante  de  tus  matadores? 

Sin  embargo  no  serás  más  que  un  hombre,  no  un  dios. 
Entre  las  manos  de  los  que  le  traspasen. 
10  Morirás  de  la  muerte  de  los  incircuncisos 
Por  mano  de  los  extranjeros. 
Soy  yo  quien  lo  declara. 
Oráculo  del  Señor  Yahvé", 


158 


CONTRA  EL  REY  DE  TIRO 


3844.  Nótese  ante  todo  la  introducción  que  da  Ezequiel  a  todos 
sus  oráculos  o  composiciones  literarias:  "La  palabra  de  Yahvé  me  fue 
dirigida  en  eslos  términos",  de  modo  que  considera  sus  producciones 
como  obra  directa  de  su  dios:  su  papel  es  el  de  ser  un  simple  ama- 
nuense del  mismo.  El  dios  comienza  ordenándole:  "Di  al  príncipe  de 
Tiro:  Así  habla  el  Señor  Yahvé",  y  sigue  luego  la  catilinaria  contra  ese 
personaje.  Fácil  es  darse  cuenta  que  la  citada  manifestación  es  un  mero 
recurso  poético  del  profeta,  pues  a  nadie  se  le  ha  ocurrido  que  Ezequiel, 
cumpliendo  esa  orden,  emprendiera  viaje  hasta  Tiro  para  dirigirle  al 
rey  de  dicha  ciudad  los  ataques  personales  y  los  vaticinios  desastrosos 
que  expresa  la  poesía  que  dejamos  transcrita  (§  2983).  Después,  las 
censuras  al  monarca  tirio,  que  le  dirige  Ezequiel,  son  falsas,  dado  que 
aquél  nunca  pretendió  ser  un  dios,  como  siglos  más  tarde,  fueron  con- 
siderados como  dioses  los  Lágidas  3015  bis).  Al  respecto  escribe 
L.  B.  d.  C:  "Este  reproche  de  Ezequiel  no  parece  tener  en  vista  ni  un 
rasgo  del  carácter  personal  del  rey  de  Tiro,  su  contemporáneo  Ithobaal 
II,  ni  la  pretensión  de  la  familia  de  este  príncipe  de  descender  de  los 
dioses.  El  rey  de  Tiro  es  aquí  la  encarnación  de  su  pueblo,  al  que  la 
situación  de  su  capital  en  una  isla  inexpugnable  (v.  2),  su  habilidad 
comercial  y  su  riqueza  (vs.  3-5)  inspiraban  un  orgullo  que  Ezequiel 
estimaba  ser  desmedido  (la  hybris  de  los  griegos),  una  ofensa  a  Dios. 
Quizá,  al  mismo  tiempo,  aluda  a  una  tradición  fenicia,  tema  de  uno 
de  los  poemas  encontrados  en  Ras  Shamrá:  aquella  cuyo  héroe,  el 
rey  Keret.  se  había  creído  inmortal,  porque  era  hijo  del  dios  El; 
pero  murió  como  perecen  todos  los  hombres.  Esta  leyenda  quizá  se  la 
tiene  en  vista  también  en  Sal.  82,  6-7".  Quiere  decir,  pues,  que  la  pros- 
peridad comercial  de  Tiro  debería  ser  motivo  de  enorme  orgullo  para 
su  gobernante,  — algo  así  como  si  nosotros  los  uruguayos  nos  envane- 
ciéramos por  ser  nuestro  pequeño  país  un  oasis  de  democracia  en  medio 
del  desierto  de  los  estados  totalitarios  sudamericanos, —  y  ese  natural 
y  legítimo  orgullo  venía  a  constituir,  a  juicio  del  profeta,  un  crimen 
tan  horrible  e  imperdonable  que.  a  causa  de  él,  el  justiciero  dios  israe- 
lita iba  a  enviar  contra  dicha  ciudad  a  los  caldeos,  "extranjeros,  los 
más  terribles  entre  las  naciones"  ív.  7)  para  que  la  arruinaran  y  ma- 
taran a  su  rey.  Como  se  ve,  un  dechado  de  justicia  era  el  dios  Yahvé, 
al  que  la  ortodoxia  sigue  creyendo  que  fue  el  autor  de  tales  iniquidades. 

3845.  Igualmente  obsérvese  que  la  argumentación  del  profeta  en 
esta  poesía  está  cortada  por  los  vs.  3-5,  hasta  el  punto  que  para  prose- 
guirla, repite  en  el  v.  6  el  final  del  v.  2:  "porque  tu  corazón  ha  conce- 
bido sentimientos  que  son  los  de  un  dios",  es  decir,  considera  siempre 
con  criterio  pietista,  como  menospreciable  la  obra  descollante  del  hom- 
bre, porque  ella,  según  él  creía,  supone  un  insulto  a  la  divinidad.  En 
cuanto  al  personaje  Danel  (que  en  nuestras  Biblias,  que  dependen  ex- 
clusivamente del  T.  M..  figura  con  el  nombre  de  Daniel),  véase  lo  ex- 


CONTRA  EL  REY  DE  TIRO 


159 


puesto  en  §  3802.  L.  B.  d.  C.  agrega  a  lo  dicho  en  el  citado  párrafo: 
"Según  el  poema  que  se  le  consagra.  Danel  era  a  la  vez  justo  y  sabio, 
y  particularmente  versado  en  el  conocimiento  de  los  ritos  agrarios". 
Sobre  la  muerte  de  los  incircuncisos  (v.  10;  cf.  31,  18).  anota  el  mismo 
comentario:  "Según  Ezequiel  (32,  20-32),  suerte  miserable  aguarda  en 
el  sheol  a  las  sombras  de  aquellos  que  perecen  de  muerte  violenta  ( y 
en  general,  que  no  son  enterrados  de  acuerdo  con  los  ritos),  asi  como 
a  los  incircuncisos,  excluidos  de  su  clan  después  de  su  muerte,  como 
lo  eran  durante  su  vida.  No  hay  que  deducir  de  nuestro  texto  que,  según 
Ezequiel,  ignorasen  los  fenicios  la  circuncisión  — Herodoto  afirma  que 
la  practicaban — :  dice  solamente  que  a  su  muerte,  el  rey  de  Tiro  sería 
tratado  como  lo  son  los  incircuncisos.  En  muchos  semi-civilizados,  dice 
Van  Gennep,  el  cadáver  de  un  niño,  muerto  antes  de  haber  sido  circun- 
cidado, es  enterrado  sin  las  ceremonias  ordinarias,  o  tirado,  o  quema- 
do, p.  ej.,  en  los  Kols  de  la  India.  Quizá  ocurriera  lo  mismo  entre  los 
semitas".  Finalmente  manifiesta  Scío  que  "la  mayor  parte  de  los  Pa- 
dres tienen  esta  descripción  del  poder  y  ruina  de  Tiro,  como  una  figura 
de  la  gloria  y  de  la  caída  de  Luzbel". 

3846.  Veamos  ahora  la  endecha  anticipada  sobre  la  muerte  del 
rey  de  Tiro.  Comenzando  en  la  forma  acostumbrada,  dice  así:  28,  11 
La  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  términos:  12  "Hijo  de 
hombre,  entona  un  canto  fúnebre  sobre  el  rey  de  Tiro,  y  dile:  Así  ha- 
bla el  Señor  Yahvé: 

Tú  eras .  .  .   ( 1 ) 

De  una  belleza  perfecta. 

13  Te  encontrabas  en  Edén  en  el  jardín  divino; 
Estabas  lleno  de  sabiduría. 

Toda  clase  de  piedras  preciosas  adornaban  tu  manto, 
Sardónica,  topacio  y  diamante. 
Crisólito,  ónice  y  jaspe. 
Zafiro,  carbúnculo  y  esmeralda 

Estaban  engarzadas  en  oro  ' 

  (texto  muy  alterado) 

El  día  en  que  fuiste  creado. 

14  Junto  a  un  querubín  protector 

Yo  te  había  colocado.  (Texto  muy  incierto). 

Tú  estabas  sobre  la  montarla  santa  de  los  dioses. 

Marchabas  en  medio  de  las  piedras  de  fuego. 

(1)  '"El  hebreo  tiene  aquí  dos  palabras  que  significarían  sellando  el  modelo, 
lo  que  no  daría  ningún  sentido.  Se  ha  propuesto  corregir  en  hotam  taklil,  "un 
sello  de  perfección"  (cf.  Jer.  22.  24;  Ag.  2,  2.3),  por  lo  tanto,  un  objeto  precioso 
entre  todos  (?);  —pero  no  es  cuestión  de  nada  semejante  en  lo  que  sigue —  o 
"lo  que  pone  el  sello  (es  decir  el  colino)  a  la  perfección"  (L.  B.  d.  C). 


160 


CONTRA  EL  REY  DE  TIRO 


15  Eras  irreprochable  en  tu  conduela 
Desde  el  día  en  que  fuiste  creado 
Hasta  que  se  descubrió  una  falta  en  ti: 

16  A  causa  de  la  importancia  de  tu  comercio. 
Llenaste  tu  seno  de  violencia 

Y  pecaste. 

Entonces  profanando  tu  carácter  sagrado. 
Yo  te  eché  de  la  montaña  de  los  dioses, 

Y  el  querubín  protector  te  hizo  desaparecer 
Del  medio  de  las  piedras  de  fuego, 

17  Tu  corazón  se  había  enorgullecido  a  causa  de  tu  belleza; 
Habías  perdido  tu  sabiduría  con  motivo  de  tu  esplendor; 
Te  precipité  a  tierra; 

Te  di  en  espectáculo  a  los  reyes  (o  a  los  ángeles). 

18  Por  la  multitud  de  tus  iniquidades,  de  la  deshonestidad  de 

[tu  comercio 

Habías  profanado  mi  santuario; 
Así  de  él  he  hecho  salir  un  fuego 
Que  te  ha  devorado; 

Y  te  he  reducido  a  cenizas  sobre  la  tierra. 
Ante  los  ojos  de  todos  los  que  te  miraban. 

19  Todos  aquellos  que  te  conocían  entre  los  pueblos. 
Están  estupefactos  por  tu  causa. 

Has  venido  a  ser  un  objeto  de  espanto: 
Has  concluido  para  siempre". 

3847.  La  peculiaridad  de  esta  poesía  consiste  en  que  el  profeta 
utilizando  un  poema  anterior  sobre. la  caída  del  primer  hombre  — pro- 
pio o  ajeno,  no  lo  sabemos — ,  le  ha  agregado  la  consabida  introducción 
y  los  cuatro  últimos  vs.  para  transformarlo  en  una  endecha  sobre  el 
rey  de  Tiro,  con  quien  casi  no  tiene  relación  alguna  el  resto  de  la  com- 
posición. He  aquí  lo  que  al  respecto  nos  dice  L.  B.  d.  C:  "Este  poema 
fúnebre,  cuyo  texto  desgraciadamente  ha  sufrido  mucho,  presenta  alto 
interés,  porque  el  profeta  alude  aquí  a  una  tradición  sobre  la  pérdida 
del  Paraíso  bastante  diferente  de  las  que  han  sido  conservadas  en  el 
Génesis  (caps.  2  y  3).  Para  reconstituir  la  versión  de  la  historia  del 
Paraíso  a  la  cual  alude  Ezequiel,  hay  1°  que  hacer  abstracción  de  los 
rasgos  que  tienden  a  la  aplicación  del  relato  al  rey  de  Tiro  (comercio, 
riqueza,  vs.  16-19)  ;  2°  reconstituir  en  lo  posible  el  texto  original,  auxi- 
liándose de  las  versiones  antiguas  y  de  las  indicaciones  suministradas 
por  el  ritmo  ( el  metro  es  el  de  la  quiná ) .  Las  principales  diferencias 
entre  la  versión  que  tuvo  en  vista  el  profeta  y  las  que  han  sido  amal- 
gamadas en  el  Génesis,  parecen  ser  las  siguientes:  A)  El  jardín  de  Edén 
es  colocado  sobre  la  montaña  de  los  dioses  (v.  16),  que  está  en  el  cielo 


OTRA  TRADICfON  UEL  PARAISO 


161 


o  toca  al  cielo  (v.  17),  sin  duda  aquella  que  los  israelitas,  como  los 
babilonios  y  los  fenicios,  situaban  en  el  extremo  seplenlrión,  es  decir, 
en  el  polo  Norte  del  universo  (cf.  Is.  14,  13;  ^  2999).  Una  de  las  tra- 
diciones recogidas  en  el  Génesis  colocaba,  por  lo  demás,  el  jardín  ma- 
ravilloso cerca  de  las  fuentes  del  Tigris  y  del  Éufrates  (2,  10-14),  es 
decir,  en  las  altas  montañas  que  se  elevan  al  N.  de  los  países  habitados 
por  los  semitas.  B)  Se  dice  más  expresamente  que  en  Gén.  3,  8,  que 
el  jardín  era  la  morada  Ae  seres  divinos.  C)  El  huésped  humano  del 
Edén  está  vestido,  y  aun  mismo  vestido  suntuosamente.  D)  Su  falta  no 
consiste  en  apropiarse  indebidamente  del  discernimiento  del  bien  y  del 
mal,  porque  desde  el  origen,  está  lleno  de  sabiduría,  sino  en  enorgu- 
llecerse de  su  belleza.  E)  El  culpable,  no  sólo  es  echado  del  paraíso, 
sino  además  consumido  (v.  iS)".  Reuss,  que  no  había  logrado  descu- 
brir la  trama  de  esta  endecha,  declara  que  ella  constituye  una  de  las 
partes  más  obscuras  del  libro  de  Ezequiel;  y  cuando  la  compara  con 
la  versión  que  de  ella  dan  los  LXX,  manifiesta  que  "se  reconoce  fácil- 
mente que  el  texto  está  alterado  y  que  ya  era  ininteligible  muy  anti- 
guamente", concluyendo  con  que  desespera  saber  a  qué  se  refieren  las 
piedras  de  fuego  (v.  16). 

3848.  Según  el  detalle  de  las  piedras  preciosas  que  adornaban  el 
manto  del  huésped  del  Edén  (v.  13),  ellas  eran  de  nueve  clases:  pero 
en  la  versión  de  los  LXX  "se  leen  doce"  (Scío).  Opina  L.  B.  d.  C.  que 
"esa  enumeración  parece  haber  sido  agregada  posteriomente,  pues  re- 
produce con  exactitud  la  de  las  piedras  preciosas  que  formaban,  según 
Ex.  28,  17-20  y  39,  10-13,  la  F,  2^  y  4^  hileras  de  las  gemas  de  que 
estaba  adornado  la  bolsa  de  oráculos  del  sumo  sacerdote"  (Pectoral  o 
Racional  del  Juicio,  §  390).  Como  el  visionario  del  Apocalipsis  joá- 
nico  utilizaba  la  versión  de  los  LXX,  puso  esas  mismas  doce  clases  de 
piedras  preciosas  como  adorno  de  las  piedras  de  los  cimientos  de  su 
Jerusalén  celestial  (Apoc.  21,  19-20),  — quizá  caso  único  de  adornos 
valiosos  aplicados  a  objetos  materiales  que  van  bajo  tierra;  pero  para 
la  fantasía  no  hay  imposibles — ,  aunque  también  pudo  tomarlas  de  los 
citados  pasajes  del  Éxodo.  —  Como  el  texto  masorético  trae  en  el  v.  14: 
"Eras  un  querubín^',  e  igualmente  en  el  v.  16:  "Y  yo  te  hice  desapare- 
cer, oh  querubín  protector",  entiende  L.  B.  d.  C.  que  "con  estas  varian- 
tes la  tradición  a  la  cual  alude  Ezequiel  se  referiría  a  la  falta,  no  de 
un  hombre,  sino  de  un  ser  divino  o  semidivino,  como  esos  astros  y 
otros  miembros  del  ejército  de  lo  alto,  cuya  rebelión  se  considera  en 
Is.  14,  12-15;  §  2994,  2998)  y  en  Is.  24,  21-22  (§  3037,  3043-3044), 
o  como  esos  astros  y  esos  ángeles  cuya  caída  cuenta  el  libro  de  Enoc. 
Péro  es  más  probable  la  variante  dada  por  el  texto  griego:  nunca  en 
ninguna  otra  parte  se  habla  de  la  desobediencia  de  un  querubín:  el  que- 
rub juega  aquí  el  mismo  papel  de  protector,  guardián  de  las  cosas  sa- 
gradas contra  las  usurpaciones  del  hombre,  que  en  Gén.  3,  24".  — -  En 


162 


ORACULO  CONTRA  SIDON 


cuanto  a  las  piedras  de  fuego  (v.  16),  que  tanto  preocupaban  a  Reuss, 
se  han  dado  diversas  explicaciones  de  ellas;  pero  parece  aceptable  el 
admitir  con  L.  B.  d.  C.  que  "podría  tratarse  de  un  recinto  de  piedras 
fulgurantes  que  impedían  a  los  intrusos  el  acceso  al  jardín  divino,  como 
la  llama  de  la  espada  flamígera  que  daba  vueltas  por  todos  lados  en 
el  relato  del  Génesis  (3,  24)". 

EL  FINAL  DEL  CAP.  28.  —  3849.  Los  siete  versículos  del  final  del 
cap.  28  de  Ezequiel  contienen:  1*?  un  breve  oráculo  contra  Sidón;  y 
29  un  apéndice  más  breve  aun  sobre  la  restauración  de  Israel.  El  refe- 
rido oráculo  es  como  sigue:  28,  20  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  diri- 
gida en  estos  términos:  21  "Hijo  de  hombre,  vuelve  tu  rostro  hacia 
Sidón  y  profetiza  contra  ella.  22  Dirás:  Así  habla  el  Señor  Yahvé: 

Yo  estoy  contra  ti,  oh  Sidón, 

(o  He  aquí  que  ha  llegado  tu  turno,  oh  Sidón  ■ —  V.  S.) 

Y  haré  resplandecer  mi  gloria  en  medio  de  ti. 

Sabrás  que  yo  soy  Yahvé  cuando  te  infligiere  castigos  y  que  en  ellos 
manifestare  yo  mi  santidad. 

23  Enviaré  contra  ti  la  peste, 

Y  haré  correr  la  sangre  en  tus  calles; 
Heridos  sucumbirán  en  tu  seno. 

Cuando  la  espada  te  hiera  por  todos  lados. 

Entonces  sabrás  que  yo  soy  Yahvé.  24  Entonces  no  habrá  más  para  la 
casa  de  Israel  ni  zarza  que  punce,  ni  espina  que  cause  sufrimiento  entre 
todos  sus  vecinos  que  la  menosprecian;  y  se  sabrá  que  yo  soy  el  Señor 
Yahvé". 

Apéndice  o  epílogo.  25  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  "Cuando  yo  jun- 
tare a  los  hijos  de  la  casa  de  Israel  de  entre  los  pueblos  en  los  cuales 
están  dispersos,  manifestaré  mi  santidad  por  lo  que  les  ocurriere  ante 
la  vista  de  las  naciones;  habitarán  el  país  que  he  dado  a  mi  servidor 
Jacob.  26  Habitarán  allí  con  seguridad;  edificarán  casas  y  plantarán 
viñas.  {Habitarán  allí  con  seguridad  —  frase  repetida)  cuando  yo  hu- 
biere infligido  castigos  a  todos  los  pueblos  de  alrededor  que  los  menos- 
precian y  se  sabrá  que  yo,  Yahvé,  yo  soy  su  dios". 

•Completando  los  datos  que  sobre  Sidón  hemos  dado  en  §  3030  y 
3840.  diremos  que  esa  antiquísima  ciudad  ya  estaba  subordinada  a  Tiro 
en  época  de  Salomón  (I  Rey.  5,  6),  debiendo  después,  como  todas  las 
ciudades  fenicias,  tener  que  pagar  tributo  a  los  monarcas  asirios.  Sen- 
naquerib,  en  su  campaña  contra  Palestina  en  el  701,  colocó  como  rey 
de  Sidón  a  un  individuo  llamado  Itobaal,  que  le  fue  fiel  2922); 
pero  su  sucesor  Abdmilkut  se  sublevó  contra  Asarhadón.  Este  reprimió 


ORACULO  CONTRA  SIDON 


163 


enérgicamente  la  sublevación,  pues  decapitó  al  rebelde  y  destruyó  a  Si- 
dón.  Al  declinar  la  potencia  asiria,  esa  ciudad  se  repuso  de  sus  ruinas, 
para  luego  caer  bajo  el  dominio  de  los  caldeos,  contra  quienes  se  coligó 
con  Ammón,  Moab,  Edom  y  Judá  a  instigación  de  Egipto  (§  3548-3566).  ♦ 
Creen  algunos  que  este  oráculo  que  dejamos  transcrito,  en  el  que  se 
menciona  que  Yahvé  hará  correr  sangre  en  las  calles  de  Sidón,  y  habrá 
muchos  muertos  en  ella,  se  refiere  a  la  conquista  de  la  misma  por  Na- 
bucodonosor,  antes  o  poco  después  que  dicho  rey  tomó  y  destruyó  a 
Jerusalén  en  586.  En  cambio  L.  B.  d.  C.  opina  que  Sidón  debió  a  tiem- 
po someterse  al  soberano  babilónico,  y  luego  se  unió  a  las  naciones 
que  se  regocijaron  de  la  caída  de  Judá,  porque  el  profeta  la  acusa  de 
haber  despreciado  la  casa  de  Israel  fv.  24).  L.  B.  A.  se  pregunta  por 
aué  Sidón  es  aquí  objeto  de  un  oráculo  especial,  estando  bajo  la  depen- 
dencia de  Tiro,  y  se  contesta  diciendo:  "Quizá  esta  mención  tenía  por 
fin  completar  el  número  siete,  que  debía  ser  el  de  los  pueblos  extran- 
jeros representantes  del  mundo  pagano  en  esta  colección".  L.  B.  d.  C. 
escribe  sobre  esto:  "Este  oráculo  es  particularmente  incoloro;  así  se 
ha  pensado  que  había  sido  agregado  por  otra  mano  para  completar  el 
número  siete  de  las  naciones  censuradas  por  Ezequiel.  Sin  embargo,  las 
ideas  y  las  expresiones  son  bien  las  del  profeta.  Así  la  asociación  de 
la  sangre  a  la  peste  (v.  23;  el.  5.  17)  es  familiar  a  Ezequiel".  A  nos- 
otros nos  parece  que  la  razón  de  ser  de  este  oráculo,  además  de  la 
de  completar  el  número  sagrado  siete,  quizá  se  halle  en  lo  que  hemos 
expuesto  en  §  3830. 

3850.  En  este  corto  oráculo,  que  se  mueve  dentro  de  generalida- 
des, se  nos  vuelve  a  presentar  a  Yahvé,  como  el  dios  de  las  calami- 
dades, que  las  emplea  para  hacerse  conocer  de  pueblos  distintos  del 
suyo  propio  (¡5  3824,  3827).  Como  entre  esos  flagelos,  envía  la  peste, 
recuérdese  lo  dicho  en  í$  3681.  Según  el  escritor  de  ese  oráculo,  la  ruina 
de  Sidón  contribuiría  a  la  tranquilidad  del  pueblo  de  Yahvé,  pues  se 
asevera  en  el  v.  24  que  "entonces  no  habrá  más  para  la  casa  de  Israel 
ni  zarza  que  punce,  ni  espina  que  cause  sufrimiento  entre  todos  sus  ve- 
cinos que  la  menosprecian".  Estas  palabras  parece  que  fueron  inspi- 
radas por  las  expresadas  por  el  redactor  del  libro  de  Números,  quien 
entre  las  ordenanzas  de  Yahvé  a  Moisés  sobre  la  ocupación  de  Canaán, 
mandándole  despejar  ese  país  de  sus  moradores,  agrega:  "Pero  si  no 
echareis  delante  de  vosotros  a  los  habitantes  del  país,  los  que  de  entre 
ellos  hubiereis  dejado  allí  se  convertirán  en  espinas  en  vuestros  ojos  y 
en  aguijones  en  vuestros  costados.  Tendréis  en  ellos  enemigos  dentro 
del  país  mismo  que  ocuparéis"  (Núm.  33,  55).  Soñaban  aquellos  escri- 
tores del  destierro  con  que  el  pueblo  israelita  viviera  completamente 
alejado  de  otros  que  tuvieran  distinta  religión  y  diferentes  ideas  de  las 
de  ellos,  las  que  vendrían  a  constituir  espinas  que  los  harían  sufrir.  — 
Los  dos  vs.  finales  de  este  capítulo  nada  tienen  que  ver  con  el  oráculo 


164 


ORACULOS  CONTRA  EGIPTO 


contra  Sidón;  son  un  agregado,  probablemente  de  la  época  del  Segundo 
Isaías,  cuando  los  desterrados  se  imaginaban  que  pronto  su  poderoso 
dios  los  volvería  a  su  antigua  patria,  donde  en  adelante  vivirían  tran- 
quilamente, disfrutando  de  los  beneficios  de  una  paz  duradera,  después 
de  haber  sido  exterminados  todos  sus  enemigos.  La  realización  de  este 
sueño  patriótico  sería  a  juicio  del  escritor,  una  manifestación  de  la  san- 
tidad de  Yahvé.  entendiendo  por  tal  expresión,  como  dice  L.  B.  d.  C, 
"no  la  justicia  perfecta  de  Dios,  ni  su  horror  por  el  mal,  según  nuestra 
actual  opinión,  sino  de  una  manera  más  general,  su  majestad  y  su  po- 
der. En  cuanto  a  la  anonadación  de  las  naciones,  especialmente  de  las 
vecinas  de  Israel,  es  para  Ezequiel,  la  condición  del  restablecimiento  de 
este  pueblo,  y  de  la  paz  de  los  tiempos  mesiánicos  (cf.  caps.  38-39) . 
Por  eso  están  insertos  los  oráculos  contra  las  naciones  (caps.  25-32) 
antes  de  las  promesas  de  restauración".  Gautier  formula  el  siguiente 
juicio  sobre  este  epílogo,  que  él  cree  obra  de  Ezequiel:  "El  pensamiento 
del  profeta  está  dominado  por  el  convencimiento  de  que  los  destinos  de 
los  pueblos  se  rigen  por  una  ley  superior  de  equilibrio  y  de  compen- 
sación. Primeramente  sufrió  Israel  la  condena  y  atraviesa  una  prueba 
merecida;  pero  tiempo  vendrá  en  que  será  restaurado  y  en  que  sus 
enemigos,  a  su  vez,  serán  castigados"  ( Introduction,  I,  p.  438) . 

ORACULO.S  CONTRA  EGIPTO.  —  3851.  Los  caps.  29  a  32  de  Eze- 
quiel contienen  oráculos  no  sólo  contra  Egipto,  sino  también  contra  su 
rey  y  contra  los  auxiliares  de  ese  país  en  sus  empresas  guerreras.  Co- 
menzaremos con  los  que  nos  presenta  el  cap.  29,  el  cual  encierra,  en 
opinión  de  L.  B.  A.,  dos  discursos,  y  a  juicio  de  L.  B.  d.  C,  cuatro 
oráculos:  dos  en  verso  y  dos  en  prosa:  el  1"?  contra  el  Faraón;  el  2^ 
anuncia  la  total  destrucción  de  Egipto;  el  3^  vaticina  que  Egipto  será 
un  desierto  durante  40  años;  y  el  49  afirma  la  posterior  restauración 
de  ese  país.  He  aquí  el  primero  de  esos  oráculos. 

1°  Contra  el  Faraón.  —  29,  1  El  décimo  año,  el  décimo  mes,  a 
doce  del  mes,  me  fue  dirigida  la  palabra  de  Yahvé  en  estos  términos: 
2  "Hijo  de  hombre,  vuelve  tu  rostro  hacia  el  faraón,  rey  de  Egipto,  y 
profetiza  contra  él,  así  como  contra  todo  el  Egipto  entero.  3  Dirás:  Así 
habla  el  Señor  Yahvé: 

Yo  estoy  contra  ti,  faraón. 
Rey  de  Egipto, 

Tú  el  gran  monstruo  de  las  aguas,  que  yaces 
En  medio  de  tus  ríos  (o  de  tus  Nilos) 
Y  que  dices:  Mis  ríos  (o  Nilos)  son  míos; 
Soy  yo  quien  los  he  hecho. 


ORACULOS  CONTRA  EGIPTO 


165 


4  Pondré  garfios  en  tus  quijadas 

Y  te  sacaré  del  medio  de  tus  ríos  (o  Nilos) 
Así  como  todos  los  peces  de  tus  ríos  (o  Nilos) 
Adheridos  a  tus  escamas. 

5  Te  echaré  en  el  desierto,  a  ti 

Y  a  todos  los  peces  de  tus  ríos  (o  Nilos). 
Quedarás  extendido  en  la  superficie  de  los  campos; 
No  serás  recogido  ni  enterrado. 

A  las  bestias  de  la  tierra  y  a  las  aves  de  los  cielos 
Te  entregaré  para  que  te  devoren. 
6"  Así  todos  los  habitantes  de  Egipto  sabrán 
Que  yo  soy  Yahvé. 

29    Contra  el  Egipto  falaz. 

6*  Porque  no  has  prestado  sino  el  apoyo  de  una  caña 
A  los  hijos  de  la  casa  de  Israel; 

7  Porque  cuando  le  asieron,  te  quebraste 

Y  les  has  desgarrado  toda  la  mano; 

Porque  cuando  se  han  apoyado  en  ti,  te  has  roto 

Y  has  hecho  bambolear  sus  rifiones, 

8  A  causa  de  esto,  así  habla  el  Señor  Yahvé: 
Voy  a  hacer  venir  contra  ti  la  espada 

Y  exterminaré  de  tu  seno  hombres  y  bestias. 

9"  La  tierra  de  Egipto  será  una  soledad  y  un  desierto: 
Así  se  sabrá  que  yo  soy  Yahvé. 

3°  Egipto  será  un  desierto  durante  40  años. 
9''  Porque  dijiste:  Mis  ríos  (o  Nilos)  son  míos,  soy  yo  quien  los  ha 
hecho,  10  estaré  contra  ti  y  contra  tus  ríos  (o  Nilos)  :  haré  de  la  tierra 
de  Egipto  un  desierto  y  una  soledad  desde  Migdol  hasta  Siena  y  hasta 
la  frontera  de  Kuch  (la  Nubia ) .  11  No  pasará  por  allí  el  pie  de  nin- 
gún hombre,  ni  la  pala  de  ningún  animal  doméstico;  permanecerá  inha- 
bitada durante  cuarenta  años.  12  Haré  del  país  de  Egipto  una  desolación 
entre  las  tierras  desoladas  y  sus  ciudades  quedarán  desiertas  entre  las 
ciudades  desiertas  durante  cuarenta  años.  Dispersaré  los  egipcios  entre 
las  naciones  y  los  diseminaré  en  los  otros  países". 

4°  La  restauración  de  Egipto. 
13  Porque  así  habla  el  Señor  Yahvé:  "Al  cabo  de  cuarenta  años  jun- 
taré los  egipcios  de  en  medio  de  los  pueblos  en  los  cuales  hubieren 
estado  dispersos".  14  Restauraré  a  Egipto,  y  haré  volver  sus  hijos  al 
país  de  Pairos,  su  tierra  de  origen;  pero  no  formarán  sino  un  reino 
más  modesto  15  que  los  otros  reinos  y  que  no  se  alzará  más  sobre  las 
otras  naciones:  disminuiré  su  número  para  que  no  dominen  más  sobre 


166 


ORACULOS  CONTRA  EGIPTO 


las  otras  naciones.  16  No  serán  más  objeto  de  confianza  para  la  casa 
de  Israel,  recordando  el  pecado  al  volverse  detrás  de  ellos  (o  porque 
los  egipcios  reavivarán  el  recuerdo  de  la  falta  que  cometía  mi  pueblo 
cuando  se  volvía  hacia  ellos  —  V.  S.)  ;  así  se  sabrá  que  yo  soy  Yahvé". 

3852.  Sobre  lo  que  se  deja  transcrito,  escribe  L.  B.  d.  C:  "Los 
vs.  1-16  del  cap.  29  encierran  cuatro  oráculos  que,  en  su  forma  actual, 
se  encadenan  entre  sí;  pero  que  primitivamente  debían  ser  independien- 
tes. En  el  1"  (vs.  1-6")  Ezequiel  se  dirige  al  Faraón,  distinguiéndolo  de 
su  país  (v.  6")  ;  en  el  2"?  (vs.  6''-9'')  interpela  al  Egipto  (v.  8^)  ;  el  3° 
(vs.  9'' -12)  que  tiene  en  vista  a  la  vez  al  Faraón  y  a  su  reino,  está 
en  prosa,  a  diferencia  de  los  precedentes;  el  4"  (vs.  13-16),  igualmente 
en  prosa,  anuncia  la  futura  restauración  de  Egipto,  lo  que  no  sería 
explicable  en  la  fecha  indicada  por  el  primer  oráculo.  Esta  fecha  (ene- 
ro del  586)  conviene  también  a  los  dos  oráculos  siguientes;  es  el  mo- 
mento en  que  el  faraón  Hofra  — en  egipcio  Uah-ab-ra,  en  griego  Apriés 
o  Uafris  (588-570), —  después  de  haber  prometido  su  ayuda  a  Sedecías, 
tentó  en  efecto  una  diversión  que  obligó  a  los  caldeos  a  levantar  mo- 
mentáneamente el  sitio  de  Jerusalén;  pero  se  retiró  poco  después.  Se 
concibe  que  Ezequiel  comprobando  o  previendo  este  abandono,  haya 
asimilado  el  Egipto  a  una  caña  que  traspasa  la  mano  del  que  quiere 
apoyarse  en  ella  (vs.  6''-7).  Pero  no  es  en  el  momento  en  que  se  reali- 
zaba esta  traición  que  el  profeta  ha  debido  añadir  a  sus  amenazas  la 
promesa  de  una  restauración,  por  modesta  que  ella  fuese  (vs.  13-16)". 
■ —  Pasando  ahora  al  análisis  de  esos  oráculos,  encontramos  primera- 
mente en  el  v.  3  que  se  compara  al  Faraón  con  "el  gran  monstruo  de 
las  aguas"  (generalmente  mal  traducido  por  el  gran  cocodrilo),  alusión 
a  los  tanninim  de  Gén.  1,  21,  sobre  los  cuales  hemos  escrito  extensa- 
mente en  nuestra  Introducción,  §  27-30'^.  La  frase:  "Mis  ríos  — que 
L.  B.  d.  C.  traduce  por  Mis  Nilos —  son  míos,  soy  yo  quien  los  he  he- 
cho" se  refiere  a  los  brazos  del  gran  río  y  a  los  canales  que  los  reyes 
habían  abierto  para  la  irrigación  del  país.  Como  el  T.  M.  trae:  "Soy 
yo  que  me  he  hecho",  opina  L.  B.  d.  C.  que  "esto  podría  tener  en  vista 
la  creencia  según  la  cual  el  dios-sol,  Ra,  se  había  creado  a  sí  mismo". 
En  cuanto  a  "los  peces  de  los  ríos  adheridos  a  las  escamas"  del  mons- 
truo (frase  duplicada  en  el  T.  M.;  pero  que  se  encuentra  una  sola  vez 
en  los  LXX),  unos  la  entienden  del  ejército  egipcio  apegado  a  su  sobe- 
rano, mientras  que  la  generalidad  la  aplican  al  pueblo  sumiso  ciega- 
mente a  su  rey.  Scío,  anotando  los  vs.  4-5,  dice:  "Y  te  sacaré  fuera  de 
tu  reino  juntamente  con  todos  tus  vasallos,  que  te  seguirán  para  ir  a 
encontrarse  con  Nabucodonosor,  para  que  os  pase  a  todos  a  cuchillo, 
y  queden  todos  vuestros  cadáveres  sin  que  haya  quien  los  recoja  ni 
entierre,  tendidos  por  los  campos  para  pasto  de  las  fieras".  La  ame- 
naza de  no  ser  enterrado  es  sólo  para  el  Faraón,  pues  se  creía  que  los 
privados  de  sepultura  no  gozarían  de  la  pálida  vida  de  ultratumba  en 


ORACULOS  CONTRA  EGIPTO 


167 


el  sheol.  o  tendrían  allí  mucho  que  sufrir  por  esa  circunstancia  í§  977, 
3524).  En  el  v.  se  menciona  la  suerte  reservada,  según  Sal.  74;  14, 
a  Leviatán,  otro  dejos  antiguos  monstruos  fabulosos  o  lanninim.  L.  B.  A. 
entiende  que  el  sentido  de  esta  imagen,  como  en  el  de  la  del  hundi- 
miento de  la  nave  con  todo  su  equipaje  que  representaba  a  Tiro, 
í§  3837),  es  el  de  la  destrucción  no  del  pueblo,  sino  del  poderío  de 
Egipto. 

3853.  Por  las  razones  ya  expuestas  en  el  párrafo  precedente,  se 
compara,  en  el  segundo  oráculo  la  ayuda  que  pudiera  prestar  Egipto  a 
los  israelitas,  con  una  frágil  caña,  que  al  romperse  cuando  alguien  se 
aDovara  en  ella,  traspasara  la  mano  del  que  tal  cosa  intentase.  El  autor 
de  II  Rey.  18  tomó  de  aquí  esa  comparación,  y  la  puso  en  boca  del 
rohsakés  o  general  de  Sennaquerib.  al  dirigir  un  discurso  a  los  sitiados 
por  los  asirlos  en  Jerusalén  nara  que  se  rindieran  y  le  entregaran  esa 
plaza  2920).  En  virtud  del  aludido  auxilio  falaz  ofrecido  por  Egipto 
a  Judá,  el  feroz  Yahvé,  que  no  andaba  con  chicas,  anuncia  que  hará 
matar  a  los  hombres  y  animales  de  ese  país,  de  modo  que  quedara  redu- 
cido a  un  desierto:  "así  se  sabrá  pite  yo  soy  Yahvé",  dice  con  su  acos- 
tumbrada jactancia  el  dios  israelita,  o  mejor  se  lo  hace  decir  su  en- 
colerizado profeta.  Pero  probablemente  otro  escritor,  al  confirmar  ese 
segundo  oráculo,  formula  el  tercero  siguiente  diciendo  que  aunque  la 
vaticinada  desolación  será  completa,  desde  Migdol,  en  el  extremo  N.  E. 
de  Egipto,  hasta  la  Nubia,  al  S.,  sin  embargo,  ella  duraría  sólo  40  años. 
Este  número  que  representa  aproximadamente  una  generación,  era  lo 
nue  Ezequiel  calculaba  que  duraría  el  destierro  de  Judá  (4,  5;  §  3734). 
Para  Reuss  "la  fijación  del  número  expresa  la  idea  que  Yahvé  deter- 
mina el  destino  de  las  naciones  a  su  voluntad  y  que  la  generación  actual 
pasará  antes  de  la  restauración".  La  ortodoxa  L.  B.  A.,  a  pesar  de 
admitir  que  en  esos  40  años  podría  verse  una  cifra  simbólica  destinada 
a  designar  en  general  un  tiempo  de  prueba  y  de  sufrimiento,  se  lanza 
a  una  serie  de  cálculos  para  probar  que  ese  número  coincide  aquí  con 
la  realidad  de  los  hechos.  Parte  del  hecho  falso,  desmentido  Dor  la  his- 
toria imparcial  moderna  (§  3593)  de  que  el  año  575  ó  573.  Nabuco- 
donosor  se  apoderó  de  Egipto,  durante  el  reinado  del  faraón  Hofra,  de 
modo  que  de  ahí  habría  que  contar  los  40  años  en  que  Egipto  quedaría 
convertido  en  desierto  total,  "oor  donde  no  pasarían  ni  hombres  ni  ani- 
males" (v.  11),  hasta  el  fin  de  la  existencia  del  imperio  caldeo,  cuando 
Ciro  tomó  a  Babilonia  en  el  539.  Todas  estas  son  conjeturas  de  la  fan- 
tasía para  tratar  de  comprobar  que  las  profecías  del  libro  sagrado  del 
cristianismo  se  han  cumplido  o  se  cumplen  invariablemene.  Pues  bien, 
para  deshacer  todo  ese  castillo  de  naipes,  basta  sólo  recordar  que  no 
solamente  Egipto  nunca  fue  conquistado  por  Nabucodonosor,  sino  ade- 
más que  al  faraón  Hofra  le  sucedió  Amasis  durante  un  largo  y  feliz 
reinado  de  43  años,  del  568  al  525.  En  vez  del  anunciado  desierto,  en 


168 


ORACULOS  CONTRA  EGIPTO 


dicho  período  véanse  los  testimonios  favorables  a  ese  reinado,  que  en 
§  3012,  hemos  transcrito  de  los  historiadores  modernos  Moret  y  G. 
Jequier.  Recuérdense  especialmente  las  siguientes  palabras  de  este  último: 
"Nunca  Egipto  parece  haber  sido  tan  rico  y  tan  próspero  como  bajo  el 
hábil  gobierno  de  Amasis;  tan  fuerte  lo  había  vuelto,  que  el  mismo 
Ciro  no  se  atrevió  a  atacarlo"  (p.  258).  Expresa  el  autor  de  ese  cuarto 
oráculo,  que  después  de  la  aludida  ilusoria  desolación,  Yahvé  juntaría 
a  los  egipcios  — que  nunca  estuvieron  dispersos  en  medio  de  los  otros 
pueblos —  y  los  haría  volver  al  país  de  Patros,  o  sea,  a  la  Tebaida  o 
Alto  Egipto,  de  donde,  según  una  tradición  indígena  eran  ellos  oriun- 
dos. Agrega  aquél  además  que  el  dios  israelita  disminuiría  el  número 
de  los  egipcios  para  que  no  dominaran  más  sobre  las  otras  naciones, 
no  formando  en  adelante  sino  un  reino  modesto.  Pero  lo  cierto  es  que 
a  la  muerte  de  Alejandro  el  Grande,  Egipto  ocupó  una  destacada  posi- 
ción en  la  política  mundial,  constituyendo  durante  tres  siglos  un  rein^ 
independiene.  bajo  la  dinastía  de  los  Lágidas  f§  3014).  La  decadencia 
egipcia  realmente  comenzó  después  de  la  conquista  romana,  que  la  con- 
virtió en  provincia  destinada  a  la  explotación  agrícola,  concluyendo  de 
arruinar  ese  antes  próspero  país  las  posteriores  invasiones  musulmanas 
de  árabes  y  turcos.  Finalmente  sobre  el  v.  16  tan  diversamente  vertido 
por  los  diferentes  traductores,  anota  L.  B.  d.  C.:  "La  idea  parece  ser 
ésta:  si  Israel  ponía  nuevamente  su  esperanza  en  Egipto,  y  no  en  Yahvé 
sólo,  despertaría  en  su  Dios  el  recuerdo  de  los  tiempos  en  que  se  volvía 
culpable  de  la  misma  falta  de  fe  — bajo  Ezequías,  Yoyaquim  (§  3511) 
y  Sedecías —  y  traería  sobre  él  nuevos  castigos".  —  En  cuanto  al  final 
del  cap.  29,  vs.  17-20,  véase  §  3592. 

3854.  El  cap.  30  se  compone  de  dos  partes  que  comienzan  con  la 
consabida  frase:  "La  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  esos  térmi- 
nos", agregándose  en  la  segunda,  la  fecha  en  que  eso  ocurrió:  el  7  del 
primer  mes,  del  undécimo  año,  o  sea,  en  marzo  del  586.  En  la  primera 
parte  (vs.  1-19),  el  profeta  repite  que  Yahvé  destruirá  a  Egipto,  con- 
virtiéndolo en  un  desierto  fvs.  4  y  7) ,  y  que  además  mataría  a  todos 
sus  auxiliares,  las  tropas  mercenarias  que  componían  la  base  del  ejér- 
cito egipcio,  provenientes  de  distintos  países,  entre  los  que  nombra  a: 
Cush  (Etiopía),  Put  (Somalia),  Lud  (Lidia),  Lub  (Libia,  §  3841)  y 
toda  la  Arabia  (el  T.  M.  trae:  Cub  por  Lub,  y  "la  población  mezclada" 
por  la  Arabia).  Juntamente  con  ellos  perecerían  por  la  espada,  o  cae- 
rían a  cuchillo,  como  vierten  las  traducciones  españolas,  "los  hijos  de 
la  alianza"  (v.  5),  es  decir,  los  mercenarios  judaítas,  como  los  esta- 
blecimientos de  guarnición  en  Elefantina  (§  622,  790,  n).  El  autor  de 
esa  hecatombe  sería  Yahvé,  quien  la  ejecutaría  por  medio  de  Nabuco- 
donosor,  "el  que  hará  perecer  las  multitudes  que  pueblan  Egipto.  .  .  y 
él  mismo  con  su  pueblo.  .  .  llenarán  el  país  de  cadáveres.  Y  secaré  los 
ríos,  y  saquearé  el  país  con  todo  lo  que  contiene  por  mano  de  exlran- 


ORACULOS  CONTRA  EGIPTO 


169 


jeros.  Soy  yo,  Yahvé  quien  lo  di^o"  (vs.  10-12) .  Por  supuesto  que 
todo  esto  no  era  sino  el  producto  de  la  calenturienta  imaginación  del 
profeta,  pues,  como  sabemos,  nada  de  ello  se  realizó  3590-3594); 
pero  está  en  el  libro  sagrado,  y  la  ortodoxia  tiene  que  creerlo  como 
verdad  inconcusa.  Termina  esa  primera  parte,  asegurando  su  autor  que 
Yahvé  también  haría  desaparecer  a  los  jefes  de  Nof  (Memfis;  el  T.  M. 
trae  aquí:  "haré  perecer  los  ídolos  y  los  falsos  dioses  de  Nof")  y  no 
habrá  más  príncipe  en  el  país  de  Egipto.  Y  agrega  el  terrible  dios, 
que  esparcirá  el  terror  en  Egipto:  devastará  a  Patros  (el  Alto  Egipto)  ; 
pondrá  fuego  en  Soán  (Tanis,  al  E.  del  Delta)  :  exterminará  a  los  po- 
bladores de  No  ÍTebas)  ;  derramará  su  ira  sobre  Sin  (Pelusa,  en  la 
desembocadura  más  oriental  del  Nilo)  ;  matará  a  espada  a  los  jóvenes 
de  On  (Heliópolis)  y  de  Pibeset  (Bubastis.  también  en  la  rama  E.  del 
Nilo)  ;  y  obscurecerá  el  día  en  Tafnés  (Dafné  o  Danae,  §  3592)  y  sus 
hijas  irán  al  cautiverio,  y  todo  este  conjunto  de  calamidades,  sólo  para 
que  sepan  que  él  es  Yahvé  (vs.  13-19). 

3855.  La  segunda  parte  del  cap.  30  (vs.  20-26)  está  constituida 
por  una  fatigosa  repetición  de  que  los  brazos  del  Faraón  han  sido  o 
serán  rotos  por  Yahvé,  quien  pondrá  su  espada  (un  dios  con  espada?) 
en  manos  del  rey  de  Babilonia,  repetición  que  acusa  diversidad  de  do- 
cumentos utilizados  por  el  redactor,  los  que  son  señalados  en  esta  for- 
ma: Ez',  Ez^  y  Ez-^.  por  L.  B.  d.  C.  Esta  escribe  al  respecto:  "Abundan 
particularmente  las  repeticiones  en  este  relato:  tres  veces  se  dice  que 
Yahvé  romperá  los  brazos  del  faraón,  dos  veces  que  pondrá  su  espada  en 
mano  del  rey  de  Babilonia,  dos  veces  que  los  egipcios  serán  dispersa- 
dos. Deben  explicarse  estas  repeticiones,  como  en  tantos  otros  pasajes  del 
libro,  por  la  fusión  de  varias  redacciones  del  mismo  oráculo.  Nos  pare- 
ce que  aquí  se  utilizaron  tres  copias.  En  las  dos  más  antiguas  (vs.  20, 
22",  24,  25'',  y  vs.  25",  26),  redactadas  sin  duda  en  el  curso  del  sitio 
de  Terusalén  (588-586),  Ezequiel  anunciaba  de  modo  general  que  el  rey 
de  Egipto  iba  a  tener  los  brazos  quebrados,  es  decir,  iba  a  ser  vencido, 
por  Nabucodonosor.  En  la  tercera  (vs.  21,  22'',  23)  formulada  después 
de  la  diversión  vanamente  tentada  por  el  faraón  Hofra  en  favor  de  Je- 
rusalén  (Jer.  37,  8-10;  34,  27-22;  §  3570,  3592)  y  aun  largo  tiempo 
después,  porque  Ezequiel  sabe  que  Egipto  no  se  ha  repuesto  de  ese  gol- 
pe, el  profeta  constata  que  uno  de  los  brazos  del  rey  de  Egipto  ha  sido 
quebrado;  pero  anuncia  que  el  otro  también  va  a  ser  roto,  es  decir, 
que  Egipto  va  a  sufrir  una  nueva  derrota  (cf.  29,  6^-9)".  Ya  sabemos 
a  qué  quedó  reducida  la  anunciada  derrota  del  Faraón  por  Nabucodo- 
sor  (§  3593)  ;  pero  como  no  se  conforma  sino  el  que  no  quiere,  anota 
L.  B.  A.:  "Los  bajos  relieves  antiguos  representan  a  los  reyes  vencidos 
extendidos  por  tierra  y  esperando  su  sentencia  de  boca  del  vencedor 


170 


PARABOLA  CONTRA  EGIPTO 


que  tiene  el  pie  puesto  sobre  el  pecho  de  ellos;  así  será  Hofra.  Parece 
que  Nabucodonosor  íNebucadnetsar)  le  concedió  la  vida  como  a  Sede- 
cías,  y  debe  haber  reinado  hasta  el  564.  en  que  pereció  bajo  los  golpes 
de  Amasis,  hombre  de  baja  alcurnia,  llegado  al  rango  de  general".  Y 
refiriéndose  a  la  espada  de  Yahvé  mencionada  en  el  v.  25,  añade:  "Un 
rey  egipcio  se  hizo  representar  en  un  balo  relieve,  en  el  momento  en 
que  recibe  su  esnada  de  manos  de  su  dios.  Aquí  es  al  enemigo  de 
Egipto,  a  quien  Dios  entrega  la  espada".  ¡El  Ser  Supremo  entregando 
una  espada  a  un  rey  guerrero  para  que  concluya  con  los  habitantes  de 
un  pueblo!  Indudablemente  que  la  ortodoxia  necesita  tener  buenas  tra- 
gaderas para  admitir  como  ciertos  semejantes  relatos. 

3856.  Ezequiel,  en  sus  ejercicios  literarios,  no  se  contenta  con  lo 
mucho  que  ya  había  escrito  vaticinando  la  ruina  del  poderío  egiocio, 
sino  que  nos  presenta  ahora  en  el  cap.  31  de  su  libro,  una  parábola, 
- — género  que  con  poca  fortuna  ya  había  cultivado  anteriormente 
(§  3777) — ,  en  la  que  hace  figurar  un  maenífico  cedro,  el  cual  sin- 
tiéndose orgulloso  por  su  altura  y  esoléndido  follaie,  es  abatido  a  causa 
de  esos  sentimientos  por  la  cólera  del  dios  israelita,  que  no  podía  so- 
nortar  que  nadie  fuera  más  orgulloso  que  él.  Ese  capítulo  dice  así: 
7  El  año  undérimn,  el  tercer  mes.  (o  sea,  en  iunio  del  .586,  dos  meses 
antes  de  la  caída  de  Jerusalén).  el  pri'nern  del  me.-i.  la  palabra  de  Yahvé 
me  fue  dirigida  en  estos  términos:  2  "Hiio  de  hombre,  di  al  faraón, 
rey  de  Ef^ipto,  v  a  la  multitud  de  sus  subditos:  ^"/í  quién  te  asemejas 
en  tu  c^randeza? 

3  Te  compararé 

A  un  cedro  sobre  el  Líbano; 
Tenía  un  magnífico  ramaje.  .  . 
Una  encumbrada  altura. 
Hasta  en  medio  de  las  nubes 
Se  elevaba  su  copa. 

4  Las  aguas  lo  habían  hecho  crecer; 
El  abismo  lo  había  engrandecido. 
Haciendo  correr  sus  ríos 

Alrededor  del  lugar  donde  estaba  plantado, 
Y  enviando  sus  arroyados 
En  toda  la  comarca. 

5  Por  eso  su  altura  sobrepasaba 

La  de  todos  los  árboles  de  los  campos; 
Multiplicábase  su  follaje; 
Alargábanse  sus  ramas 

Gracias  al  agua  que  abundaba  en  sus  renuevos  (glosa). 


PARABOLA  CONTRA  EGIPTO 


171 


6  En  sus  ramas  anidaban 
Todas  las  aves  de  los  cielos; 
Bajo  su  follaje  tenían  sus  crías 
Todos  los  animales  del  campo; 

Y  a  su  sombra  habitaban 
Gran  número  de  naciones. 

7  Era  espléndido  con  su  elevada  altura, 
Sus  alargadas  ramas; 

Porque  se  hundían  sus  raíces 
Hasta  abundantes  aguas. 

8  Los  cedros  no  podían  rivalizar  con  él 
En  el  jardín  divino; 

Los  cipreses  no  tenían  la  altura 

De  sus  ramas; 

Los  plátanos  no  alcanzaban 

La  de  su  ramaje; 

Ningún  árbol,  en  el  jardín  divino. 

Se  le  comparaba  en  hermosura. 

9  Yo  lo  había  hecho  tan  hermoso. 
Con  su  abundante  ramaje 

Que  causaba  envidia  a  todos  los  árboles  del  Edén, 
Que  están  en  el  jardín  divino". 

10  Por  lo  cual,  así  habla  el  Señor  Yahvé:  '^Porque  se  ha  envanecido  de 
su  altura,  ha  elevado  su  copa  hasta  las  nubes,  y  se  ha  enorgullecido  su 
corazón  a  causa  de  su  elevación,  11  yo  lo  entregué  en  manos  de  un  con- 
ductor (lit. :  de  un  carnero)  de  pueblos,  que  lo  trató  según  su  maldad, 
y  lo  derribó.  12  Lo  cortaron  extranjeros,  los  más  temibles  entre  las  na- 
ciones; cuando  lo  arrojaron  sobre  las  montarías,  cayeron  sus  ramas  en 
todos  los  valles,  y  su  quebrado  follaje,  en  todos  los  barrancos  de  la  Tie- 
rra. Todos  los  pueblos  de  la  Tierra  huyeron  de  su  sombra  y  lo  aban- 
donaron. 

13  Sobre  su  tronco  caído  vinieron  a  morar 
Todas  las  aves  de  los  cielos, 

Y  sobre  sus  ramas  se  juntaron 
Todos  los  animales  del  campo. 

14  A  fin  de  que  en  adelante  ninguno  de  los  árboles  que  crecen  junto  a 
las  aguas,  se  envanezca  de  su  gran  altura,  ni  eleve  su  copa  hasta  las 
nubes,  y  que  ninguno  de  aquellos  que  se  sacian  de  agua,  tenga  el  cora- 
zón hinchado  de  orgullo  a  causa  de  su  elevación. 


172 


PARABOLA  CONTRA  EGIPTO 


Porque  todos  son  consagrados  a  la  muerte. 
Destinados  a  la  comarca  subterránea,  (el  sheol) 
En  medio  del  común  de  los  humanos. 
Con  aquellos  que  descienden  a  la  fosa". 

15  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  "El  día  en  que  el  cedro  descendió  al  sheol, 
ordené  al  abismo  que  hiciera  duelo  a  causa  de  él,  detuve  sus  ríos;  los 
diversos  cursos  de  agua  cesaron  de  correr.  Hice  tomar  al  Líbano  negros 
colores,  y  a  causa  de  él  desmayaron  todos  los  árboles  de  los  campos.  16 
Hice  temblar  las  naciones  al  estruendo  de  su  caída;  cuando  lo  hice  des- 
cender al  sheol  con  aquellos  que  han  bajado  a  la  fosa,  experimentaron 
consuelo  en  la  comarca  subterránea  todos  los  árboles  del  Edén,  los  más 
hermosos,  los  mejores  del  Líbano,  todos  los  que  se  abrevaban  de  agua. 
17  Ellos  también  habían  descendido  con  él  al  sheol,  junto  a  las  vícti- 
mas de  la  espada;  habían  sido  quebrados  los  que  habitaban  a  su  som- 
bra, cuando  estaban  entre  los  vivientes.  18  ¿Quién,  le  dijeron,  era  tu 
igual  en  gloria  y  en  grandeza  entre  los  árboles  del  Edén?  Sin  embargo 
has  sido  precipitado  con  los  árboles  del  Edén  en  la  comarca  subterrá- 
nea; en  medio  de  los  incircuncisos  estás  extendido,  con  las  víctimas  de 
la  espada.  —  Tal  será  la  suerte  del  Faraón  y  de  la  multitud  de  sus  sub- 
ditos, —  oráculo  del  Señor  Yahvé". 

3857.  Comenzaremos  el  estudio  del  transcrito  cap.  31,  exponiendo 
la  opinión  que  él  le  merece  a  L.  B.  d.  C.  Esta  dice:  "La  idea  general 
del  trozo  es  clara:  Ezequiel  narra  al  Faraón  una  parábola,  una  especie 
de  apólogo  semejante  a  las  antiguas  fábulas  hebraicas,  cuyos  héroes 
eran  árboles  o  arbustos  (Jue.  9,  8-15;  §  498;  II  Rey.  14,  9)  donde  el 
rey  de  Egipto  debe  encontrar  un  presagio  de  la  suerte  que  le  espera: 
la  historia  de  un  cedro  del  Líbano,  que  por  el  simple  hecho  de  su  ele- 
vada altura,  y  con  mayor  razón  por  su  orgullo,  constituía  un  desafío 
contra  Yahvé  y  que  éste  derribó  e  hirió  de  muerte.  Pero  hay  en  este 
apólogo  rasgos  que  no  convienen  al  árbol  que  es  su  héroe,  y  que  evi- 
dentemente son  sugeridos  por  la  aplicación  que  se  hará  de  la  parábola 
al  Faraón:  p.  ej.,  cuando  se  dice  (v.  12)  que  el  árbol  fue  abatido  poi 
un  conductor  de  pueblos  y  por  la  nación  más  temible  del  mundo  (los 
caldeos,  según  30,  11;  32,  12);  cuando  se  habla  (v.  13)  como  de  una 
nueva  desgracia  ocurrida  al  árbol  caído  el  hecho  de  que  aves  y  ani- 
males salvajes  se  posen  sobre  su  tronco  y  sus  ramas  (tronco  y  ramas 
representan  los  cadáveres  de  los  soldados  egipcios),  o  cuando  se  dice 
que  las  naciones  tiemblan  al  estruendo  de  la  caída  del  árbol  (v.  16), 
o  que  los  árboles  se  reunirán  en  el  sheol  con  los  humanos  (v.  14) 
especialmente  con  las  víctimas  de  la  espada  y  con  los  incircuncisos 
(v.  18).  Como  estas  desarmonías  se  encuentran  sobre  todo  en  la  segun- 
da parte  del  trozo  (vs.  10-18),  en  la  que  el  ritmo  poético  es  a  menudo 


PARABOLA  CONTRA  EGIPTO 


173 


muy  poco  perceptible,  se  ha  creído  que  esta  segunda  sección  del  oráculo 
había  sido  notablemente  retocada  por  un  corrector  menos  cuidadoso 
que  Ezequiel  de  regularidad  métrica  y  de  coherencia  en  las  imágenes. 
Pero  hay  también  de  estos  rasgos  en  la  primera  parte:  el  autor,  pen- 
sando en  Egipto,  este  don  del  Nilo,  es  que  insiste  tanto  en  la  abun- 
dancia de  las  aguas  que  aseguran  el  crecimiento  del  árbol.  Es,  pues, 
probable  que  aquí,  como  en  los  caps.  17,  18  y  23,  una  parte  a  lo  menos, 
de  los  rasgos  del  apólogo  sugeridos  por  su  aplicación  remonten  al  mis- 
mo Ezequiel.  —  Por  lo  demás,  la  parábola  no  debe  haber  sido  total- 
mente imaginada  por  el  profeta,  quien  parece  haber  conocido  y  utili- 
zado el  difundido  mito  del  árbol  del  mundo:  de  ahí  la  altura  gigantesca 
atribuida  al  cedro  (su  copa  sobrepasa  las  nubes  y  sus  raíces  se  hunden 
hasta  el  abismo,  vs.  3-4;  nuestra  Introducción,  §  45,  fig.  2)  ;  abriga 
todos  los  animales  del  campo  (v.  6)  y  a  todos  los  pueblos  de  la  Tierra 
(v.  12);  sus  restos  cubren  todos  los  valles  del  mundo  (v.  12).  ■ —  El 
creador  de  la  parábola  también  debió  ser  influenciado  por  la  tradición 
del  paraíso  perdido:  sin  duda  no  se  dice  que  el  cedro  cuya  historia  se 
nos  cuenta  estuviese  plantado  en  el  Edén  (parece  estar  sobre  el  Líba- 
no) ;  pero  es  envidiado  por  todos  los  árboles  del  jardín  divino;  como 
el  héroe  de  la  versión  seguida  por  Ezequiel  en  28,  11-19  (§  3846,  3847), 
se  enorgullece  por  su  hermosura  y  es  derribado  por  Yahvé  (Dios).  Qui- 
zá circulaba  en  Israel  una  variante  de  la  tradición  en  la  que  los  árboles 
del  Edén  competían  sobre  cual  sería  el  más  grande  y  en  que  el  que  logró 
elevarse  hasta  el  seno  de  las  nubes,  pretendía  ser  dios  y  escapar  a  la 
muerte,  al  punto  que  Yahvé  se  vió  precisado  a  mostrar  a  los  culpables 
que  ellos  son  "todos  consagrados  a  la  muerte.  .  .  como  el  común  de  los 
hombres"  (v.  14)". 

3858.  Observaremos  al  comentario  del  párrafo  precedente,  que  la 
incoherencia  en  las  imágenes  de  la  parábola  o  alegoría  no  es  un  indicio 
en  contra,  sino  a  favor  de  la  paternidad  de  Ezequiel,  pues  ya  tenemos 
ejemplos  de  su  mal  gusto  literario  en  composiciones  alegóricas  como 
la  estudiada  en  §  3777-3780,  en  la  que  aparece  un  águila  plantando  una 
semilla,  de  la  que  nace  una  vid,  cuyas  raices  están  bajo  la  misma  plan- 
tadora, etc.,  etc.  Hay  al  comienzo  de  esta  parábola  un  hecho  curioso, 
que  generalmente  pasa  desapercibido,  a  saber,  que  en  el  v.  3  el  cedro, 
en  vez  de  representar  a  Egipto,  designa  a  Asiría.  Se  trata  de  un  evi- 
dente error  muy  antiguo,  pues  pasó  a  la  versión  de  los  LXX,  y  que 
consiste  en  una  palabra  hebrea  que,  como  dice  en  nota  L.  B.  R.  F., 
"parece  designar  aquí  una  especie  de  cedro  y  no  Asiría".  Ese  error 
está  salvado  en  la  traducción  del  Rabinado  francés,  como  en  L.  B.  d.  C, 
cuya  versión  hemos  seguido  en  ¡5  3856.  Al  respecto,  manifiesta  Gautier: 
"En  el  V.  3  un  nombre  de  árbol  (empleado  también  en  Is.  41,  10  y 
Ez.  27  y  vertido  conjetural  y  equivocadamente  por  boj)  ha  sido  tomado 
por  el  nombre  de  Asiría,  lo  que  ha  conducido  a  desconocer  completa- 


174 


YAHVE  CONTRA  tODO  LO  SOBRESALIENTE 


mente  el  alcance  de  esta  profecía;  el  comienzo  y  el  fin  del  capítulo 
ívs.  2  y  18)  prueban  claramente  que  se  trata  del  Faraón  y  de  Egipto, 
V  en  manera  alguna  del  imperio  asirlo"  ( Introduction,  I,  p.  439,  n). 
L.  B.  A.  y  Scío  comentan  todo  ese  cap.  31  refiriéndolo  a  Asirla  y  no 
a  Egipto.  —  Ahora  estudiando  la  finalidad  de  esta  parábola,  vemos  que 
ella  responde  a  la  idea,  que  ya  se  encuentra  en  los  profetas  del  siglo 
VIII,  según  la  cual: 

La  soberbia  de  los  moríales  será  abatida, 
Y  el  orgullo  de  los  hombres  será  humillado; 
Yahvé  sólo  será  exaltado 
En  aquel  día.  íls.  2,  17). 

Completando  lo  dicho  en  ?  2877,  sobre  la  poesía  de  Is.  2,  6-22,  de  la 
cual  forma  parte  el  transcrito  estribillo,  recordaremos  que  en  ella  se 
dice  que  "en  aquel  día"  2808-2813  )  cuando  Yahvé  extermine  a  sus 
adversarios,  los  enemigos  de  su  pueblo,  castigará  terriblemente  no  sólo 
a  los  que  le  son  infieles  en  su  nación,  sino  además  a  todos  los  orgu- 
llosos y  bajará  lo  que  se  eleve  del  nivel  normal  o  corriente  en  todo  el 
mundo,  como  se  ve  en  los  siguientes  vs.  de  dicho  capítulo: 


Is.  2,  12  Porque  Yahvé  de  los  Ejércitos  vendrá  un  día 
Contra  todo  lo  orgulloso  y  altanero, 

Y  contra  todo  lo  que  se  eleva  para  bajarlo: 

13  Contra  todos  los  cedros  del  Líbano  altos  y  elevados, 

Y  contra  todas  las  encinas  de  Basán, 

14  Contra  todas  las  altas  montañas 

Y  contra  todas  las  colinas  elevadas, 

15  Contra  todas  las  altas  torres 

Y  contra  todos  los  baluartes  escarpados, 

16  Contra  todas  las  naves  de  Tarsis  (transatlánticos  de  la  época) 

Y  contra  todo  lo  que  encanta  la  vista  (según  V.  S.) 

o  Y  contra  todos  los  objetos  preciosos.  (Según  L.  B.  d.  C). 


Nótese  las  cualidades  desfavorables  que  le  dieron  a  su  dios  nacional 
aquellos  remotos  escritores,  que  lo  crearon  tan  ensoberbecido  en  su 
grandeza,  que  le  causaba  escozor  todo  lo  que  sobresalía  en  la  Tierra, 
ya  fuera  obra  del  hombre,  como  las  altas  torres,  ya  fuese  obra  de  la 
naturaleza,  como  las  encumbradas  montañas.  A  la  luz  de  tan  pobre 
mentalidad  se  explica  fácilmente  la  parábola  que  analizamos,  en  la  que 
su  autor  hace  aparecer  a  Yahvé  abatiendo  un  magnífico  cedro,  única- 
mente porque  era  muy  elevado,  o  sea.  que  el  dios  israelita  destruirá  a 
Egipto  por  ser  una  grande  y  poderosa  nación.  Obsérvese  finalmente  que 
el  autor  al  expresar  que  el  cedro  fue  derribado  por  un  conductor  de 


ENDECHA  SOBRE  EL  REY  DE  EGIPTO 


175 


pueblos  (vs.  11-12)  parte  de  la  base  de  que  Egipto  ya  había  sido  con- 
quistado por  Nabucodonosor  y  completamente  destruido,  hecho  cuya 
falsedad  ya  hemos  reiteradamente  puesto  en  evidencia  (§  3590-3594). 

3859.  El  cap.  32  siguiente  comprende  dos  oráculos  datados,  titu- 
lados cantos  fúnebres  o  endechas:  el  primero  va  del  v.  1  al  16,  y  aunque 
pretende  ser  un  treno  anticipado  por  la  muerte  del  Faraón,  en  realidad 
se  trata  en  él  más  de  Egipto  que  de  su  rey;  el  segundo  (vs.  17-32)  en- 
cierra el  resto  del  capítulo.  A  contiimación  transcribimos  el  primero.  32, 
1  El  undécimo  año  (de  acuerdo  con  la  versión  siríaca  y  varios  de  los 
manuscritos  de  los  LXX;  el  T.  M.  trae  "el  duodécimo"),  en  el  mes 
doce,  el  primero  del  mes  (febrero-marzo  del  585,  cerca  de  ocho  meses 
después  de  la  caída  de  Jerusalén )  la  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida 
en  estos  términos:  2  "Hijo  de  hombre,  entona  una  endecha  sobre  el 
Faraón,  rey  de  Egipto,  y  di: 

¡Ay  de  ti.  Faraón! 
¡Cómo  has  perecido 

Tú  que  eras  semejante  a  un  monstruo  en  el  seno  de  los  ma- 

\_res! 

Allí  hacías  borbotar  el  agua  por  tus  narices; 
Enturbiabas  el  agua  con  tus  pies, 

Y  agitabas  las  corrientes. 

3  Así  habla  el  Señor  Yahvé: 

Pero  yo  extenderé  sobre  ti  mi  red 

{Recogiendo  pueblos  en  gran  número)  —  glosa  explicativa  — 

Y  te  haré  entrar  en  mis  redes. 

4  Después  te  echaré  en  el  suelo. 

Te  lanzaré  a  la  superficie  de  los  campos; 
Haré  posar  sobre  ti  todas  las  aves  del  cielo, 

Y  que  se  harten  de  tu  carne  todas  las  bestias  de  la  tierra. 

5  Extenderé  tu  cuerpo  sobre  las  montañas, 

Y  llenaré  los  valles  de  tus  carnes  en  descomposición 

(o  Llenaré  los  valles  de  tus  muertos  amontonados  —  V.  S.). 

6  Abrevaré  la  tierra  con  tu  sangre 

Que  desbordará  hasta  sobre  las  montañas,  (V.  S.) 

Y  tu  sangre  llenará  las  quebradas  (o  los  arroyos). 

7  Cuando  te  extingas  (o  yo  haya  puesto  fin  a  tu  esplendor), 

[cubriré  el  cielo, 

Y  vestiré  de  negro  las  estrellas. 
Cubriré  el  sol  con  una  nube, 

Y  la  luna  no  dará  más  su  luz. 


176 


ORACULO  CONTRA  EGIPTO 


fi  Todos  los  astros  que  brillan  en  los  cielos. 
Los  oscureceré  a  causa  de  ti, 

Y  esparciré  las  tinieblas  sobre  la  tierra. 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 

3860.  Antes  de  pasar  adelante,  observaremos  sobre  lo  que  se  deja 
transcrito,  lo  siguiente:  1"  El  profeta  emplea  aquí  en  este  trozo  dos 
imágenes  o  comparaciones  distintas:  en  los  vs.  2-6  el  Faraón  es  uno  de 
aquellos  monstruos  marinos  o  tanninim  de  Gén.  1,  21,  con  el  cual  lo 
comparó  en  29,  .9  ( !;  3851-3852)  ;  pero  en  los  vs.  7-8  el  rey  de  Egipto 
es  un  astro  cuya  luz  se  extinguirá,  lo  que  traerá  como  consecuencia  que 
el  resto  del  cielo  se  cubrirá  de  tinieblas.  —  2*?  Ese  monstruo  marino 
o  gran  cocodrilo,  en  el  cap.  29  Yahvé  lo  pesca  o  lo  saca  a  tierra  con 
garfios,  mientras  que  aquí  lo  atrapa  con  red,  lo  que  recuerda  el  medio 
de  que  se  valió  Marduk  para  vencer  a  Tiamat,  la  diosa  del  caos  (nues- 
tra Introducción,  §  26).  L.  B.  d.  C.  recuerda  al  respecto,  que  ni  el  coco- 
drilo, ni  el  hipopótamo  no  se  capturan  con  red.  —  3*=*  Sólo  en  el  v.  2 
se  emplean  los  versos  asimétricos  y  el  procedimiento  propío^  de  la  quiná 
o  lamentación  fúnebre,  los  demás  son  versos  ordinarios  en  los  que  se 
predice  la  futura  caída  del  Faraón  que  operará  Yahvé. 

3861.  Continuemos  con  la  transcripción  de  esta  composición,  que 
comenzó  siendo  endecha,  y  resulta  ahora  ser  vaticinio,  sin  metáforas, 
de  la  futura  suerte  de  Egipto.  —  32,  9.  Sumiré  en  la  aflicción  el  cora- 
zón de  muchos  pueblos,  cuando  yo  traiga  tus  cautivos  (el  T.  M.  dice 
"tu  ruina")  entre  las  naciones,  en  países  que  tú  no  conoces.  10  Asom- 
braré a  muchos  pueblos  cuando  sepan  tus  desgracias,  y  sus  reyes  se  es- 
tremecerán de  terror  cuando  yo  blandiere  mi  espada  delante  de  ellos; 
temblarán  en  todo  momento  cada  uno  por  su  vida,  desde  el  día  de  tu 
caída.  11  Porque  así  habla  el  Señor  Yahvé:  La  espada  del  rey  de  Babi- 
lonia se  abatirá  sobre  ti. 

12  Haré  caer  la  multitud  de  tus  subditos  por  la  espada  de  hom- 

[bres  valientes. 
Todos  de  entre  los  más  temibles  de  las  naciones; 
Saquearán  la  opulencia  de  Egipto, 

Y  aniquilarán  completamente  la  multitud  de  sus  habitantes. 

13  Haré  perecer  todo  su  ganado 
A  orillas  de  las  grandes  aguas. 

Las  que  no  serán  enturbiadas  ni  por  el  pie  del  hombre. 
Ni  por  la  pezuña  de  los  animales. 

14  Aclararé  las  aguas  de  esas  comarcas, 

Y  haré  correr  sus  ríos  como  aceite. 
Oráculo  del  Señor  Yahvé. 


ENDECHA  SOBRE  EGIPTO 


177 


15  Cuando  yo  reduzca  el  Egipto  en  desierto, 

Y  que  ese  país  sea  despojado  de  lo  que  contiene. 
Cuando  hiera  a  todos  ¡os  que  lo  habitan. 
Entonces  sabrán  que  yo  soy  Yahvé. 

.  16  Esta  es  una  endecha.  Tú  la  cantarás;  después  la  cantarán  las  hijas 
de  las  naciones;  ellas  la  cantarán  sobre  Egipto  y  sobre  toda  la  multitud 
de  sus  habitantes,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé. 

3862.  Aunque  en  el  v.  16  se  insiste  en  que  esta  composición  es 
una  endecha,  en  realidad  sólo  lo  es  el  v.  2;  lo  restante  es  una  de  las 
tantas  profecías  de  Ezequiel  contra  Egipto,  país  al  que  repetidamente 
le  anuncia  que  será  totalmente  arrasado  por  el  ejército  de  Nabucodo- 
sor  (vs.  11-12).  Pero  mientras  en  un  lado  se  dice  que  parte  de  sus 
habitantes  serán  llevados  cautivos  entre  las  naciones  (v.  9),  en  otro 
se  anuncia  el  total  exterminio  de  todos  sus  moradores  y  hasta  de  sus 
ganados,  a  fin  de  que  se  país  quede  convertido  en  desierto,  despojado 
de  todo  lo  que  contiene  (vs.  12-13,  15).  Como,  según  la  concepción  del 
profeta,  el  rey  de  Babilonia  es  un  sumiso  servidor  de  Yahvé,  bajo  cuyas 
órdenes  obra,  resulta  que  su  espada  es  la  espada  del  dios  israelita,  por 
lo  cual  éste  dice:  "cuando  yo  blandiere  MI  espada"  los  reyes  de  mu- 
chos pueblos  se  estremecerán  de  terror,  temiendo  por  su  propia  vida, 
desde  el  día  en  que  lleguen  a  conocer  la  catástrofe  egipcia  (vs.  10-11). 
Tocante  al  v.  14,  expresa  L.  B.  d.  C:  "El  agua  del  Nilo  tiene  habitual- 
mente  un  color  terroso,  rojizo;  el  autor  se  lo  explica  por  la  agitación 
que  mantienen  allí  los  hombres  que  van  a  sacar  agua  y  por  las  nume- 
rosas manadas  de  búfalos  que  entran  a  bañarse  y  abrevar".  Y  comen- 
tando la  frase  del  v.  16  de  que  esta  endecha  será  cantada  por  las  hijas 
de  las  naciones,  la  citada  versión  en  nota  dice:  "Los  poemas  fúnebres 
compuestos  con  motivo  de  un  fallecimiento  o  de  una  desgracia  pública 
a  menudo  eran  aprendidos  de  memoria  por  lloronas  profesionales  (19, 
14;  Jer.  9,  20;  II  Crón.  35,  25;  II  Sam.  1,  iS),  sin  duda  para  ser 
repetidos  en  las  diversas  ceremonias  celebradas  en  ocasión  o  en  el  ani- 
versario del  suceso". 

3863.  Pasemos  a  examinar  la  segunda  endecha  del  cap.  32,  última 
composición  de  Ezequiel  contra  Egipto.  32,  17  El  duodécimo  año.  .  . 
el  quince  del  mes,  la  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  térmi- 
nos: 18  "Hijo  de  hombre,  entona  una  endecha  sobre  la  multitud  de  los 
habitantes  de  Egipto  y  hazlos  descender,  tú  y  las  hijas  de  las  naciones, 
hacedlos  descender  a  la  comarca  subterránea,  con  aquellos  que  han  ba- 
jado a  la  fosa.  20  Caerán  en  medio  de  las  víctimas  de  la  espada  y  junto 
a  ellas  es  que  se  ha  preparado  el  lecho  de  toda  la  multitud  de  los  habi- 
tantes de  Egipto.  (Texto  incierto).  21"  Los  príncipes  de  los  héroes  dirán 
al  Faraón,  del  seno  del  sheol: 


178 


HABITANTES  ÜEL  SHEOL 


19  ¿Por  qué  serás  tratado  más  favorablemente  que  otros?  Des- 

[ciende 

Y  yace  entre  los  incircuncisos.  §  3845. 
21''  Y  con  sus  auxiliares,  descenderá  y  se  acostará 

Junto  a  los  incircuncisos,  víctimas  de  la  espada.  (Texto  muy 

[incierto] 

22  Allí  está  Asur  y  todo  su  ejército  {alrededor  de  su  sepultura,  todos 
traspasados,  caídos  bajo  la  espada),  23  cuyas  tumbas  están  puestas  en 
lo  más  profundo  de  la  fosa;  el  ejército  de  Asur  está  alrededor  de  su 
sepultura,  todos  traspasados,  caídos  bajo  la  espada,  ellos  que  extendían 
el  terror  en  ¡a  tierra  de  los  vivientes.  Allí  está  Elam  3614)  y  toda  la 
multitud  de  su  pueblo  alrededor  de  su  sepultura,  todos  traspasados,  caí- 
dos bajo  la  espada;  han  descendido  incircuncisos  a  la  comarca  subte- 
rránea, ellos  que  extendían  el  terror  en  la  tierra  de  los  vivientes;  llevan 
su  afrenta  junto  a  los  que  han  descendido  en  la  fosa.  25  En  medio  de 
los  que  perecieron  traspasados  por  la  espada,  es  que  se  le  ha  preparado 
una  cama,  así  como  a  toda  la  multitud  de  su  pueblo,  tendida  alrededor 
de  su  sepultura,  todos  incircuncisos  víctimas  de  la  espada;  porque  el 
terror  los  cercaba  en  la  tierra  de  los  vivientes;  pero  llevan  su  afrenta 
junto  a  los  que  han  descendido  en  la  fosa;  fueron  puestos  en  medio  de 
los  traspasados.  26  Allí  están  Mesec,  Tubal  (5  3841)  y  toda  la  multitud 
de  su  pueblo  alrededor  de  su  sepultura,  todos  incircuncisos,  traspasados 
por  la  espada.  Porque  en  vano  extendieron  el  terror  en  la  tierra  de  los 
vivientes:  27  ellos  no  están  acostados  con  los  héroes  caídos  en  otros 
tiempos  y  que  descendieron  al  sheol  con  sus  armas  de  guerra,  puestas 
sus  espadas  bajo  sus  cabezas  y  sus  escudos  sobre  sus  huesos,  porque  su 
valentía  era  temida  en  la  tierra  de  los  vivientes.  28  Pero  tú,  te  acostarás 
en  medio  de  los  incircuncisos,  con  las  víctimas  de  la  espada.  29  Allí 
están  Edom,  sus  reyes  y  todos  sus  príncipes.  A  despecho  de  su  valor 
han  sido  puestos  con  las  víctimas  de  la  espada;  yacen  con  los  incircun- 
cisos, entre  aquellos  que  han  descendido  a  la  fosa.  30  Allí  están  todos 
los  príncipes  del  Norte,  y  todos  los  sidonios;  han  descendido  traspasa- 
dos por  la  espada,  a  despecho  del  terror  inspirado  por  su  valentía,  y 
yacen  incircuncisos,  con  las  víctimas  de  la  espada;  llevan  su  afrenta 
entre  los  que  han  descendido  a  la  fosa.  31  El  Faraón  los  verá  y  se  con- 
solará de  la  suerte  de  toda  la  multitud  de  sus  subditos.  (El  Faraón  y 
todo  su  ejército  serán  traspasados  por  la  espada,  —  glosa),  oráculo 
del  Señor  Yahvé.  32  Porque  en  vano  ha  extendido  el  terror  en  la  tierra 
de  los  vivientes:  yacerá  en  medio  de  los  incircuncisos,  con  las  víctimas 
de  la  espada,  el  Faraón  así  como  toda  la  multitud  de  sus  subditos, 
oráculo  del  Señor  Yahvé". 

3864.  Si  alguna  duda  tuviéramos  de  las  escasas  dotes  literarias 
de  Ezequiel,  bastaría  a  comprobarlo  ampliamente  el  trozo  que  antecede, 


HABITANTES  DEL  SHEOL 


179 


aún  descartando  de  éste  las  añadiduras  que  le  han  hecho  inhábiles  reto- 
cadores, como  en  los  vs.  22,  25  y  31.  Son  tan  insoportables  las  inútiles 
repeticiones  que  encierra,  que  se  necesita  mucha  buena  voluntad  para 
leerlo  íntegramente.  Ahora  sobre  el  fondo  de  la  composición,  es  decir, 
sobre  la  existencia  y  cualidades  del  sheol,  así  como  idénticas  concep- 
ciones de  la  vida  de  ultratumba  entre  los  egipcios,  babilonios,  y  grie- 
gos, léanse  en  el  tomo  III.  los  párrafos  973  a  983,  y  en  el  tomo  V, 
§  1709.  Veamos  lo  que  al  respecto  nos  dice  L.  B.  d.  C:  "Este  capítulo 
(mejor  dicho,  esta  parte  del  cap.  32)  constituye  un  precioso  testimonio 
sobre  las  ideas  israelitas  relativas  a  lo  que  sigue  a  la  muerte.  El  sheol, 
que  en  ciertos  aspectos,  es  un  ensanche  de  la  caverna  sepulcral,  es  con- 
cebido allí  como  una  especie  de  cementerio  subterráneo,  en  el  que  las 
tumbas  de  los  difuntos  están  agrupadas  por  naciones  alrededor  de  la 
sepultura  del  epónimo  de  cada  pueblo  (Asur,  Elam,  &),  es  decir,  apa- 
rentemente de  su  rey.  Subsisten,  pues,  allí  las  distinciones  nacionales; 
también  las  distinciones  sociales:  los  reyes  conservan  su  rango;  los 
incircuncisos  permanecen  siendo  parias;  y  yacer  junto  a  ellos  constituye 
una  afrenta.  Ezequiel  admite  por  tanto,  que  en  el  sheol  hay  por  lo  me- 
nos dos  condiciones  diferentes  para  los  difuntos:  una  más  favorable, 
la  otra  más  miserable.  Esto  ha  sido  negado  recientemente,  porque  en 
el  V.  27  se  ha  preferido  la  variante  de  los  LXX  y  la  Pechitto,  según  la 
cual  los  incircuncisos  y  asimilados  yacen  con  los  héroes.  Pero,  aunque 
se  adopte  esta  variante,  siempre  queda  que,  para  Ezequiel.  ser  relegado 
junto  a  los  incircuncisos  y  a  los  que  han  sido  traspasados  por  la  espada, 
en  lo  más  profundo  de  la  fosa,  es  decir,  en  una  región  especial  de  la 
sombría  morada,  constituye  una  amenaza  (cf.  ya  28,  10;  31,  18)  y  el 
v.  27,  con  la  variante  del  hebreo,  que  parece  decididamente  preferible, 
da  una  excelente  explicación  de  la  suerte  reservada  así  a  las  víctimas 
de  la  espada:  es  que  en  general  sus  cadáveres  han  sido  abandonados  en 
el  campo  de  batalla  y  no  enterrados  según  los  ritos,  con  sus  armas  en 
su  tumba.  Según  Is.  14.  15,  el  rey  de  Babilonia  igualmente  es  precipi- 
tado "en  lo  más  profundo  del  hoyo  o  del  abismo"  í$  2994-2997),  por- 
que no  recibió  sepultura.  Las  desigualdades  así  establecidas  entre  habi- 
tantes del  sheol  no  son,  por  lo  demás,  una  innovación  del  tiempo  de 
Ezequiel  (recuérdese  sin  embargo,  que  Is.  14,  15  es  posterior  a  Eze- 
quiel), ni  un  signo  precursor  de  la  separación  que  se  admitirá  en  el 
siglo  II.  entre  justos  y  malvados  después  de  la  muerte.  Las  distinciones 
entre  difuntos  se  fundan  en  su  género  de  muerte  y  en  la  observancia  o 
inobservancia  de  los  ritos  funerarios,  como  en  muchos  pueblos  antiguos 
(babilonios,  griegos,  latinos,  &)  o  incivilizados,  y  no  sobre  la  conducta 
buena  o  mala  de  los  fallecidos.  Si  se  dice  de  muchos  muertos  desfavore- 
cidos que  habían  extendido  el  terror  en  la  tierra  de  los  vivientes,  es  quizá 
para  explicar  que  murieron  a  espada;  pero  como  otro  tanto  se  dice  de  los 
héroes  caídos  en  otros  tiempos  (v.  27).  es  mucho  más  probable  que  sea 


180 


VIAJES  A  LAS  MORADAS  DE  LOS  MUERTOS 


a  despecho  de  la  valentía  temible  desplegada  durante  la  vida  por  esos 
guerreros  que  muchos  de  entre  ellos  sufren  una  suerte  miserable  en  el 
mundo  de  los  muertos.  —  El  texto  de  este  trozo  ha  sufrido  mucho". 

3865.  Ezequiel,  que,  como  sabemos,  cultivaba  los  cantos  fúnebres 
anticipados  sobre  la  muerte  de  grandes  personajes,  nos  da  aquí  un  ejem- 
plo de  esos  fantásticos  viajes  a  la  morada  de  los  muertos,  imitado  quizá 
del  Descenso  de  Istar  a  los  infiernos,  y  que  encontramos  también  en  la 
Odisea,  en  la  Eneida  y  por  último  en  la  Divina  Comedia  de  Dante.  En 
el  citado  poema  babilónico  del  Descenso  de  Istar  a  los  infiernos,  lúgu- 
bre región  gobernada  por  Nergal  y  su  compañera  Eraskigal  (  nombre 
éste  último  sumerio;  Allatú,  en  semítico),  donde  sus  moradores  se  ali- 
mentan de  polvo  y  fango,  nunca  ven  la  luz,  "están  instalados  en  la  no- 
che", y  donde  ni  aun  la  diosa  Istar  tiene  el  derecho  de  penetrar  sin 
haberse  previamente  quitado  todos  sus  adornos  y  vestidos:  imagen  del 
despojo  absoluto  que  ocasiona  la  partida  de  este  mundo;  y  así  más 
tarde  el  autor  del  poema  de  Job,  le  hace  decir  a  su  héroe:  "Desnudo 
tornaré  al  seno  de  mi  Madre"  (1,  21),  (1)  También  en  la  literatura 
babilónica  hallamos  en  la  Epopeya  de  Gilgamés  detalles  de  la  existencia 
de  los  muertos  en  el  Mundo  Subterráneo,  donde  todos  están  sumidos 
en  el  polvo,  aunque  tienen  una  situación  menos  miserable  los  caídos  en 
el  campo  de  batalla,  atendidos  luego  por  sus  parientes,  que  aquellos 
otros  cuyos  cadáveres  insepultos  no  han  recibido  ningún  rito  funerario, 
pues  estos  últimos  no  tienen  allí  reposo  y  para  alimentarse  sólo  dispo- 
nen de  las  sobras  de  cocina  y  los  restos  que  se  arrojan  a  la  calle  (J. 
BoTTERO,  ps.  103-104).  En  la  Odisea,  la  descripción  del  país  de  los 
muertos,  que  hace  Ulises  cuando  va  a  consultar  la  sombra  del  adivino 
Tiresias,  tiene  muchos  puntos  de  contacto  con  el  sheol  de  Ezequiel,  pues 
es  una  horrible  morada  de  las  sombras,  que  sólo  hablan  cuando  han 
bebido  la  sangre  del  sacrificio  que  se  les  ha  hecho;  lamentan  la  perdi- 
da vida,  y  carecen  de  todo  gozo.  La  justicia  de  ultratumba  aparece  en 


(1)  La  frase  complea  del  v.  21"  es  esta:  "Desnudo  salí  del  seno  de  mi  ma- 
dre, y  desnudo  tornaré  allí".  El  escritor  que  la  escribió,  tomó  en  dos  sentidos  dis- 
tintos la  expresión  seno  de  mi  madre.  El  primero  es  el  sentido  natural  y  humano; 
el  segundo  se  refiere  al  seno  de  la  madre  tierra.  Es  como  si  hubiera  dicho:  "Des- 
nudo salí  del  claustro  materno,  y  desnudo  tornaré  a  la  tumba".  Así  lo  entendió 
el  Sirácida,  escritor  judío  del  siglo  II  a.  n.  e.,  quien  en  su  obra  el  Eclesiástico, 
hablando  del  hombre,  dice:  "desde  el  día  en  que  sale  del  seno  de  su  madre, 
hasta  el  día  en  que  retorna  al  seno  de  la  madre  de  todos  los  vivientes"  (40,  7), 
pues  era  creencia  general  no  sólo  entre  los  israelitas  (Gen.  3,  19),  sino  en  mu- 
chos pueblos  antiguos,  especialmente  griegos  y  latinos,  que  procedemos  de  la  tie- 
rra, por  lo  que  a  ella  debemos  volver.  Igualmente  en  Eclesiastés,  5,  15  refiriéndose 
también  al  hombre,  se  lee:  "Como  salió  del  seno  de  su  madre,  así  desnudo  volverá 
como  ha  venido,  y  nada  recibirá  por  su  trabajo  que  pueda  llevarse  en  su  mano" 
17i3). 


CARENCJyV  DE  ORACULOS  CONTRA  BABILONIA  , 


181 


Grecia  en  el  siglo  V  a.  n.  e.,  como  lo  comprueban  obras  de  los  grandes 
trágicos  (§  982).  No  es  extraño,  pues,  que  en  época  muy  posterior, 
Virgilio,  en  el  infierno  de  su  Eneida,  hace  separar  los  buenos  de  los 
malos,  los  primeros  van  a  los  Campos  Elíseos  y  los  segundos  son  arro- 
jados al  Tártaro  (§  982).  En  la  Divina  Comedia,  Dante  ya  nos  describe 
el  más  allá,  de  acuerdo  con  la  concepción  teológica  de  la  iglesia  cató- 
lica, imperante  en  su  época. 

3866.  Haremos  ahora  algunas  aclaraciones  sobre  ciertos  versículos 
de  la  endecha  que  estudiamos.  Como  en  el  v.  17  falta  en  el  texto  he- 
breo la  indicación  del  mes,  los  LXX  conjeturaron  que  debia  ser  el 
primer  mes  (marzo-abril  del  585)  y  así  lo  pusieron  en  su  versión;  pero 
L.  B.  d.  C.  cree  que  quizá  sería  mejor  leer  en  vez  del  quince,  el  cinco 
del  décimo  mes  (diciembre  del  585  -  enero  del  584).  —  En  el  v.  18 
el  dios  ordena  que  tanto  el  profeta  como  las  hijas  de  las  naciones  ento- 
nen la  endecha  que  dicta,  a  fin  de  que  los  habitantes  de  Egipto  des- 
ciendan al  sheol,  es  decir,  se  considera  que  esa  canción  fúnebre  tenía 
el  poder  mágico  de  forzar  a  aquellos  contra  los  cuales  iba  dirigida,  a 
bajar  a  dicha  morada  subterránea.  —  Como  en  el  v.  27  se  dice  que 
los  héroes  descendieron  al  sheol  con  sus  espadas  y  escudos,  observa 
L.  B.  d.  C.  que  "en  los  entierros  regulares,  se  sepultaban  a  los  guerre- 
ros con  sus  armas,  los  niños  con  sus  juguetes,  las  mujeres  con  sus  ins- 
trumentos de  trabajo  o  sus  objetos  de  tocador,  y  los  reyes  con  sus  in- 
signias". —  Opina  igualmente  L.  B.  d.  C.  que  en  el  v.  29  quizá  debe 
leerse  "Aram"  (Siria)  en  vez  de  Edom,  pues  lo  que  en  él  se  dice  con- 
viene mejor  al  pueblo  sirio  que  fue  un  enemigo  temible  de  Israel,  mien- 
tras que  el  odio  contra  Edom  procedía  ante  todo  de  su  perfidia.  — 
Entre  los  habitantes  del  sheol  menciona  el  profeta  en  el  v.  30  a  los 
príncipes  del  Norte  y  a  los  sidonios:  los  primeros  podrían  ser  los  hititas 
(§  17,  22,  25,  84)  :  y  en  cuanto  a  los  segundos,  quizá  sea  el  nombre 
dado  a  los  fenicios  caídos  en  ese  entonces,  en  la  guerra  que  sostenía 
Nabucodonosor  contra  Tiro. 

CARENCIA  DE  ORACULOS  CONTRA  BABILONIA.  —  3867.  Es  un 
hecho  curioso,  que  merece  destacarse,  que  Jeremías  y  Ezequiel  no  for- 
mularon ningún  oráculo  contra  Babilonia,  el  país  que  concluyó  con  la 
independencia  de  Judá,  destruyó  su  capital,  y  quemó  el  templo  de  su 
dios.  Cierto  es  que  en  el  actual  libro  de  Jeremías  se  encuentran  los 
caps.  50  y  51  destinados  a  vaticinios  contra  Caldea  y  su  rey;  pero  ya 
hemos  demostrado  que  se  trata  de  posteriores  añadiduras  extrañas  por 
completo  al  profeta  de  Anatot  ( §  3462-3475 ) .  Lo  mismo  ocurre  con  el 
oráculo  del  cap.  25  del  mismo  visionario,  en  que  Yahvé  ordena  que  se 
dé  a  beber  la  copa  del  vino  de  su  cólera  al  Chechak,  nombre  cripto- 
gráfico del  rey  de  Babilonia  (§  3430)  pues  como  con  razón  dice  L.  B. 
d.  C:  todo  hace  pensar  que  esa  profecía  "no  emana  de  Jeremías  mis- 


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CARENCIA  DE  ORACULOS  CONTRA  BABILONIA 


mo,  en  todo  caso  bajo  su  forma  actual".  Jeremías  no  sólo  no  ataca  a 
Nabucodonosor,  sino  que  lo  considera  como  el  servidor  de  Yahvé:  todo 
lo  que  hace  en  Judá  el  soberano  caldeo,  es  ordenado  por  el  dios  israe- 
lita. Ezequiel,  que  se  ajusta  a  la  propaganda  de  Jeremías,  sigue  fiel- 
mente los  consejos  que  éste  da  a  los  deportados  en  la  carta  ya  estudiada 
en  §  3561-3563,  de  la  lealtad  al  gobierno  babilónico.  Por  eso  se  limita  a 
vaticinar  la  futura  restauración  de  Israel,  sin  anunciar  la  caída  de  Ba- 
bilonia, como  lo  harán  más  tarde  el  II  Isaías  y  otros  escritores,  cuando 
se  conocieron  los  éxitos  guerreros  de  Ciro.  Sus  oráculos  contra  las  na- 
ciones son  por  lo  tanto,  como  los  de  Jeremías,  únicamente  contra  los 
pueblos  vecinos  de  Judá,  y  contra  los  fenicios  y  egipcios. 


CAPITULO  VIII 

La  deportación  del  586  y  sus  consecuencias 


LA  CAIDA  DE  JERUSALEN.  _  3868.  Al  fin  se  cumplieron  los  va- 
ticinios pesimistas  de  Jeremías  y  Ezequiel:  la  capital  de  Judá,  consi- 
derada inexpugnable,  cayó  en  poder  del  rey  de  Babilonia,  en  el  año 
586,  terminando  con  su  caída  el  reino  que,  mucho  más  extenso,  había 
fundado  Saúl,  cinco  siglos  antes.  Ese  país  — cuyo  territorio  muy  mer- 
mado, pues  constaba  sólo  de  unos  tres  mil  kilómetros  cuadrados, — 
debía  tener  en  ese  entonces  una  población  que  no  excedería  de  las  cien 
mil  almas.  Parte  de  ella  fue  deportada  a  Babilonia  por  el  vencedor, 
en  tres  fechas  distintas,  calculándose  que  en  conjunto  el  número  de 
deportados  fue  más  o  menos  el  quinto  del  total  de  sus  habitantes,  y: 
aún  hay  autores  que  creen,  que  ese  número  no  pasó  del  octavo  de  dicho 
total.  Sobre  la  conquista  de  Jerusalén  y  sobre  la  cantidad  de  judaítas 
que  fueron  desterrados,  léanse  los  párrafos  §  3460-3461,  3585  y  los  en 
ellos  indicados.  De  los  mismos,  resulta  con  toda  evidencia  que  Judá  no 
quedó  convertido  en  un  desierto,  como  se  lo  imaginaron  los  nombrados 
profetas  — y  así  aseveraron  que  ocurriría — ,  y  que  la  mayor  parte  de 
la  población,  quizá  cerca  de  los  4/5  de  ella,  permaneció  en  el  país. 
Como  expresan  varios  autores,  lo  dicho  en  contrario,  son  simples  hipér- 
boles de  poetas  y  oradores.  En  virtud  de  las  tres  deportaciones  de  judaí- 
tas efectuadas  por  Nabucodonosor  (Jer.  52,  28-30;  §  3460)  y  de  las 
emigraciones  voluntarias  u  obligadas  a  causa  de  la  guerra,  su  pobla- 
ción quedó  dividida  en  tres  grupos  a  la  terminación  del  reino  de  Judá: 
1°  los  que  permanecieron  en  el  país;  2°  los  emigrados  antes  o  después 
del  597  y  los  israelitas  deportados  con  anterioridad  a  esta  última  fecha; 
y  3^  los  desterrados  a  Babilonia.  Estudiaremos  separadamente  cada  uno 
de  estos  tres  grupos. 

3869.  19  Los  que  quedaron  en  Judá.  Según  II  Rey.  24,  14,  cuando 
la  primera  deportación,  Nabucodonosor  "llevó  cautivos  a  toda  Jerusa- 


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CAIDA  DE  JERUSALEN 


lén,  no  quedando  más  que  los  pobres  del  país''  (1)  ;  y  tomada  Jerusalén 
por  los  caldeos  en  586,  Nabuzaradán,  capitán  de  la  guardia  del  rey- 
de  Babilonia,  llevó  cautivos  a  los  habitantes  que  habína  sobrevivido  y 
se  encontraban  aún  en  la  ciudad,  así  como  a  los  desertores  que  se  ha- 
bían pasado  al  rey  de  Babilonia,  y  a  todo  el  resto  de  la  población,  no 
dejando  en  el  país  sino  algunos  pobres  como  viñadores  y  labradores 
(II  Rey.  25,  77-72).  Ya  hemos  visto  que  estos  datos  sobre  los  que  no 
fueron  desterrados,  son  erróneos  ( §  3460-3461 )  ;  "no  deben  ser  toma- 
dos al  pie  de  la  letra,  dice  Lods,  pues  entre  los  judaítas  que  los  caldeos 
dejaron  en  el  país,  encontramos  personajes  descollantes,  como  Gueda- 
lias  y  Jeremías  y  miembros  de  grandes  familias,  como  las  hijas  del  rey 
íjer.  41,  10;  43,  6;  $  3585).  Más  tarde  todavía  la  población  judía  de 
Palestina  parece  haber  contado  con  sacerdotes  (Lam.  1,  4;  §  3638)  y 
ancianos  (Lam.  2,  10;  §  3628)"  {Les  Prophétes,  p.  197).  Sin  embargo, 
después  del  corto  gobierno  de  Guedalias,  en  el  que  se  incorporaron  a 
la  población  judaítas  dispersos  en  los  países  vecinos  (§  3585),  la  situa- 
ción general  debe  haber  sido  allí  muy  deplorable,  ya  que  se  veían  pri- 
vados de  los  elementos  dirigentes  y  de  los  principales  artesanos,  y  esta- 
ban a  merced  de  extranjeros  que  los  cargaban  de  impuestos  y  los  some- 
tían a  pesadas  corveas  y  vejámenes,  según  así  lo  describen  escritores 
quizá  presenciales  de  esos  sucesos  íLam.  5;  §  3637).  Los  edomitas, 
que  con  otros  pueblos  habían  inducido  a  Sedecías  a  insurreccionarse 
contra  Nabucodonosor  (>;  3548),  al  ver  el  mal  cariz  que  tomaban  los 
acontecimientos,  se  aliaron  con  los  babilonios  ,y  aprovechando  la  opor- 
tunidad, se  apoderaron  del  Sur  de  Judá,  teniendo  las  miras  de  anexarse 
todo  ese  país,  felonía  que  nunca  les  perdonaron  los  judíos  (Ez.  36,  5; 
35,  70) .  En  cuanto  al  estado  feligioso  del  pueblo  vencido,  humillado  y 
privado  de  sus  dirigentes,  y  que  había  aceptado  muy  superficialmente 
la  reforma  deuteronómica,  parece  que  era  muy  mediocre,  limitándose 
quizá  a  ciertas  de  las  antiguas  prácticas  celebradas  en  los  altos  o  hamoth 
y  aún  en  las  ruinas  del  Templo,  como  se  desprende  del  episodio  de  los 
80  peregrinos  samaritanos  que  fueron  a  ofrecer  oblaciones  de  cereales 
y  de  incienso  sobre  dichas  ruinas  (§  3585).  Holscher,  — después  de  ex- 
presar que  no  es  posible  admitir  una  total  despoblación  de  Judea,  (1) 
ya  que  en  todas  las  deportaciones  de  asirios  y  babilonios,  sólo  una  pe- 
queña parte  de  la  población  fue  expatriada,  a  saber,  los  jefes  del  Estado, 


(1)  Los  vs.  13-14  de  II  Rey.  21  son  indudablemente  obra  de  un  redactor  más 
reciente,  porque  generalizan  con  exceso  los  datos  de  los  vs.  siguientes  15-16. 
(L.  B.  d.  C). 

(1)  Los  deportados  a  Babilonia,  por  proceder  de  Judá,  fueron  en  adelante 
denominados  judíos  (Esd.  4,  72;  Neh.  1,  2;  Est.  4,  3-  Dan.  3,  5),  dándosele  el 
nombre  de  Judea  a  ese  país  después  de  la  conquista  babilónica,  por  lo  cual,  siglos 
más  tarde,  así  se  llamó  el  reino  judío  restaurado  por  los  macabeos  o  asmoneos. 
En  la  época  de  los  romanos,  Herodes  el  Grande  fue  rey  de  Judea, 


LA  DIASPORA 


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la  corte  y  la  nobleza, —  agrega:  "Las  murallas  y  muchas  casas  de  la 
ciudad  estaban  destruidas;  gran  parte  de  los  habitantes  habian  huido; 
el  fausto  de  la  corte  real  habia  desaparecido;  el  antiguo  palacio  real 
en  la  ciudad  de  David  estaba  en  ruinas  y  el  Templo  contiguo  incen- 
diado; su  culto  suntuoso  había  cesado.  Pero  esto  no  quiere  decir  que 
Jerusalén  no  hubiese  sido  sino  un  lugar  de  escombros  abandonado  y 
que  nadie  hubiese  nunca  buscado  el  antiguo  santuario  para  orar.  Como 
después  de  la  destrucción  de  Jerusalén  por  Tito  en  el  aiío  70  n.  e.,  el 
emplazamiento  del  Templo  ha  continuado  sirviendo  de  lugar  de  plega- 
ria. .  .  así  el  gran  altar  erigido  sobre  la  famosa  roca  de  Sión  prosiguió 
sirviendo  de  lugar  de  sacrificio  (Aggeo,  2,  14).  La  continuidad  del  culto 
sobre  el  monte  Sión  no  había  sido  pues  completamente  interrumpida; 
no  sólo  la  ciudad  estaba  habitada,  sino  que  debía  haber  allí  personas 
que  aseguraran  los  sacrificios"  [R.  H.  Ph.  R.  tomo  VL  ps.  110-111). 

3870.  2°  Los  de  la  diáspora.  Esta  última  palabra  — que  a  pesar 
de  su  uso  corriente  entre  los  autores  que  escriben  sobre  la  historia  de 
Israel,  no  la  ha  incluido  aún  la  Real  Academia  de  la  Lengua  Española 
en  su  Diccionario — ,  significa  dispersión  de  los  antiguos  judíos  en  otras 
naciones  distintas  a  la  propia  de  ellos.  Esa  dispersión  obedeció  princi- 
palmente a  dos  causas:  o  bien  se  efectuó  voluntariamente,  y  en  ese  caso 
merece  mejor  el  nombre  de  emigración;  o  bien  fue  impuesta  por  un 
pueblo  vencedor,  — procedimiento  seguido  sobre  todo  por  los  asirios  y 
babilonios — ,  fue  entonces  el  resultado  de  una  deportación  o  destierKo. 
Ejemplo  de  lo  primero,  con  anterioridad  a  la  caída  de  Jerusalén,  lo 
tenemos  en  el  siglo  IX,  como  consecuencia  del  tratado  de  paz  celebrado 
entre  el  rey  efraimita  Acab  y  el  rey  sirio  Ben-Hadad,  por  el  que  éste 
se  comprometió  a  permitir  que  en  Damasco  hubiera  calles,  khutsot,  ex- 
clusivamente para  los  israelitas,  probablemente  un  barrio  especial  para 
los  comerciantes  de  esta  nacionalidad  (I  Rey.  20,  34;  §  1955).  Unos 
emigraban,  pues,  por  negocios;  pero  la  mayoría  de  ellos  se  refugiaban 
en  el  extranjero  huyendo  de  las  calamidades  nacionales,  y  principal- 
mente a  causa  de  las  invasiones  de  los  poderosos  imperios  mesopotá- 
micos.  Esos  emigrados  se  establecieron  sobre  todo  en  las  naciones  veci- 
nas que  más  seguridad  podían  ofrecerles,  y  en  primer  término  en  Egipto, 
según  así  lo  hicieron  los  que  escaparon  después  del  asesinato  de  Gue- 
dalias  ante  el  temor  de  los  castigos  que  podrían  infligirles  los  caldeos 
(§  3586).  Gran  parte  de  tales  emigrantes  concluyeron  por  radicarse 
definitivamente  en  el  país  donde  se  habían  asilado,  manteniéndose  por 
lo  general,  unidos  en  barrios  o  agrupaciones  especiales,  donde  conti- 
nuaban practicando,  dentro  de  lo  posible,  las  ceremonias  religiosas 
tradicionales,  conservando  siempre  el  recuerdo  de  la  madre  patria  y 
manteniendo  relaciones  más  o  menos  estrechas  con  sus  compatriotas  que 
permanecían  en  ella,  como  tenemos  claro  ejemplo  con  lo  ocurrido  en 
la  colonia  militar  judía  de  Elefantina  (§  622-623). 


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DEPORTACIONES  A  BABILONIA 


3871.  39  Los  deportados  a  Babilonia.  Pero  la  más  importante  diás- 
pora  la  constituyeron  los  iudaítas  de  las  tres  deportaciones  efectuadas 
Dor  Nabucodonosor  (597-581)  que  se  establecieron  en  Nippur,  una  de 
las  regiones  más  fértiles  de  Babilonia.  Piénsese  en  la  situación  moral 
de  aquel  numeroso  grupo  de  individuos,  lo  más  selecto  y  destacado  de 
Judá,  arrancados  violentamente  de  su  tierra  natal,  que  nunca  creyeron 
dejar.  En  una  hermosa  página,  nos  describe  el  pastor  James  Barrelet 
las  impresiones  que  debieron  experimentar  los  que  marcharon  al  des- 
tierro, diciendo:  "En  tanto  que  el  camino  de  los  iudaítas  seguía  las 
montañas  familiares,  v  aún  hasta  el  Líbano,  se  sentían  más  o  menos, 
como  en  su  casa.  Multitud  de  recuerdos  de  la  historia  de  sus  antece- 
sores hasta  la  de  los  patriarcas,  los  acompañaban:  pero  al  encontrarse 
frente  a  la  ilimitada  llanura,  sin  horizonte,  desfallecían  sus  corazones. 
El  montañés  se  siente  perdido  en  el  llano;  la  comarca  de  Babilonia  con 
su  atmósfera  pesada,  el  perpetuo  peligro  de  inundación,  los  ciclones 
espantosos,  todo  esto  era  nuevo  para  los  montañeses  israelitas.  Nueva 
también  la  civilización  xefinada  en  cuyo  seno  se  encontraban  transplan- 
tados. Nada  era  la  gloria  de  Jerusalén  comparada  con  la  riqueza  de 
Caldea:  los  campos  de  trigo  hasta  donde  alcanzaba  la  vista  regados  por 
un  sabio  sistema  de  canalización,  edificios  de  extraordinaria  altura,  ciu- 
dades cuvos  habitantes  les  eran  infinitamente  superiores  en  conocimien- 
tos científicos,  en  habilidad  comercial,  en  poderío  político"  (Etapes, 
ps.  90-91).  Opina  Causse  que  hay  razones  para  creer  que.  a  lo  menos, 
los  judaítas  de  la  primera  deportación,  encontraron  en  Babilonia  un 
terreno  ya  preparado  y  grupos  de  colonos  de  su  raza,  provenientes  de 
los  desterrados  por  Sargón,  cuando  conquistó  a  Samaría.  "Probable- 
mente por  ahí  debe  explicarse  la  pretensión  de  los  dispersos  de  ser  ellos 
toda  la  casa  de  Israel,  y  los  oráculos  de  los  profetas  que  anunciaban 
la  reconciliación  de  Efraim  y  de  Judá  fjer.  31,  4-6;  Ez.  37,  28)" 
(R.  H.  Ph.  R.  tomo  II.  p.  466) .  Sobre  el  trato  que  recibieron  los  depor- 
tados en  Babilonia  v  su  modo  de  vida,  véase  lo  dicho  en  §  3700-3701. 
Es  erróneo  hablar  de  cautividad  referente  a  ellos,  en  el  sentido  de  que 
estuvieran  aprisionados,  pues,  por  el  contrario,  como  hemos  ido  viendo 
en  el  curso  de  este  libro,  salvo  el  no  poder  marcharse  fuera  del  país, 
gozaban  de  la  más  amplia  libertad,  lo  que  tuvo  importantes  consecuen- 
cias para  el  futuro  de  su  religión.  Sólo  sabemos  que  estuvieron  encarce- 
lados allí  Jeconías  y  Sedecías  (II  Rey.  25.  27;  Jer.  52,  11),  siendo  liber- 
tado el  primero  de  ellos,  por  el  sucesor  de  Nabucodonosor  (II  Rey.  25, 
27-30).  Trabajando  asiduamente,  y  dada  la  fertilidad  del  suelo,  aque- 
llos colonos  progresaron  con  rapidez,  y  probablemente  uno  de  ellos, 
sacerdote  escritor,  al  retocar  los  anales  históricos  de  Israel,  fue  el  que 
puso  en  boca  del  emisario  asirio  enviado  por  Sennaquerib  para  obtener 
la  rendición  de  Jerusalén,  un  discurso  en  el  cual  se  hallan  estas  pala- 
bras que  reflejan  el  panorama  que  el  autor  tenía  ante  la  vista:  "Ren- 


ESTADO  RELIGIOSO  DE  LOS  DEPORTADOS 


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dios,  y  os  llevaré  a  un  país  semejante  al  vuestro,  un  país  de  trigo  y  de 
vino,  un  país  de  pan  llevar  y  de  viñas,  un  país  de  olivos,  aceite  y  miel, 
con  lo  cual  viviréis  y  no  moriréis"  (11  Rey.  18,  32;  §  2920).  La  polí- 
tica de  los  reyes  babilónicos  al  deportar  a  su  propio  suelo  a  los  princi- 
pales personajes  y  a  lo  más  selecto  del  pueblo  vencido,  parece  haber 
sido,  como  dice  Lods,  quebrar  la  fuerza  de  resistencia  de  una  nación 
rebelde,  decapitándola;  y  al  darles  condiciones  favorables  de  existen- 
cia, utilizar  en  provecho  del  imperio  las  capacidades  de  esos  desterrados. 

3872.  Pero  si  la  situación  material  de  los  deportados,  pronto  se 
resolvió  favorablemente  para  ellos,  en  cambio  sus  sentimientos  religio- 
sos sufrieron  rudo  golpe,  propio  para  hacer  nacer  en  ellos  la  duda  sobre 
la  confianza  que  se  les  habia  predicado  que  tuvieran  en  su  dios  nacio- 
nal. Al  respecto  expresa  el  citado  Barrelet:  "A  pesar  de  los  numerosos 
y  culpables  extravíos,  a  menudo  señalados  por  los  profetas,  los  judaítas 
adoraban  a  Yahvé;  un  sólo  templo  autorizado  estaba  consagrado  a  su 
culto  en  Jerusalén;  los  ídolos  si  subsistían  ocultamente,  estaban  deste- 
rrados de  la  religión  oficial.  En  Babilonia  por  el  contrario,  todo  se  en- 
contraba lleno  de  ídolos;  abundaban  los  dioses,  innumerables  eran  los 
templos;  cada  provincia,  cada  ciudad  tenia  su  divinidad  protectora.  ¿Y 
acaso  esos  dioses  no  se  habían  mostrado  más  fuertes  que  Yahvé?  El 
dios  de  Israel  no  habia  sido  capaz  de  preservar  de  la  ruina  a  su  pue- 
blo" (Ib.  p.  91).  Además,  como  observa  con  razón  Causse,  [R.  H.  Ph.  R. 
t°  II,  ps.  467-468),  según  las  concepciones  populares,  existía  indisolu- 
ble solidaridad  entre  el  pueblo  israelita,  su  dios  y  la  tierra  palestina. 
Y  ahora,  Israel  estaba  en  el  cautiverio;  Yahvé,  vencido,  y  un  dios  echa- 
do de  su  santuario  carece  de  asiento  terrestre.  Se  decía  que  Yahvé  había 
abandonado  el  país,  y  según  Ezequiel,  residía  actualmente  en  la  monta- 
ña de  los  Elohim,  en  el  Septentrión.  (Ez.  28,  14,  16,  §  3846;  Is.  14,  13^; 
§  2999),  lo  que  era  conforme  con  la  tradición  semítica  de  que  los  dio- 
ses vencidos  que  lograran  escapar  de  su  ciudad,  retornaban  a  su  sede 
celeste.  Pero  si  Yahvé  residía  ahora  en  el  cielo,  su  culto  no  era  posible 
sino  sobre  SU  tierra,  pues  el  Deuteronomio  había  centralizado  el  culto 
en  Jerusalén,  y  fuera  de  la  montaña  santa  no  podía  haber  acción  sagra- 
da lícita  alguna,  ya  que  se  entendía  que  no  era  posible  adorar  a  Yahvé 
en  tierra  extranjera,  y  que  era  impuro  todo  lo  que  en  ella  se  ofreciese 
a  la  divinidad,  lo  mismo  que  el  pan,  vino  y  demás  productos  del  suelo, 
si  antes  de  utilizarlos  no  se  llevaban  sus  primicias  a  la  casa  del  dios 
(Os.  9,  3-5;  i  2838,  2839,  959).  Tal  era  la  triste  situación  espiritual 
de  aquellos  que  profesaban  esas  creencias,  la  que  podía  resumirse  así: 
Israel,  pueblo  sin  territorio  propio;  Yahvé,  dios  sin  santuario;  y  los 
deportados,  imposibilitados  de  adorarlo.  No  es  extraño,  pues,  que  el 
desaliento  y  la  duda  surgieran  en  sus  corazones.  Pero  allí  estaba  el 
inspirado  de  Yahvé,  que  comenzaba  una  nueva  tarea:  antes  había  cen- 
surado la  desobediencia  de  sus  compatriotas  hacia  las  ordenanzas  de  su 


188 


NUEVA  ACTIVIDAD  DE  EZEQUIEL 


dios  nacional,  y  había  tratado  de  hacerles  comprender  que  a  pesar  de 
todo  caería  Jerusalén;  ahora,  habiéndose  cumplido  los  previstos  vatici- 
nios, tocábale  la  misión  de  consolarlos  y  alentarlos  para  que  no  per- 
dieran la  esperanza:  Yahvé  no  los  abandonaría,  sino  que  más  adelante 
los  haría  regresar  triunfalmente  a  su  país  junto  con  los  descendientes 
del  antiguo  reino  del  Norte,  de  modo  que  se  reconstituiría  el  reino  de 
David,  gobernado  por  uno  de  sus  sucesores.  Esta  seductora  perspectiva 
presentada  primero  por  Ezequiel  y  luego  por  el  II  Isaías,  contribuyó  a 
mantener  viva  la  fe  de  aquellos  deportados,  que  en  su  mayoría  vivieron 
con  el  miraje  de  la  próxima  gloriosa  restauración. 

3873.  Ya  dijimos  que  la  muerte  de  la  esposa  de  Ezequiel  — suceso 
concomitante  con  el  comienzo  del  sitio  de  Jerusalén  por  el  ejército  cal- 
deo ( §  3701 ) , —  le  ocasionó  al  profeta  un  período  de  mutismo,  el  que 
cesó  cuando  un  fugitivo  le  trajo  la  infausta  noticia  de  la  caída  de  aque- 
lla plaza.  Y  ahora,  siente  que  se  ha  modificado  su  actividad,  que  sobre 
él.  recaen  nuevos  deberes,  y  que  en  adelante  le  incumbirá  la  tarea  de 
pastor  de  almas.  Los  oráculos,  fruto  de  esas  reflexiones,  se  encuentran 
en  la  sección  de  su  libro  que  va  del  cap.  33  al  38;  pero  no  son  todos 
de  edificación  y  consuelo,  pues  los  hay  también  de  censuras  y  amena- 
zas contra  sus  compatriotas  quedados  en  Judá  (33,  23-33}  y  contra  los 
odiados  edomitas  (cap.  35).  Pasando  al  examan  del  cap.  33,  observa- 
remos que  sobre  los  primeros  nueve  vs.  del  mismo,  en  que  se  trata  el 
tema  de  que  el  profeta  tiene  que  vigilar  como  centinela  sobre  cada 
miembro  de  su  pueblo,  léanse  los  §  3723-3725;  y  sobre  los  vs.  10-20 
referentes  a  que  no  debe  desesperar  el  perverso,  si  cambia  de  conducta, 
véanse  §  3805  a  3812.  Los  vs.  21-22  narran  la  llegada  desde  Jerusalén 
del  fugitivo  que  trajo  a  Ezequiel  la  noticia  de  la  caída  de  esa  ciudad. 
Como  este  acontecimiento  está  relacionado  con  la  muerte  de  la  esposa 
del  profeta,  pueden  verse  §  3741-3742.  Los  vs.  30-32  del  final  del  cap., 
los  hemos  transcrito  en  §  3703,  restándonos  sólo  los  vs.  23-29,  que  dicen 
así:  "33,  23  La  palabra  de  Yahvé  me  fue  dirigida  en  estos  términos: 
"24  Hijo  de  hombre,  los  que  habitan  las  ruinas  de  que  está  cubierta  la 
tierra  de  Israel  dicen:  Abraham,  aunque  estaba  solo,  poseyó  el  país; 
pero  nosotros  somos  numerosos,  es,  pues,  a  nosotros  que  el  país  ha  sido 
dado  en  posesión.  25  Por  tanto,  diles:  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  Co- 
méis la  carne  con  la  sangre  que  encierra;  alzáis  los  ojos  a  vuestros  ído- 
los, derramáis  la  sangre,  ¡y  poseeréis  el  país!  26  Confiáis  en  vuestra 
espada,  cometéis  iniquidades  abominables,  cada  uno  amancilla  la  mujer 
de  su  prójimo;  ¡y  poseeréis  el  país!  27  Les  dirás:  Así  habla  el  Señor 
Yahvé:  Lo  juro  por  mi  vida,  los  que  habitan  en  las  ruinas  caerán  a 
espada;  al  que  vive  en  los  campos,  lo  entregaré  a  las  fieras  para  que 
lo  devoren;  los  que  están  encerrados  en  fortalezas  o  en  cavernas  mori- 
rán de  peste.  28  Haré  del  país  un  desierto  y  una  soledad;  no  podrá 
enorgullecerse  más  de  su  fuerza;  las  montañas  de  Israel  quedarán  de- 


INFORMACIONES  DE  EZEQUJEL 


189 


soladas,  y  nadie  pasará  por  ellas.  29  Y  sabrán  que  yo  soy  Yahvé,  cuan- 
do haga  del  país  un  desierto  y  una  soledad,  a  causa  de  todas  las  iniqui- 
dades que  ellos  cometen''. 

3874.  Paul  Auvray,  siguiendo  a  Bertholet,  entiende  que  el  trans- 
crito trozo  fue  pronunciado  por  Ezequiel  en  Palestina,  cuando  Yahvé 
le  desató  la  lengua,  luego  que  el  profeta  supo  que  Jerusalén  había  caído 
en  poder  del  enemigo,  palabras  destinadas  a  los  habitantes  de  la  cam- 
paña de  Judá,  quienes  juzgaban  su  suerte  independiente  de  la  suerte  de 
la  capital,  y  que  se  consideraban  dueños  del  suelo  que  Yahvé  había 
dado  a  sus  antecesores,  opinando  el  citado  comentarista  que  con  dicha 
peroración  termina  la  primera  parte  de  la  vida  de  aquel  vidente  (ps. 
73-74) .  En  cambio,  L.  B.  d.  C.  que,  con  la  casi  totalidad  de  los  exégetas, 
sostiene  que  la  misión  de_  Ezequiel  se  desenvolvió  en  Babilonia,  mani- 
fiesta que  "este  oráculo  debe  haber  sido  pronunciado  (en  esta  capital 
de  Caldea)  mucho  después  de  la  llegada  allí  del  fugitivo,  porque  Eze- 
quiel se  muestra  bien  informado  de  los  sucesos  que  se  desarrollaron  en 
Judea  en  los  meses  posteriores  a  la  caída  de  Jerusalén.  Así  sabe  que 
las  ciudades  han  sido  destruidas,  que  una  parte  muy  numerosa  de  la 
población  (v.  24)  no  fue  deportada  (cf.  Jer.  39,  10;  40,  6),  que  entre 
estos  judíos  quedados  en  el  país,  unos  habitaban  las  ciudades  en  ruinas 
(cf.  Jer.  40,  5-10),  otros  ya  se  habían  entregado  al  trabajo  de  los  cam- 
pos (Jer.  40,  10;  §  3585),  y  otros  en  fin  formaban  todavía  bandas 
armadas,  que  confiaban  en  su  espada  (v.  26;  cf.  Jer.  41)  y  se  refu- 
giaban en  las  cavernas  y  fortalezas  naturales  tan  numerosas  en  Judea. 
Ezequiel  nos  informa  además  que  esos  judíos  que  permanecieron  en  el 
país,  pretendían,  como  antes  los  que  habían  escapado  a  la  deportación 
en  el  597  (cf.  11,  3,  15;  §  3769),  ser  los  verdaderos  propietarios  a  quie- 
nes Yahvé  les  había  devuelto  la  posesión  de  las  tierras".  Nótese  que  en 
este  trozo  del  sacerdote  profeta  que  era  Ezequiel.  a  los  judaítas  no  des- 
terrados, les  echa  en  cara  primeramente  como  la  más  grave  falta,  el  que 
comían  carne  con  sangre,  poniendo  ese  hecho  por  sobre  la  idolatría,  el 
homicidio  y  el  adulterio  (vs.  25-26) .  Esto  constituye  ya  un  rasgo,  digno 
de  mencionarse,  del  ritualismo  sacerdotal,  que  colocaba  al  mismo  o  en 
superior  nivel  la  violación  de  prescripciones  alimenticias  con  la  comi- 
sión de  acciones  verdaderamente  inmorales  o  delictuosas.  Y  siempre 
hace  aparecer  a  Yahvé  empleando  igual  procedimiento  contra  los  cul- 
pables o  desobedientes  a  las  órdenes  divinas:  matarlos  por  la  espada, 
o  hacerlos  devorar  por  las  fieras  o  perecer  por  la  peste.  Tal  es  la  obra 
que  se  da  como  realizada  por  el  bondadoso  dios  de  la  fe;  pero  que  sólo 
existió  en  la  imaginación  del  profeta. 

3875.  La  ortodoxa  L.  B.  A.  considera  que  el  aludido  cap.  33  en- 
cierra la  reinauguración  del  ministerio  de  Ezequiel,  pues  pueden  resu- 
mirse las  ideas  que  contiene,  bajo  el  epígrafe  de  condiciones  morales 
indispensables,  sea  de  parte  del  profeta,  sea  de  parte  de  los  desterrados, 


190 


LOS  MALOS  PASTORES  DE  JUDA 


para  que  pudiera  realizarse  la  promesa  de  la  restauración  nacional:  el 
profeta  no  debe  sustraerse  al  cumplimiento  de  su  mandato  por  ningún 
motivo;  y  los  deportados  por  su  lado,  deben  recibir  con  más  seriedad 
que  antes  sus  advertencias  y  sus  promesas.  En  el  cap.  34  expone  Eze- 
quiel  que  Yahvé  para  acordar  la  deseada  restauración  de  su  pueblo,  les 
concederá  previamente  un  rey  teocrático,  un  nuevo  David,  en  reem- 
plazo de  los  antiguos  jefes  que  habían  conducido  a  la  nación  a  su  ruina. 
Inspirándose  en  el  oráculo  de  Jer.  23,  1-6  3542-3543),  comienza 
atacando  a  los  pastores  o  directores  de  su  pueblo,  que  en  vez  de  consa- 
grarse al  bien  de  sus  subditos,  por  el  contrario  los  esquilman,  viviendo 
a  sus  expensas,  y  así  escribe:  3  Os  habéis  nutrido  con  su  leche:  os 
habéis  vestido  con  su  lana;  habéis  matado  los  animales  gordos;  pero 
no  habéis  apacentado  las  ovejas.  4  No  habéis  fortificado  a  la  que  era 
débil,  ni  cuidado  a  la  enferma,  ni  vendado  a  la  que  estaba  herida,  ni 
vuelto  la  descarriada  al  rebaño,  ni  buscado  los  animales  perdidos;  y  a 
la  que  era  vigorosa  la  habéis  tratado  con  dureza.  5  Carentes  de  pastor, 
se  dispersaron  mis  ovejas,  y  vinieron  a  ser  presa  de  las  fieras  del  cam- 
po. .  .  9  A  causa  de  esto,  oh  pastores,  escuchad  la  palabra  de  Yahvé: 
10  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  Haré  responsables  de  ello  a  los  pastores, 
les  reclamaré  mis  ovejas;  no  les  dejaré  más  apacentar  mis  ovejas,  ni 
podrán  más  apacentarse  a  sí  mismos;  arrancaré  mis  ovejas  de  su  boca; 
no  servirán  más  para  alimentarlos" .  11  En  efecto,  así  habla  el  Señor 
Yahvé:  "Fo  mismo  cuidaré  de  mis  ovejas  y  velaré  por  ellas.  12  Como 
el  pastor  vela  por  su  rebaño  cuando  en  día  de  nublado  y  de  obscuridad 
se  dispersan  las  ovejas,  así  yo  velaré  por  mis  ovejas  y  las  sacaré  de 
todos  los  lugares  donde  han  sido  dispersadas  en  el  día  de  nublado  y 
de  tinieblas.  13  Las  haré  salir  de  en  medio  de  los  otros  pueblos  y  las 
¡untaré  de  los  diversos  países;  las  volveré  a  traer  a  su  propio  suelo  y 
las  haré  pacer  sobre  las  montañas  de  Israel,  en  los  valles  y  en  todas  las 
tierras  mejores  del  país.  .  .  15  Soy  yo  quien  apacentaré  mis  ovejas  y 
que  las  llevaré  al  descanso,  oráculo  del  Señor  Yahvé.  16  Yo  buscaré  la 
oveja  perdida,  traeré  a  la  descarriada,  vendaré  a  la  que  esté  herida, 
fortificaré  a  la  enferma,  y  a  la  gorda  y  vigorosa,  la  guardaré  y  la  haré 
pacer  convenientemente".  (1) 


(1)  El  texto  de  casi  todos  estos  versículos  se  encuentra  muy  alterado  en' el 
original  niasorético,  siendo  particularmente  inciertos  los  vs.  12-13.  Así  p.  ej.,  en 
12",  en  vez  de  ruando  en  día  de  nublado  y  de  obscuridad  se  dispersan  las  ovejas, 
según  el  texto  griego,  trae  el  T.  M.  "el  día  en  que  él  está  en  medio  de  sus  ovejas 
dispersas" ;  pero,  como  observa  con  razón  L.  B.  d.  C,  si  el  pastor  está  en  medio 
de  sus  ovejas,  estas  no  están  dispersas.  También  en  el  v.  16  al  detallarse  los  cui- 
dados que  prestará  Yahvé  a  su  rebaño,  dice  al  final  el  T.  M.:  "a  la  que  es  gorda 
y  vigorosa,  ¡a  destruiré  ' ,  lo  que  es  absurdo,  pues  no  es  éste  el  proceder  de  un 
pastor  sensato.  ''Esta  variante,  anota  L.  B.  d.  C.  ha  sido  sugerida  por  lo  que  sigue 


LOS  MALOS  PASTORES  DE  JUDA 


191 


3876.  Discrepan  los  comentaristas  sobre  quienes  sean  ios  malos 
pastores  de  que  se  habla  en  el  transcrito  trozo.  Así  para  L.  B.  A.,  "el 
vocablo  pastores  designa  aqui  únicamente  a  los  jefes  políticos  de  la  na- 
ción; pero  no  a  los  sacerdotes  ni  a  los  profetas,  porque  Jeremías  mismo 
no  habla  sino  más  tarde  de  estas  dos  últimas  clases  de  personas  (23, 
9-40).  Entre  los  antiguos,  los  pastores  de  los  pueblos  son  siempre  los 
reyes.  La  oposición  del  nuevo  David  a  los  malos  pastores  (v.  23)  con- 
firma ese  sentido  restringido".  En  cambio,  para  L.  B.  d.  C.  "los  malos 
pastores  son,  no  sólo  los  reyes,  los  ministros,  los  sacerdotes  y  los  pro- 
fetas, sino  también  algunos  de  los  ancianos  y  de  los  inspirados  que  diri- 
gían a  los  grupos  de  deportados:  de  ahí  las  amenazas  formuladas  en  el 
V.  10".  El  profeta  parece  referirse  aquí  especialmente  a  los  reyes  judaí- 
tas  a  quienes  acusa  de  haber  explotado  inicua  y  desvergonzadamente  a 
su  pueblo,  en  vez  de  preocuparse  de  mejorar  sus  condiciones  de  vida, 
y  al  efecto  emplea  una  frase  lapidaria  para  calificarlos  como  pastores; 
"se  apacentaban  a  sí  mismos",  o  sea,  que  eran  unos  egoístas  aprove- 
chadores  que  utilizaban  su  privilegiada  posición  en  beneficio  propio, 
sin  importárseles  para  nada  la  suerte  de  los  desheredados  de  la  fortuna. 
Como  consecuencia  de  esa  desacertada  política,  parte  del  pueblo  ha  su- 
frido la  dispersión  por  las  invasiones  de  los  conquistadores  mesopotá- 
micos,  a  quienes  en  su  simbolismo,  llama  ''fieras  del  campo"  (v.  5). 
Después  de  este  triste  recuerdo  del  pasado,  viene  la  promesa  consola- 
dora: Yahvé  pondrá  fin  a  ese  estado  de  cosas;  juntará  a  sus  ovejas  dis- 
persas dondequiera  que  se  encuentren,  las  volverá  a  su  propio  suelo,  y 
él  mismo  las  apacentará  en  adelante.  Yahvé  será,  pues,  en  lo  futuro,  el 
buen  pastor  de  su  pueblo.  En  el  discurso  que  el  Evangelio  de  Juan 
pone  en  boca  de  Jesús,  éste  se  proclama  el  buen  pastor  (10,  11,  14), 
concepto  tomado  de  nuestro  texto. 

3877.  En  los  vs.  17-22,  se  desarrolla  otra  idea:  Yahvé  juzgará  a 
su  pueblo,  separando  los  fuertes  y  poderosos,  que  abusan  de  su  fuerza, 
en  perjuicio  de'los  débiles  y  pobres.  17  En  cuanto  a  vosotras,  mis  ove- 
jas, he  aquí  lo  que  dice  el  Señor  Yahvé:  Voy  a  juzgar  entre  ovejas  y 
ovejas,  carneros  y  machos  cabríos.  "En  hebreo,  anota  L.  B.  A.,  la  pala- 
bra empleada  aquí  por  ovejas  es  de  sentido  general:  comprende  todo  el 
ganado  menudo,  cabras  y  carneros,  machos  y  hembras".  Carneros  y 
machos  cabríos,  agrega  L.  B.  d.  C,  son  imágenes  corrientes  para  desig- 
nar a  los  jefes  (39,  18;  Zac.  10,  3).  Esta  idea  de  que  el  pastor  separa 
las  ovejas  de  las  cabras,  aparece  utilizada  por  Jesús  en  una  peroración 
suya  (Mat.  25,  32).  Y  nuestro  profeta  continúa:  18  ¿No  os  bastaba 

(vs.  17-22)  donde  se  expresa  que  los  animales  vigorosos  maltratan  a  los  débiles; 
pero  aun  en  tal  caso  no  se  dice  que  el  pastor  entienda  destruir  a  las  primeras. 
Hay  que  preferir  la  variante  atestiguada  por  el  griego  y  que  está  de  acuerdo 
con  el  V.  4". 


192 


PROMESA  DE  UN  REY  TfZOCRATlCO 


pacer  en  un  buen  pasturaje  sino  que  holláis  lo  restante  de  lo  que  tenéis 
para  comer?  ¿No  os  bastaba  beber  en  aguas  cristalinas,  sino  que  entur- 
biáis con  vuestros  pies  lo  restante?...  20  Por  lo  cual  dice  el  Señor 
Yahvé:  Yo  os  haré  responsables,  y  juzgaré  entre  oveja  gorda  y  oveja 
flaca.  21  Por  cuanto  rempujasteis  con  el  costado  o  con  el  hombro  y 
habéis  herido  con  vuestros  cuernos  a  todas  las  ovejas  débiles  hasta  que 
las  habéis  echado  afuera,  22  vendré  en  socorro  de  mis  ovejas  a  fin  de 
que  no  sean  entregadas  más  al  saqueo,  y  juzgaré  entre  ovejas  y  ovejas. 
El  escritor  ha  tenido  en  vista  para  formular  este  oráculo,  lo  que  ocurre 
cuando  se  conduce  un  grupo  de  ovejas  a  un  pequeño  predio  para  que 
pasten,  o  a  un  arroyuelo  de  aguas  claras  para  que  alDreven:  las  más 
fuertes  y  vigorosas  se  lanzan  las  primeras,  apartando  a  empujones  a 
las  otras,  y  echando  a  perder  el  alimento  o  el  agua  que  queda  para  las 
últimas.  Con  esto  quería  significar  que  los  poderosos  en  Israel  no  se 
contentaban  con  gozar  de  los  bienes  que  brindaba  el  país,  sino  que  im- 
pedían a  los  humildes  que  participaran  también  de  ellos.  En  este  juicio 
de  Yahvé  probablemente  se  inspiró  el  autor  de  Mateo,  25,  31-46,  al 
describir  la  separación  que  hará  el  Hijo  de  Hombre  cuando  venga  en 
su  gloria. 

3878.  A  continuación  viene  la  promesa  de  un  rey  teocrático  para 
el  pueblo  retornado  a  sus  antiguos  lares.  2,3  Yo  pondré  a  su  cabeza, 
para  apacentarlas,  a  un  nuevo  pastor,  mi  servidor  David.  El  será  el  pas- 
tor de  ellas.  24  Entonces,  yo,  Yahvé,  seré  el  dios  de  los  hijos  de  este 
pueblo,  y  mi  servidor  David  será  príncipe  en  medio  de  ellos.  Soy  yo, 
Yahvé  quien  lo  declaro.  ( 1 )  Esta  parte  del  oráculo  no  concuerda  con 
lo  dicho  anteriormente  de  que  el  mismo  Yahvé  sería  en  adelante  el 
pastor  de  su  pueblo  (vs.  11-16;  §  3875).  Ahora  bien,  para  explicar  esta 
contradicción  hay  que  suponer  o  que  este  trozo  lo  escribió  Ezequiel  en 
distinto  momento  que  el  precedente,  y  el  que  coleccionó  sus  composi- 
ciones reunió  estos  fragmentos  sin  advertir  que  no  estaban  de  acuerdo 
tales  ofrecimientos  de  Yahvé,  pronunciados  en  un  mismo  vaticinio  suyo, 
o  por  el  contrario  forzoso  es  admitir  que  este  trozo  es  de  diferente  mano 
que  el  otro,  quizá  de  un  discípulo  del  profeta  que  lo  agregó  a  la  obra 
de  su  maestro,  también  sin  reparar  en  el  contrasentido  que  encerraba 
la  unión  de  ambos  fragmentos.  Este  anuncio  del  nuevo  advenimiento  de 
David  al  trono  de  Israel,  no  supone  la  resurrección  de  ese  personaje, 
muerto  cinco  siglos  atrás,  sino  el  gobierno  de  uno  de  sus  descendientes, 
que  sería  el  rey  perfecto,  ideal.  En  el  transcurso  de  los  siglos  se  fue 
acrecentando  la  figura  legendaria  de  David,  convertido  en  el  rey  según 
el  corazón  de  Yahvé,  y  su  nombre  quedó  indisolublemente  unido  al  del 


(1)  Estos  vs.  que  transcribimos  aquí  según  la  versión  de  L.  B.  d.  C.,  los 
hemos  transcrito  con  anterioridad  en  §  1272,  de  acuerdo  con  la  Versión  Moderna 
de  Pratt,  que  sigue  fielmente  al  texto  masorético. 


UN  SOLO  PASTOR 


193 


mesianismo,  cuando  más  tarde  surgió  este  sueño  junto  con  el  del  retor- 
no triunfal  de  los  desterrados  a  su  patria.  Léase  lo  que  al  respecto  hemos 
escrito  en  §  1261  a  1273.  Nótese  que  en  el  v.  23  hemos  puesto  "un 
nuevo  pastor"  y  no  "un  sólo  pastor",  como  traen  las  versiones  que  se 
ciñen  estrictamente  al  T.  M.  Defendiendo  esta  variante,  que  es  la  del 
griego,  dice  L.  B.  d.  C:  "nos  parece  preferible  a  la  de  los  masoretas 
un  único  pastor,  que  aludiría  a  la  reunión  de  Israel  y  de  Judá  bajo  el 
mismo  cetro,  lo  que  si  bien  era  una  de  las  esperanzas  de  Ezequiel  (37, 
15-28;  48),  no  ha  sido  motivo  de  cuestión  en  lo  que  precede,  mientras 
que  un  nuevo  pastor  forma  una  antítesis  natural  con  los  malos  pastores 
del  pasado  y  del  presente".  Las  versiones  cristianas  ortodoxas,  como  La 
Vulgata  traducción  Scío,  y  la  Versión  Moderna  de  Pratt,  ponen  en  ver- 
salita las  palabras  Un  Solo  Pastor,  pues  entienden  que  se  refiere 
al  Cristo.  Así  Scío,  que  trae  en  versalita  todo  el  comienzo  del  v.  23, 
Y  levantaré  sobre  ellas  un  solo  pastor,  agrega  en  nota:  "A  Jesucristo, 
hijo  de  David  según  la  carne,  llamado  muchas  veces  David  por  esta 
razón  (37,  24;  Jer.  30,  9;  Oseas,  3,  5)  y  siervo  de  Dios  por  su  natura- 
leza humana,  y  por  su  oficio  de  medianero  (Is.  42,  1 ;  49,  6;  53,  1; 
Fil  2,  7).  Aunque  Jesucristo  es  el  único  pastor  en  su  Iglesia,  no  por 
eso  ha  dejado  de  establecer  otros  pastores  o  vicarios  suyos  en  ella;  pero 
todos  estos  no  forman  sino  uno  solo  en  él  (Juan,  10,  11;  S.  Agustín, 
Tract.  de  Pastor,  cap.  11),  porque  sólo  Jesucristo  es  el  que  guía  y  apa- 
cienta líodas  sus  ovejas  por  el  ministerio  de  todos  estos  pastores".  — 
Sobre  esta  ilusoria  pretensión  de  ver  en  las  profecías  y  en  muchas  otras 
páginas  del  Antiguo  Testamento  predicciones  del  Mesías  cristiano  o  alu- 
siones a  su  vida,  véanse  los  párrafos  2765  a  2768.  Reconoce  L.  B.  d.  C. 
que  "existe  desacuerdo  en  los  términos  entre  este  pasaje  (vs.  23-24)  y 
los  vs.  11-16,  según  los  cuales  el  pastor  de  Israel,  en  los  tiempos  nue- 
vos, será  Yahvé  mismo.  Pero  sobre  el  fondo  de  las  cosas  se  concilian 
los  dos  desarrollos  en  el  pensamiento  de  Ezequiel:  para  él.  Dios  mismo, 
no  un  Mesías,  es  quien  libertará  y  restablecerá  a  Israel;  mas  luego  ha- 
brá un  príncipe  (Ezequiel  evita  el  vocablo  rey),  quien  presidirá,  así 
como  sus  sucesores,  bajo  la  dirección  de  Yahvé,  los  destinos  del  pueblo 
restaurado  (43,  7-9;  45,  8;  46,  16-18;  &)". 

3879.  Concluye  este  cap.  con  el  detalle  de  las  bendiciones  que 
acordará  Yahvé  a  su  pueblo,  en  aquella  soñada  época  del  futuro  rey 
teocrático.  34,  25  Celebraré  para  ellos  una  alianza  que  les  asegure  la 
paz;  haré  desaparecer  del  país  las  bestias  feroces  de  modo  que  puedan 
habitar  con  seguridad  en  el  desierto,  en  los  bosques.  Esta  es  la  versión 
de  L.  B.  d.  C;  las  demás  versiones  traen  que  la  alianza  o  pacto  de  paz 
será  celebrado  con  las  ovejas  (o  sea,  con  los  israelitas),  de  modo  que 
exterminadas  las  bestias  salvajes,  podrá  el  pueblo  de  Yahvé  morar  con 
seguridad  en  el  desierto  (o  en  los  despoblados  —  V.  M.)  y  dormir  en 
los  bosques.  L.  B.  d.  C.  entiende  que  aquí  se  trata  de  una  alianza  con 


194 


PORVENIR  ÜEL  ISRAEL  RESTAURADO 


las  bestias  salvajes,  como  en  Os.  2,  18;  §  2833;  Is.  11,  6-8,  §  2959, 
2960;  Is.  65,  25,  convención  que  las  obligará  a  vivir  en  paz  con  los 
humanos.  Sin  embargo,  consideramos  errónea  esta  conjetura  del  ano- 
tador  de  L.  B.  d.  C,  porque  mal  puede  sostenerse  que  Yahvé  celebrará 
alianza  con  las  bestias  salvajes,  cuando  en  seguida  se  vañade  que  a  todas 
las  exterminará  del  país.  Es  más  racional  suponer  que  Ezequiel  se  re- 
fiere aquí  a  la  nueva  alianza  de  Yahvé  con  la  casa  de  Israel,  de  que 
habla  Jeremías  en  31,  31-34  (§  3522).  En  cuanto  a  la  mención  de  habi- 
tar con  seguridad  en  el  desierto  y  en  los  bosques,  observa  L.  B.  d.  C. 
que  la  palabra  hebrea  empleada  por  desierto  significa  etimológicamente 
pasturaje  y  que  el  desierto  se  cubre  de  yerba  en  primavera,  y  se  llevan 
allí  a  pacer  los  rebai'íos.  En  lo  relativo  a  bosques,  es  decir,  sitios  pobla- 
dos de  árboles  de  gran  altura  y  desarrollo,  no  los  había  en  Palestina; 
pero  se  daba  ese  nombre  a  los  espacios  cubiertos  de  arbustos  y  male- 
zas, como  los  que  se  encontraban  en  las  márgenes  del  Jordán. 

3880.  Prosigamos  con  la  descripción  que  nos  da  Ezequiel  del  por- 
venir venturoso  que  concederá  Yahvé  a  Israel  restaurado.  34,  26  Y  yo 
haré  de  ellos  y  de  los  alrededores  de  mi  colina  una  bendición,  y  haré 
caer  la  lluvia  a  su  tiempo;  serán  aguaceros  de  bendición.  27  El  árbol 
del  campo  dará  sus  frutos  y  la  tierra  sus  producciones.  Los  hijos  de  este 
pueblo  vivirán  seguros  en  su  suelo,  y  sabrán  que  yo  soy  Yahvé  cuando 
quiebre  las  barras  de  su  yugo  y  los  libre  de  manos  de  sus  opresores. 
28  No  serán  más  saqueados  por  las  naciones  (o  no  serán  más  la  presa 
o  botín  de  las  naciones)  y  las  bestias  salvajes  no  volverán  a  devorarlos. 
Habitarán  tranquilamente  el  país  sin  que  nadie  los  moleste.  29  Haré 
crecer  las  plantas  para  honor  de  este  pueblo;  no  habrá  más  en  el  país 
gentes  que  perezcan  de  hambre,  así  que  no  tendrán  más  que  soportar 
los  insultos  de  las  naciones.  30  Y  sabrán  que  yo,  Yahvé,  soy  su  dios, 
y  que  ellos,  los  hijos  de  la  casa  de  Israel,  son  mi  pueblo,  oráculo  del 
Señor  Yahvé.  31  Vosotras,  ovejas  mías,  sois  las  ovejas  que  apaciento, 
y  yo,  yo  soy  vuestro  dios,  oráculo  del  Señor  Yahvé.  —  L.  B.  d.  C.  con- 
sidera defectuoso  el  texto  de  26",  porque  juzga  imposible  que  la  bendi- 
dición  se  limitara  a  los  alrededores  de  Jerusalén.  —  La  caída  de  la 
lluvia  en  su  tiempo,  era  condición  indispensable  para  el  éxito  de  las 
cosechas  en  Palestina  (Gén.  2,  5).  —  Como  los  yugos  de  la  época  se 
componían  de  dos  barras  o  trozos  de  madera  paralelos,  unidos  por  co- 
rreas o  sogas,  el  dios  promete  a  los  desterrados  romper  esas  barras,  o 
sea,  librarlos  de  la  servidumbre.  —  En  el  v.  29  la  ortodoxia  cristiana 
cree  descubrir  el  anuncio  del  Cristo.  En  efecto,  Scío  traduce  el  comienzo 
de  ese  versículo  en  estos  términos:  "Y  haré  brotar  para  ellos  el  pim- 
pollo de  renombre",  y  luego  anota:  "A  Jesucristo,  celebrado  en  todas 
las  Escrituras,  objeto  de  todas  las  esperanzas  y  glorioso  en  su  majestad 
ly  fuerza  divina,  que  hará  ilustre  y  rica  su  Iglesia  con  el  cúmulo  de  sus 
dones  y  gracias  siendo  para  ello  el  verdadero  árbol  de  vida  (Is.  11,  1; 


LOS  PUEBLOS.  REBAÑOS 


195 


Jer.  23,  5)".  La  Versión  Moderna  de  Pratt  participa  de  las  mismas 
ideas,  pues  traduce  así  dicha  frase:  "Y  yo  levantaré  para  ellas  una 
Planta  de  renombre"  esto  último  en  versalita,  ya  que  a  su  entender 
se  refiere  a  tan  alto  personaje.  Pero  todo  esto  no  son  más  que  ilusiones 
de  la  fe  cristiana.  L.  B.  A.,  que  vierte  dicha  frase:  "Haré  brotar  para 
ellos  una  vegetación  que  les  dará  renombre",  anota:  "Una  vegetación 
de  renombre".  El  térjiiino  hebreo  no  designa,  como  se  ha  creído,  una 
planta  particular  que  señalaría  el  país  de  Canaán  a  la  atención  de  los 
pueblos.  Yahvé  promete  a  la  tierra  de  Israel  lo  que  llamaríamos  en  len- 
guaje moderno  una  flora  magnífica,  una  abundancia  de  flores  y  de 
frutos  de  toda  especie,  que  dará  celebridad  al  pueblo  poseedor  de  ese 
Edén  fcf.  Gén.  2.  9:  Lev.  26,  4)".  L.  B.  d.  C.  conceptúa  igualmente  que 
Yahvé  hará  crecer  las  plantas  para  honor  de  su  pueblo,  porque,  "como 
lo  explica  la  frase  siguiente,  cuando  Israel  se  veía  afectado  por  alguna 
calamidad,  en  particular  por  el  hambre,  las  naciones  vecinas  aseveraban 
que  ese  pueblo  habría  debido  cometer  alguna  infamia  o  que  su  dios  era 
impotente  fjoel  2,  17,  19;  cf.  Jer.  14,  7-9)". 

3881.  Con  lo  expuesto,  estamos  habilitados  para  comprender  el 
siguiente  juicio  que  formula  L.  B.  d.  C.  sobre  este  cap.  34,  y  que  ser- 
virá como  resumen  del  mismo:  "Bajo  diversos  aspectos  está  desarrolla- 
da en  este  capítulo  la  metáfora  que  representa  a  los  pueblos  bajo  la 
imagen  de  rebaños,  cuvos  jefes  y  particularmente  los  reyes,  son  los  pas- 
tores. Esta  imagen  desde  hacía  mucho  tiempo  era  usual  en  Oriente.  Pero 
nuestro  capítulo  parece  inspirado  especialmente  en  Jer.  23,  1-6,  en  el 
que  se  encuentran  ya  muchas  de  las  ideas  desarrolladas  aquí.  El  cap. 
está  formado  por  cuatro  variaciones  sobre  el  tema  del  rebaño  y  del 
pastor,  que  no  siempre  se  armonizan  entre  sí:  1°  vs.  1-16  en  que  Yahvé 
anuncia  que  apartará  los  malos  pastores  y  apacentará  él  mismo  a  sus 
ovejas;  2°  vs.  17-22,  en  que  los  opresores  del  pueblo  están  representados 
bajo  la  imagen,  no  de  pastores,  sino  de  animales  más  vigorosos  que 
los  otros;  3°  vs.  23-24  donde  aparece  David,  y  ya  no  Yahvé,  como 
el  pastor  de  Israel  en  lo  porvenir;  y  49  vs.  25-30  en  los  que  pronto 
es  abandonada  la  imagen  del  rebaño  y  donde  son  enumeradas  sin 
metáfora  o  bajo  otras  figuras  las  bendiciones  de  los  tiempos  futuros, 
especialmente  las  bendiciones  de  orden  político  o  agrícola.  Quizá  esos 
desarrollos  fueron  escritos  en  diversos  momentos  por  el  mismo  Eze- 
quiel:  ciertos  dobles  y  ciertos  desacuerdos  harían  pensar,  por  otra  parte, 
que  habría  redactado  el  mismo  pensamiento  bajo  varias  formas:  así  el 
V.  6  viene  demasiado  tarde  después  del  v.  -5;  quizá  en  una  copia  (recen- 
sión) los  vs.  23  y  24  eran  la  continuación  de  los  vs.  1-10,  en  lugar  de 
los  vs.  11-16,  y  el  v.  31  debería  venir  después  del  v.  22.  Todo  el  capítulo 
es  posterior  al  año  586.  pues  el  pueblo  se  halla  disperso  entre  las  nacio- 
nes y  Yahvé  promete  retornarlo  a  su  país". 


196 


PROMESAS  DE  RESTAURACION 


NUEVAS  PROMESAS  DE  RESTAURACION.  —  3882.  Antes  del  año 
586,  Ezequiel  había  pronunciado  un  terrible  oráculo  contra  las  mon- 
tañas de  Israel,  (cap.  6)  vaticinando  que  serían  destruidos  los  santua- 
rios idolátricos  en  ellas  existentes,  ya  que  había  reaparecido  el  culto 
en  los  "altos"  combatido  por  Josías.  (1)  Ahora,  en  cambio,  producido 
el  desastre  nacional,  modifica  totalmente  su  lenguaje,  y  entona  una  loa 
en  honor  de  las  mismas  montañas,  de  los  valles  de  Israel,  formulando 
promesas  consoladoras  a  las  ciudades  destruidas  y  abandonadas,  objeto 
del  menosprecio  y  de  burlas  de  las  naciones  vecinas,  haciéndole  decir  a 
Yahvé:  36,  7  A  causa  de  esto,  juro,  levantando  la  mano,  que  las  nacio- 
nes que  os  rodean  sufrirán,  a  su  turno,  su  parte  de  oprobios.  8  Y  vos- 
otras, montañas  de  Israel,  daréis  vuestros  ramajes  (o  seréis  cubiertas 
de  una  vegetación  vigorosa  —  V.  S.)  y  llevaréis  vuestros  frutos  para 
mi  pueblo  Israel,  porque  su  retorno  está  próximo.  9  Volveré,  en  efecto, 
hacia  vosotras  mis  miradas,  y  seréis  cultivadas  y  sembradas.  10  Multi- 
plicaré sobre  vuestro  suelo  los  hombres,  toda  la  casa  de  Israel.  Las  ciu- 
dades serán  habitadas  y  las  ruinas  reedificadas.  11  Multiplicaré  sobre 
vuestro  suelo  hombres  y  animales,  (que  serán  fecundos  y  multiplicarán). 
Estas  palabras  entre  paréntesis,  que  no  figuran  en  la  versión  griega, 
fueron  probablemente  añadidas  con  posterioridad,  según  el  relato  sa- 
cerdotal, P,  de  la  creación  (Gén.  1,  22,  28;  L.  B.  d.  C).  Os  volveré 
tan  pobladas  como  antiguamente  y  más  prósperas  que  en  los  primeros 
días;  así  sabréis  que  yo  soy  Yahvé.  12  Haré  nacer  sobre  vuestro  suelo 
hombres  (mi  pueblo  Israel)  que  os  recibirán  en  heredad  y  seréis  su 
patrimonio;  no  las  privaréis  más  de  sus  hijos.  Con  esto  terminan  las 
promesas  del  restablecimiento  de  la  prosperidad  de  las  montañas  de 
Israel,  en  contraste  con  las  invectivas  que  en  el  anterior  cap.  35  (§  3826, 
3827),  dirige  a  la  montaña  o  serranía  de  Seir,  es  decir,  contra  el  país 
de  Edom,  el  cual  será  completamente  devastado.  Yahvé  repoblará  las 
montañas  de  Israel  y  no  privará  más  de  posterioridad  a  sus  habitantes, 
"no  tanto  dice  L.  B.  d.  C,  porque  sacrificios  de  criaturas  se  ofrecían 
en  algunos  de  sus  altos,  sino  a  causa  de  las  hambres  que  a  menudo  ha- 
cían estragos  en  aquel  suelo  naturalmente  árido  (cf.  v.  30)".  Scío  ,que 
traduce  el  v.  12^,  y  nunca  más  estarás  sin  ellos,  anota:  "No  faltará  de 


(1)  "El  cap.  6  está  formado  por  tres  desarrollos  del  mismo  tema:  el  anuncio 
de  la  destrucción  de  los  santuarios  idolátricos  de  Israel  y  de  la  muerte  de  los  que 
los  frecuentaban.  En  el  1°  (vs.  7-5)  el  profeta  apostrofa  las  montañas  de  Israel.  En 
el  2"  (vs.  6-lG)  se  dirige  a  los  judíos  idólatras  y  anuncia  que  ciertos  de  ellos, 
deportados  en  país  pagano,  se  arrepentirán.  En  el  3"  (vs.  11-14}  el  profeta  habla 
de  los  israelitas  en  la  3'  persona  y  celebra  con  gestos  de  triunfo  su  exterminio. 
Estos  trozos  yuxtapuestos  sin  transición,  debían  en  un  principio  ser  independientes 
y  formar  copias  irecensions)  paralelas,  compuestas  quizá  todas  por  Ezequiel,  pero 
en  distintas  fechas''  ( L.  B.  d.  C). 


DISCURSO  DE  YAHVE 


197 


ti  este  pueblo.  Habiendo  Tito  destruido  enteramente  la  Judea,  se  ve  que 
esto  no  puede  pertenecer  sino  a  la  Iglesia  de  Jesucristo".  —  Nótese 
que  este  dios  antropomórfico  que  nos  pinta  Ezequiel,  jura,  levantando 
la  mano  (v.  8;  20,  5,  6,  15,  23)  y  manifiesta  que  su  pueblo  pronto 
retornará  a  Israel,  engañosa  esperanza  que  contribuía  a  fortalecer  la 
fe  de  aquellos  decepcionados  deportados. 

3883.  Continúa  Ezequiel  haciendo  hablar  a  Yahvé,  quien  se  diri- 
ge ahora  directamente  a  los  israelitas,  les  recuerda  sus  infidelidades 
que  motivaron  su  dispersión  y  explica  luego  las  razones  que  lo  impul- 
san a  tratar  de  restablecerlos  nuevamente  en  su  patria.  36,  17  Hijo  de 
hombre,  cuando  los  de  la  casa  de  Israel  habitaban  en  su  país,  lo  con- 
taminaron por  sus  actos  y  por  su  conducta,  la  que  era  a  mis  ojos  como 
la  inmundicia  de  una  mujer  durante  su  indisposición  mensual.  Esta  com- 
paración muestra  una  vez  más  el  mal  gusto  literario  de  Ezequiel,  quien, 
como  observa  L.  B.  d.  C,  siendo  sacerdote,  sentía  predilección  por  las 
imágenes  inspiradas  por  el  ritual  (cf.  Lev.  15,  19-30).  18  Por  lo  cual 
he  derramado  mi  cólera  sobre  ellos.  .  .  19  los  he  dispersado  entre  las 
naciones  y  se  han  diseminado  en  diversos  países.  .  .  20  Pero  llegados 
a  dichas  naciones,  han  profanado  mi  santo  nombre,  porque  se  decía  de 
ellos:  ¡Esas  gentes  son  el  pueblo  de  Yahvé,  y  sin  embargo  han  debido 
abandonar  su  país!  21  Entonces  he  tenido  piedad  de  mi  santo  nombre, 
que  los  de  la  casa  de  Israel  profanaban  entre  las  naciones  a  las  cuales 
habían  llegado.  .  .  22  No  es  por  causa  de  vosotros,  oh  casa  de  Israel, 
que  yo  obraré,  sino  por  el  honor  de  mi  santo  nombre.  .  .  Nótese  la  falta 
de  lógica  en  este  discurso  del  dios.  En  virtud  de  las  infidelidades  come- 
tidas contra  él  por  los  israelitas,  los  castiga  diseminándolos  entre  dife- 
rentes países  (confesión  ésta  de  que  la  diáspora  estaba  muy  extendida), 
lo  que  motivaba  que  "el  simple  hecho  de  su  presencia  en  suelo  extran- 
jero, moviera  a  los  paganos  a  profanar  el  nombre  de  Yahvé,  sospe- 
chando que  era  un  dios  impotente  para  proteger  a  los  suyos".  Pero 
entonces  el  causante  de  esa  profanación  es  el  mismo  Yahvé,  quien  no 
supo  aplicar  otro  castigo  a  sus  desobedientes  hijos,  a  fin  de  que  los 
extranjeros  no  se  burlaran  de  él.  Veamos  cómo  va  Yahvé  a  enmendar 
el  error  que  él,  como  juez,  había  cometido.  23  Santificaré  mi  gran 
nombre,  profanado  entre  las  naciones  en  las  cuales  vosotros  os  encon- 
tráis, a  fin  de  que  ellas  sepan  que  yo  soy  Yahvé,  cuando  manifieste  a 
sus  ojos  mi  santidad  por  la  manera  cómo  os  trate.  24  Os  sacaré  del 
seno  de  las  naciones;  os  juntaré  de  todos  los  países  y  os  volveré  a  vues- 
tra tierra.  25  Os  rociaré  con  agua  pura  y  seréis  puros;  os  purificaré  de 
todas  vuestras  inmundicias  y  de  todos  vuestros  ídolos.  26  Os  daré  un 
nuevo  corazón  y  pondré  dentro  de  vosotros  un  espíritu  nuevo.  Quitaré 
de  vuestro  cuerpo  el  corazón  de  piedra  y  os  daré  un  corazón  de  carne. 
27  Pondré  mi  espíritu  dentro  de  vosotros  y  haré  que  sigáis  mis  leyes, 
guardéis  mis  ordenanzas  y  las  pongáis  en  práctica.  28  Así  habitaréis 


198 


EL  SALMO  L17 


en  el  país  que  di  a  vuestros  ¡jadíes,  y  seréis  mi  pueblo  y  yo  seré  vues- 
tro dios.  29  Cuando  os  haya  limpiado  de  todas  vuestras  inmundicias, 
llamaré  al  trigo;  lo  haré  crecer  abundantemente  y  no  os  haré  más  pa- 
decer hambre.  30  Multiplicaré  los  frutos  de  los  árboles  y  los  productos 
del  campo,  a  fin  de  que  no  volváis  a  ser  vituperados  entre  las  naciones 
por  el  hambre.  31  Entonces  os  acordaréis  de  vuestra  conducta  culpable 
y  de  vuestras  obras  que  no  eran  buenas,  y  os  horrorizaréis  de  vuestras 
iniquidades  y  de  vuestras  abominaciones.  32  No  es  por  causa  de  vos- 
otros que  voy  a  hacer  esto,  dice  el  Señor  Yahvé:  sabedlo.  Avergonzáos  y 
llenáos  de  confusión  por  vuestra  conducta,  oh  hijos  de  la  casa  de  Israel. 

3884.  Comienza  el  dios  su  alegato  para  combatir  la  profanación 
de  su  gran  nombre  entre  las  naciones  extranjeras,  manifestando  que  lo 
santificará,  a  fin  de  que  éstas  sepan  que  él  es  Yahvé,  al  ver  su  santidad 
por  la  manera  cómo  ha  de  tratar  a  su  pueblo.  Sobre  el  concepto  de 
santidad  entre  los  semitas,  léase  ^  2865.  Aquí  se  toma  ese  vocablo  con 
la  acepción  de  fuerza  o  grandioso  poder.  En  efecto,  Yahvé  mostrará  su 
santidad  ante  la  vista  atónita  de  los  que  de  él  se  mofaban,  por  tres 
medios  sucesivos:  1"  haciendo  retornar  su  pueblo  a  su  antigua  patria, 
(v.  24)  ;  2°  efectuando  su  conversión  total  y  definitiva  (vs.  25-28)  ; 
y  3°  por  la  extraordinaria  prosperidad  agrícola  que  hará  reinar  en 
adelante  en  Palestina,  de  modo  que  nadie  padecerá  allí  más  hambre 
(vs.  29-30).  La  promesa  del  próximo  retorno  a  sus  perdidos  lares,  era 
el  gran  recurso  de  la  oratoria  profética  en  el  destierro  para  mantener 
viva  la  atención  y  la  esperanza  de  aquellos  desarraigados  del  patrio 
suelo,  parte  de  los  cuales  se  lamentaban  constantemente  de  su  triste 
suerte,  suspirando  por  ver  nuevamente  a  Jerusalén,  según  así  resulta  de 
esta  emotiva  y  célebre  poesía: 

1  Junto  a  los  ríos  de  Babilonia, 
Allá  nos  sentábamos  y  llorábamos, 
Acordándonos  de  Sión. 

2  En  los  sauces  (o  álamos)  de  la  comarca 
Habíamos  colgado  nuestras  arpas.  (1) 

3  Allá,  los  que  nos  habían  cautivado 
Nos  pedían  canciones. 

Nuestros  opresores  nos  pedían  cantos  alegres: 
" ¡Cantadnos,  decían,  un  cántico  de  Sión!" 

4  ¿Cómo  cantaríamos  los  cánticos  de  Yahvé 
En  tierra  extranjera? 


(1)  El  instrumento  musical  que  aquí  nombra  el. hebreo,  es  el  Kinnor  (§  883). 
"El  kinnor  y  el  nebel,  dice  L.  B.  d.  C,  eran  instrumentos  de  cuerda,  análogos  sin 
duda  a  la  cítara  y  al  arpa;  en  tiempo  de  Josefo,  el  nebel  tenía  ordinariamente  12 
cuerdas,  y  el  kinnor,  10". 


EL  SALMO  137 


199 


5  ¡Si  me  olvidare  de  ti,  oh  Jerusalén, 
Que  mi  diestra  se  seque! 

6  ¡Pegúese  mi  lengua  a  mi  paladar. 
Si  no  me  acordare  de  ti. 

Si  no  pusiere  a  Jerusalén 

Por  encima  de  todos  mis  regocijos!  (1) 

Parte  de  los  deportados  de  Judá  consiguieron,  es  cierto,  después  de 
medio  siglo  de  destierro,  regresar  al  país  natal,  en  condiciones  difíciles 
V  penosas,  según  más  adelante  lo  veremos;  pero  ese  retorno  estuvo  muy 
lejos  de  ser  la  restauración  gloriosa  soñada  por  los  profetas  exilíeos,  la 
que  no  hizo  honor  a  las  promesas  de  Yahvé,  quien  con  ese  sensacional 
hecho  quería  santificar  su  gran  nombre  entre  las  naciones.  Nótese  ade- 
más que  los  dos  primeros  medios  que  emplearía  Yahvé  para  santifi- 
carse, ya  los  había  expuesto  Ezequiel,  con  las  mismas  palabras,  en  11, 
17-20;  con  esta  peculiaridad,  que  tales  promesas  constituyen  simple  re- 
petición de  lo  dicho  por  Jeremías  al  anunciar  la  alianza  eterna  que  cele- 
braría Yahvé  con  su  pueblo  ( Jer.  32,  36-40) .  Sobre  la  conversión  total 
y  definitiva  que  obtendría  el  dios  cambiándoles  a  los  israelitas  el  cora- 
zón de  piedra,  esto  es,  insensible  a  las  amonestaciones  divinas,  por  un 
corazón  de  carne  que  se  dejará  conmover  por  los  llamados  proféticos  al 
arrepentimiento  v  a  la  fidelidad,  véase  lo  dicho  en  §  3580.  En  cuanto 
a  la  interpretación  del  v.  25  "os  rociaré  con  agua  pura  y  seréis  pu- 
ros, &",  téngase  presente  que  aunque  eran  usuales  en  el  culto  israelita 
las  abluciones  v  lustraciones  (Gén.  35,  2;  §  2362),  sin  embargo,  según 
nota  L.  B.  d.  C,  "esa  frase  no  debe  tomarse  a  la  letra;  se  trata  de  una 
nueva  metáfora  ritual,  significando  que  Yahvé  mismo  abolirá  todos  los 
rastros  de  la  impiedad  v  de  la  idolatría  de  Israel".  Para  L.  B.  A.  ."el 
agua  pura  es  a  la  vez  el  emblema  del  perdón  de  parte  de  Dios  y  de  la 
ruptura  con  el  mal  de  parte  del  pecador,  así  del  arrepentimiento  y  de 


(1)  "Este  salmo  137,  escribe  L.  B.  d.  C,  en  el  que  se  expresa  admirable- 
mente tanto  en  su  dulzura  (vs.  1-6),  como  en  su  violencia  (vs.  7-9),  el  patriotismo 
de  los  judíos,  debió  ser  compuesto  después  del  destierro  — los  (vs.  1,  2)  hablan 
en  pasado  de  su  residencia  en  Babilonia  (allá)  — ;  pero  no  lejos  de  la  época  del 
retorno,  porque  el  resentimiento  levantado  por  la  destrucción  de  Jerusalén  con- 
serva aún  todo  su  ardor.  Los  judíos  patriotas  y  creyentes  sufrían  entonces  cruel- 
mente al  ver  que  Babilonia,  la  devastadora,  no  había  sido  destruida  por  los  con- 
quistadores persas  y  continuaba  siendo  una  de  las  ciudades  más  florecientes  de 
su  imperio  (cf.  Jonás).  El  salmo  pudo  ser  compuesto  como  las  Lamentaciones,  con 
motivo  de  uno  de  los  duelos  celebrados  (a  lo  menos  hasta  el  518)  en  el  aniver- 
sario de  las  desgracias  de  Sión,  siendo  conmemorado  el  día  de  Jerusalén  en  el  4'' 
mes  (Zac.  8,  79;  cf.  Jer.  39,  2).  Otros  ven  en  este  salmo,  un  poema  retrospectiv- 
escrito  en  la  época  de  los  macabeos". 


200 


PROMESA  DE  PROSPERIDAD  AGRICOLA 


la  gracia.  Juan  Bautista  tuvo  en  vista  probablemente  esta  palabra,  cuan- 
do instituyó  el  bautismo  como  preparación  del  pueblo  al  reino  de  Dios". 

3885.  Y  por  último,  el  tercer  medio  que  iba  a  poner  en  juego 
Yahvé  para  santificar  su  gran  nombre,  resultó  el  más  rotundo  fracaso. 
En  efecto,  había  imaginado  Ezequiel,  que  luego  del  milagroso  retorno 
de  los  deportados  a  Judá  y  de  su  no  menos  milagrosa  conversión,  la 
extraordinaria  prosperidad  agrícola  de  Palestina,  asombraría  a  todas 
las  naciones  vecinas,  de  modo  que  se  nadaría  allí  en  la  abundancia  y 
nadie  volvería  a  padecer  hambre.  Pero  la  ruda  realidad  se  encargó  de 
disipar  estos  quiméricos  sueños.  Tenemos  al  respecto  el  insospechable 
testimonio  de  un  contemporáneo  del  retorno,  el  profeta  Aggeo,  quien 
nos  relata  que  cuando  los  judíos  se  reinstalaron  en  su  país,  las  cosechas 
fueron  desastrosas  a  causa  de  la  sequía  y  de  las  plagas  que  cayeron 
sobre  la  agricultura,  desastres  que  él  atribuía  a  que  sus  compatriotas 
no  se  habían  esforzado  en  reedificar  primeramente  el  templo  de  Yahvé. 
Del  caso  era  la  aplicación  del  aforismo  de  los  latinos:  primum  vívere, 
deinde  philosophare,  primero  había  que  vivir,  después  vendría  lo  demás. 
Escribe  Aggeo,  poniendo  en  boca  de  Yahvé  estas  palabras:  Contábais 
con  que  la  cosecha  seria  abundante,  y  ha  quedado  reducida  a  poca  cosa; 
la  habéis  recogido  y  yo  he  soplado  encima  (o  Cuando  habéis  querido 
recoger  vuestras  cosechas,  de  un  soplo  las  he  disipado.  —  V.  S.)  Ex- 
presa L.  B.  d.  C.  que  "los  musulmanes  de  Palestina  creen  que  cuando 
se  silba  (luego,  cuando  se  sopla)  cerca  de  una  era,  esto  acarrea  des- 
gracia, pues  durante  la  noche  vendrá  el  diablo  a  llevarse  parte  de  la 
cosecha".  Continúa  Aggeo:  Esto  se  debe  a  que  mi  casa  está  en  ruinas, 
mientras  que  cada  uno  de  vosotros  se  apresura  a  reconstruir  la  suya. 
Por  esto  es  que  el  cielo  ha  retenido  su  rocío  y  la  tierra  sus  frutos,  que 
he  llamado  la  sequía  sobre  los  campos  y  sobre  las  montañas,  sobre  el 
trigo,  el  mosto  y  el  aceite,  en  fin  sobre  todo  lo  que  produce  el  suelo, 
así  como  sobre  las  gentes,  los  animales  y  sobre  todo  trabajo  de  la  mano 
del  hombre  (1,  9-11).  Observad  atentamente  lo  que  pasaba  hasta  hoy, 
antes  de  ponerse  piedra  sobre  piedra  en  el  santuario  de  Yahvé.  Ep.  aquel 
tiempo  cuando  se  llegaba  a  un  montón  de  gavillas,  que  hubiera  debido 
dar  veinte  efas  de  tri^o,  no  se  encontraban  sino  diez;  cuando  se  venia 
a  la  cuba  del  vino  (ahuecada  en  la  piedra,  cf.  Is.  5,  2)  para  sacar  cin- 
cuenta batos,  no  habían  sino  veinte  (§  3171,  n.  2).  Os  he  herido  de 
tizón  y  de  añublo  (Am.  4,  9)  ;  he  destruido  por  el  granizo  todo  el  tra- 
bajo de  vuestras  manos,  y  sin  embargo  no  os  habéis  vuelto  a  mí,  oráculo 
de  Yahvé  (2,  13-17).  Pero  el  profeta  añade  que  desde  el  día  de  la  fun- 
dación del  segundo  templo,  en  adelante,  Yahvé  colmaría  a  su  pueblo 
de  bendiciones  (vs.  18-19).  Como  se  ve,  la  ilusoria  prosperidad  que 
la  imaginación  de  Ezequiel  hizo  prometer  a  su  dios,  que  beneficiaría 
a  los  que  retornaran  a  Palestina,  quedó  totalmente  desmentida  por  los 
acontecimientos;  sin  perjuicio  de  que  otro  inspirado  yahvista  se  sirviera 


EXEGESIS  CATOLICA 


201 


de  la  sequía  y  demás  calamidades  agrícolas  sobrevenidas,  para  incitar 
a  sus  compatriotas  a  que  concluyeran  cuanto  antes  la  casa  de  Yahvé, 
quien  los  castigaba  de  ese  modo  por  su  negligencia  en  realizar  dicha 
obra.  Pero  apenas  terminado  ese  templo,  este  nuevo  profeta  reinicia  sus 
halagüeñas  promesas  en  el  mismo  sentido,  que  la  indiferente  Naturaleza 
no  tuvo  para  nada  en  cuenta,  siguiendo  imperturbablemente  su  acostum- 
brado curso.  Lo  que  quiere  decir  a  todos  los  que  leemos  desapasionada- 
mente a  los  profetas  bíblicos,  que  los  oráculos  que  se  dan  como  prove- 
nientes de  una  divinidad  celestial,  son  el  mero  producto  de  las  ideas, 
de  los  deseos,  de  las  aspiraciones  de  seres  humanos  más  o  menos  im- 
pregnados de  misticismo.  El  dios  habla,  vocifera,  censura,  castiga,  per- 
dona o  promete  según  la  mentalidad  del  Maese  Pedro  que  mueve  el 
personaje  que  representa  a  aquél  en  el  retablo  de  su  imaginación.  Pero 
la  credulidad  religiosa  sigue  y  continuará  creyendo  que  tales  discursos 
provienen  de  lo  Alto,  del  Ser  Supremo  de  la  creación,  lo  que  nos  de- 
muestra que  la  fe  tiene  sus  razones  que  la  razón  no  puede  sensata  ni 
lógicamente  aceptar. 

3886.  Conviene  que  el  lector  conozca  la  interpretación  o  exégesis 
católica  de  este  pasaje  relativo  a  cómo  Yahvé  pensaba  santificar  su  gran 
nombre.  En  las  notas,  con  aprobación  pontificia,  a  la  traducción  de 
la  Vulgata,  dice  Scío:  "En  el  v.  22  y  siguientes  se  encierra  una  doctrina 
muy  importante  tocante  a  la  justificación  del  pecador  por  Jesucristo. 
El  primer  origen  de  nuestra  justificación  es  la  gracia  proveniente  de 
Dios.  Y  así  se  dice  aquí:  No  lo  haré  por  vosotros,  &  (Tit.  3,  5).  Des- 
pués se  sigue  la  fe,  lo  cual  se  insinúa  en  las  palabras  del  v.  28:  Seréis 
mi  pueblo,  y  yo  seré  vuestro  Dios.  Luego  entra  el  conocimiento  de  la 
propia  enfermedad  y  de  los  pecados,  v.  31,  que  ha  de  ir  acompañado 
de  dolor  y  arrepentimiento  sincero  de  ellos.  Después  el  sacramento  de 
la  Iglesia,  que  el  profeta  señala  con  palabras  muy  claras  en  el  v.  25, 
declarando  al  mismo  tiempo  el  efecto  del  sacramento,  y  aun  añadiendo 
otra  parte  de  la  justificación,  que  consiste  en  la  renovación  del  corazón 
y  del  espíritu,  v.  26,  y  últimamente  los  progresos  del  hombre  justificado 
en  el  bien  obrar,  v.  27.  —  Y  santificaré  mi  grande  nombre:  esto  es, 
haré  conocer  por  los  efectos  mis  divinas  perfecciones,  contrarias  a  las 
calumnias  de  mis  enemigos,  para  que  todos  den  a  mi  santo  nombre  la 
honra  y  respeto  que  es  debido.  —  V.  24.  En  lo  que  está  figurada  y 
comprendida  la  salud  que  se  da  al  hombre,  junto  con  la  abundancia 
de  todas  las  gracias  espirituales,  cuando  entra  en  la  Iglesia,  y  recibe 
el  bautismo  de  Jesucristo".  —  Sobre  el  cambio  del  corazón  de  piedra 
por  otro  de  carne  ív.  26),  escribe  Scío:  "Estas  grandes  promesas  no 
tuvieron  su  cumplimiento  sino  en  tiempo  de  la  ley  de  gracia,  cuando 
la  caridad  de  Dios  fue  derramada  en  los  corazones  de  los  fieles  por  el 
Espíritu  Santo  que  les  fue  dado".  —  Pero  sobre  todo  es  interesantí- 
sima la  exégesis  del  v.  29,  en  el  que  el  dios  promete  llamar  el  trigo. 


202 


LAS  OSAMENTAS  SECAS 


y  multiplicarlo  para  que  no  se  padezca  más  hambre  en  Israel,  texto  que 
nuestro  nombrado  obispo  explica  así:  "Os  daré  en  abundancia  todos 
los  bienes  espirituales,  mi  gracia,  mis  sacramentos,  y  señaladamente  el 
de  la  Eucaristía,  con  que  os  alimentéis  y  no  padezcáis  hambre".  —  Esta 
interesante  exégesis  es  un  castillo  de  naipes  que  se  derrumba  al  menor 
soplo  de  la  crítica.  En  efecto,  ella  descansa  en  las  palabras:  No  lo  haré 
por  vosotros,  de  lo  que  se  deduce  que  Yahvé  obrará  por  gracia,  o  sea, 
que  realizará  las  estudiadas  promesas  suyas  sólo  por  amor  hacia  los 
israelitas.  Pues  bien,  el  pasaje  comentado  expresa  precisamente  todo  lo 
contrario,  sin  lugar  a  dudas.  Ezequiel  hace  razonar  a  su  dios  del  si- 
guiente modo:  el  hecho  de  que  los  judaítas  se  encontraran  dispersos 
entre  las  naciones,  por  haber  sido  vencidos  en  la  guerra  contra  los  cal- 
deos, motivó  que  esos  pueblos  extranjeros  se  burlaran  del  dios  israelita, 
impotente  para  defender  a  los  suyos.  Entonces  Yahvé,  indignado  ante 
esas  burlas,  que,  a  su  juicio,  constituían  una  profanación  de  su  nombre, 
promete  restaurar  a  su  pueblo,  juntándolo  de  todos  los  países  donde 
estaba  disperso  y  volviéndolo  gloriosamente  a  Palestina,  para  colmarlo 
allí  de  bendiciones;  pero  comienza  diciendo:  esto  lo  haré  no  por  causa 
de  vosotros,  oh  casa  de  Israel,  sino  por  piedad  de  mi  santo  nombre, 
por  el  honor  de  mi  santo  nombre  fvs.  21-22).  El  asunto,  pues,  es  cla- 
rísimo: si  Yahvé  va  a  obrar  como  se  deja  expuesto,  no  es  por  gracia, 
sino  por  interés  personal  propio,  en  defensa  de  su  grande  y  santo  nom- 
bre vilmente  profanado  entre  los  paganos.  Ya  sabemos  que  Yahvé  era 
un  dios  muy  vanidoso,  muy  preocupado  de  la  opinión  que  de  él  pudie- 
ran tener  otros  pueblos,  muy  quisquilloso  sobre  todo  si  pudiesen  dudar 
de  su  gran  poder  f§  165,  189,  3111,  de  modo  que  si  ahora  ha  resuelto 
beneficiar  a  los  suyos,  no  es  por  ellos,  como  así  lo  dice  sin  subterfugios, 
sino  única  y  exclusivamente  por  él  tan  sólo. 

LA  VISION  DE  LAS  OSAMENTAS  SECAS.  —  3887.  Reitera  Ezequiel 
a  sus  compatriotas,  la  promesa  de  la  restauración  a  su  anterior  terri- 
torio de  Israel,  muerto  actualmente  como  Estado  independiente;  pero 
que  Yahvé  lo  volverá  a  la  vida,  esto  es,  a  ser  una  nación  libre,  como 
antes  del  desastre  del  586.  Y  al  efecto  les  narra  la  siguiente  visión  que 
tuvo  en  el  valle,  probablemente  en  el  mismo  en  que  había  visto  el 
Kebod-Yahvé,  la  gloria  de  Yahvé  (3,  22-2.3;  §  3706,  3724):  37,  1  La 
mano  de  Yahvé  se  posó  sobre  mí;  me  sacó  bajo  la  acción  de  su  espí- 
ritu, y  me  colocó  en  medio  de  un  valle  lleno  de  osamentas.  2  Me  hizo 
pasar  en  todos  sentidos  entre  ellas,  y  vi  que  eran  muchísimas  sobre  la 
haz  del  valle  y  que  estaban  completamente  secas.  3  Me  dijo:  "Hijo  de 
hombre,  ¿podrán  revivir  estas  osamentas?"  Y  respondile:  "Señor  Yahvé, 
tú,  tú  lo  sabes".  4  Me  dijo  entonces:  "Profetiza  sobre  estas  osamentas 
y  diles:  ¡Osamentas  secas,  escuchad  la  palabra  de  Yahvé!  5  He  aquí 
lo  que  Yahvé  dice  a  estas  osamentas:  Haré  entrar  el  espíritu  en  vos- 


LAS  OSAMENTAS  SECAS 


203 


otras  y  reviviréis;  6  pondré  sobre  vosotras  nervios  (o  tendones,  o  múscu- 
los), haré  crecer  carne  sobre  vosotras  y  os  cubriré  de  piel,  después 
haré  entrar  el  espíritu  en  vosotras  y  reviviréis.  Así  sabréis  que  yo  soy 
Yahvé".  7  Profeticé  corno  se  me  había  mandado;  y  mientras  yo  profe- 
tizaba, hubo  un  gran  ruido  y  los  huesos  se  acercaban  uniéndose  cada 
uno  con  los  que  habían  hecho  cuerpo  con  ellos.  8  Miré  y  vi  que  sobre 
ellos  se  formaban  nervios,  después  creció  sobre  ellos  la  carne,  y  se  recu- 
brieron de  piel;  pero  no  había  espíritu  (o  aliento)  en  ellos.  9  Entonces 
me  dijo:  '  Profetiza  al  espíritu,  profetiza,  hijo  de  hombre,  y  di  al  espí- 
ritu: Así  habla  el  Señor  Yahvé:  Ven  de  los  cuatro  vientos,  espíritu, 
sopla  sobre  estos  muertos  para  que  revivan'.  10  Profeticé  como  se  me 
había  mandado;  entró  en  ellos  el  espíritu  y  revivieron;  se  alzaron  sobre 
sus  pies  y  formaron  un  grande,  grandísimo  ejército.  11  Entonces  Yahvé 
me  dijo:  "Hijo  de  hombre,  estas  osamentas  son  toda  la  casa  de  Israel, 
y  dicen:  Están  secas  nuestras  osamentas;  está  perdida  nuestra  esperan- 
za; todo  ha  concluido  para  nosotros.  12  Por  tanto,  profetiza  y  diles: 
Así  habla  (o  dice)  el  Señor  Yahvé:  Voy  a  abrir  vuestras  sepulturas,  y 
os  sacaré  de  ellas,  oh  pueblo  mío,  y  os  retornaré  a  la  tierra  de  Israel. 
13  Y  sabréis  que  yo  soy  Yahvé  cuando  abriere  vuestras  sepulturas,  cuan- 
do os  hiciere  salir  de  ellas,  14  cuando  ponga  mi  espíritu  en  vosotros, 
reviváis  y  que  yo  os  haya  restablecido  en  vuestro  país.  Sabréis  enton- 
ces que  soy  yo,  Yahvé,  quien  después  de  haber  hablado  habré  cumplido 
mi  promesa". 

3888.  Ante  todo  debe  observarse,  al  estudiar  el  relato  de  la  visión 
que  antecede,  que  no  se  trata  aquí  de  la  doctrina  de  la  resurrección  uni- 
versal, como  lo  creían  muchos  teólogos  cristianos  de  los  primeros  siglos 
del  cristianismo,  y  aún  hay  muchos  que  así  lo  siguen  creyendo,  sino 
que  el  retorno  de  los  cadáveres  a  la  vida  sirve  sólo  para  simbolizar  el 
renacimiento  de  la  nación  judía.  No  se  pretende,  pues,  enseñar  la  resu- 
rrección de  los  individuos,  sino  anunciar  la  resurrección  nacional,  o 
sea,  la  reinstalación  de  los  deportados  en  su  perdida  patria.  Como  dice 
L.  B.  d.  C,  "No  es  exacto  sostener  tampoco,  según  a  menudo  se  hace, 
que  el  empleo  de  esta  imagen  del  renacimiento  de  la  nación  suponga 
en  los  judíos  una  creencia  muy  extendida  en  la  resurrección  general  de 
los  muertos  (doctrina,  agregamos  nosotros,  sólo  generalmente  aceptada 
en  el  judaismo  palestino,  en  el  siglo  II  a.  n.  e.  con  los  apocalipsis  de  Da- 
niel y  de  Enoc).  Porque  a  la  pregunta  de  Yahvé:  ¿Podrán  revivir  estas 
osamentas?,  el  profeta  responde:  Tú  sólo  lo  sabes,  y  no,  como  lo  hu- 
biera hecho  un  judío  del  tiempo  de  Jesús:  Yo  sé  que  resucitarán  en  el 
último  día  [ci.  Juan  11,  23,  24).  Los  antiguos  israelitas  tenían  cierta- 
mente la  idea  de  la  resurrección  material,  física,  de  un  cadáver;  pero 
era  para  ellos  un  milagro  completamente  excepcional  (I  Rey.  17,  17-24; 
II  Rey.  4,  29-37;  13,  20-21),  o  bien,  era  una  simple  metáfora  para 
designar  la  recuperación  de  la  salud  (Sal.  30,  3;  Job,  33,  30)".  — 


204 


COMPUESTO  DEL  HOMBRE 


Pasemos  ahora  a  algunos  detalles  del  trozo  que  analizamos.  Comienza 
el  profeta  expresando  que  "la  mano  de  Yahvé  se  posó  sobre  él",  forma 
que  emplea  para  manifestar  que  entraba  en  éxtasis  (§  3707,  3749). 
Agrega  luego  que  ella  "lo  sacó  bajo  la  acción  de  su  espíritu",  palabra 
esta  última  que  en  hebreo  (ruah)  expresa  las  nociones  no  sólo  de  espí- 
ritu, sino  también  las  de  soplo,  viento,  respiración  o  soplo  vital  y  fuerza 
divina  (Reuss).  Nota  L.  B.  d.  C.  que  "en  la  transcrita  frase  se  puede 
entender  que  el  profeta  fue  transportado  por  el  espíritu  (cf.  8,  3;  11, 
24;  I  Rey.  18,  12;  II  Rey.  2,  16,  &),  o  en  espíritu,  es  decir,  sin  su 
cuerpo,  o  que  salió  por  simple  orden  del  Espíritu".  —  El  valle  adonde 
fue  conducido  Ezequiel  estaba  lleno  de  esqueletos  y  huesos  humanos 
dispersos,  muy  secos,  lo  que  da  a  suponer  que  se  trataba  de  un  campo 
de  batalla,  tanto  por  estar  insepultos,  como  porque  al  volver  a  la  vida 
formaron  un  grande  ejército  (v.  10).  Después  de  un  combate  se  solían 
dejar  insepultos  los  cadáveres  de  los  vencidos  (Is.  14,  19,  20;  Ez.  32, 
4-6;  I  Sam  31,  8-9).  Observa  L.  B.  d.  C.  que  "en  este  relato  se  hace 
notar  que  los  huesos  estaban  completamente  secos,  para  que  resalte  la 
grandeza  del  milagro  que  iba  a  producirse,  ya  que  se  creía  que  el  de- 
volver la  vida  a  un  cadáver  era  menos  difícil  si  se  intentaba  inmedia- 
tamente después  de  la  muerte  (II  Rey.  4,  22-24,  29,  31,  34;  y  lo  con- 
trario, en  Juan,  11.  39)". 

3889.  Según  los  vs.  7-10,  y  de  acuerdo  con  la  concepción  de 
Gén.  2,  7,  el  hombre  es  un  compuesto  binario,  formado  de  materia  cor- 
poral (que  a  su  vez  consta  de  cuatro  elementos:  huesos,  nervios  o  múscu- 
los, carne  y  piel)  y  el  espíritu,  soplo  divino  impersonal  difundido  en 
la  atmósfera,  el  cual  al  penetrar  en  el  cuerpo,  produce  la  vida  del  mis- 
mo. Según  el  relato  de  la  resurrección  del  hijo  de  la  viuda  de  Sarepta 
(§  2006-2007),  "lo  que  produce  la  revivificación  del  difunto  es  la  vuel- 
ta de  su  alma  a  su  cuerpo  (I  Rey.  17,  21-22),  es  decir,  del  elemento 
espiritual  individualizado,  que  anteriormente  había  producido  en  él  la 
vida  física  y  mental,  y  que  sin  duda  erraba  todavía,  según  se  pensaba, 
en  la  vecindad  del  cadáver,  antes  de  descender  al  sheol.  No  existe  indi- 
cio alguno  de  que  los  hebreos  hayan  ensayado  de  conciliar  estas  dos 
concepciones  algo  diferentes,  admitiendo  por  ejemplo,  que  el  hombre 
está  formado  de  tres  elementos:  cuerpo,  alma  y  espíritu;  noción  ésta 
que  no  aparece  entre  los  judíos  sino  en  algunos  textos  recientes  (I  Tes. 
5,  23),  la  que  indudablemente  fue  tomada  de  los  griegos"  (L.  B.  d.  C). 
Véase  lo  que  hemos  escrito  extensamente  sobre  la  ruah  y  la  nefesh,  ele- 
mentos constitutivos  del  hombre,  además  del  cuerpo,  según  los  hebreos, 
en  nuestro  tomo  V,  págs.  330  a  334,  y  en  §  2078-2079  del  tomo  VI.  En 
los  vs.  11-14  viene  la  explicación  de  la  visión,  exponiéndose  que  aque- 
llos huesos  secos  eran  todos  los  de  la  casa  de  Israel,  vale  decir,  todos 
los  deportados,  quienes  decepcionados,  sin  esperanza  alguna  de  que  pu- 
diera cambiar  aquel  estado  de  cosas,  lo  consideraban  todo  perdido.  A 


INARMONIA  EN  LAS  ALEGORIAS 


205 


ellos  se  dirige  ahora  Yahvé  diciéndoles  que  él  abrirá  sus  sepulcros,  los 
sacará  de  ellos  y  los  restablecerá  nuevamente  en  la  tierra  de  Israel. 
Nótese  que  el  profeta  emplea  aquí  distinta  imagen  que  al  principio: 
antes  se  trataba  de  osamentas  insepultas  esparcidas  en  un  campo  de 
batalla,  mientras  que  ahora  se  habla  de  muertos  regularmente  enterra- 
dos en  tumbas  diseminadas  en  diversas  comarcas.  Esto  no  es  de  extra- 
ñar en  Ezequiel,  que,  según  hemos  visto,  no  se  preocupaba  de  guardar 
armonía  entre  las  diferentes  partes  de  sus  alegorías.  Y  para  terminar 
con  la  visión  de  que  tratamos,  veamos  cómo  la  entiende  y  explica  la 
ortodoxia  católica.  Sobre  ella  escribe  Scío:  "Toda  esta  parábola  en  el 
sentido  inmediato  miraba  a  la  libertad  que  conseguirían  los  hijos  de 
Israel  saliendo  de  su  cautiverio  para  volver  a  la  Judea;  pero  la  misma 
letra  además  comprende  dos  partes:  la  primera  pertenece  a  la  Iglesia 
presente,  que  se  formó  de  todas  las  gentes,  como  de  unos  huesos  secos, 
destituidos  de  toda  vitalidad,  y  permanecerá  hasta  el  fin  de  los  siglos. 
La  otra  es  de  la  resurrección  general  de  los  muertos,  que  por  divina 
disposición  se  hará  en  el  día  del  juicio,  en  un  abrir  y  cerrar  de  ojos, 
según  el  testimonio  de  S.  Pablo  (I  Cor.  15)". 


CAPITULO  IX 


La  profecía  apocalíptica  de  Gog  de  Magog 


EL  ARGUMENTO  DE  ESTA  PROFECIA.  _  3890.  Después  del  de- 
sastre nacional  del  586,  Ezequiel,  en  los  caps.  34,  36  y  37  de  su  libro, 
trata  de  consolar  a  sus  desesperados  compatriotas,  anunciándoles  un 
próximo  retorno  a  Judá,  donde  los  aguardaría  un  porvenir  venturoso, 
en  el  que  gozarían  de  completa  tranquilidad.  Pero  he  aquí,  que  a  con- 
tinuación de  tan  halagüeñas  promesas,  nos  encontramos  en  los  caps. 
38-39  con  el  vaticinio  de  que  cuando  creyeran  estar  más  seguros  en 
su  tierra,  sobre  ellos  caería  una  formidable  invasión  de  diversos  pue- 
blos, al  mando  de  un  rey  de  Magog,  llamado  Gog.  Enfurecido  Yahvé 
contra  aquel  poderoso  enemigo,  que  pretendía  saquear  y  destruir  a  su 
pueblo  escogido,  desencadenará  contra  él  un  cataclismo  general  y  toda 
clase  de  plagas,  hasta  que  no  quede  ni  uno  de  los  invasores,  a  fin  de 
manifestar  su  gloria  entre  las  naciones  y  de  que  los  judíos  reconozcan 
el  poder  de  su  dios,  en  quien  siempre  deben  confiar.  Más  felices  los 
judíos  de  aquel  entonces  que  sus  antepasados  cuando  la  invasión  asiría 
de  Sennaquerib  — a  pesar  de  que  el  ángel  de  Yahvé  mató  en  una  noche 
185.000  soldados  de  este  rey,  í§  2921-2926) —  parece  que  no  sufrirán 
bajas,  pues  no  tendrán  que  combatir,  ni  experimentarán  consecuencias 
desastrosas  de  la  invasión  de  Gog.  Por  supuesto  que  este  relato  apoca- 
líptico í§  3032-3034)  no  tiene  base  real  en  la  historia,  y  en  consecuen- 
cia, la  ortodoxia  se  ve  forzada  o  a  darle  una  interpretación  espiritual, 
o  a  sostener  que  su  cumplimiento  ocurrirá  "al  fin  de  los  días",  o  sea, 
para  las  calendas  griegas,  y  constituirá  el  juicio  final  del  mundo  paga- 
no. Vale  la  pena  que  estudiemos  detenidamente  ese  relato,  que  se  da 
como  oráculo  de  Yahvé.  ya  que  él  ha  repercutido  o  ejercido  profunda 
influencia  en  los  apocalipsis  de  los  siglos  próximos  a  nuestra  era,  y 
especialmente  en  la  literatura  del  Nuevo  Testamento,  donde  el  visiona- 
rio del  Apocalipsis  joánico  hace  figurar  a  Gog  y  Magog  como  dos 
pueblos. 


LA  INVASION  DE  GOG 


207 


LO  QUE  EXFRESA  VJJ  EN  EL  CAP.  38.  _  3891.  Previamente  de- 
bemos hacer  constar  que  la  aludida  profecía  se  compone  de  dos  relatos 
sensiblemente  diferentes  sobre  el  mismo  tema  (los  que  L.  B.  d.  C.  dis- 
tingue con  las  abreviaturas  Ez'  y  Ez-j,  refundidos  inhábilmente  con 
posterioridad,  como  en  seguida  podrá  comprobarlo  el  lector.  Comenza- 
remos por  el  siguiente  trozo  de  Ez-.  —  38,  1  La  palabra  de  Yahvé  me 
fue  dirigida  en  estos  términos:  2  ^^Hijo  de  Hombre,  vuelve  tu  rostro 
hacia  Gog,  del  país  de  Magog,  jefe  supremo  de  Mesec  y  de  Tubal 
(§  3841).  3  Dirás:  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  Me  vuelvo  contra  ti,  oh 
Gog,  jefe  supremo  de  Mesec  y  de  Tubal.  4  Te  llevaré  como  quiera  (o 
te  arrastraré  detrás  de  mí)  ;  pondré  garfios  en  tus  quijadas  (39,  4; 
^  3851)  y  te  sacaré  de  tu  país  conjuntamente  con  tu  ejército,  caballos 
y  jinetes,  todos  perfectamente  equipados,  muchedumbre  inmensa  con 
paveses  y  escudos,  todos  armados  de  espada.  5  Con  ellos  marcharán  los 
de  Paras,  de  Cus  (Etiopía)  y  de  Put  (27,  10;  §  2252,  3838,  3841), 
todos  provistos  de  escudos  y  morriones.  6  Comer,  con  todas  sus  tropas, 
(los  cimerios;  Gén.  10,  2-3) ,  la  casa  de  Togarma  (Armenia,  §  3841), 
con  todas  sus  bandas;  pueblos  en  gran  número  te  acompañarán.  7  Aprés- 
tate, haz  tus  preparativos,  así  como  todo  ese  concurso  de  gentes  que 
van  a  juntarse  a  tu  alrededor;  y  tente  a  mi  disposición  (o  en  reserva 
para  mí).  H  Después  de  muchos  días,  recibirás  orden  de  partir;  en  la 
serie  o  sucesión  de  los  años  (o  luego  de  cierto  número  de  años),  mar- 
charás contra  un  país  cuya  población,  que  logró  escapar  de  la  espada, 
habrá  sido  reunida  de  entre  una  multitud  de  pueblos:  contra  las  mon- 
tañas de  Israel,  largo  tiempo  desiertas;  pero  donde  viven  ahora  en  plena 
seguridad  los  habitantes  del  país,  recogidos  del  seno  de  las  otras  nacio- 
nes. 9  Subirás  como  un  huracán;  como  una  nube  vendrás  a  cubrir  el 
país,  tú  y  todas  las  tropas  y  la  multitud  de  pueblos  que  te  acompañarán. 
16''  En  la  serie  (o  sucesión)  de  los  días,  ocurrirá  que  te  haré  marchar 
contra  mi  país,  a  fin  de  que  aprendan  las  naciones  a  conocerme,  cuando 
yo  manifieste  ante  su  vista  mi  santidad  por  el  modo  cómo  te  trataré, 
oh  Gog"  (literalmente:  cuando  me  santifique  en  ti  a  sus  ojos,  oh  Gog. 
Cf.  20,  41;  28.  22,  25;  36,  23;  39,  27).  17  He  aquí  lo  que  dice  el  Señor 
Yahvé:  Tú  eres  aquel  de  quien  hablé  en  los  tiempos  antiguos  por  mis 
servidores  los  profetas  de  Israel,  que  anteriormente  profetizaron  que  yo 
te  haría  marchar  contra  ese  puehlo'\ 

3892.  Del  transcrito  trozo  de  Ez.-  resulta  con  luz  meridiana  que 
la  iniciativa  de  la  invasión  de  Israel  por  Gog  y  su  formidable  ejército 
pertenece  exclusivamente  a  Yahvé.  quien  sacará  a  la  fuerza  a  este  per- 
sonaje de  su  país  de  Magog,  lo  llevará  como  quiera,  y  le  manda  desde 
ahora  que  haga  todos  sus  preparativos  y  esté  listo  para  realizar  esa 
empresa  cuando  él  se  lo  ordene  (vs.  4  y  7).  ¿Cuándo  se  efectuará 
dicha  invasión?  En  una  época  lejana,  "después  de  muchos  días,  en  la 
serie  de  los  arios,  o  luego  de  cierto  número  de  años"  (v.  S)  y  no  "al 


208 


QUIEN  ERA  GOG 


fin  de  los  tiempos",  como  suele  traducirse,  pues,  como  nota  L.  B.  d.  C: 
"la  expresión  aquí  empleada  no  parece  tener  la  significación  escatoló- 
gica  que  recibirá  en  los  apocalipsis",  es  decir,  al  fin  de  la  historia  hu- 
mana; fuera  de  que  se  nombra  al  jefe  de  esa  expedición  guerrera,  de 
modo  que  la  aludida  orden  debería  darla  el  dios  en  vida  de  ese  con- 
quistador. Según  el  v.  16'',  la  finalidad  de  esa  invasión  será  la  santi- 
ficación de  Yahvé  í§  3850,  3884),  para  lo  cual  éste  destruirá  total- 
mente el  formidable  ejército  invasor  que  marchará  sobre  el  pacífico 
nuevo  Israel  restaurado,  demostrando  así  ante  las  otras  naciones  la 
fuerza  incontrastable  de  su  poder.  Los  comentaristas  entienden  que  el 
país  de  Magog  debía  estar  en  la  Escitia,  nombre  que  daban  los  anti- 
guos a  las  regiones  del  Norte  del  Mar  Negro  y  Este  del  Mar  Caspio. 
Manifiesta  en  nota  la  Versión  Sinodal  que,  según  se  cree,  ese  país  se 
hallaba  situado  al  Norte  del  Mar  Caspio,  hacia  el  Ural.  Sentado  esto, 
se  comprenderá  que  Gog,  rey  de  Magog,  y  jefe  supremo  también  de 
Mesec  y  de  Tubal,  pueblos  guerreros  del  S.  E.  del  Mar  Negro  (§  3841), 
buscara  sus  auxiliares  entre  las  naciones  vecinas  suyas;  pero  el  autor 
de  este  fantástico  relato,  ignorante  de  la  geografía  de  su  época,  le  da 
a  aquel  rey,  como  formando  parte  de  su  ejército,  pueblos  africanos  como 
los  libios  y  los  etíopes  (véanse  los  párrafos  citados  en  el  v.  5).  Lo 
que  vendría  a  ser,  p.  ej.,  como  si  Gog,  radicado  en  el  Uruguay,  hubiera 
tratado  de  aumentar  su  ejército  con  regimientos  de  caballería  de  Gua- 
temala, de  Méjico  y  del  Canadá.  ¿Quién  era  ese  misterioso  personaje 
Gog,  que  desconoce  la  historia?  Mucho  se  ha  supuesto  al  respecto;  pero 
quizá  lo  más  probable,  sea  que  ese  nombre  Gog  se  haya  sacado  del 
nombre  del  país  Magog,  que  figura  entre  los  descendientes  de  Jafet  en 
Gén.  10,  2.  Como  en  las  tablillas  de  Tell  el-Amarna  (§  20)  se  menciona 
un  país  de  Gaga,  supone  Dhorme  que  el  nombre  Magog  podría  prove- 
nir de  la  expresión  mat  Gaga,  "país  de  Gaga",  siendo  Gaga  el  nombre 
del  dios  local  aplicado  al  príncipe  de  ese  país  (L.  B.  d.  C).  Reuss  cree 
también  que  Gog  es  un  nombre  de  fantasía,  tomando  a  Magog  en  el 
sentido  de:  país  de  Gog,  pues  la  letra  M  delante  de  las  raices  de  las 
palabras  hebreas  expresa  a  menudo  la  noción  de  lugar.  En  el  v.  17, 
el  autor  le  hace  decir  a  Yahvé  que  Gog  era  aquel  de  quien  él  había 
hablado  por  los  profetas  de  Israel,  que  haría  marchar  contra  ese  pue- 
blo. Pero  en  ninguna  parte  del  A.  T.  se  vaticina  explícitamente  la  inva- 
sión de  Gog,  ni  siquiera  se  menciona  a  éste  para  nada,  por  lo  que  en- 
tiende L.  B.  d.  C.  que  aquí  se  aluden  "a  las  profecías  de  Jeremías  (1, 
13-16;  4,  6,  §  3488;  6,  1,  22,  §  3445,  3497;  8,  16;  13,  20)  y  de  Sofo- 
nías  (§  3401,  3405)  sobre  la  venida  de  un  enemigo  del  Norte,  profecías 
que  consideraba  el  autor  que  todavía  no  se  habían  realizado  en  su  tiem- 
po, en  contra  de  lo  sustentado  por  Jeremías  (caps.  25  y  36";  §  3546). 


OTRA  INVASION  DE  GOG 


209 


EL  RELATO  DE  EZi  EN  EL  CAP.  38.  —  3893.  Comenzaremos  por 
el  preámbulo  de  Ez',  que  según  entiende  L.  B.  d.  C,  sería  el  siguiente 
V.  1  del  cap.  39:  Y  tú,  hijo  de  hombre,  profetiza  sobre  Gog,  y  di:  Así 
habla  el  Señor  Yahvé:  Me  vuelvo  contra  ti,  oh  Gog,  jefe  supremo  de 
Mesec  y  Tubal.  Y  se  continúa  con  estos  vs.  del  cap.  38:  10  Asi  habla 
el  Señor  Yahvé:  "En  aquel  día,  se  formarán  proyectos  en  tu  corazón, 
y  tramarás  malos  designios.  11  Dirás:  Atacaré  a  un  país  que  no  tiene 
sino  ciudades  abiertas,  sorprenderé  pacíficas  poblaciones,  que  viven  en 
plena  seguridad,  que  habitan  todas  en  ciudades  sin  murallas  y  que  care- 
cen de  barras  (o  cerrojos)  y  de  puertas,  12  a  fin  de  saquear  y  obtener 
botín,  para  extender  la  mano  sobre  ruinas  ahora  repobladas  y  sobre  un 
pueblo  recogido  en  el  seno  de  las  naciones,  que  han  adquirido  ganados 
y  bienes,  y  viven  en  el  ombligo  de  la  Tierra.  13  Saba  y  Dedán  y  los 
comerciantes  de  Tarsis  y  todos  sus  leoncillos  (imagen  destinada  a  pin- 
tar la  avidez  o  codicia  de  todos  esos  pueblos  comerciantes-,  —  V.  S.) 
te  preguntarán:  ¿Para  entregarte  al  saqueo  has  venido?  ¿Para  obtener 
botín  has  reunido  tus  tropas,  para  llevarte  plata  y  oro,  para  apoderarte 
del  ganado  y  hacer  un  gran  pillaje?  14  Por  tanto,  hijo  de  hombre,  pro- 
fetiza y  di  a  Gog:  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  En  aquel  día  —¿no  es 
verdad? —  cuando  mi  pueblo  Israel  viva  en  plena  seguridad,  tú  te  pon- 
drás en  movimiento ;  15  vendrás  de  tu  país,  del  extremo  Norte,  tú  y  mu- 
chos pueblos  contigo,  todos  montados  en  caballos,  inmensa  multitud  que 
formará  un  poderoso  ejército,  16"  y  subirás  contra  mi  pueblo  Israel, 
como  una  nube  para  cubrir  el  país.  18  En  aquel  día,  cuando  Gog 
penetre  en  el  suelo  de  Israel,  - — oráculo  del  Señor  Yahvé —  la  cólera 
subirá  a  mis  narices,  19  y  — lo  declaro  en  mis  celos  y  en  el  ardor  de 
mi  ira —  juro  que  aquel  día  se  producirá  un  gran  terremoto  en  el  país 
de  Israel.  20  Delante  de  mí,  temblarán  los  peces  del  mar  y  las  aves  del 
cielo,  los  animales  del  campo  y  todos  los  reptiles  que  se  arrastran  por 
tierra,  así  como  todos  los  hombres  que  vivan  en  la  superficie  del  suelo. 
Se  derrumbarán  las  montañas;  se  desplomarán  los  acantilados;  caerán 
a  tierra  todos  los  muros.  21  Llamaré  contra  Gog  toda  clase  de  flagelos 
terribles,  — oráculo  del  Señor  Yahvé — ;  cada  uno  volverá  su  espada 
contra  el  otro;  22  lo  procesaré  enviándole  la  peste  y  la  matanza,  lluvias 
torrenciales  y  pedriscos.  Haré  llover  fuego  y  azufre  sobre  él,  sobre  sus 
tropas  y  sobre  la  multitud  de  pueblos  que  lo  acompañarán.  23  Mani- 
festaré así  mi  gloria  y  mi  santidad,  y  me  haré  conocer  a  los  ojos  de 
muchas  naciones;  y  ellas  sabrán  que  yo  soy  Yahvé. 

3894.  Según  se  ve  en  el  trozo  precedente,  para  Ez^  la  invasión  al 
nuevo  Israel  se  producirá  por  los  malos  designios  de  Gog,  quien  al 
saber  que  este  país  está  desarmado  y  sin  defensas,  pues  sus  ciudades 
carecen  de  murallas  y  hasta  las  puertas  de  sus  casas  no  tienen  cerrojos, 
y  que  posee  ganados  y  muchos  bienes,  decide  atacarlo  con  propósitos 
de  pillaje.  Nótese  cuan  diferente  es  el  concepto  que  de  ese  futuro  acón- 


210 


EZEQUIEL,  CAP.  39 


tecimiento  se  han  formado  esos  dos  escritores:  para  Ez"',  la  iniciativa 
del  ataque  parte  de  Yahvé,  3892),  mientras  que  para  Ez\  esa  ini- 
ciativa pertenece  a  Gog,  y  Yahvé  viene  a  enterarse  de  la  invasión  cuando 
el  hecho  ya  ha  ocurrido,  lo  que  lo  pone  fuera  de  sí,  "la  cólera  se  le 
sube  a  las  narices"  y  en  su  furor,  jura  que  va  a  cometer  las  mayores 
insensateces,  tales  como  provocar  un  espantoso  terremoto  con  derrumbe 
de  las  montañas,  conmoción  sísmica  que  no  sólo  hará  temblar  a  los 
habitantes  del  país,  sino  que  hará  también  temblar  a  los  animales  del 
campo,  y  hasta  a  los  reptiles,  las  aves  y  los  peces  ( vs.  19,  20).  No  con- 
tento Yahvé  con  haber  producido  este  cataclismo,  hace  que  los  soldados 
enemigos  se  maten  entre  sí,  como  en  la  batalla  de  Gedeón  contra  los 
madianitas  (Jue.  1,  22:  S  489.  780),  desencadena  contra  Gog  y  su 
ejército  toda  clase  de  flagelos  terribles,  enviándoles  la  peste  y  la  ma- 
tanza (  ¡5  3730-3731),  y  además  lluvias  torrenciales,  pedriscos  de  gran 
tamaño  como  lo  hizo  en  la  batalla  de  Gabaón  para  ayudar  a  Josué 
408),  y  terroríficas  lluvias  de  fuego  y  azufre,  según  así  obró  para 
destruir  a  Sodoma  y  Gomorra  (Gén.  19,  24).  Ante  estas  manifestacio- 
nes de  la  cólera  del  dios  israelita,  sólo  cabe  esta  observación:  ¡Qué 
ridiculeces  le  atribuyen  los  escritores  bíblicos  a  Yahvé,  al  que  cuando 
lo  reputan  enojado,  lo  pintan  como  si  hubiera  perdido  la  chaveta!  — 
Finalmente,  sobre  el  v.  13,  escribe  L.  B.  d.  C.:  "Las  guerras  de  la  anti- 
güedad eran  para  los  revendedores,  ocasión  de  fructuosas  operaciones 
comerciales,  porque  compraban  a  vil  precio  el  botín  a  los  vencedores, 
sobre  todo  los  prisioneros,  reducidos  a  esclavitud,  p.  ej.,  después  del 
aplastamiento  de  la  sublevación  judía  en  el  año  135  n.  e.  (Jerónimo 
sobre  Zac.  11,  5  y  Jer.  31,  15).  De  ordinario  eran  los  comerciantes 
fenicios,  filisteos  y  edomitas  que  seguían  con  esa  intención  a  los  ejér- 
citos de  los  enemigos  de  Israel  (Am.  1,  6,  9;  §  2781,  2792).  Esta  vez 
como  el  invasor  venía  de  remotas  regiones  del  mundo,  concurren  tam- 
bién los  comerciantes  de  las  extremidades  de  la  Tierra". 

EL  CAPITULO  39  UEL  LJBRO  DE  EZEQUIEL.  _  3895.  En  ese  cap. 
39  los  dos  escritores  referidos,  Ez-  y  Ez\  narran  las  consecuencias  de 
la  intervención  de  Yahvé,  al  aniquilar  el  ejército  de  Cog.  Transcribire- 
mos por  separado  sus  relatos,  comenzando  por  el  de  Ez-.  —  39,  2  Te 
llevaré  como  quiera  y  te  haré  marchar  (  o  te  arrastraré,  —  traducción 
incierta),  le  haré  subir  del  extremo  Norte  y  te  traeré  sobre  las  monta- 
rías de  Israel.  3  Quebraré  tu  arco  en  tu  mano  izquierda,  y  haré  caer 
tus  flechas  de  tu  mano  derecha.  4  Sobre  las  montañas  de  Israel  sucum- 
birás, asi  como  todas  tus  tropas  y  la  multitud  de  pueblos  que  te  acom- 
pañarán, y  te  entregaré  a  los  buitres,  a  las  aves  de  toda  especie  y  a  las 
fieras  del  campo  para  que  te  devoren.  5  Quedarás  extendido  sobre  los 
campos,  porque  así  lo  he  ordenado  —  oráculo  del  Señor  Yahvé.  ■ —  6 
Encenderé  también  fuego  en  Magog  y  entre  aquellos  que,  sin  recelo. 


EZEQUIEL.  CAP.  39 


211 


habitan  en  las  islas,  y  sabrán  que  yo  soy  Yahvé.  7  Así  haré  conocer 
mi  santo  nombre  en  medio  de  mi  pueblo  Israel;  no  dejaré  más  profa- 
nar mi  santo  nombre,  y  sabrán  las  naciones  que  yo,  Yahvé,  soy  un  dios 
santo  en  Israel.  9  Saldrán  los  habitantes  de  las  ciudades  de  Israel  y  ha- 
rán fuego  y  lo  mantendrán  con  armas:  con  paveses  y  escudos,  con  arcos 
y  flechas,  con  mazas  y  lanzas;  de  estas  armas  se  sirvirán  durante  siete 
años  para  hacer  fuego.  10  No  tendrán  que  traer  leña  juntada  del  cam- 
po, ni  cortarla  en  los  bosques,  pues  harán  fuego  con  esas  armas:  saquea- 
rán a  los  que  los  saqueaban  y  despojarán  a  los  que  los  despojaban,  — 
oráculo  del  Señor  Yahvé.  —  17  Y  tú,  hijo  de  hombre,  asi  habla  el  Se- 
ñor Yahvé:  Di  a  las  aves  de  toda  especie  y  a  todas  las  fieras  del  campo: 
Congregáos  y  venid;  acudid  de  todas  partes  para  participar  en  el  sacri- 
ficio que  voy  a  realizar  para  vosotras,  en  un  gran  sacrificio  sobre  las 
montañas  de  Israel:  comeréis  carne  y  beberéis  sangre.  18  Comeréis  la 
carne  de  los  héroes  y  beberéis  la  sangre  de  los  príncipes  de  la  tierra: 
carneros,  corderos,  machos  cabríos,  toros,  todos  cebados  en  Basán.  (Es- 
tos animales  representan  los  diversos  compañeros  y  aliados  de  Gog,  — 
nota  de  la  V.  S.).  19  Comeréis  grasa  hasta  la  saciedad;  beberéis  sangre 
hasta  la  embriaguez,  gracias  al  sacrificio  que  habré  realizado  para  vos- 
otras. 20  En  mi  mesa  os  hartaréis  de  caballos  y  de  jinetes,  de  héroes  y 
de  guerreros  de  toda  clase,  —  oráculo  del  Señor  Yahvé.  21  Manifestaré 
así  mi  gloria  entre  las  naciones,  todas  las  cuales  me  verán  ejecutar  mis 
juicios  y  extender  mi  mano  sobre  ellas. 

3896.  Así  termina  el  relato  de  Ez^.  Obsérvese  que  en  el  v.  2  re- 
pite el  autor  que  Yahvé  traerá  sobre  Israel  a  Gog  con  todo  su  gran 
ejército,  (v.  4)  donde  los  hará  sucumbir  quebrándoles  sus  arcos  y  vol- 
teándoles las  flechas  de  sus  manos.  Caídos  todos  los  enemigos  sobre 
las  montañas  de  Israel,  sus  cuerpos  serán  pasto  de  las  aves  de  rapiña 
y  de  las  fieras  del  campo;  y  no  contento  con  esto,  Yahvé  llevará  fuego 
a  Magog  y  entre  los  habitantes  de  las  islas  del  Mediterráneo,  — que 
vivían  descuidados  sin  recelar  que  nada  malo  podía  sobrevenirles. —  a 
fin  de  hacer  conocer  por  todos,  su  santo  nombre,  vale  decir,  que  todo 
el  mundo  sabría  así  que  él  es  el  dios  de  las  calamidades.  El  desastre 
de  Gog  y  los  suyos  será  tan  fulminante  y  total,  que  junto  a  los  cadá- 
veres de  los  soldados  quedarán  sus  armas,  arcos,  flechas,  lanzas,  etc., 
en  tan  grande  cantidad  que  les  servirán  de  combustible  a  los  israelitas 
por  siete  años.  —  En  los  vs.  17-20  el  profeta,  por  orden  de  Yahvé,  con- 
voca a  las  aves  de  rapiña  y  a  las  fieras  del  campo  para  que  vengan  a 
participar  del  sacrificio  que  para  ellas  va, a  realizar  en  las  montañas  de 
Israel.  Ya  desde  fines  del  siglo  VII.  era  corriente  entre  los  inspirados 
de  Judá,  el  considerar  la  derrota  de  los  enemigos  nacionales  como  un 
sacrificio  celebrado  por  el  propio  dios  israelita.  Sin  embargo,  en  el 
libro  de  Sofonías,  se  dice  que  "Yahvé  ha  preparado  un  sacrificio"  (1, 
7:  §  3404-3407),  en  que  si  bien  Yahvé  es  el  sacrificador  y  la  víctima 


212 


FIN  DEL  EJERCITO  DE  GOG 


es  Judá,  — como  se  trata  de  un  sacrificio  de  paz  en  el  que  el  oferente, 
sus  parientes  y  amigos  consumían  la  carne  de  la  víctima — ,  los  invita- 
dos a  ese  festín  sagrado  son  los  invasores  enemigos.  En  Jer.  46,  10 
(§  3539  bis)  se  compara  la  batalla  de  Carquemis,  en  la  que  fueron  ven- 
cidos los  egipcios  por  los  caldeos,  con  un  sacrificio  en  honor  de  Yahvé, 
por  ser  el  día  en  que  este  dios  se  vengó  de  la  derrota  de  Meguido,  donde 
pereció  el  piadoso  rey  yahvista  Josías.  Y  en  Is.  34,  6-8,  en  un  día  tam- 
bién de  la  venganza  de  Yahvé,  celebra  este  dios  un  sacrificio  en  Bozra, 
matando  con  su  espada  a  todos  los  edomitas  (§  3130,  3135).  En  nues- 
tro relato  de  Ez^,  las  víctimas  serán  Gog  y  todo  su  ejército  y  tropas 
auxiliares  (los  héroes  y  príncipes  de  la  tierra,  v.  18)  y  los  invitados  al 
festín  sagrado  son  las  aves  de  rapiña  y  las  fieras.  A  éstas  las  invita  el 
dios  a  su  mesa,  donde  podrán  hartarse  de  grasa  y  sangre  "de  caballos 
y  de  jinetes,  de  héroes  y  de  guerreros  de  toda  clase".  Observa  L.  B.  d.  C. 
que  "en  los  sacrificios  de  paz,  en  Israel,  no  se  bebía  la  sangre  de  las 
víctimas,  reservada  totalmente  a  Yahvé  y  derramada  sobre  el  altar; 
pero  antiguamente  el  fiel  tomaba  sangre  de  los  animales  sacrificados,  lo 
mismo  que  la  divinidad.  Este  rito  se  había  conservado  entre  los  árabes 
y  se  restableció  en  Israel  entre  los  adeptos  de  ciertos  cultos  místicos, 
pensando  sin  duda  realizar  así  una  comunión  más  íntima  entre  ellos  y 
Dios;  lo  que  explica  las  reiteradas  prohibiciones  de  esta  práctica  (33, 
25;  cf.  Lev.  19,  26;  Zac.  9,  7;  etc.).  Quizá  el  autor  haga  alusión  a  este 
ritual;  aunque  bien  pudiera  ser  que  este  rasgo  no  convenga  a  la  ima- 
gen del  sacrificio,  sino  sólo  a  la  realidad  representada  bajo  esta  imagen 
(la  sangre  bebida  por  las  fieras)".  Sobre  la  expresión  en  mi  mesa  os 
hartaréis,  del  v.  20,  entiende  L.  B.  d.  C,  contrariamente  a  la  opinión 
de  ciertos  historiadores  modernos,  que  "ella  indica  que  el  festín  que 
acompañaba  al  sacrificio  de  paz,  se  concebía  como  un  acto  de  comu- 
nión, comida  en  la  que  Yahvé  tomaba  parte;  porque  la  mesa  designa 
siempre  un  objeto  sobre  el  cual  la  divinidad  toma  alimentos:  el  altar 
(Mal.  1,  7,  12),  o  la  mesa  sobre  la  cual  se  colocan  panes  periódi- 
camente". 

3897.  Veamos  ahora  la  terminación  del  relato  de  Ez^  —  39,  8  He 
aquí  que  estos  sucesos  están  muy  próximos;  van  a  realizarse  — oráculo 
del  Señor  Yahvé — ,  es  el  día  que  yo  había  predicho.  11  En  aquel  día, 
señalaré  a  Gog  un  lugar  en  Israel  donde  sea  enterrado:  el  valle  de  los 
Abarim  (el  T.  M.:  de  los  pasantes),  al  Este  del  Mar  (Muerto).  Se  cer- 
cará ese  valle;  en  él  se  enterrará  a  Gog  y  a  toda  la  multitud  de  sus 
gentes,  y  se  le  llamará  Hamón-Gog  (o  sea,  de  la  multitud  de  Gog).  12 
Los  hijos  de  la  casa  de  Israel  los  sepultarán  a  fin  de  purificar  el  país; 
lo  que  durará  siete  meses.  13  Los  enterrarán  todos  los  habitantes  del 
país,  y  será  para  ellos  un  título  de  honor,  el  día  en  que  yo  manifieste 
mi  gloria,  — oráculo  del  Señor  Yahvé.  14  Habrá  hombres  designados 
para  recorrer  constantemente  el  país  en  busca  de  cadáveres  quedados 


ENTIERRO  DEL  EJERCITO  DE  GOG 


213 


sobre  la  haz  de  la  tierra,  a  fin  de  terminar  su  purificación  al  cabo  de 
siete  meses.  15  Si  uno  de  ellos  al  recorrer  el  país,  divisare  una  osa- 
menta humana,  construirá  junto  a  ella  un  cairn  (montículo  de  tierra 
y  piedras,  de  los  hombres  prehistóricos;  §  67,  n.  2)  hasta  que  la  hayan 
enterrado  los  sepultureros  en  el  valle  de  Hamón-Gog.  16  ( Hamona  es 
también  el  nombre  de  una  ciudad.  Esta  glosa,  que  nos  da  el  nombre 
de  una  ciudad  que  desconocemos,  tenía  su  lugar  más  apropiado  que 
aquí  después  del  v.  11).  Así  purificarán  el  país.  23  Entonces  sabrán 
las  naciones  que  si  los  hijos  de  la  casa  de  Israel  han  sido  desterrados, 
es  por  causa  de  sus  iniquidades,  de  su  infidelidad  hacia  mí.  Por  eso 
les  he  ocultado  mi  rostro,  los  he  entregado  en  manos  de  sus  adversa- 
rios, y  es  que  todos  perecen  por  la  espada.  24  Los  he  tratado  según  sus 
contaminaciones  y  sus  rebeliones;  les  he  ocultado  mi  rostro. 

3898.  Según  este  relato  de  Ez',  después  de  aniquilado  el  formi- 
dable ejército  de  Gog,  incluso  su  jefe,  Yahvé  señala  el  paraje  donde 
será  enterrada  esa  enorme  multitud,  al  Este  del  Mar  Muerto,  en  un 
valle  que  manda  cercar  y  al  que  da  el  nombre  de  Hamón-Gog.  Los 
sepultarán  allí  todos  los  habitantes  del  país,  frase  ésta  que  L.  B.  d.  C. 
sustituye  por  la  de  todos  los  laicos,  y  que  justifica  así:  "Los  sacerdotes 
no  deben  participar  en  ese  trabajo  de  entierro,  porque  no  les  está  per- 
mitido contaminarse  con  el  contacto  de  un  cadáver,  sino  en  los  casos 
absolutamente  obligatorios,  como  por  el  duelo  de  un  pariente  muy  pró- 
ximo (11,  25-27).  Serán  tantos  los  cadáveres  a  sepultar,  que  esa  tarea 
demandará  siete  meses.  Nótese  esta  diferencia  radical  del  relato  de  Ez' 
con  el  de  Ez^,  pues  mientras  el  último  expresa  que  los  muertos  del  ejér- 
cito de  Gog  permanecerán  sobre  la  superficie  de  la  tierra,  sirviendo  de 
pasto  a  las  fieras  y  aves  de  rapiña,  aquél  manifiesta  que  Yahvé  los  man- 
da enterrar  a  todos,  y  al  efecto  habrá  hombres  especialmente  encargados 
de  recorrer  el  país  en  busca  de  cadáveres,  para  hacerlos  sepultar,  a  fin 
de  purificar  el  territorio  nacional,  ya  que,  según  L.  B.  A.,  "los  cuerpos  de 
esos  paganos  muertos  hubieran  sido  una  permanente  contaminación  para 
la  Tierra  Santa".  Se  dice  en  el  v.  11  que  ese  gran  cementerio  estará 
en  Israel;  pero  luego  se  agrega:  en  el  valle  de  Abarim,  al  Este  del  Mar 
Muerto,  o  sea,  en  territorio  de  Moab,  de  modo  que  ese  cementerio  vendría 
a  quedar  fuera  de  Israel,  ya  que  reconoce  Ezequiel  que  el  límite  orien- 
tal de  este  país  es  el  río  Jordán  (47,  18).  Para  que  se  vea  cómo  la 
diferencia  de  traducción  altera  a  veces  completamente  el  sentido  del 
texto,  notaremos  que  los  que  siguen  a  los  masoretas,  en  el  v.  11,  en 
vez  de  "el  valle  de  los  Abarim"  y  "se  cerrará  ese  valle",  según  la  ver- 
sión de  L.  B.  d.  C.,  traen  más  o  menos  esto:  "en  el  valle  de  los  pasan- 
tes. .  .  y  esto  tapará  el  camino  a  los  pasantes".  La  Vulgata  vierte  así 
esa  frase:  "el  valle  de  los  que  van  hacia  el  Oriente  de  la  mar,  que  hará 
pasmar  a  los  que  pasen",  lo  que  motiva  esta  nota  de  Scío:  "El  texto 
hebreo:  Que  hará  tapar  las  narices  y  los  ojos  a  los  que  pasaren,  por 


214 


UN  SALMO  RECIENTE 


causa  de  la  suma  hediondez  de  los  cadáveres  y  por  no  ver  un  espec- 
táculo tan  horroroso".  De  lo  que  resulta  que  la  expresión  tapar  o  cerrar 
el  camino  a  los  viajeros  o  pasantes,  viene  a  convertirse  en  taparse  las 
narices  para  no  sentir  el  mal  olor  de  los  muertos,  cuando  al  fin  de 
cuentas  lo  que  quiso  expresar  el  autor  es  que  aquel  vastísimo  cemen- 
terio debía  cercarse  o  cerrarse  con  tapias.  ¡Y  pensar  que  se  hacen  tan- 
tos sermones  sobre  simples  palabras  que  figuran  en  nuestras  Biblias 
corrientes,  y  que  se  consideran  dictadas  por  el  Ser  Supremo! 

3899.  En  cuanto  a  los  vs.  23-24  no  guardan  relación  con  el  con- 
texto, ni  con  las  promesas  de  restauración  y  de  perdón  de  los  caps, 
anteriores  al  38,  como  p.  ej.,  aquella  de  37,  23'':  "Los  libertaré  de  todas 
las  infidelidades  de  que  se  han  vuelto  culpables  y  los  purificaré:  ellos 
serán  mi  pueblo  y  yo  seré  su  dios".  ¿A  qué  viene,  pues,  ahora,  termi- 
nado el  relato  del  desastre  de  la  invasión  de  Gog,  esta  declaración  ex- 
temporánea puesta  en  boca  de  Yahvé,  que  si  Israel  ha  sido  desterrado 
es  por  sus  iniquidades  y  su  infidelidad  hacia  él,  por  lo  cual  les  ha  ocul- 
tado su  rostro  y  permite  que  perezcan  a  espada?  Tal  declaración  era 
uno  de  los  lugares  comunes  de  los  inspirados  de  aquella  época,  que  se 
repetía  a  troche  y  moche,  propia  del  pueblo  judío  en  tiempo  de  calami- 
dad nacional,  como  p.  ej.,  muchos  siglos  más  tarde,  cuando  Pompeyo 
se  apoderó  de  Jerusalén  el  año  63  a.  n.  e.,  el  autor  de  los  Salmos  de 
Salomón  escribía:" 

"Naciones  extrañas  han  subido  sobre  tu  altar, 
Lo  han  pisoteado  insolentemente  con  sus  sandalias. 
Porque  los  hijos  de  Jerusalén  habían  contaminado  el  san- 

[tuario  del  Señor, 

Habían  profanado  por  iniquidades  los  dones  ofrecidos  a  Dios. 

A  causa  de  esto,  él  ha  dicho:  ¡Separadlos,  alejadlos  de  mí! 

¡No  me  complazco  en  ellos! 

Hijos  e  hijas  sufren  un  espantoso  cautiverio. 

Llevan  sobre  su  cerviz  un  sello,  una  marca  entre  las  naciones. 

Dios  los  ha  tratado  según  sus  pecados, 

Porque  los  ha  entregado  en  manos  de  sus  vencedores, 

Pues  ha  dado  vuelta  su  rostro  sin  apiadarse  de  ellos. 

Jóvenes  y  viejos  junto  con  sus  niños, 

Porque  juntos  habían  cometido  el  mal,  rehusando  escuchar- 

[me. .  . 

Porque  las  naciones  han  ultrajado  a  Jerusalén,  pisoteán- 
dola. (1) 

Obsérvese  la  identidad  de  lenguaje  entre  el  escritor  del  siglo  VI,  que 
busca  explicarse  la  toma  de  Jerusalén  por  los  caldeos,  y  el  escritor  del 


(1)    Traducción  de  A.  Dupont-Sominer.  Nouveaux  Aperqus,  (p.  54). 


LA  EXPEDICION  DE  GOG 


215 


siglo  I  a.  n.  e.  que  trata  también  de  explicarse  la  toma  de  Jerusalén  por 
los  romanos.  El  primero  encuentra  la  causa  de  aquel  desastre  en  las 
iniquidades  de  la  casa  de  Israel,  y  en  su  infidelidad  hacia  su  dios,  por 
lo  cual  éste  les  ha  ocultado  su  rostro,  han  sido  desterrados  y  los  ha 
entregado  en  manos  de  sus  adversarios;  igualmente  el  segundo  ve  la 
causa  de  este  último  infortunio  en  que  por  las  iniquidades  de  los  jero- 
solimitanos.  Dios  (ya  el  nombre  de  Yahvé  era  impronunciable)  los  ha 
tratado  según  sus  pecados,  les  ha  dado  vuelta  el  rostro,  les  hace  sufrir 
espantoso  cautiverio,  los  ha  entregado  en  manos  de  sus  vencedores,  sin 
apiadarse  de  ellos,  ya  que  habían  rehusado  escucharlo,  o  sea,  por  su 
infidelidad  hacia  él.  Como  se  ve,  a  través  de  los  siglos  se  seguía  el 
mismo  procedimiento  explicativo  de  los  descalabros  nacionales,  los  que 
se  atribuían  a  motivos  religiosos,  es  decir,  a  la  irritación  del  dios  na- 
cional por  no  serles  completamente  fieles  sus  adeptos. 

3900.  En  resumen,  las  principales  características  de  los  dos  rela- 
tos de  la  expedición  de  Gog  contra  el  nuevo  Israel,  son  las  siguientes: 


1.  Preámbulo  en  39,  1. 

2.  Gog  decide  su  invasión  al  ente- 
rarse de  que  Israel  es  un  pueblo 
pacífico,  rico,  desarmado  y  por  lo 
tanto,  fácil  de  saquear.  38,  11-16". 

3.  Esa  invasión  pronto  ocurrirá. 
39.  8. 

4.  El  aniquilamiento  del  ejército 
de  Gog  lo  hará  Yahvé  por  medio 
de  terremotos,  lluvias  torrenciales 
y  de  azufre  y  fuego,  pedriscos,  pes- 
te y  haciendo  que  los  enemigos  se 
maten  entre  sí.  38,  18-23. 

5.  Los  cadáveres  de  los  soldados 
de  Gog  serán  sepultados,  a  fin  de 
purificar  el  país,  operación  que 
durará  7  meses.  39,  11-16. 


Ez.2 

1.  Preámbulo  en  38,  1-2. 

2.  Yahvé  saca  con  garfios  a  Gog 
de  su  país,  le  ordena  haga  sus  pre- 
parativos y  esté  listo  para  invadir 
a  Israel  cuando  él  se  lo  mande, 
38,  1-9. 

3.  Esa  invasión  será  en  época  muy 
lejana.  38,  8,  16K 

4.  Ese  aniquilamiento  lo  realizará 
Yahvé  haciendo  caer  las  armas  de 
manos  de  los  invasores.  39,  3.  Los 
israelitas  utilizarán  esas  armas  co- 
mo leña  para  quemar  durante  7 
años  consecutivos.  39,  9-10. 

5.  Los  cadáveres  de  los  soldados 
de  Gog  quedarán  insepultos  y  ser- 
virán de  pasto  a  las  fieras  y  aves 
de  rapiña.  39,  4-5,  17-20. 


La  fusión  de  ambos  relatos  presenta  curiosidades  como  ésta:  que  las 
fieras  y  aves  de  rapiña  son  invitadas  a  que  vengan  a  hartarse  de  la 


216 


FINAL  DE  EZEQUIEL,  39 


carne  y  de  la  sangre  de  los  caídos  enemigos  (39,  17-20),  después  que 
se  ha  narrado  minuciosamente  el  entierro  de  hasta  el  último  cadáver 
(39,  11-16).  ¿Pueden  ser  de  Ezequiel  estos  relatos  tan  diferentes?  — 
Contesta  L.  B.  d.  C:  "Según  ciertos  críticos,  en  la  base  de  los  caps. 
38  y  39  habría  un  oráculo  auténtico  de  Ezequiel;  pero  que  fue  ampli- 
ficado después  por  otra  mano.  Parece  más  probable  que  dos  redaccio- 
nes ligeramente  diferentes  (nosotros  diríamos,  totalmente  diferentes)  de 
la  misma  profecía  fueron  fusionadas  en  un  trozo  único...  La  profecía 
relativa  a  Gog,  en  sus  dos  formas,  difiere  sensiblemente  de  los  otros 
oráculos  que  encierra  el  libro:  mientras  que  éstos,  como  ocurre  en  todos 
los  grandes  profetas,  se  limitan  a  prolongar  las  líneas  del  presente,  tene- 
mos aquí  un  acontecimiento  concreto  de  tiempos  lejanos  predicho  con 
detalles  minuciosos,  incluso  con  el  nombre  propio  de  una  persona.  Esto 
ya  no  es  profecía,  sino  apocalipsis  (§  3032-3034).  Cierto  es  que  el 
mismo  Ezequiel  puede  haber  preparado  la  transición  de  un  género  al 
otro,  ya  que  la  predicción  sobre  Gog  es,  en  parte  a  lo  menos,  el  resul- 
tado de  meditaciones  sobre  los  oráculos  de  antiguos  profetas  (38,  17; 
39,  8)  y  de  deducciones  teológicas  sobre  lo  que  exige  el  honor  de  Dios. 
Ahora  bien,  Ezequiel  pudo  meditar  sobre  los  oráculos  de  sus  antece- 
sores como  lo  harán  poco  después  el  Segundo  Isaías  y  Zacarías  (1,  12)  ; 
y  Jeremías  se  refería  ya  a  la  tradición  profética  (28,  8).  Sin  embargo, 
lo  que  haría  dudar  que  la  predicción  sobre  Gog  sea  de  Ezequiel  mismo, 
es  que  en  toda  su  obra  el  profeta  parece  contar  con  que  los  judíos  al 
retorno  del  destierro  gozarán  de  perpetua  paz,  y  en  ninguna  parte  alude 
a  que  tuvieran  que  sufrir  un  nuevo  asalto.  Además,  el  v.  13  del  cap.  39 
supone  quizá  establecida  la  creencia  en  la  resurrección  de  los  muertos 
en  los  tiempos  mesiánicos,  versículo  que  sería  entonces  posterior  a  la 
época  de  Ezequiel".  Con  esto  da  a  entender  L.  B.  d.  C.  que  no  cree 
en  la  autenticidad  de  los  caps.  38  y  39  de  la  referencia;  suposición  con- 
firmada por  el  hecho  de  que  Lods,  director  de  esa  versión,  no  menciona 
para  nada  dichos  capítulos  en  su  estudio  sobre  Ezequiel,  en  su  obra 
póstuma  Hist.  de  la  Litterature  Hebraique  et  Juive  (ps.  443-448). 

EL  FINAL  DEL  CAP.  39.  —  3901.  39,  25  Por  lo  cual,  asi  habla  el 
Señor  Yahvé:  "Voy  ahora  a  restablecer  a  Jacob;  tendré  piedad  de  toda 
la  casa  de  Israel,  y  me  mostraré  celoso  del  honor  de  mi  santo  nombre. 
26  Los  hijos  de  Israel,  quedarán  llenos  de  confusión  a  causa  de  todas 
las  infidelidades  de  que  se  han  hecho  culpables  hacia  mí,  cuando  habi- 
ten nuevamente  en  su  tierra  con  toda  seguridad,  y  sin  que  nadie  los 
inquiete,  27  cuando  los  haya  sacado  de  en  medio  de  los  otros  pueblos, 
los  haya  recogido  de  los  países  de  sus  enemigos,  y  que  manifieste  mi 
santidad  ante  la  vista  de  las  naciones,  por  la  manera  cómo  obraré  a  su 
respecto.  28  Reconocerán  que  yo,  Yahvé,  yo  soy  su  dios,  cuando  des- 
pués de  haberlos  desterrado  entre  las  naciones,  los  reúna  sobre  su  suelo. 


INTERPRETACION  ORTODOXA 


217 


sin  dejar  allá  a  ninguno  de  ellos.  29  Y  no  les  ocultaré  más  mi  rostro, 
porque  habré  derramado  mi  espíritu  sobre  la  casa  de  Israel,  —  oráculo 
del  Señor  Yahvé.  Este  final,  escrito  probablemente  por  el  que  fusionó 
los  relatos  Ez^  y  Ez-,  es  como  dice  L.  B.  d.  C,  "un  resumen  de:li^^,^;, 
vistas  de  Ezequiel  sobre  el  porvenir  de  su  pueblo,  que  no  tiene  relación 
especial  con  la  profecía  sobre  Gog  y  puede  ser  independiente  de  ella. 
De  los  dos  motivos  expresados  en  el  v.  25,  en  virtud  de  los  cuales  inter- 
vendrá Yahvé  en  favor  de  Jacob,  o  sea,  de  la  casa  de  Israel,  el  primero, 
— la  piedad —  nunca  lo  mencionó  Ezequiel,  fuera  de  este  pasaje;  pero 
por  el  contrario,  el  segundo  lo  es  muy  frecuentemente,  a  saber:  su  in- 
quietud por  el  honor  del  nombre  de  Yahvé".  Las  ideas  expuestas  en 
los  vs.  26,  27  se  encuentran  en  muchos  pasajes  de  Ezequiel,  tales  como: 
16,  53;  20,  43-44  y  36,  31-32.  Yahvé  no  ocultará  más  su  rostro  a  la 
casa  de  Israel,  cuando  le  haya  infundido  su  espíritu,  porque  entonces 
guardarán  fielmente  sus  prescripciones  (36,  27;  §  3883-3884). 

3902.  Y  para  terminar  con  este  tema,  sólo  nos  resta  exponer  cómo 
interpretan  esta  profecía  apocalíptica  la  ortodoxia  de  las  dos  grandes 
ramas  del  cristianismo.  La  ortodoxia  católica,  por  la  pluma  de  Scío, 
se  expresa  en  estos  términos:  "Así  como  el  reino  de  Jesucristo  de  mil 
años  no  es  terreno  sino  espiritual,  a  este  modo  se  ha  de  interpretar  tam- 
bién espiritualmente  esta  persecución  que  padecerá  la  Iglesia.  En  aquel 
reino  de  mil  años  de  que  habla  S.  Juan  en  el  Apocalipsis,  se  representa 
el  estado  de  la  Iglesia  militante,  en  la  cual  reina  Jesucristo  hasta  la  con- 
sumación de  los  siglos;  y  la  ciudad  amada  no  es  otra  que  'la  congre- 
gación de  los  santos  en  esta  misma  Iglesia  derramada  por  todo  el  mun- 
do. Por  Gog  y  por  Magog  no  se  entiende  tampoco  una  nación  deter- 
minada, sino  todo  el  cúmulo  de  los  impíos,  los  cuales  pasados  los  mil 
años,  o  hacia  el  fin  de  los  siglos,  reunirán  todas  sus  fuerzas  para  com- 
batir la  Iglesia  con  el  mayor  tesón  y  encono.  Esta  es  una  de  las  pro- 
fecías más  oscuras  que  se  hallan  en  el  Viejo  Testamento,  lo  que  ha  dado 
lugar  a  que  los  intérpretes  sigan  diversos  caminos  para  exponerla.  Nos- 
otros seguimos  a  S.  Jerónimo  y  a  S.  Agustín,  como  que  sus  sentimien- 
tos se  conforman  más  naturalmente  con  las  expresiones  que  usa  aquí 
el  profeta".  Y  anotando  39.  16,  el  mismo  exégeta  escribe:  "Y  purifi- 
carán la  tierra  de  la  muchedumbre  de  cadáveres  que  la  cubrirán.  Algu- 
nos creen  que  se  cumplió  de  algún  modo  esta  profecía  en  tiempo  de 
Cambises,  que  volviendo  de  Egipto,  padeció  mucho  estrago  y  murió 
cerca  del  monte  Carmelo  en  la  Judea.  Otros  lo  aplican  a  Antíoco  Epi- 
fanes,  cuando  los  macabeos  derrotaron  en  la  Judea  una  gran  parte  de 
su  ejército,  como  se  refiere  en  I  Macab.  5.  Pero  casi  todos  exponen  esta 
profecía  del  nuevo  Israel,  o  Iglesia  de  Jesucristo,  en  donde  han  de  tener 
cumolimiento  estas  magníficas  promesas  y  estos  vaticinios  misteriosos". 
—  La  Biblie  Annotée,  destacada  obra  de  la  ortodoxia  protestante,  sobre 
este  tema  trae  el  siguiente  comentario:  "Estos  dos  capítulos  (38  y  39) 


218 


INTERPRETACION  ORTODOXA 


describen  la  caída  final  del  paganismo  sobre  la  tierra.  Ya  los  antiguos 
profetas,  sobre  todo  Joel  f§  2783-2783  bis).  Miqueas  y  Sofonías,  des- 
pués de  haber  descrito  el  juicio  de  Israel  ejecutado  por  los  paganos, 
habían  anunciado  el  que  éstos  tendrían  que  sufrir  de  parte  de  Dios 
mismo.  Esta  última  idea  es  la  que  en  esta  profecía  se  pone  en  escena 
de  la  manera  más  dramática.  Muchos  rasgos  ("siete  años,  siete  meses) 
nos  obligan  a  atribuirle  carácter  simbólico  y  sentido  espiritual:  sin  em- 
bargo manifiesto  es  aue  el  profeta  habla  del  acontecimiento  que  des- 
cribe como  de  un  hecho  verdaderamente  histórico.  Antes  de  esta  última 
lucha  de  la  humanidad  contra  el  Eterno,  no  puede  obtener  el  reino  de 
Dios  su  constitución  definitiva.  Este  edificio  eterno  no  se  elevará  sino 
sobre  las  ruinas  de  todos  los  elementos  resistentes  en  la  raza  humana. 
Ouizá  la  terrible  invasión  de  los  escitas  en  toda  el  Asia  occidental,  que 
había  ocurrido  medio  siglo  antes  de  esta  profecía  ícf.  Jer.  4,  5),  sugi- 
rió al  profeta  algunos  rasgos  de  este  cuadro.  Sabido  es  aue  Juan  coloca 
esta  invasión  de  Gog  y  Magoe  en  seguida  del  reino  de  mil  años  ÍApoc. 
20.  7-10),  antes  de  la  aparición  del  nuevo  cielo  y  de  la  nueva  tierra 
(21,  4-5),  V  ocupa  un  lugar  análogo  en  Ezequiel;  cf.  los  caps.  40-48, 
que  siguen". 

3903.  Y  el  profesor  de  la  Facultad  de  Teología  de  la  Iglesia  Libre 
del  cantón  de  Vaud  (Suiza).  Mr.  Lucien  Gautier.  igualmente  de  acuerdo 
con  el  criterio  ortodoxo  de  L.  B.  A.,  escribía  en  1890,  lo  siguiente:  "Nos 
narece  aue  Gog  es  más  bien  una  personificación  que  una  persona  real. 
Nos  aparece  como  la  encarnación  típica  del  poder  terrestre  en  todo  lo 
aue  tiene  de  más  terrible:  bajo  su  bandera  se  estrecha  el  universo  en- 
tero: escitas  del  extremo  Norte,  persas  del  Oriente,  etíopes  del  Sur.  Es 
como  un  formidable  empuje,  un  ataaue  universal  y  furioso  que  se  de- 
sencadena contra  Israel  restaurado  v  bendecido.  En  esta  concepción  de 
Ezeauiel  hav  una  intuición  profunda,  aue  encuentra  brillante  confir- 
mación en  la  realidad.  Sí.  el  mal,  la  potencia  tenebrosa  y  malhechora, 
recluta  hasta  el  último  de  sus  partidarios,  y  combina  sus  esfuerzos  en 
una  suprema  tentativa,  cuando  la  obra  de  Dios  llega  a  un  momento 
decisivo,  cuando  está  a  punto  de  producirse  algún  grande  e  incontesta- 
ble progreso.  Es  así  que  en  el  umbral  de  su  ministerio,  encontró  Jesús 
al  tentador  en  el  desierto;  es  así  que  en  la  víspera  de  su  crucifixión, 
en  el  momento  de  acabar  y  de  coronar  su  obra,  padeció  los  asaltos 
terribles  de  la  agonía  en  Getsemaní:  así  también  nos  muestra  la  histo- 
ria de  la  Iglesia  temibles  recrudescencias  del  poder  de  las  tinieblas  en 
los  instantes  decisivos,  en  los  tiempos  de  crisis.  Hallamos  esta  misma 
concepción  en  el  Anticristo  del  Nuevo  Testamento.  Y  sin  pretender  iden- 
tificar a  Gog  con  el  Anticristo,  nos  contentaremos  con  manifestar  que 
se  trata  de  dos  nociones  conexas.  El  profeta  quiere,  pues,  mostrar  a  su 


INTERPRETACION  ORTODOXA 


219 


pueblo  que  una  vez  efectuado  su  restablecimiento  en  Canaán,  una  vez 
repoblada  Jerusalén  y  reintegrado  el  pueblo  en  sus  posesiones  y  en  sus 
privilegios,  todo  no  estará  dicho  todavía.  Habrá  que  experimentar  una 
nueva,  una  última,  una  suprema  lucha.  A  muchos  respectos,  será  seme- 
jante esta  prueba  a  aquella  que  atravesó  Jerusalén  en  tiempo  de  Eze- 
quiel  y  que  culminó  en  la  catástrofe  del  588  (586j,  y  así  Gog,  en  cierto 
modo,  forma  un  paralelo  con  Nabucodonosor.  Pero  al  mismo  tiempo 
ella  será  la  contraparte  y  la  revancha,  porque  si  en  la  primera  crisis 
sucumbió  Jerusalén,  en  la  segunda  crisis,  en  la  definitiva,  ella  saldrá 
victoriosa,  por  la  protección  de  Dios"  {La  Mission,  ps.  313-314).  En 
resumen,  tratándose  de  una  profecía  apocalíptica,  que  según  confesión 
de  ambas  ortodoxias  tendrá  su  cumplimiento  al  fin  de  los  siglos,  caben 
todas  las  interpretaciones  que  la  fe  quiera  darle. 


CAPITULO  X 


La  Tora  de  Ezequiel 


LOS  CAPS.  40-48.  —  3904.  Con  estos  caps,  se  cierra  el  libro  de 
Ezequiel.  En  los  anteriores,  principalmente  en  el  36  y  37,  el  profeta 
había  hecho  las  más  seductoras  promesas  a  sus  compatriotas  desterra- 
dos, anunciándoles  un  próximo  retorno  glorioso  a  su  patria,  donde  esta- 
rían gobernados  por  David  o  uno  de  sus  descendientes;  Yahvé  habita- 
ría eternamente  en  su  santuario  reconstruido  en  Jerusalén,  y  este  dios 
no  tendría  que  volverlos  a  castigar,  porque  previamente  habría  tenido 
la  precaución  de  cambiarles  el  corazón,  e  infundirles  nuevo  espíritu, 
por  lo  cual  siempre  le  serían  fieles.  Meditando  en  estas  perspectivas 
optimistas,  Ezequiel  traza  un  programa  aplicable  a  aquel  nuevo  estado 
de  cosas,  y  al  efecto  comienza  dando  minuciosos  detalles  de  cómo  y 
donde  debería  ser  reconstruido  el  templo,  siguiendo  con  los  relativos  al 
culto,  a  la  organización  jerárquica  del  sacerdocio,  la  nueva  participa- 
ción del  territorio  entre  las  doce  legendarias  tribus  de  Israel,  y  los 
deberes  y  derechos  del  príncipe  que  los  gobernaría.  Tanto  las  construc- 
ciones a  realizar,  como  la  proyectada  repartición  territorial,  como  las 
prescripciones  legislativas  y  demás  datos  que  expone,  los  da  como  resul- 
tado de  una  gran  visión,  especificando  que  todo  ha  sido  ordenado  por 
Yahvé.  Veamos  primeramente  la  introducción  de  ese  trabajo,  la  que 
dice  así:  40,  1  El  año  veinticinco  de  nuestro  destierro,  al  principio  del 
año,  el  diez  del  mes,  catorce  años  después  de  la  caída  de  la  ciudad,  ese 
día  mismo  se  posó  sobre  mí  la  mano  de  Yahvé,  y  me  transportó,  2  en  el 
curso  de  visiones  divinas,  al  país  de  Israel.  Me  depositó  sobre  una  mon- 
taña muy  alta,  donde  parecían  elevarse  frente  a  mí  los  edificios  de  una 
ciudad.  3  Cuando  me  hubo  llevado  a  ese  sitio,  vi  a  un  hombre  cuyo 
cuerpo  presentaba  la  apariencia  del  bronce  y  que  tenía  en  la  mano  un 
cordel  de  lino  y  una  caña  de  medir  y  que  estaba  de  pie  en  la  puerta. 
4  Aquel  hombre  me  dijo:  "Hijo  de  hombre,  mira  con  tus  ojos,  escu- 
cha con  tus  oídos  y  presta  atención  a  todas  las  cosas  que  voy  a  mos- 
trarte, porque  has  sido  traído  aquí  para  que  yo  te  las  haga  ver,  y  todo 
lo  que  veas  comunícalo  a  la  casa  de  Israel". 


PROYECTO  DEL  NUEVO  TEMPLO 


221 


3905.  Esta  es  la  penúltima  visión  datada  de  Ezequiel  (§  3704), 
siendo  la  última  la  de  29,  17-20  (§  3592).  Según  el  primer  versículo 
del  cap.  40  esa  visión  ocurrió  por  el  año  572,  o  sea,  25  años  después 
de  la  deportación  de  Jeconías  en  el  597,  y  14  años  después  de  la  caída 
de  Jerusalén  en  586.  Aunque  no  se  menciona  el  nombre  del  mes,  se  cree 
que  el  autor  se  refiere  al  mes  con  el  que  comenzaba  el  año  entre  los 
israelitas  antes  del  destierro,  o  sea,  el  de  Etanim,  que  caía  en  el  equi- 
noxio  de  otoño  (nuestro  setiembre-octubre),  mes  que,  cuando  los  ju- 
díos adoptaron  el  calendario  babilónico,  fue  el  séptimo  y  se  denominó 
Tischri  o  tizni  (§  150,  1245).  Los  judíos  vinieron  a  tener  en  adelante 
dos  calendarios:  uno  religioso,  según  el  cual  el  primer  día  del  año  co- 
rrespondía, como  en  nuestro  texto,  al  10  del  séptimo  mes  civil,  fecha 
que  aún  celebran  hoy  los  judíos  observantes  y  la  que  más  tarde  se  llevó 
al  primero  de  ese  mes  de  tizri  (Lev.  23,  24;  Núm.  29,  i),  es  decir,  nues- 
tro 21  de  setiembre;  y  otro,  el  calendario  civil  tomado  de  Babilonia, 
postexílico,  que  hace  partir  el  año  del  día  1  del  primer  mes,  llamado 
Nisán,  o  sea,  del  21  de  nuestro  mes  de  marzo.  —  En  cuanto  a  la  mon- 
taña muy  alta  sobre  la  cual  fue  transportado  Ezequiel,  recuérdese  lo 
dicho  en  Is.  2,  2  que  en  los  tiempos  mesiánicos,  el  monte  en  cuya  cima 
estaría  el  Templo,  sería  afirmado  sobre  las  montañas,  estaría  por  enci- 
ma de  todas  las  colinas  (§  2872,  2875).  Ante  el  visionario  se  le  pre- 
sentan edificios  como  de  una  ciudad,  que  venían  a  ser  las  distintas  re- 
particiones del  Templo,  que  se  va  a  encargar  de  mostrarle  un  hombre, 
de  pie  junto  al  pórtico  de  entrada,  que  tenía  en  la  mano  un  cordel 
de  lino  y  una  caña  para  efectuar  las  medidas  de  todo  lo  que  le  iba  a 
ir  mostrando.  Ese  hombre  era  un  ángel  (sin  alas,  §  2328),  de  apa- 
riencia broncínea,  como  los  que  figuran  en  los  apocalipsis  (Dan.  10,  6; 
Apoc.  1,  15). 

EL  PROYECTO  DE  UN  NUEVO  TEMPLO  Y  SU  CONSAGRACION  POR 
YAHVE.  —  3906.  Luego  de  la  transcrita  introducción,  pasa  el  profeta 
a  detallar  minuciosamente  el  plan  que  concibió  para  reemplazar  el  tem- 
plo salomónico  destruido  por  los  caldeos.  Como  sacerdote  que  había 
sido  de  esa  casa  jerosolimitana  de  Yahvé,  la  conocía  muy  bien;  pero 
escaso  de  imaginación  creadora,  se  contentó  con  reproducir  en  su  plan, 
el  edificio  anterior,  — imitado  de  los  templos  egipcios, —  con  ligeras 
variaciones,  el  que  consistía  en  un  salón  rectangular  dividido  en  tres 
partes:  el  lugar  santísimo,  el  lugar  santo  y  el  pórtico  (o  sea,  el  debir, 
el  hecal  y  el  elam,  respectivamente)  con  las  mismas  construcciones  late- 
rales de  3  pisos,  con  30  cuartos  o  cámaras  en  cada  uno  de  ellos.  A  esa 
fatigosa  descripción  consagra  los  tres  primeros  capítulos  de  su  visión; 
pero  para  no  cansar  al  lector,  no  los  transcribiremos,  sino  que  para  su 
comprensión  nos  remitimos  a  lo  que  hemos  expuesto  en  el  cap.  VIII 
del  tomo  IV  sobre  El  Templo  de  Salomón,  limitándonos  aquí  a  repro- 


222 


PROYECTO  APROBADO  POR  YAHVE 


ducir  (fig.  11)  el  plano  de  conjunto  que  trae  L.  B.  d.  C.  del  proyectado 
plan  de  Ezequiel,  el  que  no  coincide  exactamente  con  el  trazado  por 
L.  B.  A.  Este  comentario  ortodoxo  escribe  al  respecto:  "Los  caps.  40-48 
presentan  grandes  dificultades  de  conjunto  y  de  detalle.  Unas  provie- 
nen del  empleo  de  gran  número  de  términos  raros  y  técnicos,  o  de  me- 
didas que  no  es  siempre  fácil  hacer  concordar.  No  debe,  pues,  sorpren- 
der que'  Ezequiel  en  su  carácter  de  sacerdote,  al  corriente  del  plan  y 

del  servicio  del  antiguo 
templo,  aluda  frecuente- 
mente a  detalles  familia- 
res a  los  israelitas  que 
debían  leer  su  profecía. 
Tampoco  deberá  asom- 
brarse el  lector  si  reina 
en  algunas  de  nuestras 
explicaciones  cierta  in- 
certidumbre  proveniente 
del  alejamiento  en  que 
nos  encontramos  de  todo 
ese  ceremonial  que  los 
autores  de  la  traducción 
de  los  Setenta,  ya  ellos 
mismos  no  comprendían 
sino  en  parte".  A  esto 
hay  que  agregar  que 
muchos  de  esos  pasajes 
están  alterados  o  son  de 
sentido  incierto.  Las  dos 
principales  diferencias 
del  templo  concebido 
por  Ezequiel  con  el  an- 
tiguo, son  éstas:  1^  su 

distinta  ubicación,  pues  ya  no  estaría  sobre  el  monte  de  Sión,  sino  en 
medio  de  la  banda  de  terreno  reservada  para  los  sacerdotes,  aunque 
cerca  de  Jerusalén,  ciudad  que  Ezequiel  quería  que  se  construyera  a 
unos  2  VL'  kms.  al  Sur  de  la  colina  del  Templo  (  48,  15-20} .  Y  2^  que 
sería  completamente  independiente  de  la  casa  del  príncipe  o  gobernador 
civil,  mientras  que  el  templo  salomónico  era  ante  todo  el  santuario  del 
rey,  quien  podía  subir  desde  el  patio  de  su  palacio  al  patio  interior 
del  templo,  por  la  puerta  Sur,  patio  este  último  en  el  que  debía  encon- 
trarse el  sitial  cubierto  por  un  dosel,  destinado  al  monarca,  cuando  éste 
no  oficiaba  de  sacerdote  (§  1378;  y  fig.  3  del  tomo  IV). 

3907.  Luego  que  termina  el  profeta  su  descripción  del  nuevo  tem- 
plo con  sus  cámaras,  patios  y  dependencias,  ve  entrar  al  propio  Yahvé 


Fig.  11.  —  Plano  (le  conjunto  del  templo 
proyectado  por  Eze(|uiel.  ( Cf.  fig.  7 ) . 


PROVECTO  APROBADO  POR  \AHVE 


223 


— a  quien  denomina  "/a  gloria  del  dios  de  Israel", —  en  dicho  edificio, 
según  el  siguiente  pasaje:  43,  7  En  seguida  me  trajo  (el  ángel)  a  la 
puerta  que  miraba  hacia  el  Oriente.  2  Y  vi  la  gloria  del  dios  de  Israel 
que  llegaba  del  oriente  con  un  estruendo  como  el  de  muchas  aguas;  y 
la  tierra  resplandecía  con  su  gloria.  3  La  visión  que  yo  contemplaba 
era  semejante  a  la  que  tuve  cuando  él  (Yahvé)  había  venido  para  des- 
truir la  ciudad,  y  a  la  que  se  me  apareció  a  orillas  del  río  Kebar; 
y  caí  sobre  mi  rostro.  4  La  gloria  de  Yahvé  entró  en  el  templo  por  la 
puerta  que  miraba  al  oriente.  5  El  espíritu  me  alzó  y  me  hizo  penetrar 
en  el  patio  interior,  y  vi  que  la  gloria  de  Yahvé  llenaba  el  templo.  6 
Después  oí  a  alguno  que  me  hablaba  del  interior  del  templo,  mientras 
que  el  hombre  que  me  había  guiado  permanecía  siempre  junto  a  mí. 
7  La  voz  me  dijo:  '^Este  es  el  sitio  de  mi  trono,  el  lugar  donde  se  asen- 
tará la  planta  de  rriis  pies,  donde  habitaré  en  medio  de  los  hijos  de  Is- 
rael perpetuamente.  En  adelante,  ni  la  casa  de  Israel  ni  sus  reyes  pro- 
fanarán más  mi  santo  nombre  por  sus  prostituciones,  ni  por  los  cadá- 
veres de  sus  reyes,  8  poniendo  su  umbral  junto  a  mi  umbral  y  las  jam- 
bas de  su  puerta  junto  a  las  de  mi  puerta,  de  modo  que  sólo  había  una 
pared  entre  ellos  y  yo,  y  que  contaminaban  mi  santo  nombre  por  las 
abominaciones  que  cometían,  por  lo  cual  los  he  aniquilado  en  mi  có- 
lera. 9  Pero  en  adelante,  alejarán  de  mí  sus  prostituciones  y  los  cadá- 
veres de  sus  reyes  y  habitaré  en  medio  de  ellos  perpetuamente" . 

3908.  Si  al  inaugurarse  el  templo  salomónico,  Yahvé  acude  a  con- 
sagrarlo y  a  tomar  posesión  de  ese  edificio,  haciéndose  presente  en  for- 
ma de  una  nube  que  lo  llenó  totalmente  (I  Rey.  8,  10-11;  §  1385,  1386), 
— lo  que  después  imitó  el  escritor  sacerdotal  exílico  en  su  creación  del 
Tabernáculo  mosaico — ,  Ezequiel  hace  concurrir  igualmente  al  dios  na- 
cional a  consagrar  la  nueva  Casa  sagrada,  que  para  su  mansión  terres- 
tre le  había  proyectado.  Sobre  el  eufemismo  "la  gloria  del  dios  de 
Israel"  o  "la  gloria  de  Yahvé",  y  sobre  la  declaración  de  esta  divinidad 
de  que  allí  moraría  perpetuamente,  léanse  los  párrafos  1402  a  1405. 
Además  Ezequiel  en  otra  visión,  había  visto  a  Yahvé  abandonar  el  tem- 
plo sagrado,  aquella  Casa  suya  antes  de  que  fuera  incendiada  (  §  3762, 
3763),  y  ahora  al  vaticinar  el  feliz  retorno  a  su  patria  de  los  depor- 
tados, lo  hace  entrar  a  Yahvé  al  nuevo  Templo  por  la  misma  puerta 
oriental  por  donde  antes  se  había  ido.  Continuando  con  el  relato  de  su 
visión,  narra  Ezequiel  que  el  espíritu  lo  llevó  al  patio  interior  (B  de 
fig.  11),  donde  vió  que  llenaba  el  Templo  la  gloria  de  Yahvé  y  oyó 
que  este  dios  le  dijo  que  allí  sería  el  lugar  de  su  trono,  el  escabel  donde 
él  descansaría  sus  pies  (como  se  notará,  bien  antropomórfica  esta  divi- 
nidad nacional)  y  que  allí  en  medio  de  los  israelitas  residiría  eterna- 
mente. Sobre  esta  ilusión  de  los  profetas,  que  le  hacen  decir  a  Yahvé 
que  él  habitará  perpetuamente  en  su  Casa  de  Jerusalén,  léanse  §  1380, 
1381.  Lo  que  muestra  bien  a  las  claras  el  carácter  sacerdotal  de  Eze- 


224 


SACRIFICIOS  Y  SACRIFICADORES 


quiel,  es  su  preocupación  por  que  las  sepulturas  de  los  reyes  no  estu- 
vieran, como  hasta  entonces,  pared  por  medio  con  el  patio  interior  del 
Templo  (fig.  3  del  tomo  IV),  porque  consideraba  motivo  de  impu- 
reza, y  por  lo  tanto  cosa  inconciliable  con  el  culto  divino,  la  proximi- 
dad de  cadáveres  humanos.  Esa  influencia  peligrosa  emanada  de  un 
cadáver  o  del  espíritu  mismo  del  muerto,  aceptada  por  los  legisladores 
del  código  sacerdotal,  se  concibió  como  un  fluido  material  que  se  podía 
encerrar  en  una  vasija  bien  tapada  (Núm.  19,  14-22;  nuestra  Introduc- 
ción, §  163-166).  Recuerda  L.  B.  d.  C.  que  "desde  Manasés,  los  reyes 
de  Judá  ya  no  eran  enterrados  en  la  Ciudad  de  David  (Sión),  sino  en 
el  jardín  de  Uza  (II  Rey.  21,  18,  26;  II  Crón.  36,  8),  el  cual  debía 
encontrarse,  según  este  texto  (vs.  7-9)  en  el  interior  de  la  ciudad  real, 
vecina  del  Templo". 

SACRIFICIOS  Y  SACRIFICADORES.  _  3909.  Como  el  culto  a  rea- 
lizarse  en  ese  nuevo  templo  era  a  base  de  sacrificios  de  animales,  he 
aquí  la  indicación  que  se  nos  da  tocante  a  donde  deberían  efectuarse 
esas  inmolaciones.  40,  38  Había  una  sala  (o  cámara)  cuya  entrada  se 
hallaba  en  el  vestíbulo  de  la  puerta,  siendo  allí  que  se  lavaban  las  víc- 
timas destinadas  al  holocausto.  39  En  el  vestíbulo  de  la  puerta  estaban 
dispuestas  de  cada  lado,  dos  mesas  sobre  las  cuales  se  degollaban  los 
animales  destinados  al  holocausto,  al  sacrificio  por  el  pecado  y  al  sacri- 
ficio de  reparación  (o  por  el  delito).  40  Además,  junto  al  vestíbulo, 
por  la  parte  de  afuera,  al  Norte  de  la  abertura  de  la  puerta,  había  dos 
mesas;  y  al  otro  lado  del  vestíbulo  de  esta  puerta,  había  también  dos 
mesas.  41  Cuatro  mesas  de  un  lado  de  la  puerta;  cuatro  mesas  del  otro: 
en  total  ocho  mesas,  sobre  las  cuales  se  degollaban  las  víctimas.  42  Cua- 
tro mesas  destinadas  al  holocausto  eran  de  piedra  labrada,  de  un  codo 
y  medio  de  largo  y  codo  y  medio  de  ancho,  y  de  un  codo  de  alto,  sobre 
las  cuales  se  depositaban  los  instrumentos  con  que  se  degollaban  las 
víctimas  destinadas  a  los  holocaustos  y  a  los  sacrificios  de  paz.  43  Hen- 
diduras anchas  de  un  palmo  habían  sido  dispuestas  alrededor  del  re- 
salto en  el  interior  y  sobre  esas  mesas  estaban  colocadas  las  carnes  de 
las  ofrendas.  Este  trozo  sirve  para  ilustrarnos  sobre  lo  fatigoso  que 
resulta  la  lectura  de  la  Tora  de  Ezequiel,  a  causa  de  las  repeticiones 
que  encierra,  y  además  de  lo  alterado  del  texto.  En  efecto,  compárese, 
p.  ej.  el  V.  43,  tal  como  lo  hemos  transcrito  de  L.  B.  d.  C.  con  el  mismo 
en  las  versiones  que  se  ajustan  ciegamente  al  T.  M.,  (como  la  Versión 
Moderna  de  Pratt)  y  con  la  versión  de  los  LXX,  que  damos  a  conti- 
nuación. La  Versión  Moderna  traduce  así  ese  v.  43:  "Y  los  ganchos 
dobles  del  ancho  de  una  mano,  estaban  fijos  por  dentro  todo  en  derre- 
dor: y  sobre  las  mesas  se  ponía  la  carne  de  la  oblación^'.  Veamos  ahora 
cómo  lo  expresan  los  LXX:  "Y  el  borde  de  esas  mesas  era  de  un  palmo 
y  había  barreras  fijas  en  todo  el  contorno  del  interior,  y  encima  de  las 


EL  ALTAR  JDEXDO  POR  EZEQUIEL 


225 


mesas  había  techos  para  preservarlas  de  la  lluvia  y  del  calor  '.  Reuss, 
comentando  estas  diferencias,  dice:  "Se  comprende  que  descripciones 
tan  poco  claras  por  sí  mismas  debían  dar  lugar  a  equivocaciones  cada 
vez  más  inextricables  en  las  copias.  Igual  observación  para  el  versículo 
siguiente,  donde  simplemente  hemos  seguido  la  variante  de  los  griegos, 
pues  la  del  texto  hebreo  se  opone  a  toda  interpretación  compatible  con 
los  versículos  que  vienen  después". 

3910.  L.  B.  d.  C.  entiende  que  estos  vs.  38-43  tienen  el  carácter 
de  un  apéndice,  cuya  introducción  se  hubiera  perdido.  "Esta  indica- 
ción, escribe,  a  lo  menos  en  su  forma  actual,  está  redactada  de  un  modo 
muy  confuso.  Difícilmente  nos  damos  cuenta  del  número  de  mesas  de 
que  se  trata  y  de  su  empleo.  Parece  que  eran  doce:  cuatro  en  el  ves- 
tíbulo (I  del  plano,  fig.  11),  sobre  las  cuales  se  inmolaban  las  víctimas 
destinadas  a  los  sacrificios  más  solemnes  (v.  39)  ;  cuatro  fuera  de  la 
puerta,  al  Norte  y  al  Sur  del  vestíbulo,  donde  parece  que  se  degollaban 
los  animales  para  los  sacrificios  ordinarios,  o  sea,  de  paz  (vs.  40-41 )  ; 
cuatro  en  fin  en  las  que  se  depositaban  los  instrumentos  usados  y  las 
carnes  de  las  víctimas  luego  de  inmoladas  (vs.  42-43).  Según  ciertos 
intérpretes,  no  habría  en  total  sino  ocho  mesas  ( v.  41 ) ,  confundiéndose 
las  cuatro  últimas  con  las  cuatro  primeras.  Según  otra  hipótesis,  se  tra- 
taría tan  sólo  de  cuatro  mesas  colocadas  en  el  vestíbulo,  y  en  cuanto 
al  v.  41  sería  una  glosa  que  interpreta  inexactamente  los  dos  vs.  ante- 
riores. En  todo  caso,  la  inmolación  se  efectuaba  en  la  periferia  del  san- 
tuario, y  no  junto  al  altar  o  a  la  morada  divina.  Para  Ezequiel,  pues, 
la  muerte  de  la  víctima  no  era  el  elemento  central  y  esencial  del  sacri- 
ficio: la  ofrenda  de  sangre,  derramada  o  hisopeada  por  sacerdotes  sobre 
el  altar  o  en  el  lugar  santo,  constituía  un  momento  mucho  más  impor- 
tante del  acto  sagrado.  La  inmola- 
ción, según  el  código  sacerdotal,  se  N  / 
hacía  en  el  lado  Norte  del  altar; 
pero  por  el  fiel  que  ofrecía  el  sa- 
crificio (Lev.  1,  11-  6,  25-  7,  2)". 

3911.  Antes  de  considerar  los 
sacrificios  admitidos  por  Ezequiel, 
conviene  que  conozcamos  el  altar 

(L  de  fig.  11)  que  había  ideado  /  ^ 

este  profeta,  y  cuya  descripción  se        ^  ^ 
encuentra  en  el  cap.  43,  vs.  13-17.        •  a 
El  altar  imaginado  por  Ezequiel 
constaba  de  cuatro  bloques  cuadra-      Fig.  12. 
dos  superpuestos,  que  iban  dismi- 
nuyendo de  superficie  de  la  base 
hasta  la  cima  (fig.  12,  A,  B,  C,  D) .  El  basamento  A  tenía  un  reborde  que 
limitaba  un  canal  destinado  a  recoger  la  sangre  de  los  animales  inmola- 


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-  Corte  del  altar  ideado 
por  EzequieL 


226 


EL  ALTAR  IDEADO  POR  EZEQUIEL 


dos.  La  altura  de  esos  bloques  era  como  sigue:  A  medía  un  codo;  B,  dos 
codos;  y  C  y  D,  cuatro  cada  uno.  El  lado  de  cada  uno  de  los  bloques, 
que,  como  hemos  dicho,  eran  cuadrados,  constaba  de  18  codos  para  A; 
16  para  B;  14  para  C;  y  12  para  D,  que  tenía  una  prominencia,  llama- 
da cuerno,  en  sus  cuatro  extremidades,  como  era  usual  en  todos  los 
antiguos  altares.  Los  cuernos  constituían  la  parte  más  sagrada  de  todo 
el  altar,  hasta  el  punto  que  era  inviolable  el  criminal  que  lograba  asirse 
a  ellos;  y  cuando  se  les  quebraba,  considerábase  destruido  aquel  mo- 
numento del  santuario  (Am.  3,  14;  §  2805).  El  conjunto  de  los  citados 
4  bloques  venía  a  formar  una  especie  de  pirámide  truncada  de  varios 
pisos.  Algunas  versiones  denominan  Harel  al  bloque  C,  y  Ariel  al  D, 
que  era  el  hogar  donde  debían  quemarse  las  víctimas  (L.  B.  A.;  §  3079). 
Recuerda  L.  B.  d.  C.  que  el  altar  descrito  por  Ezequiel  difiere  profun- 
damente tanto  de  los  de  la  antigüedad  israelita  hechos  de  tierra  y  con 
piedras  brutas,  en  los  cuales  era  prohibido  subir  por  gradas  o  peldaños 
(Ex.  20,  24-26),  como  del  que  tenía  ei  Templo  de  Salomón  (I  Rey.  8, 
64;  II  Rey.  16,  15;  §  1436,  1437).  El  cronista  en  II  Crón.  4,  1,  pro- 
bablemente se  inspiró  en  el  altar  del  segundo  Templo,  porque  según 
Josefo,  Hecate  de  Abdera  daba  las  mismas  medidas  que  aquél.  El  pro- 
yecto de  altar  de  nuestro  profeta  es  distinto  también  del  que  el  código 
sacerdotal  (Ex.  27,  1-8)  atribuye  a  la  época  mosaica  (altar  de  madera 
de  5  codos  por  5  y  1  de  alto),  y  del  existente  en  el  Templo  de  Herodes. 
Ezequiel  le  había  proyectado  gradas  al  altar,  pues  su  cima  distaba  once 
codos,  o  sea,  algo  más  de  5  Yo  metros  del  suelo,  por  lo  que  debería  de 
haber  tenido,  unos  dos  codos  antes  de  ella,  alguna  plataforma  en  la 
cual  pudiera  estar  parado  el  levita  o  sacerdote  que  colocara  la  leña, 
prendiese  el  fuego  y  pusiera  las  carnes  que  sobre  ese  altar  tuviesen  que 
consumirse.  Manifiesta  L.  B.  d.  C.  que  se  tenía  acceso  al  altar  del  se- 
gundo Templo  y  al  del  Templo  de  Herodes  por  medio  de  una  rampa. 
"Quizá,  agrega,  la  escalera  o  la  rampa  debían  subir  hasta  el  extremo 
del  hogar  ( D ) ,  porque,  a  lo  menos,  según  la  Michna,  los  sacerdotes 
oficiantes  circulaban  sobre  la  plataforma  superior  del  altar,  donde  ha- 
bía para  ellos  un  pasadizo  de  un  codo  de  ancho  a  todo  alrededor  del 
espacio  en  que  se  quemaban  las  víctimas". 

3912.  Veamos  ahora  qué  sacrificios  deberían  celebrarse  en  ese 
altar  al  ser  inaugurado,  cuáles  los  a  efectuarse  allí  en  adelante,  y  quie- 
nes serían  los  sacrificadores.  He  aquí  lo  qjje  nos  informa  al  respecto, 
el  final  del  cap.  43:  iS  Y  me  dijo  (el  ángel)  :  "Hijo  de  hombre,  así  dice 
el  Señor  Yahvé:  Estas  son  las  reglas  concernientes  al  altar,  cuando  se 
le  construya,  para  ofrecer  en  él  holocaustos  y  hacer  en  él  la  aspersión 
de  la  sangre.  19  A  los  sacerdotes  ¡evitas  que  son  del  linaje  de  Sadoc, 
los  admitidos  a  acercarse  a  mí,  para  servirme,  dice  el  Señor  Yahvé,  les 
darás  un  torito  (o  becerro)  para  que  lo  inmolen  en  sacrificio  por  el 
pecado;  20  y  tomarás  una  parte  de  su  sangre  y  la  pondrás  sobre  los 


CONSAGRACION  DEL  ALTAR 


227 


cuatro  cuernos  del  altar,  sobre  las  cuatro  esquinas  del  zócalo  (o  bloque 
C,  fig.  12)  y  todo  alrededor  del  borde;  así  quitarás  el  pecado  del  altar 
y  harás  la  expiación  por  él.  21  Tornarás  en  seguida  el  becerro  inmolado 
en  sacrificio  por  el  pecado,  y  lo  quemarán  en  un  lugar  separado  de  la 
Casa  (o  del  Templo),  fuera  del  santuario.  22  El  segundo  día  ofrecerás 
un  macho  cabrío  sin  defecto  en  sacrificio  por  el  pecado  y  se  quitará 
el  pecado  del  altar  como  se  le  habrá  purificado  con  el  becerro.  23  Cuan- 
do hayas  concluido  de  quitar  el  pecado  del  altar,  ofrecerás  un  becerro 
sin  defecto  y  un  carnero  sin  defecto  del  rebaño.  24  Los  presentarás  de- 
lante de  Yahvé;  los  sacerdotes  echarán  sal  sobre  ellos,  y  los  ofrecerán 
en  holocausto  a  Yahvé.  25  Durante  una  semana,  sacrificarás  un  macho 
cabrío  por  día  en  sacrificio  por  el  pecado;  también  se  sacrificará  un 
becerro  y  un  carnero  del  rebaño,  26  durante  siete  días.  Se  hará  así  la 
expiación  por  el  altar;  se  le  purificará  y  se  le  inaugurará.  27  Termi- 
nado este  período,  desde  el  octavo  día  en  adelante  ofrecerán  los  sacer- 
dotes sobre  el  altar  vuestros  holocaustos  y  vuestros  sacrificios  de  paz; 
y  yo  os  acogeré  favorablemente,  dice  el  Señor  Yahvé". 

3913.  La  precedente  transcripción  nos  relata  la  consagración  del 
altar  imaginado  por  Ezequiel  {§  3911),  la  que  tendía  a  darle  carácter 
sagrado  o  una  especie  de  personalidad  mística  ( §  312  de  nuestra  Intro- 
ducción).  El  ritual  para  ello,  lo  da  el  profeta  como  ordenado  por  Yahvé, 
aun  cuando  en  la  forma  del  lenguaje,  en  que  se  habla  de  ese  dios  en 
tercera  persona  ("los  presentarás  delante  de  Yahvé",  "los  ofrecerás  en 
holocausto  a  Yahvé"  —  v.  24}  se  descubre  fácilmente  que  el  escritor 
utiliza  la  consabida  fórmula:  "así  habla  o  dice  Yahvé",  para  dar  mayor 
fuerza  a  sus  proyectos  y  que  se  les  consideren  obligatorios  por  provenir 
directamente  de  la  divinidad.  Ese  ritual  consiste  en  una  serie  de  sacri- 
ficios sangrientos  durante  una  semana.  Sobre  la  concepción  religiosa 
del  sacrificio,  recomendamos  muy  especialmente  que  se  lean  los  párra- 
fos 295  a  320  de  nuestra  Introducción.  Nótese  la  mentalidad  materia- 
lista del  autor,  quien  concibe  el  pecado  como  una  mancha  que  puede 
sacarse  con  la  aspersión  mágica  de  la  sangre.  Antes  de  las  ceremonias 
consagratorias,  el  altar  está  lleno  de  pecado,  y  hay  qq|^  eliminar  esta 
impureza,  para  lo  cual  se  inmola  un  torito  y  luego  de  derramar  su  san- 
gre en  las  partes  del  altar  indicadas  en  el  v.  20,  se  le  quema  fuera  del 
santuario,  porque  se  había  impregnado  con  el  pecado  del  altar,  que- 
dando éste  así  purificado,  o  sea,  se  habrá  hecho  por  él  la  expiación, 
se  habrán  borrado  sus  culpas  o  pecados.  Para  mayor  seguridad,  para 
que  esa  limpieza  mágica  fuera  completa,  al  día  siguiente  se  inmola 
además  un  macho  cabrío  por  el  pecado,  ceremonia  con  la  cual,  según 
el  V.  23,  "se  habría  concluido  de  quitar  el  pecado  del  altar".  Sin  em- 
bargo, los  sacrificios  expiatorios  que  en  seguida  se  detallan,  debían  con- 
tinuar hasta  completar  una  semana,  y  sólo  entonces  estarían  los  sacer- 
dotes habilitados  para  realizar  los  usuales  sacrificios  de  holocaustos  y 


228 


SACRIFICIOS  POR  EL  PECADO 


de  paz.  Como  este  relato  es  bastante  confuso,  conviene  recordar  que 
L.  B.  d.  C.  lo  entiende  de  este  modo:  "Ezequiel  pide  que  se  inmolen 
en  sacrificio  por  el  pecado,  un  toro  el  primer  dia  y  seis  machos  cabríos 
los  días  siguientes.  P  exigirá  siete  toros  para  una  ceremonia  análoga 
(Ex.  29,  36)".  Generalmente  se  lee  este  trozo  sin  pensar  en  lo  absurdo 
que  es  hablar  de  quitar  el  pecado  de  un  objeto  material  como  el  altar, 
-  absurdo  disimulado  en  nuestras  versiones  por  el  empleo  del  vocablo 
purificar  en  reemplazo  de  la  expresión  original  quitar  el  pecado.  Hasta 
la  ortodoxa  L.  B.  A.  que  traduce:  "quitar  el  pecado  del  altar  y  hacer 
la  expiación  de  é/"  por  "la  expiación  del  altar  y  su  propiciación",  ex- 
presa que  "parece  que  fuera  el  altar  el  que  llevara  los  pecados  del  pue- 
blo". No  estaría  fuera  de  lugar  que  el  lector  leyese  lo  que  sobre  "el 
pecado"  hemos  escrito  en  §  1777. 

3914.  Del  punto  de  vista  de  la  historia  de  los  sacrificios  en  Israel, 
debe  observarse  que  es  en  Ezequiel  (  tanto  en  nuestro  texto  como  en  40, 
39)  que  aparece  por  primera  vez  la  mención  de  los  sacrificios  por  el 
pecado  (shattat)  y  el  de  reparación  iasham),  aunque  como  ritos  ya 
conocidos.  Antes  del  destierro,  los  antiguos  relatos  no  hablan  de  más 
sacrificios  sangrientos  que  los  holocaustos  y  los  sacrificios  de  paz  (a 
comidos,  según  los  llama  Loisy;  88,  459,  768,  930)  ;  y  en  el  Deute- 
ronomio  no  se  expresan  otros  al  ordenarse  la  centralización  de  todas  las 
oblaciones  y  sacrificios  en  Jerusalén  (12.  11-12;  §  3219).  Sin  embargo, 
al  narrarse  el  reinado  del  rey  judaíJLa  Joas  (§  1971;  II  Rey.  12)  se 
refiere  que  ese  rey,  con  el  objeto  de  reunir  dinero  para  efectuar  las 
reparaciones  que  requería  el  Templo,  hizo  colocar  una  gran  alcancía 
en  una  estela  a  la  puerta  de  ese  edificio,  de  donde  se  le  iba  retirando 
para  pagar  a  los  obreros.  Y  se  agrega  en  el  v.  16:  "En  cuanto  al  dinero 
dado  en  reparación  de  una  falta  (o  de  las  ofrendas  por  la  culpa,  — 
V.  M.)  y  al  dinero  echado  por  la  expiación  de  un  pecado  (o  de  las  ofren- 
das por  el  pecado,  —  V.  M.)  no  ingresaba  en  el  Templo  de  Yahvé:  era 
para  los  sacerdotes".  Estas  multas  para  expiar  faltas  y  pecados  no  se 
mencionan  en  la  legislación  respectiva  del  Levítico  (4,  1-7),  pasaje 
éste  sobre  el  que  dice  L.  B.  d.  C:  "Antes  del  destierro,  las  palabras 
shattat  y  asham  designaban  multas  en  dinero  que  se  vertía  en  el  san- 
tuario (II  Rey.  12,  16)  ;  la  expiación  del  pecado  podía  ser  obtenida 
por  medio  de  cualquier  ofrenda  (holocausto,  sacrificio  de  paz,  u  obla- 
ción: I  Sam.  3,  14;  26,  19;  II  Sam.  24.  25;  etc.).  A  partir  del  destierro, 
las  dos  clases  de  sacrificios  expiatorios  adquirieron  gran  importancia 
en  el  culto  judío.  Sin  duda  poco  antes  de  la  deportación  a  Babilonia  el 
ritual  de  estos  sacrificios  fue  o  bien  tomado  de  algún  pueblo  extranjero 
o  bien  restaurado  y  desenvuelto,  si  tuvo  por  punto  de  enlace  algún  an- 
tiguo ceremonial  hebreo  o  cananeo.  Este  ritual  tiene  ciertos  rasgos  co- 
munes con  el  del  holocausto  — el  oferente  no  recibe  parte  alguna  de  la 
víctima — ,  y  otros  con  el  del  sacrificio  de  paz  —  únicamente  se  consu- 


LOS  UNICOS  SACRIFIC ADORES 


229 


men  sobre  el  aliar  la  sangre  y  la  grasa  o  sebo;  pero  el  resto  de  la  víc- 
tima se  quemaba  fuera  del  santuario  en  los  más  solemnes  de  los  sacri- 
ficios por  el  pecado,  o  era  consumido  por  los  sacerdotes  en  todos  los 
otros  sacrificios  expiatorios".  Loisy,  al  estudiar  la  aludida  nota  de  II 
Rey.  12,  16,  no  cree  que  hayan  existido  penas  pecuniarias  por  el  pecado 
en  Israel,  y  al  efecto  escribe:  "¿Dónde  se  ha  visto  que  la  Ley  prescriba 
dar  dinero  a  los  sacerdotes  con  motivo  de  un  pecado?  Cierto  es  que 
existe  en  Lev.  5,  16  y  en  Núm.  5,  6-8  la  multa  de  una  quinta  parte  para 
el  sacerdote,  además  de  la  reparación  directa  e  íntegra  del  delito;  pero 
no  hay  nada  semejante  por  "el  pecado".  ¿Habría  guardado  silencio  el 
código  levítico  sobre  una  retribución  que  realmente  se  pagaba,  o  bien 
habría  renunciado  espontáneamente  el  sacerdocio  postexílico  a  un  emo- 
lumento que  sin  escrúpulo  percibía  antes  del  cautiverio?  La  referida 
nota,  que  viene  como  sobrecarga,  nos  parece  que  sea  una  adición  poste- 
xílica,  hecha  por  un  eclesiástico  prudente  que  hubiera  temido  que  la 
descripción  del  reglamento  concerniente  a  las  ofrendas  en  dinero  du- 
rante el  primer  templo  no  perjudicara  las  rentas  que  percibían  los  sa- 
cerdotes del  segundo  sobre  buena  parte  de  los  sacrificios  de  reparación 
y  quizá  ocasionalmente,  sobre  ciertos  sacrificios  expiatorios"  {R.  H.  Litt. 
Reí.  f?  8.  año  1922,  p.  357). 

3915.  ¿Quienes  eran  los  que  podían  efectuar  los  sacrificios  en  el 
Templo?  Según  43,  19  3912),  los  únicos  admitidos  a  acercarse  a 
Yahvé  para  servirlo,  eran  los  sacerdotes  levitas  del  linaje  de  Sadoc.  Re- 
cuérdese que  los  dos  principales  sacerdotes  durante  el  reinado  de  David 
fueron  Abiatar  y  Sadoc  (I  Sam.  23,  6;  30,  7-8:  II  Sam.  8,  15-17;  15, 
24,  29) .  Pero  cuando  David  estaba  muy  enfermo  y  próxima  su  muerte, 
se  formaron  dos  partidos  que  sostenían  distintos  candidatos  al  trono  de 
Israel:  Abiatar  apoyaba  a  Adonías,  el  hijo  mayor  del  monarca;  y  Sa- 
doc, a  Salomón,  hijo  de  la  favorita  Batseba  (§  1295).  Triunfante  Salo- 
món, destituye  de  su  cargo  a  Abiatar  y  nombra  a  Sadoc,  como  jefe  de 
los  sacerdotes  del  Templo  que  construyó.  En  adelante,  los  jefes  del  sa- 
cerdocio jerosolimitano  se  llamaron  descendientes  de  Sadoc,  y  después 
del  destierro,  los  escritores  del  ciclo  sacerdotal  le  dieron  a  Sadoc  una  ge- 
nealogía que  lo  hacía  remontar  hasta  a  Aarón,  el  pretendido  creador  de 
la  casta  sacerdotal  israelita  (I  Crón.  6,  3-8,  49-53;  Esd.  7,  1-5;  §  3684). 

3916.  Veamos  ahora  los  derechos  y  obligaciones  que  acuerda  Eze- 
quiel  a  los  sacerdotes  levitas,  según  el  relato  del  cap.  44.  15  Los  sacer- 
dotes levitas,  hijos  de  Sadoc,  que  aseguraron  el  servicio  de  mi  santuario 
cuando  los  hijos  de  Israel  se  descarriaron  lejos  de  mí,  son  los  que  se 
acercarán  para  servirme  y  estarán  delante  de  mí  para  ofrecerme  la  grasa 
y  la  sangre  de  las  víctimas,  dice  el  Señor  Yahvé  (u  oráculo  del  Serlor 
Yahvé).  16  Ellos  son  los  que  entrarán  en  mi  santuario,  y  los  que  se 
acercarán  a  mi  mesa  para  servirme  (los  panes  de  la  proposición)  y 
asegurar  mi  servicio  (o  y  observarán  fielmente  mis  leyes,  ■ —  V.  S.). 


230 


PRECEPTOS  SOBRE  LOS  SACERDOTES 


17  Cuando  entraren  por  las  puertas  del  patio  interior,  deberán  vestirse 
con  ropas  de  lino.  No  llevarán  nada  de  lana  encima  cuando  oficiaren 
en  el  interior  de  las  puertas  del  patio  interior  y  en  el  Templo.  18  Ten- 
drán mitra  de  lino  en  la  cabeza,  y  calzoncillos  de  lino  en  la  cintura. 
No  se  ceñirán  con  lo  que  pudiera  provocar  la  transpiración  (glosa,  esto 
último,  tendiente  a  explicar  la  razón  por  la  cual  estaba  prohibido  a  los 
sacerdotes  oficiantes  usar  nada  de  lana,  puesto  que  el  sudor  constituía 
una  impureza  —  L.  B.  d.  C).  19  Cuando  salieren  al  patio  exterior  en 
el  que  está  el  pueblo,  se  quitarán  las  vestimentas  con  las  cuales  hubieren 
oficiado  y  las  depositarán  en  las  cámaras  que  dependen  del  santuario 
(S,  S',  T,  T'  del  plano,  fig.  11)  y  se  pondrán  otras  ropas,  a  fin  de  que 
no  santifiquen  al  pueblo  con  sus  vestimentas.  20  No  se  raerán  la  cabeza 
ni  tampoco  dejarán  flotar  libremente  su  cabellera;  se  cortarán  los  cabe- 
llos. 21  Ningún  sacerdote  beberá  vino  cuando  tenga  que  entrar  al  patio 
interior.  22  No  se  casarán  los  sacerdotes  con  viuda,  ni  con  mujer  repu- 
diada, sino  solamente  con  vírgenes  de  la  raza  de  Israel;  sin  embargo 
podrán  casarse  con  viuda  de  un  sacerdote.  23  Enseñarán  a  mi  pueblo 
a  que  distinga  lo  sagrado  y  lo  profano;  le  enseñarán  a  discernir  lo 
contaminado  de  lo  puro.  24  Cuando  se  suscitare  un  pleito,  ellos  inter- 
vendrán para  juzgar,  y  sentenciarán  según  mis  ordenanzas.  Harán  tam- 
bién guardar  mis  leyes  y  mis  preceptos  para  la  celebración  de  todas  mis 
festividades,  y  harán  respetar  la  santidad  de  mis  sábados.  25  No  se  acer- 
carán a  ningún  cadáver  humano,  para  no  llegar  a  ser  impuros;  sin  em- 
bargo podrán  contaminarse  por  padre,  madre,  hijo,  hija,  hermano  o 
hermana  no  casada.  26  Después  que  haya  devenido  impuro,  contará  siete 
días,  27  y  el  día  en  que  entrare  de  nuevo  en  el  patio  interior  para  hacer 
su  servicio  en  el  santuario,  ofrecerá  el  sacrificio  por  su  pecado,  dice  el 
Señor  Yahvé.  28  No  tendrán  ellos  patrimonio:  yo  soy  su  patrimonio. 
No  les  daréis  propiedad  en  Israel:  yo  soy  su  propiedad.  29  Comerán  la 
oblación  (o  la  ofrenda  vegetal),  la  carne  de  los  sacrificios  ofrecidos 
por  el  pecado  y  del  sacrificio  de  reparación  (o  la  ofrenda  por  la  culpa)  ; 
y  les  pertenecerá  todo  lo  que  fuere  consagrado  por  anatema  en  Israel. 
30  Serán  también  de  los  sacerdotes  las  primicias  de  los  productos  de 
toda  clase  y  todas  las  ofrendas  que  presentéis  en  sacrificio  (o  todo  lo 
que  debe  pagarse  en  épocas  determinadas  a  Yahvé).  Daréis  también  al 
sacerdote  las  primicias  de  vuestras  moliendas,  para  hacer  reposar  la  ben- 
dición sobre  vuestras  casas.  31  No  comerán  los  sacerdotes  carne  mor- 
tecina o  destrozada  por  fieras,  ora  sea  de  aves,  ora  de  otros  animales. 

3917.  Lo  primero  que  se  le  ocurre  al  lector  imparcial  cuando  lee 
desapasionadamente  las  disposiciones  que  se  dejan  transcritas,  es  el  pa- 
pel ridículo  que  los  visionarios  de  Israel  hacían  desempeñar  a  su  dios 
nacional,  convertido  hoy  por  la  fe  en  el  Dios  del  Universo.  Eso  de  que 
el  Ser  Supremo  dicte  prescripciones  para  que  los  ministros  de  su  culto 
cuando  entren  al  Templo  a  servirlo,  se  pongan  mitra,  se  quiten  los  pan- 


PRECEPTOS  SOBRE  LOS  SACERDOTES 


231 


talones  y  vayan  en  calzoncillos,  especificando  que  éstos  han  de  ser  de 
lino,  y  que  no  podrán  usar  allí  nada  de  lana,  porque  podían  traspirar, 
es  de  lo  más  grotesco  que  pedirse  pueda.  ¡Y  pensar  que  la  ortodoxia 
no  pone  reparos  a  estos  rasgos  caricaturescos  de  la  divinidad!  Todos 
esos  preceptos  que  se  dan  como  dictados  por  un  dios,  no  son  otra  cosa 
que  concepciones  de  un  visionario  de  atrasada  mentalidad,  que  materia- 
lizaba las  ideas  abstractas  de  santidad  y  de  pureza,  estableciendo  además 
las  más  arbitrarias  y  estrafalarias  reglas  para  el  caso  que  los  sacerdotes 
perdieran  miembros  de  su  familia  f§  164,  166  de  nuestra  Introduc- 
ción). Pasando  ahora  al  examen  del  transcrito  trozo,  vemos  que  nues- 
tro profeta,  para  justificar  el  privilegio  que  acuerda  a  los  sadócidas  o 
sadoquitas,  le  hace  decir  a  Yahvé  que  "ellos  aseguraron  el  servicio  de 
mi  santuario  (o  guardaron  las  observancias  de  mi  santuario),  cuando 
los  hijos  de  Israel  se  descarriaron  lejos  de  mí",  como  trae  L.  B.  A.). 
Comenta  esto  L.  B.  A.  diciendo:  "Según  estas  palabras  de  Ezequiel,  los 
descendientes  de  Sadoc  habían  perseverado  en  la  vía  de  su  padre  y 
resistido  a  la  corriente  de  la  idolatría;  pero  los  libros  históricos  no  nos 
dan  datos  al  respecto".  La  mayor  parte  de  las  prescripciones  que  siguen, 
las  incorporaron  los  escritores  del  código  sacerdotal  a  este  cuerpo  de 
leyes  y  figuran  ahora  en  el  Levítico  o  en  el  libro  de  Números,  con  más 
o  menos  amplitud,  y  así,  p.  ej.,  las  prohibiciones  matrimoniales  del  v.  22, 
P  las  impone  únicamente  al  sumo  sacerdote,  pues  a  los  simples  sacer- 
dotes lo  que  no  se  les  permite,  es  sólo  casarse  con  mujer  repudiada  (Lev. 
21,  7,  13-15),  aunque  no  es  menos  cierto  que  Ezequiel  en  ninguna  parte 
menciona  el  cargo  de  sumo  sacerdote.  Fuera  de  sus  funciones  cultuales, 
Ezequiel  impone  también  a  los  sacerdotes  otras  de  carácter  docente 
(v.  23)  y  judicial  (v.  24),  pues  tenían  que  resolver  los  pleitos  que  se 
suscitaran.  Estas  últimas  funciones  ya  se  las  había  atribuido  el  Deute- 
ronomio  (17,  8-10;  §  3343-3345:  19,  17,  §  3346),  bien  que  aquí  con 
carácter  obligatorio.  —  Los  vs.  25-27  prohiben  a  los  sacerdotes  con- 
tacto con  un  cadáver;  pero  como  el  v.  25  emplea  el  plural,  y  los  otros 
dos  el  singular,  entiende  L.  B.  d.  C.  que  ese  es  un  indicio  que  los  dos 
últimos  son  de  otra  mano.  —  En  lo  tocante  a  los  medios  de  subsistencia 
de  los  sacerdotes,  mantiene  Ezequiel  el  mismo  principio  del  Deuterono- 
mio,  a  saber,  que  Yahvé  es  el  patrimonio  de  Leví,  o  sea,  de  la  casta 
sacerdotal  (Deut.  10,  9;  18,  2;  §  3288)  ;  pero  en  seguida  (45,  1-4) 
establece  que  dichos  sacerdotes  usufructuarán  una  banda  del  terreno  re- 
servado como  ofrenda  a  Yahvé,  compuesta  de  25.000  codos  de  largo 
por  10.000  de  ancho,  la  que  "pertenecerá  a  los  sacerdotes  que  ministren 
en  el  santuario  y  que  son  admitidos  a  acercarse  a  Yahvé  para  servirlo, 
en  la  que  tendrán  el  emplazamiento  necesario  para  sus  casas  y  pastu- 
rajes para  sus  animales"  (vs.  3,  4).  Como  esa  faja  de  terreno  formaba 
parte  del  quimérico  plan  de  repartición  del  territorio  de  Israel  imagi- 
nado por  el  profeta,  según  luego  veremos,  resulta  que  tales  prebendas 


232 


LOS  SIMPLES  LEVITAS 


no  entraron  en  la  posterior  legislación  levítica.  Los  recursos  que  Eze- 
quiel  les  concede  en  44.  28-30  son  de  cuatro  clases,  a  saber:  oblaciones 
(Lev.  2,  1-10),  sacrificios  (Lev.  7,  6-10),  lo  consagrado  por  anatema 
(Lev.  27,  21),  y  las  primicias  y  demás  ofrendas  (Núm.  18,  11-13); 
§  3289-3293).  La  prohibición  del  v.  31  relativa  a  que  los  sacerdotes  no 
comieran  carne  mortecina  o  proveniente  de  animales  muertos  por  las 
fieras,  que  ya  existía  en  lo  tocante  a  las  carnes  mortecinas  con  carácter 
general  (Deut.  14,  21),  a  lo  que  se  agregó  la  prohibición  de  comer  car- 
nes desgarradas  por  las  fieras  (Ex.  22.  31),  tenía  por  fundamento  el 
hecho  de  que  esa  clase  de  carnes  era  de  animales  muertos  que  no  ha- 
bían sido  desangrados  debidamente.  Según  el  Levítico,  el  que  violare 
esa  prescripción,  debía  lavarse  sus  vestidos  v  darse  un  baño,  y  aun  así 
mismo  permanecía  impuro  hasta  la  tarde  (Lev.  '17,  15).  El  Exódo  en 
22,  31,  manda  que  se  arroje  a  los  perros  la  carne  de  animal  destrozado 
por  las  fieras:  pero  el  Deuteronomio  en  14,  21  aconseja  darla  al  ger  o 
extranjero  residente  en  el  país,  o  sino  venderla  al  extranjero  del  exterior. 

LOS  SIMPLES  LEVITAS.  —  3918.  El  Deuteronomio  había  estable- 
cido que  los  sacerdotes  de  los  santuarios  locales  de  campaña  que  qui- 
sieran radicarse  en  Jerusalén,  podían  hacerlo  y  oficiar  en  el  Templo, 
donde  para  su  subsistencia  recibirían  una  parte  igual  a  la  de  sus  demás 
hermanos  (Deut.  18.  6-7).  Pero  Josías.  al  iniciar  su  reforma,  obligó  a 
todos  esos  sacerdotes  provincianos  a  fijarse  en  la  capital,  prohibiéndoles 
el  ejercicio  de  la  función  sacerdotal,  aunque  permitiéndoles  vivir  del 
altar  (§  3214.  3229).  Desde  la  centralización  del  culto  en  Jerusalén 
quedó  así  constituida  la  distinción  entre  levitas-sacerdotes  y  simples  levi- 
tas, injusta  diferencia  que  aquí  en  su  Tora,  contribuyó  Ezequiel  a  con- 
solidar. Pretende  justificar  esa  distinción  sosteniendo  que  era  idolátrico 
el  culto  que  se  rendía  a  Yahvé  en  los  altos  o  santuarios  provinciales,  y 
que  por  lo  tanto,  todo  el  período  de  la  historia  de  Israel  anterior  a  la 
reforma  de  Josías  era  "el  tiempo  en  que  Israel  se  alejaba  o  descami- 
naba de  Yahvé".  Veamos  ahora  lo  que  él  dispone  respecto  a  esa  clase 
de  clérigos,  después  de  excluir  del  servicio  del  Templo  a  todos  los  ex- 
tranjeros, tanto  a  los  incircuncisos  de  corazón,  o  sea,  infieles  al  dios 
nacional,  como  los  incircuncisos  en  la  carne,  probablemente,  filisteos, 
únicos  incircuncisos  que  conocía  la  antigüedad  israelita.  He  aquí  dichas 
disposiciones:  44.  10  Pero  los  levitas  que  se  alejaron  de  mí  en  el  tiempo 
en  que  Israel  se  descaminaba  lejos  de  mi  para  seguir  sus  ídolos,  llevarán 
la  pena  de  su  pecado.  11  Servirán  en  mi  santuario  como  guardianes  de 
las  puertas  del  Templo,  y  harán  el  servicio  de  éste.  Degollarán  para  los 
del  pueblo  (o  para  los  laicos!  las  víctimas  destinadas  a  los  holocaustos 
y  a  los  otros  sacrificios  y  estarán  a  la  disposición  del  pueblo  para  ser- 
virlo. 12  Por  cuanto  lo  sirvieron  delante  de  sus  ídolos,  haciendo  caer  en 
el  pecado  a  la  casa  de  Israel,  por  tanto  alzo  mi  mano  contra  ellos,  dice 


EL  PRINCIPE 


233 


el  Señor  Yahvé:  llevarán  la  pena  de  su  falta;  13  no  serán  admitidos  a 
acercárseme  para  ejercer  delante  de  mí  el  sacerdocio  y  entrar  en  con- 
tacto con  las  cosas  santas  que  me  son  consagradas  o  con  las  cosas  sacra- 
tísimas; sufrirán  el  oprobio  merecido  por  las  abominaciones  a  que  se 
entregaron.  14  Los  encargaré  que  aseguren  el  servicio  del  Templo,  lo 
custodien  y  ejecuten  en  él  todos  los  trabajos  necesarios. 

3919.  Gomo  se  ve,  Ezequiel  subdivide  la  clase  de  los  levitas  en 
dos  grupos:  el  superior,  (A)  a  los  que  llama  sacerdotes-levitas,  y  el 
inferior  de  los  simplemente  levitas,  (B|,  a  los  que  niega  en  absoluto 
el  ejercicio  del  sacerdocio,  por  haber  realizado  prácticas  idolátricas. 
Para  que  se  aprecie  la  sinrazón  del  profeta  al  atribuir  a  los  sacerdotes 
provincianos  esas  prácticas,  léanse  los  párrafos  3751-3757.  que  com- 
prueban que  más  idolátrico  aún  era  el  culto  que  se  celebraba  en  el 
Templo  de  Jerusalén,  indudablemente  con  la  complacencia  o  colabora- 
ción de  los  pretendidos  hijos  de  Sadoc,  jefes  de  dicho  santuario,  al 
punto  que  en  la  visión  de  las  impiedades  abominables  que  se  cometían 
en  el  Templo,  manda  Yahvé  a  sus  ángeles  verdugos  que  comiencen  su 
vengativa  misión  llenando  de  cadáveres  los  patios  de  esa  su  santa  casa 
(9,  7).  Nota  L.  B.  d.  C.  que  Ezequiel  viene  a  legitimar  aquí  en  derecho 
un  estado  de  cosas  existente  desde  la  reforma  de  Josías.  "Es  una  nueva 
etapa,  dice,  hacia  la  constitución  en  el  judaismo  postexílico  de  dos  cas- 
tas de  clérigos:  los  sacerdotes  y  los  levitas".  En  castigo  de  su  preten- 
dido pecado,  el  profeta  condena  a  los  levitas  a  ser  los  porteros  y  los 
sirvientes  del  Templo.  Pero  parece  que  esta  pena  no  se  cumplió  al  re- 
torno del  cautiverio,  pues  hubo  una  corporación  especial  de  porteros 
(Esd.  2,  42)  :  y  las  más  bajas  funciones,  como  las  de  cortar  leña  y  ser 
los  aguadores  o  aguateros  del  servicio  del  culto  (Jos.  9,  27),  se  con- 
fiaron a  los  netineos,  que  comenzaron  siendo  los  esclavos  del  Templo. 
El  Cronista  (mediados  del  siglo  III,  o  en  el  II)  considera  a  estos  neti- 
neos como  una  subdivisión  de  los  levitas,  y  a  los  porteros  los  incluyó 
entre  los  descendientes  de  Leví. 

EL  PRINCIPE.  _  3920.  Ya  en  34,  24  (§  3878)  había  vaticinado 
Ezequiel  que  al  frente  del  Israel  restaurado,  pondría  Yahvé  a  su  ser- 
vidor David  — o  sea,  a  uno  de  sus  descendientes — ,  como  príncipe  de 
su  pueblo.  Aquí  en  su  Tora,  nos  da  el  profeta  algunos  nuevos  datos, 
dispersos  en  su  obra,  sobre  ese  personaje,  que  conviene  conocer.  Eze- 
quiel. que  no  menciona  para  nada  el  cargo  de  sumo  sacerdote,  que 
tanta  influencia  tuvo  en  el  período  postexílico,  pone,  en  cambio,  en  sus 
planes  de  futuro,  como  jefe  de  la  comunidad  israelita  al  príncipe,  con 
funciones  casi  exclusivamente  religiosas,  pues  su  principal  tarea,  según 
veremos,  debía  consistir  en  velar  por  que  se  ofrecieran  los  sacrificios 
debidos  en  los  días  de  fiesta  y  en  proveer  de  las  víctimas  necesarias 
a  ese  fin  y  al  culto  público  en  general.  Como  observa  el  profesor 


234 


EL  PRINCIPE 


Luis  Aubert,  "esta  enigmática  figura  no  encontró  lugar  en  la  realidad 
histórica".  En  la  repartición  utópica  del  territorio  del  nuevo  Israel,  pro- 
yectada por  nuestro  profeta,  ffig.  13,  §  3931)  en  doce  fajas  iguales  y 
paralelas  de  terreno  entre  el  Mediterráneo  por  el  Oeste  y  el  río  Jordán 
y  el  Mar  Muerto  por  el  Este,  se  asignaba  entre  las  fajas  7  y  8,  contando 
de  Norte  a  Sur,  una  zona  conceptuada  como  sagrada,  de  25.000  codos 
de  largo  por  20.000  de  ancho,  que  comprendía  dos  fajas  paralelas  de 
25.000  codos  de  largo  por  10.000  de  ancho,  una  para  los  levitas  y  otra 
para  los  sacerdotes,  debiéndose  encontrar  en  medio  de  esta  última  el 
santuario  de  Yahvé.  Inmediatamente  al  Sur  de  ésta,  habría  otra  faja  de 
25.000  codos  de  largo  por  5.000  de  ancho,  destinada  a  la  capital  y  a 
su  ejido,  que  venía  a  completar  con  las  dos  fajas  anteriores,  un  cua- 
drado de  25.000  codos  de  lado,  entre  las  tribus  de  Judá  y  de  Benjamín. 
Lo  restante  al  Este  y  al  Oeste  de  ese  cuadrado  central,  serían  tierras  del 
dominio  del  príncipe.  He  aquí  lo  que  nos  dice  al  respecto,  tocante  a 
este  personaje,  el  libro  de  Ezequiel. 

3921.  45.  8  Esas  tierras  serán  su  propiedad  (del  príncipe)  en 
Israel,  de  modo  que  los  príncipes  de  Israel  no  opriman  más  a  mi  pue- 
blo, sino  que  dejen  el  resto  del  país  a  las  diversas  tribus  de  la  casa  de 
Israel.  9  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  ¡Basta  ya,  oh  príncipes  de  Israel! 
Renunciad  a  la  violencia  v  a  la  opresión:  practicad  el  derecho  v  la  jus- 
ticia; libertad  a  mi  pueblo  de  las  exacciones  con  las  que  los  abrumáis, 
oráculo  del  Señor  Yahvé.  10  Tened  balanzas  justas,  efa  justo  y  bato 
justo.  II  El  efa  y  el  bato  tendrán  la  misma  capacidad,  de  manera  que 
el  efa  contenp;a  la  décima  parte  del  homer,  y  el  bato  también  la  décima 
parte  del  homer;  siendo  su  contenido  reglado  sobre  el  homer.  12  El 
sido,  entre  vosotros,  valdrá  veinte  geras;  cinco  sidos  valdrán  bien  cin- 
co; diez  sidos  valdrán  realmente  diez  (de  ellas),  y  cincuenta  sidos  harán 
una  mina.  (Según  la  Vulgata  y  el  T.  M.  este  v.  12  sería  así:  El  sido 
tiene  veinte  óbolos.  Y  veinte  sidos,  y  veinticinco  sidos,  y  quince  sidos 
hacen  una  mina).  13  He  aquí  la  deducción  oue  haréis  (o  la  contribu- 
ción que  tendréis  que  pagar)  :  un  sexto  de  efa  por  homer  de  trigo,  un 
sexto  de  efa  también  por  homer  de  cebada.  14  En  cuanto  al  aceite,  la 
cantidad  a  deducir  será  de  un  décimo  de  bato  ¡jor  coro;  diez  batos  ha- 
cen un  coro.  15  Se  pedirá  a  los  clanes  de  Israel  un  animal  ovino  por 
cada  doscientos,  para  la  oblación,  el  holocausto  y  los  sacrificios  de  paz, 
a  fin  de  hacer  la  expiación  por  ellos,  oráculo  del  Señor  Yahvé.  16  Esta 
contribución  será  abonada  por  toda  la  población  del  país,  para  el  prín- 
cipe que  ejerciere  la  autoridad  en  Israel.  17  Pero  incumbirán  al  prín- 
cipe los  gastos  de  los  holocaustos,  oblaciones  y  libaciones  que  ocasionen 
las  fiestas,  los  novilunios  y  los  sábados,  todos  los  tiempos  sagrados  de 
la  casa  de  Israel.  Él  asegurará  (o  proveerá)  la  ofrenda  del  sacrificio 
por  el  pecado,  de  la  oblación,  del  holocausto  y  de  los  sacrificios  de  paz 
destinados  a  hacer  la  expiación  en  favor  de  la  casa  de  Israel.  .  .  21  El 


EQUIVALENCIA  DE  PESAS  Y  MEDIDAS 


235 


catorce  del  primer  mes  celebraréis  la  Pascua;  durante  siete  días  se  co- 
merán panes  sin  levadura.  22  En  aquel  día  ofrecerá  el  príncipe  por  sí 
y  por  toda  la  población  del  país  un  toro  en  sacrificio  por  el  pecado. 
23  Después  durante  los  siete  días  de  la  fiesta,  ofrecerá  en  holocausto  a 
Yahvé  siete  toros  y  siete  carneros  sin  tacha  por  día,  y  en  sacrificio  por 
el  pecado  un  macho  cabrío  por  día.  24  Como  oblación,  ofrecerá  un  efa 
{de  harina)  por  toro  y  un  efa  por  carnero;  y  en  materia  de  aceite,  un 
hin  por  efa.  25  El  quince  del  séptimo  mes,  en  la  fiesta  {de  las  Enrama- 
das) y  durante  sus  siete  días,  obrará  del  mismo  modo  en  lo  concer- 
niente a  los  sacrificios  por  el  pecado,  los  holocaustos,  las  oblaciones  y 
las  ofrendas  de  aceite. 

3922.  Según  el  v.  8  de  la  precedente  transcripción,  las  tierras  que 
se  le  adjudicarían  al  príncipe,  vendrían  a  representar  su  lista  civil,  es 
decir,  serían  para  que  él  viviera  con  las  rentas  que  le  produjeran,  y  no 
tuviese  que  oprimir  al  pueblo  con  impuestos,  los  que  así  quedarían  eli- 
minados. Pero  teniendo  por  esencial  misión  proveer  a  los  gastos  que 
demandara  el  culto  en  el  Templo,  para  ayudarlo  a  cubrirlos,  Ezequiel 
fija  de  antemano  el  monto  de  la  contribución  que  tendría  que  pagar 
toda  la  población,  la  que  sólo  sería  a  título  de  terumá,  o  sea,  de  ofrenda 
a  Yahvé.  "Ese  impuesto  sobre  la  fortuna,  dice  L.  B.  d.  C,  parece  que 
debería  ser  pagado  totalmente  en  especies,  contrariamente  a  lo  que  se 
podría  esperar  según  el  v.  12,  y  vendría  a  ser  de  1  y  2/3  %  sobre  los 
cereales,  de  1  %  sobre  el  aceite  y  de  V2  %  sobre  el  ganado  lanar.  En 
tiempo  de  Nehemías,  los  judíos  pagaban  con  el  mismo  fin,  un  impuesto 
en  dinero,  fijado  uniformemente  en  1/3  de  siclo  por  persona  (Neh.  10, 
32)".  En  cuanto  a  la  equivalencia  de  las  pesas  y  medidas  indicadas  en 
los  vs.  9-14,  léase  lo  que  hemos  escrito  en  las  notas  de  §  1103  y  1105, 
las  que  completamos,  tocante  a  las  medidas  de  capacidad,  con  estos  da- 
tos que  nos  proporciona  el  Dict.  Encyc.  de  la  Bible;  sobre  la  base  del 
log  de  0.505  de  litro  (Lev.  14,  10)  :  el  seah  (II  Rey.  7,  1)  tenía  12.12  Is.; 
el  hin  (v.  24),  6.06  Is. ;  el  hin  sagrado,  4.545  Is.;  el  hin  grande,  9.09  Is.; 
y  el  omer  (distinto  del  homer.  Ex.  16,  16,  38),  3.636  Is.  Con  respecto 
al  siclo,  téngase  presente  que  expresaba  el  peso  de  un  metal  precioso, 
oro  o  plata,  usado  como  moneda,  siendo  el  más  usado  el  siclo  de  plata. 
Según  el  Dict.  EncycL,  después  del  destierro,  se  modificó  en  territorio 
hebreo,  el  patrón  del  siclo  babilónico,  generalmente  empleado,  siendo 
reemplazado  por  el  siclo  fenicio  de  14.54  grs.  Había  sin  embargo,  dos 
clases  de  sidos:  el  fuerte,  de  este  peso,  y  el  liviano  que  era  la  mitad 
del  otro.  El  primero,  llamado  siclo  sagrado  o  sido  del  santuario  (Ex. 
30,  13:  Ez.  45,  12)  constaba  de  20  geras,  vocablo  éste  que  los  LXX 
tradujeron  por  óbolos,  y  como  el  óbolo  era  de  0.727  grs.,  el  peso  de  ese 
siclo  venía  a  ser  de  14.54  grs.  El  siclo  sagrado  se  emplea  en  el  docu- 
mento P  para  todas  las  estimaciones  (Ex.  30,  23  ss.;  38,  24;  Lev.  27, 
25) ,  y  fuera  de  P,  sólo  es  mencionado  ese  siclo  por  Ezequiel  en  el  cita- 


236 


PESAS  Y  MEDIDAS 


do  pasaje.  Manifiesta  L.  B.  d.  C.  que  "las  pesas  en  piedra  o  metal,  que 
servían  para  efectuar  las  pesadas,  y  que  se  han  encontrado  en  las  exca- 
vaciones hechas  en  Palestina  y  Siria,  no  concuerdan  con  esas  valora- 
ciones teóricas.  .  .  Es  probable  que  el  peso  atribuido  al  siclo,  haya  va- 
riado en  el  curso  de  las  edades  y  que  haya  habido  concurrentemente 
varias  unidades  de  peso,  variedad  que  favorecía  los  fraudes".  Conviene 
recordar  la  siguiente  observación  del  mencionado  Dict.  EncycL:  "Cuan- 
do se  cotejan  las  indicaciones  dadas  en  notas,  en  nuestras  versiones 
bíblicas  y  en  los  comentarios,  a  propósito  de  las  medidas  judías,  se  nota 
entre  ellas  numerosas  diferencias,  las  que  provienen  ante  todo  de  que 
el  marco  o  patrón  de  tales  medidas  nunca  está  exactamente  determi- 
nado. Además  había  en  Palestina,  como  en  Francia  antes  de  la  adop- 
ción del  sistema  métrico,  medidas  de  diversos  tamaños  que  llevaban  el 
mismo  nombre.  En  fin.  las  relaciones  establecidas  por  los  autores  anti- 
guos entre  esas  medidas  y  las  medidas  babilónicas,  griegas  o  romanas, 
nunca  son  absolutamente  precisas.  La  conversión  en  medidas  de  nuestro 
tiempo  no  puede,  pues,  tener  rigor  matemático". 

3923.  Nótese  que  el  apóstrofe  amenazante  del  v.  9,  seguido  por 
una  descripción  de  las  equivalencias  de  las  medidas,  tiene  todas  las  ca- 
racterísticas de  un  agregado  de  distinto  escritor,  pues  no  viene  al  caso 
a  continuación  de  los  datos  que  estaba  dando  Ezequiel  sobre  el  terri- 
torio que  asignaba  al  príncipe  para  su  subsistencia.  Entiende  L.  B.  d.  C. 
que  "la  })resencia  en  este  sitio  de  un  pequeño  desenvolvimiento  sobre 
las  pesas  y  medidas  (vs.  10-12)  sugiere  que  el  empleo  de  balanzas  fal- 
sas, de  pesas  demasiado  pesadas  y  de  medidas  demasiado  grandes,  era 
uno  de  los  medios  utilizados  por  los  agentes  del  rey  para  desollar  a  los 
contribuyentes".  Aceptado  que  haya  sido  así;  pero  eso  en  la  mente  del 
profeta  pertenecía  ya  al  pasado,  por  lo  que  no  quita  que  esté  aquí  fuera 
de  lugar  tanto  aquel  apóstrofe  como  esta  descripción  del  valor  de  las 
medidas.  Además  recuérdese  que  Ezequiel  había  anunciado  que  Yahvé 
suscitaría  un  nuevo  pastor,  descendiente  de  David,  que  pondría  al  frente 
del  Israel  restaurado,  donde  reinaría  perenne  dicha  (Ez.  34,  23-31; 
§  3878-3881 ) ,  por  lo  cual  el  aludido  apóstrofe  resulta  tan  inoportuno 
como  extemporáneo.  Después  para  nuestro  profeta,  el  nasí,  o  príncipe 
de  su  creación,  es  un  funcionario  meramente  eclesiástico,  sólo  preocu- 
pado de  las  cosas  del  Templo;  mientras  aquí  en  el  v.  9,  se  le  reco- 
mienda que  practique  el  derecho  y  la  justicia,  o  sea,  se  le  dan  faculta- 
des civiles.  Pero  esas  facultades  eran  inútiles  en  un  país  de  santos,  como 
iba  a  ser  el  nuevo  Israel,  luego  que  Yahvé  cumpliera  su  promesa  de 
cambiarles  el  corazón  e  infundirles  un  nuevo  espíritu  a  todos  los  de- 
portados que  retornaran  a  su  antigua  patria  (Ez.  36,  26-28;  §  3580, 
3884) .  Aquel  hubiera  sido  el  país  soñado  por  los  anarquistas,  pues,  en 
efecto,  en  un  Estado  compuesto  de  individuos  perfectos,  donde  no  exis- 
tieran engaños,  violencias,  riñas,  robos,  asesinatos  y  demás  delitos  cas- 


SACRIFICIOS  EXPIATORIOS 


237 


ligados  por  el  Código  Penal,  desaparecerían  los  gendarmes,  el  ejército 
y  los  jueces;  no  se  requeriría  gobierno  alguno.  Mientras  nuestro  mundo 
esté  formado  por  hombres  como  los  que  hoy  lo  pueblan.  — que  lejos 
están  de  ser  ángeles, —  es  indispensable  la  existencia  en  cada  Estado,  de 
un  Gobierno  que  mantenga  el  orden,  haga  respetar  el  derecho  y  practi- 
que la  justicia,  como  se  aconseja  en  el  v.  9. 

3924.  Todos  los  sacrificios  mencionados  por  Ezequiel  debían  te- 
ner por  finalidad  expiar  los  pecados,  en  lo  que  fue  seguido  por  P,  el 
escritor  sacerdotal;  pero  en  el  antiguo  Israel,  sólo  por  excepción  se  les 
daba  ese  carácter  a  los  sacrificios.  Es  digno  también  de  notarse  que 
todas  estas  prescripciones  cultuales  figuran  como  ordenadas  directamen- 
te por  el  dios  nacional,  pues  a  cada  momento  aparece  la  consabida  mu- 
letilla: "Así  habla  o  dice  el  Señor  Yalivé"  u  "oráculo  del  Señor  Yahvé", 
de  modo  que  natural  hubiera  sido  que  se  tratara  de  obrar  estrictamente 
de  acuerdo  con  lo  preceptuado  por  la  divinidad.  Sin  embargo,  los  auto- 
res del  código  sacerdotal,  cuyas  producciones  se  encuentran  mezcladas 
en  las  páginas  del  Pentateuco,  introdujeron  muchas  variantes  en  las  que 
da  nuestro  profeta  como  de  procedencia  divina,  comenzando  por  elimi- 
nar el  nasi  de  su  legislación.  Por  ejemplo,  en  los  vs.  18-20  del  mismo 
cap.  45,  manifiesta  Ezequiel:  18  Así  habla  el  Señor  Yahvé-:  "El  primer 
día  del  mes  primero  tomaréis  un  torito  sin  tacha  para  sacar  el  pecado 
del  santuario  (o  para  purificar  el  santuario) .  19  El  sacerdote  tomará 
una  parte  de  la  sangre  de  la  víctima  ofrecida  en  sacrificio  por  el  pecado 
y  la  esparcirá  sobre  los  postes  de  la  puerta  del  Templo,  sobre  las  cuatro 
esquinas  del  zócalo  del  altar  (C  de  fig.  12)  y  sobre  los  postes  de  la 
puerta  del  patio  interior  (G  de  fig.  11).  20  Haréis  lo  mismo  el  séptimo 
mes,  el  primero  del  mes  a  causa  de  los  hombres  que  hubieren  pecado 
por  error  o  por  ignorancia ;  y  haréis  así  la  expiación  por  el  Templó". 
Comentando  estas  disposiciones,  dice  L.  B.  d.  C:  "La  Tora  de  Ezequiel 
prescribe  la  celebración  de  dos  jornadas  de  expiación  cada  una  al  co- 
mienzo de  una  de  las  mitades  -del  año.  El  ceremonial  prescrito  recuerda 
el  del  día  de  las  Expiaciones  descrito  en  el  Pentateuco  (Lev.  16.  cf.  23, 
27-32;  Ex.  30,  10:  Núm.  29,  7-11);  pero  con  notables  diferencias,  que 
sólo  se  explican  si  esta  ley  del  Pentateuco  no  estaba  aún  en  vigencia 
en  el  tiempo  en  que  fue  redactada  la  Tora  de  Ezequiel,  ¿pues"  con  qué 
derecho  el  autor  de  ésta  se  hubiese  permitido  modificar  profundamente 
una  regla  perpetua  (Lev.  16,  29)  dictada  por  Moisés?  Esas  principales 
diferencias  son  las  siguientes:  1"  en  P.  no  hay  más  que  un  día  de  las 
Expiaciones  y  su  fecha  es  otra,  el  10  del  séptimo  mes.  2'*  la  ley  de  Eze- 
quiel no  demanda  sino  un  toro  en  sacrificio  por  el  pecado,  mientras  que 
el  Pentateuco,  un  toro,  un  carnero  y  siete  corderos  en  holocausto,  y 
tan  sólo  un  macho  cabrío  en  sacrificio  por  el  pecado,  además  de  otro 
macho  cabrío  para  Azazel.  3^  En  P.  es  el  sumo  sacerdote  quien  realiza 
los  ritos:  en  Ez.  45.  son  ejecutados  por  el  sacerdote.  Y  4°  según  P,  se 


238 


SACRIFICIOS  EXPIATORIOS 


lleva  la  sangre  hasta  el  lugar  santísimo;  según  Ez.  45,  ella  sólo  debe 
ser  echada  sobre  dos  de  las  puertas  del  Templo  y  sobre  el  altar.  Por 
lo  demás,  se  puede  establecer  que  la  ley  sobre  el  día  de  las  Expiaciones, 
tal  por  lo  menos  como  la  leemos  en  el  Levítico,  es  una  de  las  más  re- 
cientemente redactadas  del  Pentateuco".  Igualmente  existen  numerosas 
diferencias  en  la  celebración  de  la  fiesta  de  la  Pascua,  como  la  da  Eze- 
quiel  y  como  se  dispone  en  Núm.  28,  16-25.  Según  Ez.  45,  22,  el  primer 
día  de  esa  fiesta  debería  inmolarse  un  toro  en  sacrificio  por  el  pecado; 
según  el  citado  cap.  de  Números,  en  ese  primer  día  y  en  los  siguientes 
de  dicha  semana  deben  ofrecerse  en  holocausto,  dos  toritos,  un  carnero 
y  siete  corderos  o  borregos  de  un  año,  siendo  el  sacrificio  acompañado 
por  una  oblación  de  flor  de  harina  amasada  con  aceite  y  compuesta  de 
tres  décimos  de  efa  por  toro,  dos  décimos  por  carnero,  y  un  décimo  de 
efa  por  cada  uno  de  los  siete  corderos,  oblación  que  tampoco  concuerda 
con  lo  establecido  en  Ez.  45,  24.  Según  nuestro  profeta,  en  cada  día 
de  esa  semana  de  fiesta  debían  ofrecerse  en  holocausto  a  Yahvé  siete 
toros,  y  siete  carneros  en  sacrificio  por  el  pecado,  además  de  un  macho 
cabrío  diario,  —  inmolación  esta  última  aceptada  por  el  escritor  de 
Números.  Obsérvese  la  contradicción  existente  entre  el  v.  22  de  Ez.  45, 
con  el  siguiente  23,  pues  según  el  22,  el  nasí  debía  ofrecer  en  sacri- 
ficio por  el  pecado  un  toro  el  primer  día,  mientras  que  según  el  v.  23, 
en  cada  uno  de  los  siete  días  de  la  fiesta  el  nasí  debía  ofrecer  en  holo- 
causto siete  toros  y  siete  carneros,  y  en  sacrificio  por  el  pecado  un 
macho  cabrío  por  día.  —  Estos  ejemplos  comprueban  una  vez  más,  sin 
lugar  a  dudas,  que  todas  esas  prescripciones  que  se  formulan  como  or- 
denanzas del  dios  israelita,  no  son  sino  la  expresión  de  las  ideas  y 
concepciones  de  \oé  visionarios  y  escritores  hebreos,  quienes  utilizaban 
las  aludidas  fórmulas  para  dar  más  valor  y  hacer  aceptar  más  fácil- 
mente sus  propios  pensamientos.  Lo  mismo  se  hacía  en  otros  países, 
como  en  Babilonia,  cuando  se  dictaba  una  nueva  legislación,  la  que  se 
afirmaba  que  procedía  de  tal  o  cual  dios.  "Como  en  Egipto,  manifiesta 
Moret,  la  ley  real  era  en  Babilonia  la  palabra  de  Dios"  (§  13). 

3925.  Tan  convencido  estaba  Ezequiel  de  que  el  proyecto  que  es- 
taba redactando  iba  a  ser  cumplido  al  pie  de  la  letra,  que  en  el  cap.  46 
entra  en  otros  detalles  y  minucias  respecto  al  príncipe,  como  p.  ej., 
indicar  por  donde  debía  penetrar  al  santuario,  donde  debía  colocarse, 
por  donde  debía  salir,  el  camino  que  debía  recorrer,  etc.  Así  nos  infor- 
ma que  el  nasí  tendría  que  entrar  por  la  puerta  oriental  del  patio  inte- 
rior (G  de  la  fig.  11),  permanecer  junto  al  poste  o  pilar  de  la  misma, 
arrodillado  en  el  umbral  de  su  vestíbulo,  mientras  presenciaba  los  sacri- 
ficios ofrecidos  por  los  sacerdotes.  En  eso  constituiría  su  privilegio,  pues 
el  pueblo  debía  permanecer  arrodillado  a  la  entrada  de  dicha  puerta, 
la  que  sólo  se  abriría  los  sábados,  los  novilunios  y  cuando  el  nasí  qui- 
siera ofrecer  voluntariamente  un  sacrificio  de  paz  o  un  holocausto.  El 


DONACIONES  DEL  PRINCIPE 


239 


nasi  debía  salir  por  el  mismo  camino  por  donde  había  entrado.  En  los 
otros  días  de  fiesta,  cuando  el  pueblo  fuera  al  Templo  a  adorar  a  Yahvé, 
el  que  entrara  por  la  puerta  del  Norte  tenía  que  salir  por  la  del  Sur 
y  viceversa,  y  el  nasí  entrar  y  salir  junto  con  ellos.  Además,  como  regla 
perpetua,  el  nasí  debía  ofrecer  en  holocausto  todas  las  mañanas,  un 
borrego  de  un  año  sin  tacha,  con  una  oblación  de  un  sexto  de  efa 
de  flor  de  harina  rociada  o  mezclada  con  un  tercio  de  hin  de  aceite 
(vs.  1-15).  De  todo  esto  se  desprende  que  el  príncipe  no  podía  penetrar 
en  el  patio  interior  reservado  a  los  sacerdotes,  mientras  que  antes  del 
destierro,  el  rey,  si  quería,  sacrificaba  él  mismo,  y  si  no  se  sentaba 
junto  al  altar  (I  Rey.  8,  22;  12,  32,  33;  13,  4;  II  Rey.  16,  12,  13). 
Con  respecto  al  holocausto  perpetuo  (vs.  13-15)  observa  L.  B.  d.  C, 
que  según  la  costumbre  antigua,  para  las  oblaciones  sólo  se  pedía  harina 
ordinaria;  pero  que  el  v.  14  es  el  primer  texto  que  con  ese  fin  demanda 
flor  de  harina,  exigencia  reclamada  luego  por  el  código  sacerdotal.  Ade- 
más, antiguamente  también  el  culto  cotidiano  del  Templo  sólo  requería 
el  holocausto  de  un  cordero  por  la  mañana;  pero  las  leyes  levíticas  más 
recientes  instituyeron  un  segundo  holocausto  de  un  cordero,  ofrecido  a 
la  caída  de  la  tarde  (Ex.  29,  38-42;  Núm.  28,  3-8). 

3926.  Termina  Ezequiel  su  legislación  sobre  el  príncipe,  con  las 
siguientes  disposiciones:  46,  16  Así  habla  el  Señor  Yahvé:  "Si  el  prin- 
cipe hiciere  a  alguno  de  sus  hijos  una  donación  tomada  de  su  dominio, 
lo  que  él  hubiera  dado  pertenecerá  a  sus  hijos  y  será  su  propiedad  here- 
ditaria. 17  Pero  si  el  príncipe  hiciere  a  uno  de  sus  servidores  una  dona- 
ción tomada  de  su  dominio,  esa  donación  pertenecerá  al  beneficiario 
hasta  el  año  de  la  liberación,  que  retornará  entonces  al  príncipe.  Sólo 
el  bien  hereditario  dado  a  sus  hijos,  permanecerá  siendo  propiedad  de 
éstos.  18  El  príncipe  no  podrá  tomar  nada  del  patrimonio  de  los  miem- 
bros del  pueblo,  despojándolos  de  su  propiedad.  De  su  propio  dominio 
constituirá  el  patrimonio  de  sus  hijos  a  fin  de  que  los  miembros  de  mi 
pueblo  no  se  vean  obligados  a  dispersarse,  echados  de  sus  propiedades" . 
Sabemos  que  desde  época  remota  existía  en  Israel  una  fuerte  corriente 
antirrealista,  proveniente  quizá  de  la  época  nómade  de  las  tribus,  segui- 
da por  su  lenta  infiltración  en  Canaán,  en  aquellos  días  en  que  no  había 
rey  en  Israel,  sino  que  cada  cual  obraba  como  mejor  le  parecía  (Jue.  17, 
6;  21,  25;  §  423).  Léase  también  al  respecto,  el  capítulo  sobre  "El  esta- 
blecimiento de  la  monarquía  en  Israel"  en  nuestro  tomo  II,  el  que  com- 
prueba cuan  arraigada  estaba  en  el  pueblo  la  tradición  contraria  a  la 
monarquía.  Pero  ésta  se  estableció  al  fin  por  la  necesidad  de  defenderse 
contra  los  constantes  ataques  de  los  pueblos  vecinos  enemigos,  y  mu- 
chos de  esos  reyes  justificaron  con  su  despotismo  la  antigua  animad- 
versión generalizada  contra  dicho  régimen  político.  Ezequiel  compartía 
tales  sentimientos,  agravados  con  el  recuerdo  del  vacilante  gobierno  del 
último  monarca  Sedecías,  quien  faltando  a  su  juramento  de  fidelidad  a 


240 


LA  FUENTE  MARAVILLOSA 


Nabucodonosor,  provocó  la  catástrofe  de  la  ruina  de  la  independencia 
de  Judá.  Por  eso  nuestro  profeta,  en  su  proyecto  de  reorganización  na- 
cional, elimina  por  completo  al  rey,  y  lo  reemplaza  por  el  nasí  o  prín- 
cipe, como  hemos  visto,  al  que  acuerda  simples  funciones  eclesiásticas, 
tratando  por  todos  los  medios  de  limitar  su  poder,  a  fin  de  que  si  abu- 
sara de  él,  no  se  convirtiese  en  opresor  de  los  componentes  de  su  pue- 
blo. De  ahí  el  precepto  del  transcrito  v.  18,  concordante  con  el  de  45,  8, 
en  los  que  impone  a  los  futuros  príncipes  la  obligación  de  vivir  única- 
mente con  los  recursos  que  pudiera  proporcionarles  el  dominio  territo- 
rial que  les  asigna  en  su  Tora.  Por  eso  les  prohibe  que  con  inmeditadas 
donaciones  disminuyan  su  propio  territorio,  el  que  por  ningún  concepto 
debía  salir  del  seno  de  su  familia.  Y  si  donara  parte  de  él  a  alguno 
de  sus  servidores,  es  decir,  a  extraños,  tal  donación  sería  por  tiempo 
muy  limitado,  pues,  se  anularía  el  año  de  la  liberación.  Al  respecto 
escribe  L.  B.  d.  C.:  "Se  llamaba  así,  según  Jer.  34,  8,  15,  17,  el  año  sabá- 
tico, en  cada  septenio,  en  el  cual  se  debía  libertar  a  los  hebreos  caídos 
en  esclavitud  por  no  haber  podido  pagar  sus  deudas.  De  ese  año  es 
que  parece  tratarse  aquí,  más  bien  que  del  jubileo,  que  no  llegaba  sino 
cada  cincuenta  años  y  en  el  que  las  tierras  debían  volver  a  su  primer 
dueño,  según  una  ley  que  emplea  tambin  el  término  de  liberación  (Lev. 
25,  10]  ;  pero  que  tiene  visos  de  ser  de  redacción  bastante  reciente".  Y 
anotando  Lev.  25  sobre  los  años  santos,  dice  la  misma  L.  B.  d.  C:  "El 
código,  en  su  forma  primitiva,  (P)  parece  que  no  contenía  sino  la  ley 
sobre  el  año  sabático  (  vs.  2-7,  18-22)  y  una  serie  de  prescripciones 
humanitarias  concernientes  a  la  probidad  en  las  transacciones  (  14,  17), 
al  rescate  del  inmueble  vendido  por  necesidad  { 23-25}  y  a  la  asistencia 
que  debía  darse  a  los  indigentes,  los  que  no  serían  tratados  como  escla- 
vos si  hubieren  sido  obligados  a  venderse  {35-40",  42,  43,  47  53,  55). 
Ulteriores  legistas  — que,  para  simplificar,  designamos  uniformemente 
por  P-^ —  añadieron  las  leyes  sobre  el  año  del  jubileo  y  relacionaron 
con  esta  institución  las  antiguas  prescripciones  humanitarias,  que  origi- 
nariamente no  tenían  relación  alguna  con  ella;  habiéndose  agregado 
más  recientemente  aún  otras  adiciones,  como  p.  ej.,  los  vs.  44-46". 

LA  FUENTE  ALARAVILLOSA.  _  3927.  Soñando  despierto,  Ezequiel 
continúa  detallándonos  su  visión,  tocándole  ahora  el  turno  a  una  pági- 
na digna  de  figurar  en  el  conocido  libro  de  cuentos  Las  mil  y  una 
Noches.  He  aquí  ese  fantástico  relato.  47,  1  Él  (el  ángel  que  le  servía 
de  cicerone)  me  volvió  a  llevar  entonces  a  la  entrada  del  Templo  y  vi 
que  por  debajo  del  umbral  del  edificio  salía  agua,  que  se  dirigía  al 
oriente,  porque  la  fachada  del  Templo  miraba  al  Este.  Esa  agua  corría 
debajo  de  la  pared  Sur  del  Templo,  al  Sur  del  altar.  2  Me  hizo  salir 
por  la  puerta  del  Norte  y  contornear  el  Templo  por  fuera  hasta  la  puerta 
que  miraba  hacia  el  oriente  y  vi  surgir  el  agua  de  su  pared  meridional. 


LA  FUENTE  MARAVILLOSA 


241 


3  El  hombre  partió  hacia  el  oriente  con  un  cordel  en  la  mano;  midió 
mil  codos  y  después  me  hizo  pasar  por  el  agua,  que  me  llegaba  hasta 
los  tobillos.  4  Otra  vez  midió  mil  codos  y  me  hizo  pasar  por  el  agua, 
la  que  me  subía  a  las  rodillas.  Midió  nuevamente  mil  codos  y  me  hizo 
atravesar  el  agua,  la  que  me  alcanzó  a  los  ríñones.  5  Volvió  a  medir  mil 
codos,  y  era  ya  un  torrente  que  no  pude  atravesar,  porque  el  agua  había 
crecido  y  en  ella  se  podía  nadar;  era  un  torrente  imposible  de  vadear. 
6  Y  me  dijo:  "¿Has  visto,  hijo  de  hombre'^"  Después  me  hizo  marchar 
y  circular  a  lo  largo  de  la  orilla  del  torrente  (Texto  incierto).  7  Circu- 
lando por  allí,  vi  que  en  las  dos  riberas  del  torrente  había  gran  número 
de  árboles  (Texto  incierto)  8  Me  dijo:  "Estas  aguas  se  dirigen  al  dis- 
trito oriental;  descenderán  al  llano  (o  la  estepa,  el  Arabá),  y  cuando 
entren  en  el  mar  de  agua  salada  (el  Mar  Muerto)  esa  agua  se  volverá 
sana.  9  A  dondequiera  llegue  el  torrente,  podrán  vivir  los  seres  ani- 
mados que  abundan  en  el  agua,  y  habrá  allí  una  muy  grande  cantidad 
de  peces,  porque  cuando  esas  aguas  lleguen  al  mar,  quedarán  sanas  las 
aguas  de  éste.  10  Habrá  pescadores  junto  a  sus  orillas  desde  Enguedí 
hasta  En  Eglairn;  será  una  región  donde  se  echará  la  red,  pues  habrá 
en  este  mar  peces  de  variadas  clases  tan  numerosos  como  en  la  Gran 
Mar  (el  Mediterráneo).  11  Sin  embargo  sus  pantanos  y  sus  lagunas  no 
serán  saneados;  se  los  convertirá  en  salinas.  12  A  lo  largo  del  torrente, 
crecerán  en  sus  riberas  toda  clase  de  árboles  frutales,  cuyo  follaje  no  se 
marchitará,  y  que  nunca  cesarán  de  dar  frutos.  Cada  mes  producirán 
nuevos  frutos,  porque  las  aguas  que  los  rieguen  saldrán  del  santuario. 
Sus  frutos  servirán  de  alimento,  y  su  follaje,  de  remedio^'. 

3928.  Como  fácilmente  se  dará  cuenta  el  que  lea  el  relato  que 
antecede,  todos  hemos  tenido,  alguna  vez,  de  estos  sueños  fantásticos, 
por  lo  general  relacionados  con  nuestras  diarias  ideas  y  preocupaciones. 
Tan  despampanante  es  la  aludida  narración,  tan  alejada  de  toda  verosi- 
militud, que  la  ortodoxia  recurre  a  la  alegoría  para  explicarla.  Así  Scío, 
comentando  aquellas  aguas  que  salían  debajo  del  umbral  del  Templo, 
expresa:  "En  el  templo  de  Salomón  había  muchos  encañados  subterrá- 
neos, por  donde  se  conducía  el  agua  para  el  uso  de  tantos  sacrificios  y 
para  otros  servicios.  Entre  otros  había  algunos  que  iban  a  desembocar 
cerca  del  altar,  para  lavar  la  sangre  que  allí  se  derramaba;  y  desde  aquel 
lugar  corrían  de  nuevo  por  otros  encañados  cubiertos,  hasta  salir  fuera 
del  templo.  Pero  en  estas  aguas  están  simbolizados  los  siete  sacramentos, 
los  dones  y  frutos  del  Espíritu  Santo,  la  doctrina  evangélica,  y  las  Be- 
más  gracias  que  desde  el  trono  divino  descendieron  por  Jesucristo,  re- 
presentado en  el  altar  (Apoc.  6,  9)  primeramente  sobre  Sión,  y  después 
sobre  toda  la  redondez  de  la  Tierra.  Así  San  Jerónimo  y  comúnmente 
los  Padres  e  intérpretes.  San  Juan  en  su  Apocalipsis  21  explica  esto  en 
otro  sentido,  de  las  delicias  que  gozan  los  bienaventurados  en  el  cielo". 
—  L.  B.  A.,  que  podemos  considerar  como  el  mejor  representante  de 


242 


LA  FUENTE  MARAVILLOSA 


la  ortodoxia  protestante,  ve  en  el  torrente  que  sale  del  santuario,  la 
imagen  de  la  acción  del  Espíritu  en  la  humanidad,  señalando  los  siguien- 
tes rasgos  que,  a  su  juicio,  se  destacan  en  ese  cuadro  prof ético:  1*?  El 
origen  divino  del  torrente.  La  entrada  de  Dios  en  el  santuario,  en  el 
que  acaba  de  hacer  su  habitación  eterna  (43,  1  y  ss),  única  explicación 
del  nacimiento  de  ese  río  vivificante.  29  La  fuerza  interna  del  torrente, 
que  casi  imperceptible  al  principio,  aumenta  el  caudal  de  sus  aguas  sin 
afluentes  y  por  su  virtud  propia.  Así  fue  el  crecimiento  de  la  Iglesia 
(Act.  1,  15;  2,  41;  4,  4}  y  desde  entonces  se  ha  cesado  de  contar  el 
número  de  sus  adherentes,  como  Ezequiel  de  medir  el  torrente.  3°  Los 
efectos  maravillosos  de  esas  aguas  que  purifican  y  fertilizan.  El  torrente 
se  dirige  al  Mar  Muerto,  emblema  de  lo  que  hay  de  más  completamente 
degradado  y  perdido  en  el  seno  de  la  humanidad.  El  Espíritu  Santo  se 
propone  purificar  ese  receptáculo  de  perversidades  y  miserias,  y  donde 
penetra,  la  contaminación  es  reemplazada  por  la  santidad,  la  muerte  por 
la  vida.  Las  lagunas  y  los  pantanos  no  saneados,  representan  la  porción 
de  la  humanidad  que  permanece  cerrada  a  ese  trabajo  santificante  del 
Espíritu.  La  sal  que  queda  en  el  suelo  es  símbolo  de  esterilidad  y  de 
maldición  (Deut.  29,  23;  Jue.  9,  45).  Los  árboles  frutales  simbolizan 
la  actividad  del  Espíritu  en  aquellos  que  ha  renovado  el  corazón  y  la 
vida.  Los  frutos  buenos  para  la  alimentación  son  los  frutos  de  santidad 
y  de  caridad,  que  calman  a  la  vez  todos  los  dolores,  consecuencias  del 
pecado,  o  sea,  son  las  hojas  medicinales. 

3929.  A  pesar  de  la  unanimidad  de  opiniones  entre  los  ortodoxos 
para  apelar  al  simbolismo  a  fin  de  explicar  el  cuadro  de  la  fuente  ma- 
ravillosa de  la  visión  de  nuestro  profeta,  creemos  que  es  más  exacto 
interpretarlo  en  su  sentido  real  y  directo.  En  efecto,  téngase  presente 
que  Ezequiel  era  un  fanático  yahvista,  que  creía  tener  constantes  reve- 
laciones de  su  dios,  y  que  no  vacilaba  en  admitir  y  predicar  que  cuando 
ocurriera  el  próximo  retorno  de  su  pueblo  a  Palestina,  Yahvé  iba  a 
cambiar  el  corazón  de  sus  compatriotas,  como  iba  a  modificar  las  con- 
diciones climatéricas  de  aquella  región  y  acrecentar  la  fertilidad  de  su 
suelo,  de  modo  que  no  volviera  más  a  reinar  allí  el  hambre  (36,  25-30). 
Nada  tiene,  pues,  de  imposible  que  ese  visionario  creyera  que  al  volver 
a  su  antigua  patria  sus  compatriotas  regenerados,  y  al  construir  el  nuevo 
templo  de  acuerdo  con  todos  los  detalles  arquitectónicos  proporcionados 
por  el  mismo  dios,  éste  habitaría  allí  eternamente,  y  su  presencia  divina 
produjera  aquel  fenómeno,  que  contribuiría  a  comprobar  la  excelsitud 
de  dicha  divinidad.  L.  B.  d.  C.  expresa  las  mismas  ideas.  ¿No  afirma 
aún  hoy  L.  B.  A.  que  el  agua  de  aquel  torrente  maravilloso  era  una 
emanación  de  la  vida  de  Yahvé  presente  en  su  Templo,  citando  en  apoyo 
de  su  tesis  este  texto  del  Apoc.  22,  1 :  "Y  me  mostró  un  rio  de  agua 
viva  que  salía  del  trono  de  Dios  y  del  cordero"?  L.  B.  d.  C.  manifiesta 
al  respecto:  "A  menudo  se  ha  interpretado  la  descripción  de  los  vs.  1-12, 


LIMITES  DEL  NUEVO  ISRAEL 


243 


como  si  en  el  pensamiento  del  autor  fuera  pura  utopía,  destinada  a 
figurar  realidades  espirituales.  Cierto  es  que  la  fuente  maravillosa  salida 
del  Templo  y  llevando  por  todas  partes  la  vida  y  la  salud,  sería  un 
magnífico  símbolo  de  las  bendiciones  que,  según  el  profeta,  deben  di- 
manar de  la  presencia  de  Yahvé  en  medio  de  su  pueblo  en  los  nuevos 
tiempos.  Pero  un  rasgo  como  el  del  v.  11  (el  agua  de  ciertas  lagunas 
no  sufrirá  el  saneamiento  general  de  manera  que  continúen  proveyendo 
de  la  sal  indispensable  a  la  comunidad  judía)  indica  que  las  predic- 
ciones hechas  aquí  deben  ser  entendidas  en  su  sentido  natural.  El  visio- 
nario, como  sus  sucesores  los  autores  de  apocalipsis,  pudo  creer  que  en 
los  tiempos  mesiánicos  se  transformaría  la  configuración  (Zac.  14,  8-10) 
y  las  condiciones  físicas  del  país:  la  vuelta  de  la  fertilidad  paradisíaca 
es  uno  de  los  rasgos  más  constantes  de  la  esperanza  judía.  El  carácter 
quimérico  de  las  predicciones  formuladas  aquí  no  es  tampoco  motivo 
para  rehusar  a  Ezequiel  la  composición  de  este  trozo.  Este  profeta  tenía 
ilimitada  fe  en  el  poder  de  su  dios,  y  su  imaginación  unía  a  un  rea- 
lismo extraordinariamente  concreto,  práctico  y  minucioso,  las  utopías 
más  audaces,  como  p.  ej.,  antes  del  586  contaba  con  que  todos  los  jus- 
tos serían  preservados,  y  exterminados  todos  los  culpables  (9,  4-6;  14, 
12-20),  y  más  tarde,  con  que  las  diez  tribus  retornarían  con  todas  sus 
consecuencias  (cap.  48).  Este  doble  carácter  de  la  imaginación  de  Eze- 
quiel se  encuentra  en  los  legisladores  sacerdotales  (P)  y  en  el  Cronista. 
Ño  es  necesario  suponer,  como  se  ha  sostenido  a  veces,  que  antigua- 
mente surgía  en  efecto  del  emplazamiento  del  Templo,  un  manantial 
que  habría  alimentado  el  Hammam  ech-Chifá,  estanque  que,  por  otra 
parte,  está  al  Oeste  y  no  al  Este  del  Haram  esch-Scherif  (§  1368).  La 
fuente  salida  del  santuario  llegó  a  ser  uno  de  los  constantes  elementos 
de  la  escatología  judía  y  cristiana  (Joel  3,  18;  Zac.  13,  1;  14,  8;  Sal. 
46,  5;  Apoc.  22,  1-2)". 

LOS  LIMITES  DEL  PAIS  DE  ISRAEL  Y  SU  PARTICION.  —  3930.  Des- 
pués de  la  referida  descripción  del  torrente  maravilloso  proveniente  del 
Templo,  pasa  Ezequiel  a  trazar  los  límites  del  neo-Israel,  antes  de  proce- 
der a  dividirlo  entre  las  doce  legendarias  tribus  de  ese  pueblo.  Reduce 
sus  aspiraciones  patrióticas  al  territorio  de  Palestina,  dándole  como  lími- 
tes: al  Este  el  río  Jordán  y  el  Mar  Muerto;  al  Sur  desde  Tamar  (ciudad 
desconocida,  que  supone  L.  B.  A.  sea  una  que  menciona  Ensebio,  a  una 
jornada  de  Hebrón,  en  el  camino  de  esta  población  al  golfo  oriental 
del  mar  Rojo)  hasta  las  aguas  de  Meriba  de  Cades  (§  359  bis),  y  luego 
el  torrente  de  Egipto  hasta  el  Mediterráneo;  al  Oeste  este  mar;  y  al 
Norte  una  línea  de  localidades  desconocidas,  pero  que  probablemente 
se  extendería  desde  la  desembocadura  del  Orontes,  siguiendo  el  paralelo 
del  Hermón,  hasta  el  S.  E.  de  esta  alta  montaña,  en  cuyas  estribaciones 
se  encuentran  las  fuentes  del  Jordán,  junto  a  los  confines  de  la  seca 


244 


DIVISION  DEL  NUEVO  ISRAEL 


meseta  del  Haurán,  la  Auranítides  de  los  griegos  Í47,  13-20).  Ezequiel 
prescinde,  pues,  de  la  Transjordania,  en  un  tiempo  ocupada  por  las  tri- 
bus de  Rubén,  Gad  y  parte  oriental  de  la  de  Manasés,  región  de  Galaad 
y  del  Basán  de  la  que  se  apoderó  Tiglat-Pileser  III  en  734  í§  2785), 
y  que  nunca  más  volvió  al  dominio  de  Israel.  Como  estos  límites  apa- 
recen ahora  dados  por  Yahvé  Í45,  13-20)  resulta  que  no  se  ajustan  a 
lo  prometido  anteriormente  por  el  mismo  dios,  a  quien  antiguos  escri- 
tores le  habían  hecho  asegurar  que  a  Abraham  y  a  su  posteridad  les 

daría  todo  el  territorio  desde  el 
torrente  de  Egipto  o  uadí  Miz- 
raim  hasta  el  río  Eufrates,  com- 
prendiendo por  lo  tanto  a  Siria 
(Gén.  15,  '18;  §  2272,  2277). 
Nueva  comprobación  de  que  la 
repetida  frase:  "Así  habla  o 
dice  Yahvé",  debe  ser  sustituida 
por  "Así  habla  o  dice  el  que 
estas  líneas  escribe",  y  que  la 
ortodoxia  sigue  considerando 
como  palabras  divinas. 

3931.  Dentro  de  los  mencio- 
nados límites  generales  de  la 
Palestina  — que  englobaban 
también  la  antigua  Filistea  y 
parte  de  la  Fenicia —  traza  Eze- 
quiel su  quimérico  reparto  del 
territorio,  al  que  divide  en  13 
secciones  o  fajas  paralelas,  me- 
nos la  más  meridional,  la  de 
Gad,  cuya  frontera  Sur  vendría 
a  constituirla  un  ángulo  obtuso 
formado  por  las  siguientes  lí- 
neas convergentes  en  el  oasis  de 
Cades,  a  saber:  por  un  lado  el 
torrente  de  Egipto,  y  por  el 
otro,  el  uadí  Fiikréh  que  desem- 
boca en  el  extremo  Sur  del  Mar 
Muerto  (fig.  13:  cap.  48).  Co- 
mo dijimos  en  §  3920,  entre  las 
fajas  de  terreno  7  y  8  coloca  el  profeta  una  zona  especial  que  compren- 
día el  dominio  del  príncipe,  el  territorio  para  la  capital  con  sus  tierras 
adyacentes,  la  sección  destinada  a  los  levitas  y  la  otra  igual  para  los 
sacerdotes,  que  encerraba  el  Templo  (fig.  14).  Para  considerar  lo  utó- 
pico de  esta  repartición  basta  tener  presente  las  siguientes  observacio- 


Fig.  13 


—  La  proyectada  división 
Palestina  por  Ezequiel. 


EL  TERRITORIO  SAGRADO 


245 


LEVITAS 

I 

DOMINIO 

'  DOMINIO 

DEL  ¡ 

Q  ' 

emplo 

t 

DEL 

PRINCIPE 

SACERDOTES 

■  PRINCIPE 
í 

DOMINIO 

jvillg 

DE 

LA  CIUDAD 

í 

6En  J  A  M  Ihi 


nes:  Ezequiel  pretende  restablecer  las  primitivas  12  tribus,  algunas 
de  las  cuales,  como  la  de  Simeón,  ya  habían  desaparecido.  Léase  al  res- 
pecto lo  que  sobre  las  tribus  hemos  escrito  en  los  parágrafos  titulados 
"La  bendición  de  Moisés"  314-325)  y  "El  canto  de  bendición  y  de 
maldición  de  Jacob"  ( S  2049-2063 ) .  Además  recuérdese  que  la  mayor 
parte  de  los  habitantes  de  las  diez  tribus,  — las  que  constituían  el  reino 
del  Norte, —  hacía  un  siglo  y  medio  que  habían  sido  deportados  por 
Sargón  a  Asiría,  sin  que  de 
ellos  se  volvieran  a  tener  noti- 
cias;  pero  tanto  Ezequiel  como 
Jeremías  abrigaban  la  firme  es- 
peranza de  que  Yahvé  algún  día 
los  retornaría  a  su  antigua  pa- 
tria, lo  que  hasta  hoy  no  ha 
ocurrido.  2*?  Ezequiel  no  tiene 
en  cuenta  ni  los  antecedentes 
históricos  de  las  tribus,  ni  el 
número  de  sus  habitantes,  ni  la 
configuración  del  suelo  que  a 
cada  una  de  ellas  les  adjudica. 
Como  todas  esas  fajas  de  terre- 
no se  extienden  del  Mediterrá- 
neo al  Jordán  o  Mar  Muerto, 

venían  a  tener  de  ancho,  o  sea,  de  Norte  a  Sur,  unos  18  a  20  kms., 
siendo  rectas  sus  líneas  de  demarcación,  semejantes,  dice  Reuss,  "a  las 
que  separan  en  los  mapas  los  estados  del  interior  de  la  unión  norteame- 
ricana". En  cuanto  a  la  colocación  de  las  tribus,  el  profeta  pone  en  las 
extremidades  del  país  a  los  procedentes,  según  la  tradición,  de  las  con- 
cubinas de  Jacob  (Dan  y  Neftalí,  hijos  de  la  esclava  Bilha;  y  Aser  y 
Gad,  hijos  de  la  esclava  Zilpa,  S  2338-2341  ;j  y  a  Judá  y  Benjamín  en 
lugar  preferente,  más  cerca  del  santuario  nacional.  Según  suponía  Eze- 
quiel, luego  de  demarcadas  las  fajas  de  terreno  correspondientes  a  cada 
tribu,  debía  precederse  al  sorteo  de  los  lotes  que  ocuparían  las  familias 
de  la  misma,  incluyéndose  entre  los  beneficiarios  a  "los  extranjeros  que 
habitan  en  medio  de  vosotros,  (los  gerim,  §  559,  560),  que  hayan  tenido 
hijos  entre  vosotros,  los  cuales  os  serán  como  indígenas  de  entre  los 
hijos  de  Israel"  (47,  22).  Nótese  que  si  aquí  Ezequiel  considera  a  los 
extranjeros  residentes  en  Israel,  con  hijos  nacidos  en  el  país,  en  el 
mismo  pie  de  igualdad  que  los  propios  israelitas,  desde  la  primera  ge- 
neración, en  cambio  en  el  Deuteronomio  (23,  7-8;  §  3304-3307)  se  esta- 
blece que  los  descendientes  de  los  edomitas  y  dé  los  egipcios  sólo  podrán 
ser  admitidos  en  la  asamblea  de  Yahvé,  a  la  tercera  generación. 


Fig.  14.  —  El  cuadrado  santo,  con  el  te- 
rritorio de  Jerusalén  y  del  príncipe. 


CAPITULO  XI 


La  religión  de  Ezequiel 


PSICOLOGIA  DEL  PROFETA.  —  3932.  En  un  artículo  sobre  "Algu- 
nas observaciones  sobre  la  psicología  de  los  profetas",  expresa  A.  Causse 
lo  siguiente:  "Ezequiel,  uno  de  los  últimos  profetas,  es  justamente  uno 
de  los  más  ricos  en  fenómenos  patológicos,  visiones,  éxtasis  y  alucina- 
ciones. Ezequiel  es  un  caso  de  excepción;  no  se  podría  verdaderamente 
colocarlo  en  la  misma  línea  que  Amós,  Oseas,  Isaías,  Miqueas  y  Jere- 
mías. Es  ya  el  hombre  del  judaismo,  el  hombre  de  la  tora,  y  a  la  vez 
escritor  apocalíptico;  pero  de  inspiración  muy  diferente  a  la  de  sus  pre- 
decesores. Además  han  cambiado  las  condiciones:  la  profecía  está  ya 
en  decadencia;  ha  bajado  la  potencia  del  espíritu;  y  el  profeta  debe 
insistir,  para  probar  su  inspiración,  en  el  carácter  maravilloso  de  ésta, 
en  las  manifestaciones  patológicas  consideradas  como  signos  y  prodi- 
gios. Nos  aparece  como  un  enfermo;  y  precisamente  por  ese  tempera- 
mento de  visionario  y  de  alucinado  es  quizá  de  todos  los  profetas  de  la 
gran  escuela  el  que  más  recuerda  a  los  antiguos  nehiim"  [R.  H.  Ph.  R., 
t°  2,  ps.  354-355).  Este  visionario  sujeto  a  crisis  enfermizas,  que  como 
sabemos,  las  consideraba  él  como  manifestaciones  divinas,  sufrió  la  in- 
fluencia de  su  contemporáneo  Jeremías  y  de  las  doctrinas  del  código 
deuteronómico  que  había  inspirado  la  muy  reciente  reforma  de  Josías, 
pronto  suspendida  por  la  muerte  de  este  rey. 

SEMEJANZAS  Y  DESEMEJANZAS  ENTRE  JEREMIAS  Y  EZEQUIEL.  _ 
3933.  Entre  el  profeta  de  Anatot  y  Ezequiel  existían  estas  circunstan- 
cias semejantes:  1°  Ambos  procedían  de  familias  sacerdotales,  aunque 
es  muy  probable  que  este  último  ejerció  realmente  el  sacerdocio  en  Jeru- 
salén  antes  de  su  deportación  (§  3500,  3700).  2°  Ambos  acVnsejaban  la 
sumisión  a  los  caldeos  (§  3469),  pues  si  los  oráculos  contra  Babilonia 
en  el  libro  de  Jeremías  no  son  de  este  profeta  (§  3462-3475),  en  el  de 
Ezequiel,  aunque  existen  varios  contra  naciones  extranjeras,  no  se  en- 
cuentra ninguno  contra  el  imperio  de  Nabucodonosor  (§  3867).  3*? 


JEREMIAS  Y  EZEQUIEL 


247 


Ambos  profetas  vaticinaban  la  caída  de  Jerusalén  y  la  ruina  de  Judá 
3566;  caps.  II  y  III).  Y  4*?  Ambos  insisten  en  la  conversión  indivi- 
dual de  sus  compatriotas,  aunque  creen  en  la  obra  milagrosa  que  reali- 
zará Yahvé  al  cambiarles  a  éstos  los  corazones  3813).  En  cambio, 
he  aquí  algunas  de  las  diferencias  que  pueden  mencionarse  entre  esos 
dos  profetas:  A)  Jeremías,  contrariamente  a  Ezequiel,  no  se  preocupó 
de  la  constitución  de  una  comunidad  religiosa.  Al  efecto,  escribe  Pie- 
penbring:  "Jeremías  no  tuvo  la  idea  de  la  ventaja  que  ofrece  a  los  indi- 
viduos una  buena  organización  de  la  sociedad  en  que  viven,  ni  recono- 
ció cuanto  los  sostiene  en  el  cumplimiento  del  deber.  Por  el  contrario, 
Ezequiel  comprendió  muy  bien  esto,  por  lo  cual  no  se  contenta  con 
exhortar  a  cada  uno  a  practicar  la  justicia  o  con  prometerle  nuevo  co- 
razón, sino  que  su  mayor  esfuerzo  tiende  a  trazar  reglas  según  las  cua- 
les deberá  formarse  un  nuevo  pueblo  de  Dios,  perfectamente  fiel.  Para 
concentrar  ya  en  la  tierra  del  cautiverio,  a  los  judíos  dispersos,  para 
impedirles  perderse  en  medio  de  su  círculo  pagano,  privados  como  esta- 
ban del  santuario  y  del  culto  público,  les  indica,  como  signo  caracterís- 
tico para  que  todos  se  distingan  de  los  infieles,  la  institución  del  sábado, 
a  la  que  concede  gran  importancia,  y  que  era  la  que  mejor  podía  man- 
tenerse y  ser  observada  en  el  destierro.  Los  sábados,  dice,  son  una  señal 
entre  Yahvé  y  los  hijos  de  Israel,  para  que  sepan  que  él  es  su  dios  (20, 
12,  20).  A  fin  de  que  todo  Israel  pueda  formar  un  pueblo  santo,  o  más 
bien,  una  iglesia  sin  tacha,  después  del  retorno  del  destierro,  da  además 
sus  famosas  leyes  constitucionales  de  los  caps.  40-48"  (Hist.  du  Peuple 
dlsr.  ps.  450,  451). 

3934.  B)  Jeremías  anunciaba  que  Yahvé  celebraría  nueva  alianza 
con  los  israelitas,  la  que  consistiría  en  poner  su  ley  dentro  de  ellos, 
inscribiéndola  en  el  corazón  de  los  mismos  (31,  31-34;  §  3522),  mien- 
tras que  Ezequiel  le  da  particular  importancia  a  las  leyes  escritas,  por 
lo  que  inculpa  especialmente  a  sus  compatriotas  por  su  inobservancia  de 
las  leves  y  estatutos  de  Yahvé  (5,  6-7;  11,  12,  20;  18,  9;  20,  13,  16, 
19,  21,  24;  etc.).  —  C)  Jeremías,  que  había  comenzado  por  ser  parti- 
dario V  propagandista  de  la  reforma  de  Josías,  no  tardó  en  comprobar 
su  ineficacia  v  en  que  contribuía  a  fomentar  una  confianza  ciega  en 
la  posesión  del  único  local  en  que  Yahvé  quería  ser  adorado,  y  en  la 
observancia  legal  de  las  ceremonias  cultuales,  por  lo  que  combatió  tenaz- 
mente esas  falsas  ideas  (§  3223-3224),  insistiendo  especialmente  en  la 
conducta  virtuosa  (§  3516-3518).  Ezequiel.  por  el  contrario,  cada  vez 
más  apegado  a  los  principios  de  aquella  reforma,  considera  como  capi- 
tal deber  la  práctica  correcta  del  culto,  lo  que  motiva  que,  a  causa  de 
su  violación,  dirija  frecuentes  reproches  a  su  pueblo.  Por  eso  en  vez 
de  darles  un  código  moral,  les  propone  un  código  ritual.  —  D)  En 
Jeremías  predomina  el  sentimiento  (§  3434-3435)  ;  en  cambio,  Ezequiel, 
como  nota  Piepenbring,  es  ante  todo  un  hombre  de  reflexión,  hasta  de 


248 


EZEQUIEL  Y  SOCRATES 


cálculo  y  de  geometría  fcap.  40).  Se  le  ha  comparado,  no  sin  razón, 
con  Gregorio  VII  y  Calvino.  pues,  como  ellos,  tiene  algo  de  duro  y 
severo.  Las  numerosas  visiones  e  imágenes  que  emplea,  aun  para  expo- 
ner hechos  pasados  o  futuros,  y  que  a  veces  describe  en  sus  menores  de- 
talles, inauguraron  el  género  apocalíptico.  Es  el  primer  dogmático  judío; 
y  en  él  predomina  el  sacerdote  sobre  el  profeta  (Ib.  ps.  447,  448,  453). 

EZEQUIEL  EN  LOS  DOS  GRANDES  PERIODOS  DE  SU  MINISTERIO. 
—  3935.  Sabemos  que  esos  períodos  están  divididos  por  el  magno 
acontecimiento  de  la  caída  de  Jerusalén  en  poder  de  los  caldeos.  En  el 
primero.  Ezequiel  se  consagra  a  disipar  las  falsas  esperanzas  que  al- 
bergaban los  deportados  de  un  pronto  regreso  a  su  patria,  haciéndoles 
comprender  que  era  inevitable  el  triunfo  babilónico.  Sintiendo  su  res- 
ponsabilidad como  profeta  encargado  por  su  dios  de  advertir  a  sus 
compañeros  de  destierro  los  peligros  que  les  deparaba  su  situación,  se 
compara  con  el  centinela  puesto  en  lugar  alto,  en  país  invadido  por  ene- 
migos, y  cuya  misión  consiste  en  tocar  la  trompeta  cuando  vea  que  éstos 
se  aproximan.  Si  oído  el  alerta  que  anuncia  la  trompeta,  alguien  no  se 
precave  y  perece  víctima  de  su  negligencia,  el  centinela  es  inculpable; 
pero,  en  cambio  si  el  desastre  se  produce  por  descuido  del  centinela  en 
avisar  la  proximidad  del  peligro,  cuando  éste  se  presenta,  entonces  se 
demandará  cuentas  al  infiel  atalaya,  de  la  sangre  vertida  por  su  culpa. 
Y  sacando  la  moraleja  de  esa  comparación,  que  Ezequiel  pone  en  boca 
de  Yahvé,  le  hace  decir  a  este  dios  que  él  lo  ha  puesto  como  centinela 
de  los  israelitas,  a  fin  de  que  sea  su  portavoz,  les  advierta  el  peligro 
que  corren,  y  los  amoneste  trasmitiéndoles  las  palabras  que  le  inspire. 
Si  así  no  lo  hiciere  el  profeta,  responderá  por  los  que  se  perdieren;  y 
si,  por  el  contrario,  cumpliese  con  la  obligación  que  se  le  impone,  en- 
tonces estará  exento  de  culpa,  en  caso  de  que  no  hubiesen  sido  escu- 
chadas y  atendidas  sus  amonestaciones  (33,  7-9;  3,  16^-21\  §  3723-3725, 
3872).  Ezequiel  se  convierte,  pues,  en  pastor  de  almas  de  los  de  la  casa 
de  Israel,  manteniéndose  constante  en  el  puesto  en  el  cual  entendía  ha- 
bía sido  colocado  por  su  dios,  y  su  caso  recuerda  el  de  Sócrates  que 
también  se  mantuvo  firme  en  el  que  creyó  le  había  sido  deparado  por 
la  divinidad.  En  efecto,  nos  refiere  Platón  en  su  "Apología  de  Sócrates", 
que  éste  ante  sus  jueces  que  lo  condenaron  a  muerte,  les  dijo,  entre 
otras  cosas,  lo  siguiente:  "Todo  aquel  que  ocupe  un  puesto  — bien  lo 
haya  escogido  él  mismo  como  el  más  honorable,  bien  haya  sido  colo- 
cado en  él  por  un  superior —  tiene  el  deber,  a  mi  juicio,  de  defenderle 
a  toda  costa,  sea  cual  fuere  el  peligro  que  pudiera  amenazarle,  sin  im- 
portarle ni  la  muerte  posible,  ni  peligro  alguno  al  que  hubiese  que  sacri- 
ficar el  honor.  En  cuanto  a  mí,  atenienses,  de  haber  obrado  de  otro 
modo,  hubiera  sido  culpable.  Pero  qué  digo,  cuando  los  jefes  elegidos" 
por  vosotros  me  señalaban  un  puesto  allá  en  Potidea.  Anfípolis  o  Delión, 


EZEQUIEL  Y  SOCRATES 


249 


yo  permanecía  en  el  sitio  designado,  firme  cual  nadie,  aunque  peligrase 
mi  vida.  ¡Y  cuando  un  dios  me  impuso  como  misión,  según  creo,  vivir 
filosofando  y  averiguando  en  mí  y  en  los  demás,  iba  por  temor  a  la 
muerte  o  a  otro  peligro  cualquiera,  a  desertar  de  mi  obligación ! .  .  . 
Y  si  vosotros  me  dijereis:  "Te  vamos  a  declarar  inculpable;  pero  con 
una  condición :  que  no  has  de  volver  a  emplear  tu  tiempo  en  examinar 
a  las  gentes,  como  has  hecho  hasta  ahora,  ni  filosofar,  porque  de  otro 
modo,  morirás".  Pues  bien,  jueces,  si  trataseis  de  imponerme  esta  con- 
dición, yo  os  replicaría:  "Atenienses,  muy  reconocido  os  estoy  y  mucho 
os  estimo;  pero  antes  obedeceré  al  dios  que  a  vosotros.  Mientras  me 
quede,  pues,  un  soplo  de  vida,  mientras  sea  capaz  de  ello,  estad  seguros 
que  no  cesaré  de  filosofar,  de  exhortaros  y  de  hacer  reflexionar  a  todo 
aquel  de  vosotros  que  se  cruce  en  mi  camino .  .  .  Me  liberéis  o  no,  tened 
por  seguro  que  jamás  he  de  cambiar  de  conducta,  aunque  mil  veces  me 
expusiera  a  morir"  (Diálogos,  tomo  I,  ps.  183-185) . 

3936.  Como  se  ve,  es  curiosa  la  semejanza  entre  la  vocación  do- 
cente de  estos  dos  hombres  célebres:  ambos  se  consagran  resueltamente 
y  sin  vacilación  ni  temor  a  la  tarea  que  entienden  les  ha  impuesto  el 
dios  de  cada  uno  de  ellos;  de  Ezequiel  ya  conocemos  cual  era  su  pre- 
dicación, y  en  cuanto  a  Sócrates,  en  su  citada  Apología,  describe  su 
obra,  diciendo:  "Eres  ateniense,  hijo  de  la  ciudad  más  grande  y  más 
afamada  que  otra  alguna  por  su  ciencia  y  su  poder,  y  ¡no  te  aver- 
güenza de  hacer  cuanto  puedes  por  acrecentar  tus  bienes  y  tu  fortuna, 
lo  mismo  que  tu  reputación  y  tu  nombradía,  y  en  cambio  lo  que  se  rela- 
ciona con  la  razón,  con  la  verdad,  es  decir,  con  tu  alma,  que  deberías 
perfeccionar  incesantemente,  no  te  preocupa,  ni  te  hace  pensar!  Y  si 
alguno  replica  afirmando  que  en  efecto  se  preocupa,  no  creáis  que  por 
ello  voy  a  dejarle  y  a  irme  de  su  lado  en  seguida;  no,  al  contrario,  le 
interrogaré,  le  examinaré,  discutiremos  a  fondo.  Y  entonces  si  me  parece 
cierto  que  a  pesar  de  lo  que  dice  no  es  virtuoso,  le  reprocharé  por  esti- 
mar tan  poco  lo  que  más  vale,  y  tanto  lo  que  en  verdad  tan  poco  valor 
tiene"  (Ib,  p.  184) .  He  aquí,  pues,  dos  predicadores  sinceros  completa- 
mente convencidos  que  realizan  su  obra  por  mandato  divino.  Recuérdese 
que  Ezequiel  comenzaba  todos  sus  discursos  con  la  frase:  "Yahvé  me 
habló  en  estos  términos:  Hijo  de  hombre,  diles" .  .  .  tal  o  cual  cosa.  En- 
señaba lo  que  creía  que  le  inspiraba  su  dios,  siendo  esa  enseñanza,  sobre 
todo  en  la  primera  parte  de  su  ministerio,  esencialmente  de  moral  reli- 
giosa. En  la  segunda,  en  cambio,  junto  a  las  perspectivas  consoladoras  de 
un  próximo  retorno  a  la  perdida  patria,  que  sería  transformada  en  un 
edén,  insiste  más  en  los  ritos  tendientes  a  formar  un  pueblo  de  santos,  que 
rendirían  correcto  culto  a  Yahvé.  En  ese  segundo  período,  se  nos  pre- 
senta Ezequiel  en  su  carácter  de  sacerdote  legista,  cuya  mentalidad  pri- 
mitiva le  hace  dar  gran  importancia  a  la  pureza  ritual  (36,  25;  §  3908) 
materializando  las  ideas  de  pecado  y  de  santidad,  y  estableciendo  que 


250 


EL  DIOS  DE  EZEQUIEL 


los  sacerdotes  deben  tener  por  principal  misión  enseñar  al  pueblo  a  que 
sepa  distinguir  lo  sagrado  de  lo  profano,  lo  puro  de  lo  impuro  (44,  23; 
§  3913,  3916-3917). 

EL  DIOS  DE  EZEQUIEL.  —  3937.  Si  todos  los  profetas  consideran 
a  Yahvé  como  un  dios  antropomórfico,  para  Ezequiel  lo  es  aún  mucho 
más,  al  punto  que  manifiesta  que  vió  a  esa  divinidad  abandonar  el  Tem- 
plo donde  moraba,  antes  de  que  ese  edificio  fuera  quemado  por  los 
caldeos,  y  más  tarde  lo  ve  regresar  y  entrar  por  la  puerta  oriental  del 
nuevo  Templo  por  él  ideado,  puerta  que,  por  esa  razón,  debería  man- 
tenerse cerrada,  pues  ningún  mortal  podría  en  lo  futuro  penetrar  por 
donde  había  entrado  el  dios  nacional  (10,  4,  i8;  11,  2.3;  43,  4;  44,  1-2). 
Por  supuesto  que  todo  lo  expresado  ocurrió  en  visión;  pero  esa  fue  la 
manera  como  la  generalidad  de  los  profetas  tuvieron  conocimiento  de 
dicha  divinidad.  Según  las  circunstancias,  Ezequiel  se  figura  a  su  dios 
como  un  juez  inexorable,  que  castiga  sin  compasión,  como  p.  ej.,  cuando 
le  hace  decir:  "Bien  pronto  voy  a  derramar  mi  furor  sobre  ti,  a  des- 
ahogar mi  cólera  sobre  ti;  te  juzgaré  según  tu  conducta,  haciendo  recaer 
sobre  ti  todas  tus  abominaciones.  Mi  ojo  será  sin  piedad,  y  no  tendré 
misericordia",  lo  que  recuerda  al  feroz  Yahvé  de  Amós  (§  2818-2820). 
En  cambio,  en  otras  ocasiones,  hace  oír  a  su  pueblo  una  nota  más  hu- 
mana y  consoladora,  como  cuando  le  hace  exclamar  a  Yahvé:  "¿Acaso 
me  complazco  en  la  muerte  del  malo,  sino  más  bien  en  verle  cambiar 
de  conducta  y  que  viva?"  (18,  23,  32;  §  3806;  33,  11)  ;  o  como  cuando 
se  representa  a  este  dios  como  el  buen  pastor  que  cuidará  amorosa- 
mente de  sus  ovejas,  curándolas  y  trayendo  al  redil  las  descarriadas 
(34,  8-16;  §  3875-3876).  Pero  sobre  todo,  Ezequiel  hace  obrar  a  Yahvé 
en  defensa  del  buen  nombre  del  mismo.  Si  Yahvé  ha  de  juntar  a  los 
israelitas  dispersos  y  los  retornará  gloriosamente  a  Palestina,  no  será 
por  amor  hacia  ellos,  sino  en  su  propio  interés,  "por  piedad  y  por  el 
honor  de  mi  santo  nombre",  confiesa  en  36,  22-24  (§  3883-3886).  "En 
salvaguardia  de  su  gloria,  escribe  Piepenbring,  es  que  Yahvé,  ofendido 
por  las  rebeliones  seculares  de  su  pueblo,  finalmente  entregó  éste  a  la 
ruina;  y  con  el  mismo  fin,  lo  salvará  nuevamente,  lo  retornará  a  su  país, 
lo  bendecirá  abundantemente  y  castigará  a  sus  enemigos"  (Ib,  p.  448). 
Lods  se  expresa  en  igual  sentido:  "¿Qué  es  lo  que  garantiza  que  Yahvé 
querrá  restablecer  a  Israel?  Responde  Ezequiel:  la  inquietud  que  tiene 
Yahvé  por  el  honor  de  su  santo  nombre.  En  virtud  de  la  destrucción  de 
su  capital,  del  incendio  de  su  Templo  y  de  la  dispersión  de  su  pueblo, 
el  dios  de  Israel  ve  su  santo  nombre  profanado  por  las  naciones,  las  que 
lo  acusan  de  impotente.  Yahvé  no  puede  permitirles  que  hablen  así.  Esta 
especulación,  a  despecho  de  lo  que  tiene  de  grande,  constituye,  como 
se  ve,  un  disfrazado  retroceso  a  las  creencias  de  la  antigua  religión  tra- 
dicional. Para  creer  en  el  mantenimiento  de  la  nación,  se  funda  Ezequiel, 


LA  ()BIL\  DE  EZEQUIEL 


251 


como  el  viejo  Israel,  en  el  lazo  necesario  que  une  a  Yahvé  con  su  pue- 
blo, lazo  que  aunque  para  el  profeta  no  es  natural,  ni  indisoluble,  ha 
sido,  sin  embargo,  creado  por  la  libre  voluntad  de  Dios;  pero  real- 
mente Yahvé  es  inseparable  de  Israel,  su  único  representante  en  el  mun- 
do. Esta  mezcla  de  ideas  proféticas  y  de  concepciones  anteriores  es  típi- 
co del  judaismo  naciente"  {Les  Prophétes,  p.  252). 

LO  QUE  PUDO  HABER  HECHO  EZEQUIEL  Y  NO  LO  HIZO.  —  3938. 
La  caída  de  Jerusalén  y  la  deportación  de  buena  parte  de  sus  habitantes, 
que  había  sido  precedida  y  seguida  por  otras  deportaciones,  fue  un 
suceso  de  capital  importancia  y  de  enorme  trascendencia  para  el  futuro 
del  pueblo  israelita  y  sobre  todo  para  su  religión.  Aquellos  individuos 
hasta  entonces  sordos  a  los  consejos  de  los  profetas  pesimistas,  como 
Jeremías  y  Ezequiel,  que  sólo  daban  oídos  a  los  discursos  de  los  profe- 
tas nacionalistas,  que  recordaban  que  Jerusalén  era  inexpugnable  y  que 
en  último  caso  Yahvé  haría  un  milagro  para  libertarla,  como  cuando  el 
sitio  de  Sennaquerib  2923-2929),  ahora  habían  callado  y  habían 
perdido  su  antiguo  prestigio  desautorizados  por  los  acontecimientos.  Si 
Jeremías  había  desaparecido  en  el  lejano  Egipto  (§  3587),  quedaba  en 
Babilonia  Ezequiel,  como  verdadero  representante  de  Yahvé,  ya  que  el 
cumplimiento  de  sus  predicciones,  había  aumentado  su  popularidad  y 
autoridad  moral.  Este  profeta  se  encontraba,  pues,  en  el  momento  cru- 
cial de  la  religión  de  su  pueblo,  y  nadie  como  él,  en  aquellos  instantes, 
estaba  mejor  habilitado  para  imprimir  a  ésta  nuevos  rumbos.  Quemado 
el  templo  jerosolimitano;  en  tierra  extranjera  lo  más  selecto  de  los  ju- 
daítas  donde  era  imposible  efectuar  el  culto  tradicional,  y  habiendo  he- 
cho tabla  rasa  con  todas  las  instituciones  religiosas  del  pasado,  Ezequiel, 
si  hubiese  sido  un  profeta  genial  o  que  hubiese,  por  lo  menos,  tenido  la 
espiritualidad  de  Jeremías  (§  3619-3622),  habría  podido  realizar  una 
obra  imperecedera  para  el  bien  de  sus  compatriotas  y  de  la  humanidad. 
Inspirándose  en  los  profetas  anteriores,  enemigos  de  los  sacrificios  de 
animales,  habría  podido  eliminar  esos  sacrificios,  y  no  proseguir  ni 
fortalecer  con  nuevos  preceptos  la  vergonzosa  religión  de  carnicería,  que 
ponía  a  su  dios,  ordenador  de  tan  atrasados  e  inhumanos  ritos,  al  bajo 
nivel  de  las  demás  divinidades  que  tenían  tan  sangrientas  exigencias. 
Prosiguiendo  en  tales  puntos  de  vista,  sus  discípulos  o  continuadores 
nos  dejaron  la  profusa  legislación  mágico-religiosa  de  los  sacrificios, 
explayada  en  el  Levítico,  la  que  - — gracias  a  que  los  romanos  volvieron 
a  destruir  el  nuevo  templo  donde  se  efectuaban  dichas  arcaicas  prácti- 
cas,—  ha  desaparecido  para  siempre  del  judaismo,  al  punto  que  hoy 
nadie  en  el  incipiente  Estado  de  Israel,  ni  aun  el  partido  más  religioso 
de  los  allí  existentes,  se  atreve  a  resucitar  esos  ritos  de  sacrificios,  aun- 
que continúan  figurando  en  la  Tora,  como  obligatorios  para  los  judíos. 
Hubiera  podido  concluir  Ezequiel  con  la  insensata  idea  del  Deuterono- 


252 


LA  OBRA  DE  EZEQUIEL 


inio  de  centralizar  el  culto  en  Jerusalén,  absurda  prescripción  que  al 
concentrar  el  culto  en  un  sólo  paraje,  impedía  que  pudieran  practicarlo 
los  que  vivían  lejos  de  ese  lugar.  Con  la  experiencia  adquirida  en  Babi- 
lonia, donde  veía  cómo  sus  compatriotas  concurrían  a  su  casa  para  con- 
sultarlo o  hablar  de  temas  religiosos,  hubiera  podido  Ezequiel  dar  ca- 
rácter oficial  a  la  institución  naciente  de  la  sinagoga,  declarando  que 
era  la  voluntad  de  Yahvé  que  ella  reemplazara  al  caduco  y  destruido 
templo.  Pero,  por  el  contrario,  se  entretuvo  en  planear  detalladamente 
un  nuevo  edificio  para  su  antropomórfico  dios,  imitado  servilmente  del 
anterior  destruido  por  los  caldeos,  sin  ocurrírsele  pensar  que  el  templo 
no  debía  ser  morada  terrestre  de  la  divinidad,  según  la  antigua  con- 
cepción semítica,  sino  un  lugar  de  reunión  de  los  fieles  para  rendirle 
culto.  A  este  respecto  conviene  recordar  que,  medio  siglo  más  tarde, 
después  del  edicto  liberatorio  de  Ciro  autorizando  el  regreso  de  los 
judíos  a  su  patria,  hubo  un  inspirado,  de  tendencia  espiritualista,  que 
se  opuso  a  la  construcción  del  nuevo  templo,  y  escribió  estas  notables 
palabras,  que  hoy  se  encuentran  en  el  cap.  66  de  Isaías: 

Así  habla  Yahvé:  El  cielo  es  mi  trono, 

Y  la  Tierra  es  mi  escabel. 
¿Qué  casa  podríais  edificarme. 
Qué  lugar  para  que  yo  more  en  él? 
Mi  mano  ha  hecho  todas  estas  cosas, 

Y  a  ellas  les  ha  dado  existencia,  oráculo  de  Yahvé. 
Pero  he  aquí  sobre  quien  pongo  mis  miradas: 

Sobre  el  que  es  humilde  (o  desgraciado)  y  de  espíritu  con- 

[trito, 

Sobre  aquel  que  tiembla  ante  mi  palabra  (vs.  1-2). 

Y  Lods,  comentando  estas  elevadas  ideas,  dice:  "Había,  pues,  en  la  pe- 
queña colonia  de  ritualistas  agrupada  en  la  provincia  de  Judá,  por  lo 
menos  un  hombre  que  interpretaba  la  destrucción  del  santuario  como 
una  lección  de  espiritualidad  dada  por  Dios  mismo.  En  el  espíritu  de 
los  grandes  profetas  de  antaño,  y  de  acuerdo  con  la  religión  mazdeana 
(coincidencia  que  quizá  no  sea  accidental),  profesa  que  el  creador  de 
los  cielos  y  de  la  Tierra  no  necesita  templo:  el  adorador  al  que  Yahvé 
mira  con  complacencia  no  es  aquel  que  le  ofrece  sacrificios,  sino  el 
que  sufre  por  su  pecado  y  se  apresura  a  obedecer  las  menores  órdenes 
de  su  Dios"  {Les  Prophétes,  ps.  302-303).  Y  volviendo  a  nuestro  Eze- 
quiel, tenemos  que  si  hubiese  él  meditado  un  poco  sobre  el  cambio  que 
desde  sus  antecesores,  los  profetas  del  siglo  VIII,  se  venía  operando  en 
el  concepto  del  poderío  de  -Yahvé,  a  quien  aquellos  atribuían  imperio 


LA  OBRA  DE  EZEQUIEL 


253 


sobre  reyes,  gobernantes  en  general  y  conquistadores,  juzgándolo,  en 
consecuencia,  como  el  Señor  de  la  Historia,  habría  comprendido  que  al 
transformarlo  en  el  Dios  universal,  su  religión  y  su  culto  debían  ser 
universales  también  y  no  quedar  limitados  al  reducido  círculo  de  los 
judíos.  Ni  supo  prever,  ni  supo  comprender  el  papel  que  le  tocaba  des- 
empeñar en  aquel  momento  decisivo  de  la  historia  de  la  religión  en  el 
mundo,  y  con  ideas  estrechas,  propias  de  un  menguado  cerebro,  sólo 
produjo  los  irrisorios  y  utópicos  planes  de  los  nueve  últimos  capítulos 
de  su  libro,  que  lo  acreditan  como  padre  del  formalismo  de  una  pe- 
queña nación. 


CAPITULO  XII 


Los  profetas  escritores  anónimos 
del  siglo  VI.  El  segundo  Isaías 


ORACULOS  INSERTOS  EN  LA  PRIMERA  PARTE  DE  ISAIAS.  — 
3939.  Se  ignora  ciíándo  murió  Ezequiel;  pero  muchos  creen,  basán- 
dose en  1,  1-2  y  29,  17  "que  siendo  del  570  el  último  dato  que  tenemos 
de  su  ministerio,  más  o  menos  por  ese  año  debe  haber  sido  su  falleci- 
miento. Conviene  ahora  recordar  brevemente  los  sucesos  históricos  rela- 
cionados con  la  destrucción  del  imperio  neo-babilónico,  para  compren- 
der mejor  los  oráculos  de  los  profetas  anónimos  del  destierro.  Dos  pue- 
blos, arios,  indoeuropeos,  se  habían  establecido  en  la  meseta  del  Irán, 
al  Este  de  la  Mesopotamia,  desde  principios  del  segundo  milenario:  los 
medos  y  los  persas.  Los  primeros  ocuparon  la  parte  Oeste  y  Norte  de 
esa  meseta,  y  tenían  por  capital  a  Ecbatana;  los  segundos  se  instalaron 
en  el  centro  y  Sur;  ambos  pueblos  estaban  divididos  en  tribus.  Por 
Herodoto,  sabemos  que  en  la  primera  mitad  del  siglo  VII,  el  rey  de  los 
medos,  Desyocés  (708-655),  se  mantuvo  en  buenas  relaciones  con  Asiria, 
país  al  que  pagaba  tributo.  Su  hijo  y  sucesor  Fraortes  (655-633)  exten- 
dió su  dominio  sobre  los  persas;  pero  fracasó  al  querer  librarse  del  va- 
sallaje de  los  asirlos,  pues  fue  derrotado  y  muerto  por  Asurbanipal.  Le 
sucedió  su  hijo  Ciaxares  (633-584),  cuyas  tropas  unidas  a  las  del  babi- 
lonio Nabopolasar  vencieron  a  los  asirios  y  destruyeron  a  Nínive  en  el 
612.  El  reino  de  los  medos  aumentado  con  el  territorio  de  Asiria,  se 
extendió  así  hasta  los  estados  del  Asia  Menor,  donde  no  tardaron  en 
surgir  conflictos  con  los  lidios.  A  Ciaxares  le  sucedió  su  hijo  Astiages 
(584-550),  quien  fue  destronado  por  el  persa  Ciro.  Cuando  Fraortes 
sometió  a  los  persas,  el  clan  Hakhamanish  de  la  tribu  persa  de  los  Pa- 
sargades,  invadió  el  Elam,  suplantando  en  Susa  a  la  dinastía  de  Anzán, 
que  reinaba  allí.  Los  griegos  tradujeron  el  nombre  de  ese  clan  por  el 
vocablo  Aquemenés.  que  se  convirtió  en  el  epónimo  de  la  dinastía  persa 


PROFETAS  ESCRITORES  ANONIMOS 


255 


de  los  Aqueménides.  Tres  soberanos  aqueménides  se  habían  sucedido  en 
Susa,  antes  que  Ciro,  en  el  558,  fuera  rey  de  Anzán  ( §  3614) .  Este 
hábil  conquistador  se  anexiona  la  Media  en  550,  formando  el  imperio 
persa-medo.  En  el  546  vence  al  poderoso  rey  de  Lidia,  Creso  (562-546) 
refugiado  en  su  capital  Sardes,  considerada  como  inexpugnable.  Esto 
trajo  como  consecuencia  el  dominio  de  las  ciudades  griegas  del  Asia 
Menor,  que  estaban  bajo  el  protectorado  del  rey  lidio.  Ciro  consagró 
los  años  545-539  a  someter  las  tribus  arias  de  las  estepas  de  Sogdiana 
y  Bactriana,  consolidando  así  su  imperio  sobre  todo  el  Este  de  la  me- 
seta del  Irán.  Realizada  esta  obra,  decide  la  conquista  del  reino  de 
Babilonia,  que  venía  a  quedar  en  medio  de  sus  dilatados  dominios, 
proyecto  fácil  de  realizar  por  la  incuria  del  rey-sacristán  Nabónides, 
ocupado  principalmente  en  cuestiones  religiosas,  — por  lo  que  había 
asociado  al  gobierno  a  su  hijo  Belsatsar  o  Balthassar,  2296,  3548)  — 
y  fácil  además  por  la  defección  de  Gobrías,  gobernador  de  la  región 
occidental  de  Babilonia.  En  539,  encontrándose  muy  bajas  las  aguas  del 
Éufrates,  Ciro  las  hizo  desviar  de  su  curso  normal,  lo  que  permitió  al 
traidor  Gobrías  penetrar  con  su  ejército  en  Babilonia,  por  el  cauce  del 
río  casi  seco.  El  ejército  de  Balthassar  fue  derrotado  dos  veces,  y  en  la 
segunda  derrota  pereció  dicho  hijo  de  Nabónides.  Este  rey  hecho  pri- 
sionero, fue  desterrado  a  Carmania  en  la  parte  central  de  Persia,  donde 
murió  (§  3548,  3612). 

3940.  A  la  muerte  de  Nabucodonosor,  ocurrida  en  el  561,  le  su- 
cedió su  hijo  Evil  Merodac,  quien  no  sólo  sacó  de  la  cárcel  al  ex-rey 
Yoyaquín  o  Jeconías,  sino  que  lo  sentó  a  su  mesa  y  lo  trató  cariñosa- 
mente (II  Rey.  25,  27-30;  §  3511),  lo  que  alentó  las  esperanzas  de  los 
deportados  de  que  pronto  retornarían  a  su  patria.  Estas  esperanzas  re- 
sultaron ilusorias,  pues  Evil  Merodac  sólo  reinó  dos  años,  siendo  asesi- 
nado, y  los  que  le  sucedieron  no  pensaron  en  hacerlos  volver  a  su  país 
(§  3548).  Se  agudizó  así  su  odio  contra  Babilonia,  por  lo  que  acogían 
con  sumo  interés  y  satisfacción  las  noticias  que  llegaban  a  sus  oídos  de 
los  grandes  triunfos  del  persa  Ciro,  que  entendían  podía  muy  bien  ser 
el  instrumento  en  manos  de  Yahvé  para  librarlos  del  yugo  babilónico. 
Con  tal  motivo,  surgieron  inspirados  yahvistas  que  compusieron  poemas 
vaticinando  la  caída  de  Babilonia  y  el  retorno  glorioso  de  Israel  a  Pa- 
lestina, como  lo  había  vaticinado  Ezequiel.  Ya  el  profeta  anónimo  de 
Is.  13  anunciaba  que  Babilonia  sería  tomada  y  arrasada  por  los  medos 
( ¡5  2984-2992 ) .  Algunos  autores  opinan  que  este  oráculo  es  posterior  al 
546;  pero  observa  Lods  que  el  hecho  de  que  el  profeta  no  menciona  a 
los  persas,  indica  quizá  que  la  revolución  interior  realizada  por  Ciro  no 
era  aún  bien  conocida,  por  ser  inuy  reciente.  También  entiende  Lods 
que  "de  la  misma  época  y  probablemente  del  mismo  autor  es  el  canto 
fúnebre  irónico  que  se  lee  en  el  capítulo  siguiente  (Is.  14;  §  2993-3000) 
sobre  un  rey  que  va  a  ser  precipitado  en  el  sheol,  donde  llevará  misera- 


256 


EL  SEGUNDO  ISAIAS 


ble  existencia,  porque  habrá  sido  privado  de  los  honores  fúnebres.  No 
hay  razón  valedera  para  dudar  que  ese  rey  no  sea  el  de  Babilonia,  como 
lo  dicen  la  introducción  y  la  conclusión  en  prosa  que  encuadran  hoy 
ese  poema"  {Les  Prophétes,  p.  266). 

3941.  En  Is.  21  tenemos  otro  oráculo  anónimo,  más  o  menos  de 
esa  época,  en  el  que  se  anuncia  la  toma  de  Babilonia  por  los  persas  y 
los  medos  í$  2992  bis).  Sobre  ese  capítulo  escribe  Lods:  "Otro  inspi- 
rado que  vivía  probablemente  en  Palestina,  prevé  él  también,  la  victoria 
de  Ciro;  pero  parece  creer  que  para  las  poblaciones  oprimidas  por  Ba- 
bilonia, esa  victoria  traerá  tan  sólo  un  cambio  de  amo.  Como  los  adi- 
vinos fineses  que  enviaban  su  alma  a  observar  lo  que  pasa  o  a  obrar 
en  países  lejanos;  como  Ezequiel  que  es  transportado  en  espíritu  a  Jeru- 
salén,  mientras  que  su  cuerpo  permanece  en  Tel  Abib  (Ez.  8-11)  ;  como 
Elíseo  cuyo  corazón  va  con  su  servidor  y  asiste  a  la  conversación  de 
éste  con  Naamán  (II  Rey.  5,  26;  §  2027-2033),  así  nuestro  profeta 
siente  en  sí  dos  personas:  un  acechador  que  ve  los  sucesos  que  se  des- 
arrollan o  se  desarrollarán  en  Babilonia,  y  otro  yo  que  interroga  a  ese 
observador  y  que  se  siente  transtornado  por  sus  revelaciones.  Hay  aquí 
un  testimonio  de  alto  interés  para  la  psicología  profética.  Lo  que  ve  el 
centinela,  es  la  caída  de  Babilonia  por  el  ataque  de  Elam  (es  decir, 
Persia)  y  de  Media.  La  mención  de  los  medos  muestra  que  no  se  trata 
ni  del  sitio  de  Babilonia  por  Sargón,  ni  del  de  Jerusalén  por  Sennaque- 
rib,  como  opinan  algunos,  sino  de  la  toma  de  la  capital  caldea  por  Ciro, 
la  que  repercutirá  en  Occidente,  especialmente  en  Edom  (Duma)  y  en 
el  oasis  de  Teima,  residencia  habitual  de  Nabónides  (Is.  21,  14;  §  3612). 
Solamente  el  profeta  no  parece  esperar  del  derrumbamiento  del  imperio 
caldeo  la  liberación  definitiva,  porque,  en  otro  oráculo,  interrogado  el 
centinela,  responde:  ¡La  mañana  viene;  pero  la  noche  también!  (Is.  21, 
i2"  —  Ib.  p.  267). 

EL  SEGUNDO  ISAIAS.  —  3942.  Además  de  estos  oráculos  anóni- 
mos, y  de  otros  por  el  estilo  ( §  2875 ) ,  englobados  aisladamente  entre 
las  profecías  auténticas  de  Isaías,  se  encuentran  en  el  libro  que  lleva  el 
nombre  de  este  profeta  del  siglo  VIII,  según  dijimos  en  §  2860,  otras 
dos  colecciones  de  época  muy  posterior,  a  saber:  los  caps.  40  a  55  atri- 
buidos a  un  poeta  desconocido,  denominado  por  los  críticos  Segundo 
Isaías  o  Déutero  Isaías;  y  los  caps.  56-66,  poemas  más  recientes  aún, 
a  cuyo  autor  o  autores  se  designa  bajo  el  nombre  de  Tercer  Isaías 
(§  2860-2861).  Sobre  los  caps.  40-55  anota  L.  B.  d.  C:  "El  estilo  de 
esos  capítulos  es  muy  diferente  del  de  Isaías;  la  lengua  no  es  la  misma; 
el  autor  da,  p.  ej.,  a  Yahvé,  numerosos  títulos  que  no  figuran  en  los 
caps.  1-39:  el  Creador,  el  Redentor,  el  Salvador,  etc.;  corrientemente 
emplea  la  palabra  que  de  ordinario  quiere  decir  justicia  en  el  sentido 
de  salvación  (justificación),  y  el  término  que  habitualmente  significa 


PROFECIAS  SOBRE  LA  CAIDA  DE  BABILONIA 


257 


juicio  o  derecho  para  designar  la  verdadera  religión  (42,  3-4) .  Las 
ideas  sobre  las  cuales  vuelve  sin  cesar  no  son  las  mismas  que  aquellas 
sobre  las  que  insiste  Isaías,  o  están  mucho  más  desrroUadas  que  en  éste: 
monoteísmo  riguroso  y  formulado  en  doctrina,  universalismo,  vocación 
misionera  dirigida  a  Israel.  Y  sobre  todo  la  situación  histórica  supuesta 
en  los  caps.  40-55  es  completamente  distinta  de  la  que  conocían  los 
contemporáneos  de  Isaías:  Judá  está  desterrado  en  Babilonia,  el  Templo 
destruido,  la  potencia  opresiva  no  es  Asiría  sino  Babilonia.  Ésta  se  halla 
amenazada  por  Ciro,  rey  de  Persía,  (550-529),  quien  ha  realizado  ya  sus 
primeras  conquistas  (las  de  los  estados  de  Creso,  rey  de  Lidia,  en  546). 
El  profeta,  por  otra  parte,  anuncia  que  Ciro  tomará  a  Babilonia,  liber- 
tará a  los  judíos  desterrados  y  ordenará  la  reconstrucción  del  templo 
de  Jerusalén.  Por  lo  tanto,  es  entre  los  años  546  y  539  que  esas  pre- 
dicciones consoladoras  fueron  dirigidas  a  los  deportados  de  Judá  por 
un  profeta,  cuyo  nombre  ignoramos,  y  que  convencionalmente  se  deno- 
mina el  Segundo  Isaías". 

3942  bis.  Hoy,  pues,  para  la  ciencia  bíblica  es  un  hecho  indiscu- 
tible el  carácter  anónimo  de  las  composiciones  que  vaticinaban  la  caída 
y  destrucción  de  Babilonia,  lo  que  se  explica  fácilmente  por  el  peligro 
a  que  tales  anuncios  exponían  a  sus  autores.  Recuérdese  que  dos  pro- 
fetas, que  nombra  Jeremías  (29,  21-22;  §  3562),  Acab  y  Sedecías,  fue- 
ron quemados  vivos  por  orden  de  Nabucodonosor ;  y  que  si  Ezequiel 
ejerció  públicamente  su  ministerio,  nunca  pronunció  ningún  oráculo 
contra  Babilonia  (íi  3867,  3933).  No  es,  pues,  de  extrañar  que  sea  anó- 
nima la  obra  del  Segundo  Isaías;  pero  para  precisar  la  fecha  en  que 
la  escribió,  debe  distinguirse  entre  los  sucesos  vaticinados  y  aquellos 
otros  que  supone  realizados  y  que  sólo  cita  como  de  todos  conocidos. 
Ahora  bien  lo  que  predice  es  la  conquista  de  Babilonia  por  Ciro,  y  el 
retorno  de  Israel  a  Sión,  conducido  por  el  propio  Yahvé  a  través  del 
desierto  por  un  camino  maravilloso,  que  abrirá  este  dios;  y  lo  que  da 
por  sabido,  es  la  ruina  de  Jerusalén  y  de  las  ciudades  de  Judá,  y  que 
los  judaítas  estaban  diseminados  cautivos  en  todo  el  imperio  babilónico. 
Según  el  escritor,  Ciro  ya  ha  obtenido  victorias,  ya  ha  conquistado  na- 
ciones y  sometido  reyes  (41,  2),  lo  que  nos  transporta  a  después  del 
546  (toma  de  Sardes)  y  antes  del  539,  año  de  la  caída  de  Babilonia, 
a  lo  menos,  como  dice  Lods,  "para  los  caps.  40  a  48.  Los  caps.  49-55 
en  los  que  no  se  habla  más  de  Ciro,  pueden  haber  sido  escritos  algo 
más  tarde;  pero  antes  del  edicto  del  soberano  persa  que  autorizaba  el 
regreso  de  los  judíos,  el  que  fue  redactado  en  Ecbatana  el  538  (Esd.  6, 
2-3),  poco  tiempo  después  de  la  entrada  de  los  persas  en  Babilonia.  Es, 
pues,  en  el  corto  intervalo  que  va  del  546  al  538  que  fueron  compuestos 
los  caps.  40  al  55,  lanzados  probablemente  en  forma  de  hojas  volantes 
entre  los  judíos  deportados  para  convencer  a  los  más  desalentados  que 


258 


DONDE  ESCRIBIO  EL  2"»  ISAIAS 


iba  a  sonar  la  hora  de  la  salvación,  y  reivindicar  de  antemano  para 
Yahvé  el  honor  de  la  liberación"  {Hist.  Litt.  Heb.  p.  467). 

3943.  Muy  variadas  conjeturas  se  han  formulado  sobre  el  país 
donde  vivía  y  donde  escribió  su  obra  nuestro  poeta.  El  carácter  anó- 
nimo de  ella,  según  lo  dicho  en  el  párrafo  anterior,  invita  desde  luego 
a  pensar  que  ese  escritor  vivía  dentro  del  imperio  caldeo.  Esta  presun- 
ción estaría  corroborada  por  las  siguientes  circunstancias  que  detalla 
Lods:  "Una  vez  dice  aquí  al  hablar  de  Babilonia  (52,  5),  nombra  a 
Bel  y  Nebo  (46,  1),  alude  a  la  astrología  (47,  12-13;  cf.  44,  25;  47,  9), 
y  a  la  ciencia  de  los  caldeos  (47,  10),  al  comercio  babilónico  (47,  15), 
a  los  arroyos  del  país  (47,  2),  conoce  el  mito  de  la  lucha  original  del 
dios  creador  contra  el  dragón  (51,  9-10;  nuestra  Introducción,  §  30% 
30'') ,  y  emplea  para  pintar  la  elección  de  Ciro  por  Yahvé,  los  mismos 
términos  de  que  se  sirve  el  rey  persa  para  describir  el  llamado  que  le 
ha  dirigido  Marduk.  Pero  por  otra  parte,  el  profeta  dice  en  otro  lugar 
allá  al  hablar  de  Babilonia  (52,  11;  cf.  43,  14;  48,  20);  y  representa 
de  ordinario  a  los  deportados  como  cautivos  maltratados  y  encerrados 
en  calabozos  (42,  7,  22;  52,  2),  lo  que  por  lo  menos  era  una  gran 
hipérbole"  {Les  Prophétes,  p.  269).  A  nuestro  juicio  esta  última  obser- 
vación es  fundamental  para  resolver  el  problema  propuesto.  En  efecto, 
el  poeta  — salvo  considerar  algunas  de  sus  expresiones  como  exagera- 
das hipérboles  poéticas —  acusa  total  desconocimiento  de  la  verdadera 
situación  de  los  deportados  allí,  los  que  se  figura  que  estaban  encarce- 
lados o  metidos  en  cavernas,  según  se  ve  en  pasajes  como  éste: 

42,  22  Su  servidor  [Israel)  es  un  pueblo  robado  y  saqueado; 

Todos  están  atados  en  calabozos,  (o  encadenados  en  caver- 

[ñas,  —  V.  S.) 
Ocultos  a  las  miradas  en  prisiones  (§  3991). 

Ahora  bien,  la  situación  de  los  desterrados  era  totalmente  distinta  de 
lo  que  se  imaginaba  el  poeta,  como  lo  manifestamos  en  §  3700,  3701, 
3563.  Además,  como  nota  Causse,  "si  el  profeta  conocía  bastante  bien 
la  flora,  la  fauna  y  los  diferentes  aspectos  de  la  tierra  y  del  cielo  de  las 
regiones  sirias,  conoce  mucho  menos  las  llanuras  de  Caldea  con  las  ricas 
tierras  de  labor  a  orillas  de  los  ríos"  [Les  Dispersés,  p.  35).  —  Otros 
autores  creen  que  la  morada  del  segundo  Isaías  fuera  Egipto,  solución 
a  la  que  se  inclina  Loisy,  quien  en  su  libro  La  consolation  d' Israel,  dice: 
"Su  actitud  de  espectador  distante  invitaría  más  bien  a  suponerlo  en 
Egipto,  adonde  se  habían  retirado  muchos  judíos  cuando  sucumbió  Jeru- 
salén"  (p.  36) .  En  contra  de  esta  suposición  manifiesta  Lods  que  "en 
virtud  del  apasionado  interés  que  expresa  por  los  sucesos  de  Babilonia, 
por  Ciro  y  por  los  deportados,  cuesta  creer  que  haya  vivido  fuera  de  las 
fronteras  del  imperio  caldeo;  y  además  en  sus  discursos  no  tiene  en 


CARACTER  DE  LA  OBRA  DEL  2*?  ISAIAS 


259 


vista  especialmente  la  diáspora  judía  de  Egipto  con  su  semi-paganismo 
tan  caracterizado"  {Ib,  p.  270).  Tampoco  parece  probable  que  la  resi- 
dencia de  nuestro  poeta  fuera  Palestina,  cuyas  ruinas  y  desolación  men- 
ciona (49,  19;  54,  3),  lo  que  no  condeciría  con  el  optimismo  que  res- 
pira su  obra.  —  De  todas  esas  hipótesis  entiende  Causse  que  la  más 
verosímil,  aun  cuando  no  esté  suficientemente  fundada,  es  la  de  Duhm, 
quien  cree  viviera  en  la  costa  fenicia,  región  del  Líbano.  Lo  que  se 
puede  afirmar,  agrega,  es  que  el  poeta  era  un  hijo  de  la  diáspora  y  que 
anuncia  su  mensaje  a  los  hijos  de  la  diáspora  (Ib.  ps.  35,  36). 

3944.  En  cuanto  a  la  forma  y  al  carácter  de  las  composiciones 
del  Segundo  Isaías,  expresa  Lods,  que  más  que  obras  poéticas  consti- 
tuyen una  prosa  rimada:  pero  su  encanto  está  en  el  entusiasmo  comu- 
nicativo que  las  anima.  No  es  un  visionario,  ni  un  extático  que  se  sienta 
impulsado  por  el  espíritu  de  Yahvé,  ni  un  predicador  que  haga  conocer 
oralmente  su  mensaje,  sino  que  es  hombre  de  gabinete;  su  inspiración 
es  puramente  literaria;  es  un  pensador  religioso,  cuyas  profecías  esta- 
ban destinadas  a  ser  leídas.  Como  dice  Loisy,  "ninguno  de  sus  poemas 
se  dirige  a  un  auditorio  presente;  ninguno  conserva  huellas  de  una 
circunstancia  determinada;  ninguno  hace  alusión  a  la  situación  perso- 
nal del  autor  o  a  la  de  los  de  su  círculo.  Este  profeta  aunque  superior 
a  todos  los  que  antes  o  después  de  él,  se  han  atrevido  a  hablar  en  nom- 
bre de  Yahvé,  no  era  hombre  público;  canta  como  poeta;  pero  no  voci- 
fera como  adivino"  (Ib.  ps.  32-33).  Lo  que  más  sorprende  en  este  autor, 
cuando  se  leen  sus  poemas  luego  de  haber  leído  los  oráculos  de  los 
otros  profetas,  es  la  carencia  en  su  obra  de  las  imprecaciones  despia- 
dadas que  suelen  encontrarse  en  éstos.  Su  dios  no  es  el  Yahvé  colérico 
y  vengativo  que  castiga  la  adoración  de  otros  dioses  a  sangre  y  a  fuego, 
sino  que  se  asemeja  más  al  Dios  misericordioso  por  el  que  suspiran 
los  creyentes  cristianos  modernos.  Aun  cuando  cree,  como  sus  antece- 
sores colegas,  que  las  desgracias  de  Israel  han  sido  el  castigo  de  los 
pecados  de  su  pueblo,  sin  embargo,  juzga  que  ese  castigo  ha  sido  exce- 
sivo, y  de  ese  exceso  de  sufrimientos  deduce  su  teoría  de  que  ellos  ser- 
virán para  el  bien  de  las  demás  naciones.  En  compensación  de  tantos 
males,  Yahvé  restaurará  a  su  pueblo  por  medio  de  su  Mesías  Ciro  y  le 
promete  que  nunca  más  permitirá  que  Jerusalén  vuelva  a  ser  conquis- 
tada, ni  volverá  a  enojarse  con  Israel,  al  que  concederá  eterna  gloria. 

3945.  La  originalidad  y  la  enorme  trascendencia  de  la  obra  del 
Segundo  Isaías  se  concentran  en  estas  tres  ideas  que  desarrolla  exten- 
samente, a  saber:  1°  No  hay  más  Dios  que  Yahvé,  proclamándose  así 
el  campeón  del  absoluto  monoteísmo;  29  siendo  Yahvé  el  único  Dios 
existente,  resulta  su  universalismo,  es  decir,  debe  ser  el  Dios  de  todos 
los  pueblos,  y  la  religión  de  Israel  tiene  que  ser  la  religión  universal; 
y  3°  su  concepción  del  Ebed  Yahvé,  el  Servidor  de  Yahvé,  que  se  ha 
hecho  célebre  desde  que  los  primeros  cristianos  trataron  de  identificar 


260 


EL  PRIMER  POEMA 


esa  concepción  poética,  ese  personaje  figurado,  con  la  persona  real  de 
Jesús  de  Nazaret.  En  cuanto  al  monoteísmo,  que  aparece  como  una 
intuición  pasajera  en  la  generalidad  de  los  profetas  anteriores,  solía 
ir  acompañada  con  la  idea  de  que  los  dioses  de  los  otros  países  eran 
seres  reales  también ;  pero  inferiores  y  menos  poderosos  que  el  dios 
de  Israel.  En  cambio,  el  Segundo  Isaías  considera  el  monoteísmo  de 
Yahvé  como  el  rasgo  esencial  de  la  religión  de  Israel,  y  no  se  con- 
forma con  enunciar  esa  idea,  sino  lo  nuevo  es  que  se  hace  apologista, 
tratando  de  probarla  por  estos  tres  argumentos:  A)  Yahvé  es  el  úni- 
co que  sabe  predecir;  B)  Yahvé  es  el  creador  de  los  cielos  y  la 
Tierra;  y  C)  los  dioses  de  las  naciones  son  estatuas  sin  vida,  trozos  de 
piedra,  madera  o  metal,  confundiendo  así  el  apologista  la  imagen  con 
el  ser  representado.  Véase  lo  dicho  al  respecto  en  §  3659.  Examinaremos 
el  valor  de  estos  argumentos,  así  como  la  concepción  del  Ebed  Yahvé, 
al  analizar  detenidamente  esta  obra,  la  que  Loisy,  de  acuerdo  con  Con- 
damin,  divide  en  nueve  odas  o  poemas.  El  argumento  y  disposición  de 
esos  poemas  no  siguen  un  plan  regular,  aunque  estudiando  el  arreglo 
de  sus  diversos  elementos,  manifiesta  aquel  comentarista  que  "hay  mu- 
cha más  aritmética  de  la  que  pudiera  creerse  en  esta  poesía,  en  la  que 
debe  tener  buena  parte  la  mnemotecnia"  (Ib.  p.  40).  El  texto  de  ella 
ofrece  lagunas,  trozos  ininteligibles  y  glosas,  como  ocurre  en  todas  las 
páginas  bíblicas. 

EL  PRIMER  POEMA.  —  3946.  Este  primer  poema,  que  abarca  los 
caps.  40  y  41,  comienza  con  un  exordio,  al  parecer  dirigido  a  los  pro- 
fetas, en  el  que  Yahvé  les  ordena  que  consuelen  a  su  pueblo,  personifi- 
cado en  la  arruinada  Jerusalén,  pueblo  y  ciudad,  excesivamente  cas- 
tigados. 

40,  1  Consolad,  consolad  a  mi  pueblo. 
Dice  vuestro  Dios; 
2  Tranquilizad  a  Jerusalén 
Y  proclamad  a  voces 

Que  ha  terminado  el  tiempo  de  su  servidumbre. 

Que  ha  expiado  su  culpa; 

Que  ha  recibido  de  la  mano  de  Yahvé 

El  doble  por  todos  sus  pecados. 

El  autor  que  cree  con  los  profetas  anteriores,  que  Israel  merecía  ser 
castigado,  entiende  que  la  pena  sufrida  es  doble  de  la  que  había  mere- 
cido, lo  que  nunca  hubieran  dicho  Isaías,  Jeremías,  ni  Ezequiel.  Pero, 
dice  Loisy,  "esta  idea  de  un  exceso  en  la  expiación  es  el  fundamento 
de  la  teoría  del  profeta  tocante  al  papel  de  Israel  en  los  designios  de 
Yahvé  sobre  la  humanidad.  Israel  ha  sufrido  demasiado:  pero  no  en 


EL  PRIMER  POEMA  261 

vano,  pues  no  ha  expiado  por  sí  mismo.  El  pueblo  elegido  ha  sido  tam- 
bién una  víctima  escogida.  Privilegiado  de  Yahvé,  ha  sido  severamente 
Castigado  por  haberle  sido  infiel;  pero  eminente  hasta  en  sus  desgra- 
cias, privilegiado  hasta  en  su  ruina,  ha  expiado  por  el  común  de  los 
pueblos  que,  en  su  ignorancia,  habían  desconocido  a  Yahvé.  El  Servi- 
dor-Israel ha  sido  el  chivo  emisario  del  género  humano.  Gracias  a  él, 
ahora  todos  son  rescatados,  tanto  los  gentiles  como  los  judíos.  .  .  Nues- 
tro autor  hace  valer  el  gran  símbolo  de  la  redención  por  el  sacrificio .  .  . 
Yahvé,  que  ha  cesado  de  complacerse  con  la  sangre  de  los  toros  y  de 
los  machos  cabríos,  ha  encontrado  satisfacción  en  el  aplastamiento  de 
un  pueblo  que  amaba;  en  consideración  de  esta  muerte,  concede  la 
vida,  la  verdad  y  la  paz  a  todas  las  naciones.  El  sueño  están  aún  de- 
masiado cargado  de  sangre;  el  concepto  de  la  expiación  es  demasiado 
grosero  y  demasiado  material;  Dios  es  demasiado  arbitrario;  la  pers- 
pectiva demasiado  corta;  la  parte  de  ilusión  demasiado  considerable. 
Pero  el  sueño  era  de  un  alma  generosa,  y  la  visión  estaba  penetrada 
de  una  indefinible  realidad"  (Ib.  ps.  28-30). 

3947.  Como  entre  Babilonia  y  Palestina  se  extiende  el  desierto  de 
Siria,  el  poeta  anuncia  que  Yahvé  prepara  a  su  pueblo,  un  camino  sin 
obstáculos,  para  cuando  retorne  de  la  deportación,  idea  en  la  que  in- 
siste en  diversas  partes  del  poema.  Una  voz,  probablemente  de  un  jefe 
de  la  milicia  celestial,  ordena  a  sus  subordinados  que  realicen  esa  obra. 

40,  3  Una  voz  clama:  Preparad  en  el  desierto 
El  camino  de  Yahvé; 
Allanad  en  la  estepa 
Camino  a  nuestro  Dios. 

4  Toda  montaña  y  colina  se  bajen. 
Todo  valle  (u  hondonada)  se  colme; 
Se  allane  el  terreno  montuoso, 

Y  lo  escarpado  se  convierta  en  valle. 

5  {Y  se  manifestará  la  gloria  de  Yahvé, 

Y  la  verán  todos  los  hombres,  en  conjunto. 
Porque  lo  ha  dicho  la  boca  de  Yahvé) . 

Este  V.  5,  que  hemos  puesto  entre  paréntesis,  es  una  probable  glosa. 
Inspirándose  en  la  descripción  de  esta  carretera  divina,  otro  poeta  nos  ha 
dejado  una  poesía  igualmente  entusiasta,  transcrita  en  Is.  35  (§  3131), 
que  hemos  comentado  en  §  3139.  Yahvé  mismo  encabezará  la  caravana 
de  los  desterrados  que  regresen  a  Sión,  a  través  del  desierto,  como, 
según  la  leyenda,  lo  había  hecho  antes,  a  la  salida  de  Egipto.  Muchos 
intérpretes  relacionan  este  pasaje  con  el  de  41,  17-20,  que  trata  de  la 
transformación  del  desierto  que  operará  Yahvé,  quien  guiará  por  él  a  su 
pueblo,  proveyendo  a  su  comodidad  y  subsistencia.  Ese  pasaje  dice  así: 


262 


EL  PRIMER  POEMA 


41,  17  Los  pobres  buscan  agua  en  vano: 
Su  lengua  se  les  seca  de  sed; 
Pero  yo,  Yahvé,  los  escucharé; 
Yo,  el  dios  de  Israel,  nos  los  abandonaré. 

18  Haré  brotar  arroyos  en  las  cimas  desnudas, 

Y  fuentes  en  medio  de  los  valles; 
Convertiré  el  desierto  en  estanque, 

Y  la  tierra  árida  en  fuentes. 

19  Pondré  en  el  desierto  cedros, 
Acacias,  mirtos  y  olivos; 

Haré  crecer  en  la  estepa  cipreses. 
Pinos  y  encinas  juntamente, 

20  A  fin  de  que  vean  y  sepan. 
Reconozcan  y  comprendan  juntamente 
Que  la  mano  de  Yahvé  ha  hecho  eso, 

Y  que  el  Santo  de  Israel  lo  ha  realizado. 

Como  se  ve,  la  imaginación  poética  de  nuestro  profeta,  vino  a  agregarle 
dos  profesiones  más  a  Yahvé:  la  de  ingeniero  de  caminos  y  la  de  arbo- 
ricultor, a  las  múltiples  que  le  habia  acordado  la  tradicional  piedad 
yahvista  (§  2108-2109). 

3948.  Las  ideas  se  van  sucediendo  sin  mayor  orden  lógico  en  la 
mente  del  poeta,  quien  continúa  así: 

40,  6  Una  voz  dice:  ¡Clama! 

Y  yo  respondo:  ¿Qué  debo  proclamar? 

"Toda  carne  (o  criatura)  es  semejante  a  la  hierba,  ■ 

Y  toda  su  hermosura,  como  la  flor  del  campo. 

7  Sécase  la  hierba,  marchítase  la  flor. 
Cuando  el  viento  de  Yahvé  sopla  sobre  ella. 
{Sí,  el  pueblo  es  como  la  hierba)  —  glosa. 

8  Sécase  la  hierba,  marchítase  la  flor; 

Pero  la  palabra  de  nuestro  Dios  subsiste  eternamente. 

La  glosa  que  va  entre  paréntesis,  supone  Reuss  que  fue  añadida  prime- 
ramente al  margen,  por  algún  lector  que  quería  aplicarla  al  pueblo  de 
Israel;  pero  el  autor  expresa  una  idea  mucho  más  general.  En  cuanto 
a  las  comparaciones  de  la  estrofa,  tienden  a  reforzar  el  concepto  de 
que  si  todo  pasa  en  el  mundo,  si  al  respecto  la  situación  de  los  hom- 
bres es  semejante  a  la  de  la  hierba  y  la  flor,  en  cambio  las  promesas 
de  Yahvé  relativas  a  la  restauración  de  Israel,  no  sufrirán  alteración 
alguna,  lo  que  constituye  el  tema  esencial  de  la  predicación  de  este  es- 
critor. Anuncia  luego  que  los  mensajeros  de  buenas  nuevas,  o  sea,  los 
profetas,  subirán  a  las  alturas  de  Jerusalén  para  acechar  y  proclamar 
la  llegada  de  Yahvé  con  los  deportados,  quien 


GRANDEZA  DE  YAHVE 


263 


11  Como  pastor  apacentará  su  rebaño. 
Con  su  brazo  lo  juntará. 
Llevará  los  corderos  en  su  regazo, 

Y  suavemente  conducirá  a  las  ovejas  que  amamantan. 

Esta  imagen  del  buen  pastor  aplicada  a  Yahvé,  debe  de  haberla  tomado 
nuestro  profeta  de  Ez.  34,  11-16  (§  3875). 

LA  GRANDEZA  DEL  CREADOR  YAHVE.  —  3949.  Exaltándose  el 
poeta,  proclama  la  grandeza  y  el  admirable  poder  de  Yahvé,  a  quien 
considera  creador  y  soberano  del  mundo,  — en  cuyo  honor  no  basta- 
rían toda  la  leña  de  los  bosques  del  Líbano  y  todos  los  animales  de 
esa  región  para  ofrecerle  un  digno  holocausto —  y  ante  quien  nada 
son  los  otros  dioses,  simple  producto  de  humanos  artífices. 

40,  12  ^ Quién  midió  las  aguas  (o  el  mar)  en  el  hueco  de  su  mano, 

Y  tomó  a  palmos  las  dimensiones  de  los  cielos. 
Puso  en  una  medida  el  polvo  de  la  tierra. 
Pesó  en  romana  las  montañas, 

Y  en  balanza  las  colinas? 

13  ^ Quién  ayudó  al  espíritu  de  Yahvé, 

Y  quién  fue  su  consejero  para  instruirlo? 

14  /A  quién  consultó  para  que  lo  ilustrara. 
Le  enseñara  el  camino  de  la  justicia, 

Y  le  hiciera  conocer  el  camino  de,  la  sabiduría? 

15  Las  naciones  son  semejantes  a  la  gota  que  cae  del  balde. 
No  son  más  estimadas  que  un  grano  de  polvo  sobre  una  ba- 
ldanza. 

Las  islas  pesan  tan  poco  como  menudo  polvo, 
. .  .   (falta  aquí  el  segundo  miembro  del  verso) 

16  Y  el  Líbano  no  basta  para  alimentar  el  fuego, 
Ni  sus  animales  bastan  para  el  holocausto. 

17  Todas  las  naciones  son  nada  delante  de  él; 
Las  reputa  como  nonada  y  vacuidad. 

18  ¿A  quién  compararíais  a  Dios, 

Y  con  qué  imagen  podríais  representarlo? 

19  Un  artífice  funde  el  ídolo. 
Un  platero  lo  recubre  de  oro, 

Y  lo  aprieta  con  cadenillas  de  plata. 
41,  6  El  uno  ayuda  al  otro, 

Y  cada  uno  dice  a  su  compañero:  ¡Esfuérzate! 
7  El  artista  alienta  al  platero 

Y  al  batidor  pulidor. 

Diciendo  de  la  soldadura:  ¡Bien  está! 


264 


GRANDEZA  DE  YAHVE 


40,  20  Aquel  que  es  demasiado  pobre  para  tal  ofrenda 

ío  Para  poner  en  pie  la  imagen  —  Loisy  —  texto  muy  al- 
iterado) 

Escoge  madera  que  no  se  pudra; 
Busca  un  artista  hábil 

Que  le  fabrique  escultura  que  no  se  pueda  hacer  caer  (V.  S.)- 

21  ¿No  lo  sabéis;  no  lo  habéis  oído; 

No  se  os  lo  ha  dicho  desde  el  principio? 
¿No  habéis  reflexionado  sobre  los  fundamentos   (o  sobre 

[la  fundación)  de  la  Tierra? 

22  El  está  sentado  sobre  el  disco  de  la  Tierra; 
Sus  habitantes  le  aparecen  como  langostas; 

Extiende  los  cielos  como  un  velo  (o  cortina,  tapiz  o  bóveda) 
Los  despliega  como  tienda  para  habitar  en  ella. 

25  ¿Con  quién  podríais  compararme? 
¿Quién  puede  igualarme,  dice  el  Santo? 

26  Levantad  en  alto  vuestros  ojos  y  mirad: 
¿Quién  ha  creado  eso  (esos  astros)  ? 

Él  es  quien  hace  desfilar  sus  ejércitos  en  buen  orden 

Y  a  todos  los  llama  por  su  nombre. 

A  causa  de  la  grandeza  de  sus  fuerzas  y  de  la  pujanza  de 

[su  poder. 

No  deja  de  presentarse  ninguno  de  ellos. 

27  ¿Por  qué  dices  tú,  oh  Jacob, 
Por  qué  clamas  tú,  oh  Israel: 

Mi  camino  (o  mi  infortunio)  está  oculto  a  Yahvé, 

Y  mi  Dios  no  sostiene  más  mi  derecho? 

28  ¿No  sabes,  no  lo  has  oído? 
Yahvé  es  un  Dios  eterno. 

Que  ha  creado  las  extremidades  de  la  Tierra; 
No  se  fatiga,  ni  se  cansa; 
Insondable  es  su  sabiduría; 

29  Da  fuerzas  al  cansado, 

Y  redobla  el  vigor  del  que  desfallece. 

30  Los  mancebos  se  fatigan  y  se  cansan. 
Los  jóvenes  tambalean  y  caen  (V.  S.) 

(o  Los  jóvenes  guerreros  finalmente  tambalean  ■ —  Loisy)  ; 

31  Pero  los  que  esperan  en  Yahvé  renuevan  su  vigor. 
Les  crecen  alas  como  a  las  águilas; 

Corren  y  nunca  se  cansan. 
Marchan  y  no  se  fatigan. 


CONTRA  LOS  OTROS  DIOSES 


265 


3950.  El  autor  polemiza  aquí  con  los  adoradores  de  los  dioses 
de  otras  naciones,  haciendo  valer  en  favor  de  su  dios  nacional  que  es 
el  creador  de  la  Tierra  y  de  los  cielos,  sin  que  nadie  lo  aconsejara  o 
auxiliara  para  realizar  esa  obra.  Burlándose  de  sus  supuestos  conten- 
dores, repite  el  argumento  del  Deuteronomio,  a  saber,  que  los  dioses 
de  los  otros  países  son  obras  de  manos  humanas,  dioses  de  madera  y 
de  piedra,  que  no  ven,  ni  oyen,  ni  comen,  ni  huelen  íDeut.  4,  28:  §  958) 
olvidando,  como  dijimos  en  §  73.  que  los  creyentes  en  religiones  natu- 
ristas.  no  entienden  adorar  los  objetos  de  la  naturaleza,  como  astros, 
fenómenos  atmosféricos,  montañas,  fuentes,  etc..  sino  el  espíritu,  numen 
o  genio  misterioso  que  creen  reside  en  tales  cosas  y  que  es  la  causa  de 
su  actividad.  Igualmente  observa  Lods:  "ese  razonamiento  no  sería  de- 
cisivo contra  la  existencia  de  los  dioses  extranjeros  o  contra  el  culto 
de  las  imágenes,  porque  los  que  veneraban  imágenes  admitían  en  gene- 
ral que  el  dios  es  distinto  del  objeto  material  en  el  que  viene  a  morar, 
como  el  alma  lo  es  del  cuerpo,  o  el  habitante,  de  su  casa"  (Les  Pro- 
phetes,  p.  273).  Y  en  el  mismo  sentido  manifiesta  Loisy:  "Yahvé  apa- 
rece a  nuestro  profeta  como  el  Dios  único,  porque  él  sólo  ha  creado  el 
mundo  y  reglado  el  destino  de  los  hombres,  no  siendo  las  otras  divini- 
dades sino  imágenes  de  madera  o  de  metal,  y  no  teniendo  por  consi- 
guiente ni  vida,  ni  inteligencia.  Desconocía  así  el  creyente  judío  la  ver- 
dadera naturaleza  de  los  dioses  paganos,  que  sus  adeptos  consideraban 
místicamente  presentes  en  sus  imágenes,  como  Yahvé  mismo  estaba  an- 
tes místicamente  presente  en  su  arca,  y  como  va  a  volver  a  estar  místi- 
camente presente  en  su  templo.  De  igual  modo  parece  ignorar  el  poeta 
que  la  manera  como  él  se  representa  la  creación  es  aquella  que  los 
babilonios  desde  tiempo  inmemorial  atribuían  a  su  dios  Marduk"  (Ib. 
ps.  14-15).  Con  respecto  a  la  afirmación  de  que  Yahvé  estaba  mística- 
mente presente  en  el  arca,  recuérdese  que  en  muchos  pasajes  bíblicos 
se  manifiesta,  sin  lugar  a  dudas,  que  Yahvé  realmente  moraba  entre  los 
querubines  del  arca,  según  puede  verse,  p.  ej..  en  I  Sam.  4.  4;  II  Sam. 
5,  2:  II  Rey.  19,  75:  I  Crón.  13,  6;  §  381.  —  Nótese  que  entre  los 
vs.  19  y  20,  hemos  colocado  los  vs.  6  y  7,  que  por  error  de  copistas, 
fueron  a  parar  indebidamente  al  cap.  41.  Las  preguntas  que  en  el  v.21 
dirige  el  poeta  a  sus  imaginarios  interlocutores,  responden  al  hecho  de 
que  él  supone,  como  anota  Loisy,  que  desde  el  principio  los  antece- 
sores debieron  comprender  y  saber  que  Yahvé  era  el  creador  y  sobe- 
rano señor  del  universo  (Ib.  p.  54).  Pero  lo  curioso  es  que  esa  pre- 
gunta si  no  se  había  reflexionado  sobre  la  fundación  de  la  Tierra,  no 
podía  formularse  a  los  babilonios,  pues  no  existía  pueblo  alguno,  que 
superara  al  de  Caldea,  en  buscar  la  solución  de  ese  problema,  desde 
la  más  remota  antigüedad. 


266 


MITOS  COSMOGONICOS 


3951.  En  efecto,  todas  las  religiones  antropomórficas,  que  conci- 
ben sus  dioses  a  semejanza  de  los  hombres,  — especialmente  las  meso- 
potámicas  y  la  israelita — ,  son  fértiles  en  mitos  cosmogónicos.  "Los 
sabios  de  Caldea,  Babilonia  y  de  Assur,  escribe  Dhorme,  tuvieron  la  pre- 
tensión de  resolver  los  problemas  que  se  presentan  a  consideración  de 
los  pensadores  de  todos  los  tiempos  tocante  a  los  orígenes  de  la  tierra 
y  del  cielo,  de  la  humanidad,  de  las  ciudades,  de  los  héroes,  de  los  lu- 
gares de  culto  y  de  peregrinación.  El  mito  explicaba  esta  larga  historia, 
como  explicaba  ciertos  fenómenos  de  la  naturaleza.  A  falta  de  ciencia 
profana,  la  ciencia  religiosa  daba  la  razón  última  de  los  hechos  y  de 
las  cosas.  La  imaginación  de  los  poetas  y  la  piedad  de  los  sacerdotes 
desarrollaron  los  temas  iniciales"  (Les  Religions,  p.  299) .  Así  surgie- 
ron en  Caldea  diversas  cosmogonías,  de  las  cuales  la  más  célebre  es  la 
del  poema  épico  Enuma  Elish,  que  tomó  ese  nombre  de  sus  primeras 
palabras  "Cuando  en  lo  alto'^  poema  que  se  recitaba  íntegramente  el 
cuarto  día  de  nisán  (marzo-abril,  §  150),  durante  la  fiesta  del  Nuevo 
Año.  Recomendamos  a  nuestros  lectores,  la  lectura  detenida  de  la  cos- 
mogonía que  detalla  ese  poema,  así  como  la  de  las  varias  cosmogonías 
aue  nos  da  la  Biblia,  que  encontrarán  en  nuestra  Introducción,  §  26-61. 
Según  lo  transcrito  en  §  3949,  el  poeta  sostiene  que  Yahvé  es  superior 
a  las  otras  divinidades  por  ser  el  dios  creador  de  los  cielos  y  de  la 
Tierra.  Pero  ffcn  sin  remontarnos  a  la  antiquísima  teología  sumeria,  en 
la  cual  figuraba  ya  Anú  como  rey  de  los  cielos,  tenemos  que  desde  el 
siglo  VIII  por  lo  menos,  los  árameos  y  fenicios  adoraban  a  Baal  Sha- 
mash  (o  Baal  Shamin),  "el  Señor  de  los  Cielos"  (§  73).  Además,  como 
expresa  Causse:  "Hacía  siglos  que  en  la  mayor  parte  de  las  religiones 
orientales,  se  podía  comprobar  una  tendencia  creciente  a  la  concentra- 
ción de  divinidades,  organizándose  los  panteones  en  jerarquía  divina, 
bajo  la  dirección  de  un  Dios  supremo.  Fue  así  que  ciertos  dioses  adqui- 
rieron un  lugar  cada  vez  más  importante,  como  Marduk  en  Babilonia, 
Melkart  en  Tiro,  Hadad  en  Damasco,  y  en  toda  tierra  semítica  Sha- 
mash  e  Istar.  Por  otra  parte,  la  naturaleza  celeste  v  luminosa  de  las 
divinidades  semíticas  y  el  creciente  desenvolvimiento  de  los  cultos  astra- 
les, debían  terminar  en  una  concepción  monárquica  del  orden  universal, 
siendo  considerado  el  summus  deus  como  el  Dios  creador  y  director 
del  mundo.  .  .  Se  cree  que  en  el  siglo  VIII,  la  teología  astral  de  Babi- 
lonia se  había  universalmente  extendido  en  Oriente,  y  en  ella  las  diver- 
sas divinidades  están  más  o  menos  subordinadas  al  dios  solar  no  siendo 
a  veces  consideradas  sino  como  sus  manifestaciones,  los  diferentes  aspec- 
tos bajo  los  cuales  aparece  el  Baal  supremo...  Uno  de  los  casos  o 
ejemplos  más  característicos  de  esto,  lo  tenemos  en  el  texto  neo-babiló- 
nico en  el  que  todos  los  grandes  dioses  del  panteón  están  asimilados  a 
Marduk  el  dios  de  la  ciudad  y  del  imperio  de  Nabucodonoeor. 


EL  DIOS  DE  LOS  CIELOS 


267 


Ninib  es  Marduk  como  dios  de  la  plantación; 
Zamama  es  Marduk  como  dios  del  combate; 
Enlil  es  Marduk  como  dios  de  la  dominación  y  del  consejo; 
Nabú  es  Marduk  como  dios  de  la  fortuna; 
Enzú  es  Marduk  iluminando  la  noche; 
Shamash  es  Marduk  como  dios  de  la  justicia; 
Adad  es  Marduk  como  dios  de  la  lluvia..."  {La  Vision, 

[ps.  32,  33). 

3952.  Los  persas  adoraban  principalmente  a  Abura  Mazda,  así 
llamado  en  las  inscripciones  cuneiformes,  y  Ormuzd,  en  los  dialectos 
recientes,  autor  de  la  parte  del  mundo  que  constituye  el  dominio  del 
bien.  En  un  himno  se  le  caracteriza  así:  "Yo  ofrezco  este  sacrificio  a 
Abura  Mazda,  el  creador,  el  luminoso,  el  majestuoso,  el  más  elevado, 
el  más  firme,  el  más  inteligente,  el  más  hermoso  de  cuerpo,  el  más 
grande  en  pureza .  .  .  que  nos  ha  creado  y  formado,  nos  alimenta,  que 
es  el  espíritu  más  santo"  (Chantepie,  p.  451).  Este  dios  de  los  con- 
quistadores persas,  que  se  llamaba  también  Señor  del  Cielo,  figura  en 
inscripciones  aqueménidas  como  el  más  grande  de  los  dioses,  el  Dios 
supremo,  autor  del  cielo  y  de  la  Tierra,  jefe  del  imperio  y  dominador 
de  los  pueblos  (Causse,  Ib,  ps.  33-34).  Ño  es,  pues,  sorprendente  que 
en  la  segunda  mitad  del  siglo  VI  el  Déutero  Isaías  celebrara  a  Yahvé 
como  el  dios  de  los  cielos,  denominación  con  que  figura  en  el  edicto 
de  Ciro  para  la  reconstrucción  del  templo  de  Jerusalén  (Esd.  1,  2). 
Consta  en  el  mismo  libro  de  Esdras,  que  en  la  carta  que  el  sátrapa 
Tatnai  dirigió  al  rey  Darío,  cuando  aquél  preguntó  a  los  ancianos  de 
los  judíos  en  virtud  de  qué  orden  efectuaban  dicha  edificación,  los  in- 
terpelados respondieron:  "Somos  los  servidores  del  Dios  de  los  cielos 
y  de  la  Tierra  y  reedificamos  su  casa";  y  al  contestar  Darío  al  sátrapa, 
dice:  "Lo  necesario  para  los  holocaustos  del  Dios  de  los  Cielos  se  entre- 
gará diariamente  a  los  sacrificadores  de  Jerusalén"  (5,  11;  6,  9).  Y 
comentando  estos  ejemplos,  escribe  Causse:  "Ellos  nos  muestran  que  el 
término  Dios  del  cielo  era  empleado  por  las  autoridades  persas  para  de- 
signar oficialmente  al  Dios  supremo.  Había  el  gran  rey  en  la  tierra  y 
el  í)ios  señor  del  cielo,  en  el  cielo.  Los  persas  en  su  eclecticismo,  no 
tenían  dificultad  en  reconocer  a  los  grandes  dioses  de  los  pueblos  con- 
quistados, que  se  llamaran  Marduk  o  Yahvé,  como  manifestaciones  de 
Abura"  [Ib,  p.  36). 

3953.  INuestro  poeta  le  hace  preguntar  a  su  dios  Yahvé:  "¿Con 
quién  podríais  compararme,  o  quién  puede  igualarme?  Levantad  en 
alto  vuestros  ojos  y  mirad:  ¿Quién  ha  creado  esos  astros?"  Y  el  mismo 
poeta  responde:  Yahvé  es  quien  hace  desfilar  sus  ejércitos  en  buen  or- 
den; a  todos  los  llama  por  su  nombre  y  ninguno  de  ellos  deja  de  pre- 
sentarse ante  él  (vs.  25-26).  Considerando  muchos  de  los  antiguos  pue- 


268 


SEÑOR  SUPREMO  DEL  UNIVERSO 


blos  orientales  a  los  astros  como  seres  vivos,  no  es  extraño  que  el  Se- 
gundo Isaías,  al  igual  que  el  autor  del  Canto  de  Débora  (Jue.  5,  20; 
i  437 j,  los  haga  figurar  como  criaturas  obedientes  a  las  órdenes  de 
Yahvé,  de  lo  que  pretende  sacar  una  prueba  convincente  de  la  supre- 
macía y  soberanía  de  su  dios  israelita.  Pero  un  razonamiento  muy  se- 
mejante se  forjaban  los  sacerdotes  creyentes  en  el  dios  supremo  babi- 
lónico. Así  nos  dice  Dhorme  que  en  el  ritual  de  las  fiestas  del  Año 
Nuevo  en  Babilonia,  Marduk  designado  por  el  título  de  "Mi  Señor" 
era  considerado  como  divinidad  astral,  y  las  invocaciones  que  se  le 
dirigían  terminaban  con  esta  declaración:  "Mi  Señor  es  mi  dios,  Mi 
Señor  es  mi  dueño,  ^existe  acaso  un  señor  fuera  de  él?".  Y,  para  la 
piedad,  eran  idénticos  los  sentimientos  de  confianza  y  adoración  que 
despertaban  ambos  dioses.  Léase,  en  efecto,  esta  plegaria  que  Nabuco- 
donosor  dirige  a  Marduk,  con  motivo  de  haber  erigido  en  Babilonia 
tres  capillas:  "¿Quién  existe,  sino  tú.  Señor?  Para  el  rey  que  amas,  y 
cuyo  nombre  pronuncias,  que  te  complace,  tú  has  preparado  su  nombre, 
tú  lo  guardas  en  el  camino  recto.  Soy  un  príncipe  que  te  obedece,  la 
criatura  de  tu  mano.  Tú  me  has  creado  y  me  has  confiado  la  reyecía 
sobre  la  totalidad  de  las  gentes.  Según  tu  gracia,  oh  Señor,  que  has 
trasmitido  a  todos  ellos,  haz  propicia  tu  augusta  señoría.  Haz  que  el 
temor  de  la  divinidad  persista  en  mi  corazón;  concede  lo  que  te  agrade; 
tú  eres  el  autor  de  mi  vida".  Igualmente  en  las  inscripciones  dejadas 
por  Neriglissar,  sucesor  de  Nabucodonosor  ( Í5  3548  j ,  se  encuentra  la 
siguiente  plegaria,  muy  de  acuerdo  con  las  ideas  israelitas:  "Marduk, 
señor  magnífico,  señor  supremo,  augusto,  prodigioso,  luz  de  los  dioses 
sus  padres,  mira  con  alegría  la  preciosa  obra  de  mi  mano.  Concédeme 
el  don  por  tu  orden  verídica,  inmutable,  de  una  prolongada  vida,  super- 
abundancia de  posteridad,  estabilidad  en  el  trono,  y  longevidad  en  el 
ejercicio  del  poder.  \o,  Neriglissar,  soy  el  rey  proveedor,  que  busca  tus 
santuarios"  (  Dhorme,  Ib.  ps.  144,  148-149).  No  menos  interesante  y 
sugestivo,  parangonándolo  con  Is.  40,  es  este  himno  a  Marduk,  que  to- 
mamos de  Causse  {Ib,  p.  44): 

Gran  señor  de  los  pueblos,  rey  de  los  países. 
Misericordioso  entre  los  dioses; 

Misericordioso,  que  te  agrada  hacer  revivir  a  los  muertos, 

Marduk,  rey  de  los  cielos  y  de  la  Tierra, 

Tuyos  son  los  cielos  y  la  Tierra.  .  . 

Todos  los  seres  vivos.  .  . 

Hacia  ti  tienden  sus  oídos, 

Tú  eres  el  que  hace  vivir.  .  . 

Eres  tú  el  que  salvas. 

En  resumen,  pues,  no  es  una  novedad  la  exaltación  de  su  dios 
Yahvé  que  nos  ofrece  en  lo  transcrito,  (§  3949)   el  Segundo  Isaías; 


CIRO  SUSCITADO  POR  YAHVE 


269 


su  originalidad  consiste  en  negarles  existencia  a  ios  otros  dioses  y  sos- 
tener que  el  único  verdadero  es  el  dios  israelita,  aunque  aquella  nega- 
ción se  basa  en  el  evidente  error  de  confundir  la  estatua  con  el  ser  que 
ella  representa.  —  Finalmente  en  el  v.  31  se  afirma  que  "los  que  espe- 
ran en  Yahvé,  renuevan  su  vigor,  y  a  ellos  les  crecen  alas  como  a  las 
águilas",  con  lo  que  probablemente  el  autor  quiere  aludir  a  la  creencia 
de  que  las  águilas  se  rejuvenecen  al  envejecer,  según  nos  lo  manifiesta 
el  salmista: 

103,  5  Yahvé  colma  de  bienes  tu  vejez, 

Y  renueva  tu  juventud  como  la  del  águila. 

Creencia  semejante  a  la  leyenda  del  ave  Fénix  que  renace  de  sus  cenizas. 

CIRO  SUSCITADO  POR  YAHVE.  —  3954.  Empleando  el  procedi- 
miento retórico  de  exponer  sus  ideas  como  si  contendiera  con  un  su- 
puesto adversario  ante  un  tribunal,  el  poeta  afirma  que  si  ahora  viene 
Ciro,  — de  cuyas  hazañas  todos  hablaban  en  aquel  entonces —  es  por- 
que ha  sido  llamado  por  Yahvé,  quien  lo  ha  ayudado  a  obtener  sus 
triunfos  guerreros.  Y  comienza  su  peroración,  dirigiéndose  a  las  Islas, 
las  naciones  del  Mediterráneo,  y  a  los  demás  pueblos  lejanos,  expre- 
siones que  han  reemplazado  "al  país"  al  cual  se  dirigían  antes  los  anti- 
guos profetas.  Como  observa  Causse,  hay  aquí  no  sólo  un  ensancha- 
miento del  horizonte  geográfico,  sino  a  la  vez  un  ensanchamiento  del 
pensamiento  religioso. 

41,  1  Islas,  guardad  silencio; 

Pueblos,  escuchad  mi  exhortación. 
Aproximaos,  y  después  hablad; 
Juntos  entremos  en  juicio. 

2  ¿Quién  ha  suscitado  del  Oriente 

A  aquel  que  la  victoria  lo  acompaña  paso  a  paso? 
¿Quién  le  ha  entregado  las  naciones, 

Y  le  ha  sometido  los  reyes? 
Su  espada  los  pulveriza. 

Su  arco  los  dispersa  como  hojarasca. 

3  Los  persigue  y  avanza  invulnerable 

Por  camino  que  sus  pies  ni  aun  tocan  (como  si  volara) 
(o  Por  camine  donde  nunca  había  puesto  los  pies  —  V.  S.). 

4  ¿Quién  ha  provocado  estos  sucesos;  quién  es  su  autor? 

Es  aquel  que  desde  el  origen  llama  a  la  vida  a  las  gene- 
Ir  aciones; 

Soy  yo,  Yahvé,  que  soy  el  primero, 

Y  que  lo  sería  aún  con  los  últimos. 


270 


YAHVE  AMIGO  DE  ABRAHAM 


5  A  su  vista,  las  islas  quedan  embargadas  de  terror. 
Tiemblan  las  extremidades  de  la  Tierra. 
{Ellas  se  aproximan  y  vienen)  Glosa. 

El  final  del  v.  4  resulta  incomprensible  en  la  forma  que  está  en  el 
texto.  Quizá  quiera  decir,  como  opina  Scío:  "Yo  que  soy  el  principio 
y  el  fin  de  todas  las  cosas".  En  los  vs.  siguientes  (8-16)  el  profeta  trata 
de  tranquilizar  a  Israel,  al  que  denomina  "Servidor  de  Yahvé",  mani- 
festándole que  sus  enemigos  serán  destruidos  por  el  mismo  Israel,  que 
retornará  a  su  país.  El  v.  característico  de  ese  trozo,  el  que  resume  el 
pensamiento  que  quiere  desarrollar  el  autor,  es  éste: 

10  No  lemas,  porque  yo  soy  contigo; 

No  te  angusties,  porque  yo  soy  tu  Dios. 
Yo  te  fortifico  y  vengo  en  tu  auxilio; 
Yo  te  sostengo  con  mi  diestra  victoriosa. 

3955.  Entre  los  otros  vs.  de  ese  trozo,  merecen  especial  mención, 
los  vs.  8-9  y  15-16.  En  los  primeros,  Yahvé  llama  a  Israel  su  servidor, 
de  la  raza  de  su  amigo  Abraham.  Este  mismo  calificativo  se  le  da  al 
Ser  Supremo  en  otros  dos  pasajes  bíblicos,  y  en  uno  del  Corán.  Así 
en  II  Crón.  20,  7,  se  lee:  "¿No  eres  tú,  oh  nuestro  Dios,  el  que  echaste 
a  los  habitantes  de  este  país,  delante  de  tu  pueblo  Israel  y  que  diste 
este  territorio  para  siempre,  a  la  posteridad  de  tu  arriigo  Abraham?". 
En  Santiago,  2,  23,  encontramos:  "Así  se  cumplió  lo  que  dice  la  Escri- 
tura: Abraham  creyó  a  Dios,  y  esto  le  fue  imputado  a  justicia;  y  fue 
llamado  amigo  de  Dios".  Y  en  el  Corán,  surata  (1)  4,  v.  124,  se  ex- 
presa: "¿Y  quién  tiene  mejor  religión  que  aquel  que  profesa  resigna- 
ción absoluta  a  Alá  (Dios),  obra  el  bien  y  sigue  la  fe  de  Abraham  como 
un  hanif  (un  ortodoxo)?  Porque  Alá  tomó  por  amigo  a  Abraham". 
En  44,  28  (  §  3967)  Yahvé  dice  de  Ciro:  Es  mi  pastor,  frase  que,  según 
Loisy,  podría  también  traducirse  por:  Es  mi  amigo  (Ib.  p.  82).  — 
Aludiendo  a  la  vocación  de  Abraham,  se  le  hace  decir  a  Yahvé: 

9  Tú,  a  quien  tomé  de  los  extremos  de  la  Tierra, 

Y  a  quien  llamé  de  las  extremidades  (o  de  las  regiones  más 

[lejanas)  del  mundo, 
Tú,  a  quien  he  dicho:  "Eres  mi  servidor; 
Yo  te  he  escogido  y  no  te  he  rechazado". 

Anotando  este  v.  9  manifiesta  L.  B.  d.  C.  que  "la  elección  de  los  pa- 
triarcas es  una  tradición  yahvista  (Gén.  12,  1-4";  §  2256-2257)  seguida 


(1)  El  Diccionario  de  la  Academia  Española  quiere  que  en  vez  de  surata, 
( capítulo  del  Corán )  y  de  Corán  se  diga  respectivamente :  sura  y  Alcorán. 


LA  PREDICCION  DEL  PORVENIR 


271 


por  el  Segundo  Isaias,  mientras  que  los  profetas  anteriores  hacían  datar 
la  elección  nacional  de  la  salida  de  Egipto.  Yahvé  no  ha  anulado  su 
decreto  de  elección,  a  pesar  del  destierro,  que  podría  hacer  creer  lo 
contrario  (cf.  50,  i)".  —  He  aquí  ahora  la  promesa  de  Yahvé  a  su 
pueblo  actualmente  vencido  y  humillado  por  el  enemigo: 

41,  15  Haré  de  ti  un  trineo  de  trillar,  cortante,  (tomo  VIII,  fig.  1) 
Nuevo,  armado  de  dientes,  {o  erizado  de  puntas)  ; 
Trillarás  las  montañas  y  las  pulverizarás; 
Desmenuzarás  las  colinas  como  menuda  paja; 
16  Los  aventarás  y  el  viento  se  los  llevará. 
El  huracán  los  dispersará; 
Pero  tú  saltarás  de  alegría,  gracias  a  Yahvé; 
Te  glorificarás  en  el  Santo  de  Israel. 

La  Versión  Sinodal  trae  esta  nota  al  v.  15:  "Las  montañas  y  las  coli- 
nas designan  aquí  los  poderosos  enemigos  de  Israel",  con  lo  que  está 
de  perfecto  acuerdo  L.  B.  A.  Este  vaticinio  según  el  cual  el  pequeño 
Israel,  probablemente  cuando  la  anunciada  restauración,  con  la  ayuda  de 
Yahvé  vencerá  y  pulverizará  a  sus  grandes  y  fuertes  enemigos,  recuer- 
da la  profecía  apocalíptica  de  Gog  y  Magog  (cap.  IX),  así  como  el 
fragmento  profético  inserto  en  Miq.  4,  11-13  (§  3162,  3165).  Parece 
que  las  victorias  de  Ciro,  invencible  guerrero  considerado  como  que 
obraba  a  las  órdenes  de  Yahvé,  habían  de  tal  modo  trastornado  el  seso 
a  muchos  de  los  deportados,  sobre  todo  a  los  poetas,  que  soñaban  con 
los  más  fantásticos  triunfos  que  realizarían  contra  sus  odiados  enemi- 
gos. Natural  resultado  de  la  unión  de  una  poderosa  fe  con  una  exube- 
rante fantasía.  Los  citados  vs.  15-16  le  sugieren  a  Scío  esta  paráfrasis 
y  su  comentario:  "Aunque  los  ojos  carnales  te  tengan  por  un  pueblo 
de  tan  poca  consideración,  esto  no  obstante,  yo  haré  que  seas  como 
las  ruedas  de  un  carro  nuevo,  que  armadas  de  fuertes  dientes  de  hie- 
rro, serrarán  y  cortarán  en  menudos  trozos  todo  lo  que  se  les  ponga 
por  delante.  En  lo  cual  se  representa  el  triunfo  del  Evangelio  sobre 
todo  el  poder  y  sabiduría  de  los  hombres". 

3956.  Prescindiendo  de  los  vs.  17-20,  ya  transcritos  en  §  3947, 
el  profeta  continúa  con  su  tesis  de  que  los  otros  dioses  no  son  seres 
reales,  porque  no  han  podido  predecir  lo  futuro,  como  lo  ha  hecho 
Yahvé  vaticinando  los  éxitos  de  Ciro.  Y  empleando  un  procedimiento 
literario  usado  en  otras  páginas  bíblicas  801-803),  se  dirige  a  los 
dioses  extranjeros  y  les  dice: 

41,  21  "Defended  (o  presentad)  vuestra  causa. 
Declara  Yahvé; 
Exponed  vuestras  pruebas, 
Dice  el  rey  de  Jacob. 


272 


LA  PREDICCION  DEL  PORVENIR 


22  Aproxímense,  y  que  nos  anuncien 
Lo  que  debe  ocurrir. 

¿Habían  predicho  los  sucesos  del  pasado. 
De  modo  que  estuviésemos  atentos  a  ellos? 
O  bien  anunciadnos  el  porvenir 
A  fin  de  que  lo  conozcamos. 

23  Revelad  las  cosas  futuras, 

Y  reconoceremos  que  sois  dioses. 
Haced  algo,  bueno  o  malo. 

Que  podamos  verlo,  y  de  lo  cual  todos  seamos  testigos. 

24  Pero  vosotros  no  sois  nada;  vuestra  obra  es  la  misma  nada; 
Abominación  es  tomaros  por  dioses". 

25  Yo  lo  he  suscitado  del  Septentrión  (a  Ciro)  y  viene; 
Del  Oriente  lo  he  llamado  por  su  nombre; 

El  ha  pisoteado  a  los  príncipes  como  barro. 
Así  como  el  alfarero  cuando  amasa  la  arcilla. 

26  ¿Quién  lo  había  anunciado  de  antemano  para  que  lo  su- 

[piéramos? 

¿Quién  lo  había  predicho  para  que  dijéramos:  "Es  exacto?". 
Nadie  ¡o  ha  predicho,  nadie  lo  ha  proclamado, 
Nadie  ha  oído  vuestros  oráculos. 

27  Pero  yo  lo  he  anunciado  de  antemano  en  Sión; 

He  enviado  a  Jerusalén  un  mensajero  de  buenas  nuevas. 
s     28  Miré  y  no  vi  a  nadie. 

¡Ninguno  de  entre  esos  dioses  que  diese  su  opinión, 
Que  yo  pudiera  interrogar  y  que  me  respondiese! 
29  Tantos  como  son,  no  son  nada; 
Sus  obras  son  la  nada  misma; 
Viento  y  vanidad  son  sus  imágenes. 

3957.  Ya  hemos  dicho  que  pocas  son  las  ideas  que  en  su  obra 
desarrolla  nuestro  poeta,  las  que  va  exponiendo  sin  mayor  enlace  lógico, 
como  le  van  brotando  de  la  imaginación,  por  lo  .que  Loisy  expresa  que 
"no  sería  exagerado  afirmar  que  los  mismos  temas  son  tratados  en  todos 
los  poemas,  y  que  las  imágenes  o  su  distribución  varían  más  que  el 
asunto"  {Ib.  p.  39).  Insistiendo  en  su  confusión  de  los  dioses  extran- 
jeros con  las  estatuas  de  los  mismos  (§  3949-3950),  quiere  ahora  pro- 
bar eri  el  trozo  transcrito  que  precede,  la  inexistencia  de  dichos  dioses 
por  el  hecho  de  que  no  pueden  predecir  lo  futuro,  como  lo  hace  Yahvé. 
Para  ello  no  se  dirige  a  los  pueblos  lejanos,  como  en  los  vs.  1-4  (§  3954), 
sino  a  sus  dioses  (v.  23)  en  cuya  realidad  creen  sus  adoradores.  El 
profeta  los  hace  interpelar  por  Yahvé  para  que  revelen  las  cosas  que 
sucederán,  y  que  a  lo  menos  hagan  algo,  sea  bueno  o  malo,  de  lo  cual 
podamos  ser  testigos.  Pero  él  no  se  dió  cuenta  que  el  mismo  razona- 


LA  PREDICCION  ÜEL  PORVENIR 


273 


miento  podrían  haberle  hecho  a  Yahvé  los  creyentes  en  otras  divini- 
dades, y  Yahvé  hubiera  quedado  tan  mudo  y  sin  respuesta  como  los 
otros  dioses,  cuya  nada  y  vacuidad  no  cesa  de  proclamar  nuestro  vi- 
dente, puesto  que  los  pretendidos  oráculos  del  dios  israelita  son  la  ex- 
clusiva obra  de  sus  visionarios.  Además  si  de  la  no  predicción  del  por- 
venir por  parte  de  los  dioses  de  las  otras  naciones,  deducía  que  éstos 
nada  eran,  la  misma  consecuencia  tenía  que  sacarse  para  Yahvé,  pues 
con  excepción  de  la  conquista  de  Babilonia  por  Ciro  y  de  la  vuelta  de 
los  judíos  a  su  antigua  patria,  — vaticinio  no  difícil  de  hacer  dada  la 
inminencia  de  esos  sucesos  y  los  antecedentes  de  aquel  conquistador — 
todas  las  demás  predicciones  de  nuestro  vidente  fracasaron  del  modo 
más  lamentable,  resultaron  meras  ilusiones  patrióticas,  embellecidas  con 
los  colores  que  le  proporcionaba  su  imaginación  oriental.  El  Segundo 
Isaías  creía  que  Ciro  era  un  instrumento  en  manos  de  Yahvé,  como  sus 
colegas  del  siglo  VIII  opinaban  lo  mismo  de  los  asirlos,  o  Jeremías,  de 
Nabucodonosor  al  que  llamaba  "el  servidor  de  Yahvé",  considerando 
que  aquel  pueblo  o  este  rey  estaban  a  merced  del  dios  israelita  para 
castigar  las  infidelidades  de  su  pueblo  escogido.  Así,  nuestro  profeta 
sostiene  no  sólo  que  Yahvé  ha  suscitado  a  Ciro,  sino  que  además  dicho 
dios  ya  había  anunciado  ese  suceso  en  Sión  (vs.  25,  27).  Sobre  este 
último  V.  vale  la  pena  hacer  notar  las  variantes  existentes  a  su  respecto 
en  las  distintas  traducciones,  pues  mientras  algunas,  como  L.  B.  A., 
ponen  sus  verbos  en  presente,  y  así  expresan:  "Yo  digo  en  Sión... 
yo  envío  a  Jerusalén,  etc.";  otras,  como  la  de  L.  B.  d.  C,  L.  B.  R.  F., 
Reuss  y  Valera,  los  vierten  en  pasado:  "he  anunciado .  .  .  he  enviado"; 
algunos  los  tienen  en  futuro,  como  la  Vulgata:  "dirá  a  Sión.  .  .  daré  a 
Jerusalén";  y  finalmente  otros,  como  Pratt  y  la  V.  S.,  traen  el  primero 
en  pretérito:  "dije  a  Sión"  y  el  segundo  en  futuro:  "enviaré  a  Jerusa- 
lén". Esto  tiene  su  importancia,  porque  el  profeta  está  argumentando 
contra  los  dioses  extranjeros,  que  no  son  nada,  puesto  que  desconocen 
lo  futuro;  en  cambio  Yahvé  es  el  dios  verdadero,  porque  ya  ha  anun- 
ciado en  Sión  los  acontecimientos  admirables  del  héroe  Ciro.  Comuni- 
carlos después  de  ocurridos,  carece  de  mérito  y  de  trascendencia:  lo 
importante  es  haberlos  vaticinado  antes  que  se  produjeran,  lo  que  a  jui- 
cio del  autor  es  clara  prueba  de  la  directa  intervención  de  la  divinidad. 

3958.  Con  relación  a  estas  ideas  del  Segundo  Isaías,  Loisy  en  va- 
rias partes  de  su  libro  "La  Consolation  d' Israel,  escribe:  "Nuestro  autor 
vivió  en  un  momento  propicio  al  gran  vuelo  de  la  esperanza.  Tradujo 
esta  alegre  crisis  de  la  fe  judía  ante  el  derrumbe  definitivo  de  la  po- 
tencia asiro-babilóníca  y  la  probable  caída  de  todas  las  viejas  monar- 
quías, viendo  en  ello  el  anuncio  de  una  era  nueva  en  las  relaciones  y 
la  organización  de  los  pueblos.  Saludó  el  advenimiento  de  Ciro  a  la 
dominación  del  Asia  Occidental  como  si  fuera  el  inmediato  preludio 
del  reinado  de  Yahvé  y  de  Israel  sobre  el  mundo,  y  no  tuvo  tiempo 


274 


CIRO  Y  YAHVE 


de  comprobar  que  la  revolución  histórica  de  la  cual  esperaba  tal  éxito, 
terminaría  simplemente  en  una  nueva  dominación,  menos  dura  que  las 
antiguas,  bajo  la  cual  los  fieles  de  Yahvé  sólo  lograrían  organizar  para 
ellos  el  culto  exclusivo  de  su  dios  gracias  a  la  protección  del  gran 
rey...  La  espranza  desafía  toda  realización.  Las  victorias  de  Ciro  ten- 
dían a  la  fundación  del  imperio  persa,  no  a  la  glorificación  de  Israel 
y  de  su  dios.  La  moderación  del  conquistador  y  su  benevolencia  hacia 
los  pueblos  vencidos,  el  permiso  concedido  a  los  judíos  desterrados  de 
regresar  a  su  patria,  no  podían  implicar  de  parte  del  vencedor  ni  un 
renunciamiento  a  su  soberanía  sobre  los  restos  de  Israel,  ni  una  adhe- 
sión formal  y  exclusiva  al  culto  de  Yahvé.  Ciro  dejó  proclamar  a  los 
sacerdotes  babilonios  que  Marduk  lo  había  predestinado  a  la  reyecía 
del  mundo,  y  qo  se  hubiera  disgustado  al  saber  que  los  profetas  judíos 
lo  declaraban  igualmente  favorito  de  Yahvé,  quien  le  había  sometido 
los  pueblos;  aceptaba  las  bendiciones  de  todos  los  dioses,  sin  renunciar 
a  su  propia  religión.  No  floreció  el  desierto  para  el  retorno  de  los  de- 
portados, de  los  cuales  sólo  regresó  un  pequeño  número;  Jerusalén  y 
el  templo  fueron  penosa  y  mediocremente  restablecidos;  el  pueblo  judío 
no  hizo  sino  cambiar  de  amos,  hasta  el  día  en  que  llegó  a  ser  extranjero 
en  su  propio  territorio.  Para  nuestro  vidente,  todo  el  dolor  era  del  pa- 
sado, todo  el  porvenir  era  gloria;  pero  el  porvenir  no  debía  ser  menos 
doloroso  que  el  pasado.  Sólo  la  idea  debía  vivir  y  engrandecer;  la  fe 
sola  debía  ser  glorificada.  El  Dios  de  los  judíos  debía  conquistar  a  las 
naciones  por  sí  mismo,  y  como  si  hubiera  abandonado  a  su  pueblo.  En 
vez  de  participar  en  el  triunfo  de  Yahvé  y  de  tener  a  las  naciones  a  su 
servicio,  Israel,  por  siglos,  debía  caer  en  el  más  ínfimo  lugar  de  las 
naciones.  Es  tanto  más  impresionante  el  contraste  de  las  previsiones  con 
los  hechos,  cuanto  que  el  profeta  insiste  más  sobre  la  certeza  de  sus 
oráculos,  garantida  según  él,  por  el  cumplimiento  actual  de  los  oráculos 
antiguos.  Se  burla  de  los  adivinos  de  Babilonia,  sabios  patentados  para 
el  descubrimiento  del  porvenir  que  se  jactan  de  leer  en  los  astros,  y 
que  nunca  anunciaron  nada  de  cierto.  Yahvé,  por  el  contrario,  puede 
alegar  predicciones  cumplidas,  en  apoyo  de  las  que  trae  ahora  su  en- 
viado. Como  nuestro  autor  no  da  sus  referencias,  no  se  sabe  justamente 
qué  profecías  son  las  que  él  tiene  en  vista.  Trátese  de  oráculos  perdidos 
o  bien  de  textos  que  nos  han  sido  conservados,  de  las  profecías  de  des- 
gracia proferidas  por  Amós,  Isaías,  Miqueas  o  Jeremías,  o  bien  de  pro- 
fecías más  recientes  anunciadoras  de  la  ruina  de  Babilonia,  puede  es- 
tarse seguro  que  la  exégesis  de  nuestro  profeta  se  ha  hecho  espontá- 
neamente bastante  complaciente  para  encontrarlas  enteramente  exactas. 
Todas  las  profecías  que  conoce  y  aquellas  que  él  formula  son  verdade- 
ras para  su  fe.  Las  unas  como  las  otras  serían  muy  discutibles  para  una 
razón  severa  y  en  cuanto  a  su  cumplimiento  literal"  (ps.  34-35,  15-18). 


EL  SEGUNDO  POEMA 


275 


EL  SEGUNDO  POEMA.  —  3959.  El  segundo  poema  del  Déutero 
Isaías  comprende  Is.  42  a  44,  5,  y  comienza  describiendo  la  vocación 
del  Servidor  de  Yahvé.  Más  adelante  consideraremos  juntos  los  poemas 
VI  y  VIII,  en  los  que  se  desarrolla  más  extensamente  esa  concepción 
poética  de  dicho  autor.  Manifiesta  éste  que  ya  se  han  realizado  los  pri- 
meros sucesos  anunciados,  es  decir,  los  primeros  éxitos  de  Ciro  (41, 
25-29;  §  3956),  y  va  a  predecir  nuevas  cosas,  o  sea,  la  liberación  de 
Israel,  efectuada  por  su  Dios  (v.  9). 

42,  13  Yahvé  avanza  como  un  héroe; 

Se  despierta  su  ardor  como  el  de  un  guerrero. 
De  su  gran  grito  de  guerra,  lanza  su  desafío; 
Marcha  heroicamente  contra  sus  enemigos. 

14  "Largo  tiempo  me  he  callado; 

He  guardado  silencio;  me  he  contenido. 
Pero  ahora  grito  como  parturienta; 
Estoy  jadeante;  me  sofoco. 

Expresiones  estas  últimas  que,  según  L.  B.  d.  C,  indican:  "la  oposición 
entre  la  aparente  inacción  de  Yahvé  en  el  pasado  y  el  ardor  que  ahora 
va  a  desplegar  para  salvar  a  los  suyos".  Prosigue  el  poeta: 

15  Voy  a  convertir  en  desierto  montañas  y  colinas, 
A  secar  toda  la  hierba  que  las  cubre, 

A  cambiar  los  ríos  en  estepas 

Y  a  volver  secos  los  estanques. 

16  Conduciré  a  los  ciegos  por  camino  que  no  conocen, 

Y  por  senderos  que  no  conocen  los  guiaré. 
Tornaré  las  tinieblas  en  luz  delante  de  ellos 

Y  las  pistas  rocosas  en  caminos  llanos. 
Tales  son  las  maravillas  que  realizaré, 

Y  que  no  dejaré  de  cumplir. 

17  Retrocederán,  llenos  de  confusión 
Los  que  confían  en  los  ídolos. 

Que  dicen  a  las  imágenes  fundidas: 
"Sois  nuestros  dioses". 

La  imaginación  poética  de  nuestro  autor  nos  describe  a  Yahvé  como 
un  ardoroso  general  que  al  frente  de  su  ejército  marcha  heroicamente 
contra  sus  enemigos  (v.  13).  Pero  ¿quiénes  son  éstos?  ¿Acaso  los  cal- 
deos? No,  pues  para  combatirlos  ha  suscitado  a  Ciro.  Según  L.  B.  A. 
Yahvé  "va  a  triunfar  de  los  enemigos  de  su  pueblo,  que  son  los  suyos, 
es  decir,  de  los  ídolos  y  de  los  idólatras  que  lo  oprimen".  Francamente 
que  para  vencer  a  los  ídolos  no  se  necesitaba  todo  ese  aparato  marcial; 


276 


EL  SEGUNDO  POEMA 


y  en  cuanto  a  los  pueblos  idólatras,  como  lo  eran  todos,  Yahvé  hubiera 
tenido  que  recurrir  a  la  espada  de  su  ungido  Ciro.  Todo  esto  es  fan- 
tástico, propio  sólo  de  la  imaginación  poética  y  nada  más. 

3960.  Parece  que  lo  que  quiere  expresar  el  autor  en  el  aludido 
V.  13,  es  que  Yahvé  con  aire  de  guerrero,  irá  al  frente  de  su  pueblo 
cuando  éste  regrese  triunfalmente  a  Palestina  del  destierro.  Pero  la  obra 
que  le  hace  realizar  para  ello  a  su  dios  nacional,  en  el  v.  75,  es  total- 
mente distinta  de  la  que  describe  en  otros  pasajes  de  sus  poemas.  Así 
en  S  3947,  hemos  visto  que  Yahvé  iba  a  hacer  brotar  abundantemente 
agua  en  el  desierto  y  a  poblarlo  de  grandes  árboles,  para  que  todo  el 
mundo  reconociera  que  aquella  magnífica  transformación  era  la  obra 
de  su  mano,  del  Santo  de  Israel  (41,  18-20).  He  aquí  algunos  otros 
versos  en  que  nuestro  vate  desarrolla  la  misma  idea. 

43,  19  Voy  a  hacer  algo  nuevo; 

Pronto  se  realizará:  ¿no  la  reconoceréis? 
Voy  a  poner  un  camino  en  el  desierto; 
Haré  correr  ríos  en  la  estepa. 

20  Me  glorificarán  las  bestias  salvajes. 
Los  chacales  y  los  avestruces. 

Porque  habré  hecho  surgir  agua  en  el  desierto. 
Ríos  en  la  eslepa. 

Para  saciar  la  sed  de  mi  pueblo,  mi  escogido. 

21  El  pueblo  que  yo  me  he  formado. 
Publicará  mis  alabanzas. 

Véase  48,  20-21,  transcrito  en  §  3986.  Tenemos,  pues,  de  acuerdo  con 
estos  pasajes,  que  realmente  lo  maravilloso,  lo  nuevo  que  iba  a  ser 
alabado  hasta  por  los  animales  salvajes,  era  hacer  surgir  espontánea- 
mente agua  en  el  desierto;  pero  la  obra  contraria,  de  concluir  con  la 
poca  hierba  de  las  montañas  y  secar  los  torrentes  o  uadís  del  desierto, 
era  realizada  casi  anualmente  por  los  rigores  estivales  y  los  ardientes 
vientos  del  Oriente.  No  tenía,  por  lo  tanto,  Yahvé  motivo  de  jactancia 
por  realizar  esa  tarea  desoladora,  propia  de  los  agentes  naturales  y  en 
la  cual  él  estaba  tan  empeñado  en  cumplir  (vs.  15-16).  Lo  que  hay  en 
plata,  es  que  ni  Yahvé,  ni  ninguno  de  los  otros  dioses  que  aparecen 
en  sus  libros  sagrados  hablando  o  dictando  oráculos,  no  son  más  que 
los  títeres  del  retablo  de  Maese  Pedro,  íel  profeta  o  visionario),  que  lo 
mismo  les  hace  decir  blanco  que  negro,  de  modo  que  no  debe  sorpren- 
der si  figura  hoy  Yahvé  haciendo  surgir  agua  a  raudales  en  las  áridas 
regiones  desérticas,  y  mañana  secando  cuanta  agua  pudiera  encontrarse 
en  ellas. 

3961.  Prosigue  el  autor  su  segundo  poema  exaltando  la  sordera 
y  la  ceguera  de  su  servidor  Israel,  ese  pueblo  que  debía  comprender  que 


EL  SEGUNDO  POEMA 


277 


sus  desgracias  actuales  proceden  de  Yahvé,  quien  pronto  será  su  liber- 
tador (42,  18-25} .  Luego  le  dirige  a  ese  mismo  pueblo,  palabras  de 
consuelo  y  de  confianza  en  Yahvé,  el  único  Dios  existente,  el  que  hará 
retornar  a  su  país  a  todos  los  dispersos  israelitas. 

43,  1  Y  ahora  he  aquí  lo  que  dice  Yahvé, 

El  que  te  ha  creado,  oh  Jacob,  el  que  te  ha  formado,  oh 

[Israel: 

"No  temas,  yo  te  he  rescatado; 

Te  he  llamado  por  tu  nombre;  eres  mío. 

2  Si  atravesares  las  aguas,  yo  seré  contigo; 
Si  cruzares  los  ríos,  no  te  arrastrarán. 

Si  pasares  en  medio  del  fuego,  no  te  quemarás. 
Ni  la  llama  te  consumirá. 

3  Porque  yo,  Yahvé,  soy  tu  Dios. 
El  Santo  de  Israel,  tu  Salvador. 
Entrego  a  Egipto  por  tu  rescate, 

A  Cush  (Etiopía)  y  a  Seba  en  lugar  de  ti, 

4  Porque  eres  precioso  a  mis  ojos, 
Tienes  valor  para  mí,  y  te  amo. 
Doy  países  en  tu  lugar. 
Pueblos  a  cambio  de  ti. 

5  No  temas,  porque  estoy  contigo. 

Del  Oriente  haré  venir  tu  posteridad, 

Y  del  Occidente  te  juntaré. 

6  Diré  al  Septentrión:  ¡Entrégalos! 

Y  al  Mediodía:  ¡No  los  retengas!". 
Traed  a  7nis  hijos  de  los  países  lejanos 

Y  a  mis  hijas  del  extremo  de  la  Tierra, 

7  A  todos  aquellos  que  llevan  mi  nombre. 
Que  he  creado  para  mi  gloria. 

Que  he  formado  y  llamado  a  la  existencia. 

Nótese  que  entre  los  beneficios  que  el  poeta  le  hace  decir  a  Yahvé  que 
ha  concedido  a  su  pueblo,  se  hallan  éstos  mencionados  en  los  vs.  3-4: 
"Entrego  a  Egipto  por  tu  rescate,  a  Etiopía  y  a  Seba  en  lugar  de  ti. 
Doy  países  en  tu  lugar,  pueblos  a  cambio  de  ti".  Estas  frases  revelan 
bien  el  carácter  mercantil  de  los  judíos,  cualidad  que  atribuyen  a  su 
dios  nacional.  Al  que  ejecuta  un  trabajo  hay  que  pagarle  por  él,  y  si 
no  se  puede  abonarle  lo  convenido,  por  lo  menos  habrá  que  indemni- 
zarlo por  la  labor  realizada.  Recuérdese  al  efecto  el  caso  de  Nabucodo- 
nosor.  Yahvé  le  había  encargado  a  este  rey  que  destruyera  a  Tiro; 
pero  como  después  de  ruda  labor  durante  trece  años,  ni  aun  con  la 
ayuda  de  Yahvé  consiguió  dicho  propósito,  entonces  el  dios  para  no 


278 


EL  SEGUNDO  POEMA 


quedar  mal  con  su  servidor,  decidió  entregarle  el  país  de  Egipto,  en 
compensación  del  trabajo  inútilmente  realizado  por  su  orden  (véase  la 
segunda  mitad  de  §  3502).  Aquí  ocurre  algo  parecido:  entendiendo  el 
profeta  que  Ciro  iba  a  sufrir  gran  pérdida  al  dar  libertad  a  los  depor- 
tados israelitas  — que  en  su  desconocimiento  del  medio  suponía  que  es- 
taban encarcelados  y  sometidos  a  pesados  trabajos  públicos — ,  hace  que 
Yahvé  le  entregue  en  compensación  los  países  africanos  del  Nilo  y  de 
la  Somalia,  con  lo  que  quedaban  arregladas  las  cuentas  del  dios  con 
su  enviado  ungido  persa.  Y  más  adelante,  el  vate  luego  de  describir 
todos  los  sufrimientos  de  su  servidor,  el  Ebed  Yahvé,  le  promete  que 
en  pago  de  tantos  males  "le  dará  su  parte  entre  los  grandes,  y  con  los 
poderosos  partirá  el  bolín"  (53,  12).  En  cuanto  a  las  expresiones  del 
v.  6^  observa  L.  B.  d.  C.  que  "los  miembros  de  cada  pueblo  son  los 
hijos  y  las  hijas  de  su  dios  nacional  (50,  i;  cf.  Núm.  21,  29;  Mal.  2, 11)". 

3962.  Continúa  nuestro  vate  expresando  que,  a  despecho  de  su  ce- 
guedad, Israel  es  el  testigo  del  verdadero  Dios  ante  los  demás  pueblos, 
con  los  cuales  contiende  Yahvé.  Al  efecto  vuelve  a  repetir  el  mismo 
pensamiento  desarrollado  en  41,  21-29,  §  3956,  tratando  de  probar  que 
Yahvé  es  el  único  y  verdadero  Dios,  porque  ha  sabido  predecir  los  su- 
cesos que  están  ocurriendo,  cosa  que  no  han  hecho  los  otros  preten- 
didos dioses  (vs.  8-13).  Manifiesta  en  seguida  que  la  liberación  de  los 
judíos  desterrados  y  su  glorioso  retorno  a  la  patria  eclipsarán  el  recuer- 
do de  los  prodigios  de  la  salida  de  Egipto,  cuando  eran  conducidos 
por  Moisés  (vs.  14-21).  De  ese  trozo  ya  hemos  transcrito  una  parte 
(vs.  19-21)  en  §  3960.  Y  termina  el  poema  con  estas  tres  ideas:  1"  que 
Israel  por  sus  pecados  ha  merecido  su  triste  situación  presente;  2*?  que 
nada  ha  hecho  para  obtener  el  socorro  de  su  dios;  y  3^  que  éste,  sin 
embargo,  lo  restablecerá  en  su  país,  por  amor  de  sí  mismo,  o  sea,  por 
el  honor  de  su  santo  nombre,  como  decía  Ezequiel. 

43,  22  No  eres  tú  que  me  has  llamado,  oh  Jacob, 
Ni  te  has  fatigado  por  mí,  oh  Israel. 

23  No  me  has  ofrecido  los  corderos  de  tus  holocaustos. 
Ni  me  has  honrado  con  tus  sacrificios. 

No  te  he  impuesto  un  pesado  servicio  de  oblaciones, 

(o  No  te  he  importunado  para  tener  tus  ofrendas,  —  V.  S.) 

Y  no  te  he  cansado  exigiéndote  incienso. 

24  No  has  comprado  para  mí  caña  aromática  por  dinero, 
Ni  me  has  hartado  con  la  grasa  de  tus  sacrificios; 

Pero  me  has  impuesto  duro  servicio  (o  importunado)  por 

[tus  pecados. 

Me  has  cansado  con  tus  iniquidades. 

25  Yo,  yo  soy  quien  borro  tus  faltas  por  amor  de  mí  mismo, 

Y  no  me  acuerdo  (o  acordaré)  más  de  tus  pecados. 


LOS  SACRIFICIOS  SEGUN  EL  2"?  ISAIAS 


279 


26  Refresca  mi  memoria,  discutamos  juntos,  (§  802) 
Habla  para  justificarte. 

27  Ya  pecó  tu  primer  padre  (Jacob,  Os.  12,  2-3,  §  2845  bis)  ; 
Me  fueron  infieles  tus  intérpretes  (los  profetas  o  jefes  reli- 

[giosos) 

28  Y  tus  príncipes  (los  reyes  de  Judá)  profanaron  mi  santuario. 
Entonces  entregué  Jacob  al  anatema, 

E  Israel  a  los  ultrajes. 

44,  1  Pero  ahora  escucha,  oh  Jacob,  mi  servidor. 
Oh  Israel,  mi  elegido. 

2  Así  habla  Yahvé,  que  te  ha  creado. 

Que  te  ha  formado  desde  el  seno  materno  y  te  ha  socorrido: 
"No  temas,  oh  Jacob,  mi  servidor, 
Jesurum,  mi  elegido,  (§  307) 

3  Porque  derramaré  agua  sobre  la  tierra  sedienta, 

Y  haré  correr  arroyos  sobre  el  suelo  árido; 
Derramaré  mi  espíritu  sobre  tu  posteridad, 

Y  mi  bendición  sobre  tus  descendientes. 

4  Crecerán  como  hierba  junto  al  agua. 
Como  los  sauces  a  orillas  de  los  arroyos. 

5  Entonces  uno  dirá:  "Pertenezco  a  Yahvé"; 
Otro  se  llamará  del  nombre  de  Jacob; 

Esotro  escribirá  sobre  su  mano:  "De  Yahvé  soy", 

Y  se  honrará  llamándose  "Israel". 

3963.  En  oposición  con  la  enseñanza  de  los  profetas  del  siglo  VIII, 
contraria  a  los  sacrificios  (§  3620,  3180,  3183),  nuestro  poeta  pone  en 
boca  de  Yahvé  palabras  de  censura  contra  Israel,  porque  éste  no  lo 
ha  hartado  con  la  grasa  de  sus  sacrificios  (vs.  23-24).  Ya  nos  aproxi- 
mamos a  la  época  de  la  redacción  del  Levítico  con  su  profusa  legisla- 
ción sobre  esa  clase  de  ritos  (§  3938).  Sin  embargo,  el  Déutero  Isaías 
no  le  da  una  importancia  trascendental  a  esa  falta  cultual,  pues  a  ren- 
glón seguido  manifiesta  Yahvé  que  lo  que  más  le  ha  cansado  o  desa- 
gradado es  que  el  pueblo  continuara  con  sus  transgresiones  hacia  él, 
aunque,  a  despecho  de  todo,  está  dispuesto  a  perdonarlos.  L.  B.  A.  ex- 
plica estos  dos  vs.  23-24,  diciendo:  "A  menudo  ha  descuidado  Israel  el 
culto  ceremonial  y  ha  faltado  al  no  ofrecerlo  como  era  debido;  pero 
no  es  sobre  esto  que  recaen  los  reproches  que  Dios  le  ha  dirigido,  por- 
que no  era  ese  el  servicio  que  él  deseaba.  Lo  que  él  quería  y  que  no 
ha  obtenido,  era  la  fidelidad  del  corazón:  es  por  sus  iniquidades  que 
Israel  lo  ha  irritado.  Las  censuras  proféticas  van  contra  los  vicios  mo- 
rales más  bien  que  contra  las  negligencias  en  el  culto".  Anota  Loisy 


280 


LA  INICIATIVA  DEL  PERDON 


que  si  la  observación  de  que  Yahvé  no  había  sido  solicitado  con  abun- 
dantes sacrificios  tiene  en  vista  el  culto  rendido  a  dicho  dios  antes 
del  cautiverio,  habría  que  concluir  que  el  autor  no  estaba  muy  bien 
informado  de  lo  que  pasaba  en  Judá.  Lo  mismo  puede  decirse  de  sus 
informes  sobre  la  situación  de  los  desterrados  en  Babilonia,  pues  los 
pinta  atados  en  calabozos  y  encerrados  en  ocultas  prisiones,  aseveración 
que,  como  hemos  dicho  anteriormente  (Í5  3943),  es  la  antítesis  de  lo  que 
en  realidad  les  ocurría  a  los  desterrados  israelitas  en  Caldea. 

3964.  En  el  debate  al  cual  invita  Yahvé  a  su  pueblo  para  que  trate 
de  justificarse  ív.  26),  demuestra  a  éste  que  desde  Jacob,  el  engañador, 
su  primer  padre,  hasta  hoy,  todos  no  han  hecho  otra  cosa  que  irritarlo 
con  su  conducta,  por  lo  que  han  merecido  el  castigo  que  padecen.  Entre- 
gué Jacob  al  anatema  (v.  27),  es  decir,  para  que  ante  las  demás  naciones 
fuera  un  monumento  de  la  maldición  divina;  pero  a  pesar  de  todo,  dice 
el  dios:  Yo  soy  quien  borro  tus  /altas  por  amor  de  mi  mismo  ív.  25). 
"La  imagen  empleada,  manifiesta  L.  B.  A.,  es  la  de  un  libro  en  el  cual 
constan  registradas  las  faltas  de  los  hombres  (Apoc.  20,  12),  Dios  con- 
siente en  borrarlas  por  amor  de  sí  mismo,  no  a  causa  de  Israel,  que  no 
es  digno  de  esta  gracia,  sino  por  su  propia  gloria  que  quedaría  compro- 
metida por  la  pérdida  definitiva  de  su  pueblo  (Ex.  32,  11-14;  Núm.  14, 
13-22  )'\  Yahvé  se  reserva,  pues,  para  sí  la  iniciativa  del  perdón.  Son 
notables  y  dignas  de  tenerse  en  cuenta  estas  manifestaciones  de  la  bon- 
dad de  Yahvé  — aunque  bondad  interesada,  porque  se  basa  en  su  propia 
estimación,  en  el  honor  de  su  nombre — ,  acostumbrados  como  estábamos 
hasta  ahora  a  no  escuchar  sino  los  rugidos  de  su  cólera,  lo  que  com- 
prueba, junto  con  el  paso  de  la  nionolatría  al  monoteísmo,  el  grado  de 
evolución  religiosa  que  se  iba  operando  en  Israel.  Finaliza  el  poema  ex- 
presando algunas  de  las  bendiciones  que  recaerán  sobre  el  Israel  puri- 
ficado por  el  perdón  divino.  Habla  Yahvé  en  los  términos  más  afec- 
tuosos, aplicando  a  su  pueblo  el  diminutivo  cariñoso  de  Jesurún  (§  307) 
y  diciéndole  que  le  acordará  agua  abundante  para  fertilizar  las  tierras 
áridas  y  estériles,  a  la  vez  que  derramará  su  espíritu  sobre  todos  sus 
descendientes  (cf.  Joel,  2,  19-29).  Sobre  el  v.  5  escribe  L.  B.  d.  C: 
"Los  esclavos  — p.  ej.  en  Asiro-Babilonia —  llevaban  tatuado  en  las 
manos  el  nombre  de  su  amo,  y  los  soldados  el  de  su  jefe.  Igual  pro- 
cedimiento seguían  en  Bambuké,  Siria,  los  fieles  de  la  diosa  grabán- 
dose en  la  muñeca  y  en  el  cuello  el  signo  de  ella.  Un  tatuaje  semejante 
volvía  intangibles  a  los  esclavos  refugiados  en  el  templo  de  Hércules 
en  la  boca  canópica  del  Nilo.  La  misma  práctica  era  observada  anti- 
guamente en  la  religión  de  Yahvé  (Gén.  4,  15;  §  2124-2126)  ;  los  pro- 
fetas conservaron  largo  tiempo  el  mismo  uso  í  I  Rey.  20,  38,  41 ;  Zac. 
13,  6).  Más  tarde  en  Israel  se  trató  de  espiritualizarlo  (Ex.  13,  9; 
Deut.  6.  8)  ;  después  fue  prohibido  en  la  época  del  destierro  (Lev.  19, 


EL  TERCER  POEMA 


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28) .  Se  ve  aquí  que  el  Segundo  Isaías  lo  mira  aún  como  inofensivo 
(cf.  Ez.  9,  4-6;  §  3760;  Gál.  6,  17;  Apoc.  7,  3;  13.  16)".  Y  sobre  la 
última  línea  del  citado  v.  5,  agrega  el  aludido  comentario:  "No  se  trata 
más  aquí  de  los  judíos  de  nacimiento,  en  los  cuales  sería  natural  el  em- 
pleo de  sobrenombres  como  Jacob  o  Israel,  sino  de  paganos  ganados  al 
culto  del  verdadero  Dios".  Loisy  observa  al  respecto  que  "el  autor  prevé 
la  libre  accesión  de  los  gentiles  al  pueblo  de  Dios;  pero  indica  como 
símbolo  religioso  un  tatuaje  en  la  mano  (práctica  condenada  en  Lev.  19, 
28)  y  no  la  circuncisión,  aunque  no  da  importancia  sino  al  sentido  y 
no  a  la  realidad  de  la  marca"  (Ib.  p.  76). 

EL  TERCER  POEMA.  —  3965.  Según  Loisy  el  tercer  poema  va 
desde  Is.  44,  6  al  final  del  cap.  4